Interesante el debate dentro de la enfermería 2.0, con motivo de la exclusión de las enfermeras de los cargos de responsabilidad de la Consejería de Salud valenciana.
Hoy se ha mantenido un intenso marco monográfico al respecto, con participación de La Comisión Gestora, Cuadernillo d@ enfermeir@, Cuidando.es, Homo Sanitarius, Enfermera 2.0 y Carepuntocero (hasta ahora y hasta donde yo he llegado a conocer). Además, en el foro de Tablón en Blanco, Lilita ha abierto un hilo específico que promete.
En todas las aportaciones se percibe una sana prevención a caer en gremialismos o corporativismos, a imagen y semejanza de la profesión médica (a la cual, por cierto, no le ha ido nada mal así históricamente). Pero, sin que las demás opiniones deban caer en saco roto, personalmente la que más me ha interesado/intrigado es la de Carepuntocero, "¿Tú de qué tribu eres?". Necesito, eso sí, algo más de tiempo para releerla en detalle y reflexionar, así que mañana, espero, podré opinar con más fundamento. Me pongo a ello.
jueves, 30 de junio de 2011
miércoles, 29 de junio de 2011
El difícil equilibrio entre racionalidad social y libertad individual
El New York Times abría ayer un debate acerca de los límites de la financiación pública de medicamentos cuando el valor que aportan a los pacientes es desproporcionadamente pequeño en relación con los costes que comporta a los servicios públicos de salud (en este caso el Medicare norteamericano, que cubre algunos de los gastos sanitarios de los pensionistas, entre ellos la farmacia hospitalaria).
Siempre según el NYT, la esperanza de vida media de los pacientes con cáncer de próstata que no ha respondido a la terapia de deprivación hormonal se sitúa en torno a los 18 meses con el tratamiento farmacológico estándar. Pero en los últimos 15 meses, la Food and Drug Administration, la agencia encargada de aprobar la distribución y venta de medicamentos, ha autorizado tres nuevos fármacos con esta misma indicación. En ningún caso estos medicamentos curan el cáncer, pero sí aumentan algo la supervivencia, entre dos y cinco meses. Sin embargo, el coste de un tratamiento típico es muy alto, entre 20.000 y 90.000 dólares (14.000 - 63.000 euros). Y, además, los oncólogos recomiendan utilizar al menos dos de esos tratamientos para poder llegar a dos años de supervivencia. Según un analista, el coste medio por paciente puede ascender hasta 500.000 dólares (350.000 euros). Las patentes de los fármacos pertenecen a Sanofis, Johnson & Johnson y Bayer.
Dos de los tratamientos poseen el valor añadido de que no son quimioterápicos, con lo cual se evitan los efectos secundarios de la quimio, es decir, que pueden mejorar, si no mucho la cantidad, sí al menos la calidad de vida (aunque tampoco están exentos de efectos secundarios).
Medicare ya financia dos de ellos, pero el martes que viene anunciará si financia el más caro de los tres, pero el mero hecho de que haya encargado un nuevo estudio para conocer más a fondo los resultados reales de los ensayos clínicos ha bastado para que asociaciones de pacientes y políticos hayan empezado a hablar de "racionamiento" sanitario.
Es evidente que una seña de identidad de los servicios sanitarios públicos es financiar todos aquellos tratamientos que contribuyan a curar, si es posible, prolongar la vida, si no lo es, y en todo caso mejorar la calidad de vida de los pacientes. Pero, ¿existe algún límite cuando, evaluado de manera objetiva y sin duda despiadada -sin piedad-, se aprecia una tan clara desproporción entre costes y beneficios? ¿Tiene sentido que Big Pharma centre tanto sus esfuerzos en generar carísimas moléculas que amplían levemente los límites de supervivencia en enfermedades sin cura posible, en lugar de dedicar esos recursos financieros e intelectuales a obtener fármacos que curen o cronifiquen enfermedades? Y ¿tiene sentido que los poderes públicos amparen estas patentes y las arcas públicas financien estos medicamentos? ¿Cómo colaboran los medios de comunicación, al parecer encantados de servir de correas de transmisión de los laboratorios anunciando día sí, día también, un nuevo medicamento que aumenta la supervivencia de los pacientes? ¿Qué paciente o familia normal renunciaría a que su padre disponga de unos meses más de vida? ¿Y a exigir, por tanto, a los gobiernos que respeten su libertad individual y financien esos tratamientos, ya que ellos son quienes en realidad los financian vía impuestos?
Es una cadena, convenientemente engrasada por la industria farmacéutica, en la que resulta casi imposible introducir elementos de racionalidad social, en un entorno tan emocional y personal como es la enfermedad y la muerte.
El director ejecutivo de una de las farmacéuticas dice sin complejos al NYT:
Mr. Kay said he had initially thought that his company, which is based in Norway, would charge about $25,000 for a typical course of treatment with the drug, Alpharadin. But with the rival drug Jevtana costing about $50,000, Algeta and its partner, Bayer, are considering a higher price. ["El Sr. Kay afirmó que inicialmente creyó que su empresa, originaria de Noruega, establecería un precio de 25.000 dólares para un ciclo de tratamiento estándar. Pero a la vista de que el medicamento rival costaba unos 50.000, Algeta y su socio, Bayer, están considerando un precio más elevado"].
Sin comentarios.
[PS.- Si la terminología científica de esta entrada hace aguas, téngase en cuenta por favor que los de letras también podemos y queremos opinar sobre estos temas].
