Este tipo de cosas me tocan las narices por lo representativas que son de la estupidez política. Hay un gran cardiólogo que sin duda sabe un montón de su área de conocimiento, no en vano llegó a ser presidente de la Asociación Mundial de Cardiología, a realizar aportaciones determinantes en su especialidad y a acumular un forrón de doctorados honoris causa. Por eso, porque es un eminente cardiólogo, se puso a su disposición ad personam un costoso centro de investigación en el campus de Chamartín, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, al que difícilmente podría atender como exigiría su responsabilidad, dada su vertiginosa agenda pública, siempre de sarao en sarao, además de sus responsabilidades en el Hospital Mount Sinai, de Nueva York.
Pero esto es lo que tiene el fichaje de estas superstars: pensar que como son excelentes en su especialidad (la investigación biomédica) lo serán también en otras absolutamente ajenas a sus conocimientos, experiencia y destrezas (la dirección de organizaciones), atendiendo además a toda su extensa agenda mediática y comercial. Puritita ignorancia.
Desde hace algunos años, Valentín Fuster ha decidido ser mediático, como tantos otros en tantas otras áreas profesionales, para rentabilizar comercialmente su prestigiada imagen pública y escribe, entre otros 'de divulgación', un libro junto a Ferran Adrià, La cocina de la salud (que en realidad escribe el periodista de La Vanguardia Josep Corbella, tercer firmante tras los dos grandes cocinillas; ya lo había hecho antes con Fuster en La ciencia de la salud y aun antes, en The Heart Manual: My Scientific Advice for Eating Better, Feeling Better, and Living a Stress-Free Life Now). Bueno, al menos Corbella no es un negro o ghostwriter y cobra sus derechos de autor.
Ah, y sólo por casualidad, Fuster es un significado miembro del Opus Dei que incluso llegó a testificar como perito en el proceso de canonización de santa Faustina para probar la existencia de sus milagros. Es lo que tiene utilizar el 'método científico' (no como otros aficionaos).
Pues bien, también sólo por casualidad, la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha decidido ofrecerle dirigir el Observatorio de Nutrición y Estudio de la Obesidad.
¿Qué credenciales, más allá de libros de divulgación, escritos en realidad por otro, tiene el doctor Fuster sobre salud pública y sobre política, sociología, economía, psicología social, epidemiología, legislación o estadística, temas y competencias fundamentales con los que tendrá que lidiar este -y cualquiera otro similar- 'observatorio'?
Ninguna.
Podrá argumentarse que "ya se rodeará de expertos en estas áreas que son meramente técnicas", pero eso no me vale: el problema principal es que este nombramiento mandaría un mensaje equívoco (y profundamente equivocado) a la sociedad: "la obesidad es un problema sanitario y por tanto requiere un enfoque biomédico y un liderazgo médico". Y no es un problema médico, es un problema social (con derivadas sanitarias, naturalmente) y hasta, si se quiere, político, y por tanto exige liderazgo social y político, y no sanitario, para poder ser eficaz en el objetivo de modificar actitudes sociales, planteamientos ideológicos, programas políticos, desarrollos legislativos, prácticas empresariales, conductas personales...
Algo de lo que muy probablemente nuestro eminente cardiólogo lo ignora absolutamente todo.
Pero será nombrado.
Sólo por casualidad.
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martes, 29 de mayo de 2012
viernes, 23 de septiembre de 2011
¿Diferentes pero iguales, decía usted?
La entrada de ayer ha tenido una cierta repercusión, concretada en comentarios públicos y privados. Por eso, aunque tenía pensado dosificar más este tipo de comentarios que no son de fácil digestión, me gustaría proponer, como material didáctico y al hilo de lo dicho ayer, un ejercicio sencillo de enunciar, pero probablemente no tan fácil de solventar.
Después de 30 ó 40 años de escuchar esta misma pregunta, retórica pero legítima, ¿estamos preparados ya hoy por fin para darle una respuesta contundente que simplemente le haga decir "ehmmmm...vale" e interiorizar claramente nuestro mensaje?
