---------------- archivoefe: élites profesionales
Mostrando entradas con la etiqueta élites profesionales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta élites profesionales. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de mayo de 2012

Cocinillas (sólo por casualidad)

Este tipo de cosas me tocan las narices por lo representativas que son de la estupidez política. Hay un gran cardiólogo que sin duda sabe un montón de su área de conocimiento, no en vano llegó a ser presidente de la Asociación Mundial de Cardiología, a realizar aportaciones determinantes en su especialidad y a acumular un forrón de doctorados honoris causa. Por eso, porque es un eminente cardiólogo, se puso a su disposición ad personam un costoso centro de investigación en el campus de Chamartín, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, al que difícilmente podría atender como exigiría su responsabilidad, dada su vertiginosa agenda pública, siempre de sarao en sarao, además de sus responsabilidades en el Hospital Mount Sinai, de Nueva York.

Pero esto es lo que tiene el fichaje de estas superstars: pensar que como son excelentes en su especialidad (la investigación biomédica) lo serán también en otras absolutamente ajenas a sus conocimientos, experiencia y destrezas (la dirección de organizaciones), atendiendo además a toda su extensa agenda mediática y comercial. Puritita ignorancia.

Desde hace algunos años, Valentín Fuster ha decidido ser mediático, como tantos otros en  tantas otras áreas profesionales, para rentabilizar comercialmente su prestigiada imagen pública y escribe, entre otros 'de divulgación', un libro junto a Ferran Adrià, La cocina de la salud (que en realidad escribe el periodista de La Vanguardia Josep Corbella, tercer firmante tras los dos grandes cocinillas; ya lo había hecho antes con Fuster en La ciencia de la salud y aun antes, en The Heart Manual: My Scientific Advice for Eating Better, Feeling Better, and Living a Stress-Free Life Now). Bueno, al menos Corbella no es un negro o ghostwriter y cobra sus derechos de autor.


Ah, y sólo por casualidad, Fuster es un significado miembro del Opus Dei que incluso llegó a testificar como perito en el proceso de canonización de santa Faustina para probar la existencia de sus milagros. Es lo que tiene utilizar el 'método científico' (no como otros aficionaos).


Pues bien, también sólo por casualidad, la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha decidido ofrecerle dirigir el Observatorio de Nutrición y Estudio de la Obesidad.

¿Qué credenciales, más allá de libros de divulgación, escritos en realidad por otro, tiene el doctor Fuster sobre salud pública y sobre política, sociología, economía, psicología social, epidemiología, legislación o estadística, temas y competencias fundamentales con los que tendrá que lidiar este  -y cualquiera otro similar-  'observatorio'?

Ninguna.

Podrá argumentarse que "ya se rodeará de expertos en estas áreas que son meramente técnicas", pero eso no me vale: el problema principal es que este nombramiento mandaría un mensaje equívoco (y profundamente equivocado) a la sociedad: "la obesidad es un problema sanitario y por tanto requiere un enfoque biomédico y un liderazgo médico". Y no es un problema médico, es un problema social (con derivadas sanitarias, naturalmente) y hasta, si se quiere, político, y por tanto exige liderazgo social y político, y no sanitario, para poder ser eficaz en el objetivo de modificar actitudes sociales, planteamientos ideológicos, programas políticos, desarrollos legislativos, prácticas empresariales, conductas personales...

Algo de lo que muy probablemente nuestro eminente cardiólogo lo ignora absolutamente todo.

Pero será nombrado.

Sólo por casualidad.

martes, 29 de noviembre de 2011

¿Dra. enfermera?

