Todos recordaremos el caso de la Clínica San Rafael de Cádiz, que en 2008 obligó a las enfermeras del centro a vestir uniforme con falda por encima de la rodilla, delantal y cofia, decisión que fue respaldada por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y, finalmente, hace apenas unos meses, declarada ilegal por el Tribunal Supremo.
La noticia dio la vuelta al mundo, incluido un reportaje en Fox News (titulado "Actitud sexista? Un hospital español dice a sus enfermeras que sin falda, no hay incentivos") que, bajo la excusa del comportamiento sexista de la clínica, generó dos minutos y medio de deplorables comentarios machistas, incluidas fotos de enfermeras sexy con vestidos picantes y alusiones al papel de sanadoras sexuales de las enfermeras.
Por si le faltaba algo a nuestra fama planetaria, ya tenemos nada menos que un editorial en la prestigiosa revista Journal of Clinical Nursing. Aunque, aparentemente, el editorial se refiere más a los comentarios del reportaje de Fox News, que al dislate de la Clínica San Rafael, yo creo que no es así. Pero el comentario tiene su enjundia.
Afirma, con evidente razón, que los uniformes son todo, menos eróticos: "la minifalda parece más un vestido trapezoidal, apenas por encima de la rodilla, sobrio, pasado de moda y fuertemente anti-atractivo. Para añadir vergüenza al daño, está equipado con un delantal blanco y coronado con un 'gnomo de jardín' a modo de cofia de enfermera."
En su opinión -y en la mía-, antes que resaltar la femineidad de las enfermeras lo que intentaba el disfraz de época, rescatado del franquismo mediante un insólito bucle espacio-temporal, era resaltar el papel social de la enfermera en la organización profesional de centro, una manera simbólica, pero muy eficaz dado la alta importancia que se concede a los uniformes, de evitar cualquier atisbo de confusión entre médicos y enfermeras y de evidenciar la subordinación de éstas -modosas, vestidas más de camareras o doncellas, que de profesionales de la salud- a aquéllos.
Ya semos un poco más famosos...
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martes, 14 de febrero de 2012
martes, 15 de noviembre de 2011
La cizaña
Prometí hace un más o menos un mes que no iba a entrar más al trapo de los 'artículos de opinión' en los que algunos médicos, víctimas de su trastorno obsesivo compulsivo, se despachan a gusto descalificando urbi et orbi y sin matices a la enfermería y a las enfermeras. Lo hice a raíz de un artículo del conocido médico Juan Gérvas, quien ayer se lamentaba de que a las enfermeras no se las puede tocar dadas "sus escandalosas reacciones ante el menor comentario y/o crítica". Vale, estoy de acuerdo en que a veces se generan reacciones escandalosas, pero esas quedan dentro de los foros enfermeros y no creo que Gérvas dedique su precioso tiempo a husmear en ellas, y las que se han publicado han sido muy respetuosas, más agraviadas (por las generalizaciones, siempre injustas) que agresivas, más dolidas que furiosas.
Y, como lo prometí, lo hago... hasta cierto punto. La libertad de expresión ampara este tipo de discursos, cuya recompensa sólo puede alojarse en un narcisismo hipertrofiado, ya que nada aportan a un debate constructivo y sólo sirven para meter cizaña en los servicios de salud y zancadillear los esfuerzos por generar equipos profesionales capaces de recibir las valiosas aportaciones de cada componente.
Pero lo que no se puede hacer es falsear la realidad con afirmaciones tan rotundas como infundadas. Dice Gérvas que "en España, ahora tenemos enfermeras con consultas de enfermería en Atención Primaria, muy centradas en la hipertensión, pero tales consultas no se asocian a mejores resultados en el seguimiento de los pacientes con hipertensión. Seguimos como siempre, con más recursos, pero sin mejorar". No sé de dónde habrá sacado esta rotunda conclusión general ("tales consultas -¿todas?- no se asocian"), en qué materiales (que debería aportar, en su caso), naturalmente basados en pruebas como a él le gusta y que yo no he conseguido encontrar, fundamenta tan rotunda afirmación.
Por el contrario, prácticamente toda la evidencia científica avala la utilidad, calidad, eficacia e incluso coste efectividad del seguimiento primario de la hipertensión por parte de enfermeras, comparativamente con el estándar con el que confrontarlo: el seguimiento realizado por los médicos.
