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lunes, 31 de octubre de 2011

La jornada de Jaén: (y 5) Avanzando en una dirección de progreso

El viernes 21 de octubre participé en las III Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias con la conferencia inaugural, un verdadero honor. A la espera de los podcast que publicarán en paginasenferurg.com, el mejor homenaje a mis anfitriones  -Jesús López Ortega, Antonio J. Valenzuela, Sixto Cámara...- es compartir con ellos y con vosotros las notas de la conferencia. La quinta entrega la titulé  Avanzando en una dirección de progreso y está tomada literalmente así de mis notas:


Sin duda, la mayor parte de las enfermeras desean que la enfermería progrese, aunque sea por el hecho de que sus avances profesionales personales siempre estarán condicionados por la posición y el papel de la enfermería dentro de los servicios sanitarios. Pero ¿qué significa realmente 'progresar' cuando se utiliza este término en referencia a una profesión? Bueno, significa avanzar o crecer en al menos cuatro aspectos imprescindibles: poder, autonomía, potencial de crecimiento y estatus.
  • Poder para participar con identidad y capacidades propias en aquellos procesos de toma de decisiones políticas, organizativas y asistenciales que tengan un impacto sobre la profesión y los profesionales. 
  • Autonomía para poder adoptar las decisiones facultativas que le son propias, basándose en protocolos y guías definidos básicamente por enfermeras, y para poder tener voz propia dentro de los equipos asistenciales multidisciplinarios. 
  • Potencial de crecimiento para poder progresar individualmente, disponer de recorridos de carrera profesional estimulantes y poder ir incorporando nuevas competencias y capacidades. 
  • Estatus para que, naturalmente, todas estas nuevas aportaciones sean retribuidas por su valor de mercado y las enfermeras pueden optar, al planificar sus carreras, por puestos de mayor responsabilidad con mejores retribuciones e incentivos.
 ¿Cómo es posible avanzar en esta dirección de progreso?

  • En primer lugar, generando un estado de opinión entre los diferentes colectivos enfermeros que les permita tomar conciencia de que la mayor parte de sus problemas específicos hunden sus raíces en un claro déficit de influencia política. Y, por tanto, que mientras no se disponga de mayor capacidad de influencia la enfermería no depende de sí misma, sino del uso que de ella quieran hacer quienes sí poseen capacidad de decisión.
  • En segundo lugar, organizándose y para ello sólo existen dos opciones: recuperar la organización que les pertenece y les ha sido arrebatada, la colegial, o generar desde las bases nuevos entramados asociativos, como lentamente empieza a hacerse. Cualquiera de los dos caminos será dificultoso y largo, pero no hay atajos. Son necesarios procesos de convergencia del nutrido entramado organizativo enfermero para exigir y ofrecer una alternativa al estatus quo actual. Si la enfermería no se moviliza seguirá postrada en ese cómodo ‘estado del malestar’ en que se encuentra ahora, en esa frustración llevadera pero malsana que se desprende de muchos  comentarios y opiniones de enfermeras que leo y escucho.
  • En tercer lugar, fomentando una mayor coordinación entre el mundo asistencial y el académico, poniendo a los departamentos de enfermería a generar desarrollos docentes que sirvan realmente a un avance de las enfermeras asistenciales. Con el grado en enfermería ya es factible que las enfermeras accedan a ciclos formativos oficiales de posgrado, como los máster, y esta formación debe enfocarse hacia la acción: dotar a las enfermeras asistenciales de conocimientos y competencias que les ayuden a reivindicarse como enfermeras de práctica avanzada, capaces de aportar soluciones nuevas a algunos de los problemas que no pueden solucionarse desde una perspectiva medicocéntrica: la medicina tiene sus limitaciones y para algunas de ellas sí tienen respuesta otras profesiones sanitarias, la enfermería de manera principal.
  • En cuarto lugar, saliendo a la luz, poniéndose en frente de la opinión pública, explicando a los ciudadanos, por ejemplo, cómo sería un servicio de salud que no tuviera enfermeras, sólo médicos y personal auxiliar sin formación científico-técnica. La enfermería tiene que saber reivindicar al paciente como algo propio, no como algo que en realidad pertenece al médico: en la sanidad, quien sea visto como el ‘dueño’ del paciente tiene el poder. Sin embargo, el médico entra y sale y sólo el personal de enfermería garantiza la continuidad de la asistencia, lo cual debería hacer muy fácil, sobre todo en ciertos entornos, reivindicar al paciente como algo propio y al médico como un consultor a demanda.
  • Finalmente, formalizando y ofreciendo a los poderes públicos una alternativa sensata al actual modelo de organización sustentado sobre el pensamiento biomédico. Que los servicios de salud y las organizaciones sanitarias van a experimentar cambios muy profundos, nadie en su sano juicio lo niega. Pero aquellos que se empeñen en buscar soluciones a partir de un modelo que ya es imposible de sostener van a estrellarse contra el duro muro de la realidad, de la racionalidad económica. Hay que evidenciar que muchos de los graves problemas actuales son consecuencia directa de este modelo médicocéntrico y que va a ser mucho peor cuanto más tiempo se tarde en aceptarlo.
Y digo peor, porque más les costará adaptarse a unos servicios de salud radicalmente distintos, que veremos dentro de pocos años, en los que, por ejemplo...
  • No habrá pediatras en los centros de salud, ya que el seguimiento al niño sano lo harán enfermeras especialistas en pediatría.
  • Las enfermeras de práctica avanzada [EPA] serán la puerta de entrada al sistema, tanto en atención primaria como en ingresos no programados (urgencias).
  • En crecientes ámbitos asistenciales, en lugar de ser la enfermera un recurso del médico, lo será el médico de la enfermera, con un rol de consultor, ya que será enfermería quien le derive a los pacientes para que se hagan cargo de sus necesidades médicas (una vez resueltas, en su caso, las de enfermería, incluida la prescripción farmacéutica básica).
  • Las enfermeras comunitarias serán quienes realicen un seguimiento continuo en la comunidad y en sus consultas de los pacientes crónicos pluripatológicos para garantizar el seguimiento de sus tratamientos médicos y de enfermería, la adopción de hábitos de vida saludables, el comportamiento del entorno familiar y social, etc. y decidan (en colaboración con el médico, claro, pero no al revés) cuándo es preciso modificar las revisiones médicas pautadas.
  • Y  un largo etcétera de reformas que dinamitarán las fronteras profesionales y organizativas, ya que las tareas se encomendarán en cada ámbito local a quienes mejores resultados ofrezcan y no necesariamente a quienes tradicionalmente las venían desempeñando. 
Hemos puesto sólo unos pocos ejemplos de funciones y tareas que ya se están haciendo así. No es sólo el futuro, sino también el presente en cada vez más organizaciones sanitarias. Se trata de cambios concretos que, por acumulación, conformarán un cambio de modelo. Y en cada sociedad, incluida la nuestra, ese cambio de modelo debe ser promovido activamente por las organizaciones enfermeras en un 'Libro Blanco' de la profesión que alguien, algún día, deberá promover, aunque para eso hay que disponer de capital intelectual, profesional y moral suficiente para dinamizar la participación de las enfermeras en los procesos de análisis y cambio. Algo de lo que, lamentablemente, carecen por completo los líderes corporativos actuales.

viernes, 28 de octubre de 2011

La jornada de Jaén: (4) Los cambios sólo se consolidan cuando responden a problemas reales

El viernes 21 de octubre participé en las III Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias con la conferencia inaugural, un verdadero honor. A la espera de los podcast que publicarán en paginasenferurg.com, el mejor homenaje a mis anfitriones  -Jesús López Ortega, Antonio J. Valenzuela, Sixto Cámara...- es compartir con ellos y con vosotros las notas de la conferencia.

