El día de hoy, martes 25 de junio, siguiendo la sabia recomendación de mi horóscopo, hemos lanzado al 2.0 el libro electrónico "Convicciones y conveniencias. Profesiones sanitarias y relaciones de poder". El libro está basado fundamentalmente en las entradas de este querido blog, que mantuve muy activo casi dos años (enero 2011 - noviembre 2012), en los que tuve tiempo y neuronas para escribir 300 entradas. En la 301, me despedí del blog definitivamente... o no.
Para editar el libro tuve que revisar una a una las 300 entradas; es cierto que había muchas puramente coyunturales, 'de mantenimiento' o lúdicas, pero debo reconocer que también había otras (¡más de las que me hubiera gustado!) que no reunían las exigencias de calidad que me he autoimpuesto en la tarea y que probablemente nunca debieron ver la luz. En fin, de las 300 entradas se van a quedar con nosotros unas 160 que han quedado ordenadas y agrupadas en 107 piezas. Y se van a quedar exclusivamente en el libro.
El día 1 de julio, este blog se va a reconvertir en un blog más personal, lógicamente siempre con el sentido cívico crítico y de denuncia cuando proceda y la mentalidad de activista que ya caracterizó a La enfermería frente al espejo. Pero me apetecen dos cosas: no tener el aliento en el cogote de la urgencia y el objetivo de una entrada cada x días; y además, en este momento de mi vida, el cuerpo me pide extender mis reflexiones hacia ámbitos, digamos, más generales o heterogéneos.
Después del día 30 de junio, por tanto, el archivo del blog ya no será accesible a través de esta URL; lógicamente, la información tal como vio la luz no se pierde, ya que hemos realizado el correspondiente backup, y estamos pensando en la manera de que al menos estén disponibles bajo demanda cuando alguien aterrice aquí buscando una entrada concreta de la que le han hablado o de la que ha leído.
En fin, me mando a mudar -como dicen aquí, en Canarias, donde resido hace ya unos meses mucho más tranquilo que en Madrid, pero echando de menos a esa ciudad gruñona pero entrañable- con la sensación de la tarea bien hecha y de dejar un legado decente de la etapa enfermería frente al espejo (libro + blog + conferencias y eventos, 2009-2013) en el libro que hoy mismo, siguiendo el sabio consejo de mi horóscopo, hemos puesto a la venta como primera entrega de un proyecto autogestionado, independiente, sin ánimo de lucro ni fuentes de financiación dudosas, que continúa en Profesionalismo Siglo XXI.
Seguir caminando (Olga Román):
martes, 25 de junio de 2013
lunes, 17 de junio de 2013
I'm back (he vuelto)
Hace ocho meses que dejé de mantener activo este blog y cinco desde que publiqué la entrada de despedida, Off. En ella explicaba las razones, una mezcla de situaciones personales y sensaciones profesionales, por las que abandonaba después de casi dos años y 300 entradas -de hecho, Off era la 301- esta apasionante y muy diferente etapa de mi evolución profesional. La verdad es que aunque salí de ella agotado, ahora, tras estos meses fuera de los focos, entiendo que se trató un período realmente muy fértil, que me ha descubierto nuevas posibilidades de desarrollo profesional..
Pero aunque todos estos meses he estado fuera de la escena, ello no quiere decir en absoluto que haya estado ocioso. En parte porque no fueron pocos los profesionales que me lo pidieron y en parte porque reconozco que a la parte más romántica de mi ego le gustaría pensar que deja un legado de la 'marca' Enfermería frente al espejo, he dedicado todo el tiempo que he tenido disponible durante estos meses a preparar un libro donde se condense lo mejor que, para bien o para mal, he creado durante esa etapa.
El resultado es el libro electrónico Convicciones y conveniencias. Profesiones sanitarias y relaciones de poder, cuya portada podéis ver en la imagen, y que verá la luz en unos días.
