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jueves, 19 de julio de 2012

¿A qué esperáis?

Tanto los sistemas sanitarios como la enfermería se encuentran ante un cruce de caminos. La enfermería podría y debería convertirse en un actor fundamental en la transformación radical que necesitan los servicios de salud. Las enfermeras pueden hacerlo aportando la visión, definiendo el camino y liderando la marcha.

A medida que el sistema sanitario se transforme, la enfermería puede optar por esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos y decidir después cómo encajarían mejor las enfermeras en el sistema, una vez que haya adoptado su nueva forma; o puede optar también por liderar los cambios promoviendo una nueva visión enraizada en los valores enfermeros holísticos y restaurando la centralidad de la relación enfermera-persona, expresada a través de un enfoque basado en sus fortalezas [strenghts-based approach].

Las enfermeras y la enfermería están bien posicionadas para transformar los sistemas de salud por su número, por su ámbito de práctica, que le permite desempeñar numerosos roles, y por su capacidad para cuidar a personas de todas las edades a lo largo de todo el continuo asistencial, en la salud y en la enfermedad, y en diferentes escenarios. Cuentan con una historia de liderazgo inspirado en Nightingale, quien demostró lo que se puede conseguir con visión, convicción y voluntad de cambiar el status quo.

El liderazgo enfermero basado en fortalezas [strenghts-based nursing leadership] proporciona un modelo para avanzar y para que las enfermeras y la enfermería aprovechen su momento: carpe diem. Los planetas están perfectamente alineados para que la enfermería y las enfermeras den un paso adelante para crear un sistema sanitario para el siglo XXI orientado a la salud, más holístico, humanista e integrado, centrándose en lo que es mejor, en lo que funciona y en lo que tiene potencial.

Gottlieb, LN, Gottlieb, B y Shamian, J (2012). Principles of Strengths-Based Nursing Leadership for Strengths-Based Nursing Care: A New Paradigm for Nursing and Healthcare for the 21st Century. Nursing Leadership, 25 (2), pp. 49-50.

jueves, 12 de julio de 2012

Sitios de interés: la reforma sanitaria inglesa

Para quienes sabemos que la coalición conservadora-liberal del Reino Unido está sometiendo a su sistema nacional de salud a una reforma de una  contundencia sin precedentes, a través de la Health and Social Care Act aprobada hace tres meses y medio, pero no nos situamos muy bien, este prezi de The King's Fund nos la enmarca históricamente y nos explica paso a paso el proceso de aprobación de la ley.

Eso sí: si alguien tiene tiempo y ganas para estudiarse las 473 páginas de la ley, puede leerla y/o descargarla en este enlace (y que luego nos la resuma). Pero también podemos leer un extenso resumen en la web del Department of Health. Y, si se quiere más breve, todo está en la Wikipedia. Y para los que no pueden leer en inglés, esta entrada de matasanos explica las líneas esenciales de la reforma, si bien fue escrita antes de su tramitación parlamentaria, por lo que no recoge algunos cambios relevantes producidos durante dicha tramitación.

¡Ah, sí! Básicamente se trata de una entrega de la joya de la corona inglesa al sector privado. Para gente sin complejos (o sea, de derechas).

miércoles, 20 de junio de 2012

Hay quien hace sus deberes (y quien no)

En Canadá no existen los colegios profesionales, si exceptuamos la francófona Quebec, donde existen, entre otras organizaciones, el Collège des médecins du Québec y la Ordre des infirmières et infirmiers du Québec. Curiosidades.

Pero existe una poderosa organización enfermera, la Canadian Nurses Association [CNA], que siempre ha aspirado a desempeñar un papel importante entre los lobbies sanitarios. Hace poco más de un año la CNA creó una Comisión Nacional de Expertos [National Expert Commission] con el objetivo de crear una especie de Libro Blanco que hoy mismo ha sido publicado bajo el título A nursing call to action, algo así como "un llamamiento enfermero a la acción", cuyo pdf podéis descargar aquí. Y tiene un enfoque tan pragmático que quizás pudiera servir para un ejercicio de benchmarking por estos lares. Son sólo unas 40 páginas; quienes leáis bien en inglés deberíais echarle un vistazo.

En primer lugar, plantea una discusión pública  -sí, esa que tanto asusta a los que prefieren acogerse al confortable mundo de 'enfermeras que hablan a enfermeras sobre lo estupendas que son las enfermeras'-  para que la enfermería canadiense pueda llegar a destilar los cinco temas fundamentales (top five in 5) del futuro del sistema sanitario en los que la enfermería podría llegar a aportar el mayor 'retorno de la inversión' (ROI), como dice literalmente el informe.

Luego, con bastante fundamento, plantea encontrar soluciones locales a problemas globales, es decir, metas generales del servicio de salud canadiense, Medicare, centradas en el paciente y la familia que puedan ser alcanzadas mediante "soluciones locales hechas a la medida de la gente". Y siguen otros enunciados como...
  • Implement primary care for all. We can achieve and afford care for all ["Implantar una atención primaria universal. Podemos conseguir y sostener una atención sanitaria para todos"].
  • Invest strategically to improve the factors that determine health. Rebalance the way we invest in health ["Invertir estratégicamente para mejorar los factores determinantes de la salud. Reequilibrar la forma en que invertimos en salud"].
  • Pay attention to canadians at risk of falling behind. Focus resources where they are more needed ["Prestar atención a los ciudadanos en riesgo de exclusión. Concentrar los recursos allí donde sean más necesarios"].
  • Think health. We urge governments to integrate heatlh in all policies ["Pensar en salud. Exigir a los gobiernos salud en todas las políticas"].
  • Prepare the providers. A new system needs new service providers ["Formar a los proveedores. Un nuevo sistema exige nuevos proveedores"].
  • Use technology to its fullest. 21st century health care demands 21st century tools ["Usar la tecnología hasta el máximo de su capacidad. La atención a la salud del siglo XXI exige herramientas del siglo XXI"].
Entre otras cosas interesantes, dice: "Es importante que los lídres enfermeros preparen a las enfermeras para poder satisfacer las demandas de un sistema sanitario renovado, incluyendo los roles de navegadores por el  sistema (navigators), gestores de casos o coordinadores de cuidados para apoyar un sistema de salud centrado en los pacientes y las familias".

Lo que más me ha llamado la atención (y es algo que en algunas ocasiones ya he planteado) es que, para la CNA, los desarrollos enfermeros de futuro no pasan por pensar exclusivamente en aquello que le conviene a la enfermería, sino en aquello que le conviene a la sociedad y a los pacientes en lo que la enfermería pueda aportar un valor añadido diferencial en calidad, seguridad, eficacia, eficiencia, sostenibilidad financiera, bienestar, satisfacción, etc. Es decir, un planteamiento inteligente con mentalidad y visión estratégica.

Igual que aquí, con la organización legalmente monopolizadora de la representación de la enfermería española, el Consejo General de Enfermería, dedicándose a hacer caja engañando al personal en lugar de hacer su trabajo. Y la mayor parte de las enfermeras y enfermeros consintiéndolo. Genial...

jueves, 7 de junio de 2012

De la inevitabilidad de los cambios (y no lo digo yo)