Toda esta literatura que hacemos, unos y otros, con respecto a las difíciles relaciones entre médicos y enfermeras no es ociosa, aunque haya quien lo piense, ni inventar un problema: es el reflejo de un serio problema. El que tal vez sea uno de los blogs más prestigiosos y difundidos del mundo (Kevin MD.com) vuelve de manera reiterada sobre esta problemática realidad. Hoy toca, de nuevo, el problema de las enfermeras que se doctoran y quieren utilizar el término 'doctor', como hace un par de meses ilustraba The New York Times. En realidad, nada es más normal. La gran mayoría de los médicos no son doctores, aunque así les guste llamarse y que les llamen, sino licenciados. La inmensa mayoría de las enfermeras no son doctoras, ni siquiera licenciadas, sino diplomadas. La mayor parte de los sociólogos o economistas no somos doctores, sino licenciados, pero a quienes terminan su doctorado les gusta poner en sus tarjetas de visita 'doctor en sociología' o 'doctor en ciencias económicas'. Normal.

En Estados Unidos, sin embargo, es preciso haber obtenido el título de doctor para poder ser registrado por los Medical Boards estatales y practicar la medicina. Pero el doctorado de los médicos  -a diferencia del resto de las profesiones sanitarias, incluidas las enfermeras, para quienes conseguirlo supone realizar estudios de posgrado-  es el nivel básico con el que salen graduados de las facultades de medicina. Y resulta que les molesta crecientemente que otros profesionales sanitarios se llamen 'doctor' porque crea confusión entre los pacientes.

Revisando los comentarios a la entrada de Kevin MD que he citado, leo esto:
Lo que los pacientes desean es una atención personalizada. Quieren ser escuchados. Quieren que se les realicen una historia clínica y un reconocimiento físico minuciosos. No sólo quieren hablar sobre síntomas y enfermedades, también que se les dé una opinión clínica sobre sus causas últimas. Quien satisfaga esos deseos ganará un cliente leal y proactivo, una asociación en base a objetivos de salud comunes. Las enfermeras encajan mejor en este perfil a veces, pero también son muchos los médicos que lo hacen. Con una creciente capacidad de elección de los consumidores sanitarios, el mercado irá premiando el mejor servicio y una optimización de los resultados (...) Pero el énfasis que se ha venido poniendo, durante las tres últimas décadas, en el arte de la medicina es mucho menor. Y ya se están produciendo algunas consecuencias de esta aproximación transaccional a la medicina, que colocan a los médicos en situación de riesgo ante una competencia mucho mayor.
Sabias (y realistas) palabras. Pero en Europa las profesiones sanitarias, especialmente la medicina, han venido manteniendo su estatus bajo el paraguas protector de papá-Estado, bastante a resguardo de las inclemencias de las 'fuerzas del mercado' (para bien y para mal). ¿Podrá mantenerse esta situación de anacrónico privilegio durante mucho tiempo, a pesar de las sólidas evidencias acerca de que los ineficientes mapas profesionales actuales trabajan activamente contra la sostenibilidad de los servicios de salud?

martes, 16 de agosto de 2011

Lecturas de verano: (1) Liderazgo y narcisismo

Aunque durante las vacaciones no escribo (salvo la lista de la compra) y cierro el blog un par de semanas, eso no significa que no siga al tanto de la actualidad social, científica y profesional. En estas entradas que quedan de agosto  -trataré de publicar un par de ellas a la semana- os traeré aquellas lecturas que me hayan llamado más la atención. Empezamos:

Un estudio que reseñó la agencia Europa Press el 11 de agosto y que será publicado en el próximo número de la revista Psychological Science (he comprobado que de momento no está en los archivos) afirma que "las personas narcisistas no son buenos líderes, a pesar de que así se lo parezca a sus seguidores, ya que su preocupación por ser los más brillantes inhibe un elemento crucial para que el grupo tome decisiones y actúe con éxito: el libre y creativo intercambio de información e ideas".

