Tengo muy abandonado el blog y es algo que me duele, pero sucede que tengo algunos compromisos que cumplir y cumplir, para mí, no sólo es acudir a donde te invitan y repetir el-discurso-de-siempre-que-tan-bien-queda, sino también incorporar lo que uno va aprendiendo y no defraudar a un montón de gente que te presta una hora de su valioso tiempo. Y eso representa bastantes horas de trabajo que robar al tiempo libre, sacando huecos de donde se puede..
Pasado mañana, jueves 25 de octubre, tengo un compromiso en el XI Congreso de la Asociación de Enfermería Familiar y Comunitaria de Cataluña, en Sitges, donde me han pedido que me ocupe de la conferencia inaugural. Es la tercera vez desde mayo que me invitan a Barcelona y es para mí una satisfacción y un honor.
Unas dos semanas después, el día 7 de noviembre, me corresponderá el mismo honor en el XVI Encuentro Internacional de Investigación en Cuidados, que organiza Investén-isciii en Cartagena. Es la primera vez que colaboro con Investén, pero espero que no la última, así que tendré que esmerarme...
Aun así, ha habido algo que me ha llamado mucho la atención y que me ha incitado a sacar algo de tiempo extra para esta entrada: hace sólo unos pocos días (el 18 de octubre, para ser más exactos), la Consejería de Salud y Bienestar Social de la Junta de Andalucía anunciaba un cambio en los organigramas de gestión del Servicio Andaluz de Salud. La parte más destacable de esta reforma, justificada exclusivamente como una medida "de ahorro", consiste en fusionar órganos de gestión: dos hospitales (en áreas urbanas), dos o más distritos de atención primaria y, en cinco casos, un hospital y uno o más distritos de atención primaria en gerencia compartida. Es esta última medida la que llamó mi atención.
¿Por qué me llama la atención? Porque, al margen del relativo impacto financiero, se trata de una medida que debería haberse adoptado hace ya tiempo ya que debería resultar absolutamente innegociable para cualquier servicio de salud que entienda que debe prepararse para lidiar con unos dramáticos cambios en las demandas asistenciales que, o los fuerzan a una verdadera revolución organizativa o se los llevan por delante.
El futuro de los servicios públicos de salud pasa necesariamente por una atención primaria renovada, plurifuncional, potente y políticamente apoyada, un verdadero eje central del sistema sanitario.
En algunos sitios ya se habla de 'atención primaria de alta intensidad', pero se han acuñado infinidad de nombres que esconden básicamente la misma idea: patient-centered medical home (me resulta imposible traducir lo de "medical home" y que quede medianamente inteligible), hospital virtual, etc. La idea que subyace es que la epidemia de ingresos por urgencias de pacientes pluripatológicos con necesidades de cuidados complejas está colapsando asistencial y financieramente a los hospitales (y por ende a sus financiadores) y que para intentar evitar que revienten todas las costuras del sistema es necesario enfrentar el reto de tratar en la comunidad (hogares y dispositivos sociosanitarios) muchos problemas que hasta ahora vienen siendo abordados exclusivamente en carísimos dispositivos hospitalarios.
Se trata de revertir el obsoleto modelo hospital-céntrico por otro donde los servicios y centros de atención primaria estén al mando del sistema y coordinen todas las necesidades asistenciales de sus pacientes. Los especialistas serían meros consultores y durante los episodios -que deberían dismunuir sustancialmente- de hospitalización, el gestor de cuidados de AP nunca abandonaría el seguimiento del paciente hasta que pueda regresar a su hogar/residencia.
Esto es lo que se ha intentado hacer en Inglaterra, convirtiendo a los GP (médicos de familia) en comisionados que compran el resto de los servicios (especialistas ambulatorios, centros de salud mental, atención hospitalaria...) que precisan sus pacientes. Pero esta 'tercera vía' británica tienen un grave handicap, que es el modelo de GP como llanero solitario sin que se integre todavía en grupos de práctica asistencial. Se ha tratado de paliar el problema proponiendo ir creando consorcios de GPs, pero el concepto de grupo de práctica multidisciplinar no existe como forma organizativa básica, cada cual va por su lado. Aquí, probablemente, todo sería más sencillo porque sí existen dispositivos integrados relativamente fáciles de reformar (sobre el papel, quiero decir).
Ahora, al gerente del SAS le queda una tarea más complicada: terminar el mapa y, sobre todo,no limitarse a lo sencillo, a reconvertir a los gerentes hospitalarios en gerentes de área sanitaria integrada, y buscar perfiles gestores más moldeables y abiertos a nuevas formas de organizar el trabajo y de coordinar la primaria y la especializada, con una orientación de proximidad asistencial. De momento, si no he contado mal, de cinco nombramientos como gerentes de área integrada tres provienen del hospital y dos de los distritos de AP.
En el País Vasco también se están unificando las gerencias hospitalarias y de áreas de atención primaria en las OSI, Organizaciones Sanitarias Integradas, enmarcado todo ello en la Estrategia de Cronicidad, no en un plan de ahorro de costes (o que así se vende). En todo caso, todo estará bien si bien acaba.
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martes, 23 de octubre de 2012
viernes, 7 de septiembre de 2012
En serie o en paralelo
En mi última entrada (martes 4 de septiembre) sobre la bronca que Suzanne Gordon le echaba a Atul Gawande en su blog, preferí poner el énfasis en la tan diferente forma de ver una misma realidad (la cadena de comida rápida The Cheesecake Factory en este caso) dos personas ilustradas, reconocidas y mediáticas. Acababa la entrada diciendo que "muy probablemente, la realidad no será tan excelsa como la ve Gawande ni tan nefasta como la ha percibido Gordon". Y la verdad es que creo que buena parte de estas incongruencias tendrá que ver con una reconocida hostilidad de Gordon hacia Gawande (hasta donde yo he podido averiguar, no recíproca, aunque es altamente improbable que Gawande no tenga noticias de Gordon; en todo caso -insisto, hasta donde yo sé- no ha entrado en el debate).
Al margen de la primera reprimenda a Gawande, en enero de 2010, relativa a la reforma sanitaria de Obama (ObamaCare, le dicen por esas tierras), según creí entender -estos yanquis son muy raros, parafraseando a Asterix, uno nunca sabe distinguir muy bien posiciones- buena para Gawande, tímida, más de lo mismo o poco radical para Gordon, en octubre de 2011 hubo otra polémica, que tenía esta vez que ver con las relaciones entre la medicina y el resto de las profesiones sanitarias, entre ellas y de manera prominente la enfermería.