La cuarta entrega la titulo Los cambios sólo se consolidan cuando responden a problemas reales y está tomada literalmente así de mis notas:

Si llevamos la afirmación de Gordon que cerraba la anterior entrega a las realidades de los servicios públicos, en concreto el sanitario, podemos afirmar que para que unas propuestas de reforma que obliguen a modificar aspectos sensibles de su organización y funcionamiento sean viables, es preciso antes que nada que respondan realmente, y subrayo realmente, a necesidades o problemas relevantes de los procesos asistenciales y de servicio. Sin ese prerrequisito, no se sostienen, de ahí que muchas de las reformas que promovieron a mediados de los ochenta las élites enfermeras de entonces, como las especialidades enfermeras aprobadas legalmente en 1987 pero que nunca se desarrollaron en la práctica, o la licenciatura en enfermería, esta última ni siquiera formalizada legalmente, fracasaran.

Ciertamente, no trataban de dar respuesta a necesidades organizativas del sistema, a problemas asistenciales o a demandas de los pacientes y ciudadanos: simplemente trataban de dar respuesta a las necesidades de las propias élites enfermeras para poder ser aceptados como miembros de una profesión reconocida y respetada en las posiciones directivas, de gestión, asistenciales o académicas a las que aspiraban. Es cierto que con ello se ayudaba a la enfermería en su dura ascensión hacia el reconocimiento profesional  -siempre se necesitan élites que condensen y representen el prestigio de la profesión-, pero no se trataba de reivindicaciones derivadas de necesidades o problemas que tuviera el sistema sanitario entonces. Ni a los servicios de salud les interesaba crear y dotar más puestos de enfermera especialista, más caros y menos versátiles a la hora de cubrir plantillas, ni al Ministerio de Educación y las universidades ampliar  -y financiar-  en dos años adicionales unos estudioos de diplomatura que, a su juicio, eran suficientes para ejercer como enfermera.

Por eso, las reformas desarrolladas en los últimos pocos años (especialidades, grado y prescripción) contienen serios riesgos de frustración de muchas expectativas.

Y es que el grado no se aplica como una respuesta específica a problemas o necesidades específicas de la enfermería, en relación con su desempeño profesional, sino como consecuencia de una adaptación esquemática al Espacio Europeo de Educación Superior, el famoso “Plan Bolonia”. De ahí que los créditos nuevos que supone esta ampliación en un año de los estudios, básicamente se destinan a ampliar el practicum y al trabajo de fin de carrera y no a una profundización o extensión de los contenidos científico-técnicos disciplinares.

Por lo que respecta a la denominada prescripción enfermera, aunque ahora haya quien impúdicamente la reivindique como un logro político propio, la verdad es que no formaba parte de la cartera de reivindicaciones básicas de los líderes corporativos, sindicales o intelectuales enfermeros. Fue el debate abierto con motivo de las iniciativas parlamentarias de Convèrgencia i Unió en 2006, especialmente las furibundas diatribas corporativistas de los médicos, quienes obligaron a unas macilentas élites enfermeras a retratarse y exigir "que se legalice lo que ya vienen haciendo las enfermeras", que es lo que finalmente se ha hecho (bueno, se está haciendo...); sólo el Consejo de Colegios catalán, al menos hasta donde tengo documentado, defendió un proyecto que iba más allá del estúpido marco legislativo finalmente aprobado el día 22 de diciembre de 2009.

En definitiva, ni el grado ni la prescripción son regulaciones que se hayan desarrollado como consecuencia de debates sociales, políticos o sanitarios específicos, sino que van “empotrados” dentro de reglamentaciones generales (Bolonia y la política de medicamentos, respectivamente) y no parece que se hayan adoptado para responder a verdaderos problemas o necesidades de los servicios de salud. Lo cual no quiere decir que carezcan de toda utilidad, simplemente se quedan a medio camino y no ayudan mucho a progresar, ni a los servicios de salud, ni a las propias enfermeras.

jueves, 27 de octubre de 2011

La Jornada de Jaén: (3) Un serio problema de imagen pública

El viernes 21 de octubre participé en las III Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias con la conferencia inaugural, un verdadero honor. A la espera de los podcast que publicarán en paginasenferurg.com, el mejor homenaje a mis anfitriones  -Jesús López Ortega, Antonio J. Valenzuela, Sixto Cámara...- es compartir con ellos y con vosotros las notas de la conferencia.

La tercera entrega es Un serio problema de imagen pública y está tomada literalmente así de mis notas:

La enfermería tiene un serio problema de imagen pública, un severo déficit de visibilidad social. Algo de culpa tiene en ello: ¿Tan difícil es redactar un documento en el que se explique a los ciudadanos, en términos sencillos pero convincentes, las razones por las que la enfermería es  -y debería ser considerada como- una profesión independiente y autónoma, con bases científicas y ámbitos disciplinares propios, que desempeña unas funciones exclusivas que nadie que no tuviera formación enfermera podría desempeñar?



No debería serlo, pero parece que sí lo es, porque yo nunca lo he visto. Sólo he visto textos donde enfermeras explican a enfermeras lo importantes y cualificadas que son las enfermeras. Y entonces, claro, resulta que el problema es más estructural que funcional. Hagáis lo que hagáis  siempre seréis observados con desconfianza si tratáis de retar el orden establecido sin  explicar convincentemente cuál es la utilidad social de los cambios promovidos, es decir, en qué beneficiarían realmente a los pacientes y contribuyentes unos nuevos equilibrios de poder en los que la enfermería obtuviera mayores cuotas de autonomía e independencia. Y en ese terreno, bien abonado por la desconfianza, cala fuertemente en la gente el sencillo mensaje de los bien engrasados aparatos de propaganda del lobby profesional médico: que lo único que busca la enfermería son beneficios propios, un “quítate tú para ponerme yo”.
¿Se ha explicado a los ciudadanos, a los pacientes, en qué les beneficia personalmente que las enfermeras puedan recetar medicamentos? ¿O que estudien cuatro años en vez de tres, asumiendo el contribuyente en su mayor parte el coste de esta extensión? ¿Se les ha explicado qué es lo que estudian durante cuatro largos años para acabar siendo las ayudantes de los médicos que hacen lo que les ordenan? Porque no es bueno engañarse: así es como el imaginario social visualiza a las enfermeras y nadie parece hacer el más mínimo esfuerzo para desmontar esa obsoleta y dañina visión.