Siempre según el NYT, la esperanza de vida media de los pacientes con cáncer de próstata que no ha respondido a la terapia de deprivación hormonal se sitúa en torno a los 18 meses con el tratamiento farmacológico estándar. Pero en los últimos 15 meses, la Food and Drug Administration, la agencia encargada de aprobar la distribución y venta de medicamentos, ha autorizado tres nuevos fármacos con esta misma indicación. En ningún caso estos medicamentos curan el cáncer, pero sí aumentan algo la supervivencia, entre dos y cinco meses. Sin embargo, el coste de un tratamiento típico es muy alto, entre 20.000 y 90.000 dólares (14.000 - 63.000 euros). Y, además, los oncólogos recomiendan utilizar al menos dos de esos tratamientos para poder llegar a dos años de supervivencia. Según un analista, el coste medio por paciente puede ascender hasta 500.000 dólares (350.000 euros). Las patentes de los fármacos pertenecen a Sanofis, Johnson & Johnson y Bayer.
Dos de los tratamientos poseen el valor añadido de que no son quimioterápicos, con lo cual se evitan los efectos secundarios de la quimio, es decir, que pueden mejorar, si no mucho la cantidad, sí al menos la calidad de vida (aunque tampoco están exentos de efectos secundarios).
Medicare ya financia dos de ellos, pero el martes que viene anunciará si financia el más caro de los tres, pero el mero hecho de que haya encargado un nuevo estudio para conocer más a fondo los resultados reales de los ensayos clínicos ha bastado para que asociaciones de pacientes y políticos hayan empezado a hablar de "racionamiento" sanitario.
Es evidente que una seña de identidad de los servicios sanitarios públicos es financiar todos aquellos tratamientos que contribuyan a curar, si es posible, prolongar la vida, si no lo es, y en todo caso mejorar la calidad de vida de los pacientes. Pero, ¿existe algún límite cuando, evaluado de manera objetiva y sin duda despiadada -sin piedad-, se aprecia una tan clara desproporción entre costes y beneficios? ¿Tiene sentido que Big Pharma centre tanto sus esfuerzos en generar carísimas moléculas que amplían levemente los límites de supervivencia en enfermedades sin cura posible, en lugar de dedicar esos recursos financieros e intelectuales a obtener fármacos que curen o cronifiquen enfermedades? Y ¿tiene sentido que los poderes públicos amparen estas patentes y las arcas públicas financien estos medicamentos? ¿Cómo colaboran los medios de comunicación, al parecer encantados de servir de correas de transmisión de los laboratorios anunciando día sí, día también, un nuevo medicamento que aumenta la supervivencia de los pacientes? ¿Qué paciente o familia normal renunciaría a que su padre disponga de unos meses más de vida? ¿Y a exigir, por tanto, a los gobiernos que respeten su libertad individual y financien esos tratamientos, ya que ellos son quienes en realidad los financian vía impuestos?
Es una cadena, convenientemente engrasada por la industria farmacéutica, en la que resulta casi imposible introducir elementos de racionalidad social, en un entorno tan emocional y personal como es la enfermedad y la muerte.
El director ejecutivo de una de las farmacéuticas dice sin complejos al NYT:
Mr. Kay said he had initially thought that his company, which is based in Norway, would charge about $25,000 for a typical course of treatment with the drug, Alpharadin. But with the rival drug Jevtana costing about $50,000, Algeta and its partner, Bayer, are considering a higher price. ["El Sr. Kay afirmó que inicialmente creyó que su empresa, originaria de Noruega, establecería un precio de 25.000 dólares para un ciclo de tratamiento estándar. Pero a la vista de que el medicamento rival costaba unos 50.000, Algeta y su socio, Bayer, están considerando un precio más elevado"].
Sin comentarios.
[PS.- Si la terminología científica de esta entrada hace aguas, téngase en cuenta por favor que los de letras también podemos y queremos opinar sobre estos temas].
martes, 28 de junio de 2011
#salvar1vida
Los amigos Antonio Jesús y Serafín, de Cuidando.es, nos piden que enlacemos el post #salvar1vida, una iniciativa dirigida informar a la población general sobre qué hacer cuando se produce una parada cardíaca. Reproduzco: La iniciativa, liderada por la doctora Nekane Murga integra a un grupo multidisciplinar integrado por cardiólogos, internistas, enfermeros y personal de emergencias, los cuales pretenden difundir entre los ciudadanos temas relacionados con la cadena de supervivencia, las técnicas de reanimación cardiopulmonar o el uso de desfibriladores semiautomáticos.
Aunque tengo mis más y mis menos -más bien mis menos- con las políticas extremadamente crematísticas de la Fundación Española del Corazón -maestros en captar recursos económicos: el primer enlace que sale en Google cuando lo tecleas es Danacol, por ejemplo, pero hay decenas de marcas comerciales esponsorizadas-, dependiente de la Sociedad Española de Cardiología, que es en realidad quien abandera esta campaña, sin duda puede hacer bien, así que aquí está mi aportación. Bueno, con un poco de prevención, la verdad... ¡Venga! ¡Por una buena causa!
