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martes, 29 de noviembre de 2011

¿Dra. enfermera?

Toda esta literatura que hacemos, unos y otros, con respecto a las difíciles relaciones entre médicos y enfermeras no es ociosa, aunque haya quien lo piense, ni inventar un problema: es el reflejo de un serio problema. El que tal vez sea uno de los blogs más prestigiosos y difundidos del mundo (Kevin MD.com) vuelve de manera reiterada sobre esta problemática realidad. Hoy toca, de nuevo, el problema de las enfermeras que se doctoran y quieren utilizar el término 'doctor', como hace un par de meses ilustraba The New York Times. En realidad, nada es más normal. La gran mayoría de los médicos no son doctores, aunque así les guste llamarse y que les llamen, sino licenciados. La inmensa mayoría de las enfermeras no son doctoras, ni siquiera licenciadas, sino diplomadas. La mayor parte de los sociólogos o economistas no somos doctores, sino licenciados, pero a quienes terminan su doctorado les gusta poner en sus tarjetas de visita 'doctor en sociología' o 'doctor en ciencias económicas'. Normal.

En Estados Unidos, sin embargo, es preciso haber obtenido el título de doctor para poder ser registrado por los Medical Boards estatales y practicar la medicina. Pero el doctorado de los médicos  -a diferencia del resto de las profesiones sanitarias, incluidas las enfermeras, para quienes conseguirlo supone realizar estudios de posgrado-  es el nivel básico con el que salen graduados de las facultades de medicina. Y resulta que les molesta crecientemente que otros profesionales sanitarios se llamen 'doctor' porque crea confusión entre los pacientes.

Revisando los comentarios a la entrada de Kevin MD que he citado, leo esto:
Lo que los pacientes desean es una atención personalizada. Quieren ser escuchados. Quieren que se les realicen una historia clínica y un reconocimiento físico minuciosos. No sólo quieren hablar sobre síntomas y enfermedades, también que se les dé una opinión clínica sobre sus causas últimas. Quien satisfaga esos deseos ganará un cliente leal y proactivo, una asociación en base a objetivos de salud comunes. Las enfermeras encajan mejor en este perfil a veces, pero también son muchos los médicos que lo hacen. Con una creciente capacidad de elección de los consumidores sanitarios, el mercado irá premiando el mejor servicio y una optimización de los resultados (...) Pero el énfasis que se ha venido poniendo, durante las tres últimas décadas, en el arte de la medicina es mucho menor. Y ya se están produciendo algunas consecuencias de esta aproximación transaccional a la medicina, que colocan a los médicos en situación de riesgo ante una competencia mucho mayor.
Sabias (y realistas) palabras. Pero en Europa las profesiones sanitarias, especialmente la medicina, han venido manteniendo su estatus bajo el paraguas protector de papá-Estado, bastante a resguardo de las inclemencias de las 'fuerzas del mercado' (para bien y para mal). ¿Podrá mantenerse esta situación de anacrónico privilegio durante mucho tiempo, a pesar de las sólidas evidencias acerca de que los ineficientes mapas profesionales actuales trabajan activamente contra la sostenibilidad de los servicios de salud?

lunes, 28 de noviembre de 2011

Nueve hombre justos

Se han reunido nueve magistrados en el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, Sala de lo Contencioso-Administrativo, Sección Octava, presididos por el ilustrísimo Sr. Martínez Tristán, y han decidido que el decreto 52/2010, de 29 de julio, por el que se establecen las estructuras básicas sanitarias y directivas de atención primaria del área única de salud de la Comunidad de Madrid no es conforme a derecho y lo anulan (aunque posteriormente han tenido que aclarar que sólo se trata de un artículo). Sin imposición de costas.

No, no se trata  -como pretendía UGT-  de que se incumpla por goleada lo previsto en el artículo 56.5 de la Ley General de Sanidad, que establece entre 200.000 y 250.000 el número de ciudadanos que, "como regla general", atenderá cada área sanitaria. La población del área única madrileña excede 25 veces esa estimación, distribuidos además en 179 municipios, lo cual, para los señores magistrados, debe entrar dentro de la etiqueta "como regla general", ya que lo liquidan en 18 líneas de la sentencia sin aportar ni  un solo argumento.

No, lo único que la sentencia entra a considerar es la petición de la Sociedad Madrileña de Medicina de Familia y Comunitaria (que se jacta de que la sentencia reproduce literalmente párrafos enteros de su demanda), de la Asociación Madrileña de Pediatría de Atención Primaria y del Ilustre Colegio Oficial de Médicos de Madrid de que nadie que no sea licenciado en medicina y cirugía pueda ser director de un centro de salud. Parece ser que el tema dio de sí y hubo que formar la "Sala de la Discordia" [sic] hasta concluir que no, que no puede dirigir un centro de salud nadie que no "ostente la condición de médico facultativo", ya que a juicio de los sesudos ponentes ello iría en contra de la Ley de Ordenación de las Profesiones Snitarias [LOPS], más en concreto de sus artículos 6.1, 9 y 10, más la disposición adicional décima.

Lo más curioso es que el término "facultativo" no aparece en ningún momento en la LOPS, así que habrá que saber qué significa el palabro. Según el DRAE, en su acepción tercera, significa "perteneciente o relativo al médico" y, en su acepción séptima, "persona titulada en medicina y que ejerce como tal", si bien en otras acepciones significaría "que trabaja al servicio del Estado en un puesto para el que se requieren determinados estudios", "especializado, técnico" o, simplemente, "dicho de una persona: Experta, entendida".