Porque, en mi experiencia, es el tipo de preguntas que te hacen, no sólo los periodistas, sino también muchos de tus amigos ajenos a la sanidad, que en general no son unos simples, en las charlas de sobremesa cuando defiendes esa "igualdad en la diferencia"; en castizo, es lo que se pregunta 'el público'. Y se trata, en definitiva, de algo que está almacenado en el imaginario social con respecto a la profesión enfermera. Y si a estas alturas no se ha sido capaz de crear un argumentario simple, concreto y claro (del estilo quizás de The truth about nursing (*) que os comentaba hace pocos días), me temo que muchas retóricas internas (esas sólo transmitidas de bloguera-enfermera a seguidor-enfermero, de conferenciante-enfermero a asistente-enfermera y de artículo-de-enfermera a lector-enfermero, pero que nunca salen al exterior) son sólo eso: retóricas para autosatisfacerse autoengañándose que no cambian ni cambiarán ni un ápice la realidad.
Lo que quiero transmtir con esta especie de homilía (¡perdón!) es que muchos de los problemas que hacen infelices y frustran a "las enfermeras realmente existentes", como gusta decir mi amigo Javier Rey, no tienen su origen tanto en la perversidad de médicos, supervisoras, directivos o consejerías, como en el absoluto desperdicio del potencial de la profesión como lobby y su consiguiente vacuidad como agente social y profesional que, a su vez, hunde sus raíces en los tópicos y estereotipos a los que me refería ayer, que nadie nunca lucha por atajar en la arena social y mediática.
Y por eso, para mí, esta tarea pedagógica es la más importante, la más inaplazable, la más inteligente de todas. Buen fin de semana.
(*) Ojo, que de los contenidos que he leído, que no son ni mucho menos todos, hay cosas en las que no estoy de acuerdo en absoluto e incluso algunas me parecen inaceptables. Me refiero a la idea y al estilo, no siempre a los contenidos.
Hemos convocado un mitin con periodistas, con un único objetivo: Tratar de transmitirles claramente el concepto básico de que las enfermeras de hoy ya no son simples auxiliares de los médicos, sino que ambos colectivos conforman dos profesiones diferentes (en conocimientos y competencias), pero iguales (en derechos y responsabilidades). Cierto es que la atención integral a las necesidades de los pacientes exige contemplar también algunas que son estrictamente médicas y para poder hacerlo la enfermera ha de seguir, por lo general, las indicaciones terapéuticas del médico, pero también es cierto que cada vez son menos porque las enfermeras van alcanzando un mayor grado de autonomía en el manejo de ciertas patologías.
Un periodista, perro viejo, levanta la mano desde su butaca y con una mueca entre escéptica y paternalista nos dice: Vale. Si son dos profesiones diferentes pero iguales, como has dicho, ¿porqué un médico podría sustituir a una enfermera que ha faltado esa noche y no al revés? O, dicho de otra forma, ¿qué cosas hace la enfermera que un médico no podría hacer porque no sabe, no porque no quiera?
Después de 30 ó 40 años de escuchar esta misma pregunta, retórica pero legítima, ¿estamos preparados ya hoy por fin para darle una respuesta contundente que simplemente le haga decir "ehmmmm...vale" e interiorizar claramente nuestro mensaje?
Porque, en mi experiencia, es el tipo de preguntas que te hacen, no sólo los periodistas, sino también muchos de tus amigos ajenos a la sanidad, que en general no son unos simples, en las charlas de sobremesa cuando defiendes esa "igualdad en la diferencia"; en castizo, es lo que se pregunta 'el público'. Y se trata, en definitiva, de algo que está almacenado en el imaginario social con respecto a la profesión enfermera. Y si a estas alturas no se ha sido capaz de crear un argumentario simple, concreto y claro (del estilo quizás de The truth about nursing (*) que os comentaba hace pocos días), me temo que muchas retóricas internas (esas sólo transmitidas de bloguera-enfermera a seguidor-enfermero, de conferenciante-enfermero a asistente-enfermera y de artículo-de-enfermera a lector-enfermero, pero que nunca salen al exterior) son sólo eso: retóricas para autosatisfacerse autoengañándose que no cambian ni cambiarán ni un ápice la realidad.