Eso explica, entre otras razones más utilitaristas, porqué el ego insaciable de algunos personajes públicos sólo les hace competentes a la hora de taponar e invisibilizar a los cuerpos sociales de las organizaciones que dirigen. Yo opino humildemente que alguien debería hacer llegar la reseña al señor González Jurado, por si le hiciera reflexionar sobre las motivaciones profundas que le conducen a comportarse  -patéticamente en ocasiones-  como un monarca que cree, en su delirio absolutista, que "la enfermería soy yo". Aunque no creo que vaya a hacerlo:


martes, 28 de junio de 2011

#salvar1vida

Los amigos Antonio Jesús y Serafín, de Cuidando.es, nos piden que enlacemos el post #salvar1vida, una iniciativa dirigida informar a la población general sobre qué hacer cuando se produce una parada cardíaca. Reproduzco: La iniciativa, liderada por la doctora Nekane Murga integra a un grupo multidisciplinar integrado por cardiólogos, internistas, enfermeros y personal de emergencias, los cuales pretenden  difundir entre los ciudadanos temas relacionados con la cadena de supervivencia, las técnicas de reanimación cardiopulmonar o el uso de desfibriladores semiautomáticos.

Aunque tengo mis más y mis menos  -más bien mis menos-  con las políticas extremadamente crematísticas de la Fundación Española del Corazón  -maestros en captar recursos económicos: el primer enlace que sale en Google cuando lo tecleas es Danacol, por ejemplo, pero hay decenas de marcas comerciales esponsorizadas-, dependiente de la Sociedad Española de Cardiología, que es en realidad quien abandera esta campaña, sin duda puede hacer bien, así que aquí está mi aportación. Bueno, con un poco de prevención, la verdad... ¡Venga! ¡Por una buena causa!

martes, 21 de junio de 2011

El Foro de la Profesión Enfermera

Como habréis notado, he colocado aquí a la derecha un enlace directo a la asociación "Foro de la Profesión Enfermera" en cuya web podréis consultar sus estatutos, leer su manifiesto fundacional, compartir vuestras reflexiones con las de otros profesionales y asociaros como miembros si os parece bien lo que leéis.

Se trata de una iniciativa de enfermeras asistenciales, independientes e indignadas con muchas cosas: con la invisibilidad de la enfermería, con su infrarrepresentación en los órganos de toma de decisiones, con la inoperancia del entramado corporativo (colegios, sindicatos, sociedades científicas...) a la hora de reivindicar un mayor peso político, directivo y profesional de la profesión enfermera. Y, sobre todo, de gente joven que ha decidido no esperar más y tratar de impulsar un proceso de recambio generacional y de regeneración intelectual y moral del entramado corporativo de la profesión..


Conocí hace pocos meses a sus tres principales impulsores, a raíz de la publicación de "La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades", por comentarios que me hicieron llegar a través de las redes sociales,  pidiendo que la publicación no fuera un punto y final, sino el comienzo de algo. En definitiva, Antonio, Lili y Mamen (por riguroso orden alfabético) me convencieron de que hacía falta continuidad y de hecho me liaron para que empezara con este blog que visitáis entre semana entre125 y 175 personas diariamente, casi seguro que todas enfermeras y enfermeros. No es mucho, ya lo sé, pero a mí me encanta escribir para un grupo tan selecto y escogido.

Desde entonces colaboro con ellos en la distancia y ya nos  hemos encontrado dos veces en el "mundo real" con motivo de sendas jornadas de debate. Trato de aportarles una visión desde fuera, pero comprometida, y también algo de mi experiencia como consultor de organizaciones. Y, sobre todo, de animarles a dar pasos: es posible que las cosas no salgan bien, que la profesión no capte el contenido moral de la iniciativa y no llegue a acumular la suficiente masa crítica para que las cosas empiecen a moverse de verdad, pero es preferible intentarlo y equivocarse a permanecer melancólicamente en este cómodo "estado del malestar" en el que siempre tienen los otros las culpas y en el que nunca se hace nada más que quejarse.