Personalmente, lo que más me ha fascinado de la sentencia es el párrafo cuarto de su fundamento de derecho tercero, en el que asegura sin rubor que el artículo 9.1 del recurrido decreto madrileño vulnera lo dispuesto en la disposición adicional décima de la LOPS, "al no establecer los mecanismos concretos que han de tenerse en cuenta a la hora de evaluar el desempeño de las funciones de dirección y de los resultados obtenidos". ¿Cuándo una ley ha regulado estos extremos? Jamás: siempre son los reglamentos (decretos, órdenes), los que lo hacen. En definitiva, es ideología, no legalidad, lo que motiva esta sentencia.


Lo lógico: la enfermería se ha irritado, salvo  -¡qué raro!-  los líderes corporativos del Consejo General de Enfermería. Y es que llueve sobre mojado: en Murcia, un acuerdo de la Mesa Sectorial de Sanidad de hace unas pocas semanas ha decidido que únicamente los médicos puedan desempeñar las jefaturas en atención primaria.

Es normal, por tanto, que los amigos de Tablón en Blanco y de La Comisión Gestora hayan abierto el debate en la red. Que el Colegio Oficial de Diplomados en Enfermería de Madrid, por su parte,  haya presentado un escrito de nulidad a la sentencia y comenzó una recogida de firmas para protestar por ella. Y que también se haya convocado una "manifestación virtual".



Esta estupidez institucional (política o judicial), algo tan obvio como diferenciar titulaciones básicas de profesiones, de puestos, de cargos, de competencias, de funciones... todo esto da fatiga en pleno siglo XXI. Lo que los recurrentes a este artículo 9, todos ellos asociaciones médicas, hacen es defender privilegios, no derechos. Y hacen muy bien, para eso existen y tienen razón de ser, aunque generalmente se amparen en otros pretendidos valores sociales y sanitarios que para nada tienen que ver con esta causa en la que se han embarcado, que sólo puede hacer daño a los servicios sanitarios públicos, porque sirven de barrera al acceso de muchos profesionales competentes a (modestos, pero esenciales) puestos directivos para los que primarán a partir de ahora los estudios de grado realizados, frente a la preparación, competencia, formación y capacidad de liderazgo que serían deseables.


Según el Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, sólo hay 13 enfermeras directores de centros de salud, de un total de 230, y la única razón, según se deduce de la noticia, es que en aquellos centros no se han querido presentar médicos. Habrá que cesarlos ya mismo para acatar la sentencia, ¿no? Aunque si yo fuera una de ellas lo tendría más que claro, dada la argumentación del consejero: soy directora de centro de salud porque ningún médico quiso presentarse...

Y si nadie quiere presentarse una vez cesadas estas enfermeras, en cumplimiento de la sentencia, ¿qué hará el señor Fernández-Lasquetty? ¿Y el ilustrísimo señor Martínez Tristán y sus adláteres? Claro que estos últimos tienen su mutualidad (Mugeju), donde quizás no se planteen estos problemas... ya que no tienen centros de salud.

jueves, 24 de noviembre de 2011

Las relaciones entre médicos y enfermeras (2)

Como comentaba el otro día, Leonard I. Stein, médico psiquiatra, fue el primero en etiquetar la especial relación entre enfermeras y médicos como the doctor-nurse game, el juego del médico y la enfermera:
El contenido del juego es el siguiente: La enfermera debe ser atrevida, tener iniciativa y responsabilizarse aportando sugerencias importantes, pero al tiempo debe parecer pasiva. Y todo esto debe hacerlo de tal manera que sus recomendaciones parezcan iniciativa del médico. Los dos participantes deben mantenerse muy sensibles con respecto a las enigmáticas comunicaciones no verbales del otro. Una ligera inclinación de la cabeza, un cambio menor en la posición de la silla o un comentario aparentemente irrelevante sobre algo sucedido hace ocho meses deben ser interpretados como un mensaje importante. El juego exige la destreza de un acróbata en la cuerda floja y si cualquiera de los dos participantes se resbala el juego se hace añicos. Las penalizaciones por equivocaciones frecuentes pueden ser graves.

martes, 22 de noviembre de 2011

Las relaciones entre médicos y enfermeras (1)

Hace un par de años, un interesante y curioso estudio, titulado Nurse-Physician Relationships in Hospitals: 20 000 Nurses Tell Their Story y publicado en 2009 en la revista Critical Care Nurse, analizaba conjuntamente seis investigaciones cuanti-cualitativas que, en total, incluían más de 20.000 encuestas a enfermeras norteamericanas, para tratar de extraer conclusiones acerca de cómo vivían éstas su relación con los médicos. Los autores de la investigación sintetizaron cinco modelos de relación entre médicos y enfermeras a partir de lo que las propias enfermeras decían, de las que aplicadas a nuestro entorno me quedo con tres (las otras dos son simples matices):
  • Colaborativa, casi como colegas: "Los médicos son magníficos. Valoran nuestras opiniones y nos las piden. El médico me pregunta si el paciente estaba listo para irse a casa y yo le digo: 'No, su situación es complicada y necesita aún 24 horas antes de poder irse a casa, tenemos que ponernos de acuerdo'. Discutimos sobre qué tipo de vía central ponerle antes de que se fuera. Esto pasa cada día, los médicos nos buscan porque saben que sabemos".
  • El extraño amistoso: "El médico llega, revisa las órdenes escritas sobre el paciente y se va. Eso es todo... Si espero y le hago algún comentario sobre su paciente, parece que escucha, pero de repente da un gruñido y se va. Muchas veces ni siquiera me doy cuenta de que el médico ha estado aquí hasta que veo sus instrucciones en la hoja de enfermería. He trabajado con este médico durante unos 17 años y aún no se ha aprendido mi nombre aunque yo le llamo por el suyo cada mañana. Así son las cosas...".
  • Hostil, confrontativa: "Los médicos son unos bordes; te tratan rudamente y no es sólo cuando están cansados, lo hacen siempre. Aquí ruedan las cabezas si un médico se queja de cualquier cosa. Yo tengo mucho cuidado con lo que hago".
¿Son estereotipos válidos aquí? ¿Hay más modelos? ¿Matices?

