La primera entrega es La larga e inacabada marcha de ocupación a profesión y está tomada literalmente así de mis notas:
La enfermería lleva muchos decenios, casi medio siglo, en su larga marcha de ocupación a profesión. Una profesión, a diferencia de una ocupación, se caracteriza por haber sabido encontrar su ‘lugar al sol’ en el ecosistema profesional, un nicho competencial propio en el que, aunque las fronteras siempre se solapan, sea relativamente simple y consensuada una definición de los roles y funciones que le son propios y exclusivos. Y en ese nicho la profesión debe ser autónoma para adoptar las decisiones facultativas que requiera el desempeño de sus roles y funciones.Si me permiten la digresión, es corriente leer o escuchar que Florence Nightingale fue quien fundó o creó la profesión de enfermera. Ello no es así. Lo que hizo la señora de la lámpara fue establecer una ocupación a partir de lo que no era ni siquiera un oficio, simplemente una función social descualificada y no retribuida. Nightingale no pretendía crear una profesión, sino dignificar un oficio y convertirlo en un modo, para muchas mujeres humildes, de ganarse la vida de una manera fuertemente moral, con obediencia, sacrificio, espiritualidad y sumisión.La ocupación enfermera comienza realmente su larga marcha de ocupación a profesión cuando comienza a extenderse la formación de enfermeras en las universidades, algo que si bien empezó anecdóticamente en Massachusset en 1907, no empezó a consolidarse hasta después de la segunda guerra mundial, en los dinámicos cincuenta y, sobre todo, sesenta, aunque muchos países, España entre ellos, tardaron más en dar el paso. La enfermería lleva, pues, unos cincuenta o sesenta años afanada en esa su larga marcha de ocupación a profesión.Es justo reconocer que, tras este medio siglo largo, aún no podemos dar por finalizada, con carácter general, esa larga marcha. Que aunque se ha progresado, y mucho si consideramos que cincuenta años no es nada, en el desempeño autónomo de funciones y roles enfermeros, sigue existiendo una subordinación funcional básica a la profesión médica. Los médicos siguen disfrutando en general de lo que hace más de medio siglo definió Elliot Freidson como “dominación profesional” (profesional dominance), que a mí me gusta más traducir como “predominio” profesional; por cierto que Freidson, en su libro, dedica un largo capítulo específico al análisis del predominio médico sobre la enfermería. Los médicos siguen estando en el centro exacto del sistema y acaparan el escenario político y mediático sin dejar hueco para que otras profesiones sanitarias puedan mostrar a la sociedad cuál es su insustituible aportación a la salud y bienestar de los ciudadanos y al sostenimiento de los servicios sanitarios modernos.No me refiero sólo a la enfermería, pero sí entiendo que en este auditorio debo hacer referencia sobre todo a ella. Lo que más llama la atención a quien, como yo, mira las cosas desde fuera, es la mansedad con la que la enfermería, como colectivo, suele permitir este estado de cosas.Desde mi punto de vista, el problema es que la enfermería no existe, ni en los medios de comunicación ni en el imaginario público, porque no parece ser capaz de formalizar, difundir y argumentar a la gente las razones por las que la enfermería es realmente una profesión insustituible que puede y debe progresar. Como dice Suzanne Gordons, "es difícil comprender porqué la enfermería parece tener un vocabulario tan limitado cuando debate y promueve su propio trabajo.”
Este es uno de los problemas de fondo que explican que, después de más de cincuenta años, vuestra larga marcha de ocupación a profesión esté inacabada.

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