Ya he tratado en algunas ocasiones sobre lo que mediáticamente se ha sancionado como "crisis de los cuidados enfermeros" en Inglaterra, algo muy codiciado por la prensa británica y cuyo principal exponente fue la serie de, no recuerdo ahora si fueron cinco o seis artículos, publicada en el diario inglés The Independent por Christine Patterson hace apenas unos meses. Titulé la serie, quizás de una manera un tanto retórica (o periodística), "¿Cuanto más sé de ti menos te quiero?"
Un par de meses después, The Daily Telegraph se hacía eco de una crisis institucional adicional, la del Nurses & Midwifery Council, el órgano regulador de la enfermería, cuyas pésimas costumbres (como ya resumí en esta entrada) habían venido eludiendo o demorando investigar casos de malas praxis profesional, se supone que para salvaguardar el prestigio de la profesión enfermera, pero con un pésimo resultado: los medios de comunicación, advertidos de estas negligencias del regulador, han asumido que es cómplice de las faltas de profesionalidad de tantas y tantas enfermeras y han puesto bajo sospecha a todas las enfermeras. Y ello ha generado un duro cuestionamiento de la profesión enfermera y las enfermeras, de los cuidados que reciben los pacientes en los centros del National Health Service.
Pero hoy mismo un editorial en la prestigiosa revista Journal of Clinical Nursing, escrito por una colaboradora de la Universidad Anglia Rushking (Chelsea, Essex, Inglaterra, Reino Unido), cuestiona esta pretendida cacería, pero lo hace de una manera que, al menos por estos lares, nos parecería un tanto chusca: viene a decir, sin apoyo estadístico alguno, que casi siempre que se produce un problema relacionado con los cuidados de algún paciente (que no tenga que ver con los médicos; algo que también adoran los mass media, por cierto), tiende a atribuirse de manera genérica a las nurses, a las enfermeras. Y que algunas veces, efectivamente, tiene que ver con la conducta de una enfermera, pero que por lo general tiene más que ver con personal sin demasiada cualificación profesional (verbigracia local, auxiliares de enfermería o celadores; denominación genérica en el Reino Unido, healthcare assistants, categoría unificada hace unos pocos años; aunque existen muchas variaciones en el mundo anglosajón, como licensed practical nurse, enrolled practical nurse...; como curiosidad, hay países, como nuestro vecino Portugal, donde no existe una figura semejante, sólo hay enfermeiras), pero que los medios siempre tienden a denominar nurses, enfermeras. La denominación oficial de los diplomados o graduados registrados ('colegiados') en enfermería es, en realidad, registered nurses, las famosas siglas RN.
¿Será verdad lo que afirma el editorial o sólo es una forma de defensa retórica, de echar las culpas a otro?
Afortunadamente, en España enfermera es enfermera. Y auxiliar de enfermería es auxiliar de enfermería (o técnico en cuidados auxiliares de enfermería). Y celador... bueno no, ahora utilizan en algunos sitios unas siglas cursis que no entiendo, personal de algo, no sé qué... En todo caso, resulta curioso, como dice el editorial, que un término TAN concreto, tan delimitado, tan específico, pueda resultar coloquialmente TAN genérico y tan generalizador, tan todo-lo-sanitario-que-no-lleva-bata-blanca.
Curiosamente nosotros siempre miramos a la enfermería del Reino Unido como a un alumno aventajado y parece que también tienen problemas mucho más básicos que por aquí... No sólo de identidad, también de identificación.
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jueves, 20 de septiembre de 2012
miércoles, 11 de julio de 2012
La buena reputación
Ya he hecho referencia en algunas entradas a la crisis de imagen de la enfermería británica (uno de los principales referentes imaginarios, creo que junto con Canadá, de las enfermeras españolas), tocada duramente por noticias de mala praxis y hasta criminales protagonizadas por enfermeras de los que la prensa se hace eco con santa -y justa- indignación, a un ritmo de dos o tres veces a la semana (las dos últimas, aquí y aquí, ambas esta vez en Escocia), así como por una turbia historia de rencillas, torpezas e indolencias de su órgano regulador, el Nurse & Midwifery Council, algo que también he comentado hace poco en el blog.
Pero estamos en verano y hoy ya nos ha mentido y pisoteado bastante, así que es mejor hablar de algo positivo, la otra cara de la moneda, aunque sea abroad, por ejemplo la imagen pública de la enfermería en Estados Unidos, un país que se ha convertido en semillero de innovaciones en diferentes áreas asistenciales, muy especialmente en problemas de su muy deficiente atención primaria y del abordaje de los pacientes con patologías crónicas complejas (ver por ejemplo, esta entrada del blog). En EEUU, la enfermería empezó a ver reconocido su rol de profesión sanitaria autónoma e interdependiente ya en los años 60 del siglo pasado; el efecto mercado en la libre elección de lugar de ejercicio por parte de los médicos de atención primaria obligó en su momento a sobreformar a miles de enfermeras para que las áreas rurales, sobre todo las más deprimidas, no quedaran sanitariamente desatendidas. Ello está en la raíz de los roles avanzados enfermeros, hoy en día absolutamente consolidados y extendidos por todo el país (más en unos estados que en otros, desde luego, debido a unas heterogéneas y cambiantes normativas). Y esta historia confirma que los avances reales de una profesión son mucho más probables cuando, en realidad y no sólo como ficción de unas élites sobreactuadas y victimistas, tratan de dar respuesta a los problemas reales del mundo real.
Y como no podría -o al menos no debería- ser menos, la enfermería es la profesión con mejor imagen pública en EEUU: el prestigioso instituto de opinión Gallup realiza cada año una encuesta sobre la imagen de las profesiones y, como resalta la nota de prensa de la última de ellas (diciembre de 2011), nurses consistently top the list, having done so each year since they were first included in 1999 -- apart from 2001, when firefighters were included on a one-time basis to measure public support for them after their heroic actions on 9/11 ["las enfermeras lideran el ranking de manera consistente desde que fueron incluidas por primera vez en 1999, si exceptuamos 2001, cuando los bomberos fueron incluidos por primera y única vez para medir el apoyo que recibieron tras su heróica actuación el 11 de septiembre"]. Aquí está el ranking, que se comenta por sí solo (por arriba pero también por abajo si tenéis curiosidad):
Una lección a aprender: dar respuesta a los problemas de la gente y de las organizaciones sanitarias, por encima de los de las élites enfermeras, es rentable al menos en términos de prestigio social, algo de lo que están muy necesitadas las enfermeras.
Moraleja: no fiarse nunca de las élites enfermeras que viven del cuento a vuestra costa. Y en todo caso, para no ser injustos, tratad de distinguir el trigo de la paja.
Pero estamos en verano y hoy ya nos ha mentido y pisoteado bastante, así que es mejor hablar de algo positivo, la otra cara de la moneda, aunque sea abroad, por ejemplo la imagen pública de la enfermería en Estados Unidos, un país que se ha convertido en semillero de innovaciones en diferentes áreas asistenciales, muy especialmente en problemas de su muy deficiente atención primaria y del abordaje de los pacientes con patologías crónicas complejas (ver por ejemplo, esta entrada del blog). En EEUU, la enfermería empezó a ver reconocido su rol de profesión sanitaria autónoma e interdependiente ya en los años 60 del siglo pasado; el efecto mercado en la libre elección de lugar de ejercicio por parte de los médicos de atención primaria obligó en su momento a sobreformar a miles de enfermeras para que las áreas rurales, sobre todo las más deprimidas, no quedaran sanitariamente desatendidas. Ello está en la raíz de los roles avanzados enfermeros, hoy en día absolutamente consolidados y extendidos por todo el país (más en unos estados que en otros, desde luego, debido a unas heterogéneas y cambiantes normativas). Y esta historia confirma que los avances reales de una profesión son mucho más probables cuando, en realidad y no sólo como ficción de unas élites sobreactuadas y victimistas, tratan de dar respuesta a los problemas reales del mundo real.
Y como no podría -o al menos no debería- ser menos, la enfermería es la profesión con mejor imagen pública en EEUU: el prestigioso instituto de opinión Gallup realiza cada año una encuesta sobre la imagen de las profesiones y, como resalta la nota de prensa de la última de ellas (diciembre de 2011), nurses consistently top the list, having done so each year since they were first included in 1999 -- apart from 2001, when firefighters were included on a one-time basis to measure public support for them after their heroic actions on 9/11 ["las enfermeras lideran el ranking de manera consistente desde que fueron incluidas por primera vez en 1999, si exceptuamos 2001, cuando los bomberos fueron incluidos por primera y única vez para medir el apoyo que recibieron tras su heróica actuación el 11 de septiembre"]. Aquí está el ranking, que se comenta por sí solo (por arriba pero también por abajo si tenéis curiosidad):
Una lección a aprender: dar respuesta a los problemas de la gente y de las organizaciones sanitarias, por encima de los de las élites enfermeras, es rentable al menos en términos de prestigio social, algo de lo que están muy necesitadas las enfermeras.
Moraleja: no fiarse nunca de las élites enfermeras que viven del cuento a vuestra costa. Y en todo caso, para no ser injustos, tratad de distinguir el trigo de la paja.
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jueves, 14 de junio de 2012
Más (y mejor documentado) sobre la imagen social de la enfermería
Hoy, de puritita casualidad (la autora ha hecho un comentario en una entrada antigua de este blog) he tenido noticia de una tesis doctoral que viene a llenar un hueco importante en la sociología de la enfermería española. La autora es la enfermera Cristina Heierle Valero, su título es La imagen social de la enfermería a través de los medios y la fecha de su presentación, el 26 de mayo de 2011 (pdf, aquí). Naturalmente, ni he podido, ni probablemente podré, leer sus más de 700 páginas, pero sí he podido conocer sus contenidos y leer sus atinadas 22 páginas de conclusiones, algo que yo os recomendaría.
[Me ha costado bastante encontrar el texto completo, ya que aunque la tesis está catalogada en el repertorio central de tesis (Teseo, gestionado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte), no existe ahí enlace al documento en formato digital, lo cual es lamentable. Pero bueno, aunque algo escondido, lo hemos encontrado en el repositorio institucional de la Universidad de Granada].
Aunque, como suele suceder en las tesis, las muestras utilizadas son muy pequeñas, por eso son más 'sondeos' que 'encuestas', resulta muy interesante la utilización de las percepciones de diferentes colectivos (niños hospitalizados, enfermeras asistenciales y docentes, alumnos de enfermería de 1º y de 3º curso y alumnos de otras facultades (traducción e inérpretes), así como el análisis de materiales gráficos interesantes como fotografías de enfermeras aparecidas en el periódico El País y en Internet y películas de cine de los últimos 50 años estrenadas en España donde salen enfermeras (nada menos que 57 revisadas).
Este es el resumen 'oficial':
Y si para los medios el 'icono enfermera' se construye como "una mujer sin criterio, ni cultura, ni prestigio, con poca consideración e impacto social y ningún poder" o, aún peor, como "un personaje enamoradizo, simple y superficial, que realiza tareas bajo las órdenes de un médico", cabe preguntarse, más allá de los estereotipos mediáticos (que existen también para los médicos, las tonadilleras, los bomberos, los abogados o los maestros), por qué sucede esto. Para mí: dada la invisibilidad mediática y social de las enfermeras, el periodista no puede echar mano sino de los estereotipos, ya que no puede contrastarlos con una realidad... que simplemente le es invisible. Y, claro, no tiene superpoderes para poder ver lo invisible.
PS.- Hablando de tesis, también he encontrado estos días otra muy interesante sobre temas sanitarios, esta vez de una colega (socióloga): Raquel Pérez García. Su título es Valoración de la carrera profesional en sus diferentes dimensiones y aplicación al personal sanitario del Sistema Nacional de Salud español. También muy recomendable, dado que documenta magníficamente muchas opiniones que los demás mortales casi sólo sustentamos en teorías y en nuestra intuición, experiencia y vivencias. Muy recomendable también.
[Me ha costado bastante encontrar el texto completo, ya que aunque la tesis está catalogada en el repertorio central de tesis (Teseo, gestionado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte), no existe ahí enlace al documento en formato digital, lo cual es lamentable. Pero bueno, aunque algo escondido, lo hemos encontrado en el repositorio institucional de la Universidad de Granada].
Aunque, como suele suceder en las tesis, las muestras utilizadas son muy pequeñas, por eso son más 'sondeos' que 'encuestas', resulta muy interesante la utilización de las percepciones de diferentes colectivos (niños hospitalizados, enfermeras asistenciales y docentes, alumnos de enfermería de 1º y de 3º curso y alumnos de otras facultades (traducción e inérpretes), así como el análisis de materiales gráficos interesantes como fotografías de enfermeras aparecidas en el periódico El País y en Internet y películas de cine de los últimos 50 años estrenadas en España donde salen enfermeras (nada menos que 57 revisadas).