Os traigo hoy la traducción de lo que considero los extractos más importantes de un extenso e interesante artículo publicado el sábado pasado en la revista The Economist, titulado The future of medicine: Squeezing out the doctor. The role of physicians at the centre of health care is under pressure [en traducción libre, "El futuro de la medicina: Empujando al doctor. El rol central de los médicos en los servicios de salud, cuestionado"]:
Los últimos 150 años han representado una edad de oro para los médicos. De alguna manera, su trabajo sigue siendo muy parecido a lo que ha sido durante milenos: examinan pacientes, diagnostican sus enfermedades e intentan que mejoren. Desde mediados del siglo XIX, sin embargo, su prestigio fue aumentando. El ascenso de las asociaciones médicas y de las facultades de medicina ayudó a distinguir a los médicos de los curanderos. Las leyes  sobre ejercicio profesional y competencias prescriptoras consagraron un estatus exclusivo. Y a medida que el conocimiento, la tecnología y la técnica evolucionaron, comenzaron a ser más eficaces, capaces de realizar diagnósticos consistentes, atender con mayor eficacia y recomendar intervenciones en salud pública, como higiene o vacunación, que realmente funcionaron (...)
En un siglo XXI en el que la demanda de asistencia sanitaria continuará en expansión con toda seguridad, la estrella de los médicos parecería ir aún en ascenso. Hacia 2030, el 22% de las personas en el club de países ricos de la OCDE tendrán 65 o más años, una tasa que duplica la de 1990 (...) Aproximadamente la mitad de los adultos de Estados Unidos padecen ya alguna condición crónica, como hipertensión o diabetes, y a medida que el mundo se vaya haciendo más rico, las enfermedades de los ricos se extenderán con profusión. En los suburbios de Calcuta, las enfermedades infecciosas se ceban en los jóvenes; pero para los adultos de mediana edad, las causas de muerte más comunes son la enfermedad coronaria y el cáncer. El pasado año, la ONU convocó una cumbre mundial (la segunda en toda su historia) para lanzar una alarma sobre la creciente mortandad debida a las enfermedades crónicas en todo el mundo.
Pero toda esta demanda de asistencia sanitaria difícilmente podrá ser asumida por los médicos como lo hacían el siglo pasado. Por un lado, abordar los problemas del siglo XXI con enfoques sobre la atención a la salud del siglo XX requeriría una cantidad inasumible de médicos. Y por otro lado, atender a los pacientes crónicos no es precisamente lo que mejor saben hacer los médicos. Por ambas razones, parece que van a ir ocupando una posición mucho menos principal en la atención a la salud, un proceso que en algunos lugares ya ha comenzado.
Cambiar un sistema sanitario es un proceso tortuoso. Los esfuerzos de los reformistas se ven frustrados por lobbies médicos, pacientes nerviosos y un montón de leyes sobre quién puede hacer qué y dónde. Pero algo se mueve, especialmente entre las categorías inferiores del mercado laboral. El ministro de salud indio ha propuesto un nuevo grado de tres años y medio que permitiría a los graduados dispensar servicios básicos de atención primaria en áreas rurales.
 Empleados con mucha menos formación que los médicos pueden ser aún altamente efectivos. En Estados Unidos, los physician assistants pueden realizar el 85% del trabajo de un médico general, según James Cawley, de la Universidad George Washington (...) Una revisión de estudios sobre los nurse practitioner en Gran Bretaña, Sudáfrica, Estados Unidos, Japón, Israel y Australia publicado en el British Medical Journal [se refiere a este artículo] concluyó que los pacientes tratados por enfermeras estaban más satisfechos y no con peor salud que aquellos atendidos por médicos (...)
El poder de los médicos descansa más en su prestigio profesional que es su perspicacia gestora, algo para lo cual ni son reclutados ni formados. Pero es un poder que desean retener. La Confederación de Asociaciones Médicas de Asia y Oceanía, un grupo regional de lobbies médicos, quiere que la sustitución de tareas se limite a la atención a las urgencias. El lobby médico japonés se opuso con dureza a la introducción de la figura del nurse practitioner. La propuesta india de sanitarios rurales ha soliviantado al establishment médico del país y la legislación para crear el grado de tres años y medio ha desaparecido.
En 2010, el reputado Institute of Medicine (IOM) de Estados Unidos reclamó que las enfermeras pasaran a desempeñar roles más amplios en atención primaria [en este documento] (...) Pero cualquier cambio requerirá  primero torcer la mano de los médicos. La American Medical Association, el principal grupo de presión médico, saludó el informe del IOM con una velada advertencia: 'Las enfermeras son cruciales en los equipos de atención a la salud, pero no hay sustitutos posibles para la educación y la formación", dijo la asociación en una declaración.
A medida que los médicos sean más escasos y los costes sanitarios continúen creciendo, serán más los sistemas que busquen innovaciones y los éxitos que consigan tendrán mayor difusión (...) Todo ello debería provocar agitación. Los recursos están siendo lentamente redistribuidos. Enfermeras y otro personal sanitario irán dando un mejor uso a su formación. Nuevos dispositivos irán reforzando la asistencia en formas antes impensables. Los médicos, por su parte, concentrarán sus competencias en la realización de tareas complejas dignas de sus capacidades altamente cualificadas. Puede que los médicos, por tanto, pierdan algo de su viejo estatus. Pero los pacientes claramente saldrán ganando.

Como he explicado numerosas veces, sin duda sin tanta sencillez y capacidad de síntesis, esta es la idea central de mi posicionamiento decidido a favor de los nuevos roles de la enfermería y de una transformación radical de las estructuras competenciales y funcionales de las profesiones sanitarias: que guste a quien guste y disguste a quien disguste, lo que el artículo relata  -y muchos venimos diciendo hace ya tiempo-  va a pasar de todos modos y que sería mejor avanzar conjuntamente, en lugar de enfrentadamente. No es el mío un posicionamiento en contra de los médicos (no soy tan estúpido), sino en contra de un status quo y unos mapas profesionales justificados por la tradición y no por la racionalidad, fundamentados en la jerarquía y no en la cooperación horizontal y defendidos más con el hígado que con la cabeza.

martes, 5 de junio de 2012

Gestión de cuidados y retos de futuro

Estoy revisando materiales para preparar mi próxima intervención en Barcelona, en los Debates de Salud de Bsalut, una "plataforma neutral y abierta formada principalmente por personas dedicadas a la gestión sanitaria e interesadas en el progreso de las organizaciones sanitarias" que se conformó con la intención de "aportar a los profesionales de la gestión conocimiento en la navegación de los sistemas y organizaciones sanitarias hacia los nuevos paradigmas de la atención y prevención de la enfermedad y la promoción de la salud y el bienestar". En Bsalut editan, además, una interesante revista online, RISAI, Revista de Innovación Sanitaria y Asistencia Integrada.

Entre estos materiales recupero un estudio de hace más o menos un año sobre gestión de cuidados a pacientes con necesidades de salud complejas (pdf accesible aquí). Y creo que algunos de los contenidos que estoy preparando encajan muy bien en uno de los temas de reflexión que últimamente más me interesa, como ya voy dando bastantes muestras en el blog: los cuidados de larga duración a pacientes con necesidades asistenciales complejas.

Esta publicación de la Fundación Robert Wood Johnson constituye, muy probablemente, la revisión sistemática más importante de los modelos, ensayos clínicos y experiencias reales sobre los cuidados a pacientes con necesidades complejas. Más exactamente sobre las experiencias de 'gestión de cuidados' [care management], término sobre el que ya se nos avisa que no es intercambiable con el de 'gestión de casos', a la que ya me he referido extensamente en alguna ocasión en el blog. Digamos que la gestión de cuidados utiliza y dota de profundidad, recorrido y entorno a la gestión de casos. En cualquier caso, ambos desarrollos descansan de manera esencial en nuevos roles de las enfermeras.

Según el documento, dirigido por el prolífico Thomas Bodenheimer (médico), la gestión de cuidados es "un conjunto de actividades diseñadas para asistir a los pacientes y sus sistemas de soporte a la hora de manejar sus condiciones médicas, así como los problemas psicosociales relacionados, de manera más efectiva, con el propósito de mejorar el estado de salud de los pacientes y reducir su necesidad de servicios médicos".

Tras resumir los principales estudios y experiencias se concluye que no todo el monte es orégano en cuanto a la presumida, por evidente, reducción de costes, pero que sí supone una nueva y prometedora manera de gestionar el problema de los cuidados de larga duración a pacientes con necesidades complejas:
"De la revisión de la literatura sobre gestión de cuidados pueden extraerse algunas lecciones importantes. La gestión de cuidados, desempeñada por enfermeras en estrecho contacto con los médicos y con el apoyo de equipos multidisciplinarios, puede mejorar la calidad de vida y otros resultados clínicos en pacientes complejos en atención primaria y en la transición hospital-domicilio. Adicionalmente, la gestión de cuidados en la transición del hospital al domicilio, y posiblemente también en atención primaria, podría reducir las hospitalizaciones y los costes sanitarios de los pacientes complejos.
 Algunos programas de gestión de cuidados son más efectivos que otros. La gestión de cuidados debe ser destinada de manera exclusiva a pacientes con necesidades asistenciales complejas cuyos problemas puedan ser aliviados mediante una intervención médico-psicosocial. Los equipos multidisciplinares que implican tanto a médicos como a enfermeras con formación especializada aumentan las probabilidades de éxito de la gestión de cuidados. Por el contrario, la gestión de cuidados prestada al margen de los servicios de atención primaria, sea por empresas de gestión de enfermedades o mediante la utilización exclusiva de llamadas telefónicas, no resulta por lo general efectiva. Finalmente, la adopción del paradigma del coaching para formar en habilidades de autocuidados a los pacientes y familias parece mejorar el valor de la gestión de cuidados."

