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martes, 26 de julio de 2011

La carta abierta del Foro de la Profesión Enfermera a la ministra de Sanidad

Hoy, justo en mi última mañana de trabajo antes de coger el avión rumo a Canarias, el Foro de la Profesión Enfermera ha publicado una Carta Abierta a la Ministra de Sanidad mostrando su rechazo ante el hecho de que, mientras el Acuerdo con la profesión médica lo firmó con cinco organizaciones representativas, el Acuerdo con la profesión enfermera lo firmó únicamente con el CGE [Corporación del Gran Ego], como si no existieran más agentes representativos de la profesión. Enlazado queda.

lunes, 25 de julio de 2011

Políticos de los que sentirse orgulloso: lo mismito que aquí...

A punto de irme un par de semanas de vacaciones para descansar, os enlazo como cierre del curso un vídeo que me ha pasado mi hermano (gracias, Alfonso) con una vibrante intervención en la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro de la diputada Cidinha Campos, denunciando las componendas que tratan de designar miembro del Tribunal de Cuentas a un absoluto chorizo, con la ayuda  -por complicidad o por omisión del deber-  de la mayoría de la Asamblea. No tiene pérdida, ni su coraje, ni la situación que describe, ni la ironía con que cuela el discurso en un debate que en realidad era sobre la producción láctea: quiere hablar "de los mamones".

¡Qué pena que no puedan exportarnos, aunque fuera un solo parlamentario como ella... !

Felices vacaciones (a quienes las tengan) y ánimo (a quienes no), seguimos a la vuelta.

viernes, 22 de julio de 2011

Un timo con enjundia

Había oído hablar de timos relacionados con la enseñanza (casi) de todo tipo, pero éste que narra el New York Times me parece increíble. Resulta que una red de falsas escuelas de enfermería en Nueva York, en  connivencia con una escuela oficial de enfermería jamaicana, estafaron seis millones de dólares (4,2 millones de euros), fundamentalmente a personas de origen caribeño, ofreciendo cursos para la obtención del diploma en enfermería necesario para poder registrarse como enfermeras.

No, no se trata (sólo) de falsificación de títulos, que de esos sí conocemos multitud de casos: es que las escuelas impartían realmente los programas formativos, incluidas las prácticas clínicas, en sus instalaciones y centros sanitarios concertados a cambio de unas "tasas" de entre 7.000 (4.900) y 20.000 (14.000) dólares (euros). Las ecuelas llevaban funcionando cinco años, pero las autoridades afirman que no estaban autorizadas para impartir estudios oficiales y el fiscal general ha ordenado el cierre de cuatro de las cinco escuelas (está en trámites para cerrar la quinta). Seis personas han sido arrestadas hasta el momento.

La noticia no avanza más información, pero a mí me encantaría saber si los programas formativos eran los oficiales, si el profesorado estaba autorizada para la docencia,  etc. Es decir, si las personas que se formaron han egresado con una formación y competencias equivalentes a las de las escuelas autorizadas u oficiales. Entonces, el timo es mucho más cruel. En fin, es posible que se trate sólo de irregularidades administrativas... Ojalá.

Fraudes para conceder falsos títulos hay muchos, especialmente en eso que se ha dado en llamar "formación continuada", claramente enfocada, no a obtener nuevas competencias o técnicas, sino a puntuar en las bolsas de empleo y los concursos de méritos; recordaréis que hace apenas unos meses se destapaba un fraude masivo, una trama entre un sindicato y un centro oficial de formación dependiente de una Consejería de Salud. No digo ahora timos, sino fraudes, porque en estos casos es imprescindible la colaboración fraudulenta de los supuestos alumnos, ya que los cursos no se realizaban y los "timados" eran los demás aspirantes y las administraciones públicas.

También se producen a diario timos porque se engaña a la gente ofreciendo cursos homologados que no lo son, porque se afirma que se trata de cursos indispensables para obtener el gradopara acceder al máster, incluso para poder prescribir medicamentos. Todo esto son timos, presuntos o confirmados, pero es la primera vez que oigo de un timo que se refiera a la obtención de titulaciones oficiales profesionales oficiales. Y espero no haber dado ninguna idea...

jueves, 21 de julio de 2011

Relación entre envejecimiento y gasto sanitario: el zombi que nunca se retira

Presentar  -a ser posible, de forma dramática-  el envejecimiento de la población como la principal amenaza a la "sostenibilidad financiera" de los sistemas nacionales de salud se ha convertido en uno de esos tópicos que permiten decir "no soy yo" a todos los que tienen responsabilidades sobre las políticas sanitarias y financieras. Ello, a pesar de que no existen evidencias al respecto y de que sí existen evidencias sobre que la contribución directa de la variable "edad" sobre el gasto sanitario es bastante modesta y no explica sino en un pequeño porcentaje su deriva incrementalista.

A este tópico, Robert Evans y colegas, en su famoso paper APOCALYPSE NO, lo califican como un "zombi caminante": "La demografía apocalíptica o, de manera más general, el aviso de que tratar de cubrir las necesidades de una población envejecida llevará a la bancarrota a las sociedades modernas, o hará imposible continuar con la cobertura sanitaria universal, es un "zombi", una idea o alegato que está intelectualmente muerta, pero que nunca podrá descansar. Aunque con frecuencia es refutada por los hechos y argumentos, siempre regresa para seguir caminando, sembrando confusión y haciendo daño".

Por fin existe un estudio nacional específico que cuantifica el impacto de la atención sanitaria a la población de mayor edad (mayores de 75). Lo han editado las fundaciones Gaspar Casal y Pfizer y lo podéis descargar aquí.

Este estudio confirma que las conclusiones de este marco de anállisis son siempre las mismas. Es cierto que la población anciana utiliza los servicios asistenciales y las prestaciones farmacéuticas con mayor frecuencia (y coste, ya que en este caso no existe aportación del paciente, al menos en nuestro país) que la población joven y adulta (no tanto que la infantil), pero lo cierto es que se trata en general de población aceptablemente sana, más con "condiciones" que con "patologías". Un "viejo" de 75 años de hoy tiene las mismas probabilidades que un "joven" de 60, hace sólo 40 años, de estar seriamente enfermo.

La variable que en realidad está asociada a un gasto sanitario mucho más elevado no es la edad en sí, sino los últimos meses de vida, en los que los ciudadanos consumen hasta el 70% de los recursos sanitarios que han empleado durante toda su vida.


Los tres factores extrasanitarios que, en mayor medida, incrementan el gasto sanitario son de tres tipos: político, tecnológico y farmacéutico. Son necesarias con carácter urgente políticas orientadas a la prevención, modificación de estilos de vida y atención sanitaria primaria, focalizadas, ya no en los grupos, sino en los pacientes "de alto coste": aquellos que por sus pluripatologías crónicas clínicamente mal atendidas y/o incapacidad para autocuidarse y/o carencia de un entorno familiar y grupal que lo haga, etc., acaban ingresando por urgencias cada tres o cuatro meses, con estancias intermitentes en unidades de alta tecnología como las de cuidados intensivos.