Este es el resumen 'oficial':
La imagen social de una profesión está muy condicionada por la forma en que está representada por los medios de comunicación. La imagen de la enfermera responde a diferentes estereotipos sociales que son contradictorios y que no muestran la imagen real que la profesión tiene en la actualidad. Los objetivos de esta tesis son: 1) Identificar e interpretar la imagen de la profesión enfermera en la sociedad. 2) Conocer la imagen social que, de sí mismas, tienen las enfermeras 3) Analizar los valores de profesionalidad, género, prestigio, consideración social y poder, que trasmiten los medios sobre la profesión enfermera. 4) Explicar las relaciones existentes entre las percepciones de los diferentes grupos sociales. Se han utilizado estrategias cualitativas y cuantitativas. A través de metodologías visuales, se han analizado cuatro tipos diferentes de datos visuales: a) dibujos representando a enfermeras realizados por niños hospitalizados, b) fotografías aparecidas en la prensa nacional, c) imágenes de Internet, d) y películas de amplio éxito comercial, en las que aparecen enfermeras como personajes principales. Se ha confeccionado y analizado un cuestionario cumplimentado por cuatro grupos de personas: enfermeras profesionales, estudiantes de enfermería, estudiantes de traducción e interpretación y adultos del área urbana de Granada. En él se ha recabado la percepción que estos grupos tienen sobre la profesión enfermera a través de técnicas mixtas como la foto provocación, el análisis del discurso y el diferencial semántico. Con este último el cual se ha podido cuantificar el significado connotativo del concepto enfermera, en varios grupos de población. Los niños dibujan una imagen tradicional y estereotipada de la enfermera: mujeres que realizan actividades de tipo instrumental y que llevan uniforme de diversos colores y cofia. Las enfermeras perciben su profesión como estresante y consideran negativa la dependencia de los médicos. Están aburridas y desilusionadas. Los estudiantes de enfermería valoran negativamente la gran carga de trabajo y la sumisión a los médicos. Los estudiantes de otras facultades perciben la enfermería como una profesión con muy poca autonomía y escaso prestigio. Los adultos piensan que las enfermeras tienen poca formación teórica y mucha responsabilidad. No apreciándose importantes diferencias significativas entre la imagen profesional identificada por las enfermeras y la del público en general. La prensa no refleja la realidad de la profesión. Se trasmite la imagen de alguien no identificado con claridad, diluida en el grupo profesionales de la sanidad y ejerciendo un papel secundario. Los medios, cuando se ocupan de la profesión enfermera, la representan como una mujer sin criterio, ni cultura, ni prestigio, con poca consideración e impacto social y ningún poder. Un personaje enamoradizo, simple y superficial, que realiza tareas bajo las órdenes de un médico. Se han demostrado relaciones directas entre la imagen que tiene la sociedad de lo que es una enfermera, la imagen que muestra el cine y la manera en que estos profesionales se auto-perciben.Lo único discutible, para mí, es esa afirmación de que "la prensa no refleja la realidad de la profesión": la 'realidad' es multidimensional y la prensa refleja una realidad, cierto que muy condicionada y sesgada por los estereotipos sociales, ya que un períodico no es una revista científica, sino que reproduce e interpreta (a la luz de los pre-juicios sociales) lo que aparece en su entorno -noticias, imágenes, anécdotas, comunicados de prensa, arquetipos y personajes representativos, sucesos, etc. Y es que yo sí creo que, efectivamente, la enfermería es "alguien no identificado con claridad, diluida en el grupo de profesionales de la sanidad y ejerciendo un papel secundario". Lo que yo creo que quería decir la autora es que "la prensa no refleja lo que debería ser la realidad de la profesión", es decir, 'alguien identificado con claridad, con presencia propia dentro del grupo de profesionales de la sanidad y ejerciendo un papel relevante'.
Y si para los medios el 'icono enfermera' se construye como "una mujer sin criterio, ni cultura, ni prestigio, con poca consideración e impacto social y ningún poder" o, aún peor, como "un personaje enamoradizo, simple y superficial, que realiza tareas bajo las órdenes de un médico", cabe preguntarse, más allá de los estereotipos mediáticos (que existen también para los médicos, las tonadilleras, los bomberos, los abogados o los maestros), por qué sucede esto. Para mí: dada la invisibilidad mediática y social de las enfermeras, el periodista no puede echar mano sino de los estereotipos, ya que no puede contrastarlos con una realidad... que simplemente le es invisible. Y, claro, no tiene superpoderes para poder ver lo invisible.
PS.- Hablando de tesis, también he encontrado estos días otra muy interesante sobre temas sanitarios, esta vez de una colega (socióloga): Raquel Pérez García. Su título es Valoración de la carrera profesional en sus diferentes dimensiones y aplicación al personal sanitario del Sistema Nacional de Salud español. También muy recomendable, dado que documenta magníficamente muchas opiniones que los demás mortales casi sólo sustentamos en teorías y en nuestra intuición, experiencia y vivencias. Muy recomendable también.
viernes, 25 de mayo de 2012
Las notas de Barcelona: (4) La enfermería tiene un problema político
El pasado 18 de mayo pronuncié la conferencia de clausura
del Congreso de la Asociación de Enfermería Comunitaria,
en Barcelona. Reproduzco aquí las notas que me sirvieron para
amenizar durante 70 largos minutos a la sufriente audiencia
(para que no me odien también los lectores del blog las he dividido
en cinco entradas. Esta es la cuarta; por si no habéis leído las anteriores,
la primera,la tenéis aquí, la segunda, aquí y la tercera aquí)
en cinco entradas. Esta es la cuarta; por si no habéis leído las anteriores,
la primera,la tenéis aquí, la segunda, aquí y la tercera aquí)
4. La enfermería tiene un problema político
La enfermería lleva casi medio siglo en una larga marcha de ocupación a profesión. Una profesión, a diferencia de una ocupación, se caracteriza por haber sabido encontrar su “lugar al sol” en el ecosistema profesional, un nicho competencial propio en el que, aunque las fronteras siempre se solapan, sea relativamente simple y consensuada una definición de los roles y funciones que le son propios y exclusivos.
Es justo reconocer que, tras este medio siglo largo, aún no se puede dar por finalizada, con carácter general, esa larga marcha. Que aunque se ha progresado, y mucho si consideramos que cincuenta años no es nada, en el desempeño autónomo de funciones y roles enfermeros, sigue existiendo en muchos ámbitos una subordinación funcional básica a la profesión médica. Los médicos siguen estando en el centro exacto del sistema y acaparan el escenario político y mediático sin dejar hueco para que otras profesiones sanitarias pueden mostrar a la sociedad cuál es su insustituible aportación a la salud y bienestar de los ciudadanos y al sostenimiento de los servicios sanitarios modernos. Aunque, como la enfermería, sean realmente el ‘hombre orquesta’ de los servicios sanitarios.
Desde mi punto de vista, el problema es que la enfermería no existe ni en los medios de comunicación ni en el imaginario público, es decir, que tiene un serio problema de imagen pública, un severo déficit de visibilidad social. Cualquier pequeño avance médico ocupa titulares y portadas; cualquier gran avance enfermero no aparece más que en revistas enfermeras, no existe para la opinión pública. Una anécdota puede ilustrar bien este problema: cuando presenté mi libro, uno de los asistentes era el responsable de la sección de salud de El País. Atendió amablemente, hizo preguntas, pidió aclaraciones... Al salir me comentó: “Me parece muy interesante, has dicho cosas que nunca había pensado. Ahora, el problema es: ¿sobre qué escribo para poder hacer una reseña que le interese a los lectores?”. La verdad, no supe bien qué responder, así que le dije: “No sé, mira a ver lo de Bolonia y el tema demográfico...”. Y así lo hizo.
[Por cierto, ya que estoy aquí, en Barcelona, si mis cuentas no fallan este curso no se diplomará ni graduará ninguna enfermera en Cataluña: ya no salen diplomados y hasta el año que viene no saldrán graduados. Veremos qué pasa a lo largo de 2013].
Yo creo que la mayor parte de la responsabilidad en esta invisibilidad es de la propia enfermería, muy especialmente -¡pero no sólo!- de sus dirigentes corporativos. ¿Tan difícil es redactar un pequeño documento en el que se explique a los ciudadanos, en términos sencillos pero convincentes, las razones por las que la enfermería es una profesión cualificada, independiente y autónoma, con bases científicas y ámbitos disciplinares propias, que desempeña unas funciones exclusivas que nadie que no tuviera formación enfermera podría desempeñar? ¿Que es una profesión creíble que si pudiera desarrollar todo su potencial contribuiría notablemente a solucionar muchos de los problemas de los que adolecen los servicios sanitarios públicos?
No debería serlo, pero parece que sí que lo es, porque yo nunca lo he visto. Sólo he visto textos donde enfermeras explican a enfermeras lo importantes y cualificadas que son las enfermeras. Y eso es un monólogo, no un diálogo.
Y entonces, claro, resulta que el problema es más estructural que funcional. Hagáis lo que hagáis siempre seréis observados con desconfianza si tratáis de retar el orden establecido. Y en ese terreno, bien abonado por la desconfianza, cala fuertemente en la gente el sencillo mensaje de los bien engrasados aparatos de propaganda de otros grupos profesionales: que lo único que busca la enfermería son beneficios propios, un “quítate tú para ponerme yo”. Cualquier propuesta de cambio de cualquier agente profesional que no trate realmente de dar respuesta a problemas generales del sistema sanitario carecerá por completo de futuro, incluso aunque llegara a legislarse en el sentido propuesto. El ejemplo del fracaso del decreto de especialidades enfermeras de 1987 habla por sí solo: tuvieron que pasar 20 años hasta que se re-legisló.
Como escribía la periodista y ensayista Suzanne Gordon referido a un país (el suyo, Estados Unidos) donde la escasez de enfermeras es un serio problema y donde se desarrolla una intensa campaña para que las enfermeras opten por un grado en vez de por una diplomatura (simplificando y utilizando nuestra propia terminología universitaria):
“Quienes no somos enfermeras –la mayor parte de los cuales algún día seremos pacientes– tenemos un interés claro en ayudar a que las enfermeras obtengan mayores recursos educativos. Pero ese interés social en la educación enfermera y su financiación depende de la seguridad que tengamos de que las facultades de enfermería producirán gente que quiera cuidar de nosotros cuando estemos enfermos. Si una formación de cuatro años para ser enfermera resulta deseable será porque la educación resolverá la escasez de enfermeras, no los problemas de inferioridad del estatus profesional de la enfermería”.
¿Se nos ha explicado a los ciudadanos en qué nos beneficia personalmente que las enfermeras puedan recetar medicamentos? ¿O que estudien cuatro años en vez de tres, asumiendo el contribuyente buena parte del coste de esta extensión? ¿Se les ha explicado qué es lo que estudian durante cuatro largos años para acabar siendo las ayudantes de los médicos que hacen lo que les mandan? Porque no es bueno engañarse: así es como el imaginario social visualiza a las enfermeras y nadie hace el más mínimo esfuerzo para desmontar esa obsoleta y dañina visión.
Este problema se resume fácilmente, sobre todo si uno es un poco escéptico: las élites enfermeras siempre han ido a lo suyo, anteponiendo sus propias necesidades (ser admitidas en pie -más o menos- de igualdad en las oligarquías políticas, docentes, investigadoras y directivas) a las necesidades reales de la profesión. Y a pesar de que de alguna manera vendieron sus almas y de paso a las enfermeras del mundo real, las que nos cuidan y protegen, no consiguieron en absoluto sus objetivos. Siguen formando, con pocas excepciones, parte de un gueto. Ilustrado, pero gueto.
¿Cuántas enfermeras hay en los órganos directivos de nivel ejecutivo o de alta asesoría del ministerio y de las consejerías de sanidad o de los servicios regionales de salud, es decir, donde se toman las decisiones estratégicas que afectan a las políticas sanitarias generales, el progreso de las profesiones sanitarias y al bienestar y el crecimiento de los profesionales?
Hace unos días, en un blog del Huffington Post, la directora de una asociación internacional de enfermeras revelaba que el 90% del staff de la Organización Mundial de la Salud eran médicos y menos de un uno por ciento (0.8%), enfermeras, a pesar de que la enfermería supone más del 80% de los profesionales sanitarios. “Por qué las enfermeras son los héroes olvidados de la salud global”, se interrogaba el título del artículo. Y decía esto:
“Aunque las enfermeras prestan el 90% de todos los servicios de salud del mundo, siguen siendo básicamente invisibles en los despachos de los ministerios y de las agencias internacionales donde se adoptan las decisiones. Su ausencia constituye una crisis sanitaria global. En los encuentros clave donde los expertos en atención sanitaria y salud pública y los donantes internacionales planifican los desarrollos globales en salud y las prioridades en prevención y tratamiento, las enfermeras, que son quienes prestan la inmensa mayoría de los cuidados, raramente son convocadas”.