Finalmente, incluye una serie de recomendaciones para los responsables de diseñar políticas y programas de gestión de cuidados. Más o menos adaptadas a situaciones e instituciones (y lenguaje) de nuestro entorno son éstas:
  • Una reforma en los sistemas de financiación a los hospitales y centros de atención primaria que introdujera incentivos para que éstos implementen programas de gestión de cuidados, podría mejorar su viabilidad.
  • Si no fueran factibles reformas de esta gran escala, se deberían considerar unos sistemas retributivos diferenciados para los gestores de cuidados, dado que muchos de estos servicios, prestados básicamente por las enfermeras gestoras de cuidados, no son por lo general retribuidos.
  • Los programas de gestión de cuidados  más efectivos para pacientes con necesidades sanitarias complejas son las enfocadas a la transición del hospital al domicilio.
  • Deben establecerse incentivos para que los hospitales reduzcan sustancialmente sus tasas de readmisiones.
  • La gestión de cuidados exige personal con capacidades específicas que por lo general no son enseñadas en las instituciones educativas. Sería importante que los gestores de cuidados recibieran formación específica dentro de programas docentes acreditados.
  • La gestión de cuidados realizada como un programa independiente de gestión de enfermedades, al margen de los centros de atención primaria, no se ha demostrado efectiva.
  • Mancomunar centros de atención primaria de pequeño y mediano tamaño puede ser una manera efectiva para que puedan mantener programas de gestión de cuidados.
  • El establecimiento de consultas o centros para pacientes con necesidades sanitarias complejas considerados de alto riesgo tiene potencial para mejorar la asistencia y reducir los costes asociados a esos pacientes.
  • Los sistemas de provisión sanitaria integrados disponen de mayores recursos y capacidades para  desarrollar programas de gestión de cuidados.

Como puede verse, la aplicación de modelos integrados y multiprofesionales de gestión de cuidados para enfrentar con ciertas garantías el acuciante problema de la multicronicidad compleja requiere iniciativa a lo largo y ancho del sistema de salud y a todos sus niveles: macro (políticas de salud), meso (modelos organizativos) y micro (gestión clínica). ¿Podría estimularse de abajo arriba, desde la comunidad profesional, lo que de arriba abajo puede tardar decenios? Me temo que no si las dos profesiones sanitarias más importantes, médicos y enfermeras, no son capaces de entablar un diálogo constructivo para tratar de elaborar una estrategia win-win en la que todos ganen. Y este diálogo, que nunca van a entender ni asumir los cutre-liderazgos corporativos, que están a otras cosas, debería comenzar a entablarse en dos ámbitos importantes: el científico-profesional y el 2.0.

Sólo un diálogo constructivo e intelectualmente exigente entre médicos y enfermeras, poniendo sobre la mesa los problemas comunes y los aspectos relacionales conflictivos y proponiendo reformas basadas en evidencias mediante posiciones políticas (de política sanitaria) comunes, permitirá desbloquear los problemas de la atención primaria, que sólo pueden continuar creciendo.

Ahora bien, si antes de estar en condiciones de empezar este diálogo con los médicos la enfermería progresista tiene aún que aclararse sobre quién es y redactar un (¿otro?) documento de posiciones... todo mi respeto, pero por lo menos que sea deprisa, se está acabando el tiempo y los del lado oscuro de la fuerza se descojonan y dicen: 'debaten, luego cabalgamos (y no seguimos forrando)'. ¿No sería mejor coger el Manifiesto del Foro de la Profesión Enfermera (asociación legalmente constituida con el objetivo de ser el germen de algo compartido, sin protagonismos ni liderazgos impuestos) que ya supuso un largo esfuerzo participativo en esta misma vía y al que se han adherido, creo, cientos de enfermeras, y retocar lo que hubiera que retocar?

Es fundamental, creo humildemente, huir del 'enfermeras que hablan para enfermeras de cómo son las enfermeras' y hacer un manifiesto de 'enfermeras que hablan para la gente y los gobernantes sobre cómo son  -y, sobre todo, cómo podrían llegar a ser-  las enfermeras'.

jueves, 31 de mayo de 2012

El médico general, ¿una especie amenazada?

"El médico de atención  primaria es una especie en rápida evolución que en el futuro podría convertirse en especie en peligro. A medida que Estados Unidos se enfrenta al doble reto de hacer que los servicios sanitarios sean muchos más accesibles para más gente y reducir los costes, resulta difícil imaginar cómo van a encajar los médicos de atención  primaria en los modelos de servicio que irán emergiendo. ¿Seguirán siendo crecientemente reemplazados por enfermeras de práctica avanzada (nurse practitioner y physician assistants)? ¿Serán socios o líderes en los equipos multidisciplinares, dedicando más tiempo a supervisar a otros  y menos a interactuar con los pacientes? ¿Pasará la mayoría a ser empleados de grandes corporaciones sanitarias y desaparecerán las consultas particulares y de pequeños grupos? ¿Se convertirá en un lujo disponer de un médico de atención primaria, accesible sólo para quienes puedan permitirse pagar una prima por contratar los servicios de un médico privado?"
Susan Okie, M.D. The Evolving Primary Care Physician, The New England Journal of Medicine, 17 de mayo de 2012.



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PS.- Hoy me he enterado de la muerte de Doc Watson, el genial guitarrista ciego, a los 89 años. Como supongo que la gran mayoría no lo conoceréis (sobre todo, por un tema de edad), este aficionado a la guitarra quiere rendirle tributo y presentároslo:





miércoles, 30 de mayo de 2012

'Maltrato indecente'

Publicaba la pasada semana el diario español EL PAÍS una carta al director de Enrique Costas Lombardía, prolífico polemista siempre a contracorriente, exvicepresidente de la famosa Comisión Abril (*), sobre las ataduras a ancianos en las residencias. Dice que  -en su experiencia personal reciente-  son una práctica habitual y masiva. Titula la carta "Maltrato indecente" y claro que lo es si no responde a indicaciones asistenciales inequívocas en beneficio del propio residente. Pero como suele sucederle, Costas sólo ve  -o al menos presenta-  la parte del problema que mejor refuerza sus argumentos, de ahí que toda la culpa de este drama tenga que ver únicamente con la codicia de los empresarios de los centros, que recortan personal dejando a los ancianos amarrados y solos en grandes salas donde comparten miserias abandonados de toda humanidad, sólo para mejorar las cuentas de resultados. Seguro que muchas veces es así, pero se olvida de dos aspectos importantes: las propias costumbres, basadas en la comodidad, de muchos empleados (personal de enfermería, celadores, etc.) y de los propios cuidadores informales (familiares en muchos casos); y algunas prácticas, sancionadas 'técnicamente' por médicos y enfermeras como necesarias para la seguridad de los pacientes, que no están basadas en evidencias, sino una vez más en conveniencias.

Para más inri, la experiencia personal de Costas lo es en salas con pacientes de Alzheimer, un tipo de pacientes (demencia) que en ciertas etapas de su enfermedad están mucho más sometidos a estas prácticas restrictivas de la movilidad que el resto, prácticas que parecen guardar alguna relación con mayores riesgos para la integridad personal. El tema, me temo, no es tan simple, incluso para un mero espectador como yo (si bien parece que existen muchas dudas de que estas limitaciones físicas sean realmente efectivas desde un punto de vista exclusivamente del beneficio de los propios pacientes, como se encarga de enfatizar la bibliografía inicial del artículo que vamos a citar).

Coincide en el tiempo esta carta con un estudio publicado el mismo día (23 de mayo) en JAMA (Effect of a Guideline-Based Multicomponent Intervention on Use of Physical Restraints in Nursing Homes. A Randomized Controlled Trial; pdf aquí), en el que se proporcionan los resultados de un ensayo aleatorio controlado realizado en Alemania, en el cual se destaca que una intervención en nursing homes (nuestras residencias asistidas, digamos) puede conducir a una importante reducción en el porcentaje de pacientes sometidos a estas prácticas, sin que se produzca una mayor incidencia en caídas, fracturas asociadas a caídas o utilización de medicinas psicotrópicas.


La 'intervención' que relata el articulo consisitió en diferentes actividades de formación de los responsables de las salas y del personal de enfermería, así como de los pacientes y familiares, partiendo de unas guías de actuación basadas en evidencias que fueron desarrolladas contando con  la intervención de expertos, pero también de asociaciones de pacientes, representantes profesionales, empleados y directivos de los centros.

La reducción en el uso de ataduras y otros medios de contención, aunque significativa, sólo consiguió disminuir desde un 31.5% a un 22.6% en el grupo de intervención (en el grupo de control no hubo variación), lo cual demuestra que el problema es más complicado y complejo de lo que un observador profano, por muy indignado que esté, podría suponer.




Por otro lado, lo que los propios firmantes del artículo se encargan de poner en duda es si los resultados a tres y seis meses, técnicamente irrefutables, podrían sostenerse en el tiempo, evidenciando que se ha producido un 'cambio de cultura', o si bien será necesaria una intervención legal/reglamentaria penalizadora de prácticas que parecen muy laxas a este respecto.


Lo único radicalmente cierto es que el artículo está gozando de una amplia cobertura, tanto en medios de comunicación médicos, como de enfermería y generalistas. Y ello demuestra, al igual que la carta de Costas,  que existe una cierta sensibilización social sobre este importante y creciente drama humano. Lo cual no está mal.