Aunque tengo mis más y mis menos -más bien mis menos- con las políticas extremadamente crematísticas de la Fundación Española del Corazón -maestros en captar recursos económicos: el primer enlace que sale en Google cuando lo tecleas es Danacol, por ejemplo, pero hay decenas de marcas comerciales esponsorizadas-, dependiente de la Sociedad Española de Cardiología, que es en realidad quien abandera esta campaña, sin duda puede hacer bien, así que aquí está mi aportación. Bueno, con un poco de prevención, la verdad... ¡Venga! ¡Por una buena causa!
lunes, 27 de junio de 2011
El impacto real de la colegiación voluntaria (segunda parte)
En la entrada anterior aporté una serie de datos para valorar hasta qué punto la exención de la exigencia de colegiación a los profesionales sanitarios al servicio de las administraciones públicas tendría un impacto real en el nivel de afiliación a los colegios de enfermería. Quedó bastante claro que sí, al menos comparando los patrones de afiliación en las comunidades autónomas donde es obligatorio estar colegiado en todo caso y en las que han regulado esta "colegiación voluntaria".
La pregunta que me hice fue si en el caso de los médicos sucedía lo mismo y lo que me he encontrado es tan absurdo que sólo puede deberse a unos censos colegiales absolutamente hinchados que cifran, a 31 de diciembre de 2010, en 205.000 los médicos colegiados no jubilados, cuando las estimaciones más generosas en cuanto al número de médicos en ejercicio en España son de unos 165.000, es decir, 40.000 menos.
La OCDE, para 2007 (datos basados en la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, INE), aportaba un dato de 3,7 médicos por 1000 habitantes. La población nacional en 2007, siempre según el INE, era de 45.200.737 habitantes, lo cual nos da un número de médicos estimado en torno a 175.000. Pero sucede que esta cifra incluye también a los dentistas (la EPA no los distingue), que eran entonces unos 25.000. Así que nos quedan en torno a 150.000 médicos en activo. Esta cifra no puede haber aumentado significativamente, ya que el número de licenciados se mantiene muy estable, si acaso con una cierta tendencia a la baja, en torno a 3.800 al año, un 2,5% del total de médicos, tasa que está por debajo de la de jubilación de profesionales.
Es decir, que lo más probable es que los colegios provinciales inflen generosamente sus censos (su representatividad en el Consejo General depende precisamente del número de colegiados) y su Consejo General mire para otro lado mientras se las pasa al INE para que las oficialice. No parecen, desde luego, unas credenciales muy indicadas para parecer los idóneos mantenedores de los registros de profesionales...
En fin, con estos datos tenemos los siguientes indicadores:
A pesar de que el número de licenciados anuales es muy superior en las CCAA sin colegiación obligatoria (de hecho desciende en el resto), la evolución en el número de colegiados es muy inferior en aquéllas (1,2% de promedio) que en éstas (2,7%).
Más datos:
La tasa entre nuevos colegiados y nuevos licenciados es sorprendente: ¡se colegia cada año, de promedio, un número de médicos superior en un 25% al de nuevos licenciados! Naturalmente, ello refrenda la falta de credibilidad de los datos colegiales. Pero, bueno, suponiendo que ello afecte de manera aleatoria y no se produzca mucho más o mucho menos en las 12 provincias afectadas, esta tasa es de un 47% en las comunidades sin colegiación obligatoria y de un 156% en el resto, el triple, prácticamente lo mismo que sucedía cuando analizamos a la enfermería (83% - 30%). Ello ayuda a validar nuestras estimaciones de que la exención de la colegiación de los empleados públicos supondría que los colegios perderían por encima del 50% de sus colegiados, casi 200.000 entre ambos colectivos. Mal negocio.
Pero quizás una medida así ayudaría a unos colegios que siempre han vivido plácidamente protegidos por papá-estado a concienciarse de la necesidad de convertirse en instituciones respetadas por sus colegiados, verdaderamente representativas y, sobre todo, atractivas por unos servicios que realmente sean útiles para la sociedad y para los profesionales. Lo que se llama "estar en el mercado".
La pregunta que me hice fue si en el caso de los médicos sucedía lo mismo y lo que me he encontrado es tan absurdo que sólo puede deberse a unos censos colegiales absolutamente hinchados que cifran, a 31 de diciembre de 2010, en 205.000 los médicos colegiados no jubilados, cuando las estimaciones más generosas en cuanto al número de médicos en ejercicio en España son de unos 165.000, es decir, 40.000 menos.
La OCDE, para 2007 (datos basados en la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, INE), aportaba un dato de 3,7 médicos por 1000 habitantes. La población nacional en 2007, siempre según el INE, era de 45.200.737 habitantes, lo cual nos da un número de médicos estimado en torno a 175.000. Pero sucede que esta cifra incluye también a los dentistas (la EPA no los distingue), que eran entonces unos 25.000. Así que nos quedan en torno a 150.000 médicos en activo. Esta cifra no puede haber aumentado significativamente, ya que el número de licenciados se mantiene muy estable, si acaso con una cierta tendencia a la baja, en torno a 3.800 al año, un 2,5% del total de médicos, tasa que está por debajo de la de jubilación de profesionales.
Es decir, que lo más probable es que los colegios provinciales inflen generosamente sus censos (su representatividad en el Consejo General depende precisamente del número de colegiados) y su Consejo General mire para otro lado mientras se las pasa al INE para que las oficialice. No parecen, desde luego, unas credenciales muy indicadas para parecer los idóneos mantenedores de los registros de profesionales...