Lo que quiero transmtir con esta especie de homilía (¡perdón!) es que muchos de los problemas que hacen infelices y frustran a "las enfermeras realmente existentes", como gusta decir mi amigo Javier Rey, no tienen su origen tanto en la perversidad de médicos, supervisoras, directivos o consejerías, como en el absoluto desperdicio del potencial de la profesión como lobby y su consiguiente vacuidad como agente social y profesional que, a su vez, hunde sus raíces en los tópicos y estereotipos a los que me refería ayer, que nadie nunca lucha por atajar en la arena social y mediática.
Y por eso, para mí, esta tarea pedagógica es la más importante, la más inaplazable, la más inteligente de todas. Buen fin de semana.
(*) Ojo, que de los contenidos que he leído, que no son ni mucho menos todos, hay cosas en las que no estoy de acuerdo en absoluto e incluso algunas me parecen inaceptables. Me refiero a la idea y al estilo, no siempre a los contenidos.
lunes, 19 de septiembre de 2011
An End to Angels
Hace un par de días, un miembro de nuestro grupo de Facebook (Suso Soprano) hacía referencia a un admirado libro: "Estoy leyendo Nursing Against the Odds, de Suzanne Gordon, un sesudo y documentado análisis periodístico sobre la escasez de enfermeras en el sistema sanitario USA y sus causas, que nos resultarían terriblemente familiares a todos. Muy recomendable, eso si, en inglés. ¿Alguien se lo ha leído?". Curiosamente, una entrada de este blog de hace unos meses hacía referencia a este magnífico libro escrito por una periodista norteamericana y utilizaba una cita del mismo para argumentar sobre las reformas no sustentadas en necesidades sociales. En otra entrada algo anterior había hecho referencia a otro libro del que Suzanne Gordon es coautora (From silence to word: What nurses know and must communicate to the public) sobre la necesidad de que las enfermeras y sus organizaciones se comunicaran directamente con la opinión pública para reivindicar su aportación global como una profesión insustituible para la sociedad.
El elocuente nombre completo del libro que citaba Suso es Nursing Against the Odds: How Health Care Cost Cutting, Media Stereotypes, and Medical Hubris Undermine Nurses and Patient Care, algo así como "La enfermería contra los elementos: Cómo los recortes sanitarios, los estereotipos de los medios de comunicación y la arrogancia médica socavan a la enfermería y el cuidado a los pacientes". El primer capítulo del libro puede descargarse gratuitamente aquí.
Revisando mis materiales sobre la autora he encontrado un artículo muy recomendable, aunque bastante crudo y no recomendable a fundamentalistas de cualquier tipo, titulado An end to angels, "Adiós a los ángeles", en el cual habla de lo perjudicial que resulta en pleno siglo XXI lo que ella denomina el 'argumento [o guión] de la virtud' [virtue script]: "Muchas visiones actuales de la enfermería se limitan a reempaquetar el estereotipo tradicional de la enfermera como una mujer nacida para ser buena, amable y sacrificada, y no como una persona educada para prestar unos cuidados basados en la ciencia y el conocimiento práctico [...] Este argumento sentimentaliza y trivializa las complejas destrezas, incluidas las de los cuidados, que las enfermeras deben adquirir a través de la educación y la experiencia".
Para Gordon, este perjudicial énfasis en lo humanista tiene un origen histórico de cuando las enfermeras, para poder ser aceptadas por los médicos y los políticos como una ocupación respetable tuvieron que restar importancia a sus conocimientos y destrezas y poner el énfasis en sus cualidades humanas y sus valores. Pone ejemplos recientes de cómo gran parte de los esfuerzos por reivindicar la utilidad social y sanitaria de la enfermería lo que hacen es perpetuar estos estereotipos y, en mi propia terminología, presentar a la profesión como "humanidad sin ciencia", como contraposición a la "ciencia sin humanidad" de la medicina. Uno de los ejemplos, un folleto con motivo de la celebración de la semana nacional de las enfermeras, en Ohio, decía:
"La gente cree que existen seres
que se acercan a ti en tus horas más oscuras
Te guían cuando tu vida pende de un hilo
te mecen
te calman
te protejen.