(*) Revisando, como documentación, el staff directivo de la Comisión Abril (hace ya 21 años de su informe) encontramos a dos pesos pesados políticos de hoy: el actual Consejero de Sanidad del Gobierno Vasco, Rafael Bengoa Rentería, y la actual Consejera de Hacienda y Administración Pública de la Junta de Andalucía, Carmen Martínez Aguayo. Curioso devenir, este último, por cierto, para una médico de familia...

miércoles, 8 de febrero de 2012

¿Lucha de clases o lógicas evolutivas?


El Ejército del Aire de los Estados Unidos de América ha aceptado legalmente el rol de las Certified Registered Nurse Anesthetist [CRNA, algo así como 'Enfermera Especialista en Anestesia']. En la Instrucción 44-102, de 20 de enero de 2012, de la que os pongo un enlace a estos contenidos, dice cosas como:

  •  "La Anestesia es una especialidad reconocida de médicos y de enfermeras".
  • "Tanto los médicos anestesistas como las CRNA son reconocidos como profesionales independientes dentro de sus respectivos ámbitos de ejercicio".
  • "La Junta Directiva del establecimiento designará a un especialista en Anestesia (médico anestesista o CRNA) como Jefe de Anestesia, quien será responsable de dirigir la asistencia anestésica directa a los pacientes y de la supervisión clínica del Servicio de Anestesia del establecimiento".
  • El Jefe de Anestesia deberá [...] ser el anestesista asignado al establecimiento más experimentado y clínicamente competente".
Y digo yo: ¿Tiene mucho sentido esto? Si hacen lo mismo, ¿por qué tienen que existir dos profesiones diferenciadas? ¿Se trata de una fase evolutiva y dentro de veinte a treinta años ya no exisitirán en los EEUU médicos anestesistas, sólo enfermeras anestesistas?

Yo creo que sí, que se trata de uno de esos estadíos evolutivos en que coinciden los disfuncionales neandertales y los mejor adaptados cromañones. Sobre todo por tratarse de quien se trata el reglamentador: el ejército de los EEUU, la institución que cuando acepta incorporar a colectivos diferenciados (negros, mujeres, homosexuales o, ahora, enfermeras de práctica avanzada) lo hace cuando más allá de los muros de los cuarteles ya se trata de una realidad social plenamente aceptada e integrada.

Y esto vale tanto para tirios como para troyanos:
  •  Para tirios (enfermeras): aunque la voluntad y el ardor guerrero sean poderosos, mientras que la sociedad no asuma plenamente la funcionalidad de los nuevos desarrollos que se proponen, no existirá  un sustrato firme para crecer.
  • Para troyanos (médicos): pero cuando el medio social asume la nueva racionalidad, nadie puede poner puertas al campo. Sólo tratar proactivamente de adaptarse en nuevos nichos de un ecosistema que ha cambiado ante nuestros ojos, pero no hemos podido (o querido) verlo y admitirlo.

PS.- Y, reflexionando ahora en plan provinciano, mientras tanto la Organización Médica Colegial tira de las cuotas de sus colegiados para impugnar judicialmente, de manera sistemática, cada reglamentación que pueda suponer (o simplemente parecer) un pequeño avance para la enfermería. Eso sí, palmando siempre: nunca ha ganado ni un recurso, como le ha vuelto a suceder ahora con la impugnación del programa formativo de la especialidad de Enfermería Familiar y Comunitaria... y antes de la de Enfermería Geriátrica... y de la de Enfermería del Trabajo... y contra el diagnóstico de enfermería... ¡Ah! Y puestos ya de paso y por el mismo precio, contra el diagnóstico de fisioterapia, etc...

viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Puede la enfermería ser una 'innovación disruptiva'? ¿Y quiere?

Hace unos10 años, Clayton Christensen, Richard Bohmer y John Kenagy publicaron en la prestigiosa revista norteamericana Harvard Bussiness Review [HBR] un artículo con alto voltaje provocativo titulado Will disruptive innovations cure health care?, que podéis encontrar aquí. Se trata de un artículo que he citado en varias ocasiones (incluida La enfermería frente al espejo, p.29) porque presenta de manera un tanto descarnada algunos problemas de los servicios sanitarios modernos (en primer plano los problemas económicos, pero también otros de accesibilidad a los servicios o de continuidad asistencial) que no pueden solucionarse con el 'pensamiento de libro de cocina' y precisan de 'innovaciones disruptivas'

El adjetivo disruptivo procede  originariamente de la física y el DRAE lo define de la siguiente manera: "que produce ruptura brusca". Suele utilizarse para hablar de tecnologías que producen un cambio significativo en aquellos dominios donde se aplican y, por lo general, se basan en el hecho innegable de que no todos los clientes de un mismo mercado tienen las mismas necesidades y de que es posible, por tanto, aislar ciertos segmentos a los que se podría prestar los servicios con recursos (tecnológicos, pero también humanos) menos intensivos y menos costosos.

En el artículo de Chrsistensen y colegas se ponen dos ejemplos aplicados al mercado de los servicios sanitarios: el primero, una tecnología (basada en 'nanocristales' y de origen militar) que permitiría sustituir los pesados, costosos y centralizados equipamientos de radiología por unos aparatos portátiles que el personal sanitario podría tener en sus consultas, igual de eficaces pero con un coste de sólo un 10% del de un equipo convencional. De hecho, las patentes están secuestradas por la poderosa industria del equipamiento radiológico y vetadas por los radiólogos, muchos de los cuales se quedarían sin empleo si se consolidara esta 'innovación disruptiva'.

El segundo ejemplo que recoge el artículo son los profesionales:
"Necesitamos avances diagnósticos y terapéuticos que permitan a las enfermeras facultativas [nurse practitioners] tratar enfermedades que solían requerir asistencia médica y a los médicos de atención primaria tratar problemas de salud que solían requerir de un médico especialista".

Viene a cuento todo esto porque en uno de los blogs de The King's Fund (Reino Unido), Anna Dixon trae a colación el artículo de HBR en una entrada titulada Innovations in the health care workforce needed to deliver productivity improvements. Su convincente tesis es que el sector sanitario es una industria intensiva en recursos humanos, pero que ha sido incapaz, a diferencia de otros sectores de similares características, de conseguir mejoras en la productividad de su personal, una necesidad absolutamente inaplazable de resolver porque lo que hoy en día está en juego no es sino la propia supervivencia de la importante institución social que son los servicios públicos de salud. Por tanto, es absolutamente necesario mejorar la productividad aplicando de manera diferente los recursos humanos así como los financieros:
Allí donde sea posible, es necesario dar al staff la oportunidad de trabajar sistemáticamente al nivel de sus conocimientos y capacidades. Ello no tiene nada que ver con socavar o devaluar las competencias y juicios de los clínicos, sino con garantizar que la asistencia indicada está siendo prestada por la persona indicada, en posesión de los conocimientos indicados (...)  Si el Servicio Nacional de Salud quiere obtener mejoras de la escala necesaria en la productividad, tendrá que cambiar radicalmente la combinación de competencias [skill mix] asistenciales dentro de los equipos.
 Este discurso, que está calando profundamente en el seno de las organizaciones sanitarias, es el que, por mi experiencia vis a vis con los profesionales en encuentros y jornadas, irrita profundamente a muchas enfermeras, que lo viven de manera agraviada como una ampliación de sus funciones, no por sus capacidades hasta ahora malgastadas, sino simplemente porque son un recurso barato. Y si a ello le añadimos que, sobre todo entre los profesionales de mayor edad, se empieza a vislumbrar una enfermería de castas (enfermeras de base, enfermeras especialistas, enfermeras máster, enfermeras doctores, enfermeras clínicas, enfermeras de práctica avanzada...), entonces ya no hablamos de agravio sino directamente de inseguridad y temor. De ahí ese rechazo visceral que siempre termina por aflorar cuando se habla con enfermeras.

Pero esa posición reaccionaria (dicho sea sin connotaciones ideológicas), aunque comprensible por sus componente emocionales, es un craso error de cálculo. Como he dicho aquí hace poco, el principal problema de la enfermería es de orden político: su escasa  -cuando no nula-  capacidad de influencia en los procesos político-administrativos de toma de decisones sanitarias que indefectiblemente acaban por incidir en el principalagente profesional sanitarios, la enfermería.