En fin, con estos datos tenemos los siguientes indicadores:
A pesar de que el número de licenciados anuales es muy superior en las CCAA sin colegiación obligatoria (de hecho desciende en el resto), la evolución en el número de colegiados es muy inferior en aquéllas (1,2% de promedio) que en éstas (2,7%).
Más datos:
La tasa entre nuevos colegiados y nuevos licenciados es sorprendente: ¡se colegia cada año, de promedio, un número de médicos superior en un 25% al de nuevos licenciados! Naturalmente, ello refrenda la falta de credibilidad de los datos colegiales. Pero, bueno, suponiendo que ello afecte de manera aleatoria y no se produzca mucho más o mucho menos en las 12 provincias afectadas, esta tasa es de un 47% en las comunidades sin colegiación obligatoria y de un 156% en el resto, el triple, prácticamente lo mismo que sucedía cuando analizamos a la enfermería (83% - 30%). Ello ayuda a validar nuestras estimaciones de que la exención de la colegiación de los empleados públicos supondría que los colegios perderían por encima del 50% de sus colegiados, casi 200.000 entre ambos colectivos. Mal negocio.
Pero quizás una medida así ayudaría a unos colegios que siempre han vivido plácidamente protegidos por papá-estado a concienciarse de la necesidad de convertirse en instituciones respetadas por sus colegiados, verdaderamente representativas y, sobre todo, atractivas por unos servicios que realmente sean útiles para la sociedad y para los profesionales. Lo que se llama "estar en el mercado".
jueves, 23 de junio de 2011
El impacto real de la colegiación voluntaria
Aunque no está nada claro si llegará a ver la luz en esta legislatura, el Gobierno ha anunciado la aprobación "inminente" (el primer anuncio era para febrero y el segundo para este junio a punto de finalizar) del anteproyecto de Ley de Servicios Profesionales en el que, al parecer y en principio, se eliminaría la obligatoriedad de la colegiación para los profesionales al servicio exclusivo de las administraciones públicas. Ya hemos hablado anteriormente de las intensas presiones que los consejos generales de colegios enfermeros y médicos están realizando y nos hemos preguntado si tienen razones objetivas para ello.
La implacable opacidad generalizada de las organizaciones colegiales hace imposible evaluar el impacto por métodos directos, así que no queda más remedio que acudir a otras fuentes oficiales. En este caso, hemos utilizado datos del Instituto Nacional de Estadística, INE.
En la tabla que podéis ver algo más adelante, he calculado dos series (2005-2010): a) El número de nuevas enfermeras que se diploman cada año, obtenido de la Estadística de Enseñanza Universitaria; b) El número de colegiados existentes a 31 de diciembre de cada año, extraído de la estadística de Profesionales Sanitarios Colegiados.
Por otro lado, como sabemos, hay algunas comunidades autónomas [CCAA] en las que los profesionales al servicio de las administraciones públicas sin ejercicio privado están exentos de la obligatoriedad de estar colegiados. Se trata de Andalucía (Ley de Colegios Profesionales de 2003, art. 4), Asturias (Ley de Medidas Presupuestarias, Administrativas y Fiscales de 2003, art. 11), Cantabria (Ley de Colegios Profesionales de 2001, art. 17.3) y Extremadura (Ley de Colegios Profesionales de 2002, art. 17.1).
Bien, pues hemos partido de la hipótesis de que, de no existir impacto relevante de la exención de la colegiación (es decir, que la gente se sigue colegiando de todas formas porque encuentran útiles sus colegios), existiría una correlación significativa entrte las tasas anuales de variación en el número de nuevos diplomados en enfermería y en el número de colegiados. Es cierto que hay que tener un amplio margen de holgura, ya que mientras que nuevos diplomados son nuevos diplomados, el número de colegiados depende también de otros factores, básicamente quienes se descolegian al jubilarse y también los colegiados que fallecen o los que abandonan o aún no han entrado en el mercado laboral. Y, naturalmente, existen factores particulares propios de las provincias que habrá que tener en cuenta.
En fin, para no aburrir, hemos agrupado, por un lado, las CCAA en las que los empleados públicos pueden optar entre colegiarse o no hacerlo (las cuatro citadas, que suponen un 21% de los nuevos diplomados anuales y un 24% del total de colegiados ) y el resto, es decir, aquellas en las que el personal estatutario y laboral al servicio de las administraciones públicas está obligado a colegiarse de todas formas.
Esta es la tabla (pinchar para ampliarla):
En ella vemos que no existen apenas diferencias en la tasa de incremento anual en el número de nuevas enfermeras (diplomadas egresadas de las EUE), 2.1 para las comunidades con colegiación obligatoria y 2.0 para las cuatro "anómalas". La variación interanual en el número de quienes se incorporan al mercado laboral y para ello tienen -o no- que colegiarse es prácticamente idéntica.
Sin embargo, la tasa de variación interanual en el número de colegiados (que se nutren básicamente de los efectivos anteriores, las nuevas enfermeras) es radical y significativamente muy diferente: 3.0 para las CCAA en las que no hay más remedio que colegiarse y 1.3 para aquellas otras en las que los recién diplomados pueden elegir. Es decir, un 57% menor en éstas que en aquéllas.