Algunas personas las llaman ángeles guardianes.
Nosotros las llamamos enfermeras".
En mi monografía La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades (p. 11) puse otro ejemplo de esta índole, éste nacional: “la relación paciente-enfermera (...) es una fuente de luz y de sentido, pero no es algo que el hombre pueda tener estáticamente, como un objeto, sino que lo adquiere y lo posee dinámicamente al entrar en relación creadora con otras realidades. Por eso ha podido escribirse con razón que en el encuentro ‘nos hacemos ser el uno al otro’”. El artículo del cual está extraída esta cita es un ejemplo paradigmático de lo que Gordon critica y yo opino que es absolutamente perjudicial.
Porque los retos de futuro son muy difíciles y si los políticos sanitarios tienen que decidir dónde ubicar los recursos y qué opiniones tomar en cuenta, sin duda preferirán "a quienes salvan las vidas de los pacientes y no a los que les dan ternura". Y, como señala la autora, "estos mensajes son tan convincentes que las propias enfermeras se los creen y se los reansmiten a otros profesionales sanitarios, a los pacientes y a los medios de comunicación".
Si las enfermeras quieren ser tomadas en cuenta de verdad, que sus voces sean escuchadas y respetadas, participar en pie de igualdad con las otras profesiones en los procesos de toma de decisiones sanitarias, deben decidir qué rasgos de imagen pública quieren transmitir, en definitiva, cuáles de sus aportaciones profesionales quieren vender para ponerse en valor. Si no, como concluye Gordon, "se encontrarán con la puerta cerrada cuando vayan a exigir una voz propia respetada en la atención científica y médica de los pacientes".
Hace escasos días, en una entrada en el blog, hablaba de una serie de desarrollos de Enfermería de Práctica Avanzada, una de las cuales, las "enfermeras psicosociales en atención oncológica" (Psychosocial Nurse in Cancer Care) en Suecia se describían como "enfermeras con estudios de posgrado en psicología que aplican instrumentos y técnicas de ambas disciplinas en la atención integral a los pacientes con cáncer". Nadie se rasgó las vestiduras por hablar de enfermeras que estudian y aplican la psicología, a la par que la enfermería. Sin embargo, si habláramos de "enfermeras con estudios de posgrado en medicina que aplican instrumentos y técnicas de ambas disciplinas" es más que probable que surgieran voces, tan indignadas como poco sensatas, que cuestionaran a dichas enfermeras como enfermeras propiamente dichas.
El problema, y perdón por el rollo y por lo repetitivo del argumento, es que la enfermería no existe, ni en los medios de comunicación, ni en la opinión pública porque nadie es capaz de formalizar, explicar y convencer acerca de porqué la enfermería es una profesión insustituible. Como dice Gordons, "es difícil comprender porqué la enfermería parece tener un vocabulario tan limitado cuando debate y promueve su propio trabajo.
Si la representación institucional no está ni se la espera, ocupada en otras cosas, habrá que generar movimientos por la base potentes que lleguen a tener audiencia en los medios de comunicación. Pero eso no puede hacerse desde el voluntarismo, hay que generar tejido organizativo con miles de enfermeras implicadas y con estructuras de gestión profesionalizadas.
Quizás se podría empezar por algo como esto: The truth about nursing, para empezar a desmontar los tópicos y estereotipos tan arraigados. Pero para ello las enfermeras deben poder, querer y saber hablar sobre quiénes son y qué aportan que no puedan aportar otros: ni médicos, ni auxiliares.
El elocuente nombre completo del libro que citaba Suso es Nursing Against the Odds: How Health Care Cost Cutting, Media Stereotypes, and Medical Hubris Undermine Nurses and Patient Care, algo así como "La enfermería contra los elementos: Cómo los recortes sanitarios, los estereotipos de los medios de comunicación y la arrogancia médica socavan a la enfermería y el cuidado a los pacientes". El primer capítulo del libro puede descargarse gratuitamente aquí.