Cuando digo -y lo hago a menudo- que la raíz de los problemas de la enfermería es de carácter político me refiero a este tipo de situaciones que no deberían ser toleradas. Sin embargo, suceden con el asentimiento tácito del Consejo Internacional de Enfermeras, a nivel internacional, y del Consejo General de Enfermería en nuestro país. Da la impresión de que están mucho más interesados en el autobombo que en la defensa de la profesión, en el politiqueo que en la política con mayúsculas y, desde luego, en el capital financiero que en el capital humano. En mi humilde (pero documentada) opinión, sus dirigentes constituyen hoy en día el más grave problema de la enfermería española, y eso que éstos son muchos y muy serios. Creo que todas las organizaciones enfermeras progresistas (dicho esto en el sentido exclusivo de progreso profesional) deberían conformar una amplia coalición para tratar de cambiar el actual status quo y promover un relevo generacional (y a ser posible de género) y un proceso de regeneración profesional y ética de su representación corporativa. No deberíais permitir que gente así siga hablando en vuestro nombre.
jueves, 12 de abril de 2012
Silencio, por favor
Estoy siguiendo esta semana una serie de cinco artículos -de lunes a viernes- que publica el diario liberal británico The Independent sobre una pretendida, o real, crisis de los cuidados enfermeros en el Reino Unido, escritos todos ellos por la periodista Christina Patterson, que además reúne a su condición profesional la de ser una paciente con cáncer tratada en numerosas ocasiones, lo cual le permite aportar su propia experiencia. Mi idea es refundir los cinco artículos en un solo archivo pdf y enlazarlo por si a alguien le interesa, junto con algunos comentarios que me está sugiriendo el 'culebrón'. Eso será mañana viernes, porque queda el último por publicar. Para azuzar el interés, estos son los cinco titulares-editoriales:
La reflexión de hoy, sin embargo, tiene poco que ver con las que desarrollaré en adelante con respecto al contenido de los artículos, ya que me la provoca una triste realidad comparativa: con bastante frecuencia ojeo (como 1.000 veces), leo (digamos como 100) y analizo y comparto en el blog (como 10 ó 20) artículos o columnas de opinión en medios de comunicación social generalista (no sanitarios) que describen, reflexionan y opinan sobre la enfermería, su situación dentro de los servicios sanitarios, sus aportaciones o sus equivocaciones, tanto da: su misma existencia. Esto pasa en Estados Unidos, en Canadá (menos), en el Reino Unido (mucho más), en Australia y Nueva Zelanda, pero también en países económicamente menos desarrollados como Sudáfrica, Taiwan o Filipinas. Pero no en España. Pero no en Francia. Pero no (creo, las barreras idiomáticas son muy duras) en Alemania o en otros países de la Europa Continental.
Lo hacen, evidentemente, porque piensan que la enfermería es una pieza importante de la sociedad, no sólo de los servicios de salud. La gente va a los hospitales y le parece importante lo que las enfermeras hacen bien o mal. Y aquí estoy seguro que también. Pero de eso no se habla, no tiene entidad social.
Todos los periódicos serios del mundo tiene secciones semanales -con las ediciones online, más bien permanente- sobre salud y sanidad, también los españoles, pero mientras que en muchos de los que reviso de por ahí afuera no es infrecuente encontrar noticias o comentarios relacionados con la enfermería, en España, si sucede, es de pasada: la enfermería no es noticia ni para bien ni para mal.
En mis Alertas de Google (fuera de excepcionales períodos de conflictividad laboral o de sucesos protagonizados por enfermeras) los enlaces sobre enfermería tienen que ver generalmente con noticias locales o con irrelevantes y engreídos comunicados de prensa de colegios y sindicatos, nunca de sociedades científicas enfermeras. Justo lo contrario de lo que sucede con las Alertas sobre medicina, aparece mucho más la Sociedad Española de Cardiología o de Pediatría o de Nutrición o de Cuidados Paliativos o de... que la propia Organización Médica Colegial.
Pregunta: ¿Las sociedades científicas enfermeras no tienen gabinetes de prensa, aunque sean amateur? ¿No mandan notas de prensa a los medios de comunicación? Si lo hacen: ¿No se las publican nunca? En caso afirmativo, ¿las ningunean y no hacen nada para mejorar, sólo deprimirse o ni siquiera eso? Y si no lo hacen, es decir, no mandan comunicados de prensa: ¿Es porque creen que no tienen nada de que hablar a los ciudadanos, nada que comunicar a los medios, nada que consideren social o sanitariamente relevante o interesante de entre sus actividades, de eso que luego en sus congresos y jornadas se cuentan a sus propios asociados entre grandes aplausos y una copa de vino español?
¿Y el Consejo General de Enfermería lo mismo? Es evidente que tiene un gabinete de prensa poderoso y muy activo, probablemente cueste un congo mantenerlo. Aparte de mimar el Sanifax (como si valiera para algo...) y de sus publicaciones hagiográficas internas, ¿sólo manda comunicados de prensa cuando van dirigidos a exaltar la figura de sus mandamases, excepto -o ni siquiera, más bien- en el día de la enfermería (que lamentablemente sólo se da una vez al año)? ¿No tiene/conoce logros científicos y profesionales enfermeros que transmitir, teniendo en cuenta que hablamos de más de 200.000 enfermeras en activo que algo de bueno harán en miles de centros y unidades sanitarias a lo largo del país; de cientos de unidades de gestión clínica o programas, experiencias o desarrollos profesionales en estrategias de cuidados en los que las enfermeras desempeñan un papel de excelencia; de muchas experiencias destacadas en los medios de comunicación sanitarios (incluso en los más medicocéntricos, de vez en cuando); de departamentos universitarios innovadores o centros y redes de investigación en cuidados internacionalmente reconocidos; incluso de historias profesionales de entrega y abnegación que de vez en cuando aparecen en la prensa local? ¿O simplemente no las conoce porque les trae al pairo?
¡Qué pena! Nos quejamos de la escasa o nula visibilidad de la enfermería en nuestra sociedad, pero la realidad es que nadie, de entre quienes podrían, lo hace: ¿Porque no quieren hacerlo? ¿Porque no saben hacerlo? O simplemente, ¿porque no creen en que la profesión enfermera tenga de verdad algo de verdadero valor que aportar a la sociedad y a nuestro Sistema Nacional de Salud?
Es cierto que la enfermería tiene poca visibilidad como agente sanitario y nula como actor social, pero no es menos cierto que se trata de una situación reversible con un esfuerzo conjunto y planificado de todas aquellas organizaciones y agentes a quienes de verdad les importa su profesión. Y si además colabora el Consejo General, mejor aún.
- Lunes: Una crisis en la enfermería: Seis operaciones, seis ingresos hospitalarios... Y seis experiencias de primera mano de unos cuidados que no cuidan lo suficiente.
- Martes: Más enfermeras y mejor pagadas que nunca... ¿Porqué, entonces, los estándares están cayendo?
- Miércoles: Las reformas de los '90 se suponía que iban a mejorar los cuidados enfermeros. Por el contrario, existe un sentimiento ampliamente compartido de que fue precisamente entonces cuando comenzó el déficit de compasión de nuestros días. ¿Cómo pudo suceder?
- Jueves: ¿Cómo puede una profesión cuya raison d'etre es cuidar provocar tantas críticas por su insensibilidad/crueldad [callousness]? ¿Necesita la enfermería ser gestionada de otra manera? ¿O la respuesta es más bien que hay que desarrollar una nueva cultura de la compasión?
- Y mañana, viernes: Cómo marcar la diferencia: Un día en un hospital que demuestra que se puede funcionar.
La reflexión de hoy, sin embargo, tiene poco que ver con las que desarrollaré en adelante con respecto al contenido de los artículos, ya que me la provoca una triste realidad comparativa: con bastante frecuencia ojeo (como 1.000 veces), leo (digamos como 100) y analizo y comparto en el blog (como 10 ó 20) artículos o columnas de opinión en medios de comunicación social generalista (no sanitarios) que describen, reflexionan y opinan sobre la enfermería, su situación dentro de los servicios sanitarios, sus aportaciones o sus equivocaciones, tanto da: su misma existencia. Esto pasa en Estados Unidos, en Canadá (menos), en el Reino Unido (mucho más), en Australia y Nueva Zelanda, pero también en países económicamente menos desarrollados como Sudáfrica, Taiwan o Filipinas. Pero no en España. Pero no en Francia. Pero no (creo, las barreras idiomáticas son muy duras) en Alemania o en otros países de la Europa Continental.
Lo hacen, evidentemente, porque piensan que la enfermería es una pieza importante de la sociedad, no sólo de los servicios de salud. La gente va a los hospitales y le parece importante lo que las enfermeras hacen bien o mal. Y aquí estoy seguro que también. Pero de eso no se habla, no tiene entidad social.
Todos los periódicos serios del mundo tiene secciones semanales -con las ediciones online, más bien permanente- sobre salud y sanidad, también los españoles, pero mientras que en muchos de los que reviso de por ahí afuera no es infrecuente encontrar noticias o comentarios relacionados con la enfermería, en España, si sucede, es de pasada: la enfermería no es noticia ni para bien ni para mal.
En mis Alertas de Google (fuera de excepcionales períodos de conflictividad laboral o de sucesos protagonizados por enfermeras) los enlaces sobre enfermería tienen que ver generalmente con noticias locales o con irrelevantes y engreídos comunicados de prensa de colegios y sindicatos, nunca de sociedades científicas enfermeras. Justo lo contrario de lo que sucede con las Alertas sobre medicina, aparece mucho más la Sociedad Española de Cardiología o de Pediatría o de Nutrición o de Cuidados Paliativos o de... que la propia Organización Médica Colegial.
Pregunta: ¿Las sociedades científicas enfermeras no tienen gabinetes de prensa, aunque sean amateur? ¿No mandan notas de prensa a los medios de comunicación? Si lo hacen: ¿No se las publican nunca? En caso afirmativo, ¿las ningunean y no hacen nada para mejorar, sólo deprimirse o ni siquiera eso? Y si no lo hacen, es decir, no mandan comunicados de prensa: ¿Es porque creen que no tienen nada de que hablar a los ciudadanos, nada que comunicar a los medios, nada que consideren social o sanitariamente relevante o interesante de entre sus actividades, de eso que luego en sus congresos y jornadas se cuentan a sus propios asociados entre grandes aplausos y una copa de vino español?
¿Y el Consejo General de Enfermería lo mismo? Es evidente que tiene un gabinete de prensa poderoso y muy activo, probablemente cueste un congo mantenerlo. Aparte de mimar el Sanifax (como si valiera para algo...) y de sus publicaciones hagiográficas internas, ¿sólo manda comunicados de prensa cuando van dirigidos a exaltar la figura de sus mandamases, excepto -o ni siquiera, más bien- en el día de la enfermería (que lamentablemente sólo se da una vez al año)? ¿No tiene/conoce logros científicos y profesionales enfermeros que transmitir, teniendo en cuenta que hablamos de más de 200.000 enfermeras en activo que algo de bueno harán en miles de centros y unidades sanitarias a lo largo del país; de cientos de unidades de gestión clínica o programas, experiencias o desarrollos profesionales en estrategias de cuidados en los que las enfermeras desempeñan un papel de excelencia; de muchas experiencias destacadas en los medios de comunicación sanitarios (incluso en los más medicocéntricos, de vez en cuando); de departamentos universitarios innovadores o centros y redes de investigación en cuidados internacionalmente reconocidos; incluso de historias profesionales de entrega y abnegación que de vez en cuando aparecen en la prensa local? ¿O simplemente no las conoce porque les trae al pairo?
¡Qué pena! Nos quejamos de la escasa o nula visibilidad de la enfermería en nuestra sociedad, pero la realidad es que nadie, de entre quienes podrían, lo hace: ¿Porque no quieren hacerlo? ¿Porque no saben hacerlo? O simplemente, ¿porque no creen en que la profesión enfermera tenga de verdad algo de verdadero valor que aportar a la sociedad y a nuestro Sistema Nacional de Salud?
Es cierto que la enfermería tiene poca visibilidad como agente sanitario y nula como actor social, pero no es menos cierto que se trata de una situación reversible con un esfuerzo conjunto y planificado de todas aquellas organizaciones y agentes a quienes de verdad les importa su profesión. Y si además colabora el Consejo General, mejor aún.
miércoles, 28 de marzo de 2012
No sólo más amplio, también más profundo
Me ha gustado mucho esta expresión que he encontrado en un artículo del prestigioso periódico progresista The Huffington Post: It's not just that nursing is becoming a broader field; it's becoming deeper, too. Me parece que esta forma de definir el campo de conocimiento y actuación de la enfermería, como algo no sólo más amplio, sino también más profundo, es magnífica y la pienso adoptar (mejor dicho, la acabo de adoptar) como síntesis de mi visión sobre la profesión enfermera y sobre las coordenadas en torno a las cuales debería sustentarse un mejor futuro para las enfermeras y sus pacientes.
No es frecuente encontrar en la prensa generalista (sí de vez en cuando en alguno de sus blogs, normalmente por parte de alguna enfermera invitada) artículos de fondo donde, sin venir al hilo de ninguna historia, suceso o hito, se reflexione sobre los cambios en los roles de la enfermería. Y eso sólo puede deberse a que, más allá de la retórica, están teniendo un impacto cierto en la configuración de algo tan vital y esencial como los sistemas sanitarios y, por tanto, en la sociedad:
Nota.- El autor del artículo, Charles Tiffin, es profesor, periodista y escritor especializado en políticas públicas y profesionales (no específicamente sanitarias) y, a pesar de ser de un país tan diferente al nuestro como es Estados Unidos, también conoce con una cierta profundidad las políticas europeas. Desconozco -anticipándome a los maliciosos de turno, que siempre acaban incidiendo en lo mismo- si tiene relaciones estrechas con alguna enfermera (o enfermero) y quiere ganar puntos. Y, en realidad, el artículo está escrito con el objetivo de defender e incentivar un mejor recorrido formativo básico de las nuevas generaciones de enfermeras, concretado en la obtención generalizada de un BNS (Bachelor in Nursing Sciences), algo así como nuestro paso de diplomatura a grado (pero más en serio).