Yo, desde luego, apoyo decididamente su apuesta y os pido que les concedáis el beneficio de la duda,  por tres motivos principales:
  • Son enfermeras asistenciales, de las que van a trabajar con pacientes y no desde gabinetes técnicos, locales sindicales o aulas docentes, con todo el respeto para estas tres nobles dedicaciones... desde las que se deja de ver a los pacientes.
  • Que, al margen de sus posiciones ideológicas (que desconozco con un mínimo detalle), son independientes de colegios, sindicatos, administraciones públicas, empresas... Han adoptado una iniciativa libre sin compromisos ni ataduras políticas o económicas con nadie.
  • Se trata de una iniciativa que ha ido tomando cuerpo en las redes sociales, de manera participativa y sin jerarquías, ni élites, sólo con ganas de cambiar las cosas.
Ya sé que puede parecer demagógico, pero con esta iniciativa, al igual que hizo a nivel general el movimiento 15-M, os están llamando a todos los indignados de la profesión para que unáis vuestras fuerzas en un foro que está llamado a ser de todos.

miércoles, 8 de junio de 2011

Enfermería de Práctica Avanzada aquí y ahora (III)

Siguiendo con estas reflexiones al hilo de la jornada de Alicante, hoy me  -y os-  quiero plantear hasta qué punto son coincidentes las visiones que sobre la EPA pueden tener  las élites enfermeras (intelectuales, docentes, investigadoras, directivas, corporativas...) y las bases profesionales, las enfermeras asistenciales.

Un ejemplo histórico para ilustrar estas reflexiones lo encontramos en la reivindicación de la "Licenciatura en Enfermería" como una bandera reivindicativa de todas las élites enfermeras en los años ochenta y la manera en que trataron de presentar lo que no era sino un interés exclusivo suyo  -legítimo, por supuesto-  como el "interés general" de la profesión. En realidad las élites, especialmente pero no sólo las docentes, necesitaban la licenciatura para poder acceder posteriormente al doctorado, única manera de poder llegar a ser/continuar siendo funcionarios de cuerpos docentes, profesores titulares y catedráticos. Al no aprobarse finalmente la Licenciatura en Enfermería, muchos tuvieron que optar por otras licenciaturas ajenas a la profesión (la más famosa en su momento fue la licenciatura en antropología social y cultural por la Universidad Católica de Murcia, en la que por cierto se licenciaron cinco de los ocho miembros de la comisión ejecutiva del Consejo General).

¿Podría volver a suceder lo mismo con la EPA? Es cierto que las élites no asistenciales, muy especialmente las docentes universitarias, está muy interesadas en que la enfermería española incorpore estos nuevos desarrollos, como otros tantos países avanzados. ¿Y la enfermería asistencial?

Por el feedback que recibo, no puedo decir que no les interese, pero sí que no les parece prioritario. Perciben como algo mucho más importante ir cerrando las reformas ya abiertas, antes que abrir otras nuevas vías de progreso de la profesión:

  • La plenitud del grado: Si la enfermería pasa de ser una diplomatura de tres años a un grado de cuatro (prefiero no entrar aquí en la polémica de los créditos ECTS), es evidente que será para algo, es decir, para hacer algo cualitativamente superior a lo que ya se venía haciendo. ¿Dónde y quién está estudiando esos nuevos desarrollos competenciales en la práctica profesional enfermera?
  • La concreción laboral de las especialidades: Si se han desarrollado una serie de especialidades nuevas será porque el sistema necesita enfermeras especialistas en esas áreas. Y, si es así, ¿cómo es posible que los servicios de salud, que sí ofertan plazas de formación sanitaria especializada para enfermeras, no creen los puestos de trabajo de enfermera especialista?
  • Una revisión a fondo de la "prescripción enfermera": El Consejo General y algunos otros agentes de la profesión pensaron en su momento que era mejor algún desarrollo normativo, aunque fuera muy malo, que ningún desarrollo normativo, de ahí que aplaudieran con las orejas cuando se aprobó la modificación de la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios. Aunque está pendiente de desarrollo reglamentario, lo esperable es que la normativa estatal se quede en lo mínimo y lo que muchas enfermeras asistenciales desean es que este desarrollo al menos sea tan ambicioso como el que ha acometido la Junta de Andalucía.
¿Debería, por tanto, entenderse que la EPA es un desarrollo que no debería interesar a las bases profesionales enfermeras? En mi humilde opinión,todo lo contrario.