Gordon saca a colación una frase de Gawande en su libro de 2007, Better: A Surgeon's Notes on Performance; es esta:
No son raros, a veces diría que abundan demasiado (hasta en mi entorno), este tipo de médicos ilustrados, progresistas en cuanto a las políticas sanitarias y al futuro de los sistemas de salud, pero verdaderos reaccionarios en cuanto a la aceptación de la necesaria revolución inherente en lo que se refiere a las fronteras y barreras profesionales. Podríamos decir que constituyen un elitismo ilustrado (también por estos lares tenemos algún digno representante de esta rancia clase médica).
Menos mal que, cada vez de manera más intensa, empieza a apuntarse como parte del paradigma emergente del profesionalismo médico el reconocimiento de que las tareas y funciones profesionales tradicionales van a cambiar -de hecho ya lo están haciendo-, les guste o no a los diferentes estamentos implicados. ¿Por qué? Simplemente porque son una condición necesaria para que los sistemas de salud puedan acumular nuevas ventajas competitivas que les permitan adaptarse evolutivamente a unos modelos de sociedad rediseñados por un capitalismo especulativo que no entiende de contratos sociales (ayer mismo, sin ir más lejos, lo constataban -una vez más- en The New England Journal of Medicine).
Al margen de la primera reprimenda a Gawande, en enero de 2010, relativa a la reforma sanitaria de Obama (ObamaCare, le dicen por esas tierras), según creí entender -estos yanquis son muy raros, parafraseando a Asterix, uno nunca sabe distinguir muy bien posiciones- buena para Gawande, tímida, más de lo mismo o poco radical para Gordon, en octubre de 2011 hubo otra polémica, que tenía esta vez que ver con las relaciones entre la medicina y el resto de las profesiones sanitarias, entre ellas y de manera prominente la enfermería.
Gordon saca a colación una frase de Gawande en su libro de 2007, Better: A Surgeon's Notes on Performance; es esta:
Nosotros, los médicos, tenemos que enfrentarnos con expectativas abrumadoras. Para los médicos, nuestra tarea es luchar contra la enfermedad y conseguir que cada ser humano pueda llevar una vida tan larga y libre de debilidades como sea posible. Los pasos a dar son a menudo inciertos. Los conocimientos que hay que dominar son al tiempo vastos e incompletos. Aun así, se espera de nosotros que actuemos con rapidez y coherencia, incluso cuando nuestras tareas implican dirigir [marshalling] a cientos de personas -desde técnicos de laboratorio hasta enfermeras en cada cambio de turno o ingenieros que mantienen operativo el suministro de oxígeno- para atender a una sola persona."Naturalmente (como a mí y a cualquier persona con dos dedos de frente capaz de analizar las cosas sin fanatismos de grupo; solo que a mí estas cosas me provocan una sonrisa irónica más que un ataque de ira), a Suzanne Gordon le pareció una extraordinaria memez este alegato (y lo tituló algo así como 'Atul Gawande de nuevo'):
Lo que parece no entender es que en realidad los médicos no dirigen a los técnicos de laboratorio o a los ingenieros y que este personal no trabaja directamente para ellos. Son los hospitales quienes pagan a esta gente y la mayoría de ellos no conceptualizan su trabajo como algo que hacen para los médicos, sino para y con los pacientes. La visión médico-céntrica de la asistencia sanitaria inhibe el tipo de trabajo en equipo del que depende una asistencia segura a los pacientes, por el contrario convierte la asistencia hospitalaria en lo que he denominado 'un juego paralelo entre extraños íntimos'.Es lo que hay entre una concepción del trabajo en serie y otra en paralelo. En esta metáfora tomada de la electrónica, en ambos casos los circuitos eléctricos funcionan, solo que de manera muy diferente. Las opciones de diseño vienen dadas por los resultados que se quieran alcanzar ¿Cuál es la más adecuada para los servicios de salud y la población del siglo XXI?
No son raros, a veces diría que abundan demasiado (hasta en mi entorno), este tipo de médicos ilustrados, progresistas en cuanto a las políticas sanitarias y al futuro de los sistemas de salud, pero verdaderos reaccionarios en cuanto a la aceptación de la necesaria revolución inherente en lo que se refiere a las fronteras y barreras profesionales. Podríamos decir que constituyen un elitismo ilustrado (también por estos lares tenemos algún digno representante de esta rancia clase médica).
Menos mal que, cada vez de manera más intensa, empieza a apuntarse como parte del paradigma emergente del profesionalismo médico el reconocimiento de que las tareas y funciones profesionales tradicionales van a cambiar -de hecho ya lo están haciendo-, les guste o no a los diferentes estamentos implicados. ¿Por qué? Simplemente porque son una condición necesaria para que los sistemas de salud puedan acumular nuevas ventajas competitivas que les permitan adaptarse evolutivamente a unos modelos de sociedad rediseñados por un capitalismo especulativo que no entiende de contratos sociales (ayer mismo, sin ir más lejos, lo constataban -una vez más- en The New England Journal of Medicine).
martes, 5 de junio de 2012
Gestión de cuidados y retos de futuro
Estoy revisando materiales para preparar mi próxima intervención en Barcelona, en los Debates de Salud de Bsalut, una "plataforma neutral y abierta formada principalmente por personas dedicadas a la gestión sanitaria e interesadas en el progreso de las organizaciones sanitarias" que se conformó con la intención de "aportar a los profesionales de la gestión conocimiento en la navegación de los sistemas y organizaciones sanitarias hacia los nuevos paradigmas de la atención y prevención de la enfermedad y la promoción de la salud y el bienestar". En Bsalut editan, además, una interesante revista online, RISAI, Revista de Innovación Sanitaria y Asistencia Integrada.
Entre estos materiales recupero un estudio de hace más o menos un año sobre gestión de cuidados a pacientes con necesidades de salud complejas (pdf accesible aquí). Y creo que algunos de los contenidos que estoy preparando encajan muy bien en uno de los temas de reflexión que últimamente más me interesa, como ya voy dando bastantes muestras en el blog: los cuidados de larga duración a pacientes con necesidades asistenciales complejas.
Esta publicación de la Fundación Robert Wood Johnson constituye, muy probablemente, la revisión sistemática más importante de los modelos, ensayos clínicos y experiencias reales sobre los cuidados a pacientes con necesidades complejas. Más exactamente sobre las experiencias de 'gestión de cuidados' [care management], término sobre el que ya se nos avisa que no es intercambiable con el de 'gestión de casos', a la que ya me he referido extensamente en alguna ocasión en el blog. Digamos que la gestión de cuidados utiliza y dota de profundidad, recorrido y entorno a la gestión de casos. En cualquier caso, ambos desarrollos descansan de manera esencial en nuevos roles de las enfermeras.