viernes, 18 de noviembre de 2011

La caverna

"La relación entre médico y enfermera es muy particular. Existen muy pocas profesiones donde el grado de respeto y consideración entre compañeros de trabajo sea tan intensa como entre el médico y la enfermera. El estereotipo de esta relación ha sido adaptado de manera superficial en muchas novelas y series de televisión. Sin embargo, cuando es cuidadosamente observada en un marco interaccional, esta relación adopta una nueva dimensión, con una cualidad especial que encaja en un modelo de 'juego'. Las actitudes subyacentes que exigen que el juego sea representado son muy desafortunadas. Esas actitudes crean serios obstáculos en la senda de una comunicación con sentido entre médicos y otros grupos profesionales no médicos.


El médico, tradicionalmente y de manera apropiada, tiene una responsabilidad total sobre las decisiones relacionadas con la administración de los tratamientos de sus pacientes. Para guiar esas decisiones, toma en consideración datos recogidos de diferentes fuentes. Completa una historia clínica, realiza un profundo reconocimiento físico, interpreta los resultados de las analíticas y, en ocasiones, recibe recomendaciones de médicos consultores más expertos. Otro factor importante en su toma de decisiones son las recomendaciones que recibe de la enfermera. La interacción entre médico y enfermera a través de la cual son comunicadas y recibidas dichas recomendaciones es única y muy interesante."

Este popular texto del doctor Leonard I. Stein es, nada menos que de 1967. 45 años después, siguen existiendo muchos médicos, algunos de ellos pretendidamente progres, que aún no han llegado siquiera a este estadío evolutivo cultural, haciendo un considerable daño a la profesión médica, a la profesión enfermera, a las intensas e inevitables relaciones entre ambas profesiones y, sobre todo, a los pacientes y los servicios de salud. Son la caverna sanitaria. El tema es ¿cómo lograr que entre un rayo de racionalidad en esta caverna en la que tan confortablemente viven y en la que tanto se ríen de sus propias gracietas zafias y se jalean entre sí, sin saber, los pobres, que afuera ya no quedan neandertales, sólo ya cromañones?

jueves, 17 de noviembre de 2011

Gestión de casos, experiencias y propuestas

La fundación británica King's Fund, de la cual no es la primera vez que comento publicaciones o actividades, acaba de editar el informe Case management. What it is and how it can best be implemented ('Gestión de casos. Qué es y como se puede implementar mejor'), que podéis descargar aquí (exclusivamente en inglés, I'm sorry).

Para los  -pocos, espero-  que no pueden leer en inglés, he aquí un breve resumen:

El documento proporciona algunas definiciones de gestión de casos [Case Management, CM]; entre ellas opto por traducir la de la Case Management Society of America: "es un proceso colaborativo de valoración, planificación, facilitación, coordinación asistencial, evaluación y apoyo para que los servicios satisfagan comprehensivamente las necesidades de salud de las personas y familias mediante la comunicación y los recursos disponibles para promover resultados coste-efectivos". En general, los destinatarios de estos desarrollos son las personas con pluripatologías crónicas y sus familias y entorno. Sus objetivos básicos son (a) reducir los costes derivados de una intensiva utilización de los hospitales, (b) mejorar los resultados asistenciales y de salud y (c) mejorar la experiencia del paciente.

El documento resume tres experiencias concretas:
  • Guided care (asistencia dirigida), donde una experimentada enfermera es formada para integrarse en un centro de atención primaria, donde trabajará con cuatro o cinco médicos de familia y el resto del personal del centro. El programa identifica a personas mayores de 65 años con múltiples comorbilidades que sean predictivamente valorados como firmes candidatos a una utilización intensiva de servicios sanitarios en el siguiente año. A cada enfermera adscrita al  programa se le asignan entre 50 y 60 pacientes. De cada  uno de ellos realiza una valoración geriátrica en su lugar de residencia, así como una evaluación de sus cuidadores directos. Con esta información, el equipo de atención primaria prepara un plan de acción individual que es evaluado mensualmente por la enfermera, la cual, además, asume la coordinación de los diferentes dispositivos sanitarios y sociales imvolucrados en la asistencia al paciente y familia. Todo ello, apoyado por una historia compartida en una web que dispone, además, de herramientas de apoyo a la toma de decisiones (interacciones medicamentosas, guías de buenas prácticas o agenda de las citas con los diferentes profesionales y centros).
  • PACE (Promoting Action for All-inclusive Care for the Elderly), desarrollado en los Estados Unidos, cuyo objetivo es mantener dentro de la comunidad a la población anciana más frágil, mediante su asistencia en centros de día, para evitar internamiento residencial en una nursing home. Los recursos sanitarios y sociales programados se incluyen en un presupuesto único.
  • Virtual Wards, en el reino Unido, complementa en el ámbito comunitario el modelo de las salas de hospitalización, con sus equipos multidisciplinarios y sus servicios de apoyo. Los pacientes son asignados al programa mediante técnicas de predicción de riegos y son "ingresados" en las salas virtuales. Una enfermera supervisora (a veces es un médico de familia) actúa como gestor de casos y se reúne regularmente con el equipo (médicos de familia, enfermeras, farmacéuticos, trabajadores sociales, fisioterapeutas, profesionales de salud mental, terapeutas ocupacionales...) para valorar a cada paciente "ingresado". Cuando es necesario, se integran en la sala médicos especialistas y servicios auxiliares de ayuda domiciliaria y hay un administrativo que se encarga de las mismas tareas que se realizan en las salas de hospitalización reales (papeleo, citas, archivos...).
El documento realiza una interesante revisión de los principales estudios en los que se han evaluado con rigor técnico programas de CM y que demuestran un impacto positivo en aspectos críticos como utilización de servicios, resultados de salud y experiencia de los pacientes. También se detiene en un análisis de los principales componentes de la definición del perfil del gestor de casos y de las competencias y capacidades que deben reunir sus desempeñantes (interpersonales, de resolución de problemas, negociadoras, prescriptoras y formadoras).