Si, como caracterizamos ayer, EPA sería cualquier nuevo desarrollo aplicado por enfermeras que permita ensanchar los dominios profesionales de la enfermería y ayude a mejorar su visibilidad, prestigio, influencia política, niveles de renta o autonomía laboral, es evidente que nadie dentro de la profesión debería rechazar que poco a poco vayan teniendo lugar desarrollos profesionales con estas consecuencias tan interesantes. Aunque, como sucede en Suecia, Canadá, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda... sólo afecten a una muy pequeña minoría de enfermeras su impacto positivo crece exponencialmente.

Mañana, para ir cerrando el tema, hablaremos de tres aspectos muy importantes para viabilizar una EPA en España a medio plazo: que se establezca un marco regulador muy abierto, que los desarrollos de EPA se centren exclusivamente en proyectos innovadores de carácter asistencial y que sean estos proyectos los que guíen a las universidades para elaborar sus programas docentes de posgrado y no al revés.

miércoles, 11 de mayo de 2011

¿Where have all the nurses gone?


Sí es un remake de la vieja canción folk antibelicista de los años sesenta, creada por Pete Seeger pero popularizada especialmente por Peter, Paul & Mary, Where have all the flowers gone (¿a dónde se fueron todas las flores?). Y sí, la pregunta es ¿a dónde se fueron todas las enfermeras?

Gaceta Sanitaria publica un más que interesante artículo titulado Identificación y priorización de actuaciones de mejora de la eficiencia en el Sistema Nacional de Salud. Son las conclusiones de un panel de expertos que ha sintetizado en 101 las medidas que podrían adoptarse para mejorar la eficiencia del SNS. El panel, de 13 expertos, está compuesto por profesores, gestores, clínicos y directivos, que son médicos (9), economistas (3) y farmacéuticos (1) ¿Falta alguien?

Parece que sí, ya que los propios autores reconocen que "en todo caso, hay que considerar que la marcada falta de expertos en algunas áreas, sobre todo en enfermería, hace previsible que hayan quedado sin identificar otras posibles propuestas" (p. 101) ¡Genial!

Podemos quedarnos en una crítica a los autores, que por muy cualificados y reconocidos que sean creo que han metido la gamba, pero es bueno ir más allá: ¿cómo puede nadie pensar que las enfermeras, personal cualificado que conoce y vive el sistema día a día, que lo sostiene, dirige y gestiona, no tienen nada que opinar y aportar sobre la eficiencia del SNS? ¿No han encontrado una sola enfermera que tenga cualificación académica, profesional e intelectual para opinar en pie de igualdad? ¿No entienden que ellos, los visibles, los imprescindibles, no son más que la punta del iceberg, toda la masa crítica que queda invisible, por debajo de la línea de flotación?

El problema no es de ellos, son sólo un síntoma: es de la enfermería y sólo empezará a solucionarse cuando existan asociaciones serias (como existieron durante la "transición sanitaria"), prestigiosas y prestigiadas, con afiliación masiva y recursos, profesional e intelectualmente representativas y con capacidad de pensamiento crítico, capaces por tanto de tener la suficiente visibilidad como para que nadie pueda mirar a la escena sanitaria sin que la enfermería aparezca como una presencia gigante (es decir, conviritiendo en activos su potencial).

Esta entrada no es para deprimir, ni para cabrear, sino al contrario, para espolear.

viernes, 25 de marzo de 2011

¿Es realmente ahora el momento para la enfermería de práctica avanzada en España?