Sé que no soy muy original; por supuesto no soy el primer bloguero (ni sanitario ni muchos menos gastronómico...) que decide aprovechar los contenidos de su blog para editar un libro. Pero creo que sí he tratado de ofrecer un producto diferenciado si consideramos algunos detalles importantes:

¿Merece la pena esta importante inversión de horas y neuronas (¡y euros!)? Espero que sí, pero solo la respuesta del mercado lo validará o refutará. En todo caso, me encantaría contar con el apoyo de todos aquellos que durante esos dos años me acompañasteis en la aventura de La enfermería frente al espejo. Y también, claro, de los que no.
Gracias.
Pinchando en este enlace tienes más información escrita y gráfica sobre el libro y el proyecto que lo enmarca.
Pero aunque todos estos meses he estado fuera de la escena, ello no quiere decir en absoluto que haya estado ocioso. En parte porque no fueron pocos los profesionales que me lo pidieron y en parte porque reconozco que a la parte más romántica de mi ego le gustaría pensar que deja un legado de la 'marca' Enfermería frente al espejo, he dedicado todo el tiempo que he tenido disponible durante estos meses a preparar un libro donde se condense lo mejor que, para bien o para mal, he creado durante esa etapa.
El resultado es el libro electrónico Convicciones y conveniencias. Profesiones sanitarias y relaciones de poder, cuya portada podéis ver en la imagen, y que verá la luz en unos días.
Sé que no soy muy original; por supuesto no soy el primer bloguero (ni sanitario ni muchos menos gastronómico...) que decide aprovechar los contenidos de su blog para editar un libro. Pero creo que sí he tratado de ofrecer un producto diferenciado si consideramos algunos detalles importantes:
- He renunciado a distribuirlo a través de los canales editoriales convencionales. Por varios motivos, el más importante de los cuales es que cuando lo he ofrecido se me ha sugerido 'suavizar' algunos contenidos y, directamente, eliminar otros, para no molestar a algunos (la misma razón por la que me será difícil encontrar eco en la mayor parte de los medios de comunicación del sector, tan dependientes financieramente, como bien sabéis, de estos fondos de reptiles). Ello hará que su difusión dependa más de vuestra benevolencia y activismo. Otro motivo muy importante es atender como se merece a la comunidad de seguidores del blog en Latinoamérica, a los cuales el formato escogido les posibilita un acceso inmediato y sin costes adicionales.
- Y también he renunciado (esto, a priori) a distribuirlo a través de los 'amazones' & Cía que explotan a los autores, empobrecen el ecosistema y empujan a la ruina a los pequeños creadores y distribuidores. Cada cual es libre... y yo prefiero serlo.
- Pero tampoco quise hacer un trabajo casero, artesano, bienintencionado, voluntarista y amateur, así que he montado, con el apoyo de algunos pequeños inversores que creen en el proyecto (y en el autor: gracias), una pequeña estructura para poder acceder a servicios profesionales especializados y producir y distribuir el libro de manera que lo independiente no quite lo profesional.
- Y, last but not least, decidí crear un eBook, un libro en formato exclusivamente electrónico (al menos de momento). Quiero aclarar que cuando digo eBook no me refiero, como tantas veces hemos visto, a pasar un Word a Pdf, enlazarlo a través de La Nube y llamarlo eBook. Es cierto que está en formato pdf, pero cuando lo hojees verás que hemos tratado de aprovechar todo el potencial de la edición electrónica. Por ejemplo, ofreciendo más de 500 enlaces directamente desde el libro (pulsando con el ratón o con el dedo, depende del dispositivo electrónico en el que estemos leyendo el libro), casi 200 de los cuales son descargas directas de documentos en pdf (artículos, papers, informes y otros textos técnicos, como leyes o sentencias...). Índices de acceso directo y bookmarks desplegables, más las habituales herramientas de búsqueda por el documento, auxilian a una navegación/lectura que hemos intentado que sea cómoda en pantalla.
- ...aunque también hemos maquetado el libro con todas las características de una edición convencional para los que prefieran la comodidad del papel, sin tener que ocuparse de los problemas de precio y distribución, es decir, con la economía y la inmediatez de la distribución electrónica.