Concluye diciendo que "los programas de CM tienen potencial para mejorar la asistencia y reducir los costes. Para ello, sin embargo, deben estar bien diseñados, lo cual implica disponer de gestores de casos y equipos asistenciales apropiados, con buena formación profesional. También es fundamental que estén enclavados dentro de un sistema más amplio que valore y apoye modelos asistenciales integrados y bien coordinados.

Como es bien sabido, en España se están desarrollando experiencias de CM (también denominadas 'enfermería de enlace') desde hace ya algún tiempo en Andalucía y Cataluña, y otros servicios de salud, como el País Vasco, se encuentran en pleno proceso de creación y desarrollo de estos programas. Lo que no es fácil encontrar aún son evaluaciones concretas sobre la coste-efectividad, calidad o resultados de salud de estas experiencias.

Y, por cierto, tampoco hay muchas referencias, al menos que yo haya podido encontrar dentro de mi limitado tiempo, en los blogs de enfermeras.Sí hay o había un blog específico, pero su actividad fue siempre muy escasa y probablemente ya se haya cerrado (no hay entradas desde febrero). Un pena, son experiencias muy interesantes que deberían poder difundirse en estas redes sociales donde se puede hablar sin el obligado rigor técnico de las publicaciones científicas y dar un toque personal a cada aportación. ¿No hay enfermeras gestoras de casos o de enlace que quieran compartir sus experiencias con nosotros para aprender entre todos?

martes, 15 de noviembre de 2011

La cizaña

Prometí hace un más o menos un mes que no iba a entrar más al trapo de los 'artículos de opinión' en los que algunos médicos, víctimas de su trastorno obsesivo compulsivo, se despachan a gusto descalificando urbi et orbi y sin matices a la enfermería y a las enfermeras. Lo hice a raíz de un artículo del conocido médico Juan Gérvas, quien ayer se lamentaba de que a las enfermeras no se las puede tocar dadas "sus escandalosas reacciones ante el menor comentario y/o crítica". Vale, estoy de acuerdo en que a veces se generan reacciones escandalosas, pero esas quedan dentro de los foros enfermeros y no creo que Gérvas dedique su precioso tiempo a husmear en ellas, y las que se han publicado han sido muy respetuosas, más agraviadas (por las generalizaciones, siempre injustas) que agresivas, más dolidas que furiosas.

Y, como lo prometí, lo hago... hasta cierto punto. La libertad de expresión ampara este tipo de discursos, cuya recompensa sólo puede alojarse en un narcisismo hipertrofiado, ya que nada aportan a un debate constructivo y sólo sirven para meter cizaña en los servicios de salud y zancadillear los esfuerzos por generar equipos profesionales capaces de recibir las valiosas aportaciones de cada componente.

Pero lo que no se puede hacer es falsear la realidad con afirmaciones tan rotundas como infundadas. Dice Gérvas que "en España, ahora tenemos enfermeras con consultas de enfermería en Atención Primaria, muy centradas en la hipertensión, pero tales consultas no se asocian a mejores resultados en el seguimiento de los pacientes con hipertensión. Seguimos como siempre, con más recursos, pero sin mejorar". No sé de dónde habrá sacado esta rotunda conclusión general ("tales consultas  -¿todas?-  no se asocian"), en qué materiales (que debería aportar, en su caso), naturalmente basados en pruebas como a él le gusta y que yo no he conseguido encontrar, fundamenta tan rotunda afirmación.

Por el contrario, prácticamente toda la evidencia científica avala la utilidad, calidad, eficacia e incluso coste efectividad del seguimiento primario de la hipertensión por parte de enfermeras, comparativamente con el estándar con el que confrontarlo: el seguimiento realizado por los médicos.

Al menos desde 1976, tras un artículo en la prestigiosa revista Archives of Internal Medicine, se suceden un número respetable de valoraciones positivas o muy positivas sobre el tópico. Seleccionando sólo algunos ejemplos, las encontramos en Journal of the Royal College of General Practitioners (1982), Journal of Transplant Coordination (1996), International Journal of Epidemiology (2001), American Journal of Hypertension (2005), Diabetes Care (2005), Blood Pressure (2010), el British Medical Journal, a través de una revisión sistemática y meta-análisis (2010) o American Journal of Managed Care este mismo año, 2011. Ello, en muy diversos ámbitos asistenciales y países (por ejemplo, la reputada Clínica Mayo implantó la figura de la hypertension nurse-therapist a finales de los ochenta y consolidó un equipo estable compuesto exclusivamente por enfermeras).

Cierto que algún artículo aislado (como éste en Family Practice, 2005) no lo corrobora, porque no encuentra relaciones estadísticamente representativas, pero pueden considerarse excepciones que confirman la regla.