Hace apenas un par de años, Roberto Galao Malo titulaba un artículo  -tan excelente como breve, así que dos veces bueno-  Enfermería de Práctica Avanzada en España: Ahora es el momento. Con un cierto 'optimismo realista' afirmaba que con pasos cortos también se pueden conseguir grandes resultados a medio plazo". Esta es la parte realista.

Su planteamiento puede resumirse en el siguiente texto: "El desarrollo de la EPA en España debería estar precedido de un adecuado análisis de la situación, y una planificación para la enfermería de cara a las próximas décadas, así como de un adecuado marco legislativo. Un amplio consenso entre las diferentes partes es imprescindible. Por último, el aprovechar la experiencia de otros países y solicitar ayuda a expertos internacionales podría contribuir positivamente al desarrollo de una política basada en la evidencia”. Esta es la parte, creo yo, optimista.

Con los recientes desarrollos y aunque sea a regañadientes, las instituciones públicas han movido ficha expresando su confianza en la profesión enfermera; este voto de confianza abre sin ninguna duda nuevas posibilidades de carrera profesional para miles de enfermeras y supone una oportunidad histórica para que las élites enfermeras decidan de una vez si se van a limitar a tratar de aprovechar de manera oportunista los nuevos desarrollos, simplemente porque creen –o les gusta creer; o necesitan creer– que se lo deben, o están dispuesta a dejar de pensar de una vez en qué más puede hacer el SNS por la enfermería y empezar a pensar en que más puede hacer la enfermería por el SNS (JFK).

La pregunta, desde el  punto de vista de la sociedad civil, sería ¿más formación y competencias para las enfermeras? Sin duda sí, pero ello tiene que implicar más y mejores capacidades enfermeras al servicio de la sociedad en colaboración con las otras profesiones sanitarias. ¿Están respondiendo a ello los planes docentes del grado que básicamente se limitan a aumentar la duración del practicum? ¿Y los programas y unidades docentes de todas las especialidades? ¿Son los cursillos del CGE lo que la sociedad necesita para confiar plenamente en las enfermeras cuando prescriben? ¿Son los desarrollos de carrera profesional que el sindicato de enfermería ha pactado con las CCAA lo que yo, ciudadano, paciente, necesito para encontrarme con enfermeras motivadas y competentes a lo largo y ancho del sistema de salud?

Yo no tengo respuesta a estas preguntas,  pero sí creo  -y lo tengo escrito anteriormente-  que la distinción entre Enfermería, élites enfermeras y enfermeras es algo fundamental a la hora de determinar a quién están destinadas a favorecer primordialmente las propuestas que se realicen. Satisfechas muchas de las expectativas de la Enfermería y sobre todo de las élites enfermeras, probablemente es el momento de realizar propuestas que piensen sobre todo en las enfermeras, que son quienes nos van a cuidar de verdad cuando lo necesitemos (para que nos cuiden mejor).


Es muy posible que el  SNS esté cada vez más preparado para una enfermería de práctica avanzada. Lo que no sé yo muy bien es si lo está la propia enfermería como colectivo y, menos aún, sus pretendidas e improbables élites.


Buen fin de semana.

martes, 1 de marzo de 2011

La 'multidimensionalidad' de los procesos de cambio


La profesión enfermera se está enfrentando a una importante crisis, una etapa de su crecimiento en la que debe adoptar decisiones complicadas con consecuencias potencialmente peligrosas para su identidad y cohesión. En el contexto en que su complicado entorno profesional y social la sitúa, es evidente que debería abandonar cualquier atisbo de complacencia por ciertos logros, posiblemente pírricos, así como cualquier tipo de fundamentalismo ideológico que la paralice.