No es frecuente encontrar en la prensa generalista (sí de vez en cuando en alguno de sus blogs, normalmente por parte de alguna enfermera invitada) artículos de fondo donde, sin venir al hilo de ninguna historia, suceso o hito, se reflexione sobre los cambios en los roles de la enfermería. Y eso sólo puede deberse a que, más allá de la retórica, están teniendo un impacto cierto en la configuración de algo tan vital y esencial como los sistemas sanitarios y, por tanto, en la sociedad:
Es más que saber cómo realizar tareas y procedimientos; se trata de convertirse en un miembro más eficaz del equipo sanitario y de saber manejarse dentro de los sistemas clínicos (...) La enfermería se ha vuelto más compleja de lo que nadie pudiera haber imaginado hace una generación. Ahora es fundamental no conformarse con ser un gran cuidador, sino también un gran innovador. Las demandas de asistencia sanitaria piden a gritos una nueva generación de pensadores que quieran convertirse en agentes de la innovación en los cuidados. Es una profesión para gente intelectualmente curiosa que hace de toda su vida un aprendizaje.
Sin embargo, a pesar de que la enfermería sigue evolucionando a través de nuevas estructuras hospitalarias, 'gadgets' increíbles y retos políticos, el corazón de la profesión continúa siendo el mismo. Sean cuales sean las herramiemtas y tecnologías, el trabajo de la enfermera continuará siendo el de cuidadora y defensora de las personas más enfermas y vulnerables de nuestras comunidades.Estoy totalmente de acuerdo: esta capacidad, que debe ser estimulada porque hoy existen debilidades importantes, para conciliar sin problemas ni complejos el alma y el cerebro enfermero, la ciencia y la humanidad, la tradición y la innovación, debe ser el reto fundamental de la próxima generación de enfermeras y las de hoy deberéis asumir que aunque los cambios trascendentales que están por llegar quizás no los vayáis a vivir en activo, si no dedicáis parte de vuestro esfuerzo a poner los cimientos esos cambios no llegarán nunca jamás.
Nota.- El autor del artículo, Charles Tiffin, es profesor, periodista y escritor especializado en políticas públicas y profesionales (no específicamente sanitarias) y, a pesar de ser de un país tan diferente al nuestro como es Estados Unidos, también conoce con una cierta profundidad las políticas europeas. Desconozco -anticipándome a los maliciosos de turno, que siempre acaban incidiendo en lo mismo- si tiene relaciones estrechas con alguna enfermera (o enfermero) y quiere ganar puntos. Y, en realidad, el artículo está escrito con el objetivo de defender e incentivar un mejor recorrido formativo básico de las nuevas generaciones de enfermeras, concretado en la obtención generalizada de un BNS (Bachelor in Nursing Sciences), algo así como nuestro paso de diplomatura a grado (pero más en serio).
martes, 13 de marzo de 2012
¿Puede una sonrisa convertirse en un problema?
¿Puede una sonrisa convertirse en un problema? Todos, empezando por mí, diríamos que nunca sobra una sonrisa. Pero no es cierto. Algunas sonrisas sobran. Por ejemplo las hipócritas, las impostadas, las impuestas, la del torturador sádico, las de los anuncios televisivos de los bancos, de los dentífricos y de Carmen Machi contando sus pasados problemas para ir al baño, la de los directivos de la CEOE al analizar la reforma laboral, la de los políticos en campaña o las de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría anunciando años de dolor y sufrimiento sin que se le apee esa sonrisa espléndida del careto (como dice con malicia una mujer de mi entorno, parece que lleva puestas siempre unas bolas chinas...).
A las del marketing me voy a referir ahora aprovechando la última entrada en el blog de Suzanne Gordon, The trouble with smiles, a quien he citado ya algunas veces en este blog. Desde que volví a estudiar la profesión enfermera después de unos años de tenerla un poco abandonada, con motivo de la preparación de La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades, encontré en los escritos de Gordon, quien como yo no es enfermera (se define como "escritora, conferenciante y defensora de los pacientes"), una especie de eco y refuerzo de algunos de mis propias reflexiones.
Tanto ella como yo estamos convencidos de que el principal problema estratégico de la profesión enfermera y, por tanto, de las enfermeras, es la hipertrofia de los valores, de la carga sentimental, del misticismo, de lo vocacional, del tender care, que la hacen aparecer a la vista de los pacientes, la opinión pública y los reguladores políticos como una ocupación dedicada a compadecer, agradar y animar a los enfermos, ensombreciendo la cualidad de la enfermería como profesión basada en el conocimiento y la práctica clínica facultativa. Como lo expresa Gordon tantas veces, con estas u otras palabras similares, necesitamos enfermeras porque nos salvan la vida, porque previenen complicaciones que pueden ser catastróficas, porque tienen conocimientos, no sólo porque son amables.
Me ha encantado la expresión de Gordons la enfermería ha sido infectada con 'sonrisitis'. Y es que siempre que aparece una foto o un cartel de una enfermera, sea donde sea, su cara está adornada por una enorme sonrisa (aunque yo recuerdo aquellas fotos de los centros del Insalud en las que se utilizaba la imagen de una estricta enfermera ordenando silencio con el dedo ante sus labios, como queriendo decir: si hasta la enfermera me manda callar, la cosa debe ser importante...). La imagen icónica de las enfermeras es su agradable sonrisa. La de los médicos, por el contrario, es la de gente seria, sin duda porque de lo que ellos saben trata de cosas serias.
Lo icónico tiene un discurso y una lectura. A las enfermeras se os presupone sensibilidad, empatía y vocación. Pero estas catacterísticas poseen un escaso valor de mercado, ya que en el imaginario social son cualidades innatas, a-profesionales, no adquiridas; adquiridos, por el contrario, son los conocimientos, las competencias, las habilidades técnicas, las metodologías y conceptualizaciones: la Ciencia, así con mayúscula. Y la Ciencia -así, con mayúscula- es cosa muy seria.
Cuando esté en vuestras consultas o estéis al pie de mi cama, por favor, dadme una sonrisa, la necesitaré. Pero también la de mi médico. Aunque en las fotos en los periódicos esté muy serio...
A las del marketing me voy a referir ahora aprovechando la última entrada en el blog de Suzanne Gordon, The trouble with smiles, a quien he citado ya algunas veces en este blog. Desde que volví a estudiar la profesión enfermera después de unos años de tenerla un poco abandonada, con motivo de la preparación de La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades, encontré en los escritos de Gordon, quien como yo no es enfermera (se define como "escritora, conferenciante y defensora de los pacientes"), una especie de eco y refuerzo de algunos de mis propias reflexiones.
Tanto ella como yo estamos convencidos de que el principal problema estratégico de la profesión enfermera y, por tanto, de las enfermeras, es la hipertrofia de los valores, de la carga sentimental, del misticismo, de lo vocacional, del tender care, que la hacen aparecer a la vista de los pacientes, la opinión pública y los reguladores políticos como una ocupación dedicada a compadecer, agradar y animar a los enfermos, ensombreciendo la cualidad de la enfermería como profesión basada en el conocimiento y la práctica clínica facultativa. Como lo expresa Gordon tantas veces, con estas u otras palabras similares, necesitamos enfermeras porque nos salvan la vida, porque previenen complicaciones que pueden ser catastróficas, porque tienen conocimientos, no sólo porque son amables.
Me ha encantado la expresión de Gordons la enfermería ha sido infectada con 'sonrisitis'. Y es que siempre que aparece una foto o un cartel de una enfermera, sea donde sea, su cara está adornada por una enorme sonrisa (aunque yo recuerdo aquellas fotos de los centros del Insalud en las que se utilizaba la imagen de una estricta enfermera ordenando silencio con el dedo ante sus labios, como queriendo decir: si hasta la enfermera me manda callar, la cosa debe ser importante...). La imagen icónica de las enfermeras es su agradable sonrisa. La de los médicos, por el contrario, es la de gente seria, sin duda porque de lo que ellos saben trata de cosas serias.
Lo icónico tiene un discurso y una lectura. A las enfermeras se os presupone sensibilidad, empatía y vocación. Pero estas catacterísticas poseen un escaso valor de mercado, ya que en el imaginario social son cualidades innatas, a-profesionales, no adquiridas; adquiridos, por el contrario, son los conocimientos, las competencias, las habilidades técnicas, las metodologías y conceptualizaciones: la Ciencia, así con mayúscula. Y la Ciencia -así, con mayúscula- es cosa muy seria.
Cuando esté en vuestras consultas o estéis al pie de mi cama, por favor, dadme una sonrisa, la necesitaré. Pero también la de mi médico. Aunque en las fotos en los periódicos esté muy serio...
lunes, 5 de marzo de 2012
¡No somos ná!
Iluso de mí, yo pensé que la última des-aportación a la enfermería del anterior equipo ministerial sanitario había sido su lamentable Informe sobre profesionales de cuidados de enfermería. Oferta - Necesidades 2010-2025, al que ya califiqué como 'bodrio impresentable' cuando se anunció su publicación.
Pues no: revisando documentación pendiente (¡demasiada, me temo!), me encuentro con esto: Estudio sobre la evolución profesional de los especialistas egresados de la Formación Sanitaria Especializada, 2006-2010, publicado, como el anterior, in extremis, en diciembre de 2011. Su objetivo general es, leemos, "conocer la evolución profesional de las personas tituladas en Formación Sanitaria Especializada en los últimos 5 años".
Cuando revisas los contenidos, sin embargo, te das cuenta de que los únicos colectivos estudiados son los médicos, si bien en esta ocasión a las enfermeras les acompañan en su ya cansino ninguneamiento los psicólogos clínicos (pero no los farmacéuticos y otros titulados superiores 'de ciencias').
O bien los autores y el editor no consideran que las enfermeras sean personas; o desconocen que haya enfermeras que estudian su especialidad por la vía de la formación sanitaria especializada; o -lo más probable- su visión monocromática y plana del mundo sanitario hace que ni se den cuenta de que el título debería decir "sobre la evolución profesional de los especialistas médicos egresados...". ¿En base a qué criterios se decidió en su momento excluir a las enfermeras del universo de un estudio que, si no fuera porque esta confusión entre la parte y el todo lo descalifica en buena parte, aporta resultados muy interesantes en este páramo de investigaciones sociológicas que es el SNS?
Por cierto, parafraseando al antiguo anuncio: y el Consejo General de Enfermería, ¿qué opina de esto?
Pues no: revisando documentación pendiente (¡demasiada, me temo!), me encuentro con esto: Estudio sobre la evolución profesional de los especialistas egresados de la Formación Sanitaria Especializada, 2006-2010, publicado, como el anterior, in extremis, en diciembre de 2011. Su objetivo general es, leemos, "conocer la evolución profesional de las personas tituladas en Formación Sanitaria Especializada en los últimos 5 años".
Cuando revisas los contenidos, sin embargo, te das cuenta de que los únicos colectivos estudiados son los médicos, si bien en esta ocasión a las enfermeras les acompañan en su ya cansino ninguneamiento los psicólogos clínicos (pero no los farmacéuticos y otros titulados superiores 'de ciencias').
O bien los autores y el editor no consideran que las enfermeras sean personas; o desconocen que haya enfermeras que estudian su especialidad por la vía de la formación sanitaria especializada; o -lo más probable- su visión monocromática y plana del mundo sanitario hace que ni se den cuenta de que el título debería decir "sobre la evolución profesional de los especialistas médicos egresados...". ¿En base a qué criterios se decidió en su momento excluir a las enfermeras del universo de un estudio que, si no fuera porque esta confusión entre la parte y el todo lo descalifica en buena parte, aporta resultados muy interesantes en este páramo de investigaciones sociológicas que es el SNS?
Por cierto, parafraseando al antiguo anuncio: y el Consejo General de Enfermería, ¿qué opina de esto?
martes, 28 de febrero de 2012
Construyendo la voz profesional de las enfermeras (Steven Lewis)
Me ha interesado enormemente una entrevista que Enfer Evidente (¡gracias!) nos enlazaba hoy con Steven Lewis, canadiense, profesor de salud pública y consultor, sobre cómo construir una voz profesional enfermera capaz de ser escuchada y respetada. Una de las preguntas (min 04.44) es la siguiente (traducción libre): ¿Cómo podrían las enfermeras fortalecer su voz para ganar influencia en los servicios de salud?
Dicho de manera resumida, hace tres reflexiones que para mí son clave:
Hace unos cuatro meses escribía: Aunque las enfermeras y enfermeros soléis explicar vuestra satisfacción o insatisfacción profesional como algo un tanto aleatorio, en qué ámbito trabajes o qué jefes te toquen, no es así realmente y todo lo difícil que es verlo desde dentro, es fácil desde fuera. El problema básico no es interno, un mero asunto de organizaciones, estructuras, reglamentos y personas: el problema básico es de carácter político.