- He revisado todas y cada una de las casi 700 páginas originales.
- He seleccionado el trigo y desechado la paja para intentar ofrecer los contenidos menos perecederos y de mayor interés.
- He ordenado temáticamente la selección y creado los 9+1 capítulos finales.
- He editado cada una de las entradas seleccionadas en cada uno de los capítulos del libro, lo que implica:
- Revisar el texto, corrigiendo, recortando y ampliando. Y, muy importante, actualizando algunos de ellos que hoy en día no tendrían sentido sin esta puesta en contexto.
- Revisar las numerosas traducciones (del inglés) que en el blog eran necesariamente apresuradas y a veces -para qué engañarnos- sin la alta calidad exigible.
- Ordenar las entradas dentro de cada capítulo, refundirlas cuando era conveniente, renombrarlas, etc.
- Crear cada uno de los más de 230 resaltados, a modo de resúmenes de entrada, que hay en el texto.
- Finalmente, pasarlas con mis anotaciones al equipo revisor.
- Hemos (el equipo revisor y yo):
- Realizado una exhaustiva revisión de estilo, incluso después de la mía propia inicial.
- Comprobado cada link para asegurarnos de que seguía siendo válido; y cuando no lo era, buscando el nuevo link o sustituyéndolo por otro más actualizado.
- Pasar todos los documentos descargables a 'la nube' para asegurar su continuidad en el tiempo.
- Formatear los resaltados de resumen e incrustarlos en su lugar en el texto.
- Y, finalmente, el equipo de diseño y maquetación ha hecho el trabajo gráfico que podréis ver.

¿Merece la pena esta importante inversión de horas y neuronas (¡y euros!)? Espero que sí, pero solo la respuesta del mercado lo validará o refutará. En todo caso, me encantaría contar con el apoyo de todos aquellos que durante esos dos años me acompañasteis en la aventura de La enfermería frente al espejo. Y también, claro, de los que no.
Gracias.
Pinchando en este enlace tienes más información escrita y gráfica sobre el libro y el proyecto que lo enmarca.
lunes, 21 de enero de 2013
Off
Explican los expertos en eficiencia energética que mantener los aparatos electrónicos en standby para que así puedan estar en disposición de estar operativos mucho más rápido cuando se pulsa el botón de on supone un estúpido despilfarro energético y económico. Y concluyen tajantes: "cuando no lo estés usando, apágalo".
Este querido blog lleva dos meses en standby. Un cambio radical de vida fue la causa fundamental, no sólo por falta de tiempo sino también por la necesidad de mantenerse hiper-concentrado en las decisiones y retos personales y profesionales a corto plazo.
Pero mentiría si dijera que es esta es la razón principal por la que estoy escribiendo esta última entrada en el blog. Después de unas largas y duras semanas de mudanzas en varios planos y niveles (físico, psicológico, profesional, económico, geográfico, familiar...) nuestra vida está empezando a tener una cierta normalidad, tengo el equipamiento necesario y algo de tiempo libre, lo cual me habría permitido hace ya un par de semanas volver la mirada hacia este blog para pulsar la tecla on y abandonar el oneroso estado de standby. Pero, sinceramente, no he podido.
La razón, expresada de una manera llana, es que estoy simplemente exhausto; y, sinceramente, creo que vacío por lo que respecta a nuevas aportaciones útiles o interesantes en este pequeño rincón de reflexión. Después de este par de meses distanciado del objeto de pensamiento "enfermería", ocupado en cosas aparentemente banales, domésticas, utilizando la cabeza sólo para lo estrictamente imprescindible para la supervivencia, incluyendo el -cada vez más inestable y complicado- trabajo que paga los recibos, me he dado cuenta de que iba camino de convertirme, parafraseando a Herbert Marcuse aunque en un sentido bien diferente, en un hombre unidimensional. Y he sentido claramente que hoy necesito un horizonte mucho más amplio para poder seguir creciendo.