Según el documento, dirigido por el prolífico Thomas Bodenheimer (médico), la gestión de cuidados es "un conjunto de actividades diseñadas para asistir a los pacientes y sus sistemas de soporte a la hora de manejar sus condiciones médicas, así como los problemas psicosociales relacionados, de manera más efectiva, con el propósito de mejorar el estado de salud de los pacientes y reducir su necesidad de servicios médicos".
Tras resumir los principales estudios y experiencias se concluye que no todo el monte es orégano en cuanto a la presumida, por evidente, reducción de costes, pero que sí supone una nueva y prometedora manera de gestionar el problema de los cuidados de larga duración a pacientes con necesidades complejas:
Finalmente, incluye una serie de recomendaciones para los responsables de diseñar políticas y programas de gestión de cuidados. Más o menos adaptadas a situaciones e instituciones (y lenguaje) de nuestro entorno son éstas:
Como puede verse, la aplicación de modelos integrados y multiprofesionales de gestión de cuidados para enfrentar con ciertas garantías el acuciante problema de la multicronicidad compleja requiere iniciativa a lo largo y ancho del sistema de salud y a todos sus niveles: macro (políticas de salud), meso (modelos organizativos) y micro (gestión clínica). ¿Podría estimularse de abajo arriba, desde la comunidad profesional, lo que de arriba abajo puede tardar decenios? Me temo que no si las dos profesiones sanitarias más importantes, médicos y enfermeras, no son capaces de entablar un diálogo constructivo para tratar de elaborar una estrategia win-win en la que todos ganen. Y este diálogo, que nunca van a entender ni asumir los cutre-liderazgos corporativos, que están a otras cosas, debería comenzar a entablarse en dos ámbitos importantes: el científico-profesional y el 2.0.
Sólo un diálogo constructivo e intelectualmente exigente entre médicos y enfermeras, poniendo sobre la mesa los problemas comunes y los aspectos relacionales conflictivos y proponiendo reformas basadas en evidencias mediante posiciones políticas (de política sanitaria) comunes, permitirá desbloquear los problemas de la atención primaria, que sólo pueden continuar creciendo.
Ahora bien, si antes de estar en condiciones de empezar este diálogo con los médicos la enfermería progresista tiene aún que aclararse sobre quién es y redactar un (¿otro?) documento de posiciones... todo mi respeto, pero por lo menos que sea deprisa, se está acabando el tiempo y los del lado oscuro de la fuerza se descojonan y dicen: 'debaten, luego cabalgamos (y no seguimos forrando)'. ¿No sería mejor coger el Manifiesto del Foro de la Profesión Enfermera (asociación legalmente constituida con el objetivo de ser el germen de algo compartido, sin protagonismos ni liderazgos impuestos) que ya supuso un largo esfuerzo participativo en esta misma vía y al que se han adherido, creo, cientos de enfermeras, y retocar lo que hubiera que retocar?
Es fundamental, creo humildemente, huir del 'enfermeras que hablan para enfermeras de cómo son las enfermeras' y hacer un manifiesto de 'enfermeras que hablan para la gente y los gobernantes sobre cómo son -y, sobre todo, cómo podrían llegar a ser- las enfermeras'.
Entre estos materiales recupero un estudio de hace más o menos un año sobre gestión de cuidados a pacientes con necesidades de salud complejas (pdf accesible aquí). Y creo que algunos de los contenidos que estoy preparando encajan muy bien en uno de los temas de reflexión que últimamente más me interesa, como ya voy dando bastantes muestras en el blog: los cuidados de larga duración a pacientes con necesidades asistenciales complejas.
Esta publicación de la Fundación Robert Wood Johnson constituye, muy probablemente, la revisión sistemática más importante de los modelos, ensayos clínicos y experiencias reales sobre los cuidados a pacientes con necesidades complejas. Más exactamente sobre las experiencias de 'gestión de cuidados' [care management], término sobre el que ya se nos avisa que no es intercambiable con el de 'gestión de casos', a la que ya me he referido extensamente en alguna ocasión en el blog. Digamos que la gestión de cuidados utiliza y dota de profundidad, recorrido y entorno a la gestión de casos. En cualquier caso, ambos desarrollos descansan de manera esencial en nuevos roles de las enfermeras.
Según el documento, dirigido por el prolífico Thomas Bodenheimer (médico), la gestión de cuidados es "un conjunto de actividades diseñadas para asistir a los pacientes y sus sistemas de soporte a la hora de manejar sus condiciones médicas, así como los problemas psicosociales relacionados, de manera más efectiva, con el propósito de mejorar el estado de salud de los pacientes y reducir su necesidad de servicios médicos".
Tras resumir los principales estudios y experiencias se concluye que no todo el monte es orégano en cuanto a la presumida, por evidente, reducción de costes, pero que sí supone una nueva y prometedora manera de gestionar el problema de los cuidados de larga duración a pacientes con necesidades complejas:
"De la revisión de la literatura sobre gestión de cuidados pueden extraerse algunas lecciones importantes. La gestión de cuidados, desempeñada por enfermeras en estrecho contacto con los médicos y con el apoyo de equipos multidisciplinarios, puede mejorar la calidad de vida y otros resultados clínicos en pacientes complejos en atención primaria y en la transición hospital-domicilio. Adicionalmente, la gestión de cuidados en la transición del hospital al domicilio, y posiblemente también en atención primaria, podría reducir las hospitalizaciones y los costes sanitarios de los pacientes complejos.
Algunos programas de gestión de cuidados son más efectivos que otros. La gestión de cuidados debe ser destinada de manera exclusiva a pacientes con necesidades asistenciales complejas cuyos problemas puedan ser aliviados mediante una intervención médico-psicosocial. Los equipos multidisciplinares que implican tanto a médicos como a enfermeras con formación especializada aumentan las probabilidades de éxito de la gestión de cuidados. Por el contrario, la gestión de cuidados prestada al margen de los servicios de atención primaria, sea por empresas de gestión de enfermedades o mediante la utilización exclusiva de llamadas telefónicas, no resulta por lo general efectiva. Finalmente, la adopción del paradigma del coaching para formar en habilidades de autocuidados a los pacientes y familias parece mejorar el valor de la gestión de cuidados."
Finalmente, incluye una serie de recomendaciones para los responsables de diseñar políticas y programas de gestión de cuidados. Más o menos adaptadas a situaciones e instituciones (y lenguaje) de nuestro entorno son éstas:
- Una reforma en los sistemas de financiación a los hospitales y centros de atención primaria que introdujera incentivos para que éstos implementen programas de gestión de cuidados, podría mejorar su viabilidad.