¡Ojo con el dato! No podemos inferir ningún tipo de regla ("se colegia un 57% menos"), pero sí podemos concluir sin riesgo (estadístico) de equivocarnos que la variable "libertad de colegiación" tiene un efecto demoledor. De hecho, si calculamos el porcentaje de nuevas enfermeras sobre nuevos colegiados (colegiados de un año, menos colegiados del año anterior), el valor es de un 83% en las CCAA con colegiación oblligatoria y desciende abruptamente hasta el 30% en las CCAA con colegiación voluntaria. Y se supone que los efectos de variables externas (jubilaciones, retrasos en el momento de la colegiación para hacerlo coincidir con el de entrada efectiva en el mercado laboral, salidas del mercado laboral...) no deberían afectar más a unas comunidades que a otras:
Por eso, creo que sí podríamos decir que el impacto potencial de una Ley de Servicios Profesionales que estableciera con carácter estatal la voluntariedad de la colegiación significaría, en el mejor de los casos, una pérdida por encima del 50% de la colegiación, al menos de la colegiación nueva.
Y si el Consejo General de Enfermería se empeñara, no sólo en hacer lobby junto a los médicos para torcer el brazo del poder ejecutivo, sino, como está intentando hacer la Organización Médica Colegial, reformarse, rejuvenecerse y tratar de hacerse valer ante los colegiados de hoy, obligados casi todos, para que se mantengan colegiados mañana, ese día en que, como es normal en un país democrático, se trate de algo voluntario o cambien las reglas del juego.
La implacable opacidad generalizada de las organizaciones colegiales hace imposible evaluar el impacto por métodos directos, así que no queda más remedio que acudir a otras fuentes oficiales. En este caso, hemos utilizado datos del Instituto Nacional de Estadística, INE.
En la tabla que podéis ver algo más adelante, he calculado dos series (2005-2010): a) El número de nuevas enfermeras que se diploman cada año, obtenido de la Estadística de Enseñanza Universitaria; b) El número de colegiados existentes a 31 de diciembre de cada año, extraído de la estadística de Profesionales Sanitarios Colegiados.
Por otro lado, como sabemos, hay algunas comunidades autónomas [CCAA] en las que los profesionales al servicio de las administraciones públicas sin ejercicio privado están exentos de la obligatoriedad de estar colegiados. Se trata de Andalucía (Ley de Colegios Profesionales de 2003, art. 4), Asturias (Ley de Medidas Presupuestarias, Administrativas y Fiscales de 2003, art. 11), Cantabria (Ley de Colegios Profesionales de 2001, art. 17.3) y Extremadura (Ley de Colegios Profesionales de 2002, art. 17.1).
Bien, pues hemos partido de la hipótesis de que, de no existir impacto relevante de la exención de la colegiación (es decir, que la gente se sigue colegiando de todas formas porque encuentran útiles sus colegios), existiría una correlación significativa entrte las tasas anuales de variación en el número de nuevos diplomados en enfermería y en el número de colegiados. Es cierto que hay que tener un amplio margen de holgura, ya que mientras que nuevos diplomados son nuevos diplomados, el número de colegiados depende también de otros factores, básicamente quienes se descolegian al jubilarse y también los colegiados que fallecen o los que abandonan o aún no han entrado en el mercado laboral. Y, naturalmente, existen factores particulares propios de las provincias que habrá que tener en cuenta.
En fin, para no aburrir, hemos agrupado, por un lado, las CCAA en las que los empleados públicos pueden optar entre colegiarse o no hacerlo (las cuatro citadas, que suponen un 21% de los nuevos diplomados anuales y un 24% del total de colegiados ) y el resto, es decir, aquellas en las que el personal estatutario y laboral al servicio de las administraciones públicas está obligado a colegiarse de todas formas.
Esta es la tabla (pinchar para ampliarla):
En ella vemos que no existen apenas diferencias en la tasa de incremento anual en el número de nuevas enfermeras (diplomadas egresadas de las EUE), 2.1 para las comunidades con colegiación obligatoria y 2.0 para las cuatro "anómalas". La variación interanual en el número de quienes se incorporan al mercado laboral y para ello tienen -o no- que colegiarse es prácticamente idéntica.
Sin embargo, la tasa de variación interanual en el número de colegiados (que se nutren básicamente de los efectivos anteriores, las nuevas enfermeras) es radical y significativamente muy diferente: 3.0 para las CCAA en las que no hay más remedio que colegiarse y 1.3 para aquellas otras en las que los recién diplomados pueden elegir. Es decir, un 57% menor en éstas que en aquéllas.
¡Ojo con el dato! No podemos inferir ningún tipo de regla ("se colegia un 57% menos"), pero sí podemos concluir sin riesgo (estadístico) de equivocarnos que la variable "libertad de colegiación" tiene un efecto demoledor. De hecho, si calculamos el porcentaje de nuevas enfermeras sobre nuevos colegiados (colegiados de un año, menos colegiados del año anterior), el valor es de un 83% en las CCAA con colegiación oblligatoria y desciende abruptamente hasta el 30% en las CCAA con colegiación voluntaria. Y se supone que los efectos de variables externas (jubilaciones, retrasos en el momento de la colegiación para hacerlo coincidir con el de entrada efectiva en el mercado laboral, salidas del mercado laboral...) no deberían afectar más a unas comunidades que a otras:
Por eso, creo que sí podríamos decir que el impacto potencial de una Ley de Servicios Profesionales que estableciera con carácter estatal la voluntariedad de la colegiación significaría, en el mejor de los casos, una pérdida por encima del 50% de la colegiación, al menos de la colegiación nueva.