Al menos desde 1976, tras un artículo en la prestigiosa revista Archives of Internal Medicine, se suceden un número respetable de valoraciones positivas o muy positivas sobre el tópico. Seleccionando sólo algunos ejemplos, las encontramos en Journal of the Royal College of General Practitioners (1982), Journal of Transplant Coordination (1996), International Journal of Epidemiology (2001), American Journal of Hypertension (2005), Diabetes Care (2005), Blood Pressure (2010), el British Medical Journal, a través de una revisión sistemática y meta-análisis (2010) o American Journal of Managed Care este mismo año, 2011. Ello, en muy diversos ámbitos asistenciales y países (por ejemplo, la reputada Clínica Mayo implantó la figura de la hypertension nurse-therapist a finales de los ochenta y consolidó un equipo estable compuesto exclusivamente por enfermeras).
Cierto que algún artículo aislado (como éste en Family Practice, 2005) no lo corrobora, porque no encuentra relaciones estadísticamente representativas, pero pueden considerarse excepciones que confirman la regla.
Téngase en cuenta que, en aras de una neutralidad unilateral, no he citado ninguno de las decenas de artículos que sobre este tópico se publican en revistas enfermeras y que todos los artículos citados han sido editados en revistas médicas, la mayor parte de ellas editadas por sociedades médicas.
En fin... El debate debe realizarse desde bases serias y sin apriorismos, quitándonos las gafas de médico o de enfermera cuando se va a analizar, describir, analizar y, finalmente, opinar.
No sé muy bien porqué, pero cuando veo la forma que este hombre parece tener de mirar su entorno y a sus colegas, las enfermeras, me vienen a la memoria un epigrama de Nicolás Fernández de Moratín que recitábamos, divertidos, de niños (por lo menos los de mi quinta):
Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»,
dijo, torciendo el mostacho,
«que, para hablar en gabacho,
un fidalgo en Portugal
llega a viejo y lo habla mal...
¡y aquí lo parla un muchacho!»
Y, como lo prometí, lo hago... hasta cierto punto. La libertad de expresión ampara este tipo de discursos, cuya recompensa sólo puede alojarse en un narcisismo hipertrofiado, ya que nada aportan a un debate constructivo y sólo sirven para meter cizaña en los servicios de salud y zancadillear los esfuerzos por generar equipos profesionales capaces de recibir las valiosas aportaciones de cada componente.
Pero lo que no se puede hacer es falsear la realidad con afirmaciones tan rotundas como infundadas. Dice Gérvas que "en España, ahora tenemos enfermeras con consultas de enfermería en Atención Primaria, muy centradas en la hipertensión, pero tales consultas no se asocian a mejores resultados en el seguimiento de los pacientes con hipertensión. Seguimos como siempre, con más recursos, pero sin mejorar". No sé de dónde habrá sacado esta rotunda conclusión general ("tales consultas -¿todas?- no se asocian"), en qué materiales (que debería aportar, en su caso), naturalmente basados en pruebas como a él le gusta y que yo no he conseguido encontrar, fundamenta tan rotunda afirmación.
Por el contrario, prácticamente toda la evidencia científica avala la utilidad, calidad, eficacia e incluso coste efectividad del seguimiento primario de la hipertensión por parte de enfermeras, comparativamente con el estándar con el que confrontarlo: el seguimiento realizado por los médicos.
Al menos desde 1976, tras un artículo en la prestigiosa revista Archives of Internal Medicine, se suceden un número respetable de valoraciones positivas o muy positivas sobre el tópico. Seleccionando sólo algunos ejemplos, las encontramos en Journal of the Royal College of General Practitioners (1982), Journal of Transplant Coordination (1996), International Journal of Epidemiology (2001), American Journal of Hypertension (2005), Diabetes Care (2005), Blood Pressure (2010), el British Medical Journal, a través de una revisión sistemática y meta-análisis (2010) o American Journal of Managed Care este mismo año, 2011. Ello, en muy diversos ámbitos asistenciales y países (por ejemplo, la reputada Clínica Mayo implantó la figura de la hypertension nurse-therapist a finales de los ochenta y consolidó un equipo estable compuesto exclusivamente por enfermeras).
