Como es más que sabido, dada la conmoción blogosferil de ayer, ha tomado definitivamente cuerpo una iniciativa de los amigos -enfermeros- de
cuidando.es que ha conseguido aglutinar a decenas de personas y recibir el apoyo de 61 blogs/webs del sector (hasta el momento de redactar esta entrada): 18 de enfermería, 15 de médicos, 9 de gestores/consultores, 6 de terapeutas, 4 de periodistas y 2 de psicólogos, más otras 5 interdisciplinares y 2 que llamaremos 'miscelánea'. Se trata de
mírame, diferénciate y viene definida así por sus promotores:
"A finales de agosto de 2011, un grupo de profesionales se unió para trabajar por un objetivo común, convencidos de que la calidad asistencial puede mejorar con pequeños gestos, como mirar a los ojos de las personas que atendemos. Una idea que surge a través de las redes sociales con el fin de traspasar la pantalla y provocar un gesto".
Desde el más absoluto respeto a una iniciativa tan exitosa, querría hacer algunos comentarios que probablemente chocarán, porque van contracorriente dado el entusiasmo desbordado que se ha generado:
Lo que tengo que decir,
en primer lugar, es que el trabajo acometido ha sido exigente, bien planificado y ejecutado, ha sido capaz de generar comunidad
entre personas con perfiles profesionales muy diferentes, entre ellos buena parte del
sanedrín de la blogosfera sanitaria, e incluso que ha existido un diseño elegante y cuidado. También, que ha despertado un notable entusiasmo, incluso gente crítica o desconfiada durante el largo proceso -que también los ha habido- han aflojado en su criticismo y se han adherido, lo cual significa que el producto ha tenido también la virtud de saber vencer algunas desconfianzas iniciales. Es, por tanto,
admirable en su diseño y ejecución.
Dicho esto y siempre desde el más absoluto respeto personal y profesional, lo que tengo que decir
en segundo lugar es que no sé muy bien si se trata de un
esfuerzo personal e intelectual que hubiera merecido mejor causa. No entiendo muy bien el origen o motivo de la iniciativa concreta, centrada en lo que podríamos llamar una corriente de 'humanización' de la asistencia, si es porque ha existido algún tipo de demanda social o sanitaria o señales de alarma, si es que, a partir de la propia experiencia personal-asistencial de los generadores del debate, se ha podido percibir una degradación de la relación profesional-paciente.
Lo digo porque en los muy numerosos documentos, publicaciones y
papers de todo pelaje que analizan en estos tiempos de profunda crisis el estado de la sanidad española no es fácil encontrar, dentro de los variopintos diagnósticos de situación, problemas significativos de este tipo al lado de los financieros, organizativos, de cobertura sanitaria, políticos, de seguridad para los pacientes, de intensidad asistencial y prescriptora, amenazas privatizadoras, etc. Los pacientes se muestran razonablemente satisfechos con los profesionales que les atienden y las profesiones sanitarias gozan de un gran prestigio social. De ahí mi desconcierto: ¿por qué toca este tema concreto, ahora?
Lo que querría señalar
en tercer lugar es que el documento de base del Grupo de Evidencia Científica,
Humanizar, que no es poco, es técnicamente meritorio, con un proceso de elaboración importante, no habitual en este tipo de iniciativas, y se nota que ha existido un trabajo riguroso en su elaboración. Pero, también, que personalmente me parece que
parte de un enfoque unidimensional y por ello difícilmente podría captar y analizar una realidad compleja, poliédrica, a partir de un análisis tan plano. Diríase que tenía las respuestas antes que las preguntas y que, más que de un análisis, se trata de un argumentario.
Y como este blog es sobre la profesión enfermera, quiero decir
en cuarto lugar, que me parece que le
hace un flaco favor a las enfermeras y la enfermería, algo que choca tratándose de una iniciativa enfermera. Si en el imaginario social, la medicina es vista como
Ciencia sin Humanidad (mientras que la enfermería se percibe como
Humanidad sin Ciencia) cualquier esfuerzo encaminado a aportar más 'humanismo' a la medicina, para poder ser apreciada como
Ciencia con Humanidad, es absolutamente loable, especialmente por las difíciles condiciones en que tantos médicos -especialmente en la atención primaria- desarrollan su trabajo asistencial, entre presiones, prisas, masificación, politización y burocracias.
Sin embargo, si con respecto a la enfermería (
Humanidad sin Ciencia) el objetivo fundamental es reforzar aún más el componente 'humanitario', frente al 'científico', eso significa volver al discurso enfermero de los años setenta y ochenta -aunque despojado ahora del fuerte componente feminista, producto genuino de la época- de las
madres fundadoras, hace ya 30 ó 35 años. Eso no es mirar al futuro, no es desarrollar una visión estratégica sobre la profesión.