 Como lo explica Suzanne Gordon, que es ciudadana de un país (los Estados Unidos) uno de cuyos problemas sanitarios más graves es la gran escasez de enfermeras,



“Quienes no somos enfermeras –la mayor parte de los cuales algún día seremos pacientes– tenemos un interés claro en ayudar a que las enfermeras obtengan mayores recursos educativos. Pero ese interés social en la educación enfermera y su financiación depende de la seguridad que tengamos de que las facultades de enfermería producirán gente que quiera cuidar de nosotros cuando estemos enfermos. Si una formación de cuatro años para ser enfermera resulta deseable será porque la educación resolverá la escasez de enfermeras, no los problemas de inferioridad del estatus profesional de la enfermería”.


Cambiemos “la escasez de enfermeras” por cualquier otro de los grandes problemas percibidos por los usuarios y organizaciones (ineficiencias, costes inexplicados, listas de espera, atención personalizada, yatrogenia, variaciones injustificadas en las prácticas médicas, cuidados terminales, seguimiento de crónicos, modificación de estilos de vida...) y entenderemos perfectamente lo que Gordon quiere decir.
Y, ya fuera de mis notas de Jaén, añado sobre la marcha: con lo que sabemos a día de hoy, a partir de las evidencias, no del voluntarismo, sobre el enorme potencial de la enfermería para desatascar algunas de las obturadas cañerías del Sistema Nacional de Salud, ¿por qué nadie es capaz de verbalizarlo y argumentarlo contundentemente para que la enfermería acabe por formar parte, de manera definitiva e incontestable, de las (escasas) respuestas inteligentes a su crisis de sostenibilidad?

Por favor... ¡Si no es  -no debería ser-  tan difícil!

miércoles, 26 de octubre de 2011

La jornada de Jaén: (2) El problema es sobre todo de orden político

El viernes 21 de octubre participé en las III Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias con la conferencia inaugural, un verdadero honor. A la espera de los podcast que publicarán en paginasenferurg.com, el mejor homenaje a mis anfitriones  -Jesús López Ortega, Antonio J. Valenzuela, Sixto Cámara...- es compartir con ellos y con vosotros las notas de la conferencia.

La segunda entrega es El problema es sobre todo de orden político y está tomada literalmente así de mis notas, aunque pueda parecer que está escrita al hilo de lo sucedido ayer: el Consejo General de Enfermería aprueba intervenir el Colegio de Badajoz; ya volveremos sobre ello con más información de primera mano. Casualmente, el presidente del colegio de Badajoz, Carlos Tardío, estuvo también en las Jornadas Giennenses.

Bueno, éste el texto original de mis notas para esta segunda entrega:

Aunque las enfermeras y enfermeros soléis explicar vuestra satisfacción o insatisfacción profesional como algo un tanto aleatorio, en qué ámbito trabajes o qué jefes te toquen, no es así realmente y todo lo difícil que es verlo desde dentro, es fácil desde fuera.

El problema básico no es interno, un mero asunto de organizaciones, estructuras, reglamentos y personas: el problema básico es de carácter político. Existe un poderoso  -y totalmente legítimo-  lobby médico muy eficaz en mantener un status quo que le favorece, pero desde luego no existe  un lobby enfermero capaz de retarlo.

Hace apenas unos meses, la Ministra de Sanidad ha firmado dos acuerdos  -vale: papel mojado, dado el 'tempo' político actual, con elecciones generales dentro de un mes-, uno con los médicos y otro con las enfermeras. Si miramos las fotos de la prensa...







...encontraremos una gran diferencia: en el acuerdo con la profesión médica, la Ministra estrecha cinco manos: las de los colegios, los sindicatos, los decanos de las facultades de medicina, las sociedades científicas y la asociación de alumnos de medicina.

Pero, si miramos la foto del acuerdo con la enfermería... sólo vemos al patético presidente en funciones del Consejo General de Enfermería: han desaparecido de la foto el sindicato, las sociedades científicas, los directores de los centros universitarios de enfermería y la asociación de alumnos de enfermería. Todo lo que no sea su insaciable ego.

¿Qué sucede? Encontramos dos alternativas:

          O el presidente en funciones del Consejo no se habla con el resto de la profesión...
          ... o el resto de la profesión no se habla con el presidente en funciones del Consejo.

En este caso, me temo, suceden las dos cosas. Y, entonces (también suceden las dos cosas):

       El presidente en funciones del Consejo tiene un serio problema de relación con la profesión a la que se supone que representa.
      La profesión enfermera tiene un serio problema con el presidente en funciones de su Consejo General de Enfermería. Y, entonces, quien se supone que representa, exclusivamente por imperativo legal, a la profesión enfermera, está aislado y sólo se representa a él mismo.

Esta re-conocida limitación merma la capacidad de influencia del impostado Consejo General. Y cuando no se tiene capacidad de influencia sólo le buscan a uno para hacerse la foto firmando acuerdos fútiles, pero nunca para redactar los reglamentos, como le pasa a nuestro Consejo General de Enfermería.

Y, como decía socarronamente el Conde de Romanones al presidente del Congreso de los Diputados, cuando ya era presidente del Consejo de Ministros bajo el reinado de Alfonso XIII, “hacedvosotros las leyes y dejadme a mí los reglamentos”. Y él lo sabía bien, no en vano había sido, antes que primer ministro, presidente del Senado y después del Congreso de los Diputados...

martes, 25 de octubre de 2011

La jornada de Jaén: (1) La larga e inacabada marcha de ocupación a profesión

Como ya anuncié el miércoles pasado, el viernes 21 de octubre participé en las III Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias con la conferencia inaugural, un verdadero honor. A la espera de los podcast que publicarán en -espero no equivocarme- paginasenferurg.com, el mejor homenaje a mis anfitriones  -Jesús López Ortega, Antonio J. Valenzuela, Sixto Cámara...- es compartir con ellos y con vosotros las notas de la conferencia.

La primera entrega es La larga e inacabada marcha de ocupación a profesión y está tomada literalmente así de mis notas:

La enfermería lleva muchos decenios, casi medio siglo, en su larga marcha de ocupación a profesión. Una profesión, a diferencia de una ocupación, se caracteriza por haber sabido encontrar su ‘lugar al sol’ en el ecosistema profesional, un nicho competencial propio en el que, aunque las fronteras siempre se solapan, sea relativamente simple y consensuada una definición de los roles y funciones que le son propios y exclusivos. Y en ese nicho la profesión debe ser autónoma para adoptar las decisiones facultativas que requiera el desempeño de sus roles y funciones.