Un par de recientes y muy interesantes aportaciones al respecto: Un artículo de Atul Gawande en The New Yorker (que si no recuerdo mal cité hace unos días) y otro en Health Services Research; ambos concluyen que una de las claves pasa por desarrollar servicios asistenciales de intervención sociosanitaria, aislando en cada demarcación de gestión sanitaria (centros de salud a áreas sanitarias, por ejemplo) a estos "pacientes de alto coste" y haciendo que equipos multidisciplinares ataquen de raíz los problemas sociales y de cuidados que agravan las patologías crónicas incapacitantes que padecen y que,  por otro lado, ocasionan tan altos costes asistenciales.

Cuando nos soliciten una colaboración sobre la "sostenibilidad" de los servicios de salud, tratemos de hablar con proporcionalidad del envejecimiento de la población. Ya sé que para todos nosotros es un tópico indeludible, pero haganos un esfuerzo. Sobre todo, porque nos vamos haciendo viejos (uno más que otros...).

miércoles, 20 de julio de 2011

Los "putos amos del mundo"

Hace apenas diez años, pero parece que hubieran pasado 100, la gigantesca empresa multinacional del sector energético Enron quebró y se llevó por delante, no sólo a la propia empresa, sino también a su firma auditora, Arthur Andersen, entonces la más importante del sector a nivel mundial.

Enron pasó en 15 años, de ser una pequeña empresa petrolera tejana a convertirse en la séptima empresa de los EEUU, con 21.000 empleados en 40 países y 100.000 millones de facturación en el año 2000. En 2001, apenas tres meses antes de su quiebra, fue galardonada por la revista Fortune como la empresa más innovadora del país.

En realidad, el negocio de Enron no era vender suministros, sino especular en bolsa con ellos, captando a cientos de miles de accionistas que confiaban en su base material productiva (con cientos de instalaciones de producción de bienes tan esenciales como el gas, el agua, la electricidad, incluso telefonía y banda ancha) como garantía de solvencia y liquidez. Es decir, que Enron no era una empresa industrial, como daba a entender, sino financiera, que se dedicaba básicamente a especular. Su producto más importante fue Enron Online, un sistema que les permitía realizar transacciones en línea en todo el mundo, anticipándose a sus competidores. Y sus directivos, a lo que se dedicaban en realidad era a expoliar las ingentes ganancias de la empresa,  maquillando las cuentas a través de empresas subsidiarias.

Los villanos principales de esta historia fueron el presidente ejecutivo, Kenneth Lay, su segundo, Jeffrey Skylling y el vicepresidente financiero, Andrew Fastow. Fueron durante muchos años los putos amos del mundo. Eran inmensamente ricos, llevaban una vida llena de lujo y sin embargo, por algún motivo desconocido (probablemente porque la codicia puede llegar a ser tan adicitiva como la cocaína) se pasaron de frenada y acabaron con largas condenas de cárcel (excepto Lay, que falleció esperando la sentencia). Dejaron en la calle a 20.000 empleados, probablemente, para ellos, simples daños colaterales.

El caso Enron supuso en su momento un verdadero shock, que, además, tuvo lugar apenas unos meses después del 11-S. Nunca se pensó que una empresa como Enron pudiera quebrar a la vista de los reguladores y los poderes públicos. Pero, en realidad, faltaban menos de siete años para que pudiéramos asistir en vivo y en directo a la quiebra de Lehman Brothers y, en España, de un buen puñado de constructoras con valor en bolsa de decenas de miles de millones de euros.


En su momento, dediqué muchas horas a documentarme para tratar de entender este tipo de conductas suicidas y llegé a la conclusión de que se deben a un síndrome, el síndrome del puto amo del mundo [PAM]. La gente que lo padece se siente tan poderosa e inalcanzable, tan por encima de la gente común, tan protegida por los políticos y periodistas a los que compra (y,  a través de ellos, por los estamentos policiales, fiscales y judiciales más corruptibles), que se creen literalmente intocables y seguros, al margen de la ley; rodeados exclusivamente por corruptos y pelotas, han perdido la sensibilidad para percibir los riesgos inherentes a sus actividades delictivas. Y, por supuesto, no se dan cuenta de que han ido generando en el camino miles de enemigos con ganas de entrar a saco en sus yugulares; pero no importa, siguen sintiéndose seguros, por algo son los PAM. Hasta que su codicia y sus enemigos les ayudan a cavar sus propias tumbas.

Vienen estas reflexiones a cuento de los reciente acontecimientos relacionados con otros famosos PAM: Teddy Bautista, Rupert Murdoch, Dominique Strauss-Kahn, hoy mismo Francisco Camps, pasado mañana Silvio Berlusconi... Los putos amos del mundo son gigantes con los pies de barro porque no calibran ni entienden sus límites y excesos.

martes, 19 de julio de 2011

'Profesionalismo', Enfermería y colegios profesionales

El término profesionalismo, tal y como se viene utilizando desde hace ya algunos decenios como característico de las profesiones facultativas, no está registrado en el diccionario de la RAE (únicamente aparece una acepción, "cultivo o utilización de ciertas disciplinas, artes o deportes, como medio de lucro", la cual, sin duda, no viene al caso). En Wikipedia (¡oh, cielos!, lo que no está en la güiqui no existe) tampoco existe una entrada, ni siquiera en inglés. Pero si tecleamos en Google "professionalism" nos proporciona 42 millones de enlaces y "profesionalismo", 9.600.000".

En español, cuando buscamos "profesionalismo médico" (así, entrecomillado, o sea, la expresión completa), nos aparecen 15.700 enlaces, pero si tecleamos "profesionalismo enfermero" aparecen ¡únicamente ocho! Buscando en inglés, las diferencias se reducen sustancialmente: "medical professionalism" = 210.000; "nursing professionalism" = 43.200.


¿Qué es el profesionalismo? Difícil de sintetizar sin ofender a los grandes santones de la sociología de las profesiones, que fueron realmente quienes acuñaron el término en los años sesenta y setenta del siglo pasado (y a sus discípulos, herederos hoy de sus cátedras) y a la gran mayoría de las élites profesionales. A pesar de ello, yo he acuñado dos definiciones bien diferentes:

  • Empecemos por la más simple, a mi juicio la más útil, la que parte del hecho de que las profesiones están al servicio de la sociedad: "Profesionalismo es una política institucional de las corporaciones profesionales que trata de garantizar que todos los miembros de la profesión se comporten con profesionalidad (cualidad de la persona u organismo que ejerce su actividad con relevante capacidad y aplicación)".
  • Y sigamos por la complicada, la más retórica y a mi juicio la socialmente menos efectiva: "El profesionalismo es una política de las élites corporativas profesionales que afirma que, bajo su exclusivo control corporativo, todos los miembros de la profesión se comportarán siguiendo unas reglas deontológicas autoimpuestas y autocontroladas que harían innecesario que la profesión estuviera regulada externamente por los poderes públicos y que, en consecuencia, harían que el Estado debería ceder todas sus competencias de control a las propias élites corporativas".
Ya lo he escrito un montón de veces, pero no me aburro de hacerlo y además, los hechos (incluso los más actuales, como por ejemplo las corruptelas codiciosas de la SGAE, las trampas de parte de las agencias de calificación financiera, los delitos prepotentes con complicidad de la Policía del grupo Murdoch, los tejemanejes en los nombramientos en el Consejo Español del Poder Judicial, la permanencia del presidente del Consejo General de Enfermería a pesar de las sentencias del Tribunal Supremo...) van confirmando que no voy muy desencaminado: "Ningún grupo humano  -mercados financieros, iglesias, ejércitos, medios de comunicación, partidos políticos, poder judicial... o profesiones-  al que se conceda capacidad decisiva para autorregular su papel dentro de la sociedad, sus derechos, deberes, recursos y prerrogativas, sería capaz de resistir indefinidamente la tentación de incumplir sus propios códigos de autorregulación, cometer excesos y acabar tratando de imponer sus valores e intereses a la sociedad a la que supuestamente sirve". Esta es, creo yo, una afirmación que no es un juicio moral ni el reflejo de una visión nihilista de la vida: es, simplemente, una obviedad sociológica.