El principal conflicto que deberían encarar las élites intelectuales y las organizaciones profesionales, de cara a un futuro sin duda complicado, es decidir de una vez si les importa más la Enfermería que las enfermeras y decidir cómo conciliar y en qué proporciones combinar las exigencias que se derivan de al menos cinco dimensiones:

§         Dimensión intraprofesional: mantenimiento de una auto-identidad profesional muy marcada que, si hasta ahora se ha desarrollado con una centralidad absoluta del concepto cuidado, podría tener que evolucionar hacia posiciones más pragmáticas y menos ideologizadas.

§         Dimensión interprofesional: reconocimiento por parte de las demás profesiones sanitarias, muy especialmente de la medicina, de un nicho profesional propio, diferenciado y autónomo, basado fundamentalmente en el reconocimiento de capacidades y competencias –no sólo funciones– distintivas. Es un proceso de toma y daca en el cual habrá que ofrecer para obtener.

§         Dimensión política: incremento de la capacidad de la profesión para influir sobre los procesos de toma de decisiones en materia de política sanitaria, que sólo podría sustentarse en el siguiente esquema (y no existen atajos, aunque haya quien así lo crea): liderazgo intelectual/moral → liderazgo profesional → cohesión interna → capacidad de movilización → lobby enfermero.

§         Dimensión laboral: reducción de las incongruencias entre lo que queremos ser (ideología/identidad profesional) y lo que creemos ser (fundamentos/modelos enfermeros), con lo que realmente somos (el desempeño laboral asistencial, la vida real para el 95% de las enfermeras), una tensión de roles que genera: a) expectativas irreales sobre el trabajo; b) carencia de algunas habilidades y conocimientos realmente útiles para el desempeño en condiciones de estrés; c) falta de preparación emocional para estar a la altura de las exigencias laborales; d) una ausencia total de apoyo corporativo que facilitara las demandas adaptativas derivadas de todo lo anterior.

§         Dimensión social: potenciación de la capacidad de interlocución con la sociedad para reducir los déficit percibidos de imagen pública y su invisibilidad social. Crear un discurso social enfermero que permita a la enfermería (y a las enfermeras) hacerse realmente visibles en la sociedad, compartiendo foco con la profesión que siempre ha sabido rentabilizar unilateralmente, y no sólo en términos de imagen, las aportaciones de todas las demás profesiones sanitarias.

Dar respuesta a las necesidades que se derivan de esta multidimensionalidad, en ocasiones contradictorias entre sí, requeriría un liderazgo potente, con solidez intelectual y moral, capaz de estimular  un debate para establecer un horizonte estratégico y una 'hoja de ruta' de la profesión para los próximos 15 ó 20 años y con verdadera capacidad de movilización.

Pero cuando uno mira hacia los "liderazgos realmente existentes" (colegiales, sindicales, científicos) y constata su incapacidad para crear algo tan básico como un foro profesional a imagen y semejanza del Foro de la Profesión Médica en el que  -con todas sus limitaciones y su exceso de marketing, ya lo sé-  cooperan todos los ámbitos profesionales, la deducción más elemental es que la enfermería está condenada a ir a remolque de otras profesiones, a que sus posicionamientos sean reactivos y no proactivos y a que sólo pueda confiar en la inteligencia ajena: la de algunas administraciones sanitarias, más convencidas que las propias organizaciones enfermeras del tremendo potencial de las aportaciones de la profesión al SNS.

¿Para  cuándo un relevo generacional? Porque dado el envejecimiento de estas estructuras, a la mayoría de los madarines locales les quedan cuatro días para jubilarse...

jueves, 24 de febrero de 2011

Desarrollo profesional y lógicas sociales: ¿Por qué se frustró el decreto de especialidades enfermeras de 1987?

 Quienes no somos enfermeras –la mayor parte de los cuales algún día seremos pacientes– tenemos un interés claro en ayudar a que las enfermeras obtengan mayores recursos educativos. Pero ese interés social en la educación enfermera y su financiación depende de la seguridad que tengamos de que las facultades de enfermería producirán gente que quiera cuidar de nosotros cuando estemos enfermos. Si una formación de cuatro años para ser enfermera resulta deseable será porque la educación resolverá la escasez de enfermeras, no los problemas de inferioridad del estatus profesional de la enfermería (Gordon S, 2005. Nursing against the odds: how health care cost cutting, media stereotypes and medical hubris undermine nurses and patient care, Nueva York, Cornell University Press.)


