El contenido del juego es el siguiente: La enfermera debe ser atrevida, tener iniciativa y responsabilizarse aportando sugerencias importantes, pero al tiempo debe parecer pasiva. Y todo esto debe hacerlo de tal manera que sus recomendaciones parezcan iniciativa del médico. Los dos participantes deben mantenerse muy sensibles con respecto a las enigmáticas comunicaciones no verbales del otro. Una ligera inclinación de la cabeza, un cambio menor en la posición de la silla o un comentario aparentemente irrelevante sobre algo sucedido hace ocho meses deben ser interpretados como un mensaje importante. El juego exige la destreza de un acróbata en la cuerda floja y si cualquiera de los dos participantes se resbala el juego se hace añicos. Las penalizaciones por equivocaciones frecuentes pueden ser graves.
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jueves, 24 de noviembre de 2011
Las relaciones entre médicos y enfermeras (2)
Como comentaba el otro día, Leonard I. Stein, médico psiquiatra, fue el primero en etiquetar la especial relación entre enfermeras y médicos como the doctor-nurse game, el juego del médico y la enfermera:
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Enfermería-Medicina,
relaciones laborales
martes, 17 de mayo de 2011
Una historia de médicos y enfermeras (The New York Times)
"Era la ronda de por la mañana en el hospital y todo el equipo médico se detuvo en la habitación del paciente. Los resultados de una prueba se habían retrasado y el paciente, un amistoso hombre de mediana edad, preguntó bromeando a su médico a quién debería reñir. Dándose la vuelta y señalando a la enfermera del paciente, el médico respondió: 'Si quiere chillar a alguien, que sea a ella'.
Esta viñeta no es una escena de la serie House, ni sucedió hace 30 años, cuando las enfermeras eran meras subordinadas de los médicos. Por el contrario, me ocurrió a mí, en mi hospital hace apenas unos meses. Según salimos de la habitación le pregunté al médico si podía citarlo en uno de mis artículos. 'Por supuesto', respondió, 'es una tradición bendecida con el tiempo: echa la culpa a la enfermera cuando algo va mal'.
Me sentí pasmada e insultada, pero mis sentimientos son una cosa y otra más importante los problemas que este tipo de actitudes suponen para la salud del paciente. Refuerzan el estereotipo de las enfermeras como poco más que candy-stripers, generando un entorno hostil e incluso peligroso, en un medio en el que una estrecha colaboración puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte".
El médico patoso la lió: no sabía que la enfermera oncológica con la que estaba hablando era colaboradora ocasional del New York Times, periódico que acogió gustoso el comentario de Theresa Brown. La elegancia de esta respuesta, aludiendo al impacto que este tipo de problemas de abuso o intimidación (bullying) tiene sobre los pacientes y no -que también lo tiene, por supuesto- sobre las enfermeras y reconociendo que no sólo se producen entre médicos y enfermeras, sino entre otro tipo de personal, incluidas las propias enfermeras, me parece exquisita y por eso la reproduzco aquí. Lamentablemente para algunos (espero que pocos), está en inglés; he traducido el comienzo para poner la entrada en contexto. Acaba diciendo:
"El bullying más peligroso no es descarado y no encaja en el estereotipo de un cirujano con un berrinche en el quirófano. Es pasivo, como no atender el busca o el teléfono y tiende a ser más sutil: condescendencia, en lugar de abuso descarado, comentarios agresivos o sarcásticos más que insultos directos [...] Aunque la mayoría de los médicos son profesionales amables y bien intencionados y muy raramente he tenido problemas cuando he hablado francamente con ellos, a no ser que seamos capaces de cambiar el talante general del entorno laboral, médicos como el que me insultó delante de mi paciente continuarán actuando con impunidad".Mientras era estudiante trabajé varios años como celador en un gran hospital madrileño y fui testigo decenas de veces de este tipo de tratamiento entre altanero y humillante hacia las enfermeras, especialmente -aunque no sólo- por parte de una cierta tipología de médicos, generalmente los viejos fachas que por aquella época pensaban que los centros (y las enfermeras) eran suyos. Pero, sinceramente, pensaba que eran cosa del pasado. ¿Sigue sucediendo hoy?
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