Una ampliación significativa de funciones, de cualquier tipo (siempre que sea en sentido ascendente, claro), supone poner en valor a la profesión, convertirla en un recurso mucho más polivalente y generar una mayor dependencia con respecto a ella por parte de planificadores, directivos y gestores. Supone también ampliar el campo de oportunidades de las enfermeras. Es cierto que muchas enfermeras estarían encantadas de asumir competencias técnicas y funciones asistenciales claramente médicas (diagnósticas, instrumentales y de tratamiento) pero, ni ello obliga a hacerlo a aquellas enfermeras más orientadas hacia lo holístico, ni quienes lo hagan dejan por ello de ser enfermeras. Una enfermera que sabe mucha medicina (como la que sabe mucha psicología, pedagogía, estadística o antropología) no tiene porqué ser una mini-médica: es una macro-enfermera que por lo general no olvidará sus señas de identidad profesionales más acendradas.

Además, en general, los cambios disruptivos no se producen un día D hora H, en que alguien tiene una idea brillante o el BOE publica un Real Decreto, sino por acumulación de micro-cambios alineados con el macro-cambio que se pretende. Y en este sentido, la enfermería no tiene nada que perder y lo tiene todo por ganar: más poder y autonomía, mayor potencial de crecimiento y mejor estatus, incluyendo los aspectos jerárquicos y retributivos. La única condición es que la representación profesional que debe encarnar esa mayor capacidad política de interlocución esté a la altura de las circunstancias, algo que hoy en día dista mucho de ser realidad.

Lo que sí clama al cielo, lo que ninguna enfermera debería seguir consintiendo, y menos aún sus pretendidos representantes corporativos, es que se entre en el sistema a los veintipocos años como enfermera 'de base' y se salga a los sesentaymuchos como enfermera 'de base', sin recorrido de carrera ni mejora significativa en sus condiciones laborales, jerárquicas y retributivas. Este perverso entorno organizacional tiene un impacto cierto entre los profesionales, que reciben alto y claro (y con el paso de los años lo interiorizan) el siguiente mensaje: "te va a dar igual ser el mejor, así que haz tan poco como el que menos haga".

Es evidente que la enfermería posee un tremendo potencial para convertirse en una beneficiosa innovación disruptiva y que podría beneficiarse como colectivo de ello, lo que no sé muy bien  -tiendo a pensar que no-  es si quiere hacerlo.


PS.- Y aún hay almas cándidas a quienes les escandaliza que haya enfermeras que a lo más que aspiran es a la comodidad de servir como secretarias del médico en un ambulatorio o en la consulta externa de un hospital, sin turnos rotatorios, sin trabajo en fines de semana, sin guardias, sin exposición a errores asistenciales... ¿Alguien se atreve a criticarlas? Yo no.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Líderes en la larga marcha de ocupación a profesión: Joyce Clifford

Hasta hace treinta o cuarenta años, las salas (o controles) de enfermería de los hospitales se organizaban por tareas: cada día se asignaban a las enfermeras cierta tareas, como tomar las constantes, repartir la medicación, revisar y preparar los carros de curas, coordinar las tareas domésticas... Sólo las supervisoras (matrons en los ámbitos anglosajones) tenían relación directa con los médicos en la planificación de los cuidados enfermeros que se derivaban de las instrucciones médicas. A este modelo se le denominaba en el ámbito anglosajón team nurse, enfermería de equipo, y por estos lares, organización del trabajo por tareas.

A  principios de los setenta, empieza a desarrollarse en los EEUU el concepto de primary nurse, difícil de traducir culturalmente, pero algo así como 'enfermera principal' (aquí se denominó organización del trabajo por procesos). La idea, hoy más que trillada pero entonces revolucionaria, era que una única enfermera se encargara de la planificación, prestación y evaluación de los planes individualizados de cuidados, es decir, que se convirtiera en la enfermera responsable de todas las actividades que se aplicaban sobre un reducido grupo de pacientes durante las 24 horas del día, los siete días de la semana, en coordinación, naturalmente, con el resto del equipo de enfermería.

De alguna manera, este esquema 'democratizaba' las responsabilidades y competencias:
  • La supervisora pasaba a un segundo plano, siendo responsable de otras actividades igualmente importantes, pero no del día a día de las actividades y cuidados enfermeros.
  •  La asignación de los pacientes a las diferentes 'enfermeras principales' se decidía en función de las destrezas y habilidades individuales necesarias para planificar, coordinar y evaluar los planes de cuidados.
  • Las 'enfermeras principales' debían coordinarse con el resto del equipo para garantizar la continuidad de los cuidados enfermeros 24h x 7d...
  • ...  lo cual exigía detallar las decisiones sobre los planes individualizados de cuidados, una vez decididos, y documentarlos por escrito para el resto del equipo, haciendo que se pasara, perdón por la simplificación, de las 'hojas de enfermería' a la 'historia clínica de enfermería'.
  • Y, last but not least, los médicos ya no podían tomar como referente, en lo relativo a sus diversos pacientes, a la supervisora, sino a las respectivas 'enfermeras principales', no siempre las mismas para todos los pacientes: la relación ya no es con la enfermera (supervisora), sino con las enfermeras: con enfermería.
Hace apenas unos días fallecía Joyce Clifford, la enfermera que supo dar una vuelta de tuerca a la figura de la 'enfermera principal' y consolidarla a través de su experiencia en uno de los hospitales más prestigiosos del mundo, el Beth Israel, hospital docente de la Universidad de Harvard, en el que trabajó entre 1974 y 1999, primero como directora de enfermería y luego como vicepresidente.

Joyce Clifford se convirtió en un referente, no sólo por lo meridianamente claro de su definición de la enfermería dentro del hospital, sino porque supo evaluar el impacto de su aplicación y demostrar que esa figura era realmente positiva tanto para los pacientes (reducciones en las tasas de mortalidad intrahospitalaria), como para la retención del personal de enfermería. Un antecedente de lo que hoy se conoce como magnet hospitals, aquellos centros que son capaces de 'imantar' a las enfermeras para que no abandonen sus puestos, en un país con un serio problema cronificado de carencia de personal titulado de enfermería.

El entonces gerente del Beth Israel dio carta blanca a Clifford para desarrollar su modelo colaborativo entre enfermeras y médicos. Sintetiza así el proceso: "Hubo una cierta resistencia al principio. Los médicos se quejaban de que, en vez de hablar con una enfermera sobre todos sus pacientes de una sala, tenían que hacerlo con la enfermera principal de cada paciente, lo cual multiplicaba los contactos individuales [...] Pero la resistencia no duró mucho porque los médicos se dieron pronto cuenta de que estaban obteniendo una información mucho mejor y de que los pacientes estaban recibiendo mejor asistencia".

El paciente de la enfermera; la enfermera del paciente.

Podéis leer un breve resumen de la vida de Clifford en The New York Times.

lunes, 31 de octubre de 2011

La jornada de Jaén: (y 5) Avanzando en una dirección de progreso

El viernes 21 de octubre participé en las III Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias con la conferencia inaugural, un verdadero honor. A la espera de los podcast que publicarán en paginasenferurg.com, el mejor homenaje a mis anfitriones  -Jesús López Ortega, Antonio J. Valenzuela, Sixto Cámara...- es compartir con ellos y con vosotros las notas de la conferencia. La quinta entrega la titulé  Avanzando en una dirección de progreso y está tomada literalmente así de mis notas:


Sin duda, la mayor parte de las enfermeras desean que la enfermería progrese, aunque sea por el hecho de que sus avances profesionales personales siempre estarán condicionados por la posición y el papel de la enfermería dentro de los servicios sanitarios. Pero ¿qué significa realmente 'progresar' cuando se utiliza este término en referencia a una profesión? Bueno, significa avanzar o crecer en al menos cuatro aspectos imprescindibles: poder, autonomía, potencial de crecimiento y estatus.
  • Poder para participar con identidad y capacidades propias en aquellos procesos de toma de decisiones políticas, organizativas y asistenciales que tengan un impacto sobre la profesión y los profesionales. 
  • Autonomía para poder adoptar las decisiones facultativas que le son propias, basándose en protocolos y guías definidos básicamente por enfermeras, y para poder tener voz propia dentro de los equipos asistenciales multidisciplinarios. 
  • Potencial de crecimiento para poder progresar individualmente, disponer de recorridos de carrera profesional estimulantes y poder ir incorporando nuevas competencias y capacidades. 
  • Estatus para que, naturalmente, todas estas nuevas aportaciones sean retribuidas por su valor de mercado y las enfermeras pueden optar, al planificar sus carreras, por puestos de mayor responsabilidad con mejores retribuciones e incentivos.
 ¿Cómo es posible avanzar en esta dirección de progreso?