Viva el 'profesionalismo' como actitud práctica y ética al servicio de la sociedad, abajo el 'profesionalismo' como táctica elusiva de los deberes sociales por parte de las profesiones y sus agentes institucionales. A quienes dicen "¡qué horror! profesionales tan exquisitos y entregados como los sanitarios, controlados por sus empleadores/empresas (públicas, claro; las privadas no pueden), que van a corromper sus fundamentos morales y éticos...", yo les digo: ni una cosa, ni la otra. ¿Qué tal agencias públicas con participación de todos los agentes implicados: profesionales, usuarios, empleadores, juristas, expertos, sociedad civil, que entre todos traten de que todo vaya bien? ¿Que cuando los profesionales quieran que algo salga adelante tengan que demostrar  -y pactar dentro de sus órganos ejecutivos con un montón de intereses muy diversos- que no se trata sólo de su propio interés, sino del interés público al que se supone que sirven los entes reguladores profesionales? Los colegios profesionales, tal y como los conocemos hoy en día en su modelo, son TAN ANTIGUOS que dan fatiga. ¿Y si los pasamos por la 'batidora del tiempo' y los modernizamos un poquito? Seguro que es bueno, hasta para los propios colegios. Pero siempre desde una acepción de 'profesionalismo' al servicio real de la sociedad y no de sus propios intereses (que no tendrían porqué ser radicalmente incompatibles, aunque sin duda sí un poco).


[PS.- Por si algún colega sociólogo, muy improbablemente pero vaya usted a saber, siguiera este blog, le recomiendo que revise el último número de Current Sociology, dedicado a las organizaciones y ocupaciones profesionales y al profesionalismo, con aportaciones de colegas tan importantes como Ian Kirkpatrick, Julia Evetts o Mirko Nordegraaf. Hay de todo como en botica, pero algunos artículos  -como el de Evetts-  actualizan muy bien el debate].

lunes, 18 de julio de 2011

La soledad del manager

Este es el título de una novela de Manolo Vázquez Montalbán, la primera de la saga de Pepe Carvalho (tras la experimental Yo maté a Kennedy, donde Carvalho aún era agente de la CIA). En ella, el detective investiga un caso, aparentemente relacionado con el sórdido mundo de la prostitución, pero acaba aflorando el no menos sórdido mundo de la política de la época.

Mañana, martes 19 de julio, el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y el Consejo General de Enfermería firmarán un "Acuerdo marco en beneficio de los pacientes, la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y el pleno desarrollo de la profesión". Tanto Europa Press como Diario Médico simplifican en su titular: "Sanidad y los enfermeros". Los enfermeros...

Dice Diario Médico que "después de firmar un acuerdo con el Foro de la Profesión Médica que marcará la pauta de trabajo del departamento de Leire Pajín hasta las próximas elecciones generales, Sanidad ha querido contar también con el apoyo de los enfermeros y mañana rubricará con ellos una declaración similar (...) El formato del acuerdo será similar y centra sus principios en el buen entendimiento que mantienen Sanidad, el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín, y González Jurado desde la etapa en la que Trinidad Jiménez lideraba el ministerio".

No, amigos de Diario Médico, el formato del acuerdo no puede ser similar porque el pacto con la profesión médica se firmó con el Foro de la Profesión Médica, entidad que agrupa a todos los agentes profesionales relevantes: colegios profesionales (OMC), sindicatos (CESM), decanos de facultad (CNDFM), estudiantes (CEEM) y asociaciones científicas (FACME) del ramo.

Y el Consejo General de Enfermería acude absolutamente sólo: ¿no hay un sindicato de enfermería? ¿No hay directores de centros universitarios de enfermería? ¿Ni estudiantes de enfermería, ni asociaciones científicas de enfermería? Sí, existen; el entramado organizativo de la profesión enfermera es tan poliédrico y rico en aportaciones como el de la profesión médica, aunque sin duda mucho menos mediático. Y, sin embargo, la representación de la profesión es asumida en exclusiva y unilateralmente por un único actor con el apoyo formal de una ley predemocrática, la Ley de Colegios Profesionales de 1974, que concede la representación exclusiva de la profesión a los colegios (art. 1.3). Una anacronía muy útil...

Pero lo malo no es eso: Lo realmente grave, aquello sobre lo que deberían reflexionar la Ministra de Sanidad y sus asesores, es porqué ellos legitiman políticamente esa monopolización institucional de la identidad, intereses, expectativas y aportaciones profesionales de las enfermeras y lo bendicen con luz y taquígrafos. ¿No se han dado cuenta de la diferencia entre la representación médica que acudió a firmar un pacto similar hace una semana? No le interesa a la Ministra saber qué piensan los demás actores profesionales? Parece que no. Lo de hace una semana se llama pluralismo; lo de mañana, populismo. Penoso.

Miren la foto de hace una semana, miren mañana la que publiquen los medios y, como en los pasatiempos, localicen las cuatro diferencias.


Pero lo que me ha puesto los pelos como escarpias es que la noticia habla de un acuerdo para publicar el "Libro Blanco de la Profesión Enfermera". Lo malo es que para publicarlo hay que escribirlo primero y que para escribirlo es imprescindible hablar con la profesión, escucharla y, sobre todo, contar con el suficiente capital intelectual y moral para liderar una apuesta estratégica de la que dependerá el futuro de toda una profesión.

Casi que menos mal que la legislatura está cerrada... aunque también para la Ley de Servicios Profesionales, en la que se iba a borrar de un plumazo la colegiación obligatoria. ¿Me siguen?

viernes, 15 de julio de 2011

El futuro incierto del grado en enfermería en el Reino Unido

Un editorial en el último número de la revista Journal of Clinical Nursing describe las incertidumbres que muchos líderes enfermeros del Reino Unido experimentan en estos momentos sobre el futuro de la enfermería, debido a dos principales factores: cómo (no, si) afectarán a la profesión los recortes financieros y las reformas organizativas previstos para el National Health Service [NHS] y algunas de las ambiguas y/o contradictorias posiciones del Partido Conservador con respecto a la imagen que poseen de la profesión.

En este caso, el editorial se centra en la obligatoriedad de estar en posesión de un grado universitario en enfermería para acceder a la profesión a partir de 2013, objetivo que estableció el Nursing and Midwifery Council en 2008 en términos muy tajantes: There is no option to register if a degree cannot be achieved. En realidad, igual que en nuestro país, este nuevo desarrollo académico fue establecido bajo el paraguas de Bolonia (desarrollo del Espacio Europeo de Educación Superior), sin que respondiera en realidad a planteamientos estrictamente de desarrollo profesional.