- Si no fueran factibles reformas de esta gran escala, se deberían considerar unos sistemas retributivos diferenciados para los gestores de cuidados, dado que muchos de estos servicios, prestados básicamente por las enfermeras gestoras de cuidados, no son por lo general retribuidos.
- Los programas de gestión de cuidados más efectivos para pacientes con necesidades sanitarias complejas son las enfocadas a la transición del hospital al domicilio.
- Deben establecerse incentivos para que los hospitales reduzcan sustancialmente sus tasas de readmisiones.
- La gestión de cuidados exige personal con capacidades específicas que por lo general no son enseñadas en las instituciones educativas. Sería importante que los gestores de cuidados recibieran formación específica dentro de programas docentes acreditados.
- La gestión de cuidados realizada como un programa independiente de gestión de enfermedades, al margen de los centros de atención primaria, no se ha demostrado efectiva.
- Mancomunar centros de atención primaria de pequeño y mediano tamaño puede ser una manera efectiva para que puedan mantener programas de gestión de cuidados.
- El establecimiento de consultas o centros para pacientes con necesidades sanitarias complejas considerados de alto riesgo tiene potencial para mejorar la asistencia y reducir los costes asociados a esos pacientes.
- Los sistemas de provisión sanitaria integrados disponen de mayores recursos y capacidades para desarrollar programas de gestión de cuidados.
Como puede verse, la aplicación de modelos integrados y multiprofesionales de gestión de cuidados para enfrentar con ciertas garantías el acuciante problema de la multicronicidad compleja requiere iniciativa a lo largo y ancho del sistema de salud y a todos sus niveles: macro (políticas de salud), meso (modelos organizativos) y micro (gestión clínica). ¿Podría estimularse de abajo arriba, desde la comunidad profesional, lo que de arriba abajo puede tardar decenios? Me temo que no si las dos profesiones sanitarias más importantes, médicos y enfermeras, no son capaces de entablar un diálogo constructivo para tratar de elaborar una estrategia win-win en la que todos ganen. Y este diálogo, que nunca van a entender ni asumir los cutre-liderazgos corporativos, que están a otras cosas, debería comenzar a entablarse en dos ámbitos importantes: el científico-profesional y el 2.0.
Sólo un diálogo constructivo e intelectualmente exigente entre médicos y enfermeras, poniendo sobre la mesa los problemas comunes y los aspectos relacionales conflictivos y proponiendo reformas basadas en evidencias mediante posiciones políticas (de política sanitaria) comunes, permitirá desbloquear los problemas de la atención primaria, que sólo pueden continuar creciendo.
Ahora bien, si antes de estar en condiciones de empezar este diálogo con los médicos la enfermería progresista tiene aún que aclararse sobre quién es y redactar un (¿otro?) documento de posiciones... todo mi respeto, pero por lo menos que sea deprisa, se está acabando el tiempo y los del lado oscuro de la fuerza se descojonan y dicen: 'debaten, luego cabalgamos (y no seguimos forrando)'. ¿No sería mejor coger el Manifiesto del Foro de la Profesión Enfermera (asociación legalmente constituida con el objetivo de ser el germen de algo compartido, sin protagonismos ni liderazgos impuestos) que ya supuso un largo esfuerzo participativo en esta misma vía y al que se han adherido, creo, cientos de enfermeras, y retocar lo que hubiera que retocar?
Es fundamental, creo humildemente, huir del 'enfermeras que hablan para enfermeras de cómo son las enfermeras' y hacer un manifiesto de 'enfermeras que hablan para la gente y los gobernantes sobre cómo son -y, sobre todo, cómo podrían llegar a ser- las enfermeras'.
martes, 8 de mayo de 2012
¿Saben lo que dicen? ¡Ojalá!
Siguiendo los pasos del País Vasco, la Comunidad de Madrid "se plantea adaptar la asistencia a crónicos", según afirmó ayer la Viceconsejera de Salud, la cual afirma que se plantean "crear el documento Estrategia de Atención al Paciente Crónico. Para ello se ha formado un consejo rector basado en los modelos de Kaiser Permanente y la King's Fund".
La verdad es que The King's Fund [TKF] no tiene ningún modelo de asistencia a crónicos; es posible que la viceconsejera se refiera al proyecto en curso Co-ordinated care for people with complex chronic conditions, que no entregará sus primeros resultados hasta 2013 (¿se refiere a adoptar la metodología de desarrollo que está aplicando TKF?). Cierto es que TKF se ha interesado mucho por el problema de la atención a pacientes crónicos, como por ejemplo en esta publicación de Jocelyne Cornwell.
Sí que se está desarrollando en el seno del Ministerio de Sanidad [Department of Health] británico un modelo de atención sanitaria y social de apoyo a las personas con condiciones crónicas, pero se trata más bien de generar herramientas de apoyo para desarrollos locales dentro de los servicios sanitarios y sociales públicos en los mismos tres niveles del modelo de Kaiser Permanente [KP, que más adelante veremos]: el primero, de apoyo a pacientes y familiares capaces de proporcionarse cuidados ellos mismos, mediante formación para los autocuidados; el segundo, de apoyo a los equipos asistenciales, mediante guías y modelos de evaluación, para una asistencia integral a pacientes con necesidades agravadas y alto riesgo de pasar al tercer nivel; y este tercero, para los pacientes con necesidades complejas y alto riesgo de utilización no programada de los servicios terciarios, apoyado en la gestión de casos mediante una figura enfermera específica, la supervisora comunitaria [community matron].
En realidad, el modelo británico se está desarrollando como un híbrido entre el modelo de KP y el modelo, también de origen estadounidense, Evercare (cuya descripción detallada y en español podéis ver en este manual del usuario). De hecho, están diseminándose por Inglaterra un buen número de experiencias basadas en este modelo. En el Reino Unido aún no existen evaluaciones de las experiencias, pero en la validación de la Universidad de Minnesota para los Centers for Medicare & Medicaid Services aparecen resultados mucho más alentadores en el campo de la calidad y efectividad de los servicios que en el de los costes, donde no parece existir ventaja competitiva de Evercare (al menos, según los investigadores, con el actual método de pago a los centros).
En cuanto al modelo de Kaiser Permanente (la principal empresa de aseguramiento y provisión de servicios sanitarios de Estados Unidos) ya hemos visto el lazo existente con el Reino Unido, donde el National Health Service está desarrollando experiencias basadas (entre otros) en este modelo. Una descripción en español del modelo KP la proporciona un artículo de Roberto Nuño publicado en RAS en 2007.