Revisando mis materiales sobre la autora he encontrado un artículo muy recomendable, aunque bastante crudo y no recomendable a fundamentalistas de cualquier tipo, titulado An end to angels, "Adiós a los ángeles", en el cual habla de lo perjudicial que resulta en pleno siglo XXI lo que ella denomina el 'argumento [o guión] de la virtud' [virtue script]: "Muchas visiones actuales de la enfermería se limitan a reempaquetar el estereotipo tradicional de la enfermera como una mujer nacida para ser buena, amable y sacrificada, y no como una persona educada para prestar unos cuidados basados en la ciencia y el conocimiento práctico [...] Este argumento sentimentaliza y trivializa las complejas destrezas, incluidas las de los cuidados, que las enfermeras deben adquirir a través de la educación y la experiencia".
Para Gordon, este perjudicial énfasis en lo humanista tiene un origen histórico de cuando las enfermeras, para poder ser aceptadas por los médicos y los políticos como una ocupación respetable tuvieron que restar importancia a sus conocimientos y destrezas y poner el énfasis en sus cualidades humanas y sus valores. Pone ejemplos recientes de cómo gran parte de los esfuerzos por reivindicar la utilidad social y sanitaria de la enfermería lo que hacen es perpetuar estos estereotipos y, en mi propia terminología, presentar a la profesión como "humanidad sin ciencia", como contraposición a la "ciencia sin humanidad" de la medicina. Uno de los ejemplos, un folleto con motivo de la celebración de la semana nacional de las enfermeras, en Ohio, decía:
"La gente cree que existen seres
que se acercan a ti en tus horas más oscuras
Te guían cuando tu vida pende de un hilo
te mecen
te calman
te protejen.
Algunas personas las llaman ángeles guardianes.
Nosotros las llamamos enfermeras".
En mi monografía La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades (p. 11) puse otro ejemplo de esta índole, éste nacional: “la relación paciente-enfermera (...) es una fuente de luz y de sentido, pero no es algo que el hombre pueda tener estáticamente, como un objeto, sino que lo adquiere y lo posee dinámicamente al entrar en relación creadora con otras realidades. Por eso ha podido escribirse con razón que en el encuentro ‘nos hacemos ser el uno al otro’”. El artículo del cual está extraída esta cita es un ejemplo paradigmático de lo que Gordon critica y yo opino que es absolutamente perjudicial.
Porque los retos de futuro son muy difíciles y si los políticos sanitarios tienen que decidir dónde ubicar los recursos y qué opiniones tomar en cuenta, sin duda preferirán "a quienes salvan las vidas de los pacientes y no a los que les dan ternura". Y, como señala la autora, "estos mensajes son tan convincentes que las propias enfermeras se los creen y se los reansmiten a otros profesionales sanitarios, a los pacientes y a los medios de comunicación".
Si las enfermeras quieren ser tomadas en cuenta de verdad, que sus voces sean escuchadas y respetadas, participar en pie de igualdad con las otras profesiones en los procesos de toma de decisiones sanitarias, deben decidir qué rasgos de imagen pública quieren transmitir, en definitiva, cuáles de sus aportaciones profesionales quieren vender para ponerse en valor. Si no, como concluye Gordon, "se encontrarán con la puerta cerrada cuando vayan a exigir una voz propia respetada en la atención científica y médica de los pacientes".
Hace escasos días, en una entrada en el blog, hablaba de una serie de desarrollos de Enfermería de Práctica Avanzada, una de las cuales, las "enfermeras psicosociales en atención oncológica" (Psychosocial Nurse in Cancer Care) en Suecia se describían como "enfermeras con estudios de posgrado en psicología que aplican instrumentos y técnicas de ambas disciplinas en la atención integral a los pacientes con cáncer". Nadie se rasgó las vestiduras por hablar de enfermeras que estudian y aplican la psicología, a la par que la enfermería. Sin embargo, si habláramos de "enfermeras con estudios de posgrado en medicina que aplican instrumentos y técnicas de ambas disciplinas" es más que probable que surgieran voces, tan indignadas como poco sensatas, que cuestionaran a dichas enfermeras como enfermeras propiamente dichas.