Cierto que algún artículo aislado (como éste en Family Practice, 2005) no lo corrobora, porque no encuentra relaciones estadísticamente representativas, pero pueden considerarse excepciones que confirman la regla.
Téngase en cuenta que, en aras de una neutralidad unilateral, no he citado ninguno de las decenas de artículos que sobre este tópico se publican en revistas enfermeras y que todos los artículos citados han sido editados en revistas médicas, la mayor parte de ellas editadas por sociedades médicas.
En fin... El debate debe realizarse desde bases serias y sin apriorismos, quitándonos las gafas de médico o de enfermera cuando se va a analizar, describir, analizar y, finalmente, opinar.
No sé muy bien porqué, pero cuando veo la forma que este hombre parece tener de mirar su entorno y a sus colegas, las enfermeras, me vienen a la memoria un epigrama de Nicolás Fernández de Moratín que recitábamos, divertidos, de niños (por lo menos los de mi quinta):
Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»,
dijo, torciendo el mostacho,
«que, para hablar en gabacho,
un fidalgo en Portugal
llega a viejo y lo habla mal...
¡y aquí lo parla un muchacho!»
jueves, 8 de septiembre de 2011
Cuando el elitismo macarra se retrata (él solito)
La primera entrada que publiqué en este blog, allá por enero, hacía referencia a dos artículos publicados en una revista médica, The New England Journal of Medicina, sobre el valor creciente de la enfermería y su capacidad para ir progresando. Uno de ellos, titulado Broadening the scope of Nursing Practice, recomendaba una utilización mucho más intensa de la enfermería de práctica avanzada para pdoer hacer frente a los principales retos de los servicios sanitarios modernos.
Unos días después, enlacé a los lectores del blog hacia los numerosos comentarios a dicho artículo, muchos de ellos escritos por médicos, donde se evidenciaba el elitismo macarra a que hace referencia el título de esta entrada: "Si las enfermeras quieren practicar la medicina, que estudien medicina" en su formulación más fina; "si vamos hacia una medicina light, por qué no incluir a homeópatas, naturópatas, aromaterapistas, chamanes y sanadores?" en la más cruda.
Bueno, pues ya tenemos aquí a los elitistas macarras. El periódico español Diario Médico ha publlicado hoy dos artículos, Médico-enfermero, una relación muy vertical, a cargo de Álvaro Sánchez León, y Evolucionar y Crecer en equipo, de Andoni Carrión y Carlos Núñez, los amigos de La Comisión Gestora™. En el primero de ellos se ofrecen las opiniones sobre las relaciones entre médicos y enfermeras de muchas enfermeras, en general amigas y amigos del 2.0, todas ellas absolutamente respetuosas, aunque en muchos casos críticas.
Haciendo referencia al título, un galán vestido de bata blanca y con su 'personalidad' (que diría nuestro ilustre amigo, José Medina Mingallón, presidente del colegio de enfermería de Ciudad Real) oculta por el seudónimo pepe, cuela esta perla (copio y pego):
"Mas que relación vertical es una guerra horizontal. La pasión desmedida de enFermería, farmacia, podólogos, odontólogos, fisoterapeutas, psicólogos, etc.,etc. es la de equipararse con el médico de igual a igual. Que el médico sea el primero en Medicina les j. profundamente. Y esta actitud esquizofrénica les lleva a no tragar al médico/a desde el momento en que lo ven aparercer, ni aunque se tomen la tostadita con ellos. Y esa esquizofrenia tiene cura, porque para ser igual que un médico solo TIENES QUE ESTUDIAR MEDICINA. Así de fácil.- La situación actual está: 9 de Selectividad, 6 años de Carrera y cuatro de Especialidad. Adelante machotes/as. El mundo es vuestro. Ya podeis empezar. Y enytretanto podemos buscar la horizontalidad en otro sitio. En resumen: menos odio al médico por ser médico, que eso es lo que simplemente existe. Y ahora vengan demagogos, tiernos y liantes a decir pamplinas".
Otro iluminado, Jaime, dice: "Ya está bien de tanto complejo entre los enfermeros. El que no se quiera sentir acomplejado, que disfrute con su profesión, peo el que aspire a ser médico, o a parecerse o a actuar como tal, pues que estudie Medicina y listo. ¿Y si no puede? Pues es lo que hay. Lo que es ridículo es que luego acudan a este diario, que por cierto es médico, a airear sus complejos. Que se vayan a la web de "Rol de Enfermería" (en realidad fue el periódico el que llamó a los profesionales sondeados).