Uno de los factores por los que el largo camino recorrido por la enfermería de ocupación a profesión permanece aún inconcluso es, en mi opinión y en la de algunas otras reflexiones, el excesivo peso ideológico y conceptual de los aspectos humanistas en el discurso enfermero, en claro menoscabo de los componentes científico-técnicos. A la gente le encantan las enfermeras, las ve como ángeles, tienen una excelente opinión de la enfermería... pero como una ocupación subalterna, altruista y abnegada, capaz de asumir con dulzura o resignación las tareas más desagradables y duras en las salas de hospitalización o los centros sociosanitarios.
Y
ello lleva, indefectiblemente, a la melancolía. Seleccionado de tres tesis doctorales de enfermeras:
¿Por qué no consiguen las enfermeras/os el reconocimiento social de su aportación
única y específica a la población, a pesar del avance en el proceso de profesionalización? (Ramió Jofre, 2005:7).
¿Cómo es posible que una actividad tan fundamental para el bienestar de las personas
se haya situado históricamente, incluso en la actualidad, en la sombra de la
escena sanitaria, social y política? (Miró Bonet, 2008:69).
¿Qué es lo que hace que el colectivo de enfermería no perciba su profesión al
mismo nivel que otras académicamente similares y que se vea permanentemente
imbuida en una invisibilidad consentida por él mismo, por otros profesionales de
la salud, por las instituciones y por la propia sociedad a la que sirve? (BertránNoguer, 2005:90).
Los valores que encarna una enfermería moderna deberían aspirar a convertirse y ser apreciados como las señas de identidad esenciales de los modernos servicios de salud, como alternativa a la actual imagen hipertecnologizada, burocratizada y despersonalizada, muy lejos de lo que recibe y espera recibir la
gran mayoría de los pacientes, tanto de los médicos como de las enfermeras. Pero deducir de ello que sea hoy en día prioritario para el futuro de la profesión y para la motivación y el progreso de las enfermeras que miren a los ojos de sus pacientes (y lo acepto como metáfora) significa, en primer lugar, afirmar que no lo vienen haciendo, afirmación más que dudosa, al menos en términos generales; y, en segundo lugar, apostar decididamente por que la enfermería siga jugando un papel de segunda fila en los procesos verdaderamente importantes de toma de decisiones sanitarias, a cualquier nivel, macro, meso o micro.
¿Y eso qué importancia tiene, si de lo que se trata es de realizar un esfuerzo conjunto, con el resto de las profesiones y ocupaciones sanitarias, para humanizar la relación con los pacientes? ¿Es que la enfermería es más importante que el sistema sanitario, incluso que los pacientes?
Evidentemente, no. Pero quien esto escribe ha apostado -intelectualmente, no hay nada de afectivo- por unos servicios de salud en los que las fronteras y barreras profesionales se vayan difuminando y se produzca una gran reordenación de competencias, roles, funciones y tareas sobre bases no corporativistas, sino racionales, en los que cada colectivo profesional se dedique a hacer aquello que hace mejor que los otros porque ha sido específicamente formado para ello. En estos servicios de salud la enfermería debería ir pasando de un papel claramente subordinado a otro absolutamente protagonista en aspectos como continuidad asistencial y coordinación entre niveles, seguridad de los pacientes, eficiencia asistencial,
gatekeeper o puerta de entrada al sistema, atención a la población crónica con pluripatologías, asistencia sociosanitaria, cuidados paliativos, seguimiento del niño sano, atención comunitaria en dispositivos básicos de atención primaria y un largo etcétera.
Y como estoy convencido de que, como ya empieza a suceder en otra latitudes, la enfermería va a desempeñar un papel crítico en la sostenibilidad de los servicios públicos de salud, sé que ello requiere fuertes dosis de legitimación social y profesional, un objetivo que no se va a conseguir perpetuando este anquilosado paradigma de la enfermería humanista, holística, vocacional.
La enfermería está abocada a ser la innovación disruptiva por excelencia, junto con las TIC, dentro de los servicios de salud.
En este complicado proceso, tanto para la enfermería como para los servicios de salud, que tendrá necesariamente que chocar con corporativismos anquilosados y otros intereses creados, no entiendo qué papel aspira a desempeñar esta iniciativa.
En mi opinión, la iniciativa tiene más de márketing, que de otra cosa (¿quién va a ser tan canalla como para no adherirse, negarse por tanto a mirar a los pacientes a los ojos?).
Y sí, para mí, y lamento decirlo, el rey está desnudo.
Espero no haber ofendido a nadie, se trata simplemente de mostrar respetuosamente mi extrañeza y desacuerdo y, si acaso, provocar la reflexión. Un saludo para todos.