Si me permiten la digresión, es corriente leer o escuchar que Florence Nightingale fue quien fundó o creó la profesión de enfermera. Ello no es así. Lo que hizo la señora de la lámpara fue establecer una ocupación a partir de lo que no era ni siquiera un oficio, simplemente una función social descualificada y no retribuida. Nightingale no pretendía crear una profesión, sino dignificar un oficio y convertirlo en un modo, para muchas mujeres humildes, de ganarse la vida de una manera fuertemente moral, con obediencia, sacrificio, espiritualidad y sumisión.

La ocupación enfermera comienza realmente su larga marcha de ocupación a profesión cuando comienza a extenderse la formación de enfermeras en las universidades, algo que si bien empezó anecdóticamente en Massachusset en 1907, no empezó a consolidarse hasta después de la segunda guerra mundial, en los dinámicos cincuenta y, sobre todo, sesenta, aunque muchos países, España entre ellos, tardaron más en dar el paso. La enfermería lleva, pues, unos cincuenta o sesenta años afanada en esa su larga marcha de ocupación a profesión.

Es justo reconocer que, tras este medio siglo largo, aún no podemos dar por finalizada, con carácter general, esa larga marcha. Que aunque se ha progresado, y mucho si consideramos que cincuenta años no es nada, en el desempeño autónomo de funciones y roles enfermeros, sigue existiendo una subordinación funcional básica a la profesión médica. Los médicos siguen disfrutando en general de lo que hace más de medio siglo definió Elliot Freidson como “dominación profesional” (profesional dominance), que a mí me gusta más traducir como “predominio” profesional; por cierto que Freidson, en su libro, dedica un largo capítulo específico al análisis del predominio médico sobre la enfermería. Los médicos siguen estando en el centro exacto del sistema y acaparan el escenario político y mediático sin dejar hueco para que otras profesiones sanitarias puedan mostrar a la sociedad cuál es su insustituible aportación a la salud y bienestar de los ciudadanos y al sostenimiento de los servicios sanitarios modernos.

No me refiero sólo a la enfermería, pero sí entiendo que en este auditorio debo hacer referencia sobre todo a ella. Lo que más llama la atención a quien, como yo, mira las cosas desde fuera, es la mansedad con la que la enfermería, como colectivo, suele permitir este estado de cosas.

Desde mi punto de vista, el problema es que la enfermería no existe, ni en los medios de comunicación ni en el imaginario público, porque no parece ser capaz de formalizar, difundir y argumentar a la gente las razones por las que la enfermería es realmente una profesión insustituible que puede y debe progresar. Como dice Suzanne Gordons, "es difícil comprender porqué la enfermería parece tener un vocabulario tan limitado cuando debate y promueve su propio trabajo.”

Este es uno de los problemas de fondo que explican que, después de más de cincuenta años, vuestra larga marcha de ocupación a profesión esté inacabada.

lunes, 24 de octubre de 2011

Movilidad de los profesionales sanitarios en Europa

El European Observatory on Health Systems and Policies, organismo dependiente de la Oficina Europea de la Organización Mundial de la Salud, acaba de publicar (exclusivamente en inglés) el libro Health professional mobility and health systems. Evidence from 17 European countries, donde un gran plantel de autores describen y analizan, a lo largo de 632 páginas, un amplio conjunto de aspectos relacionados con la movilidad de los profesionales sanitarios en los países europeos de la OCDE, como sus efectos sobre la calidad y seguridad de la asistencia sanitaria, los procesos de creación de profesionales o la dirección y gestión de los servicios de salud y su financiación.

En conjunto y comparativamente, España es un país con baja dependencia de los profesionales sanitarios extranjeros, especialmente por lo que se refiere a las enfermeras (pinchar para agrandar):

Podéis leer un breve resumen aquí y descargar el libro entero aquí. Pero como se trata de un 'tocho' imposible de leer salvo para los especialistas (casi 450 páginas son informes específicos de 14 países), os he extraído el capítulo sobre España, a cargo de tres investigadoras de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Como veréis, en el trabajo se detalla más el caso de los médicos, que el de las enfermeras y otros profesionales, y ello se explica probablemente por el sesgo que introduce el hecho de que dos de las autoras lo sean también del famoso informe Oferta y necesidad de especialistas médicos en España (2008-2025), encargado por el Ministerio de Sanidad y Consumo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Nos vamos a Jaén

El Departamento de Enfermería de la Universidad de Jaén organiza de nuevo este año, del 20 al 22 de octubre, las Jornadas Giennenses de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias, que este año hacen ya las terceras. Y han tenido la cortesía de invitarme a dar la conferencia inaugural, un verdadero honor para mí.

Así que mañana, jueves, y pasado mañana, viernes, no habrá entrada en el blog. Os dejo descansar un poco. Saludos y hasta la vuelta

martes, 18 de octubre de 2011

Pequeños avances que consolidan el valor de mercado de la enfermería

Dejando atrás el mal rollo de ayer, leemos hoy sobre un cambio importante en las competencias prescriptoras, desde los médicos a las enfermeras, que ha traído  -una vez más-  buenas noticias. Son avances pequeños, pero significativos.

En el condado de Yorkshire, Reino Unido, enfermeras formadas específicamente para seguir este programa han asumido el control de las prescripciones de medicamentos para el tratamiento del alcoholismo. Y el tiempo medio de espera entre la solicitud y la cita para el tratamiento ha descendido de siete a tres semanas. Esto parece simplemente una mejora sin sustancia, pero es que este grupo de pacientes es muy vulnerable porque si entre la decisión personal (y familiar) de reconocer y tratar el problema y la inclusión efectiva en un grupo de tratamiento pasa demasiado tiempo, el porcentaje de fallidos es sustancial y mucho sufrimiento es malgastado.

Esto también es Enfermería de Práctica Avanzada, no sólo los 'grandes' avances legislativos. Y, por lo que a mí me  interesa remarcar, esto es valor de mercado de la enfermería. Y lo podéis leer (en inglés) aquí.

lunes, 17 de octubre de 2011

¿Pero es que hay una epidemia de TOC entre los galenos?

Ya ni sé la de veces que he tenido que hacerme eco en el blog de declaraciones, escritos, comentarios, cartas al director... de médicos arremetiendo contra la enfermería y las enfermeras. Por el contrario, no es muy habitual leer invectivas en sentido contrario, de enfermeras arremetiendo contra los médicos, de las cuales me haría eco también, sin duda. En nada nos favorecen a quienes no somos médicos ni enfermeras, pero somos o seremos pacientes, y, de hecho, en nada favorecen ni a médicos ni a enfermeras. Son un problema mezcla de elitismo, machismo e incultura.

¿Por qué sucede esto? Serían sin duda necesarios estudios de primera mano que quien podría y debería encargar no lo hace, pero desde el sentido común no es difícil aventurar que estas actitudes elitistas, provinientes de gente a quien se supone ilustrada y con un neocórtex frontal con un tamaño mínimo como para poder ejercer una profesión compleja como es la medicina, deben explicarse por algún sentido de la amenaza al estatus tradicional de los médicos. De esta manera, gente intelectualmente elevada se comporta como víctima de un trastorno obsesivo-compulsivo [TOC] que sólo sacia sus necesidades a base de exabruptos.