Y si el Consejo General de Enfermería se empeñara, no sólo en hacer lobby junto a los médicos para torcer el brazo del poder ejecutivo, sino, como está intentando hacer la Organización Médica Colegial, reformarse, rejuvenecerse y tratar de hacerse valer ante los colegiados de hoy, obligados casi todos, para que se mantengan colegiados mañana, ese día en que, como es normal en un país democrático, se trate de algo voluntario o cambien las reglas del juego.
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martes, 21 de junio de 2011
El Foro de la Profesión Enfermera
Como habréis notado, he colocado aquí a la derecha un enlace directo a la asociación "Foro de la Profesión Enfermera" en cuya web podréis consultar sus estatutos, leer su manifiesto fundacional, compartir vuestras reflexiones con las de otros profesionales y asociaros como miembros si os parece bien lo que leéis.
Se trata de una iniciativa de enfermeras asistenciales, independientes e indignadas con muchas cosas: con la invisibilidad de la enfermería, con su infrarrepresentación en los órganos de toma de decisiones, con la inoperancia del entramado corporativo (colegios, sindicatos, sociedades científicas...) a la hora de reivindicar un mayor peso político, directivo y profesional de la profesión enfermera. Y, sobre todo, de gente joven que ha decidido no esperar más y tratar de impulsar un proceso de recambio generacional y de regeneración intelectual y moral del entramado corporativo de la profesión..
Conocí hace pocos meses a sus tres principales impulsores, a raíz de la publicación de "La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades", por comentarios que me hicieron llegar a través de las redes sociales, pidiendo que la publicación no fuera un punto y final, sino el comienzo de algo. En definitiva, Antonio, Lili y Mamen (por riguroso orden alfabético) me convencieron de que hacía falta continuidad y de hecho me liaron para que empezara con este blog que visitáis entre semana entre125 y 175 personas diariamente, casi seguro que todas enfermeras y enfermeros. No es mucho, ya lo sé, pero a mí me encanta escribir para un grupo tan selecto y escogido.
Desde entonces colaboro con ellos en la distancia y ya nos hemos encontrado dos veces en el "mundo real" con motivo de sendas jornadas de debate. Trato de aportarles una visión desde fuera, pero comprometida, y también algo de mi experiencia como consultor de organizaciones. Y, sobre todo, de animarles a dar pasos: es posible que las cosas no salgan bien, que la profesión no capte el contenido moral de la iniciativa y no llegue a acumular la suficiente masa crítica para que las cosas empiecen a moverse de verdad, pero es preferible intentarlo y equivocarse a permanecer melancólicamente en este cómodo "estado del malestar" en el que siempre tienen los otros las culpas y en el que nunca se hace nada más que quejarse.
Yo, desde luego, apoyo decididamente su apuesta y os pido que les concedáis el beneficio de la duda, por tres motivos principales:
Se trata de una iniciativa de enfermeras asistenciales, independientes e indignadas con muchas cosas: con la invisibilidad de la enfermería, con su infrarrepresentación en los órganos de toma de decisiones, con la inoperancia del entramado corporativo (colegios, sindicatos, sociedades científicas...) a la hora de reivindicar un mayor peso político, directivo y profesional de la profesión enfermera. Y, sobre todo, de gente joven que ha decidido no esperar más y tratar de impulsar un proceso de recambio generacional y de regeneración intelectual y moral del entramado corporativo de la profesión..
Conocí hace pocos meses a sus tres principales impulsores, a raíz de la publicación de "La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades", por comentarios que me hicieron llegar a través de las redes sociales, pidiendo que la publicación no fuera un punto y final, sino el comienzo de algo. En definitiva, Antonio, Lili y Mamen (por riguroso orden alfabético) me convencieron de que hacía falta continuidad y de hecho me liaron para que empezara con este blog que visitáis entre semana entre125 y 175 personas diariamente, casi seguro que todas enfermeras y enfermeros. No es mucho, ya lo sé, pero a mí me encanta escribir para un grupo tan selecto y escogido.
Desde entonces colaboro con ellos en la distancia y ya nos hemos encontrado dos veces en el "mundo real" con motivo de sendas jornadas de debate. Trato de aportarles una visión desde fuera, pero comprometida, y también algo de mi experiencia como consultor de organizaciones. Y, sobre todo, de animarles a dar pasos: es posible que las cosas no salgan bien, que la profesión no capte el contenido moral de la iniciativa y no llegue a acumular la suficiente masa crítica para que las cosas empiecen a moverse de verdad, pero es preferible intentarlo y equivocarse a permanecer melancólicamente en este cómodo "estado del malestar" en el que siempre tienen los otros las culpas y en el que nunca se hace nada más que quejarse.
Yo, desde luego, apoyo decididamente su apuesta y os pido que les concedáis el beneficio de la duda, por tres motivos principales:
- Son enfermeras asistenciales, de las que van a trabajar con pacientes y no desde gabinetes técnicos, locales sindicales o aulas docentes, con todo el respeto para estas tres nobles dedicaciones... desde las que se deja de ver a los pacientes.
- Que, al margen de sus posiciones ideológicas (que desconozco con un mínimo detalle), son independientes de colegios, sindicatos, administraciones públicas, empresas... Han adoptado una iniciativa libre sin compromisos ni ataduras políticas o económicas con nadie.
- Se trata de una iniciativa que ha ido tomando cuerpo en las redes sociales, de manera participativa y sin jerarquías, ni élites, sólo con ganas de cambiar las cosas.