La pregunta importante que se (os) hace Lewis es la final: ¿cómo se puede crear un frente común unido para disponer de una voz políticamente más efectiva? Lo que es evidente es que con las actuales estructuras organizativas profesionales no se puede contar para generar ese movimiento colectivo que se necesitaría para construir la voz de la profesión, una voz respetada y escuchada que hable por y de una profesión respetada y escuchada: quien podría hacerlo no quiere y quien querría hacerlo (piensa que) no puede.
Así que, ¿para cuándo esperáis los sectores enfermeros más concienciados y articulados impulsar un movimiento profesional encaminado a crear una gran Coalición por el Progreso de la Enfermería, en la que se impliquen activamente todas aquellas organizaciones y colectivos -colegios provinciales y consejos autonómicos, agrupaciones sindicales, sociedades científicas, foros y asociaciones profesionales, comunidad 2.0, estamentos docentes y facultades de enfermería, estudiantes, directivos... perdón si me dejo a alguno, que seguro que sí- que deseen romper este frustrante y estéril estatus quo?
Supongo que son el desánimo y la impotencia lo que cohíbe algo que tantas veces, en tantos foros, a tanta gente, he escuchado desear hacer sin atreverse luego (salvo alguna -aunque quizás algo frustrante- excepción). Y quizás también una cierta ambigüedad entre quienes han optado por ser cabeza de ratón en vez de cola de león, quién sabe...
Dicho de manera resumida, hace tres reflexiones que para mí son clave:
- ¿Queréis realmente jugar un rol significativo en el desarrollo del sistema sanitario? En estos momentos tan interesantes (y dado que la naturaleza de los servicios públicos de salud siempre es política) es más importante que nunca implicarse políticamente.
- Las enfermeras tendrán que encontrar un equilibrio entre su vida puramente personal, su vida clínica y profesional y su vida como ciudadanos, es decir, la acción política dentro del sistema.
- Dada la enorme diversidad de la enfermería como profesión, geográfica, sectorial, un montón de aspectos diferentes a los que debéis prestar atención, ¿cómo podéis crear un frente común unido para disponer de una voz políticamente más efectiva?
Hace unos cuatro meses escribía: Aunque las enfermeras y enfermeros soléis explicar vuestra satisfacción o insatisfacción profesional como algo un tanto aleatorio, en qué ámbito trabajes o qué jefes te toquen, no es así realmente y todo lo difícil que es verlo desde dentro, es fácil desde fuera. El problema básico no es interno, un mero asunto de organizaciones, estructuras, reglamentos y personas: el problema básico es de carácter político.
La pregunta importante que se (os) hace Lewis es la final: ¿cómo se puede crear un frente común unido para disponer de una voz políticamente más efectiva? Lo que es evidente es que con las actuales estructuras organizativas profesionales no se puede contar para generar ese movimiento colectivo que se necesitaría para construir la voz de la profesión, una voz respetada y escuchada que hable por y de una profesión respetada y escuchada: quien podría hacerlo no quiere y quien querría hacerlo (piensa que) no puede.
Así que, ¿para cuándo esperáis los sectores enfermeros más concienciados y articulados impulsar un movimiento profesional encaminado a crear una gran Coalición por el Progreso de la Enfermería, en la que se impliquen activamente todas aquellas organizaciones y colectivos -colegios provinciales y consejos autonómicos, agrupaciones sindicales, sociedades científicas, foros y asociaciones profesionales, comunidad 2.0, estamentos docentes y facultades de enfermería, estudiantes, directivos... perdón si me dejo a alguno, que seguro que sí- que deseen romper este frustrante y estéril estatus quo?
Supongo que son el desánimo y la impotencia lo que cohíbe algo que tantas veces, en tantos foros, a tanta gente, he escuchado desear hacer sin atreverse luego (salvo alguna -aunque quizás algo frustrante- excepción). Y quizás también una cierta ambigüedad entre quienes han optado por ser cabeza de ratón en vez de cola de león, quién sabe...
miércoles, 22 de febrero de 2012
La mala reputación (corporativa)
Durante mucho tiempo se creía -o se dio por hecho sin demasiado pensamiento, o las cosas han cambiado grandemente- que los consumidores compraban productos por simpatía hacia las marcas; de hecho, las agencias publicitarias siempre se centraron en potenciar la marca, sin hacer mucho caso a la empresa que la fabricaba y distribuía. Pues bien, una reciente investigación de mercado, realizada en cuatro países bien diferentes (Estados Unidos, Reino Unido, China y Brasil) y comentada en un blog de Harvard Bussiness Review, muestra una realidad claramente diferente: a la gente, de manera creciente, le empieza a importar menos la marca que quién está detrás de la marca: "La empresa es como el padre del producto y solamente buenos padres pueden educar buenos hijos", en palabras de un entrevistado en el estudio.
Seguramente todos habremos rechazado algún producto, sin haberlo probado, únicamente por la empresa que lo fabrica y habremos indagado cuidadosamente en los producto de marca blanca para saber cuál es en realidad su fabricante.
Como consta en el facts sheet que se adjunta, un 70% de los consumidores entrevistados evita comprar un producto si no les gusta la empresa que está detrás del mismo; un 67% revisa las etiquetas de los productos para ver qué empresa es la que está detrás de ellos; y concluyen que un 60% del valor de mercado de cualquier empresa puede atribuirse a su reputación. Desde el otro lado, el de las empresas, nada menos que el 87% de sus ejecutivos creen que la reputación de la empresa es tan importante como la marca del producto.
La investigación aporta algunas conclusiones, de las que destaco tres:
Son muchas las reflexiones que me sugiere esta investigación y no renuncio, ni a comentarlas más adelante, ni mucho menos a que lo hagáis a través de vuestros (deseados) comentarios. Pero hoy me voy a centrar en una de ellas: el 'producto enfermería'.
La mayoría de las enfermeras y algunos de quienes analizamos el sistema sanitario desde fuera estamos convencidos de que la compra de un 'producto enfermería' mucho mejor definido y dimensionado que hoy, por parte de los servicios de salud, podría aportar un plus de racionalidad asistencial y financiera al Sistema Nacional de Salud [SNS], colaborando de manera importante a su tan mentada y manida 'sostenibilidad'.
Pero el problema real es la 'venta' de la 'marca enfermería'. Y, si la investigación difundida en HBR tuviera razón, el problema sería aún más grave, dado que tendríamos que deducir que si una parte muy importante del valor de mercado de la 'marca enfermería' descansa en la reputación de la empresa que la 'vende', entonces tenemos todos un verdadero problema: el 'producto' enfermería y el SNS. Sólo un ejemplo, referido a la 'empresa' que supuestamente distribuye el producto o la marca 'enfermería'.
Hace un par de días, la valiosa iniciativa de Cuidando.es, 24h24p 2012, en la que modestamente contribuí también en esta edición, recogía 24 aportaciones, este año mucho más abiertas que el año pasado, cuando, si no recuerdo mal, participamos sólo blogueros. Uno de los autores de la iniciativa, Serafín Fernández, aparecía lujosamente hace sólo unos días en la revista del Consejo General de Enfermería [CGE], Enfermería Facultativa (p. 16), por lo que no se les puede adjudicar a priori animadversión hacia el CGE.
Y, sin embargo, al lado de profesionales independientes, en 24h24p aparecen representantes institucionales como el Director General del Consejo Internacional de Enfermería, la Directora Ejecutiva de la Asociación de Enfermeras de Ontario, la Consejera de Salud de la Junta de Andalucía, incluso el Presidente de la Organización Médica Colegial, pero no está el CGE, ningún representante oficial español de la profesión. ¿Podemos convertir la anécdota en categoría? Creo que sí, he hablado muchas (¿demasiadas?) veces del serio problema que tiene la profesión enfermera con su representación institucional corporativa, pero lo hago desde un mero enfoque consultor: si a mí -que efectivamente trabajo como consultor, entre otras cosas, en estudios de mercado- me pidieran que hiciera un estudio estratégico de la 'marca enfermería', sin duda concluiría que uno de los principales problemas que tiene (en realidad, a mi juicio, el más importante) tiene que ver con su deplorable liderazgo corporativo y los 'valores' que transmite sobre la 'marca'; y no me refiero, aunque sí en primer término, sólo a la representación colegial.
Si realmente en el SNS se apreciara que "solamente buenos padres pueden educar buenos hijos", Houston, tenemos un problema (de narices).
Seguramente todos habremos rechazado algún producto, sin haberlo probado, únicamente por la empresa que lo fabrica y habremos indagado cuidadosamente en los producto de marca blanca para saber cuál es en realidad su fabricante.
Como consta en el facts sheet que se adjunta, un 70% de los consumidores entrevistados evita comprar un producto si no les gusta la empresa que está detrás del mismo; un 67% revisa las etiquetas de los productos para ver qué empresa es la que está detrás de ellos; y concluyen que un 60% del valor de mercado de cualquier empresa puede atribuirse a su reputación. Desde el otro lado, el de las empresas, nada menos que el 87% de sus ejecutivos creen que la reputación de la empresa es tan importante como la marca del producto.
La investigación aporta algunas conclusiones, de las que destaco tres:
- La marca corporativa es tan importante como la marca del producto.
- La reputación corporativa se identifica como la garantía pública de la calidad del producto.
- Cualquier desconexión entre la reputación corporativa y la del producto desencadena una brusca reacción del consumidor.
Son muchas las reflexiones que me sugiere esta investigación y no renuncio, ni a comentarlas más adelante, ni mucho menos a que lo hagáis a través de vuestros (deseados) comentarios. Pero hoy me voy a centrar en una de ellas: el 'producto enfermería'.
La mayoría de las enfermeras y algunos de quienes analizamos el sistema sanitario desde fuera estamos convencidos de que la compra de un 'producto enfermería' mucho mejor definido y dimensionado que hoy, por parte de los servicios de salud, podría aportar un plus de racionalidad asistencial y financiera al Sistema Nacional de Salud [SNS], colaborando de manera importante a su tan mentada y manida 'sostenibilidad'.
Pero el problema real es la 'venta' de la 'marca enfermería'. Y, si la investigación difundida en HBR tuviera razón, el problema sería aún más grave, dado que tendríamos que deducir que si una parte muy importante del valor de mercado de la 'marca enfermería' descansa en la reputación de la empresa que la 'vende', entonces tenemos todos un verdadero problema: el 'producto' enfermería y el SNS. Sólo un ejemplo, referido a la 'empresa' que supuestamente distribuye el producto o la marca 'enfermería'.
Hace un par de días, la valiosa iniciativa de Cuidando.es, 24h24p 2012, en la que modestamente contribuí también en esta edición, recogía 24 aportaciones, este año mucho más abiertas que el año pasado, cuando, si no recuerdo mal, participamos sólo blogueros. Uno de los autores de la iniciativa, Serafín Fernández, aparecía lujosamente hace sólo unos días en la revista del Consejo General de Enfermería [CGE], Enfermería Facultativa (p. 16), por lo que no se les puede adjudicar a priori animadversión hacia el CGE.
Y, sin embargo, al lado de profesionales independientes, en 24h24p aparecen representantes institucionales como el Director General del Consejo Internacional de Enfermería, la Directora Ejecutiva de la Asociación de Enfermeras de Ontario, la Consejera de Salud de la Junta de Andalucía, incluso el Presidente de la Organización Médica Colegial, pero no está el CGE, ningún representante oficial español de la profesión. ¿Podemos convertir la anécdota en categoría? Creo que sí, he hablado muchas (¿demasiadas?) veces del serio problema que tiene la profesión enfermera con su representación institucional corporativa, pero lo hago desde un mero enfoque consultor: si a mí -que efectivamente trabajo como consultor, entre otras cosas, en estudios de mercado- me pidieran que hiciera un estudio estratégico de la 'marca enfermería', sin duda concluiría que uno de los principales problemas que tiene (en realidad, a mi juicio, el más importante) tiene que ver con su deplorable liderazgo corporativo y los 'valores' que transmite sobre la 'marca'; y no me refiero, aunque sí en primer término, sólo a la representación colegial.
Si realmente en el SNS se apreciara que "solamente buenos padres pueden educar buenos hijos", Houston, tenemos un problema (de narices).
martes, 14 de febrero de 2012
¿Sexismo o elitismo?: Sexismo y elitismo
Todos recordaremos el caso de la Clínica San Rafael de Cádiz, que en 2008 obligó a las enfermeras del centro a vestir uniforme con falda por encima de la rodilla, delantal y cofia, decisión que fue respaldada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y, finalmente, hace apenas unos meses, declarada ilegal por el Tribunal Supremo.
La noticia dio la vuelta al mundo, incluido un reportaje en Fox News (titulado "Actitud sexista? Un hospital español dice a sus enfermeras que sin falda, no hay incentivos") que, bajo la excusa del comportamiento sexista de la clínica, generó dos minutos y medio de deplorables comentarios machistas, incluidas fotos de enfermeras sexy con vestidos picantes y alusiones al papel de sanadoras sexuales de las enfermeras.