  • En primer lugar, generando un estado de opinión entre los diferentes colectivos enfermeros que les permita tomar conciencia de que la mayor parte de sus problemas específicos hunden sus raíces en un claro déficit de influencia política. Y, por tanto, que mientras no se disponga de mayor capacidad de influencia la enfermería no depende de sí misma, sino del uso que de ella quieran hacer quienes sí poseen capacidad de decisión.
  • En segundo lugar, organizándose y para ello sólo existen dos opciones: recuperar la organización que les pertenece y les ha sido arrebatada, la colegial, o generar desde las bases nuevos entramados asociativos, como lentamente empieza a hacerse. Cualquiera de los dos caminos será dificultoso y largo, pero no hay atajos. Son necesarios procesos de convergencia del nutrido entramado organizativo enfermero para exigir y ofrecer una alternativa al estatus quo actual. Si la enfermería no se moviliza seguirá postrada en ese cómodo ‘estado del malestar’ en que se encuentra ahora, en esa frustración llevadera pero malsana que se desprende de muchos  comentarios y opiniones de enfermeras que leo y escucho.
  • En tercer lugar, fomentando una mayor coordinación entre el mundo asistencial y el académico, poniendo a los departamentos de enfermería a generar desarrollos docentes que sirvan realmente a un avance de las enfermeras asistenciales. Con el grado en enfermería ya es factible que las enfermeras accedan a ciclos formativos oficiales de posgrado, como los máster, y esta formación debe enfocarse hacia la acción: dotar a las enfermeras asistenciales de conocimientos y competencias que les ayuden a reivindicarse como enfermeras de práctica avanzada, capaces de aportar soluciones nuevas a algunos de los problemas que no pueden solucionarse desde una perspectiva medicocéntrica: la medicina tiene sus limitaciones y para algunas de ellas sí tienen respuesta otras profesiones sanitarias, la enfermería de manera principal.
  • En cuarto lugar, saliendo a la luz, poniéndose en frente de la opinión pública, explicando a los ciudadanos, por ejemplo, cómo sería un servicio de salud que no tuviera enfermeras, sólo médicos y personal auxiliar sin formación científico-técnica. La enfermería tiene que saber reivindicar al paciente como algo propio, no como algo que en realidad pertenece al médico: en la sanidad, quien sea visto como el ‘dueño’ del paciente tiene el poder. Sin embargo, el médico entra y sale y sólo el personal de enfermería garantiza la continuidad de la asistencia, lo cual debería hacer muy fácil, sobre todo en ciertos entornos, reivindicar al paciente como algo propio y al médico como un consultor a demanda.
  • Finalmente, formalizando y ofreciendo a los poderes públicos una alternativa sensata al actual modelo de organización sustentado sobre el pensamiento biomédico. Que los servicios de salud y las organizaciones sanitarias van a experimentar cambios muy profundos, nadie en su sano juicio lo niega. Pero aquellos que se empeñen en buscar soluciones a partir de un modelo que ya es imposible de sostener van a estrellarse contra el duro muro de la realidad, de la racionalidad económica. Hay que evidenciar que muchos de los graves problemas actuales son consecuencia directa de este modelo médicocéntrico y que va a ser mucho peor cuanto más tiempo se tarde en aceptarlo.
Y digo peor, porque más les costará adaptarse a unos servicios de salud radicalmente distintos, que veremos dentro de pocos años, en los que, por ejemplo...
  • No habrá pediatras en los centros de salud, ya que el seguimiento al niño sano lo harán enfermeras especialistas en pediatría.
  • Las enfermeras de práctica avanzada [EPA] serán la puerta de entrada al sistema, tanto en atención primaria como en ingresos no programados (urgencias).
  • En crecientes ámbitos asistenciales, en lugar de ser la enfermera un recurso del médico, lo será el médico de la enfermera, con un rol de consultor, ya que será enfermería quien le derive a los pacientes para que se hagan cargo de sus necesidades médicas (una vez resueltas, en su caso, las de enfermería, incluida la prescripción farmacéutica básica).
  • Las enfermeras comunitarias serán quienes realicen un seguimiento continuo en la comunidad y en sus consultas de los pacientes crónicos pluripatológicos para garantizar el seguimiento de sus tratamientos médicos y de enfermería, la adopción de hábitos de vida saludables, el comportamiento del entorno familiar y social, etc. y decidan (en colaboración con el médico, claro, pero no al revés) cuándo es preciso modificar las revisiones médicas pautadas.
  • Y  un largo etcétera de reformas que dinamitarán las fronteras profesionales y organizativas, ya que las tareas se encomendarán en cada ámbito local a quienes mejores resultados ofrezcan y no necesariamente a quienes tradicionalmente las venían desempeñando. 
Hemos puesto sólo unos pocos ejemplos de funciones y tareas que ya se están haciendo así. No es sólo el futuro, sino también el presente en cada vez más organizaciones sanitarias. Se trata de cambios concretos que, por acumulación, conformarán un cambio de modelo. Y en cada sociedad, incluida la nuestra, ese cambio de modelo debe ser promovido activamente por las organizaciones enfermeras en un 'Libro Blanco' de la profesión que alguien, algún día, deberá promover, aunque para eso hay que disponer de capital intelectual, profesional y moral suficiente para dinamizar la participación de las enfermeras en los procesos de análisis y cambio. Algo de lo que, lamentablemente, carecen por completo los líderes corporativos actuales.

viernes, 28 de octubre de 2011

La jornada de Jaén: (4) Los cambios sólo se consolidan cuando responden a problemas reales

El viernes 21 de octubre participé en las III Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias con la conferencia inaugural, un verdadero honor. A la espera de los podcast que publicarán en paginasenferurg.com, el mejor homenaje a mis anfitriones  -Jesús López Ortega, Antonio J. Valenzuela, Sixto Cámara...- es compartir con ellos y con vosotros las notas de la conferencia.

La cuarta entrega la titulo Los cambios sólo se consolidan cuando responden a problemas reales y está tomada literalmente así de mis notas:

Si llevamos la afirmación de Gordon que cerraba la anterior entrega a las realidades de los servicios públicos, en concreto el sanitario, podemos afirmar que para que unas propuestas de reforma que obliguen a modificar aspectos sensibles de su organización y funcionamiento sean viables, es preciso antes que nada que respondan realmente, y subrayo realmente, a necesidades o problemas relevantes de los procesos asistenciales y de servicio. Sin ese prerrequisito, no se sostienen, de ahí que muchas de las reformas que promovieron a mediados de los ochenta las élites enfermeras de entonces, como las especialidades enfermeras aprobadas legalmente en 1987 pero que nunca se desarrollaron en la práctica, o la licenciatura en enfermería, esta última ni siquiera formalizada legalmente, fracasaran.

Ciertamente, no trataban de dar respuesta a necesidades organizativas del sistema, a problemas asistenciales o a demandas de los pacientes y ciudadanos: simplemente trataban de dar respuesta a las necesidades de las propias élites enfermeras para poder ser aceptados como miembros de una profesión reconocida y respetada en las posiciones directivas, de gestión, asistenciales o académicas a las que aspiraban. Es cierto que con ello se ayudaba a la enfermería en su dura ascensión hacia el reconocimiento profesional  -siempre se necesitan élites que condensen y representen el prestigio de la profesión-, pero no se trataba de reivindicaciones derivadas de necesidades o problemas que tuviera el sistema sanitario entonces. Ni a los servicios de salud les interesaba crear y dotar más puestos de enfermera especialista, más caros y menos versátiles a la hora de cubrir plantillas, ni al Ministerio de Educación y las universidades ampliar  -y financiar-  en dos años adicionales unos estudioos de diplomatura que, a su juicio, eran suficientes para ejercer como enfermera.

Por eso, las reformas desarrolladas en los últimos pocos años (especialidades, grado y prescripción) contienen serios riesgos de frustración de muchas expectativas.

Y es que el grado no se aplica como una respuesta específica a problemas o necesidades específicas de la enfermería, en relación con su desempeño profesional, sino como consecuencia de una adaptación esquemática al Espacio Europeo de Educación Superior, el famoso “Plan Bolonia”. De ahí que los créditos nuevos que supone esta ampliación en un año de los estudios, básicamente se destinan a ampliar el practicum y al trabajo de fin de carrera y no a una profundización o extensión de los contenidos científico-técnicos disciplinares.

Por lo que respecta a la denominada prescripción enfermera, aunque ahora haya quien impúdicamente la reivindique como un logro político propio, la verdad es que no formaba parte de la cartera de reivindicaciones básicas de los líderes corporativos, sindicales o intelectuales enfermeros. Fue el debate abierto con motivo de las iniciativas parlamentarias de Convèrgencia i Unió en 2006, especialmente las furibundas diatribas corporativistas de los médicos, quienes obligaron a unas macilentas élites enfermeras a retratarse y exigir "que se legalice lo que ya vienen haciendo las enfermeras", que es lo que finalmente se ha hecho (bueno, se está haciendo...); sólo el Consejo de Colegios catalán, al menos hasta donde tengo documentado, defendió un proyecto que iba más allá del estúpido marco legislativo finalmente aprobado el día 22 de diciembre de 2009.