Téngase en cuenta que, en aras de una neutralidad unilateral, no he citado ninguno de las decenas de artículos que sobre este tópico se publican en revistas enfermeras y que todos los artículos citados han sido editados en revistas médicas, la mayor parte de ellas editadas por sociedades médicas.

En fin... El debate debe realizarse desde bases serias y sin apriorismos, quitándonos las gafas de médico o de enfermera cuando se va a analizar, describir, analizar y, finalmente, opinar.

No sé muy bien porqué, pero cuando veo la forma que este hombre parece tener de mirar su entorno y a sus colegas, las enfermeras, me vienen a la memoria un epigrama de Nicolás Fernández de Moratín que recitábamos, divertidos, de niños (por lo menos los de mi quinta):

Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia
todos los niños en Francia
supiesen hablar francés.
«Arte diabólica es»,
dijo, torciendo el mostacho,
«que, para hablar en gabacho,
un fidalgo en Portugal
llega a viejo y lo habla mal...
¡y aquí lo parla un muchacho!»

lunes, 14 de noviembre de 2011

Foro de debate sobre la prescripción enfermera

Hace aproximadamente un mes, el Ministerio de Sanidad, Políticas Sociales e Igualdad envió a los agentes sociales e institucionales y gobiernos autonómicos, para proceder al trámite de audiencia pública, el borrador de Real Decreto que desarrolla lo establecido en el artículo único, apartado 2, de la Ley 28/2009, de 30 de diciembre, de modificación de la Ley 29/2006, de 26 de julio, de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios. Como es bien conocido, la citada Ley 28/2009 modifica, por lo que se refiere a la enfermería, el artículo 77.1 y la disposición adicional duodécima de la ley 29/2006, relativas tanto a la "indicación, uso y autorización", de forma autónoma por los enfermeros, "de todos aquellos medicamentos no sujetos a prescripción médica y los productos sanitarios", como a la regulación por el Gobierno de la Nación de "la indicación, uso y autorización de dispensación", por parte de los enfermeros, "de determinados medicamentos sujetos a prescripción médica".

Ya comenté en otra entrada anterior del blog la rocambolesca historia de esta Ley y, aunque el calendario político  -a seis días de unas elecciones generales-  hace imposible la aprobación del decreto tal como está redactado por un gobierno agonizante, no está de más que los profesionales vayan realizando sus aportaciones para acordar algunas posiciones conjuntas para cuando el próximo gobierno proponga su propio decreto de desarrollo de la Ley (o cambiar la ley...).

La posición del Consejo General de Enfermería es, a día de hoy, desconocida, sus actuaciones parecen limitarse a la venta de sus afamados "cursos de prescripción enfermera" y, siguiendo su definida línea de opaca de actuación, no abre foros públicos de debate para poder reservarse así su posición según soplen los vientos políticos.

Por eso es de elogiar la iniciativa del Foro de la Profesión Enfermera de abrir un debate público. En este enlace no sólo se puede acceder al debate, sino también descargar la documentación legal y técnica imprescindible, incluido el texto del borrador de Decreto Ley que ha aprobado el Gobierno. También han generado un documento de público acceso en el que las enfermeras y enfermeros, así como otros expertos o interesados, puedan ir dejando sus opiniones y aportaciones.

Desde este blog animo a quienes tan amablemente me siguen a participar en el debate, ayudando, así, a generar un sano espíritu democrático que tanto se echa de menos en las instancias oficiales enfermeras.

viernes, 11 de noviembre de 2011

¿Puede la enfermería ser una 'innovación disruptiva'? ¿Y quiere?

Hace unos10 años, Clayton Christensen, Richard Bohmer y John Kenagy publicaron en la prestigiosa revista norteamericana Harvard Bussiness Review [HBR] un artículo con alto voltaje provocativo titulado Will disruptive innovations cure health care?, que podéis encontrar aquí. Se trata de un artículo que he citado en varias ocasiones (incluida La enfermería frente al espejo, p.29) porque presenta de manera un tanto descarnada algunos problemas de los servicios sanitarios modernos (en primer plano los problemas económicos, pero también otros de accesibilidad a los servicios o de continuidad asistencial) que no pueden solucionarse con el 'pensamiento de libro de cocina' y precisan de 'innovaciones disruptivas'

El adjetivo disruptivo procede  originariamente de la física y el DRAE lo define de la siguiente manera: "que produce ruptura brusca". Suele utilizarse para hablar de tecnologías que producen un cambio significativo en aquellos dominios donde se aplican y, por lo general, se basan en el hecho innegable de que no todos los clientes de un mismo mercado tienen las mismas necesidades y de que es posible, por tanto, aislar ciertos segmentos a los que se podría prestar los servicios con recursos (tecnológicos, pero también humanos) menos intensivos y menos costosos.

En el artículo de Chrsistensen y colegas se ponen dos ejemplos aplicados al mercado de los servicios sanitarios: el primero, una tecnología (basada en 'nanocristales' y de origen militar) que permitiría sustituir los pesados, costosos y centralizados equipamientos de radiología por unos aparatos portátiles que el personal sanitario podría tener en sus consultas, igual de eficaces pero con un coste de sólo un 10% del de un equipo convencional. De hecho, las patentes están secuestradas por la poderosa industria del equipamiento radiológico y vetadas por los radiólogos, muchos de los cuales se quedarían sin empleo si se consolidara esta 'innovación disruptiva'.

El segundo ejemplo que recoge el artículo son los profesionales:
"Necesitamos avances diagnósticos y terapéuticos que permitan a las enfermeras facultativas [nurse practitioners] tratar enfermedades que solían requerir asistencia médica y a los médicos de atención primaria tratar problemas de salud que solían requerir de un médico especialista".