Por lo que respecta a la descripción del modelo de asistencia a pacientes crónicos de KP, (guided care, que ya describí brevemente en esta entrada del blog) es importante notar que descansa esencialmente sobre las enfermeras gestoras de casos, verdadera piedra angular del modelo. En esta publicación de TKF hay un magnífico análisis de la gestión de casos. Y naturalmente os enlazo -faltaría más- al correspondiente mopongo de nuestro querido amigo Juan Gérvas que concluye que lo que en realidad hace falta es "una reforma procoordinación de la atención primaria, que traslade poder, responsabilidad y autonomía al médico de cabecera, de forma que pueda coordinar los servicios clínicos y sociales que precisan los pacientes": ¡qué sabran estos piraos de KP y de TKF!
Si es cierto que desde la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid se está mirando al modelo de KP como guía para desarrollar una estrategia de atención a los pacientes crónicos, resulta sin duda una excelente noticia para las enfermeras españolas, para quienes se abrirían importantes vías de desarrollo en un campo que ya se está desarrollando con éxito en muchas otras partes del planeta. Pero es evidente que ello implicaría un cambio cultural de primera magnitud y un claro desafío al actual status quo profesional. Precisamente por esto, es lógico preguntarse: ¿saben lo que dicen? Ojalá.
La verdad es que The King's Fund [TKF] no tiene ningún modelo de asistencia a crónicos; es posible que la viceconsejera se refiera al proyecto en curso Co-ordinated care for people with complex chronic conditions, que no entregará sus primeros resultados hasta 2013 (¿se refiere a adoptar la metodología de desarrollo que está aplicando TKF?). Cierto es que TKF se ha interesado mucho por el problema de la atención a pacientes crónicos, como por ejemplo en esta publicación de Jocelyne Cornwell.
Sí que se está desarrollando en el seno del Ministerio de Sanidad [Department of Health] británico un modelo de atención sanitaria y social de apoyo a las personas con condiciones crónicas, pero se trata más bien de generar herramientas de apoyo para desarrollos locales dentro de los servicios sanitarios y sociales públicos en los mismos tres niveles del modelo de Kaiser Permanente [KP, que más adelante veremos]: el primero, de apoyo a pacientes y familiares capaces de proporcionarse cuidados ellos mismos, mediante formación para los autocuidados; el segundo, de apoyo a los equipos asistenciales, mediante guías y modelos de evaluación, para una asistencia integral a pacientes con necesidades agravadas y alto riesgo de pasar al tercer nivel; y este tercero, para los pacientes con necesidades complejas y alto riesgo de utilización no programada de los servicios terciarios, apoyado en la gestión de casos mediante una figura enfermera específica, la supervisora comunitaria [community matron].
En realidad, el modelo británico se está desarrollando como un híbrido entre el modelo de KP y el modelo, también de origen estadounidense, Evercare (cuya descripción detallada y en español podéis ver en este manual del usuario). De hecho, están diseminándose por Inglaterra un buen número de experiencias basadas en este modelo. En el Reino Unido aún no existen evaluaciones de las experiencias, pero en la validación de la Universidad de Minnesota para los Centers for Medicare & Medicaid Services aparecen resultados mucho más alentadores en el campo de la calidad y efectividad de los servicios que en el de los costes, donde no parece existir ventaja competitiva de Evercare (al menos, según los investigadores, con el actual método de pago a los centros).
En cuanto al modelo de Kaiser Permanente (la principal empresa de aseguramiento y provisión de servicios sanitarios de Estados Unidos) ya hemos visto el lazo existente con el Reino Unido, donde el National Health Service está desarrollando experiencias basadas (entre otros) en este modelo. Una descripción en español del modelo KP la proporciona un artículo de Roberto Nuño publicado en RAS en 2007.
Por lo que respecta a la descripción del modelo de asistencia a pacientes crónicos de KP, (guided care, que ya describí brevemente en esta entrada del blog) es importante notar que descansa esencialmente sobre las enfermeras gestoras de casos, verdadera piedra angular del modelo. En esta publicación de TKF hay un magnífico análisis de la gestión de casos. Y naturalmente os enlazo -faltaría más- al correspondiente mopongo de nuestro querido amigo Juan Gérvas que concluye que lo que en realidad hace falta es "una reforma procoordinación de la atención primaria, que traslade poder, responsabilidad y autonomía al médico de cabecera, de forma que pueda coordinar los servicios clínicos y sociales que precisan los pacientes": ¡qué sabran estos piraos de KP y de TKF!
Si es cierto que desde la Consejería de Salud de la Comunidad de Madrid se está mirando al modelo de KP como guía para desarrollar una estrategia de atención a los pacientes crónicos, resulta sin duda una excelente noticia para las enfermeras españolas, para quienes se abrirían importantes vías de desarrollo en un campo que ya se está desarrollando con éxito en muchas otras partes del planeta. Pero es evidente que ello implicaría un cambio cultural de primera magnitud y un claro desafío al actual status quo profesional. Precisamente por esto, es lógico preguntarse: ¿saben lo que dicen? Ojalá.
jueves, 26 de abril de 2012
Sabiduría
Leía ayer en la edición española de la revista Medical Economics el resumen de una mesa redonda titulada 'Hacia un nuevo modelo de retribución'. Lo leo en la edición impresa y veo que aún no ha sido enlazado en la web del editor de la revista, así que no puedo remitiros al resumen completo de momento. Dentro del debate, me llaman la atención las intervenciones de Francesc Moreu Orobitg.
Recuerdo a este señor de cuando yo empecé, allá por el año 1983, en mi primer empleo como como técnico de gestión en el extinto Instituto Nacional de la Salud (Insalud). Él era entonces -si no recuerdo mal- Gerente, un cargo técnico que creó el primer ministro de sanidad socialista, Ernest Lluch, para tratar de separar la política y la gestión (desde luego, no salió bien). Lo 'gracioso' -entonces- era que Moreu no era médico, ni siquiera uno de los denostados (y escasos) economistas que empezaban a aparecer por el sistema, tratando de mangonear a los médicos: era... ¡ingeniero industrial!
Decía Moreu en la mesa redonda:
Concluye Moreu:
Recuerdo a este señor de cuando yo empecé, allá por el año 1983, en mi primer empleo como como técnico de gestión en el extinto Instituto Nacional de la Salud (Insalud). Él era entonces -si no recuerdo mal- Gerente, un cargo técnico que creó el primer ministro de sanidad socialista, Ernest Lluch, para tratar de separar la política y la gestión (desde luego, no salió bien). Lo 'gracioso' -entonces- era que Moreu no era médico, ni siquiera uno de los denostados (y escasos) economistas que empezaban a aparecer por el sistema, tratando de mangonear a los médicos: era... ¡ingeniero industrial!