En definitiva, ni el grado ni la prescripción son regulaciones que se hayan desarrollado como consecuencia de debates sociales, políticos o sanitarios específicos, sino que van “empotrados” dentro de reglamentaciones generales (Bolonia y la política de medicamentos, respectivamente) y no parece que se hayan adoptado para responder a verdaderos problemas o necesidades de los servicios de salud. Lo cual no quiere decir que carezcan de toda utilidad, simplemente se quedan a medio camino y no ayudan mucho a progresar, ni a los servicios de salud, ni a las propias enfermeras.

martes, 21 de junio de 2011

El Foro de la Profesión Enfermera

Como habréis notado, he colocado aquí a la derecha un enlace directo a la asociación "Foro de la Profesión Enfermera" en cuya web podréis consultar sus estatutos, leer su manifiesto fundacional, compartir vuestras reflexiones con las de otros profesionales y asociaros como miembros si os parece bien lo que leéis.

Se trata de una iniciativa de enfermeras asistenciales, independientes e indignadas con muchas cosas: con la invisibilidad de la enfermería, con su infrarrepresentación en los órganos de toma de decisiones, con la inoperancia del entramado corporativo (colegios, sindicatos, sociedades científicas...) a la hora de reivindicar un mayor peso político, directivo y profesional de la profesión enfermera. Y, sobre todo, de gente joven que ha decidido no esperar más y tratar de impulsar un proceso de recambio generacional y de regeneración intelectual y moral del entramado corporativo de la profesión..


Conocí hace pocos meses a sus tres principales impulsores, a raíz de la publicación de "La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades", por comentarios que me hicieron llegar a través de las redes sociales,  pidiendo que la publicación no fuera un punto y final, sino el comienzo de algo. En definitiva, Antonio, Lili y Mamen (por riguroso orden alfabético) me convencieron de que hacía falta continuidad y de hecho me liaron para que empezara con este blog que visitáis entre semana entre125 y 175 personas diariamente, casi seguro que todas enfermeras y enfermeros. No es mucho, ya lo sé, pero a mí me encanta escribir para un grupo tan selecto y escogido.

Desde entonces colaboro con ellos en la distancia y ya nos  hemos encontrado dos veces en el "mundo real" con motivo de sendas jornadas de debate. Trato de aportarles una visión desde fuera, pero comprometida, y también algo de mi experiencia como consultor de organizaciones. Y, sobre todo, de animarles a dar pasos: es posible que las cosas no salgan bien, que la profesión no capte el contenido moral de la iniciativa y no llegue a acumular la suficiente masa crítica para que las cosas empiecen a moverse de verdad, pero es preferible intentarlo y equivocarse a permanecer melancólicamente en este cómodo "estado del malestar" en el que siempre tienen los otros las culpas y en el que nunca se hace nada más que quejarse.

Yo, desde luego, apoyo decididamente su apuesta y os pido que les concedáis el beneficio de la duda,  por tres motivos principales:
  • Son enfermeras asistenciales, de las que van a trabajar con pacientes y no desde gabinetes técnicos, locales sindicales o aulas docentes, con todo el respeto para estas tres nobles dedicaciones... desde las que se deja de ver a los pacientes.
  • Que, al margen de sus posiciones ideológicas (que desconozco con un mínimo detalle), son independientes de colegios, sindicatos, administraciones públicas, empresas... Han adoptado una iniciativa libre sin compromisos ni ataduras políticas o económicas con nadie.
  • Se trata de una iniciativa que ha ido tomando cuerpo en las redes sociales, de manera participativa y sin jerarquías, ni élites, sólo con ganas de cambiar las cosas.
Ya sé que puede parecer demagógico, pero con esta iniciativa, al igual que hizo a nivel general el movimiento 15-M, os están llamando a todos los indignados de la profesión para que unáis vuestras fuerzas en un foro que está llamado a ser de todos.

jueves, 9 de junio de 2011

Enfermería de Práctica Avanzada aquí y ahora (y IV)

Esta es la última entrada de la serie dedicada a las reflexiones que me han generado los contenidos de las intervenciones de los ponentes de la jornada de Alicante. En la primera entrada, simplemente resumí las notas que tomé escuchando a los expertos. En la segunda entrada reflexioné sobre una constatación un tanto paradójica: si en los países donde existen desarrollos de EPA siempre es muy  pequeño el porcentaje de enfermeras dedicadas a estas nuevas prácticas, ¿porqué parece ser tan importante la EPA? Y al hilo de ello sugerí una cierta definición pragmática de EPA. En la tercera entrada planteé que, a pesar de que las prioridades de las bases profesionales no están ni mucho menos en iniciar el desarrollo de algo tan incierto como la EPA, sino en cerrar con carácter previo los últimos desarrollos (grado, especialidades, prescripción...), la EPA interesa objetivamente a estas bases, precisamente porque el impacto de estos nuevos desarrollos es grande, aportando por lo  general una gran visibilidad social, sanitaria y profesional que es beneficiosa para todas las enfermeras.

Ahora bien, en esta cuarta y última entrada planteo tres condiciones para que estas sinergias puedan realmente concretarse:
  1. Que el marco regulador de la EPA que en su momento se establezca sea muy general y abierto, no dedicado a regular hasta el último detalle las estructuras y procesos que puedan desarrollarse, sino a amparar legalmente y estimular el lanzamiento de iniciativas de EPA tan  heterogéneas como sea necesario. Vamos, ahora que está tan en el debate diario, una filosofía y metodología reguladoras absolutamente contrarias a las del borrador de decreto que regula las Unidades de Gestión Clínica en Andalucía, inspirado metodológicamente, una vez más, en el nefasto isomorfismo clonador estructural, el verdadero trastorno obsesivo-compulsivo de nuestros planificadores sanitarios.
  2. Que estas iniciativas de EPA se centren exclusivamente en proyectos innovadores en el nivel asistencial, planteados para tratar de dar nuevas respuestas a viejos problemas asistenciales que no han podido ser solucionados aplicando los marcos organizativos y competenciales tradicionales. Me parece probable que estas iniciativas surjan prioritariamente en dos ámbitos asistenciales: la atención sanitaria a la cronicidad incapacitante y los nuevos mix profesionales en los servicios de atención primaria de salud (lo cual, naturalmente, no excluye iniciativas en ningún otro ámbito).
  3. Que se adopte un enfoque muy práctico en lo tocante a las relaciones entre necesidades competenciales y necesidades formativas. Quiero decir que, a diferencia de como se han desarrollado las cosas en otras ocasiones, sean las necesidades formativas derivadas de las nuevas iniciativas de EPA a que nos hemos referido quienes definan el desarrollo de programas formativos ad hoc en las universidades. Y no al revés, como sucede tantas veces, que las universidades (los directivos y docentes, en realidad) decidan en función de sus propios intereses y/o posibilidades qué programas formativos de posgrado les conviene ofertar y traten de "colocarlos" a aquellas enfermeras que simplemente deseen hacer currículo y puedan pagar las tasas y gastos. Es decir, que traten de poner a la profesión al servicio de los centros docentes y no a los centros docentes al servicio de la profesión. Es preciso, por tanto, que cada iniciativa de EPA sea llevada a cabo en partenazgo entre servicio de salud y universidad.
Naturalmente, todo ello plantea un tema interesante: en estos potenciales desarrollos, el papel de los directivos de enfermería es crítico, ya que el sistema no está diseñado para que surjan directamente iniciativas viables "desde la base". Los directivos deberían estar capacitados para vehicular las iniciativas de los equipos asistenciales y ello probablemente pone de nuevo sobre el tapete la necesidad de des-clientelizar las relaciones entre los directivos y sus empresas sanitarias. Las iniciativas de EPA retan el "orden establecido" allí donde se producen, y muy especialmente a la poderosa profesión médica, por lo que suelen requerir largos procesos de negociación hasta su implementación. En estos procesos, son los directivos quienes deben amparar a los equipos innovadores, surgiendo entonces la pregunta inevitable: ¿Quién ampara a los directivos innovadores?

Mientras no se dé una respuesta (eficaz en la práctica) a esta pregunta, será muy difícil que los directivos asuman su rol de líderes de la innovación en la organización y gestión sanitaria, algo de lo que tan necesitados están los servicios de salud, y que, sin embargo, tantos anticuerpos genera.

jueves, 19 de mayo de 2011

Cambiando los paradigmas

Ayer y hoy he estado bastante ocupado, preparando mi intervención en la jornada "Presente y futuro de la Enfermería", que organizan los amigos del Observatorio Crítico para una Enfermería del siglo XXI. Y por la tarde estaré con ellos, así que os dejo uno de los fantásticos vídeos de la RSA, de quienes ya he puesto en alguna entrada anterior. El de hoy aborda el cambio de paradigma en la educación. Que lo disfrutéis. Aquí está sólo en inglés y aquí con subtítulos en español.

lunes, 16 de mayo de 2011

Sobre la colegiación obligatoria... de nuevo (segunda parte)

¿Qué quise decir en la primera parte de esta entrada con "no a la colegiación obligatoria en estos colegios"?