El otro día, el secretario general de la Organización Médica Colegial [OMC] decía lo siguiente:
En la Atención Primaria asistimos a una indefinición de roles , y vemos como los pediatras atienden a los niños, los geriatras a los ancianos, los equipos de salud mental a este tipo de patologías, los internistas atienden al enfermo pluripatológico y polimedicado, el tocólogo al embarazo normal y ya estan aqui los urgenciólogos y los paliativistas reclamando espacio. Junto a esto los enfermeros amplían sus competencias ocupando el espacio de la prevención de la salud, prestan atención domiciliaria y atención a los enfermos crónicos. ¿En este escenario que nos queda? (...) La indefinición de los roles del médico de familia y el aumento de competencias de otros profesionales sanitarios ha llevado al médico de familia a realizar labores burocráticas y demandas de procesos agudos y no programados que están ahogando sus verdaderas funciones y sesgando el desarrollo de sus competencias, produciendo un trabajo insatisfactorio de forma general.
Como puede verse, se trata de una reflexión reactiva, defensiva y, con mucha razón, que aboga por una redefinición de los roles profesionales, justo lo que desde los sectores más avanzados de la enfermería se defiende, siempre que se haga de manera consensuada y pensando exclusivamente en qué es lo mejor para los pacientes y la sostenibilidad de los servicios de salud, no para cada cual.

Y hoy, el reputado y hasta hoy admirado médico Juan Gervás (ver aquí el curriculum que ha colgado en Wikipedia), enmarcado en un artículo de opinión digno de Intereconomía, la emisora española de radio y TV más fascistoide de todas  -y eso que hay competencia...-  se despacha a gusto contra las mujeres (las mujeres tienen XX por pareja de cromosomas sexuales. Una X del padre y una X de la madre. Al azar, cada célula del cuerpo de la mujer expresa el X de la madre, o el X del padre. Por ello la mujer es lo que genéticamente llamamos 'quimera'. Las 'feminoides' (no feministas, que estas son inteligentes) dicen que el día que las mujeres gobiernen el mundo será diferente (en el sentido de mejor). Quizá, pero los hechos refutan tal teoría, pues es sólo una quimera), contra la Ley de prevención de la violencia de género ("es cierto que los hombres somos más brutos que las mujeres, y que nuestra violencia es más vistosa. Así, los crímenes varoniles se ven mucho, todo lleno de sangre, mientras los de las mujeres se certifican en paz y con tranquilidad ('querido, ha dicho el médico que tomes un poquito más de tu medicina para el corazón...'). Por ello las mujeres consiguen una Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género que las protege a ellas solas. Una Ley que no es de género, pues no existe un solo género") y, dejándose llevar por su TOC, contra las enfermeras:

Las enfermeras se reclaman el 50% de la fuerza laboral sanitaria y se sienten discriminadas. Lo son, lamentablemente. Pero ante problemas como el de Leganés (el de la falsa denuncia, el caso del Consejero de Sanidad de Madrid, Manuel Lamela, de 2005, de eutanasia masiva en urgencias del Hospital Severo Ochoa), se quitan de en medio, pues 'sólo cumplimos las órdenes de los médicos'.
Les gustan las quimeras, tipo los protocolos y las guías, los pacientes sanos y jóvenes, y la prevención como bien demostró Cristina Pérez en su clásico trabajo cualitativo. Es decir, no les gusta lo que la sociedad y los pacientes precisan, enfermeras que trabajen con viejos, enfermos y crónicos, sobre todo a domicilio. De hecho, las hay que se transforman en enfer-mesas, por el placer que les reporta trabajar en el despacho. Trabajan lejos de los problemas de los pacientes y de los médicos (en muchos centros de salud las enfermeras atienden a medias de 10 pacientes por día, contra 40 los médicos, ¿a cuánto sale cada acto enfermero?

Ya hace unos días cuando pontificó sobre el médico, no director de orquesta sino piloto del avión, pensé en llevarlo al rincón del demagogo que tiene este blog, pero la trayectoria intelectual de Gervás me llevó a pensar que se trataba de un lapsus producido por alguna emoción mal sujetada ("el sueño de la razón engendra monstruos", que dijo Francisco de Goya), y me limité a ignorarlo. También me frenó que el medio donde publica este tipo de tribunas, Acta Sanitaria, es una publicación progresista y comprometida con la sanidad pública, aunque no entiendo porqué debe publicar semejantes desatinos, que no sólo dejan en evidencia a su firmante sino también al medio en que se editan.

No sé lo que pensarán sus  -al menos, siete-  compañeras enfermeras del Equipo CESCA que él fundó y dirige. Sí me trajo a la memoria un trabajo de otro co-fundador del Equipo, Mercedes Fernández, médica, en el que curiosamente se reivindica a los médicos como enfermeras: los médicos tenemos una larga historia profesional, de cientos de miles de años, desde la Prehistoria. Probablemente desde la primera mujer que, con una sensibilidad y capacidad fuera de lo común, sumó conocimientos y habilidades de 'sanación'. Por ejemplo, ayudar al parto, utilizar 'hierbas' para enfermedades, reducir luxaciones, reparar fracturas, curar heridas y ayudar a morir en paz.

Es evidente que esos son los antecedentes de las enfermeras-mujeres, mientras que los médicos-hombres se reflejan más bien en los brujos o chamanes en supuesto contacto con los dioses para auto-adjudicarse un elevado estatus en la tribu, mientras que las mujeres trabajaban duramente para poder que atender y cuidar a sus familias y comunidades.Y es evidente que sólo se puede escribir eso, siendo médico, si uno piensa que todo lo relacionado con la salud, y hasta el bienestar, es medicina y sólo medicina. Puro delirio, que diría el bolero.

En fin, es sorprendente que sean tantos los médicos que tienen un serio problema con la enfermería, incluso algunos de aquellos a los que siempre hemos admirado, pero yo no haría mucho caso a sus panfletos y me quedaría con aquello de positivo que han aportado y aportan: a fin de cuentas, tienen un problema médico (a su TOC me refiero). Y si tienen ese temor a ser desplazados por las enfermeras es que algo están viendo en esa dirección: "ladran, luego cabalgamos" (frase que no es de El Quijote, como suele decirse, sino de Goethe).

Por mi parte, no voy a entrar más en este monotema por muchas burradas que lea, hay cosas más importantes y cosntructivas de las que hablar.

jueves, 13 de octubre de 2011

Rompiendo barreras (pasito a pasito)

Un ejemplo más de hasta qué punto la defensa de viejos privilegios trata siempre de poner frenos a la innovación en la atención sanitaria: en los EEUU es muy típico que el médico de un paciente lo visite cuando está hospitalizado. Como sabéis, en ese país hay muchos pacientes que no optan por consultar con un médico de cabecera, sino con una enfermera de práctica avanzada [EPA], una Nurse practitioner por lo general. Sin embargo, las leyes federales y estatales, así como muchas regulaciones internas de las cadenas hospitalarias, impiden por lo general que los pacientes sean visitados en el hospital por el profesional que han elegido cuando éste es una enfermera.