Viene a cuento todo esto porque en uno de los blogs de The King's Fund (Reino Unido), Anna Dixon trae a colación el artículo de HBR en una entrada titulada Innovations in the health care workforce needed to deliver productivity improvements. Su convincente tesis es que el sector sanitario es una industria intensiva en recursos humanos, pero que ha sido incapaz, a diferencia de otros sectores de similares características, de conseguir mejoras en la productividad de su personal, una necesidad absolutamente inaplazable de resolver porque lo que hoy en día está en juego no es sino la propia supervivencia de la importante institución social que son los servicios públicos de salud. Por tanto, es absolutamente necesario mejorar la productividad aplicando de manera diferente los recursos humanos así como los financieros:
Allí donde sea posible, es necesario dar al staff la oportunidad de trabajar sistemáticamente al nivel de sus conocimientos y capacidades. Ello no tiene nada que ver con socavar o devaluar las competencias y juicios de los clínicos, sino con garantizar que la asistencia indicada está siendo prestada por la persona indicada, en posesión de los conocimientos indicados (...)  Si el Servicio Nacional de Salud quiere obtener mejoras de la escala necesaria en la productividad, tendrá que cambiar radicalmente la combinación de competencias [skill mix] asistenciales dentro de los equipos.
 Este discurso, que está calando profundamente en el seno de las organizaciones sanitarias, es el que, por mi experiencia vis a vis con los profesionales en encuentros y jornadas, irrita profundamente a muchas enfermeras, que lo viven de manera agraviada como una ampliación de sus funciones, no por sus capacidades hasta ahora malgastadas, sino simplemente porque son un recurso barato. Y si a ello le añadimos que, sobre todo entre los profesionales de mayor edad, se empieza a vislumbrar una enfermería de castas (enfermeras de base, enfermeras especialistas, enfermeras máster, enfermeras doctores, enfermeras clínicas, enfermeras de práctica avanzada...), entonces ya no hablamos de agravio sino directamente de inseguridad y temor. De ahí ese rechazo visceral que siempre termina por aflorar cuando se habla con enfermeras.

Pero esa posición reaccionaria (dicho sea sin connotaciones ideológicas), aunque comprensible por sus componente emocionales, es un craso error de cálculo. Como he dicho aquí hace poco, el principal problema de la enfermería es de orden político: su escasa  -cuando no nula-  capacidad de influencia en los procesos político-administrativos de toma de decisones sanitarias que indefectiblemente acaban por incidir en el principalagente profesional sanitarios, la enfermería.

Una ampliación significativa de funciones, de cualquier tipo (siempre que sea en sentido ascendente, claro), supone poner en valor a la profesión, convertirla en un recurso mucho más polivalente y generar una mayor dependencia con respecto a ella por parte de planificadores, directivos y gestores. Supone también ampliar el campo de oportunidades de las enfermeras. Es cierto que muchas enfermeras estarían encantadas de asumir competencias técnicas y funciones asistenciales claramente médicas (diagnósticas, instrumentales y de tratamiento) pero, ni ello obliga a hacerlo a aquellas enfermeras más orientadas hacia lo holístico, ni quienes lo hagan dejan por ello de ser enfermeras. Una enfermera que sabe mucha medicina (como la que sabe mucha psicología, pedagogía, estadística o antropología) no tiene porqué ser una mini-médica: es una macro-enfermera que por lo general no olvidará sus señas de identidad profesionales más acendradas.

Además, en general, los cambios disruptivos no se producen un día D hora H, en que alguien tiene una idea brillante o el BOE publica un Real Decreto, sino por acumulación de micro-cambios alineados con el macro-cambio que se pretende. Y en este sentido, la enfermería no tiene nada que perder y lo tiene todo por ganar: más poder y autonomía, mayor potencial de crecimiento y mejor estatus, incluyendo los aspectos jerárquicos y retributivos. La única condición es que la representación profesional que debe encarnar esa mayor capacidad política de interlocución esté a la altura de las circunstancias, algo que hoy en día dista mucho de ser realidad.

Lo que sí clama al cielo, lo que ninguna enfermera debería seguir consintiendo, y menos aún sus pretendidos representantes corporativos, es que se entre en el sistema a los veintipocos años como enfermera 'de base' y se salga a los sesentaymuchos como enfermera 'de base', sin recorrido de carrera ni mejora significativa en sus condiciones laborales, jerárquicas y retributivas. Este perverso entorno organizacional tiene un impacto cierto entre los profesionales, que reciben alto y claro (y con el paso de los años lo interiorizan) el siguiente mensaje: "te va a dar igual ser el mejor, así que haz tan poco como el que menos haga".

Es evidente que la enfermería posee un tremendo potencial para convertirse en una beneficiosa innovación disruptiva y que podría beneficiarse como colectivo de ello, lo que no sé muy bien  -tiendo a pensar que no-  es si quiere hacerlo.


PS.- Y aún hay almas cándidas a quienes les escandaliza que haya enfermeras que a lo más que aspiran es a la comodidad de servir como secretarias del médico en un ambulatorio o en la consulta externa de un hospital, sin turnos rotatorios, sin trabajo en fines de semana, sin guardias, sin exposición a errores asistenciales... ¿Alguien se atreve a criticarlas? Yo no.

jueves, 10 de noviembre de 2011

La jornada de Madrid (y 2)


El pasado día 3 de noviembre compartimos una jornada de reflexión en el Colegio Oficial de Enfermería de Madrid Carlos Álvarez, Cristina Cuevas, Carlos Tardío y Antonio J. Valenzuela (por estricto orden alfabético) y yo, sobre los retos de futuro de la enfermería española. Ayer publiqué la primera parte del vídeo y aquí está la segunda y última.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

La jornada de Madrid (I)

El pasado día 3 de noviembre compartimos una jornada de reflexión en el Colegio Oficial de Enfermería de Madrid Carlos Álvarez, Cristina Cuevas, Carlos Tardío y Antonio J. Valenzuela (por estricto orden alfabético) y yo, sobre los retos de futuro de la enfermería española.