Por si le faltaba algo a nuestra fama planetaria, ya tenemos nada menos que un editorial en la prestigiosa revista Journal of Clinical Nursing. Aunque, aparentemente, el editorial se refiere más a los comentarios del reportaje de Fox News, que al dislate de la Clínica San Rafael, yo creo que no es así. Pero el comentario tiene su enjundia.
Afirma, con evidente razón, que los uniformes son todo, menos eróticos: "la minifalda parece más un vestido trapezoidal, apenas por encima de la rodilla, sobrio, pasado de moda y fuertemente anti-atractivo. Para añadir vergüenza al daño, está equipado con un delantal blanco y coronado con un 'gnomo de jardín' a modo de cofia de enfermera."
En su opinión -y en la mía-, antes que resaltar la femineidad de las enfermeras lo que intentaba el disfraz de época, rescatado del franquismo mediante un insólito bucle espacio-temporal, era resaltar el papel social de la enfermera en la organización profesional de centro, una manera simbólica, pero muy eficaz dado la alta importancia que se concede a los uniformes, de evitar cualquier atisbo de confusión entre médicos y enfermeras y de evidenciar la subordinación de éstas -modosas, vestidas más de camareras o doncellas, que de profesionales de la salud- a aquéllos.
Ya semos un poco más famosos...
La noticia dio la vuelta al mundo, incluido un reportaje en Fox News (titulado "Actitud sexista? Un hospital español dice a sus enfermeras que sin falda, no hay incentivos") que, bajo la excusa del comportamiento sexista de la clínica, generó dos minutos y medio de deplorables comentarios machistas, incluidas fotos de enfermeras sexy con vestidos picantes y alusiones al papel de sanadoras sexuales de las enfermeras.
Por si le faltaba algo a nuestra fama planetaria, ya tenemos nada menos que un editorial en la prestigiosa revista Journal of Clinical Nursing. Aunque, aparentemente, el editorial se refiere más a los comentarios del reportaje de Fox News, que al dislate de la Clínica San Rafael, yo creo que no es así. Pero el comentario tiene su enjundia.
Afirma, con evidente razón, que los uniformes son todo, menos eróticos: "la minifalda parece más un vestido trapezoidal, apenas por encima de la rodilla, sobrio, pasado de moda y fuertemente anti-atractivo. Para añadir vergüenza al daño, está equipado con un delantal blanco y coronado con un 'gnomo de jardín' a modo de cofia de enfermera."
En su opinión -y en la mía-, antes que resaltar la femineidad de las enfermeras lo que intentaba el disfraz de época, rescatado del franquismo mediante un insólito bucle espacio-temporal, era resaltar el papel social de la enfermera en la organización profesional de centro, una manera simbólica, pero muy eficaz dado la alta importancia que se concede a los uniformes, de evitar cualquier atisbo de confusión entre médicos y enfermeras y de evidenciar la subordinación de éstas -modosas, vestidas más de camareras o doncellas, que de profesionales de la salud- a aquéllos.
Ya semos un poco más famosos...
jueves, 9 de febrero de 2012
Médicos, Farmacéuticos, Veterinarios, Odontólogos y... Enfermería
No es la primera vez, ni será la última, que veo un titular como éste, en el que para el resto de las profesiones mencionadas se utilice el masculino genérico (Médicos, Farmacéuticos, Veterinarios y Odontólogos) y cuando el redactor llega a la profesión de enfermería... le suena mal enfermeros, pero no se atreve a poner enfermeras. Así que, resueltamente, pone enfermería, con lo cual, mientras que los demás queda claro que son personas físicas, las enfermeras parece que son personas jurídicas. ¿Por qué? ¿Tan difícil es poner enfermeras (o enfermeros)?
miércoles, 11 de enero de 2012
Por alusiones
Hace un mes se puso en marcha la iniciativa "mírame, diferénciate", impulsada por un equipo de profesionales, con el propósito básico de defender una asistencia sanitaria más humana. En su momento, di mi opinión sobre ella, que puedo resumir como "tanto esfuerzo e inteligencia merecerían mejor causa". Intenté hacerlo de manera honesta y constructiva y, en general, así se entendió aunque no se estuviera de acuerdo conmigo... o al menos eso creí en su momento.
En cualquier caso, una vez expresada públicamente mi opinión me abstuve de entrar en polémicas y mucho menos de volver a opinar ante cada paso dado por los responsables de la iniciativa (aunque, a decir verdad, ante algún comentario colgado en su blog, sentí ganas de hacerlo). En cualquier caso, aunque como se puede desprender de lo que acabo de decir sigo de cerca la evolución del proyecto y analizo sus materiales, me ratifico en mi postura de abstenerme de figurar como el disidente oficial, latoso y coñazo.
Pero en una entrada del blog para celebrar este primer mes de vida, su autor resume mi opinión de la siguiente manera: "una gran parte de ese esfuerzo futuro pasa por asumir que aún hay otros muchos que no han recibido aún el mensaje o, como valientemente hizo en su día Juan F. Yañez en un post, no han sabido entenderlo."
La verdad, creer que alguien que critica algo lo hace porque no ha sabido entenderlo es un poco petulante y, desde luego, ni constructivo ni autocrítico, algo muy necesario en el debate de ideas. Que yo discrepe de la iniciativa por pensar que tiene más forma que fondo, que no responde a ninguna prioridad, ni asistencial ni profesional (especialmente para la enfermería), y que supone un frustrante y evitable desperdicio de energías y esfuerzos que podrían aplicarse mejor a otros objetivos más urgentes e importantes para los pacientes, no quiere decir que no haya sabido entenderla. Al contrario, creo que entiendo todas sus motivaciones y todos sus objetivos.
Por otro lado, en un comentario a esta entrada, una "enfermera a pie de cama", como se autodescribe, dice lo siguiente: "a diferencia de Juan F. Hernández Yáñez, opino que además [de humanidad] somos ciencia, en nuestro esfuerzo por comprender, o por entender mejor cómo funciona nuestro cuidar diario". Si esa fuera mi opinión, sería simplemente una majadería y, por supuesto, jamás lo he afirmado. Lo que sí he afirmado, y con rotundidad, es que quien opina eso, quien tiende a ver así a la enfermería y las enfermeras, como "humanidad sin ciencia", es el imaginario social, la gente (incluidos muchos de vuestros pacientes).
Y eso ya no es una barbaridad: es un serio problema para el progreso de la enfermería. Y, además, esta opinión social no sólo la transmito yo, sino que lo hacen las muchas enfermeras a las que leo expresar en diferentes publicaciones y foros su pesadumbre y frustración por la falta de reconocimiento social de la profesión. Mi argumentación sobre las causas de esta situación la he expuesto con profusión en este blog, por ejemplo -sólo una entre muchas- en esta entrada, gráficamente titulada "un adiós a los ángeles", título de un libro de la periodista americana Suzanne Gordon.
Y en mi humilde opinión, en la que me ratifico, iniciativas como ésta hacen un flaco favor a la enfermería, ya que sobre-enfatizan como activo a alcanzar algo -la humanidad- que sí admite como activo de la enfermería el imaginario social. Considerar, como lo expresa nuestra comentarista, que "la enfermería es pura humanidad, puesto que trabajamos con seres humanos" es un craso error: también los fontaneros o los conductores de autobús trabajan con seres humanos y nadie les exige un plus de humanidad en su trabajo. Aunque cuando lo tienen, se les agradece.
En cualquier caso, nada me gustaría más dentro de algún tiempo que reconocer que estaba equivocado y que todos los esfuerzos y energías se han traducido en algo valorable y valorado por los pacientes y los profesionales de la salud. ¡Suerte, amigos!
En cualquier caso, una vez expresada públicamente mi opinión me abstuve de entrar en polémicas y mucho menos de volver a opinar ante cada paso dado por los responsables de la iniciativa (aunque, a decir verdad, ante algún comentario colgado en su blog, sentí ganas de hacerlo). En cualquier caso, aunque como se puede desprender de lo que acabo de decir sigo de cerca la evolución del proyecto y analizo sus materiales, me ratifico en mi postura de abstenerme de figurar como el disidente oficial, latoso y coñazo.
Pero en una entrada del blog para celebrar este primer mes de vida, su autor resume mi opinión de la siguiente manera: "una gran parte de ese esfuerzo futuro pasa por asumir que aún hay otros muchos que no han recibido aún el mensaje o, como valientemente hizo en su día Juan F. Yañez en un post, no han sabido entenderlo."
La verdad, creer que alguien que critica algo lo hace porque no ha sabido entenderlo es un poco petulante y, desde luego, ni constructivo ni autocrítico, algo muy necesario en el debate de ideas. Que yo discrepe de la iniciativa por pensar que tiene más forma que fondo, que no responde a ninguna prioridad, ni asistencial ni profesional (especialmente para la enfermería), y que supone un frustrante y evitable desperdicio de energías y esfuerzos que podrían aplicarse mejor a otros objetivos más urgentes e importantes para los pacientes, no quiere decir que no haya sabido entenderla. Al contrario, creo que entiendo todas sus motivaciones y todos sus objetivos.
Por otro lado, en un comentario a esta entrada, una "enfermera a pie de cama", como se autodescribe, dice lo siguiente: "a diferencia de Juan F. Hernández Yáñez, opino que además [de humanidad] somos ciencia, en nuestro esfuerzo por comprender, o por entender mejor cómo funciona nuestro cuidar diario". Si esa fuera mi opinión, sería simplemente una majadería y, por supuesto, jamás lo he afirmado. Lo que sí he afirmado, y con rotundidad, es que quien opina eso, quien tiende a ver así a la enfermería y las enfermeras, como "humanidad sin ciencia", es el imaginario social, la gente (incluidos muchos de vuestros pacientes).
Y eso ya no es una barbaridad: es un serio problema para el progreso de la enfermería. Y, además, esta opinión social no sólo la transmito yo, sino que lo hacen las muchas enfermeras a las que leo expresar en diferentes publicaciones y foros su pesadumbre y frustración por la falta de reconocimiento social de la profesión. Mi argumentación sobre las causas de esta situación la he expuesto con profusión en este blog, por ejemplo -sólo una entre muchas- en esta entrada, gráficamente titulada "un adiós a los ángeles", título de un libro de la periodista americana Suzanne Gordon.
Y en mi humilde opinión, en la que me ratifico, iniciativas como ésta hacen un flaco favor a la enfermería, ya que sobre-enfatizan como activo a alcanzar algo -la humanidad- que sí admite como activo de la enfermería el imaginario social. Considerar, como lo expresa nuestra comentarista, que "la enfermería es pura humanidad, puesto que trabajamos con seres humanos" es un craso error: también los fontaneros o los conductores de autobús trabajan con seres humanos y nadie les exige un plus de humanidad en su trabajo. Aunque cuando lo tienen, se les agradece.
En cualquier caso, nada me gustaría más dentro de algún tiempo que reconocer que estaba equivocado y que todos los esfuerzos y energías se han traducido en algo valorable y valorado por los pacientes y los profesionales de la salud. ¡Suerte, amigos!
martes, 10 de enero de 2012
Doctores tiene la iglesia...
En alguna ocasión anterior me he referido a la manera en que los medios de comunicación tienden a medicalizar la sanidad tomando la parte -los médicos- por el todo -los profesionales de la salud-. Ello afecta especialmente a la enfermería que ve muchas veces cómo, aunque en el texto de la información se hable de personal sanitario o, más habitualmente, de médicos y enfermeras, el titular sólo hace referencia a "los médicos".
Pero no es exclusivo del personal sanitario, le sucede (nos sucede, en cuántas ocasiones se han dirigido a mí como Dr. Hernández) a todo lo que se mueve por el sector sanitario, presuponiendo que, si escribes sobre sanidad, entonces tienes que ser médico.
Ahora cuento una anécdota, tan divertida como elocuente, que a quien más va a divertir, espero, es a su involuntario protagonista. Mirad este texto encontrado en el último número de la edición española de la revista Medical Economics:
Así que, de tener pacientes, me temo que éstos sólo pueden ser las burocracias sanitarias.
Pero no es exclusivo del personal sanitario, le sucede (nos sucede, en cuántas ocasiones se han dirigido a mí como Dr. Hernández) a todo lo que se mueve por el sector sanitario, presuponiendo que, si escribes sobre sanidad, entonces tienes que ser médico.
Ahora cuento una anécdota, tan divertida como elocuente, que a quien más va a divertir, espero, es a su involuntario protagonista. Mirad este texto encontrado en el último número de la edición española de la revista Medical Economics:
En España, aún son escasos los profesionales de la medicina que utilizan las posibilidades que ofrece Internet como aliados en la formación de sus pacientes y pocas las webs de referencia con credibilidad avalada. Pero hay excepciones como los médicos de familia Salvador Casado y Miguel Ángel Máñez que desde sus respectivos blogs (doctorcasado.blogspot.com y saludconcosas.blogspot.com) intentan salvar las distancias y acercarse a sus pacientes por otros canales.Pues bien, como todos sus seguidores sabemos, Miguel Ángel Máñez, autor no sólo de Salud con cosas sino también del blog La otra orilla, es economista y subdirector económico del Departamento de Salud Alicante-Sant Joan.