El problema, y perdón por el rollo y por lo repetitivo del argumento, es que la enfermería no existe, ni en los medios de comunicación, ni en la opinión pública porque nadie es capaz de formalizar, explicar y convencer acerca de porqué la enfermería es una profesión insustituible. Como dice Gordons, "es difícil comprender porqué la enfermería parece tener un vocabulario tan limitado cuando debate y promueve su propio trabajo.
Si la representación institucional no está ni se la espera, ocupada en otras cosas, habrá que generar movimientos por la base potentes que lleguen a tener audiencia en los medios de comunicación. Pero eso no puede hacerse desde el voluntarismo, hay que generar tejido organizativo con miles de enfermeras implicadas y con estructuras de gestión profesionalizadas.
Quizás se podría empezar por algo como esto: The truth about nursing, para empezar a desmontar los tópicos y estereotipos tan arraigados. Pero para ello las enfermeras deben poder, querer y saber hablar sobre quiénes son y qué aportan que no puedan aportar otros: ni médicos, ni auxiliares.
miércoles, 13 de julio de 2011
Ahora le toca al agua
Hace un par de meses comenté en una entrada un estudio que negaba la peligrosidad cardiovascular de la sal, incluso relativizando la relación de su ingesta con la hipertensión. De esta manera, se cuestionaba un principio básico de los mensajes salubristas.
Ahora, un comentario en el British cuestiona otra doctrina sanitaria básica: que sea necesario beber los dos litros de agua al día que siempre nos han recomendado. Un comentario más extenso en MedPage Today aporta más información y remite a un par de estudios que ponían también en duda que fuera preciso beber más allá de lo que la propia sed nos pida o, matizando algo más, que la recomendación de los dos litros diarios no está basada en evidencias científicas sólidas.
Y, de nuevo, se denuncian intereses comerciales como el motor real de estas consagradas verdades sanitarias: En este caso en concreto, Danone, que al parecer financia la iniciativa Hydration for Health (dirigida a los profesionales sanitarios, no al público general) y que es la más esforzada defensora de la recomendación del consumo de agua por encima de cualquier otra fuente líquida de hidratación como los refrescos, por ejemplo... que Danone no comercializa; sí lo hace con nueve marcas de agua mineral, la famosa Evian o las locales Lanjarón y Fontvella entre ellas (aunque curiosamente no aparecen en la web española, sólo en la internacional).Y siempre con la recomendación de ocho vasos (versión USA) o dos litros (versión europea) al día. Todo ello, claro, siempre según la fuente original citada.
El "público general" (yo mismo, sin ir más lejos) ya no sabe qué pensar. Pero la propia web de Danone (ver el último párrafo del link citado antes) sugiere, un tanto impúdicamente -nunca se puso un refrán más a huevo-, que "cuando el río suena, agua lleva".
Ahora, un comentario en el British cuestiona otra doctrina sanitaria básica: que sea necesario beber los dos litros de agua al día que siempre nos han recomendado. Un comentario más extenso en MedPage Today aporta más información y remite a un par de estudios que ponían también en duda que fuera preciso beber más allá de lo que la propia sed nos pida o, matizando algo más, que la recomendación de los dos litros diarios no está basada en evidencias científicas sólidas.
Y, de nuevo, se denuncian intereses comerciales como el motor real de estas consagradas verdades sanitarias: En este caso en concreto, Danone, que al parecer financia la iniciativa Hydration for Health (dirigida a los profesionales sanitarios, no al público general) y que es la más esforzada defensora de la recomendación del consumo de agua por encima de cualquier otra fuente líquida de hidratación como los refrescos, por ejemplo... que Danone no comercializa; sí lo hace con nueve marcas de agua mineral, la famosa Evian o las locales Lanjarón y Fontvella entre ellas (aunque curiosamente no aparecen en la web española, sólo en la internacional).Y siempre con la recomendación de ocho vasos (versión USA) o dos litros (versión europea) al día. Todo ello, claro, siempre según la fuente original citada.