La cita que reproducimos es de una periodista americana especializada en temas sanitarios y especialmente en la enfermería; fue escrito cuando en los EEUU se debatía una reforma de los estudios de enfermería relativamente similar a la que aquí está teniendo lugar con la adaptación al EEES (aumentar la duración delos estudios básicos para poder trabajar como enfermera), y nos viene como anillo al dedo para ilustrar nuestra tesis principal: los procesos de desarrollo de las profesiones deben responder, en términos evolutivos, a lógicas sociales. Cuando se proponen desarrollos –incluso aunque éstos consigan un cierto reconocimiento formal– que no responden a necesidades sociales reales (económicas, organizativas, tecnológicas, demográficas, culturales... o simplemente funcionales), sino a reivindicaciones o demandas de las propias profesiones, desligadas de cualquier utilidad social, se quedan en nada porque al final estos desarrollos tienen que ser aplicados en el mundo real por agentes (instituciones y organizaciones) que sí están obligados a responder a necesidades reales: políticas, sanitarias, tecnológicas o económicas.

Eso es lo que sucedió, por ejemplo, con el desarrollo normativo de las especialidades enfermeras de 1987 en España y que no fue sino la consecuencia de una sinergia entre dos situaciones, política la primera, administrativa la segunda: por un lado, las élites enfermeras fueron capaces de forzar un desarrollo legislativo muy avanzado (apenas comenzaba a establecerse entonces en un  puñado de países con un background enfermero mucho más intenso y extenso) sólo siete años después de que se diplomara la primera promoción de enfermeras universitarias y estando aún decenas de miles de enfermeras realmente ocupadas tratando de homologar sus viejos títulos de ATS por los de diplomados universitarios; consiguieron incluso que se creara una especialidad tan abstrusa en términos generales como beneficiosa en términos particulares (Gerencia y Administración de Enfermería).

Por otro lado, el proceso de ordenación profesional de la enfermería tuvo que afrontar el problema que suponía la existencia de miles de enfermeras legalmente diplomadas en especialidades ajenas por completo a una concepción moderna (modernidad de entonces, al menos) de la enfermería como análisis clínicos, radiología, urología y nefrología o neurología.

Para tratar de dar respuesta a ambas necesidades nació el decreto de especialidades enfermeras de 1987 que nunca tuvo desarrollo, precisamente porque no respondía a lógicas sociales o asistenciales, simplemente a necesidades políticas y administrativas. Los servicios de salud no percibieron las ventajas de contar en sus plantillas –y naturalmente en sus nóminas– con especialistas diferentes a las matronas y sí las desventajas: mayores costes, menor versatilidad y movilidad ocupacional, fragmentación de las plantillas, conflictos intra e interprofesionales... De ahí que hubiera que esperar 18 años a que el decreto de especialidades de 2005 volviera a regular (y no meramente a desarrollar) las especialidades enfermeras.

Aunque a ello hay que añadirle la sospechosa coincidencia temporal del acceso a la dirección del Consejo General del actual politburó, cuyos miembros fueron dolosos y silenciosos cómplices durante tanto tiempo, lo cierto es que el sistema sanitario no estaba maduro para un cambio tan radical.

Por ello, la pregunta más interesante en estos momentos es la siguiente: ¿responden realmente los nuevos desarrollos administrativos de la enfermería (grado, especialidades, prescripción) a necesidades y demandas reales del sistema sanitario o se trata de un intento por parte de la enfermería organizada  y sus líderes de erosionar el poder médico para alcanzar una posición más ventajosa en su ecosistema profesional, como se afirma desde tantas organizaciones médicas?