Lo cierto es que aquella decisión (adoptada bajo un gobierno laborista) fue criticada con dureza por los sectores conservadores, especialmente la derecha periodística y médica, con argumentos tan elitistas y paternalistas como éstos: "Por supuesto, la medicina es una carrera universitaria con un gran componente de aprendizaje. Pero la medicina es tanto una profesión académica, como un arte profundamente práctico, algo que la enfermería, ni es ahora ni es probable que lo sea nunca" o "La búsqueda de poder y estatus es más  importante que la búsqueda de estándares enfermeros más elevados. Esta es la razón por la cual los líderes enfermeros son tan  entusiastas con la idea de una enfermería universitaria: el prestigio es su meta".

Es cierto que también existieron posiciones a favor con argumentos "mejor informados y menos incendiarios", según el editorial, y que una vez revisados sí puede decirse que miran hacia el futuro de la enfermería, sus necesarias aportaciones avanzadas a los servicios de salud, y no al pasado. Es muy interesante una publicada en The Independent con un título al que, personalmente, me adhiero: "Las enfermeras no son heroínas. Son profesionales".

¿Qué pasará con el actual gobierno conservador-liberal? El editorial contiene algunas declaraciones inquietantes, como que "el grado debería ser una aspiración de todas las enfermeras, más que una exigencia para ejercer", declaración realizada por el actual Ministro de Salud, Andrew Lansley, cuando aún sólo era aspirante al cargo. Por su parte, el actual Primer Ministro, David Cameron, había afirmado ante el Royal College of Nursing,en 2009, que "existe el peligro de que una formación exclusiva como graduadas podría echar fuera a algunas personas. La adolescente que ha acumulado un buen número de certificados de educación secundaria razonables y que todo lo que desea es cuidar de la gente. El ama de casa ocupada que cuando escucha la palabra grado piensa 'eso no es para mí'. Necesitamos garantizar que las puertas de la enfermería está abiertas para todos".

En realidad, algo que molestó profundamente a los editorialistas fue la justificación dada por un portavoz del partido conservador a las declaraciones del hoy Ministro de Salud, en el sentido de que la definición que éste daba de 'profesión enfermera' "incluía también a las auxiliares [healthcare assistants]". Esta afirmación es calificada como "inquietante" o "amenazadora". Siempre he defendido que la auxiliares de enfermería y otro personal  -no los técnicos de laboratorio y otras ramas-  son enfermería, aunque no formen parte de la profesión enfermera. Pero lo que denota muy claramente el lenguaje de los conservadores, sean políticos o médicos o periodistas, es su convicción de que, en realidad, "ser enfermera no es para tanto". Tendrá que haber algunas más especializadas, pero en general para ser enfermera no hace falta estudiar = saber tanto, sino aprender al pie de la cama del paciente  de otras enfermeras y seguir literalmente las órdenes del médico.

Hilemos cabos: (1) crisis presupuestaria en el NHS que obligará a recortar hasta un 15% de sus gastos; (2) la formación pública de las enfermeras no es financiada por el Ministerio de Educación, sino por el NHS; (3) declaraciones que evidencian que existe un programa oculto para ir sustituyendo, de manera masiva, efermeras por personal menos cualificado. Conclusión de los autores: "Advertimos [en un informe solicitado por el propio Partido Conservador] sobre la absoluta necesidad de que las enfermeras se formen hasta el nivel de grado (...) y sobre el empobrecimiento intelectual de los recursos enfermeros por un empleo masivo de personal auxiliar".

En todo caso, los editorialistas concluyen: "Las enfermeras siempre son las primeras en recibir una patada cuando algo va mal en el NHS. Somos, al tiempo, glorificadas como 'ángeles' y demonizadas como 'demasiado pijas para lavar'". Y sospechan que existen movimientos para revertir la decisión de exigir el grado para poder ser enfermeras registradas. Aunque el Ministerio de Salud no ha abierto la boca, el debate sigue abierto.

jueves, 14 de julio de 2011

¿Cuál es el signo de estos tiempos?

Cuando la gente estima una tabla de valores y no advierte ninguna amenaza contra ellos, experimenta bienestar.
Cuando estima unos valores y advierte que están amenazados, experimenta una crisis, ya como inquietud personal, ya como problema público. Y si ello afecta a todos sus valores, experimenta la amenaza total del pánico.

Pero supongamos que la gente no sienta estima por ningún valor, ni perciba ninguna amenaza. Ésta es la experiencia de la indiferencia, la cual, si parece afectar a todos los valores, se convierte en apatía.

Supongamos, en fin, que no sienta estima por ningún valor, pero que, no obstante, perciba agudamente una amenaza; ésta es la experiencia del malestar, de la ansiedad, la cual, si es suficientemente total, se convierte en una disposición mortal inespecífica.

El nuestro es un tiempo de malestar e indiferencia, pero aún no formulados de manera que permitan el trabajo de la razón y el juego de la sensibilidad.


Este es una cita del sociólogo norteamericano Charles Wright Mills en su libro La imaginación sociológica, editado hace más de 50 años (1959). ¿Por qué nos resulta tan difícil permitir que el trabajo de la razón y el  juego de la sensibilidad nos permitan analizar mejor el signo de nuestros tiempos? Bienestar, Crisis, Pánico, Indiferencia, Apatía, Malestar, Ansiedad... o quizás algo que en 1959 Mills no podía ni imaginar... yo lo siento como 'el abrazo del oso'.

miércoles, 13 de julio de 2011

Ahora le toca al agua

Hace un par de meses comenté en una entrada un estudio que negaba la peligrosidad cardiovascular de la sal, incluso relativizando la relación de su ingesta con la hipertensión. De esta manera, se cuestionaba un principio básico de los mensajes salubristas.

Ahora, un comentario en el British cuestiona otra doctrina sanitaria básica: que sea necesario beber los dos litros de agua al día que siempre nos han recomendado. Un comentario más extenso en MedPage Today aporta más información y remite a un par de estudios que ponían también en duda que fuera preciso beber más allá de lo que la propia sed nos pida o, matizando algo más, que la recomendación de los dos litros diarios no está basada en evidencias científicas sólidas.

Y, de nuevo, se denuncian intereses comerciales como el motor real de estas consagradas verdades sanitarias: En este caso en concreto, Danone, que al parecer financia la iniciativa Hydration for Health (dirigida a los profesionales sanitarios, no al público general) y que es la más esforzada defensora de la recomendación del consumo de agua por encima de cualquier otra fuente líquida de hidratación como los refrescos, por ejemplo... que Danone no comercializa; sí lo hace con nueve marcas de agua mineral, la famosa Evian o las locales Lanjarón y Fontvella entre ellas (aunque curiosamente no aparecen en la web española, sólo en la internacional).Y siempre con la recomendación de ocho vasos (versión USA) o dos litros (versión europea) al día. Todo ello, claro, siempre según la fuente original citada.