El "público general" (yo mismo, sin ir más lejos) ya no sabe qué pensar. Pero la propia web de Danone (ver el último párrafo del link citado antes) sugiere, un tanto impúdicamente -nunca se puso un refrán más a huevo-, que "cuando el río suena, agua lleva".
martes, 28 de junio de 2011
#salvar1vida
Los amigos Antonio Jesús y Serafín, de Cuidando.es, nos piden que enlacemos el post #salvar1vida, una iniciativa dirigida informar a la población general sobre qué hacer cuando se produce una parada cardíaca. Reproduzco: La iniciativa, liderada por la doctora Nekane Murga integra a un grupo multidisciplinar integrado por cardiólogos, internistas, enfermeros y personal de emergencias, los cuales pretenden difundir entre los ciudadanos temas relacionados con la cadena de supervivencia, las técnicas de reanimación cardiopulmonar o el uso de desfibriladores semiautomáticos.
Aunque tengo mis más y mis menos -más bien mis menos- con las políticas extremadamente crematísticas de la Fundación Española del Corazón -maestros en captar recursos económicos: el primer enlace que sale en Google cuando lo tecleas es Danacol, por ejemplo, pero hay decenas de marcas comerciales esponsorizadas-, dependiente de la Sociedad Española de Cardiología, que es en realidad quien abandera esta campaña, sin duda puede hacer bien, así que aquí está mi aportación. Bueno, con un poco de prevención, la verdad... ¡Venga! ¡Por una buena causa!
Aunque tengo mis más y mis menos -más bien mis menos- con las políticas extremadamente crematísticas de la Fundación Española del Corazón -maestros en captar recursos económicos: el primer enlace que sale en Google cuando lo tecleas es Danacol, por ejemplo, pero hay decenas de marcas comerciales esponsorizadas-, dependiente de la Sociedad Española de Cardiología, que es en realidad quien abandera esta campaña, sin duda puede hacer bien, así que aquí está mi aportación. Bueno, con un poco de prevención, la verdad... ¡Venga! ¡Por una buena causa!
viernes, 27 de mayo de 2011
Campañas de salud pública low-cost
El Centro para la Prevención y Control de Enfermedades (el famoso CDC -sidisí- de las pelis de catástrofes yanquis) nos ha brindado un magnífico ejemplo sobre cómo realizar campañas de salud pública (y de imagen, de paso) con coste económico prácticamente cero, eso sí, con un alto coste, generalmente inalcanzable, en neuronas, creatividad e imaginación. Se trata además de un ejemplo de cómo llegar a un sector de la población que mayoritariamente, ni ve noticiarios o documentales, ni lee libros o prensa, ni oye radio, ni habla mucho con sus padres; no me refiero a los analistas de Standard & Poor's, sino a su siguiente paso en la cadena evolutiva: los adolescentes, quienes sin embargo sí juegan en sus consolas a Zombie Apocalypse, siguen series como The Walking Dead en la TV por cable y entran diariamente en albergadores de contenidos como Youtube y redes sociales como Facebook o Tweeter.
Aquí tenéis la entrada en el blog del CDC a la que me refiero, del pasado 16 de mayo, que ha tenido millones de visitas, hasta bloquear repetidas veces su propio servidor web. Se dirige directamente a su población target con mensajes como: Hay todo tipo de emergencias para las que podemos estar preparados. Por ejemplo, un apocalipsis zombi. Sí, sí, dije a-p-o-c-a-l-i-p-s-i-s-z-o-m-b-i. Hoy puedes reírte, pero cuando llegue te alegrarás de haber leído esto y, oye, puede incluso que aprendas una o dos cosas sobre cómo prepararte para una emergencia ‘real’.
Con múltiples enlaces a las principales definiciones relacionadas con el mundo zombi, a continuación resume las principales medidas que la población debe adoptar cuando se enfrente a una crisis: ¿Qué necesitas hacer cuando te enfrentes a los zombis... o a huracanes o pandemias? La entrada del blog es muy divertida, está muy bien hecha.