Así que, de tener pacientes, me temo que éstos sólo pueden ser las burocracias sanitarias.
martes, 13 de diciembre de 2011
Lo siento, pero no estoy de acuerdo
Como es más que sabido, dada la conmoción blogosferil de ayer, ha tomado definitivamente cuerpo una iniciativa de los amigos -enfermeros- de cuidando.es que ha conseguido aglutinar a decenas de personas y recibir el apoyo de 61 blogs/webs del sector (hasta el momento de redactar esta entrada): 18 de enfermería, 15 de médicos, 9 de gestores/consultores, 6 de terapeutas, 4 de periodistas y 2 de psicólogos, más otras 5 interdisciplinares y 2 que llamaremos 'miscelánea'. Se trata de mírame, diferénciate y viene definida así por sus promotores: "A finales de agosto de 2011, un grupo de profesionales se unió para trabajar por un objetivo común, convencidos de que la calidad asistencial puede mejorar con pequeños gestos, como mirar a los ojos de las personas que atendemos. Una idea que surge a través de las redes sociales con el fin de traspasar la pantalla y provocar un gesto".
Desde el más absoluto respeto a una iniciativa tan exitosa, querría hacer algunos comentarios que probablemente chocarán, porque van contracorriente dado el entusiasmo desbordado que se ha generado:
Lo que tengo que decir, en primer lugar, es que el trabajo acometido ha sido exigente, bien planificado y ejecutado, ha sido capaz de generar comunidad entre personas con perfiles profesionales muy diferentes, entre ellos buena parte del sanedrín de la blogosfera sanitaria, e incluso que ha existido un diseño elegante y cuidado. También, que ha despertado un notable entusiasmo, incluso gente crítica o desconfiada durante el largo proceso -que también los ha habido- han aflojado en su criticismo y se han adherido, lo cual significa que el producto ha tenido también la virtud de saber vencer algunas desconfianzas iniciales. Es, por tanto, admirable en su diseño y ejecución.
Dicho esto y siempre desde el más absoluto respeto personal y profesional, lo que tengo que decir en segundo lugar es que no sé muy bien si se trata de un esfuerzo personal e intelectual que hubiera merecido mejor causa. No entiendo muy bien el origen o motivo de la iniciativa concreta, centrada en lo que podríamos llamar una corriente de 'humanización' de la asistencia, si es porque ha existido algún tipo de demanda social o sanitaria o señales de alarma, si es que, a partir de la propia experiencia personal-asistencial de los generadores del debate, se ha podido percibir una degradación de la relación profesional-paciente.
Lo digo porque en los muy numerosos documentos, publicaciones y papers de todo pelaje que analizan en estos tiempos de profunda crisis el estado de la sanidad española no es fácil encontrar, dentro de los variopintos diagnósticos de situación, problemas significativos de este tipo al lado de los financieros, organizativos, de cobertura sanitaria, políticos, de seguridad para los pacientes, de intensidad asistencial y prescriptora, amenazas privatizadoras, etc. Los pacientes se muestran razonablemente satisfechos con los profesionales que les atienden y las profesiones sanitarias gozan de un gran prestigio social. De ahí mi desconcierto: ¿por qué toca este tema concreto, ahora?
Lo que querría señalar en tercer lugar es que el documento de base del Grupo de Evidencia Científica, Humanizar, que no es poco, es técnicamente meritorio, con un proceso de elaboración importante, no habitual en este tipo de iniciativas, y se nota que ha existido un trabajo riguroso en su elaboración. Pero, también, que personalmente me parece que parte de un enfoque unidimensional y por ello difícilmente podría captar y analizar una realidad compleja, poliédrica, a partir de un análisis tan plano. Diríase que tenía las respuestas antes que las preguntas y que, más que de un análisis, se trata de un argumentario.
Y como este blog es sobre la profesión enfermera, quiero decir en cuarto lugar, que me parece que le hace un flaco favor a las enfermeras y la enfermería, algo que choca tratándose de una iniciativa enfermera. Si en el imaginario social, la medicina es vista como Ciencia sin Humanidad (mientras que la enfermería se percibe como Humanidad sin Ciencia) cualquier esfuerzo encaminado a aportar más 'humanismo' a la medicina, para poder ser apreciada como Ciencia con Humanidad, es absolutamente loable, especialmente por las difíciles condiciones en que tantos médicos -especialmente en la atención primaria- desarrollan su trabajo asistencial, entre presiones, prisas, masificación, politización y burocracias.
Sin embargo, si con respecto a la enfermería (Humanidad sin Ciencia) el objetivo fundamental es reforzar aún más el componente 'humanitario', frente al 'científico', eso significa volver al discurso enfermero de los años setenta y ochenta -aunque despojado ahora del fuerte componente feminista, producto genuino de la época- de las madres fundadoras, hace ya 30 ó 35 años. Eso no es mirar al futuro, no es desarrollar una visión estratégica sobre la profesión.
Uno de los factores por los que el largo camino recorrido por la enfermería de ocupación a profesión permanece aún inconcluso es, en mi opinión y en la de algunas otras reflexiones, el excesivo peso ideológico y conceptual de los aspectos humanistas en el discurso enfermero, en claro menoscabo de los componentes científico-técnicos. A la gente le encantan las enfermeras, las ve como ángeles, tienen una excelente opinión de la enfermería... pero como una ocupación subalterna, altruista y abnegada, capaz de asumir con dulzura o resignación las tareas más desagradables y duras en las salas de hospitalización o los centros sociosanitarios.
Y ello lleva, indefectiblemente, a la melancolía. Seleccionado de tres tesis doctorales de enfermeras:
Los valores que encarna una enfermería moderna deberían aspirar a convertirse y ser apreciados como las señas de identidad esenciales de los modernos servicios de salud, como alternativa a la actual imagen hipertecnologizada, burocratizada y despersonalizada, muy lejos de lo que recibe y espera recibir la
gran mayoría de los pacientes, tanto de los médicos como de las enfermeras. Pero deducir de ello que sea hoy en día prioritario para el futuro de la profesión y para la motivación y el progreso de las enfermeras que miren a los ojos de sus pacientes (y lo acepto como metáfora) significa, en primer lugar, afirmar que no lo vienen haciendo, afirmación más que dudosa, al menos en términos generales; y, en segundo lugar, apostar decididamente por que la enfermería siga jugando un papel de segunda fila en los procesos verdaderamente importantes de toma de decisiones sanitarias, a cualquier nivel, macro, meso o micro.
¿Y eso qué importancia tiene, si de lo que se trata es de realizar un esfuerzo conjunto, con el resto de las profesiones y ocupaciones sanitarias, para humanizar la relación con los pacientes? ¿Es que la enfermería es más importante que el sistema sanitario, incluso que los pacientes?
Evidentemente, no. Pero quien esto escribe ha apostado -intelectualmente, no hay nada de afectivo- por unos servicios de salud en los que las fronteras y barreras profesionales se vayan difuminando y se produzca una gran reordenación de competencias, roles, funciones y tareas sobre bases no corporativistas, sino racionales, en los que cada colectivo profesional se dedique a hacer aquello que hace mejor que los otros porque ha sido específicamente formado para ello. En estos servicios de salud la enfermería debería ir pasando de un papel claramente subordinado a otro absolutamente protagonista en aspectos como continuidad asistencial y coordinación entre niveles, seguridad de los pacientes, eficiencia asistencial, gatekeeper o puerta de entrada al sistema, atención a la población crónica con pluripatologías, asistencia sociosanitaria, cuidados paliativos, seguimiento del niño sano, atención comunitaria en dispositivos básicos de atención primaria y un largo etcétera.
Y como estoy convencido de que, como ya empieza a suceder en otra latitudes, la enfermería va a desempeñar un papel crítico en la sostenibilidad de los servicios públicos de salud, sé que ello requiere fuertes dosis de legitimación social y profesional, un objetivo que no se va a conseguir perpetuando este anquilosado paradigma de la enfermería humanista, holística, vocacional. La enfermería está abocada a ser la innovación disruptiva por excelencia, junto con las TIC, dentro de los servicios de salud.
En este complicado proceso, tanto para la enfermería como para los servicios de salud, que tendrá necesariamente que chocar con corporativismos anquilosados y otros intereses creados, no entiendo qué papel aspira a desempeñar esta iniciativa.
En mi opinión, la iniciativa tiene más de márketing, que de otra cosa (¿quién va a ser tan canalla como para no adherirse, negarse por tanto a mirar a los pacientes a los ojos?).
Y sí, para mí, y lamento decirlo, el rey está desnudo.
Espero no haber ofendido a nadie, se trata simplemente de mostrar respetuosamente mi extrañeza y desacuerdo y, si acaso, provocar la reflexión. Un saludo para todos.
Desde el más absoluto respeto a una iniciativa tan exitosa, querría hacer algunos comentarios que probablemente chocarán, porque van contracorriente dado el entusiasmo desbordado que se ha generado:
Lo que tengo que decir, en primer lugar, es que el trabajo acometido ha sido exigente, bien planificado y ejecutado, ha sido capaz de generar comunidad entre personas con perfiles profesionales muy diferentes, entre ellos buena parte del sanedrín de la blogosfera sanitaria, e incluso que ha existido un diseño elegante y cuidado. También, que ha despertado un notable entusiasmo, incluso gente crítica o desconfiada durante el largo proceso -que también los ha habido- han aflojado en su criticismo y se han adherido, lo cual significa que el producto ha tenido también la virtud de saber vencer algunas desconfianzas iniciales. Es, por tanto, admirable en su diseño y ejecución.
Dicho esto y siempre desde el más absoluto respeto personal y profesional, lo que tengo que decir en segundo lugar es que no sé muy bien si se trata de un esfuerzo personal e intelectual que hubiera merecido mejor causa. No entiendo muy bien el origen o motivo de la iniciativa concreta, centrada en lo que podríamos llamar una corriente de 'humanización' de la asistencia, si es porque ha existido algún tipo de demanda social o sanitaria o señales de alarma, si es que, a partir de la propia experiencia personal-asistencial de los generadores del debate, se ha podido percibir una degradación de la relación profesional-paciente.
Lo digo porque en los muy numerosos documentos, publicaciones y papers de todo pelaje que analizan en estos tiempos de profunda crisis el estado de la sanidad española no es fácil encontrar, dentro de los variopintos diagnósticos de situación, problemas significativos de este tipo al lado de los financieros, organizativos, de cobertura sanitaria, políticos, de seguridad para los pacientes, de intensidad asistencial y prescriptora, amenazas privatizadoras, etc. Los pacientes se muestran razonablemente satisfechos con los profesionales que les atienden y las profesiones sanitarias gozan de un gran prestigio social. De ahí mi desconcierto: ¿por qué toca este tema concreto, ahora?
Lo que querría señalar en tercer lugar es que el documento de base del Grupo de Evidencia Científica, Humanizar, que no es poco, es técnicamente meritorio, con un proceso de elaboración importante, no habitual en este tipo de iniciativas, y se nota que ha existido un trabajo riguroso en su elaboración. Pero, también, que personalmente me parece que parte de un enfoque unidimensional y por ello difícilmente podría captar y analizar una realidad compleja, poliédrica, a partir de un análisis tan plano. Diríase que tenía las respuestas antes que las preguntas y que, más que de un análisis, se trata de un argumentario.
Y como este blog es sobre la profesión enfermera, quiero decir en cuarto lugar, que me parece que le hace un flaco favor a las enfermeras y la enfermería, algo que choca tratándose de una iniciativa enfermera. Si en el imaginario social, la medicina es vista como Ciencia sin Humanidad (mientras que la enfermería se percibe como Humanidad sin Ciencia) cualquier esfuerzo encaminado a aportar más 'humanismo' a la medicina, para poder ser apreciada como Ciencia con Humanidad, es absolutamente loable, especialmente por las difíciles condiciones en que tantos médicos -especialmente en la atención primaria- desarrollan su trabajo asistencial, entre presiones, prisas, masificación, politización y burocracias.
Sin embargo, si con respecto a la enfermería (Humanidad sin Ciencia) el objetivo fundamental es reforzar aún más el componente 'humanitario', frente al 'científico', eso significa volver al discurso enfermero de los años setenta y ochenta -aunque despojado ahora del fuerte componente feminista, producto genuino de la época- de las madres fundadoras, hace ya 30 ó 35 años. Eso no es mirar al futuro, no es desarrollar una visión estratégica sobre la profesión.
Uno de los factores por los que el largo camino recorrido por la enfermería de ocupación a profesión permanece aún inconcluso es, en mi opinión y en la de algunas otras reflexiones, el excesivo peso ideológico y conceptual de los aspectos humanistas en el discurso enfermero, en claro menoscabo de los componentes científico-técnicos. A la gente le encantan las enfermeras, las ve como ángeles, tienen una excelente opinión de la enfermería... pero como una ocupación subalterna, altruista y abnegada, capaz de asumir con dulzura o resignación las tareas más desagradables y duras en las salas de hospitalización o los centros sociosanitarios.