El "público general" (yo mismo, sin ir más lejos) ya no sabe qué pensar. Pero la propia web de Danone (ver el último párrafo del link citado antes) sugiere, un tanto impúdicamente   -nunca se puso un refrán más a huevo-, que "cuando el río suena, agua lleva".

martes, 12 de julio de 2011

Copagos en la sanidad

(...) Gunn me habló de un análisis que había realizado recientemente para una gran empresa de tecnologías de la información de la Costa Este. Cubría la asistencia sanitaria de 7.000 empleados y sus familias, con un coste anual de 40 millones de dólares. La empresa había incrementado considerablemente los copagos de los empleados, esperando darles una buena razón para pensárselo dos veces antes de realizar visitas médicas y solicitar pruebas y procedimientos innecesarios (...) Por supuesto, casi todos los apartados más caros de la asistencia sanitaria descendieron: consultas médicas, urgencias y visitas hospitalarias, medicamentos... Pero los costes sanitarios de los empleados siguieron creciendo a un ritmo de casi el diez por ciento anual. La compañía estaba desconcertada.
El equipo de Gunn echó una ojeada a los puntos calientes. Las desviaciones de costes correspondían predominantemente a retirados prematuros por enfermedad. La mayoría sufría problemas crónicos  -en particular, enfermedades coronarias, asma y enfermedades mentales complejas-. Uno de ellos, en concreto, presentaba un fuerte empeoramiento en su dolencia cardíaca y diabetes, además de sumar facturas médicas por encima de los 80.000 dólares en los últimos dos años. El hombre, que tenía que afrontar copagos cada vez más caros con unos ingresos que no crecían, había recortado a la mitad las dosis de su medicación para el colesterol y la diabetes. Redujo el número de visitas al médico y evitó por todos los medios tener que acudir a urgencias, hasta que un ataque cardíaco requirió cirugía urgente y lo dejó incapacitado con un fallo cardíaco crónico.
[La política de] aumento en los copagos había fallado. Mientras que los costes médicos se habían contenido para la gran mayoría de los empleados, los de los retirados prematuros por enfermedad habían crecido un 17%. Los pacientes más enfermos se hiceron mucho más caros porque demoraron la asistencia y la prevención hasta que fue demasiado tarde.
Este texto es de uno de nuestros ensayistas sanitarios de cabecera, Atul Gawande  -del que volveré a hablar pronto con respecto a otro tema muy relacionado-, reflexionando sobre la manera perversa en que pueden acabar comportándose los copagos (y en general los incentivos) en la sanidad. Aquí tenéis el extenso artículo de The New Yorker, lamentablemente sólo en inglés.

Este ejemplo real se desarrolla en los Estados Unidos, donde las grandes empresas tienen la obligación de costear la mayor parte de los seguros sanitarios de sus empleados. Pero bastaría con cambiar este modelo por cualquier otro para asimilarlo a nuestra realidad, con la diferencia de que en los EUA las aseguradoras revisan anualmente las pólizas para compensar los incrementos en los costes sanitarios concretos incurridos por los beneficiarios del seguro contratado por la empresa (miles, decenas de miles o cientos de miles de personas). En realidad, lo que tratarían de hacer en Europa los copagos es más o menos lo mismo: incrementar los pagos out-of-pocket ("de bolsillo", como se llama allí a los copagos) para compensar financieramente los incrementos en los costes asistenciales y/o incentivar un menor uso, lo que se supone que rebajaría los costes (en teoría al menos, como hemos visto).

Cualquier efecto financiero positivo de los copagos requiere que éstos sean lo suficientemente altos para poder tener efectos disuasorios reales. En los países más desarrollados con población fuertemente envejecida y alta esperanza de vida (y España está en el grupo de cabezera en ambos parámetros), con un segmento de población mayor con varias patologías o condiciones crónicas que precisan tratamiento continuo (un 16% de los hombres y un 26% de las mujeres mayores de 75 años valoran su estado de salud como malo o muy malo), un porcentaje muy pequeño de los ciudadanos suponen un porcentaje muy alto de los costes sanitarios. Aunque no hay muchos datos, por ejemplo, en un grupo de centros de salud analizados la población >75 años supuso el 21% de las visitas totales y el 63% del gasto farmacéutico total.

De manera que el sentido común dice que habría que actuar sobre estos sectores de población que más gasto acumulan. Lo malo es que normalmente coinciden con los sectores de población socialmente más vulnerables y con menor capacidad de gasto (ingresos).

Pero hay otra cosa muy específica con respecto a España. En su momento (Ley de Dependencia, 2006) y haciendo de la necesidad virtud (ya que nunca habíamos gastado un carajo en atender a nuestros mayores), decidimos que nuestro modelo de Cuidados de Larga Estancia (Long-Term Care, LTC) iba a estar basado en los cuidados informales, es decir las familias con ayuda de personal subcualificado de origen inmigrante por lo general, en contraposición con otros países desarrollados que han preferido un modelo más "institucionalizado" que "informal". Ello significa que en España hay un  porcentaje mucho mayor de personas ancianas que son cuidadas en nuestros hogares, que en centros sociosanitarios, como en tantos otros países industrializados. Y, además, nuestro gasto en LTC es minúsculo comparado con el de otros países de la OCDE, como puede apreciarse en este gráfico:


Por otro lado, ello se traduce, como ya hemos dicho anteriormente, en una mayor intensidad de uso de los servicios sanitarios de proximidad (atención primaria y urgencias), ya que los pacientes institucionalizados tienden a ser tratados ordinariamente dentro de sus centros sociosanitarios, minimizando su utilización de los servicios públicos de salud, a diferencia de los mayores cuidados en sus hogares, quienes tienen que acudir, ellos mismos o sus familiares, varias veces al mes a estos servicios. A ver: no creo que se trate tanto, como con frecuencia se dice, de que a los españoles nos encante ir a los centros de salud ("al médico"), sino de que en nuestro país existe un porcentaje mucho mayor de seniors que, en vez de estar "institucionalizados" (internados en residencias o centros sociosanitarios), viven en sus comunidades y utilizan sus servicios sanitarios de proximidad varias veces al mes, aunque sólo sea para ir a buscar sus recetas, y muchos de ellos tienen que ser ingresados recurrentemente vía urgencias porque su entorno no es propicio para que se cuiden y sigan sus medicaciones y estilos de vida recomendables.

Si hubiera que introducir los copagos, ¿lo haríamos realmente sobre los que más gasto sanitario producen en realidad, lo único que tendría sentido? (y, si no es así, pues dejémonos de amagos).

lunes, 11 de julio de 2011

Políticas sanitarias y poder político (una anécdota ilustrativa)

Por motivos totalmente ajenos a estas reflexiones, he tenido que refrescar alguna información en el libro de memorias políticas de la dama de hierro, Margaret Thatcher, titulado Los años de Downing Street. Y he recordado algo que me sorprendió durante su primera lectura, hace ya una pila de años, y que tenía anotado en el libro (editado en 1993).

Las reformas que impulsó Margaret Thatcher en el National Health Service [NHS] durante su tercer mandato como Primera Ministra del Reino Unido (1987-1990) son consideradas generalmente como el proceso de cambio más radical que ha experimentado ningún sistema de salud moderno. Aunque su dimisión a finales de 1990 frustró su deseo de culminar personalmente las reformas, durante el mandato de John Major terminaron de ser aplicadas y, de hecho, cuando Tony Blair tomó las riendas del gobierno en 1997, su Nuevo Laborismo no quiso (o no pudo) revertirlas, de manera que las reformas fueron consolidadas en sus elementos básicos.