Aunque estas cosas siempre me resultan un poco narcisistas, me han pedido que enlace el vídeo de mi colaboración, así que aquí está la primera parte (la segunda, la enlazaré mañana). La realización y calidad del vídeo/audio no son excelentes, pero gracias al Foro de la Profesión Enfermera al menos queda documentada la jornada, así que ¡gracias!

martes, 8 de noviembre de 2011

Midiendo la calidad de vida

Comentaba ayer algunos datos contenidos en el libro How's life? Measuring well-being, del que ya dijimos que era uno de los productos de la iniciativa Better life de la OCDE.

A partir de los resultados de la investigación cuantitativa (datos oficiales proporcionados por organismos nacionales e internacionales, más resultados de las encuestas directas en los diferentes países, aunque no se dice demasaido sobre la metodología ni las muestras o, al menos, no en el libro), los responsables de la iniciativa han generado una curiosa e interesante página web para poder comparar visualmente los resultados de cada uno de los 34 países  -ayer dije por error que eran 40-   en cada una de las 11 'dimensiones' o áreas chequeadas.

La página nos permite seleccionar aquellos países y/o aspectos que nos interesa comparar e, incluso, asignar valores subjetivos de importancia, en función de nuestra propia 'escala de valor', para cada uno de los aspectos analizados y visualizar cómo van variando los países en el índice global de bienestar (un índice complejo, elaborado a partir de los indicadores básicos, agrupados por sus dimensiones o áreas, con diferentes pesos relativos) según modificamos las puntuaciones de importancia.

Si seleccionamos en la barra de páginas un país se nos presenta un informe bastante detallado con una valoración general de 'cómo es la vida' (How's life) en el país y una valoración de los resultados en cada una de las 11 áreas analizadas.

Y si seleccionamos un área o dimensión, disponemos de una breve definición de los principales aspectos tenidos en cuenta para evaluarla y un informe de cada uno de los países chequeados para esa dimensión.

Curiosamente (es broma), el área en la que mejor estamos es Vivienda. Y en las que peor, Trabajo, Ingresos y Educación.

Podéis entrar en la página de better life index aquí. Aunque está en inglés, quienes no lo dominen muy bien pueden seleccionar sin grandes problemas tanto países, como áreas o dimensiones y 'jugar' con la aplicación (tendrán más problemas para leer los informes generados, eso sí).

Si alguien necesita más información puede buscar en nuestro grupo de facebook.

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Cómo te sientes hoy?

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico [OCDE] lleva algunos años desarrollando su Better Life Initiative, a través de la cual trata de dar respuestas a tres preguntas básicas: ¿Están mejorando nuestra vidas? ¿Cómo pueden las políticas mejorar nuestras vidas? ¿Medimos realmente lo que queremos medir?

En la nota de prensa sobre una nueva publicación dentro de esta iniciativa, How's life?, avanza algunos resultados sobre una encuesta llevada a cabo en los 40 países miembros. No parece que los españoles destaquemos, precisamente, por ser muy optimistas o felices:


Midiendo en una escala de 0 a 10 la satisfacción con la vida, el valor más alto lo obtiene Dinamarca con 7.8; la media de la OCDE es de 6.7. Y España obtiene un modesto 6.2, situándose en el puesto 25 de 40.

Pero es que preguntados acerca de las emociones, si tienden a predominar las positivas sobre las negativas, descendemos al puesto 31, liderando, por cierto, a la mayoría de nuestros vecinos mediterráneos (Turquía, Italia, Israel, Portugal, Grecia y Eslovenia; sólo Francia  -país mitad mediterráneo, mitad centroeuropeo-  se libra.

Diríase que las cigarras mediterráneas, hedonistas, con fuertes lazos familiares y comunitarios y con soleados y benignos climas, somos mucho menos felices que las laboriosas hormigas calvinistas en sus inclementes climas sin apenas sol. Paradojas... o que la crisis golpea mucho más fuerte a las cigarras, que a las hormigas.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Líderes en la larga marcha de ocupación a profesión: Joyce Clifford

Hasta hace treinta o cuarenta años, las salas (o controles) de enfermería de los hospitales se organizaban por tareas: cada día se asignaban a las enfermeras cierta tareas, como tomar las constantes, repartir la medicación, revisar y preparar los carros de curas, coordinar las tareas domésticas... Sólo las supervisoras (matrons en los ámbitos anglosajones) tenían relación directa con los médicos en la planificación de los cuidados enfermeros que se derivaban de las instrucciones médicas. A este modelo se le denominaba en el ámbito anglosajón team nurse, enfermería de equipo, y por estos lares, organización del trabajo por tareas.

A  principios de los setenta, empieza a desarrollarse en los EEUU el concepto de primary nurse, difícil de traducir culturalmente, pero algo así como 'enfermera principal' (aquí se denominó organización del trabajo por procesos). La idea, hoy más que trillada pero entonces revolucionaria, era que una única enfermera se encargara de la planificación, prestación y evaluación de los planes individualizados de cuidados, es decir, que se convirtiera en la enfermera responsable de todas las actividades que se aplicaban sobre un reducido grupo de pacientes durante las 24 horas del día, los siete días de la semana, en coordinación, naturalmente, con el resto del equipo de enfermería.