Decía Moreu en la mesa redonda:
Hay que pasar a un sistema retributivo parecido al que tienen las empresas privadas y solventar todos los problemas que hay hoy en el sector público. Lo de productividad me suena fatal, porque no es un complemento de productividad, es un complemento de cumplimientos significativos, es decir, hay algo más que la productividad. En segundo lugar, hemos confundido total y absolutamente la carrera profesional con los incentivos. Mezclamos peras con manzanas y por tanto, para mí, si yo fuera la Sra. Mato, mañana anulaba toda la carrera profesional, lo colocaba todo en salario fijo. El salario que debe cobrar un médico es la suma de varias cosas. ¿Qué tal médico eres? Carrera profesional. Y eso, medido por los pares, los gestores aquí no tienen nada que decir porque no tienen capacidad de evaluar el nivel de excelencia de un profesional. Y tercero, cómo pones tu excelencia profesional al servicio de la empresa, y ahí están los incentivos, ahí está la pasta. En la carrera profesional, pasta poca: honor y gloria. Un incentivo funciona en la medida en que hay una relación directa entre el esfuerzo que hago y la compensación a ese esfuerzo.El debate sobre los incentivos económicos en la sanidad es eterno y avanza poco (hoy mismo hay un editorial en el NEJM sobre el tema, en este caso sobre incentivos en los pagos a hospitales por parte de Medicare para mejorar la calidad). Yo creo que es sobre todo por dos motivos: el primero, que se parte de algunos supuestos más que dudosos y muy simplones que tienen que ver con la relación de los profesionales con los estímulos, entre ellos el dinero, una relación mucho más compleja, menos naif de lo que presuponen los cofrades de la orden del palo y la zanahoria. Y el segundo, que muchos directores de recursos humanos tratan de conseguir con dinero lo que son incapaces de conseguir con sistemas de organización avanzados, liderazgo basado en valores y conocimientos y una concepción de la gestión de recursos humanos como gestión de personas y no de herramientas; en realidad, no creen en las personas, piensan que todo el mundo tiene un precio, probablemente porque es su caso sin duda es así.
Concluye Moreu:
En el sector salud, como en cualquier empresa, el 95 por ciento de la gente es buena y cada día pone su esfuerzo al servicio de la causa. La prestación del profesional en general es correcta, pero el resultado de esta prestación no siempre es el que debería ser por razones diversas. Una, ya se ha dicho, las cargas butocráticas. Segunda, la organización es muy mala (...) Los médicos se mueven por tres grandes cosas, dicen los que entienden. Primero, por el dolor, esta historieta de que por la noche me voy a casa contento con mi propia piel. Segundo, el reconocimiento, y una parte de este es el dinero evidentemente, pero otra cosa es que a quien administra el reconocimiento yo lo reconozca como líder. Hay muchos jefes de servicio que cuando han de ejercitar este reconocimiento no pueden hacerlo, porque lo que les falta es ejemplaridad. Y un tercer elemento es el tema de la reascendencia social.Lo dicho en el título, sabiduría (que no es lo mismo que inteligencia ni tener un forrón de másteres): cuando en tu unidad o centro el 95% de la gente no se esfuerza en hacer las cosas bien, tu organización tiene un problema contigo, no con ellos.
martes, 7 de febrero de 2012
No siempre se trata de ahorrar costes
Muchas enfermeras a las que leo o con quienes converso tienden a quejarse de que, cuando desde los servicios de salud se habla de traspasar a las enfermeras funciones que hasta entonces eran médicas, en realidad de lo que se trata es de encontrar mano de obra más barata: una enfermera cobra mucho menos que un médico, así que más trabajo enfermero = menos costes directos.
En mi monografía que da título a este blog pongo en tela de juicio esta percepción, entre otras cosas porque, si bien está más que demostrado que cuando se produce este tipo de trasvases, por lo general la calidad no disminuye (o mejora) y la satisfacción de los pacientes aumenta, no necesariamente disminuyen los costes. Un ejemplo claro son las consultas de enfermería; mientras que un médico de un centro de salud atiende normalmente a más de 50 pacientes por jornada de consulta, una enfermera suele atender menos de la mitad, con lo cual el coste de una consulta de enfermería (que antes realizaba un médico porque estas simplemente no existían) puede llegar a ser un 30% superior al de una consulta médica. Otra cosa son los resultados en salud y los costes futuros que un buen seguimiento de pacientes crónicos pluripatológicos en las consultas de enfermería permite ahorrar, pero no nos referimos ahora a estas consideraciones.
Demos otra vuelta de tuerca a esta curiosa relación entre costes y calidad: según leo en un diario digital, un hospital de Filadelfia, el Hospital Universitario Hahnemann, está inmerso en pleno proceso para sustituir a todas las auxiliares de enfermería por enfermeras tituladas, un recurso mucho más costoso, ya que una enfermera gana entre 35 y 50 dólares por hora y una auxiliar, 25. Hay que tener en cuenta algo muy importante, que se trata de un hospital privado cuyos presupuestos de funcionamiento (y beneficios empresariales) provienen básicamente de su facturación a las aseguradoras que le remiten pacientes. Podría pensarse, en principio, que al dotarse de una estructura de costes enfermeros directos sensiblemente más gravosa, deberían incrementarse las tarifas facturadas a las aseguradoras. Pero no puede ser así: si lo hicieran, dejarían de recibir pacientes enviados por aquéllas, que buscarían opciones más económicas.
La apuesta, en realidad, es mejorar la facturación mediante un incremento significativo en el número de pacientes admitidos, compitiendo no en materia de costes, sino de calidad asistencial y satisfacción de los clientes. El objetivo es que, a igualdad de tarifas, las aseguradoras, espoleadas por unos asegurados más satisfechos, prefieran enviar pacientes al Hospital Universitario Hanneman en vez de a los otros. Es una apuesta puramente empresarial que puede salir bien o mal, algo que comprobaremos, en todo caso, dentro de algunos años.
Otro aspecto interesante tiene que ver con las enfermeras que si bien, por un lado, van a pasar de llevar cinco o seis pacientes (con la ayuda de las auxiliares, que llevan 10 cada una) a llevar sólo tres o cuatro, van a tener, por otro lado, que asumir las tareas, digamos más domésticas, que hasta ahora realiza el personal auxiliar. ¿Van a aceptarlo así como así? Según el testimonio de alguna enfermera que ha participado en el pilotaje, sin problemas: todo lo que hacen son cuidados enfermeros y a veces estas tareas más domésticas te permiten detectar complicaciones antes de que eclosionen.