Aparte de los millones de entradas en el blog de todo tipo de internautas, la noticia ha saltado por todo el mundo, desde The Wall Street Journal hasta la española agencia EFE, pasando por la televisión pública canadiense, agencias de noticias médicas como MedPageToday o el glamouroso Huffington Post. Hasta el momento, Google News recoge 983 artículos o reseñas en toda la prensa internacional:
La siguiente iniciativa (¡brillante porque ya es 2.0!) ha sido crear un concurso de vídeos en el que los participantes deben mostrar en un máximo de sesenta segundos cómo se están preparando para una emergencia (huracanes, inundaciones, tornados, zombis...). Según el autor de la entrada en el blog, la próxima entrega será sobre una invasión alienígena.
Un aspecto muy interesante es que la iniciativa fue de un alto asesor no incluido en la cadena de mando, que escribió la entrada en el blog, según él, sin consultar a sus jefes. Para mí que en España hubieran cesado fulminantemente al responsable, siempre en el muy hipotético caso de que a alguien se le hubiera ocurrido algo así de creativo. Aunque, ahora que caigo, no creo: el fulano de la idea se la habría pasado al jefe de sección, éste al jefe de servicio, éste a la subdirectora general y al llegar a la directora general o al jefe de gabinete, a éste se le habría aflojado el vientre del susto y por fin alguien habría encontrado utilidad al guión: como papel higiénico, vale, pero mejor eso que nada... Así que mejor sigamos con el ¡póntelo, pónselo! y tal...
[Este final tan escatológico va dedicado a los amigos de La Comisión Gestora que hoy cumplen un añito de vida (quienes conocéis la portada de su blog sabréis porqué esto no es una puya) ¡Felicidades, Andoni y Carlos!]
Aquí tenéis la entrada en el blog del CDC a la que me refiero, del pasado 16 de mayo, que ha tenido millones de visitas, hasta bloquear repetidas veces su propio servidor web. Se dirige directamente a su población target con mensajes como: Hay todo tipo de emergencias para las que podemos estar preparados. Por ejemplo, un apocalipsis zombi. Sí, sí, dije a-p-o-c-a-l-i-p-s-i-s-z-o-m-b-i. Hoy puedes reírte, pero cuando llegue te alegrarás de haber leído esto y, oye, puede incluso que aprendas una o dos cosas sobre cómo prepararte para una emergencia ‘real’.
Con múltiples enlaces a las principales definiciones relacionadas con el mundo zombi, a continuación resume las principales medidas que la población debe adoptar cuando se enfrente a una crisis: ¿Qué necesitas hacer cuando te enfrentes a los zombis... o a huracanes o pandemias? La entrada del blog es muy divertida, está muy bien hecha.
Aparte de los millones de entradas en el blog de todo tipo de internautas, la noticia ha saltado por todo el mundo, desde The Wall Street Journal hasta la española agencia EFE, pasando por la televisión pública canadiense, agencias de noticias médicas como MedPageToday o el glamouroso Huffington Post. Hasta el momento, Google News recoge 983 artículos o reseñas en toda la prensa internacional:
La siguiente iniciativa (¡brillante porque ya es 2.0!) ha sido crear un concurso de vídeos en el que los participantes deben mostrar en un máximo de sesenta segundos cómo se están preparando para una emergencia (huracanes, inundaciones, tornados, zombis...). Según el autor de la entrada en el blog, la próxima entrega será sobre una invasión alienígena.
Un aspecto muy interesante es que la iniciativa fue de un alto asesor no incluido en la cadena de mando, que escribió la entrada en el blog, según él, sin consultar a sus jefes. Para mí que en España hubieran cesado fulminantemente al responsable, siempre en el muy hipotético caso de que a alguien se le hubiera ocurrido algo así de creativo. Aunque, ahora que caigo, no creo: el fulano de la idea se la habría pasado al jefe de sección, éste al jefe de servicio, éste a la subdirectora general y al llegar a la directora general o al jefe de gabinete, a éste se le habría aflojado el vientre del susto y por fin alguien habría encontrado utilidad al guión: como papel higiénico, vale, pero mejor eso que nada... Así que mejor sigamos con el ¡póntelo, pónselo! y tal...
[Este final tan escatológico va dedicado a los amigos de La Comisión Gestora que hoy cumplen un añito de vida (quienes conocéis la portada de su blog sabréis porqué esto no es una puya) ¡Felicidades, Andoni y Carlos!]
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