Ya sé que puede parecer demagógico, pero con esta iniciativa, al igual que hizo a nivel general el movimiento 15-M, os están llamando a todos los indignados de la profesión para que unáis vuestras fuerzas en un foro que está llamado a ser de todos.
lunes, 20 de junio de 2011
Atención primaria y enfermería, dos futuros íntimamente ligados
El prestigioso economista de la salud Uwe E. Reinhardt ha abierto en el blog de economía de The New York Times un interesante debate sobre los motivos por los que son tan pocos los graduados en Medicina que optan por la atención primaria como área de especialización y práctica profesional en su país, los EUA, produciendo un problema crónico de desajuste demanda-oferta de profesionales. Aunque sin duda habrá elementos comunes y otros más específicos, parece tratarse de algo endémico en los países desarrollados y desde luego en España.
Es más que probable que los EUA estén viviendo ahora una situación similar a la de los años sesenta, cuando este mismo problema alcanzó una entidad que hizo saltar las alarmas de todo el país y que, de hecho, obligó a adoptar decisiones extremistas en un país sanitariamente dominado -más bien, atenazado- por las élites médicas. La poderosa Asociación Médica Americana, la famosa AMA (qué elocuentes sus siglas leídas en español) tuvo que aceptar que fueran enfermeras especializadas (Nurse Practitioner y Physician Assistant) quienes ejercieran como "médicos" en aquellas zonas rurales donde no había manera de contratar médicos "de verdad". Hasta el gurú médico Julian Tudor Hart tuvo que reconocer en 1985, en un famoso artículo en el British Medical Journal en el que se quejaba del perjudicial parón en la extensión de la figura del Nurse Practitioner, que éstas diagnosticaban, derivaban y prescribían tan bien como los médicos generales con los que trabajaban, incluso mejor que muchos de ellos.
Ahora la situación parece recordar aquellos tiempos. Reinhardt (y sus comentaristas) analizan el problema y las diferentes medidas que pueden adoptarse para reducir el déficit de médicos de atención primaria y, en general, conducen sus comentarios hacia la vertiente económica: un especialista gana hasta tres veces más que un generalista y, mientras esto no cambie, los graduados tenderán a escoger una especialidad que maximice sus rentas en el futuro.
Hace unos meses, el prestigioso divulgador médico Atul Gawande (el afamado autor de The Checklist Manifesto) dio, en su discurso de apertura del año académico de la Harvard Medical School, algunas pistas sobre lo complicado que resulta hoy ser médico. Básicamente, que la tremenda complejidad que han alcanzado las ciencias médicas hace que sea mucho más difícil ser un generalista (alguien que trata de saber mucho de todo) que un especialista (alguien que sabe mucho de poco) y que es más atractivo -y si encima ganas mucha más pasta, ya ni te cuento- optar por un dominio más limitado, más especializado.
Vale, Juan. Y estas profundas reflexiones sobre la medicina, ¿por qué en un blog sobre enfermería?
Bueno, al menos por tres razones concretas:
Es más que probable que los EUA estén viviendo ahora una situación similar a la de los años sesenta, cuando este mismo problema alcanzó una entidad que hizo saltar las alarmas de todo el país y que, de hecho, obligó a adoptar decisiones extremistas en un país sanitariamente dominado -más bien, atenazado- por las élites médicas. La poderosa Asociación Médica Americana, la famosa AMA (qué elocuentes sus siglas leídas en español) tuvo que aceptar que fueran enfermeras especializadas (Nurse Practitioner y Physician Assistant) quienes ejercieran como "médicos" en aquellas zonas rurales donde no había manera de contratar médicos "de verdad". Hasta el gurú médico Julian Tudor Hart tuvo que reconocer en 1985, en un famoso artículo en el British Medical Journal en el que se quejaba del perjudicial parón en la extensión de la figura del Nurse Practitioner, que éstas diagnosticaban, derivaban y prescribían tan bien como los médicos generales con los que trabajaban, incluso mejor que muchos de ellos.
Ahora la situación parece recordar aquellos tiempos. Reinhardt (y sus comentaristas) analizan el problema y las diferentes medidas que pueden adoptarse para reducir el déficit de médicos de atención primaria y, en general, conducen sus comentarios hacia la vertiente económica: un especialista gana hasta tres veces más que un generalista y, mientras esto no cambie, los graduados tenderán a escoger una especialidad que maximice sus rentas en el futuro.
Hace unos meses, el prestigioso divulgador médico Atul Gawande (el afamado autor de The Checklist Manifesto) dio, en su discurso de apertura del año académico de la Harvard Medical School, algunas pistas sobre lo complicado que resulta hoy ser médico. Básicamente, que la tremenda complejidad que han alcanzado las ciencias médicas hace que sea mucho más difícil ser un generalista (alguien que trata de saber mucho de todo) que un especialista (alguien que sabe mucho de poco) y que es más atractivo -y si encima ganas mucha más pasta, ya ni te cuento- optar por un dominio más limitado, más especializado.
Vale, Juan. Y estas profundas reflexiones sobre la medicina, ¿por qué en un blog sobre enfermería?
Bueno, al menos por tres razones concretas:
- Porque el futuro de la medicina y de la enfermería están hoy en día más íntimamente ligados que nunca. A día de hoy, ya no es posible hablar del futuro de ninguna de estas dos profesiones sin hablar del de la otra.