Ya me he referido en alguna ocasión al informe del Institute of  Medicine [IoM] titulado The future of nursing. Leading change, advancing health, que supuso un revulsivo para el establishment médico y un disparo de salida en la carrera por convertir en firmes y consolidadas políticas estratégicas lo que hasta ahora han venido siendo dispersas iniciativas locales o experiencias aisladas de algunas organizaciones (aseguradoras, cadenas hospitalarias, HMO...) en relación con la Enfermería de Práctica Avanzada. A partir de las conclusiones  de ese informe, el AARP Public Policy Institute ha eleborado un breve informe titulado Removing Barriers to Advanced Practice Registered Nurse Care: Hospital Privileges, en el que aboga por la eliminación de esas barreras, claramente reaccionarias y sin sentido alguno salvo para los intereses profesionales creados.

Por cierto, el informe del IoM dio nombre a uno de los más activos lobbies enfermeros de Estados Unidos, The Future of Nursing.

miércoles, 12 de octubre de 2011

"Cuando la fiesta nacional, yo me quedo en la cama igual..."

Como hoy, 12 de octubre, es la Fiesta Nacional de España, me tomo el día libre (como dice el título de la entrada). Pero os dejo  -y seguro que hoy no soy el único, pero qué más da-  este vídeo de Paco Ibáñez cantando La mala reputación, una versión en castellano de La mauvaise réputation, de Georges Brassens, que posiblemente los más jóvenes de vosotros desconozcáis. Y eso no puede ser.

martes, 11 de octubre de 2011

Médicos, enfermeras y otros animales

Los amigos de La Comisión Gestora™ nos contaban ayer la historia de unas colaboraciones con el periódico español Diario Médico sobre las relaciones de las enfermeras con los médicos (al que ya hice referencia en una entrada en este blog) y de los médicos con las enfermeras (además del primer editorial escrito en Diario Médico por enfermeras, como desvelan ellos en su entrada). Lo cuentan con desengaño y un punto de desesperación por la aparente incapacidad de la profesión enfermera para hacerse visible como profesión facultativa cualificada o de los médicos para querer entender la necesidad de unas relaciones de mutua interdependencia, aportando cada cual, dentro de sus capacidades y competencias propias, sus mejores (y más interesantes para el sistema) aportaciones.

Evidentemente, existe un fuerte sustrato cultural, anclado en la noche de los tiempos, que impide a los galenos ir adaptando sus puntos de vista y sus actitudes a las nuevas realidades. Muchos, (yo creo que una mayoría en los hospitales, probablemente muchos menos en AP), sigue comportándose como si tuvieran al lado a sus Ayudantes Técnicos Sanitarios y no a profesionales muy bien formados y preparados, capaces de aportar a la sanidad, a los centros y a los equipos multidisciplinarios mucho más de lo que por lo general se les permite. Y de aliviarles algunas cargas de trabajo de esas de las que denostan; pero esta es otra historia.

Peor para ellos, y lo digo con pesar porque admiro mucho a los médicos a pesar de algunos que conserven algunos hábitos malsanos, como tender a creerse el centro del universo sanitario, una especie aparte en este ecosistema.

Y digo peor, porque más les costará adaptarse a unos servicios de salud radicalmente distintos que veremos dentro de no más de 15 ó 20 años, en los que, por ejemplo, no habrá pediatras en los centros de salud, ya que el seguimiento al niño sano lo harán las enfermeras especialistas en pediatría; en los que las enfermeras de práctica avanzada [EPA] sean la puerta de entrada al sistema, tanto en AP como en ingresos no programados (urgencias); en los que, en numerosos ámbitos asistenciales, en lugar de ser la enfermera un recurso del médico, lo sea el médico de la enfermera, con un rol de consultor, ya que será ella quien le derive a los pacientes para que se hagan cargo de sus necesidades médicas (una vez resueltas, en su caso, las de enfermería, incluida la prescripción farmacéutica básica); en los que sean las enfermeras comunitarias quienes realicen un seguimiento continuo en la comunidad y en sus consultas de los pacientes crónicos pluripatológicos para garantizar el seguimiento de sus tratamientos médicos y de enfermería, la adopción de hábitos de vida saludables, el comportamiento del entorno familiar y social, etc. y decidan (en colaboración con el médico, claro, pero no al revés) cuándo es preciso modificar las revisiones médicas pautadas.

En esa vía caminan los servicios sanitarios más avanzados, especialmente en los Estados Unidos, y ya sabemos que todo lo que se aplica allí acaba llegando aquí, desde los DRG hasta los sistemas de incentivos. Estos servicios sanitarios serán  - a la fuerza ahorcan-  más eficientes en términos económicos, pero también más eficaces y seguros en términos sanitarios. Y en ellos, con sólo un poco de buena voluntad, médicos y enfermeras trabajarán más a gusto en una relación, ni dependiente, ni independiente, sino interdependiente, en que las enfermeras ejercerán el papel fundamental de coordinación de recursos, sirviendo como verdadera bisagra de los servicios asistenciales.

La anécdota: Cuando se debatía la llamada Ley del Medicamento, la Organización Médica Colegial presentó sus alegaciones al Ministerio de Sanidad sobre la tímida regulación 'prescripción enfermera' y decía literalmente (el remarcado es mío):

"Que nadie otorgue ayudas al medico que ni ha pedido ni debe pedir. La discordancia surge cuando precisamente y alegando falta de tiempo del medico el Ministerio de Sanidad quiere otorgar a la enfermería actividades propias del médico, cuando las mismas son éticamente rechazables en tanto pueden ser perjudiciales para la salud y la seguridad del paciente, lo que en determinados casos y con la suficiente dimensión puede devenir en un problema de salud pública. Seria paradójico que el médico dedique su tiempo a limpiar el instrumental y que la enfermería u otros profesionales sanitarios prescriban por él".
Con estos niveles intelectuales es imposible hacer nada, así que aquellos polvos han traído estos lodos, de tales líderes, tales actitudes en la base. Y conste que ya quisiera el CGE haber evolucionado siquiera la décima parte que la OMC (por cierto, el lumbreras responsable del texto, no sólo sigue en la OMC, sino que ha ascendido).