Sinceramente, creo que he dado ya todo lo que podía aportar a las enfermeras y a los -poquitos, para qué negarlo- profesionales que desde otros ámbitos aledaños se han interesado por mis opiniones sobre esta valiosa y subvalorada profesión. No sólo desde el blog, sino también presencialmente a lo largo y ancho de la geografía española: Madrid (3 veces), Alicante, Jaén, Barcelona (2), Sitges, Granada, Badajoz, Cartagena... Y, la verdad, estoy ya algo agotado de repetir un discurso que si pudo ser transgresor en un origen, hoy ya ha sido adecuadamente digerido y metabolizado por el establishment profesional enfermero.
Quien quiso escuchar mi aportación lo ha podido hacer sobradamente por tierra, mar y aire. El contexto sanitario, sociológico y político; el benchmarking con las aportaciones de otros ámbitos geográficos y profesionales; las expectativas y previsiones de un futuro cada vez más incierto; los nuevos parámetros y paradigmas... Todo lo que podía aportar al respecto ha quedado dicho y escrito. Pero, además, todo aquello que he podido introducir en el debate con el propósito de cambiar realmente el estado de cosas, que es lo que importa más allá de una reflexión académica purista, no es ni tan complejo ni tan complicado. Lo sintetizo aquí por última vez
No quiero acabar sin realizar una precisión importante. En la última entrada del blog (publicada el 20 de noviembre) denunciaba las amenazas judiciales -de momento no sustanciadas- que el Presidente del Consejo General de Enfermería blandió en una Circular contra mi humilde persona y contra este ámbito de libre (y documentada, si se me permite) expresión. Como sé que algunos amables seguidores del blog han puesto en relación estos dos hechos -las amenzas y mi silencio-, y hasta ha habido quien me lo ha preguntado directamente, lo primero que quiero hacer en esta entrada es desmentirlo. Sigo creyendo que el envilecimiento y la ilegitimidad de una cúpula corporativa que lleva más de 25 años exprimiendo a la profesión con malas artes es éticamente intolerable; por eso, hasta que la Fiscalía Anticorrupción, la Oficina Antifraude, el Tribunal de Cuentas, el Ministerio de Sanidad o el sursuncorda no tomen cartas en el asunto seguiré denunciándolo antes quienes quieran seguir leyendo o escuchando. Si no es aquí, ya encontraré cobijo adecuado.
Pero sucede que la deserción sin paliativos -que por aprecio personal no voy a etiquetar- de quien se había convertido en azote de la cúpula colegial enfermera y de sus patéticos muñidores locales, en sinergia con la admirable capacidad para mirar para otro lado del grueso de la glamurosa gurusidad enfermera, me estaba abocando a un indeseado protagonismo de cosas en el fondo superfluas, que claramente había hecho descender notablemente el nivel intelectual al que aspiraba este blog tan currado: cuando uno tiene que ponerse a la altura de gentecilla con posibles pero con muy pocas luces, que no saben ni redactar y tienen la altura intelectual de un berberecho (por no mencionar su inefable estética tardofranquista), inevitablemente degrada su propio discurso. Y, sinceramente, no estoy ya por la labor de dedicarme a proclamar como un poseso lo que deberían hacer cada día miles de gargantas desde la propia enfermería. Esta es otra razón, estrictamente relacionada con el propio respeto que me debo, que me ha llevado a pulsar la tecla de off.
Finalmente: creo que quienes estamos dentro de este gran escaparate virtual, de este gran juego de egos y de sombras, le/nos otorgamos demasiada importancia como motor de cambio. Porque los cambios reales sólo se producen en la vida real y generalmente lo hacen a partir de la acumulación de pequeñas luchas y pequeñas victorias. Son más importantes 500 profesionales uniendo voluntades en cualquier punto bien localizado del territorio que 50.000 followers en las dispersas redes sociales. Y esto tiene ver conmigo mismo, por supuesto, pero también con otras iniciativas, tan aclamadas como huecas, que no aspiran en realidad a cambiar las cosas porque sólo van dirigidas a, y encuentran adeptos en, gente que ya estaba convencida y a la que poco o ningún esfuerzo le cuesta anunciar al mundo su venturosa adhesión.