La separación de las funciones de financiación, aseguramiento y provisión, la creación de "mercados internos" de compra de servicios sanitarios entre atención primaria y especializada, la conversión de hospitales y centros de atención primaria en trust o fundaciones con un amplio margen de autogestión, la introducción de sistemas de información que permitieran la financiación por objetivos o el principio money follow patients que ligó los presupuestos a la libre elección de centro por los pacientes (entre muchas otras cosas), fueron primero demonizadas por la socialdemocracia europea y luego aplicados por ella en mayor o menor grado. Lo cierto es que no sólo cambió profundamente el escenario sanitario británico, sino que sirvió de fuente de inspiración, primero a los países nórdicos y luego a otros países con modelo sanitario de "servicio nacional de salud", como el nuestro. Esas reformas son un referente internacional, ya que también fueron adoptadas en mayor o menor grado por otros países de la Commonwealth, como Australia o Nueva Zelanda. Uno diría que una estadista de esta talla contemplaría esta política como un legado de los más importantes de su carrera política.

Las memorias de Thatcher tienen 730 páginas de texto (excluidos los materiales complementarios). ¿Sabéis cuántas dedicó a evocar sus reformas del NHS? Diez, de la 517 a la 526. Ni un comentario más, aunque fuera colateral.

Como trabajamos con lo más importante para las personas, la salud, el bienestar, la vida y la muerte, a veces nos creemos el centro del universo y en realidad, más allá de la retórica, las políticas sanitarias suponen una parte verdaderamente minúscula dentro de los intereses reales y las agendas del poder político y de sus detentadores, como demuestra este ejemplo que tenía por completo olvidado.

viernes, 8 de julio de 2011

El rincón del demagogo (III)

Hoy vamos a encerrar en el rincón a Juan Pedro Jiménez Tamplin, portavoz de hospitales del Sindicato Médico Andaluz [SMA], a quien no le ha gustado nada la idea de que un diplomado en enfermería (en sus estúpidos e intencionados términos  -nadie se crea que es un lapsus, estos cromañones con poco neocortex frontal lo hacen sistemáticamente hasta en sus charlas de cacería de mamuts-  "ATS") pueda optar a la dirección de una Unidad de Gestión Clínica [UGC] hospitalaria; en concreto en este caso, a las de Cirugía General y del Aparato Digestivo del Hospital Universitario Puerta del Mar, de Cádiz y Pediatría y Áreas Específicas del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla.

Del comunicado del SMA se hizo eco la edición de Andalucía del periódico "El Mundo", que amplía el comunicado sindical. En declaraciones al diario, Jiménez Tamplin dice que sólo los médicos deberían poder optar a las direcciones de las UGC, "primero, por la calidad asistencial de los pacientes y, segundo, por los derechos de los médicos".

Señor Jiménez Tamplin, ¿podría usted explicarnos en qué podría dañar la "calidad asistencial" que prestan los médicos, enfermeras y otro personal de esas unidades el hecho de que un director con la necesaria cualificación directiva, formación, experiencia y competencias, siempre públicamente demostradas, se diplomara en su momento en Enfermería o se licenciara en Medicina y Cirugía, si después ha construido una carrera orientada a la gestión que le legitima como directivo?. Porque las direcciones de las UCG son puestos directivos o de gestión sanitaria y requieren una formación transversal, a la que en principio puede acceder cualquier profesional con titulación universitaria en ciencias de la salud.

¿Que sepa mucha pediatría o sea un excelente cirujano, que se haya formado 11 ó 12 años en esas áreas de conocimiento puramente médicas, garantiza o influye en su capacidad de liderazgo, en su manejo de habilidades y competencias directivas, en sus capacidades negociadoras hacia fuera  -gerencia-  y hacia dentro  -equipo-? Es evidente que nadie se cree que ustedes sitúen, como colectivo, la calidad asistencial por encima de los "derechos" de los médicos, ya que los intereses corporativos son la única razón de ser de los sindicatos corporativos. Y para eso están, sin duda, es su legítima tarea, no la escondan.

Pero por lo que le mandamos al rincón del demagogo no es por eso, digamos que, de tan manido, es un pecado venial, sino por la expresión "los derechos de los médicos". A ver: vale que defienda a sus representados, incluso a la "clase médica" si le sigue gustando utilizar este rancio término, pero no se trata de derechos [DRAE: Justo, legítimo, fundado, cierto, razonable]: se trata de intereses [provecho, utilidad, ganancia, conveniencia, beneficio]. Igual que el necio confunde valor y precio, el demagogo confunde los intereses con derechos.

jueves, 7 de julio de 2011

100 entradas como 100 soles

Hoy publico la entrada número 100 de "La enfermería frente al espejo". 100 entradas como 100 soles por el trabajo, la motivación y la ilusión puestos en ellas y porque sólo cuando llegas a los tres dígitos empiezas a pensar en esta tarea en términos agregados: todo un libro por entregas.

Empecé el 25 de enero de este año, con mi flamante primera entrada, "Dos artículos sobre enfermería en el NEJM", que es la segunda entrada con más visitas hasta la fecha, sólo superada por la siguiente entrada, "El icono Nightingale", que fue la que destrozó, creo que definitivamente, el ranking, ya que ha sumado nada menos que 597 entradas, frente a sólo 178 de la anterior.

Aunque si queréis que os diga la verdad, mis entradas favoritas son, por este orden, Sistemas emergentesSobre los cuidados de larga duración. Un estudio de la OCDE y Where have all the nurses gone? La primera (153 visitas) y la tercera (155) forman parte del top-five de entradas más vistas (5ª y 4ª), así que parece que hay feeling.

El blog ha tenido 8.783 visitas, aunque es cierto que la trayectoria es ascendente: 829 en febrero, 1.343 en abril, 2.598 en junio. Aunque en julio, por eso de las vacaciones espero, ha bajado sensiblemente el número de visitas, el blog se ha estabilizado entre 125 y 175 entradas diarias de lunes a jueves; los viernes apenas llega a 100, pero los sábados y domingos aún quedan 50 ó 60 masoquistas que visitan el blog.

Lo normal es que publique una entrada al día de lunes a viernes y descanse el fin de semana, aunque raro es el mes que, por una causa u otra, no falte un par de días laborables. Digamos que lo habitual son 20 entradas al mes. No está mal para hacerlo compatibilizándolo con otras tareas, que son las que me dan de comer. 

Aunque, como es lógico, la inmensa mayoría de las visitas (5.731) provienen de España, el blog ha recibido 500 de México y 494 de los Estados Unidos, además los amigos de Perú (310), Argentina (245) y otros países latinoamericanos, más alguna excepción anecdótica europea, como el Reino Unido (20 visitas).

Aunque existe una abrumadora ventaja de Google como generador de tráfico hacia el blog (más de 2.000 visitantes entre los diferentes dominios locales y el .com), el papel de Facebook es cada vez más importante (717). Pero lo que a mí más me llena de satisfacción es haber recibido a través de los foros/blogs hermanos Tablón en Blanco (453), redyrolenfermero (260) y cuadernillo d@ enfermeir@ (250) a un montón  de visitantes.

Además, el grupo de Facebook Enfermería frente al espejo y otras reflexiones es un lugar de encuentro vivo y dinámico, que cuenta con 100 miembros registrados y a mí me encanta.