Otro problema va a ser el de atraer suficientes enfermeras tituladas en un país donde existe un déficit crónico de profesionales. Un factor que juega a favor es que el hospital posee la acreditación como 'hospital imán' [magnet hospital], concedida por el American Nurses Credentialing Center, fundado por las principales asociaciones de enfermería del país, a aquellos centros de excelencia en cuanto a la atracción y fidelización de las enfermeras tituladas, básicamente a través de una mejores condiciones de trabajo y un mayor respeto por la autonomía profesional de las enfermeras.
Yo no sé si funcionará bien o no, ni desde el punto de vista comercial, ni de los resultados asistenciales, ni de la satisfacción de los pacientes. Quizás porque tengo en alto valor la rentabilidad del trabajo asistencial del personal auxiliar de enfermería. Pero lo que sí me ha gustado es una idea, probablemente no muy novedosa (perdón por mi ignorancia en aspectos organizativos tan concretos), pero sí muy interesante: el handoff al que me refería hace apenas unos días, es decir, la información sobre los pacientes que se transmiten las enfermeras en el cambio de turno, en lugar de realizarse en el confortable y opaco control de enfermería se realizará a los pies de la cama de cada uno de ellos, de manera que: a) el paciente se sienta bien informado; b) las enfermeras estén seguras de que el paciente se siente bien informado; y c) que el paciente pueda confirmar, aclarar o incluso negar la información que pasa de enfermera a enfermera, empezando a funcionar como agente activo en la prevención de errores asistenciales. Pero para ello, evidentemente, hacen falta más plantillas de personal titulado.
Lo que, en cualquier caso, sí es cierto es que en estos momentos la variable 'calidad' ha pasado a ser una variable dependiente en la ecuación para cuadrar la 'sostenibilidad' del sistema; ya no hay políticas activas de calidad que no sean de tipo micro (lo que los profesionales podáis hacer en vuestro día a día, pero sin apoyo de la organización). Y aun en el caso de que se demostrara que a corto y medio plazo este tipo de medidas, a priori más costosas, producen ahorros reales por reducción de los efectos adversos (rehospitalización, enfermedades nosocomiales y yatrogenia, frecuentación de las urgencias, errores clínicos, incluso costes de las demandas judiciales), da igual: también las variables 'medio' y 'largo plazo' han pasado a ser variables dependientes.
PS.- Para poder leer ideas interesantes sobre la dicotomía calidad-costes, recomiendo -aunque no esté plenamente de acuerdo con sus contenidos- leer el reciente e interesante artículo de mi admirado amigo José Ramón Repullo, titulado "Preservar la calidad asistencial del SNS en tiempos de crisis".
En mi monografía que da título a este blog pongo en tela de juicio esta percepción, entre otras cosas porque, si bien está más que demostrado que cuando se produce este tipo de trasvases, por lo general la calidad no disminuye (o mejora) y la satisfacción de los pacientes aumenta, no necesariamente disminuyen los costes. Un ejemplo claro son las consultas de enfermería; mientras que un médico de un centro de salud atiende normalmente a más de 50 pacientes por jornada de consulta, una enfermera suele atender menos de la mitad, con lo cual el coste de una consulta de enfermería (que antes realizaba un médico porque estas simplemente no existían) puede llegar a ser un 30% superior al de una consulta médica. Otra cosa son los resultados en salud y los costes futuros que un buen seguimiento de pacientes crónicos pluripatológicos en las consultas de enfermería permite ahorrar, pero no nos referimos ahora a estas consideraciones.
Demos otra vuelta de tuerca a esta curiosa relación entre costes y calidad: según leo en un diario digital, un hospital de Filadelfia, el Hospital Universitario Hahnemann, está inmerso en pleno proceso para sustituir a todas las auxiliares de enfermería por enfermeras tituladas, un recurso mucho más costoso, ya que una enfermera gana entre 35 y 50 dólares por hora y una auxiliar, 25. Hay que tener en cuenta algo muy importante, que se trata de un hospital privado cuyos presupuestos de funcionamiento (y beneficios empresariales) provienen básicamente de su facturación a las aseguradoras que le remiten pacientes. Podría pensarse, en principio, que al dotarse de una estructura de costes enfermeros directos sensiblemente más gravosa, deberían incrementarse las tarifas facturadas a las aseguradoras. Pero no puede ser así: si lo hicieran, dejarían de recibir pacientes enviados por aquéllas, que buscarían opciones más económicas.
La apuesta, en realidad, es mejorar la facturación mediante un incremento significativo en el número de pacientes admitidos, compitiendo no en materia de costes, sino de calidad asistencial y satisfacción de los clientes. El objetivo es que, a igualdad de tarifas, las aseguradoras, espoleadas por unos asegurados más satisfechos, prefieran enviar pacientes al Hospital Universitario Hanneman en vez de a los otros. Es una apuesta puramente empresarial que puede salir bien o mal, algo que comprobaremos, en todo caso, dentro de algunos años.
Otro aspecto interesante tiene que ver con las enfermeras que si bien, por un lado, van a pasar de llevar cinco o seis pacientes (con la ayuda de las auxiliares, que llevan 10 cada una) a llevar sólo tres o cuatro, van a tener, por otro lado, que asumir las tareas, digamos más domésticas, que hasta ahora realiza el personal auxiliar. ¿Van a aceptarlo así como así? Según el testimonio de alguna enfermera que ha participado en el pilotaje, sin problemas: todo lo que hacen son cuidados enfermeros y a veces estas tareas más domésticas te permiten detectar complicaciones antes de que eclosionen.
Otro problema va a ser el de atraer suficientes enfermeras tituladas en un país donde existe un déficit crónico de profesionales. Un factor que juega a favor es que el hospital posee la acreditación como 'hospital imán' [magnet hospital], concedida por el American Nurses Credentialing Center, fundado por las principales asociaciones de enfermería del país, a aquellos centros de excelencia en cuanto a la atracción y fidelización de las enfermeras tituladas, básicamente a través de una mejores condiciones de trabajo y un mayor respeto por la autonomía profesional de las enfermeras.