[Nota.- El título no trata de ser insultante o despreciativo; está inspirado en el libro de Gerald Durrel Mi familia y otros animales]

lunes, 10 de octubre de 2011

Más de lo mismo: 'Disease mongering' o promoción de enfermedades

Ya me  he referido en alguna ocasión a las estrategias de promoción de enfermedades (disease mongering) como un intento por parte de sociedades científicas y/o de pacientes y el complejo médico-industrial de etiquetar como enfermedades lo que no son sino situaciones personales, condiciones médicas o factores de riesgo como trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno de déficit de atención e hiperactividad, menopausia, estrés postraumático, síndrome premenstrual.. El objetivo, naturalmente, es de tipo económico, bien a corto plazo (beneficios o subvenciones), bien a largo (crear nichos ocupacionales monopolizados por una especialidad o subespecialidad).

medpage TODAY nos habla hoy de una modalidad que va creciendo con el paso del tiempo: la de las intervenciones preventivas. Aunque ultimamente ha estado de moda el informe de la US Preventive Services Task Force cuestionando la eficacia de los controles anuales del PSA en hombres sanos en la prevención del cáncer de próstata, lo que nos presenta MedPage es mucho más truculento. Se trata de la campaña Go red for women, dirigida a promover la prevención de enfermedades cardiológicas entre las mujeres.

Para ello, presenta un vídeo donde una actriz de 37 años es víctima de un infarto. La publicación ha calculado el perfil de riesgo en función de la edad y ciertos otros factores imaginados (hipertensión, colesterol...), que se han situado claramente por encima de los parámetros de referencia, a partir de los cuales puede estimarse en un 2% el riesgo de la actriz a padecer un infarto. Lo chungo es que la campaña la ha impulsado la respetada Asociación Americana del Corazón.

viernes, 7 de octubre de 2011

El rincón del demagogo: Máximo González Jurado

Ya había estado a punto de entrar unas cuantas veces, pero es que esta vez lo ha puesto realmente 'a huevo', por lo que entra por la puerta grande: Máximo González Jurado, presidente en funciones del Consejo General de Enfermería español, dice en su órgano de agitación y propaganda, Diario Enfermero, que la 'prescripción enfermera' ha sido fruto de su larga lucha, como puede 'comprobarse en las hemerotecas' y que "ha conseguido cambiar la Ley del medicamento en un tiempo récord y que se elabore un decreto que viene a regular esta nueva competencia". Obsérvese el patético tono épico que emplean sus empleados para describir la larga lucha de tan esforzado prócer:



No, señor González. A usted, hasta que no vio la oportunidad de hacer negocio  -en eso sí que no es posible negar su gran habilidad-,  la 'prescripción enfermera' le dio igual y las hemerotecas están ahí, efectivamente, para mostrar la gran chapuza que, con su complicidad, se puso en escena en 2006. El único argumento que puso usted sobre la mesa es que era preciso dar cobertura legal a lo que ya venían haciendo las enfermeras, 'recomendar' medicamentos sin receta.

El proceso legislativo de reconocimiento de la prescripción enfermera fue azaroso, ya que necesitó de tres intentos y tuvo incluso su interludio kafkiano. El primer intento se produjo durante la tramitación y aprobación, en 2006, de la Ley de garantías y Uso racional de los Medicamentos y Productos Sanitarios y el segundo, mediante una proposición no de ley presentada por CiU en julio de 2006 y que fue desestimada por la Comisión de Sanidad y Consumo del Congreso, también con el rechazo del grupo socialista, como contundentemente lo expresó su portavoz en la comisión el 22 de noviembre de 2006: “Pues bien, señorías, les decía que estoy firmemente convencida de que acertamos todos cuando, al aprobar la Ley del Medicamento en los aspectos que hacen referencia a la prescripción de los medicamentos, acordamos que la prescripción de los medicamentos estuviera única y exclusivamente en manos de médicos, odontólogos y veterinarios”.

El segundo (y medio) intento tuvo lugar casi dos años después de la aprobación de la Ley del Medicamento, en febrero de 2008, cuando el Ministerio de Sanidad y Consumo trataba de desarrollar una supuesta disposición adicional decimosegunda de la Ley del Medicamento tal como fue publicada en el BOE. Pero en un momento dado, el Consejo de Estado  -alertado por el entonces presidente de la OMC, Isacio Siguero-  advierte y comunica al Gobierno que el texto de la disposición adicional duodécima de la Ley del Medicamento publicado en el BOE hacía casi dos años no se correspondía con el definitivamente aprobado por el Congreso de los Diputados, sino con el de una de las enmiendas aprobadas por el Senado que fue rechazada en el Congreso y que al parecer fue incluida por error en el texto enviado al BOE. Una vez comprobado en el Diario de Sesiones que se trata efectivamente de un error, el BOE del 25 de abril de 2008
publica casi dos años después de su aprobación una corrección de errores que finalmente deslegitima al Gobierno para regular la prescripción por parte de enfermeras y podólogos. El Ministerio de Sanidad y Consumo estuvo, por tanto, trabajando casi dos años para desarrollar una disposición legal que no sólo no se había aprobado, sino que el propio Grupo Parlamentario Socialista había rechazado en el Congreso por dos veces. Incluso las enfermeras participantes en los grupos técnicos de trabajo, incluidas las designadas por el CGE, se vieron sorprendidas por este desenlace después de más de un año de trabajo.

Lo cierto es que ello resultó providencial para la enfermería, ya que, congruentemente con la posición hostil frente a la prescripción enfermera mantenida hasta entonces por el gobierno socialista, con la anuencia del Consejo General de Enfermería que usted presidía y preside y copiando casi literalmente la normativa francesa, el borrador de orden sólo reconocía la capacidad de las enfermeras para indicar productos sanitarios, en ningún caso medicamentos: ni una aspirina.

El tercer y definitivo intento comienza con otra proposición, esta vez de ley, del grupo parlamentario de Convergència i Unió, presentada el 20 de febrero de 2009, cuya impulsora fue una diputada enfermera, Contxita Tarruelles, a quien se debe, para bien o para mal, el tratamiento legal actual de la 'prescripción enfermera'. Sólo unos días después, el 2 de marzo, el Grupo Socialista del Congreso presenta su propia proposición de ley, que en su parte dispositiva reproduce casi por completo, aunque con algún matiz más restrictivo pero no muy relevante, la redacción de la iniciativa catalana. El giro en la posición del PSOE fue tan radical que sólo puede explicarse por dos motivos. Por un lado, las negociaciones parlamentarias para el apoyo a un Gobierno en minoría que ha optado por no establecer pactos de legislatura y trabajar con “geometría variable”, lo cual incluía de forma muy privilegiada los 10 escaños de CiU con vistas a las medidas anticrisis y la Ley de presupuestos generales para 2010. Y por otro lado, la aprobación apenas unos meses antes, por parte de la Junta de Andalucía (socialista también), de su propio decreto de prescripción enfermera. En definitiva, la Ley fue aprobada el 22 de diciembre de 2010 y publicada en el BOE el 31 del mismo mes, entrando en vigor el 1 de enero de 2010.