A todos y todas, gracias. Mientras el trabajo, la familia y la salud me lo permitan, trataré de seguir dándoos la matraca, si no 20, sí al menos 12 ó 15 veces al mes. Un gran abrazo.

miércoles, 6 de julio de 2011

Competencia y cooperación en la sanidad pública

El siempre interesante debate Head to head (cara a cara) del Bristih Medical Journal hoy se titula: "¿Existe evidencia de que la competencia en los servicios sanitarios es algo bueno?", con una posición a favor y otra en contra.

Es curioso el muy diferente enfoque de una y otra posición. El defensor de que sí existe evidencia (él mismo perteneciente a una importante multinacional del sector sanitario), construye las evidencias que se piden de manera deductiva: si todo en la vida es competencia, ¿por qué iba a quedar al margen el sector sanitario? Y luego apela a las ineficiencias burocráticas del National Health Service como coartada para contraponer competitividad y burocracia como dos cosas absolutamente incompatibles y sin matices de por medio, utilizando como coartada la ecuación burocracia = (sólo) sector público.


Por el contrario, el defensor del "no" (un profesor de la London School of Hygiene and Tropical Medicine), sin negar que pudiera existir una relación entre incremento de la competencia y mejora de la eficiencia, utiliza el método empírico analizando las pretendidas evidencias y se limita a constatar que no existe evidencia probada al respecto y que, por tanto conviene ser extremadamente cautos a la hora de diseñar políticas generales de estímulo de la competencia (incluso entre proveedores públicos y privados y dejando en mano de los médicos generales las decisiones y su gestión, como está proponiendo el actual gobierno conservador-liberal británico).

Si alguien nos preguntara, creo que la mayor parte de nosotros estaríamos de acuerdo en que el futuro de los servicios públicos de salud estará caracterizado por una intensificación de los procesos de privatización que ya estamos viviendo y que ello previsiblemente llevará a un incremento en la competencia entre proveedores. Nos guste o no. Es cierto que ello responde a algunos motivos absolutamente obvios, por ejemplo:
  • La indiscutible hegemonía del paradigma neoliberal, que está moldeando cada vez con más fuerza los esquemas ideológicos de la clase política, no ya exclusivamente de la derecha conservadora, permitiendo que se vean como naturales  -aunque sea por inevitables-  procesos de mercantilización que hace apenas un par de decenios hubieran sido satanizados.
  • La indiscutible capacidad de influencia del capital privado sobre las decisiones de los reguladores sanitarios, mediante procesos formales-políticos (financiación de partidos, lobbies, acceso a  los grupos de capital riesgo...) o informales-personales (corrupción, ingresos complementarios, visibilidad en medios de comunicación, colocación de ex-altos cargos...).
  • Las "políticas" cortoplacistas inevitables en los sistemas democráticos, que hacen que se sitúen los intereses partidistas claramente por encima del bien común. Si hay que prometer (legislatura 1ª) e inaugurar (legislatura 2ª) ocho nuevos hospitales y los financio con cargo a mis propios presupuestos públicos, no puedo hacerlo porque tendría que pagar año a año con lo que no tengo. Así que hago una serie de concesiones administrativas a 30 años al capital privado... y ya subirá los impuestos para pagar el que venga después..
Sin embargo hay que admitir que existen otros aspectos internos, relacionados con rigideces y centralismos exagerados que caracterizan a muchos sistemas sanitarios públicos, que llegan a constituirse en las principales coartadas de esos turbios intereses de negocio. La necesidad de introducir elementos de racionalidad empresarial en la sanidad pública choca con las limitaciones de unos sistemas legales y reglamentarios que ningún político que no estuviera dispuesto a hacerse el hara-kiri se atrevería a reformar, dada la extremada intransigencia de muchos de los agentes sociales, sindicales y corporativos, el impacto en imagen en los medios de comunicación y los probables costes electorales derivados.

Y ello se traduce en que, como se afirma hasta la extenuación, a pesar de los importantes cambios sociales, económicos, demográficos, culturales y sanitarios que han empezado a impactar contra el frágil casco de los servicios sanitarios públicos, estos siguen estando organizados y gestionados prácticamente igual que hace 30 años.

¿Hasta qué punto sería razonable ir introduciendo elementos de competencia dentro de nuestros servicios públicos de salud? ¿En qué condiciones, por parte de qué agentes y niveles y bajo qué premisas? Antonio Villafaina decía ayer que "necesitamos cambiar nuestra cultura de competir por la cultura de cooperar, los resultados son mucho mejores". ¿Predomina realmente una cultura de competencia y la cooperación es un valor que se está perdiendo en nuestro sistema público de salud?

martes, 5 de julio de 2011

Profesionalización y desprofesionalización. Una gran paradoja.

La reflexión de los próximos días  -necesito varios para no aburrir-  tiene que ver con una paradoja con influencias importantes en las dudas sobre la identidad de las profesiones hoy en día y sobre el profesionalismo. Tiene mucho que ver, está inspirada, en un número monográfico de la revista Current Sociology: Reconnecting Professional Ocupations and Professional Organizations.

La reflexión empieza con el siguiente argumento: Mientras, por un lado, asistimos a un intensivo proceso de profesionalización de la sociedad, tanto cuantitiva (mayor porcentaje de profesionales en el mercado laboral), como cualitativa (vivimos en la 'sociedad del conocimiento'), por otro lado algunas de las características intrínsecas del "profesionalismo" (autonomía funcional, independencia, libertad o capacidad de decisión facultativa, relación de poder o autoridad sobre el cliente e incluso sobre la organización...) están perdiendo la mayor parte de su vigencia, si es que no toda. O sea, que los profesionales "de hoy" no tienen nada que ver con los profesionales "de ayer". Y, sin embargo, la imagen de "los profesionales de ayer" es la que pervive como arquetipo de "lo que sería, en realidad, ser un profesional hoy", ¿Añoramos hoy ser como los profesionales de ayer? Bueno, pues los de ayer no van a volver. Eso es seguro, aunque tengamos nostalgia de ellos. Y eso genera una gran frustración, que tiene mucho que ver con el estado de ánimo de los profesionales de hoy en día. Realmente, "la sombra del pasado es alargada".

Parece que asistimos a la paradoja de una sociedad crecientemente "profesionalizada", pero conformada por profesionales crecientemente "desprofesionalizados". Y es que "el profesional", en su concepción e imagen tradicionales, ha dejado prácicamente de de existir, le duela a quien le duela. Y casi todo lo que deja de existir es porque  ha perdido funcionalidad para el sistema social. El profesional "de ayer" y el profesionalismo "de ayer" han dejado de existir.

Cuando desde muchas organizaciones sanitarias  -especialmente médicas y eso es sólo porque las enfermeras están un tanto ausentes del debate-, se nos habla de un "nuevo profesionalismo", ¿de qué se nos está hablando? Bueno, de mucha parafernalia, pero de muy poca chicha.

lunes, 4 de julio de 2011

Haced las leyes y dejadme los reglamentos

Eso dicen que decía el conde de Romanones y eso es propio de tramposos. Los tramposos poseen rasgos y actitudes comunes, así como tácticas y conductas muy bien diseñadas para hacer sus trampas. El tramposo, a diferencia del delincuente, no quiere que sus mañas caigan en la ilegalidad, así que maneja la legalidad de forma muy meritoria. Básicamente, el tramposo se dedica a eso, a perseguir y conseguir lo mismo que el delincuente, pero sin delinquir.