Como la mayor parte de vosotros sabe, yo no soy ni médico ni enfermera, sino sociólogo, modestamente especializado en sociología de las profesiones. Conozco muy bien a ambas profesiones sanitarias, las admiro a ambas y he escrito sobre ellas en numerosos sitios. Este tipo de reacciones se dan en todos lados, como ya hemos visto, así que no hay que tomárselas muy a pecho ni entrar al trapo: eso les gusta. Lo único que demuestran es que hay una cosa que doce años de estudio no corrijen: la necedad y la mala educación. Y de esto, desgraciadamente, hay en todos lados.
Unos días después, enlacé a los lectores del blog hacia los numerosos comentarios a dicho artículo, muchos de ellos escritos por médicos, donde se evidenciaba el elitismo macarra a que hace referencia el título de esta entrada: "Si las enfermeras quieren practicar la medicina, que estudien medicina" en su formulación más fina; "si vamos hacia una medicina light, por qué no incluir a homeópatas, naturópatas, aromaterapistas, chamanes y sanadores?" en la más cruda.
Bueno, pues ya tenemos aquí a los elitistas macarras. El periódico español Diario Médico ha publlicado hoy dos artículos, Médico-enfermero, una relación muy vertical, a cargo de Álvaro Sánchez León, y Evolucionar y Crecer en equipo, de Andoni Carrión y Carlos Núñez, los amigos de La Comisión Gestora™. En el primero de ellos se ofrecen las opiniones sobre las relaciones entre médicos y enfermeras de muchas enfermeras, en general amigas y amigos del 2.0, todas ellas absolutamente respetuosas, aunque en muchos casos críticas.
Haciendo referencia al título, un galán vestido de bata blanca y con su 'personalidad' (que diría nuestro ilustre amigo, José Medina Mingallón, presidente del colegio de enfermería de Ciudad Real) oculta por el seudónimo pepe, cuela esta perla (copio y pego):
"Mas que relación vertical es una guerra horizontal. La pasión desmedida de enFermería, farmacia, podólogos, odontólogos, fisoterapeutas, psicólogos, etc.,etc. es la de equipararse con el médico de igual a igual. Que el médico sea el primero en Medicina les j. profundamente. Y esta actitud esquizofrénica les lleva a no tragar al médico/a desde el momento en que lo ven aparercer, ni aunque se tomen la tostadita con ellos. Y esa esquizofrenia tiene cura, porque para ser igual que un médico solo TIENES QUE ESTUDIAR MEDICINA. Así de fácil.- La situación actual está: 9 de Selectividad, 6 años de Carrera y cuatro de Especialidad. Adelante machotes/as. El mundo es vuestro. Ya podeis empezar. Y enytretanto podemos buscar la horizontalidad en otro sitio. En resumen: menos odio al médico por ser médico, que eso es lo que simplemente existe. Y ahora vengan demagogos, tiernos y liantes a decir pamplinas".
Otro iluminado, Jaime, dice: "Ya está bien de tanto complejo entre los enfermeros. El que no se quiera sentir acomplejado, que disfrute con su profesión, peo el que aspire a ser médico, o a parecerse o a actuar como tal, pues que estudie Medicina y listo. ¿Y si no puede? Pues es lo que hay. Lo que es ridículo es que luego acudan a este diario, que por cierto es médico, a airear sus complejos. Que se vayan a la web de "Rol de Enfermería" (en realidad fue el periódico el que llamó a los profesionales sondeados).
Como la mayor parte de vosotros sabe, yo no soy ni médico ni enfermera, sino sociólogo, modestamente especializado en sociología de las profesiones. Conozco muy bien a ambas profesiones sanitarias, las admiro a ambas y he escrito sobre ellas en numerosos sitios. Este tipo de reacciones se dan en todos lados, como ya hemos visto, así que no hay que tomárselas muy a pecho ni entrar al trapo: eso les gusta. Lo único que demuestran es que hay una cosa que doce años de estudio no corrijen: la necedad y la mala educación. Y de esto, desgraciadamente, hay en todos lados.
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