Aunque en principio yo creo que hay fórmulas mucho mejores para ejercer el control de las prácticas profesionales y para regular las profesiones que los colegios (y que las administraciones públicas, por cierto), lo cierto es que son fórmulas que tienen éxito en países muy diferentes al nuestro; se trata de sociedades más abiertas donde la ley no trata necesariamente de uniformarlo y encorsetarlo todo, como aquí, más abiertas y menos burocráticas, más transparentes y menos corporativistas. Por eso, por un motivo tan pragmático como pensar que los modelos que considero mejores no podrían desarrollarse en España, es por lo que creo  -deseo, más bien-  que el actual modelo colegial podría evolucionar hacia otro más moderno que aporte valor de verdad a la sociedad. Y, en ese caso, se podría distinguir entre la colegiación, que sería voluntaria, y el registro en el colegio, que sí sería obligatorio para poder ejercer.


Hablando exclusivamente de la colegiación (hay muchas otras propuestas de reforma), los colegios se verían obligados captar a los potenciales colegiados y, con las cuotas que estos libremente les aportaran, desarrollar acciones y programas que contribuyeran a la mejora de las competencias y prácticas profesionales y que sirvieran de apoyo de todo tipo a los colegiadoes, pero siempre dentro del nivel financiero que realmente se trabajen y consigan: hoy no se lo trabajan porque no tienen que hacerlo. Y eso es malo, no sólo para quienes se ven obligados a estar colegiados, sino especialmente para los propios colegios, que han venido experimentando un lento proceso de degradación que los ha convertido en absolutamente irrelevantes no sólo para la sociedad, sino también para los propios profesionales.

Dicho de forma contundente: “No se puede ir contra la colegiación libre ni mantener que un médico se sienta obligado a estar colegiado. Lo que debemos lograr desde los colegios es que la cuota a los médicos no sólo les salga gratis, sino que perciban, además de la labor deontológica y la defensa de la competencia
profesional que realiza la institución, otros servicios más tangibles, como la tecnología, la informática, ventajas en créditos bancarios... que hagan que vean en la colegiación una ventaja".

Lo dijo en 2007 el presidente del Colegio Oficial de Médicos de Girona (siento no poder documentarlo, pero la revista en que realizó dichas declaraciones (AZ Prensa) cerró hace tres años y sus archivos no son accesibles).


Pero, en fin, este estado de cosas se puede cambiar. Creo que la Organización Médica Colegial lo está haciendo  -con sus aciertos y errores, aunque creo que son más los primeros-, probablemente porque le ha visto las orejas al lobo y también porque la acción de unos pocos, desde dentro, ha conseguido forzar un relevo generacional. Pero desde luego el actual Consejo General de Enfermería está perdido para la causa, no es reconducible. Para este Consejo, no rotundo a la quiebra de la libertad constitucional de asociación. Lo dice un ciudadano y un  -perdón-  experto, no una enfermera.

[Nota.- Por si a alguien le interesa profundizar en el tema, he preparado un resumen extraído de mi publicación Un modelo de organización corporativa de la profesión médica, un tocho de 90 páginas que he dejado en apenas 14 y he concentrado específicamente en las propuestas de reforma de las organizaciones corporativas. Aunque habla de los médicos, dado que ese fue el encargo que me hicieron, basta con cambiar médicos por enfermeras y profesión médica por profesión de enfermería (aunque a Carlos le guste más "profesión enfermero", para gustos los colores...). Este resumen lo podéis descargar pinchando aquí.

miércoles, 11 de mayo de 2011

¿Where have all the nurses gone?


Sí es un remake de la vieja canción folk antibelicista de los años sesenta, creada por Pete Seeger pero popularizada especialmente por Peter, Paul & Mary, Where have all the flowers gone (¿a dónde se fueron todas las flores?). Y sí, la pregunta es ¿a dónde se fueron todas las enfermeras?

Gaceta Sanitaria publica un más que interesante artículo titulado Identificación y priorización de actuaciones de mejora de la eficiencia en el Sistema Nacional de Salud. Son las conclusiones de un panel de expertos que ha sintetizado en 101 las medidas que podrían adoptarse para mejorar la eficiencia del SNS. El panel, de 13 expertos, está compuesto por profesores, gestores, clínicos y directivos, que son médicos (9), economistas (3) y farmacéuticos (1) ¿Falta alguien?

Parece que sí, ya que los propios autores reconocen que "en todo caso, hay que considerar que la marcada falta de expertos en algunas áreas, sobre todo en enfermería, hace previsible que hayan quedado sin identificar otras posibles propuestas" (p. 101) ¡Genial!

Podemos quedarnos en una crítica a los autores, que por muy cualificados y reconocidos que sean creo que han metido la gamba, pero es bueno ir más allá: ¿cómo puede nadie pensar que las enfermeras, personal cualificado que conoce y vive el sistema día a día, que lo sostiene, dirige y gestiona, no tienen nada que opinar y aportar sobre la eficiencia del SNS? ¿No han encontrado una sola enfermera que tenga cualificación académica, profesional e intelectual para opinar en pie de igualdad? ¿No entienden que ellos, los visibles, los imprescindibles, no son más que la punta del iceberg, toda la masa crítica que queda invisible, por debajo de la línea de flotación?

El problema no es de ellos, son sólo un síntoma: es de la enfermería y sólo empezará a solucionarse cuando existan asociaciones serias (como existieron durante la "transición sanitaria"), prestigiosas y prestigiadas, con afiliación masiva y recursos, profesional e intelectualmente representativas y con capacidad de pensamiento crítico, capaces por tanto de tener la suficiente visibilidad como para que nadie pueda mirar a la escena sanitaria sin que la enfermería aparezca como una presencia gigante (es decir, conviritiendo en activos su potencial).

Esta entrada no es para deprimir, ni para cabrear, sino al contrario, para espolear.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Sensibilidad, creatividad, proporcionalidad

Esta entrada ha venido motivada por un comentario que dejó ayer en el blog Rosa M. Nieto, en el que se refería a la permanente tensión entre innovación y perfeccionamiento (es un resumen bastante burdo, pero bueno...). Lo complicado del mundo, respondí, es que todo está en permanente equilibrio inestable y a menudo más afectado por la casualidad, que por la causalidad.

Hace  -¡uf!-  una pila de años, Luis Ángel Oteo y yo, en un libro titulado La imaginación política. La izquierda europea y la crisis del estado social (Fundación Asturias, 1996; descatalogado) acuñamos nuestro personal cóctel para afrontar algunos de los principales problemas relacionados con la acción social en sus más diversos niveles (sociedad, organizaciones, grupos sociales, profesiones...). La receta es (aparentemente) sencilla: mezclar a partes iguales estos tres ingredientes:

- Sensibilidad, para reconocer y aceptar la multidimensionalidad de la vida social, su estado permanente de tensión y de búsqueda incesante de nuevos equilibrios. Para huir de los corporativismos y reconocer que son los ciudadanos (y no las organizaciones o profesiones) quienes deben estar en el centro de las propuestas y que sólo se legitiman éstas hasta el punto en que den respuesta a sus necesidades y problemas.

- Creatividad, para asumir que la materia prima de la política son las ideas, no las estadísticas y que, a partir del uso honesto y sin complejos de la inteligencia y de la sensibilidad, es posible huir tanto de las viejas ideas anquilosadas, como de la importación acrítica y poco inteligente de ideas positivistas, utilitarias y pesimistas que sólo pueden aportar al sistema un mayor nivel de incertidumbre e inseguridad.

- Proporcionalidad, para no perder el sentido de la realidad y para poder entender que, a menudo, el empecinamiento en injertar pequeñas medidas disgregadas de la lógica común, que apenas aportan valor al sistema, se traduce en un deterioro aún mayor de la situación existente, mientras que al mismo tiempo enfrentamos los grandes problemas y retos con poco más que discursos y palabras cargadas de buenas intenciones.

Sensibilidad, creatividad y proporcionalidad, en definitiva, para encontrar los puntos de equilibrio que optimicen las funciones sociales y personales para dar respuesta a las dicotomías fundamentales a las que debe hacer frente la sociedad: público-privado, eficiencia-equidad, mercado-regulación, competencia-cooperación, pragmatismo-humanismo...

Hoy añadiría, en el ámbito de la enfermería, enfoque biomédico-enfoque holístico. ¿Dónde estaría/n el/los punto/s de equilibrio?