Aquí tenemos algunas de sus trampas:
  • Llegar al poder gracias a unas reglas del juego que son cambiadas por el tramposo nada más llegar al poder. Es el caso de todos aquellos que llegaron al poder, entre otras cosas, porque sus antecesores no pudieron volver a presentarse por existir limitación del número de mandatos y lo primero que hicieron fue eliminar esta limitación de mandatos (es el caso de Hugo Chávez y otros tramposos latinoamericanos, claro, pero también hizo lo mismo la actual presidenta del Colegio de Médicos de Madrid).
  • Aprovechar sus mayorías absolutas, caducas por definición, para convertirlas en perennes utilizando su poder legislativo/normativo para redactar y aprobar constituciones/estatutos personalistas que hagan sumamente difícil para sus opositores conseguir unos requisitos que sólo están al alcance de quienes ya tienen el poder.
  • Imponer partidarios suyos a sueldo en todos los órganos de control mediante amenazas, chantajes o sobornos, de manera que estos órganos de control pasan a a ser una sumisa correa de transmisión.
  • Finalmente, elaborar unas leyes electorales muy laxas que permitan aprobar, según las necesidades y oportunidades del momento, unos reglamentos electorales favorecedores de redes clientelares o caciquiles.
Vienen esta reflexiones a cuento del increíblemente sofisticado reglamento electoral de la SGAE, organización tan penosamente de moda hoy en día. Con motivo de los presuntos delitos económicos de alguno(s) de sus directivos, que coincidieron justo con un proceso electoral de "renovación" de los órganos directivos, hemos podido interesarnos por esta maquinaria electoral fantástica que ha permitido que sigan gobernando la entidad los mismos desde hace más de 30 años. ¡Ojo! Los mismos, no sólo "el mismo", ahí está también buena parte de la flor y nata de la progresía artística española y unos cuantos vividorazos que no hacen una canción ni dan un concierto desde hace 10 ó 15 años: simplemente viven de la SGAE, o sea de las perras que pagamos los ciudadanos en concepto de canon digital, entre otras muchas confiscaciones.

Véase el cotarro (pinchar para ampliar):


Cuando revisaba este fascinante desarrollo reglamentario, me vino a la memoria de forma bastante clara que cuando me documentaba para la monografía que da nombre a este blog tuve que emplear bastantes horas, tomando notas como un bobo, para poder entender los estatutos de la organización colegial de Enfermería en lo referente a los órganos de gobierno y los procesos electorales en los cuales se elige a sus miembros. Aun hoy los acabo de revisar y no estoy muy seguro de si tanta parafernalia de vocalías y un lenguaje tan abstruso no tendrán su truco...

viernes, 1 de julio de 2011

La enfermería no es una "tribu": Es un agente social y sanitario

Me refería ayer a una entrada en el blog Carepuntocero, con motivo del debate #cargosdeenfermer@s, que me había interesado/intrigado, y sobre la que prometí realizar una revisión más en profundidad antes de dar mi opinión.

La tesis principal, y espero resumirla bien, es que muchas enfermeras, se supone que empezando por quienes han abierto el debate, se creen parte de una tribu "cuyas expresiones y sentimientos tribales generan tendencias excluyentes que tienden a clasificar el mundo en buenos y malos y actitudes que cuando se llevan al extremo rozan la intolerancia y dificultan la convivencia". Naturalmente, el autor no se identifica "con quienes se identifican con una tribu".

La táctica discursiva es vieja como el mundo: Tienes una idea o un discurso preestablecido (pre-juicio) que difundir;  te fabricas un oponente a tu medida y luego le das cera, al margen de que esa caricatura de oponente no exista sino como creación tuya. Y es que, aunque quien lea la entrada sin conocer el contexto lo dará por supuesto, nadie ha planteado un debate sobre la necesidad de que se establezcan unas "cuotas" de cargos reservados para enfermeras, así que en estos deseos "románticos" de que accedan a los cargos directivos "quienes mejores competencias puedan acreditar" coincide todo el mundo (excepto aquellos cuyo objetivo en la vida es ser enchufados por el partido o el sindicato; pero éstos, ni están en el debate ni se les espera), incluidos quienes generaron el debate.

Pero cuando acaba diciendo que esa exigencia de tener las mejores competencias es "independientemente de la disciplina", creo que no ha sido capaz de distinguir entre dos niveles muy diferentes: la gestión, que constituye su "pequeño mundo" (él es gestor), y las políticas estratégicas.

Evidentemente, para cubrir un puesto de gestión (gerente de hospital, director de UGC, coordinador de centro de salud o director asistencial de distrito sanitario) las competencias que se precisan son transversales a todas las disciplinas porque son competencias de gestión: presupuestación, contabilidad analítica, recursos humanos, gestión clínica, sistemas de evaluación, incentivos y motivación... Evidentemente, el mejor es el mejor, al margen de su titulación académica de base.

Pero cuando se trata del diseño de políticas estratégicas la cosa cambia mucho y en este nivel es donde se generan las quejas. Nadie duda, al menos dentro de vuestra profesión, que el futuro de los servicios de salud pasa en buena medida por el desarrollo de estrategias de cuidados, en el más pleno sentido del término "estrategia", algo que involucra a toda la organización en todos sus niveles y estamentos. ¿Quién puede liderar la formulación de esas estrategias? Quien sabe de cuidados que, salvo alguna excepción rarita, son las enfermeras. Y ¿qué sucede cuando no cuentas con enfermeras con un cierto nivel orgánico en tu estructura? Que no existen, ni te importan, las estrategias de cuidados. Si no sitúas estas políticas al mismo nivel que las otras políticas estratégicas, le enfermería seguirá siendo un recurso no estratégico, lo demás es retórica.

En ese sentido, la enfermería existe,  poero no tiene porquñ´ñe ser una tribu, sino un agente social y sanitario al mismo nivel que el resto.

Que no haya altos cargos directivos enfermeros no es el problema, es sólo un síntoma. El problema real es que si no hay enfermeras en niveles de responsabilidad similares a los de otras políticas sanitarias no hay programas estratégicos de enfermería, ése es el problema que ha preocupado a quienes han abierto el debate, al menos así lo he entendido yo.

Un ejemplo: En el Reino Unido existen  -entre otras-  dos figuras importantes: El Chief Medical Officer y el Chief Nursing Officer. Son altos cargos técnico-administrativos que desarrollan las estrategias correspondientes a ambos ámbitos profesionales. ¿Qué diríamos si no fueran nombrados, respectivamente, un médico y una enfermera? Naturalmente, los mejores que enciontremos para desempeñar el cargo. ¡Claro! ¿Quién dice que no? Nadie.

Ya me he alargado bastante. Dejo para otra entrada el segundo problema que subyace: ¿Qué pasa cuando el más competente para un puesto de gestión es una enfermera y, en caso de ser propuesta, se produce una rebelión de los médicos (y de sus colegios, sindicatos y asociaciones) porque una "subordinada" pase a ser su "jefe"? O, peor aún, la autocensura, es decir, que ni se les ocurra proponer a una enfermera, aunque sea la mejor, manteniendo así el famoso techo de cristal que está cohibiendo el desarrollo de las nuevas competencias enfermeras desde hace ya bastante tiempo. Podemos ver ejemplos incluso en debates de algunos blogs médicos "progresistas", la displicencia y el provincianismo con que se aborda "el problema".