De ahí que sea mucho más importante, aunque sin duda mucho menos glamuroso (¿a quién le gusta la gente con los brazos llenos de la mierda que ellos no ayudan a retirar?), un apoyo decidido, entusiasta y plasmado en la vida real de los procesos de cambio que están teniendo lugar en dos modestos colegios de enfermería (Murcia y Baleares), una tarea quizás cuantitativamente insignificante pero que cualitativamente es fundamental. ¿Por qué? Porque han demostrado que las corruptas camarillas locales pueden ser expulsadas democráticamente de la vida colegial; y también porque si estas experiencias no descarrilan, sus líderes tienen la fuerza necesaria para seguir empujando y hay más brazos que les ayuden a expulsar a los mercaderes del templo, estarán marcando el camino a seguir para tanta gente decente que existe en esta profesión y que hoy está sumida en una impotencia letal.
Y que, juiciosamente, pasan ampliamente de toda esta parafernalia autocomplaciente. Por mi parte, lo entiendo y me aplico el cuento.
Sólo me resta dar las gracias a todos y cada uno de los lectores de este blog que hoy desaparece, supongo que para siempre; me quedo con los amigos que he ido haciendo, con los momentos más excitantes de esta aventura y con las 301 entradas, lúcida alguna, banales o superfluas tantas otras, que quedan como modesto legado. No me cabe ninguna duda de que encontraré un cauce a la medida de mis posibilidades y necesidades para poder seguir sacando hacia fuera reflexiones e impresiones. Así que, de una u otra manera, seguiremos en contacto.
Ahora sí, el mando en off, fundido a negro.
Este querido blog lleva dos meses en standby. Un cambio radical de vida fue la causa fundamental, no sólo por falta de tiempo sino también por la necesidad de mantenerse hiper-concentrado en las decisiones y retos personales y profesionales a corto plazo.
Pero mentiría si dijera que es esta es la razón principal por la que estoy escribiendo esta última entrada en el blog. Después de unas largas y duras semanas de mudanzas en varios planos y niveles (físico, psicológico, profesional, económico, geográfico, familiar...) nuestra vida está empezando a tener una cierta normalidad, tengo el equipamiento necesario y algo de tiempo libre, lo cual me habría permitido hace ya un par de semanas volver la mirada hacia este blog para pulsar la tecla on y abandonar el oneroso estado de standby. Pero, sinceramente, no he podido.
La razón, expresada de una manera llana, es que estoy simplemente exhausto; y, sinceramente, creo que vacío por lo que respecta a nuevas aportaciones útiles o interesantes en este pequeño rincón de reflexión. Después de este par de meses distanciado del objeto de pensamiento "enfermería", ocupado en cosas aparentemente banales, domésticas, utilizando la cabeza sólo para lo estrictamente imprescindible para la supervivencia, incluyendo el -cada vez más inestable y complicado- trabajo que paga los recibos, me he dado cuenta de que iba camino de convertirme, parafraseando a Herbert Marcuse aunque en un sentido bien diferente, en un hombre unidimensional. Y he sentido claramente que hoy necesito un horizonte mucho más amplio para poder seguir creciendo.
Sinceramente, creo que he dado ya todo lo que podía aportar a las enfermeras y a los -poquitos, para qué negarlo- profesionales que desde otros ámbitos aledaños se han interesado por mis opiniones sobre esta valiosa y subvalorada profesión. No sólo desde el blog, sino también presencialmente a lo largo y ancho de la geografía española: Madrid (3 veces), Alicante, Jaén, Barcelona (2), Sitges, Granada, Badajoz, Cartagena... Y, la verdad, estoy ya algo agotado de repetir un discurso que si pudo ser transgresor en un origen, hoy ya ha sido adecuadamente digerido y metabolizado por el establishment profesional enfermero.