De alguna manera, este esquema 'democratizaba' las responsabilidades y competencias:
  • La supervisora pasaba a un segundo plano, siendo responsable de otras actividades igualmente importantes, pero no del día a día de las actividades y cuidados enfermeros.
  •  La asignación de los pacientes a las diferentes 'enfermeras principales' se decidía en función de las destrezas y habilidades individuales necesarias para planificar, coordinar y evaluar los planes de cuidados.
  • Las 'enfermeras principales' debían coordinarse con el resto del equipo para garantizar la continuidad de los cuidados enfermeros 24h x 7d...
  • ...  lo cual exigía detallar las decisiones sobre los planes individualizados de cuidados, una vez decididos, y documentarlos por escrito para el resto del equipo, haciendo que se pasara, perdón por la simplificación, de las 'hojas de enfermería' a la 'historia clínica de enfermería'.
  • Y, last but not least, los médicos ya no podían tomar como referente, en lo relativo a sus diversos pacientes, a la supervisora, sino a las respectivas 'enfermeras principales', no siempre las mismas para todos los pacientes: la relación ya no es con la enfermera (supervisora), sino con las enfermeras: con enfermería.
Hace apenas unos días fallecía Joyce Clifford, la enfermera que supo dar una vuelta de tuerca a la figura de la 'enfermera principal' y consolidarla a través de su experiencia en uno de los hospitales más prestigiosos del mundo, el Beth Israel, hospital docente de la Universidad de Harvard, en el que trabajó entre 1974 y 1999, primero como directora de enfermería y luego como vicepresidente.

Joyce Clifford se convirtió en un referente, no sólo por lo meridianamente claro de su definición de la enfermería dentro del hospital, sino porque supo evaluar el impacto de su aplicación y demostrar que esa figura era realmente positiva tanto para los pacientes (reducciones en las tasas de mortalidad intrahospitalaria), como para la retención del personal de enfermería. Un antecedente de lo que hoy se conoce como magnet hospitals, aquellos centros que son capaces de 'imantar' a las enfermeras para que no abandonen sus puestos, en un país con un serio problema cronificado de carencia de personal titulado de enfermería.

El entonces gerente del Beth Israel dio carta blanca a Clifford para desarrollar su modelo colaborativo entre enfermeras y médicos. Sintetiza así el proceso: "Hubo una cierta resistencia al principio. Los médicos se quejaban de que, en vez de hablar con una enfermera sobre todos sus pacientes de una sala, tenían que hacerlo con la enfermera principal de cada paciente, lo cual multiplicaba los contactos individuales [...] Pero la resistencia no duró mucho porque los médicos se dieron pronto cuenta de que estaban obteniendo una información mucho mejor y de que los pacientes estaban recibiendo mejor asistencia".

El paciente de la enfermera; la enfermera del paciente.

Podéis leer un breve resumen de la vida de Clifford en The New York Times.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cuestiones de 'género'

La revista británica Journal of the Royal Society of Medicine publica hoy un estudio sobre la autoría de artículos en ocho revistas generalistas de enfermería, tres del Reino Unido (International Journal of Nursing Studies, Journal of Advanced Nursing y Journal of Clinical Nursing), cuatro de los Estados Unidos (Nursing Research, Research in Nursing and Health, Nursing Science Quarterly y Advances in Nursing Science) y una australiana (Nursing Inquiry), en relación con el 'género' de los autores.

Según este estudio (aquí el abstract; aquí el pdf), a pesar de que en el conjunto de esos países sólo el 10% de los profesionales de enfermería son hombres (11% en el Reino Unido; 7% en los EEUU; 10% en Australia), el 20% de los primeros firmantes de los artículos publicados en las citadas revistas son hombres, pero este sesgo se explica sobre todo por los resultados del Reino Unido (26%) y en menor medida de Australia (16%), ya que en los EEUU sólo el 8% de los primeros firmantes son hombres, tasa prácticamente idéntica a la de enfermeros del 7%.

Diríase  -por supuesto, sin pretensión de validez estadística-  que cuanto menor es la tasa de feminización de la enfermería, más desproporcionadamente destacan en la literatura científica los hombres.

 
 En La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades contabilicé y publiqué los porcentajes de hombres en los órganos directivos de la Organización Colegial y del Sindicato de Enfermería-Satse, con los siguientes resultados (que no deben haber variado mucho desde aquella contabilización, hace año y medio):

Presidentes de colegios provinciales: 62%
Presidentes provinciales de Satse: 44%
Presidentes de consejos autonómicos colegiales: 71%
Presidentes  autonómicos de Satse: 53%
Miembros de la Comisión Ejecutiva del Consejo General de Enfermería: 88%
Miembros de la Comisión Ejecutiva de Satse: 43%


En el último número de la revista ene de enfermería, como casi todos sabéis  -y los que no, aquí tenéis el enlace-, se seleccionan los 12 blogs sobre enfermería más destacables a juicio del seleccionador (selección con la cual, con alguna ligera discrepancia, coincido). Me elimino a mí, que no soy enfermero ni enfermera, y nos quedan 11 blogs, con 12 autores diferentes. De ellos, ocho (67%) son hombres y cuatro (33%), mujeres. Y eso que la blogosfera, el 2.0, es el futuro...


En España, el 85% de los profesionales de enfermería en activo son mujeres (fuente INE):





Nota final.- ¿Alguien se anima a realizar una contabilidad parecida a la del artículo citado al principio en las principales publicaciones científico-técnicas enfermeras españolas?