Y ello lleva, indefectiblemente, a la melancolía. Seleccionado de tres tesis doctorales de enfermeras:
¿Por qué no consiguen las enfermeras/os el reconocimiento social de su aportación
única y específica a la población, a pesar del avance en el proceso de profesionalización? (Ramió Jofre, 2005:7).
¿Cómo es posible que una actividad tan fundamental para el bienestar de las personas
se haya situado históricamente, incluso en la actualidad, en la sombra de la
escena sanitaria, social y política? (Miró Bonet, 2008:69).
¿Qué es lo que hace que el colectivo de enfermería no perciba su profesión al
mismo nivel que otras académicamente similares y que se vea permanentemente
imbuida en una invisibilidad consentida por él mismo, por otros profesionales de
la salud, por las instituciones y por la propia sociedad a la que sirve? (BertránNoguer, 2005:90).
Los valores que encarna una enfermería moderna deberían aspirar a convertirse y ser apreciados como las señas de identidad esenciales de los modernos servicios de salud, como alternativa a la actual imagen hipertecnologizada, burocratizada y despersonalizada, muy lejos de lo que recibe y espera recibir la
gran mayoría de los pacientes, tanto de los médicos como de las enfermeras. Pero deducir de ello que sea hoy en día prioritario para el futuro de la profesión y para la motivación y el progreso de las enfermeras que miren a los ojos de sus pacientes (y lo acepto como metáfora) significa, en primer lugar, afirmar que no lo vienen haciendo, afirmación más que dudosa, al menos en términos generales; y, en segundo lugar, apostar decididamente por que la enfermería siga jugando un papel de segunda fila en los procesos verdaderamente importantes de toma de decisiones sanitarias, a cualquier nivel, macro, meso o micro.
¿Y eso qué importancia tiene, si de lo que se trata es de realizar un esfuerzo conjunto, con el resto de las profesiones y ocupaciones sanitarias, para humanizar la relación con los pacientes? ¿Es que la enfermería es más importante que el sistema sanitario, incluso que los pacientes?
Evidentemente, no. Pero quien esto escribe ha apostado -intelectualmente, no hay nada de afectivo- por unos servicios de salud en los que las fronteras y barreras profesionales se vayan difuminando y se produzca una gran reordenación de competencias, roles, funciones y tareas sobre bases no corporativistas, sino racionales, en los que cada colectivo profesional se dedique a hacer aquello que hace mejor que los otros porque ha sido específicamente formado para ello. En estos servicios de salud la enfermería debería ir pasando de un papel claramente subordinado a otro absolutamente protagonista en aspectos como continuidad asistencial y coordinación entre niveles, seguridad de los pacientes, eficiencia asistencial, gatekeeper o puerta de entrada al sistema, atención a la población crónica con pluripatologías, asistencia sociosanitaria, cuidados paliativos, seguimiento del niño sano, atención comunitaria en dispositivos básicos de atención primaria y un largo etcétera.
Y como estoy convencido de que, como ya empieza a suceder en otra latitudes, la enfermería va a desempeñar un papel crítico en la sostenibilidad de los servicios públicos de salud, sé que ello requiere fuertes dosis de legitimación social y profesional, un objetivo que no se va a conseguir perpetuando este anquilosado paradigma de la enfermería humanista, holística, vocacional. La enfermería está abocada a ser la innovación disruptiva por excelencia, junto con las TIC, dentro de los servicios de salud.
En este complicado proceso, tanto para la enfermería como para los servicios de salud, que tendrá necesariamente que chocar con corporativismos anquilosados y otros intereses creados, no entiendo qué papel aspira a desempeñar esta iniciativa.
En mi opinión, la iniciativa tiene más de márketing, que de otra cosa (¿quién va a ser tan canalla como para no adherirse, negarse por tanto a mirar a los pacientes a los ojos?).
Y sí, para mí, y lamento decirlo, el rey está desnudo.
Espero no haber ofendido a nadie, se trata simplemente de mostrar respetuosamente mi extrañeza y desacuerdo y, si acaso, provocar la reflexión. Un saludo para todos.
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diferénciate,
Imagen social de la enfermería,
mírame
jueves, 27 de octubre de 2011
La Jornada de Jaén: (3) Un serio problema de imagen pública
El viernes 21 de octubre participé en las III Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias con la conferencia inaugural, un verdadero honor. A la espera de los podcast que publicarán en paginasenferurg.com, el mejor homenaje a mis anfitriones -Jesús López Ortega, Antonio J. Valenzuela, Sixto Cámara...- es compartir con ellos y con vosotros las notas de la conferencia.
La tercera entrega es Un serio problema de imagen pública y está tomada literalmente así de mis notas:
Por favor... ¡Si no es -no debería ser- tan difícil!
La tercera entrega es Un serio problema de imagen pública y está tomada literalmente así de mis notas:
La enfermería tiene un serio problema de imagen pública, un severo déficit de visibilidad social. Algo de culpa tiene en ello: ¿Tan difícil es redactar un documento en el que se explique a los ciudadanos, en términos sencillos pero convincentes, las razones por las que la enfermería es -y debería ser considerada como- una profesión independiente y autónoma, con bases científicas y ámbitos disciplinares propios, que desempeña unas funciones exclusivas que nadie que no tuviera formación enfermera podría desempeñar?No debería serlo, pero parece que sí lo es, porque yo nunca lo he visto. Sólo he visto textos donde enfermeras explican a enfermeras lo importantes y cualificadas que son las enfermeras. Y entonces, claro, resulta que el problema es más estructural que funcional. Hagáis lo que hagáis siempre seréis observados con desconfianza si tratáis de retar el orden establecido sin explicar convincentemente cuál es la utilidad social de los cambios promovidos, es decir, en qué beneficiarían realmente a los pacientes y contribuyentes unos nuevos equilibrios de poder en los que la enfermería obtuviera mayores cuotas de autonomía e independencia. Y en ese terreno, bien abonado por la desconfianza, cala fuertemente en la gente el sencillo mensaje de los bien engrasados aparatos de propaganda del lobby profesional médico: que lo único que busca la enfermería son beneficios propios, un “quítate tú para ponerme yo”.
¿Se ha explicado a los ciudadanos, a los pacientes, en qué les beneficia personalmente que las enfermeras puedan recetar medicamentos? ¿O que estudien cuatro años en vez de tres, asumiendo el contribuyente en su mayor parte el coste de esta extensión? ¿Se les ha explicado qué es lo que estudian durante cuatro largos años para acabar siendo las ayudantes de los médicos que hacen lo que les ordenan? Porque no es bueno engañarse: así es como el imaginario social visualiza a las enfermeras y nadie parece hacer el más mínimo esfuerzo para desmontar esa obsoleta y dañina visión.
Y, ya fuera de mis notas de Jaén, añado sobre la marcha: con lo que sabemos a día de hoy, a partir de las evidencias, no del voluntarismo, sobre el enorme potencial de la enfermería para desatascar algunas de las obturadas cañerías del Sistema Nacional de Salud, ¿por qué nadie es capaz de verbalizarlo y argumentarlo contundentemente para que la enfermería acabe por formar parte, de manera definitiva e incontestable, de las (escasas) respuestas inteligentes a su crisis de sostenibilidad?Como lo explica Suzanne Gordon, que es ciudadana de un país (los Estados Unidos) uno de cuyos problemas sanitarios más graves es la gran escasez de enfermeras,“Quienes no somos enfermeras –la mayor parte de los cuales algún día seremos pacientes– tenemos un interés claro en ayudar a que las enfermeras obtengan mayores recursos educativos. Pero ese interés social en la educación enfermera y su financiación depende de la seguridad que tengamos de que las facultades de enfermería producirán gente que quiera cuidar de nosotros cuando estemos enfermos. Si una formación de cuatro años para ser enfermera resulta deseable será porque la educación resolverá la escasez de enfermeras, no los problemas de inferioridad del estatus profesional de la enfermería”.Cambiemos “la escasez de enfermeras” por cualquier otro de los grandes problemas percibidos por los usuarios y organizaciones (ineficiencias, costes inexplicados, listas de espera, atención personalizada, yatrogenia, variaciones injustificadas en las prácticas médicas, cuidados terminales, seguimiento de crónicos, modificación de estilos de vida...) y entenderemos perfectamente lo que Gordon quiere decir.
Por favor... ¡Si no es -no debería ser- tan difícil!
lunes, 26 de septiembre de 2011
En todas partes cuecen habas
Creative Nonfiction [CNF] es uno de esos recursos que nos vuelve locos a quienes, aunque somos esclavos de lo cuantitativo, nos fascina lo cualitativo, el "signo distintivo" de la realidad social; por simplificar -¡y tanto!-, lo cuantitativo describe, sólo lo cualitativo analiza. De ahí nuestra sorpresa al verlo referido en un medio médico que además incluye una entrevista con su fundador y director, Lee Gutkind. Ello se justifica porque CNF incluye esporádicamente relatos sobre temas médicos, en definitiva relatos de los propios médicos sobre sus experiencias profesionales/vitales (es decir, no-ficción, pero con literatura realmente de calidad).
¿Por qué traigo a este blog, que es sobre todo sobre enfermería, estas experiencias que son sobre todo médicas? Muy sencillo: Después de cuatro libros de relatos médicos de no-ficción, Gutkind está tratando de completar otro, al menos uno, sobre relatos enfermeros de no-ficción, sobre las experiencias profesionales/vitales de enfermeras en su trabajo. ¿Y cuál es el problema? Que no hay muchas enfermeras que quieran enviar relatos sobre sus experiencias.
¿Las enfermeras no saben escribir relatos? ¿Las enfermeras no quieren contar sus experiencias? ¿A las enfermeras les da igual lo que la gente conozca sobre su trabajo?
Escuchemos (bueno, leamos) a Gutkind y a su entrevistadora Kristina Fiore:
P.- Ahora está recopilando historias de enfermeras para una nueva antología. Dado que, históricamente, los médicos 'curan' y las enfermeras 'cuidan' y que, por tanto, la enfermería está asociada a una aproximación más humanista, ¿aprecia alguna diferencia en sus aportaciones?
R.- Para ser honestos, las aportaciones para la antología enfermera son muy bajas comparadas con otras antologías, no obtenemos tantas aportaciones de enfermeras como nos gustaría [...] Las enfermeras, en muchos aspectos, tienen mucho más que decir de lo que nunca podrían hacer los médicos porque pasan mucho más tiempo con sus pacientes. Y tienen muchas frustraciones con el sistema sanitario que son muy diferentes de las que tienen los médicos. Tienen mucho que decir y las historias que podrían contar ayudarían a otros en este campo.
P.- ¿Quizás tienen más miedo o están más intimidadas a la hora de compartir sus historias?
R.- Correcto. Uno odia limitarse a maldecir el sistema, pero lo cierto es que este es un mal sitio para negociar, especialmente en estos tiempos. Los médicos poseen un poder y capacidad de influencia que no tienen las enfermeras. Pasa lo mismo con las trabajadoras sociales. Ellas tienen también interacciones increíbles con las familias, pero no contribuyen. Y eso es muy negativo.
Sin comentarios. Serían absolutamente superfluos.
¿Por qué traigo a este blog, que es sobre todo sobre enfermería, estas experiencias que son sobre todo médicas? Muy sencillo: Después de cuatro libros de relatos médicos de no-ficción, Gutkind está tratando de completar otro, al menos uno, sobre relatos enfermeros de no-ficción, sobre las experiencias profesionales/vitales de enfermeras en su trabajo. ¿Y cuál es el problema? Que no hay muchas enfermeras que quieran enviar relatos sobre sus experiencias.
¿Las enfermeras no saben escribir relatos? ¿Las enfermeras no quieren contar sus experiencias? ¿A las enfermeras les da igual lo que la gente conozca sobre su trabajo?
Escuchemos (bueno, leamos) a Gutkind y a su entrevistadora Kristina Fiore:
P.- Ahora está recopilando historias de enfermeras para una nueva antología. Dado que, históricamente, los médicos 'curan' y las enfermeras 'cuidan' y que, por tanto, la enfermería está asociada a una aproximación más humanista, ¿aprecia alguna diferencia en sus aportaciones?
R.- Para ser honestos, las aportaciones para la antología enfermera son muy bajas comparadas con otras antologías, no obtenemos tantas aportaciones de enfermeras como nos gustaría [...] Las enfermeras, en muchos aspectos, tienen mucho más que decir de lo que nunca podrían hacer los médicos porque pasan mucho más tiempo con sus pacientes. Y tienen muchas frustraciones con el sistema sanitario que son muy diferentes de las que tienen los médicos. Tienen mucho que decir y las historias que podrían contar ayudarían a otros en este campo.
P.- ¿Quizás tienen más miedo o están más intimidadas a la hora de compartir sus historias?
R.- Correcto. Uno odia limitarse a maldecir el sistema, pero lo cierto es que este es un mal sitio para negociar, especialmente en estos tiempos. Los médicos poseen un poder y capacidad de influencia que no tienen las enfermeras. Pasa lo mismo con las trabajadoras sociales. Ellas tienen también interacciones increíbles con las familias, pero no contribuyen. Y eso es muy negativo.
Sin comentarios. Serían absolutamente superfluos.
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