Lo cierto es que la 'prescripción enfermera' nunca le importó lo más mínimo a ninguna de las élites enfermeras, ni tampoco a usted. Las élites docentes e investigadoras no tenían ningún interés, porque 'eso' era 'medicina' y ellas, almas enfermeras puras. Las élites corporativas  -o sea, usted-  tampoco, porque no tenía valor de mercado. Si acaso confirman algo las hemerotecas es que el único liderazgo que realmente movilizó a las enfermeras a favor de la prescripción desde el principio fue su odiado enemigo, el Sindicato de Enfermería-Satse. Usted, en todo caso, en lo que sí debió influir fue en el acceso de los podólogos, que es la única profesión asistencial que ha desempeñado porque nunca ha trabajado como enfermero, a la élite prescriptora autónoma, junto a médicos y odontólogos (y conste que a mí me parece bien que todo el que tenga pacientes pueda recetarles medicamentos dentro de su ámbito).

Como hemos visto, las dos iniciativas legislativas corrieron a cargo de Convergència i Unió, a quienes no cabe suponer que estuvieran a tiro de su titánica actividad lobbista o en nómina. Así que no se nos tire ahora el folio, diga a sus hagiógrafos a sueldo, pagados como usted y sus conmilitones por todas las enfermeras, que se ocupen de temas más importantes y usted, personalmente, deje de hacer el fantasma y de tergiversar la historia. ¡Al rincón del demagogo! (y no será la última vez, seguro).

jueves, 6 de octubre de 2011

Prueba de agudeza visual

Como dice el maestro Forges: Adivine en treinta segundos que falta aquí, en esta foto de la reunión de hoy mismo del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo.




 PS.- Es que NI UNA. Así nos va...

miércoles, 5 de octubre de 2011

La EPA en la vida real (en inglés)

A menudo es difícil entender en el "mundo real" qué es realmente la Enfermería de Práctica Avanzada puesta en un contexto nada teórico, sino en la vida real. Quienes podáis escucharlos en inglés podéis enlazar aquí unos vídeos al respecto y otros materiales. Algunos son muy, muy interesantes, creo que sobre todo los que tienen que ver con nuevas aportaciones enfermeras en situaciones de crisis.

martes, 4 de octubre de 2011

Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria

La Asociación de Enfermería Comunitaria acaba de editar el nuevo número (Vol. 4, nº 2) de la Revista Iberoamericana de Enfermería Comunitaria. En él se incluye la colaboración que me solicitaron, bajo el título ¿Qué significa Enfermería de Práctica Avanzada hoy y aquí? Los lectores más asiduos del blog recordarán que sus contenidos, aunque de forma sin duda menos refinada y más resumida, vieron la luz en tres entradas del mes de junio de 2011 (que pueden consultarse aquí, aquí y aquí). Como veis, un blog también sirve para ir ensayando contenidos, muchas veces a partir de experiencias concretas (en este caso, una jornada de la Universidad de Alicante de la que ya me hice eco aquí), que con el tiempo y algo de maduración pueden dar lugar a materiales para "presentar en sociedad".

Aunque, la verdad, yo me inclinaría-  y perdón por la injusta parcialidad, absolutamente subjetiva-  porque empleárais mejor el tiempo leyendo los artículos de Carlos Martínez Riera (Envejecimiento: retos y oportunidades para la investigación en Enfermería ) y de Tim Duffy y otros (A review of the development of the Collaborative Family Health Nursing Project in Europe).

[Y, por cierto, quiero aprovechar para agradecer a la Asociación de Enfermería Comunitaria su invitación para impartir la conferencia de clausura de su II Congreso Internacional y VIII Nacional, que tendrá lugar en Barcelona del 16 al 18 de mayo de 2012. Lo dicho, gracias].

lunes, 3 de octubre de 2011

¿Y si pacientes y opinión pública fueran más sensatos de lo que pensamos?

Nada más publicar la anterior entrada en el blog, el viernes pasado, encontré en mi bandeja de entrada el sumario del último número de la revista Journal of the Royal Society of Medicine Short Reports y en él un artículo que hubiera resultado un espléndido colofón a aquella entrada; como algunos recordaréis, se titulaba La dura realidad: El ¿insostenible? coste de la lucha contra el cáncer y hacía referencia a un amplio (en todos los aspectos) estudio de The Lancet Oncology que defendía la necesaria modificación de una cierta 'cultura del exceso' que ha venido predominando entre los oncólogos en su trabajo clínico.

Pues bien, el artículo en cuestión se titula The views of patients and the general public about expensive anti-cancer drugs in the NHS: a questionnaire-based study ["Las percepciones de los pacientes y de la opinión pública sobre los costosos medicamentos anti-cáncer en el Servicio Nacional de Salud: estudio a partir de una encuesta]. Los cuestionarios fueron cumplimentados por dos grupos: pacientes de cáncer en seguimiento clínico y población general. Los principales resultados, resumidos muy brevemente, son los siguientes:
  • Nada menos que el 70% de los pacientes y el 64% de la población general afirman conocer la existencia y funciones del National Institute for Health and Clinical Excellence [NICE], organismo encargado de establecer las guías de práctica clínica que, entre otras muchas cosas, determinan la financiación pública de los medicamentos por parte del NHS.
  • El 49% de los pacientes y el 36% de la población general piensan que el NHS debería financiar todos los medicamentos anticancerosos nuevos,  frente a unos porcentajes respectivos de 27% y 33% que opinan que deberían financiarse únicamente los aprobados por el NICE.
  • En todo caso, prácticamente todos los entrevistados (94%-93%) pensaban que los médicos deberían hablar con sus pacientes de todos los tratamientos farmacológicos existentes, al margen de que los no aprobados por el NICE sólo pudieran ser financiados por los propios pacientes y su entorno.
  • El apartado más interesante, probablemente, es el que plantea dos escenarios muy relacionados con la anterior entrada en el blog: disponibilidad a financiar con fondos propios un medicamento no financiado por el NHS, con un coste mensual de 4.000 libras (6.200 euros), y que a) proporciona a 2 de cada 5 pacientes, sin que pueda saberse a cuáles en concreto, entre 4 y 5 meses de vida adicionales o b) no mejora la supervivencia, pero  mejora la calidad de vida del paciente.
  • En cuanto al escenario a, prolongación de la vida, son muy pocos (15%) los pacientes que estarían dispuestos a pagar el medicamento para sí mismos, valor que aumenta hasta un 22% entre la población general. Sin embargo, son bastantes más (35%-43%) los que estarían dispuestos a realizar el pago si se trata de un familiar.
  • Y en cuanto al escenario b, mejora de la calidad de vida, un 16% de los pacientes y un 30% de la población general estaría dispuesto a financiarse el medicamento (un 43% si se trata de un familiar).
El artículo termina así: "Los pacientes y ciudadanos que participaron en la encuesta se muestran más comprensivos, confiados y realistas ante el problema de la financiación pública de los costosos  medicamentos muevos de lo que los políticos podrían imaginar".

Es cierto que se trata de un pequeño estudio, con muestras muy pequeñas (210 pacientes y 416 no pacientes) y en un ámbito geográfico muy delimitado (Sussex), pero me ha parecido una interesante extensión de la anterior entrada.