Yo no sé si funcionará bien o no, ni desde el punto de vista comercial, ni de los resultados asistenciales, ni de la satisfacción de los pacientes. Quizás porque tengo en alto valor la rentabilidad del trabajo asistencial del personal auxiliar de enfermería. Pero lo que sí me ha gustado es una idea, probablemente no muy novedosa (perdón por mi ignorancia en aspectos organizativos tan concretos), pero sí muy interesante: el handoff al que me refería hace apenas unos días, es decir, la información sobre los pacientes que se transmiten las enfermeras en el cambio de turno, en lugar de realizarse en el confortable y opaco control de enfermería se realizará a los pies de la cama de cada uno de ellos, de manera que: a) el paciente se sienta bien informado; b) las enfermeras estén seguras de que el paciente se siente bien informado; y c) que el paciente pueda confirmar, aclarar o incluso negar la información que pasa de enfermera a enfermera, empezando a funcionar como agente activo en la prevención de errores asistenciales. Pero para ello, evidentemente, hacen falta más plantillas de personal titulado.
Lo que, en cualquier caso, sí es cierto es que en estos momentos la variable 'calidad' ha pasado a ser una variable dependiente en la ecuación para cuadrar la 'sostenibilidad' del sistema; ya no hay políticas activas de calidad que no sean de tipo micro (lo que los profesionales podáis hacer en vuestro día a día, pero sin apoyo de la organización). Y aun en el caso de que se demostrara que a corto y medio plazo este tipo de medidas, a priori más costosas, producen ahorros reales por reducción de los efectos adversos (rehospitalización, enfermedades nosocomiales y yatrogenia, frecuentación de las urgencias, errores clínicos, incluso costes de las demandas judiciales), da igual: también las variables 'medio' y 'largo plazo' han pasado a ser variables dependientes.
PS.- Para poder leer ideas interesantes sobre la dicotomía calidad-costes, recomiendo -aunque no esté plenamente de acuerdo con sus contenidos- leer el reciente e interesante artículo de mi admirado amigo José Ramón Repullo, titulado "Preservar la calidad asistencial del SNS en tiempos de crisis".
jueves, 2 de febrero de 2012
David Cameron sí se preocupa por los cuidados de enfermería
Hace unos 10 meses, en la entrada del 1 de abril de 2011 titulada 'la sala de enfermería productiva', hice referencia a unos documentos del NHS inglés editados bajo el lema 'liberando tiempo para cuidar', en los que se introducía una serie de proyectos destinados a validar innovaciones que hicieran de las salas de enfermería hospitalarias lugares más eficientes y productivos. En aquella entrada tenéis los enlaces oportunos.
Hace casi un mes (y de verdad que no he tenido tiempo para comentarlo antes), una nota de prensa del Departament of Health británico recogía las siguientes palabras, nada menos que del primer ministro, David Cameron:
Unos días más tarde, Jocelyn Cornwell, en su blog en King's Fund celebraba la iniciativa, sugería que debería ser evaluada cuidadosamente, pero recordaba que la experiencia norteamericana al respecto había demostrado que las rondas horarias mejoraban la satisfacción y seguridad de los pacientes (disminuían las caídas camino del baño, por ejemplo, así como las úlceras por presión) y que también aumentaban la satisfacción laboral de las enfermeras, liberándolas de la tiranía de la 'luz roja' en las puertas de las habitaciones y optimizando su tiempo de trabajo.
Ya existen algunos centros británicos que están implementando la medida, tanto públicos, como privados, por ejemplo el hospital de BUPA (la matriz británica de la compañía española Sanitas) en Cromwell.
También es cierto que parecen existir ciertas evidencias de que se trata de una actividad difícil de mantener en el tiempo y que, por tanto, requiere un adecuado tratamiento por parte de las estructuras directivas de enfermería de los centros.
Yo no sé si este tipo de iniciativas podrían ser útiles aquí o, incluso, si se trata de una actividad ya implementada en algún hospital español. Quienes seguro que sí lo sabéis quienes trabajáis a pie de cama en nuestros hospitales. Y me gustaría conocer esas opiniones.
Hace casi un mes (y de verdad que no he tenido tiempo para comentarlo antes), una nota de prensa del Departament of Health británico recogía las siguientes palabras, nada menos que del primer ministro, David Cameron:
“We know the vast majority of patients are very happy with the care provided by the NHS. But we have heard recently that in some hospitals patients are not provided with the level care or respect they deserve and I am absolutely appalled by this. If we want dignity and respect, we need to focus on nurses and the care they deliver. The whole approach to caring in this country needs to be reset. And it needs to start with this simple fact. Caring for patients is what nurses do. Everything else comes second.”
["Sabemos que la inmensa mayoría de los pacientes están muy contentos con los cuidados prestados por el NHS. Pero hemos oído recientemente que en algunos hospitales los pacientes no son atendidos con el nivel de cuidados o respeto que se merecen y estoy absolutamente horrorizado por ello. Si queremos dignidad y respeto, necesitamos centrarnos en las enfermeras y en los cuidados que prestan. Los planteamientos sobre los cuidados en este país tienen que ser reseteados por completo. Y debe empezar con este simple hecho. Cuidar a los pacientes es lo que las enfermeras hacen. Todo lo demás queda en segundo plano."]Aunque ya sin entrecomillado, la nota de prensa añade que "en lugar de papeleo no esencial y otras actividades innecesarias, las enfermeras podrán realizar rondas periódicas que aseguren que cada hora podrán comprobar que cada paciente está cómodo". Lógicamente, se trata de una propuesta entre muchas otras, pero hoy me quiero centrar en esta.
Unos días más tarde, Jocelyn Cornwell, en su blog en King's Fund celebraba la iniciativa, sugería que debería ser evaluada cuidadosamente, pero recordaba que la experiencia norteamericana al respecto había demostrado que las rondas horarias mejoraban la satisfacción y seguridad de los pacientes (disminuían las caídas camino del baño, por ejemplo, así como las úlceras por presión) y que también aumentaban la satisfacción laboral de las enfermeras, liberándolas de la tiranía de la 'luz roja' en las puertas de las habitaciones y optimizando su tiempo de trabajo.
Ya existen algunos centros británicos que están implementando la medida, tanto públicos, como privados, por ejemplo el hospital de BUPA (la matriz británica de la compañía española Sanitas) en Cromwell.
También es cierto que parecen existir ciertas evidencias de que se trata de una actividad difícil de mantener en el tiempo y que, por tanto, requiere un adecuado tratamiento por parte de las estructuras directivas de enfermería de los centros.
Yo no sé si este tipo de iniciativas podrían ser útiles aquí o, incluso, si se trata de una actividad ya implementada en algún hospital español. Quienes seguro que sí lo sabéis quienes trabajáis a pie de cama en nuestros hospitales. Y me gustaría conocer esas opiniones.
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cuidados enfermeros,
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