Quien quiso escuchar mi aportación lo ha podido hacer sobradamente por tierra, mar y aire. El contexto sanitario, sociológico y político; el benchmarking con las aportaciones de otros ámbitos geográficos y profesionales; las expectativas y previsiones de un futuro cada vez más incierto; los nuevos parámetros y paradigmas... Todo lo que podía aportar al respecto ha quedado dicho y escrito. Pero, además, todo aquello que he podido introducir en el debate con el propósito de cambiar realmente el estado de cosas, que es lo que importa más allá de una reflexión académica purista, no es ni tan complejo ni tan complicado. Lo sintetizo aquí por última vez
- Los problemas básicos de la enfermería española son de dos tipos: externos e internos. Los externos tienen que ver sobre todo con la irrelevancia política; los internos, con la descohesión y la desmovilización interesadamente gestionadas por los liderazgos tóxicos.
- Por lo que respecta a los importantes problemas externos, estos sólo podrán ser enfrentados a partir de un fuerte y renovado liderazgo profesional, social y político, algo que exige gran estatura intelectual y moral, un fuerte compromiso con las bases profesionales y una mentalidad cultivada y visionaria capaz de explicar y evidenciar a la sociedad y a los poderes públicos los inasumibles costes de oportunidad que supone seguir ninguneando a la enfermería y posponiendo el desarrollo de un papel más central y un ámbito de práctica más avanzado dentro del SNS.
- El gran reto, por tanto, es construir un lobby enfermero con legitimidad interna y poder político real que no trate de sustentarse, como hasta ahora, en el mangoneo y la exclusión, sino en una gran autoridad moral cohesionadora e inclusiva y en una precisa visión estratégica, todo ello respaldado por el tremendo poder potencial que suponen más de 200.000 profesionales, titulados universitarios, que están 365 días al año, 24 horas al día, sosteniendo unos servicios de salud modernos, basados en el conocimiento tanto como en el compromiso. Evidentemente ello no es posible con unas bases profesionales interesadamente adormecidas y desmoralizadas.
- Los problemas internos hunden sus raíces en atávicos complejos de inferioridad y déficits de auto-imagen, en el egoísmo de las sucesivas élites enfermeras, da igual progresistas que conservadoras, y en la hegemonía cultural de un arquetipo profesional desfasado que sigue estando en la base de un pensamiento enfermero dominante en el que se ha socializado a las enfermeras en las escuelas y que persiste atolondradamente en definir púbicamente a la profesión en base a sus señas de identidad con menor valor de mercado.
- Y, sobre todo, como suelo decir, es que dentro de la enfermería cada cual va a su bola. No sólo el poder corporativo colegial y su impostado contrapoder sindical, ambos tan enfrascados en su tarea de pastoreo y ordeño de las bases profesionales (cierto: uno con más premeditación y alevosía legal y política que el otro), sino también muchos otros líderes potencialmente alternativos -dospuntocéricos o institucionales, hay de todo- a los que les encanta ser cabeza de ratón en vez de cola de león y cuyo sueño más ardiente es ser aceptados por un establishment político, mediático y profesional que sea capaz de perdonar su grave pecado original: ser sólo enfermeras. Sé que habrá quien piense que soy muy borde, ya lo sé, pero ya somos mayorcitos todos y hemos podido aprender a distinguir las voces, de los ecos, en esta gran cacofonía.
No quiero acabar sin realizar una precisión importante. En la última entrada del blog (publicada el 20 de noviembre) denunciaba las amenazas judiciales -de momento no sustanciadas- que el Presidente del Consejo General de Enfermería blandió en una Circular contra mi humilde persona y contra este ámbito de libre (y documentada, si se me permite) expresión. Como sé que algunos amables seguidores del blog han puesto en relación estos dos hechos -las amenzas y mi silencio-, y hasta ha habido quien me lo ha preguntado directamente, lo primero que quiero hacer en esta entrada es desmentirlo. Sigo creyendo que el envilecimiento y la ilegitimidad de una cúpula corporativa que lleva más de 25 años exprimiendo a la profesión con malas artes es éticamente intolerable; por eso, hasta que la Fiscalía Anticorrupción, la Oficina Antifraude, el Tribunal de Cuentas, el Ministerio de Sanidad o el sursuncorda no tomen cartas en el asunto seguiré denunciándolo antes quienes quieran seguir leyendo o escuchando. Si no es aquí, ya encontraré cobijo adecuado.
Pero sucede que la deserción sin paliativos -que por aprecio personal no voy a etiquetar- de quien se había convertido en azote de la cúpula colegial enfermera y de sus patéticos muñidores locales, en sinergia con la admirable capacidad para mirar para otro lado del grueso de la glamurosa gurusidad enfermera, me estaba abocando a un indeseado protagonismo de cosas en el fondo superfluas, que claramente había hecho descender notablemente el nivel intelectual al que aspiraba este blog tan currado: cuando uno tiene que ponerse a la altura de gentecilla con posibles pero con muy pocas luces, que no saben ni redactar y tienen la altura intelectual de un berberecho (por no mencionar su inefable estética tardofranquista), inevitablemente degrada su propio discurso. Y, sinceramente, no estoy ya por la labor de dedicarme a proclamar como un poseso lo que deberían hacer cada día miles de gargantas desde la propia enfermería. Esta es otra razón, estrictamente relacionada con el propio respeto que me debo, que me ha llevado a pulsar la tecla de off.
Finalmente: creo que quienes estamos dentro de este gran escaparate virtual, de este gran juego de egos y de sombras, le/nos otorgamos demasiada importancia como motor de cambio. Porque los cambios reales sólo se producen en la vida real y generalmente lo hacen a partir de la acumulación de pequeñas luchas y pequeñas victorias. Son más importantes 500 profesionales uniendo voluntades en cualquier punto bien localizado del territorio que 50.000 followers en las dispersas redes sociales. Y esto tiene ver conmigo mismo, por supuesto, pero también con otras iniciativas, tan aclamadas como huecas, que no aspiran en realidad a cambiar las cosas porque sólo van dirigidas a, y encuentran adeptos en, gente que ya estaba convencida y a la que poco o ningún esfuerzo le cuesta anunciar al mundo su venturosa adhesión.
De ahí que sea mucho más importante, aunque sin duda mucho menos glamuroso (¿a quién le gusta la gente con los brazos llenos de la mierda que ellos no ayudan a retirar?), un apoyo decidido, entusiasta y plasmado en la vida real de los procesos de cambio que están teniendo lugar en dos modestos colegios de enfermería (Murcia y Baleares), una tarea quizás cuantitativamente insignificante pero que cualitativamente es fundamental. ¿Por qué? Porque han demostrado que las corruptas camarillas locales pueden ser expulsadas democráticamente de la vida colegial; y también porque si estas experiencias no descarrilan, sus líderes tienen la fuerza necesaria para seguir empujando y hay más brazos que les ayuden a expulsar a los mercaderes del templo, estarán marcando el camino a seguir para tanta gente decente que existe en esta profesión y que hoy está sumida en una impotencia letal.
Y que, juiciosamente, pasan ampliamente de toda esta parafernalia autocomplaciente. Por mi parte, lo entiendo y me aplico el cuento.
Sólo me resta dar las gracias a todos y cada uno de los lectores de este blog que hoy desaparece, supongo que para siempre; me quedo con los amigos que he ido haciendo, con los momentos más excitantes de esta aventura y con las 301 entradas, lúcida alguna, banales o superfluas tantas otras, que quedan como modesto legado. No me cabe ninguna duda de que encontraré un cauce a la medida de mis posibilidades y necesidades para poder seguir sacando hacia fuera reflexiones e impresiones. Así que, de una u otra manera, seguiremos en contacto.
Ahora sí, el mando en off, fundido a negro.
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