- Porque, aunque se trate de países y culturas muy diferentes, casi todo lo que se origina en los EUA acaba desarrollado en Europa y muchas veces en España.
- Y sobre todo porque en un 30% de los comentarios al artículo de Reindhardt (12 de 41, prácticamente todos ellos de médicos), entraba la enfermería de práctica avanzada como variable pragmática a la hora de intuir la solución a los problemas de insuficiencia de médicos de atención primaria, como en los años sesenta. Me quedo con mi favorito: Primary care will be gone in 5-7 years, unfortunately, with other providers (NP, PA) referring directly to the specialist. It seems inevitable: "Lamentablemente, la medicina de atención primaria desaparecerá en 5-7 años, con otros proveedores (Nurse Practitioner, Physician Assistant) derivando directamente a los especialistas. Parece inevitable".
viernes, 17 de junio de 2011
Grado, especialidades y prescripción en el Colegio de Madrid
Ayer estuvimos Carlos Tardío, Cristina Cuevas, Antonio Valenzuela y yo, moderados por Carlos Álvarez, en el Colegio de Enfemería de Madrid [CODEM], en una jornada sobre Grado, Especialidades y Prescripción, temas muy de actualidad -como pudo verse en el debate posterior, muy agitado-, en el que yo fui, digamos, un bonus track, ya que pude hablar de todo y de nada y justamente al final, como en un CD. Por un malentendido, no hubo vídeo, ni siquiera audio, así que os paso mis notas, las que llevaba encima para no perder el hilo, por lo que son un tanto esquemáticas. No serán gran cosa, seguro, pero me gusta aportar a este blog todo lo que elaboro fuera de él.
Muchas gracias al CODEM y, sobre todo, a las asistentes y a mis queridos compañeros de mesa. Aquí está el esquema:
Jornada del CODEM, 16 de junio de 2011. Guión.
[Presentación, agradecimientos]. Vamos a ver cómo consigo encajar en estos escasos 20 minutos las reflexiones de media vida acerca de una profesión, la enfermería, que, por biografía y por dedicación, ha estado siempre muy presente en mi trayectoria profesional y personal.
Hace unos doce años, cuando abandoné la administración sanitaria a finales de los años noventa, fui contratado por varias organizaciones enfermeras como coordinador técnico de un proyecto denominado “Libro Blanco de la Profesión de Enfermería” que, aunque no llegó a cuajar por diversas causas externas e internas, me permitió conocer de cerca los componentes identitarios de vuestra profesión, el discurso enfermero, y sus componentes intelectuales, ideológicos y disciplinares.
Pasó el tiempo, unos diez años, hasta que la Fundación Alternativas, con quien ya había colaborado con un libro sobre la profesión médica, me propuso escribir sobre la enfermería española: de ahí nació “La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades”, editado en octubre del pasado año, que algunos de vosotros conoceréis y otros muchos espero que tengáis interés en concederle el beneficio de la duda y acercaros a él. Actualmente, mantengo un blog sobre enfermería y un grupo en una red social, soy invitado a menudo para escribir artículos o participar en jornadas sobre enfermería y, lo más importante, mantengo una relación cooperativa, tan intensa como me permite el trabajo, con algún movimiento enfermero de base, de esos raros que no se limitan a quejarse y tratan de cambiar las cosas.
Este es un resumen muy básico de las principales reflexiones que realizo en el libro:
Hasta hace unos 30 ó 35 años, estaba bastante claro lo que hacía la enfermería: cuidar de los pacientes, en la más amplia acepción del término. Y las enfermeras supieron documentar muy bien todo lo relacionado con los cuidados, darle formas conceptuales e instrumentos metodológicos; en definitiva, construir un “discurso enfermero” orgullosamente reivindicativo y una disciplina enfermera que le proporcionó su base científica para convertirse en pocos años en una profesión facultativa. Los planos médico y enfermero estaban claramente diferenciados y, si bien existía una evidente subordinación con respecto a los médicos, el alto nivel de competencia profesional, de compromiso y dedicación de las enfermeras permitía que el médico no sintiera la necesidad de inmiscuirse en vuestro trabajo.
Sin embargo, a veces para bien y a veces para mal, las cosas han cambiado mucho. El entorno social en el que se desenvuelve la enfermería está cambiando vertiginosamente y no existen mapas para saber la dirección en que es más conveniente moverse. La situación de crisis estructural -la “crisis permanente”- de los sistemas sanitarios no constituye, ni mucho menos, el contexto intelectual ideal para reflexionar y encauzar las reivindicaciones y exigencias profesionales de futuro de la enfermería. La introducción de lo que se ha dado en llamar “Nueva Gestión Pública”, que básicamente es introducir técnicas de gestión privadas y cada vez más privatizar directamente los servicios tiene también como secuela nuevos desarrollos profesionales (nuevas ocupaciones, nuevos mapas profesionales, intercambios de funciones y roles).
Y lo peor es que sabemos que a pesar de los profundos cambios en el entorno y en el contexto, los sistema sanitarios siguen funcionando básicamente igual que hace 30 años y esa es una fuente considerable de frustración para todos. Pero cuando aparecen propuestas de reforma, da igual en el sentido que sea, no hay demasiado análisis intelectual, los “anticuerpos” que han desarrollado las profesiones sanitarias saltan como tigres a la yugular de quien las propone. Como dicen Oteo y Repullo, preferimos vivir en un apacible “estado del malestar” donde siempre son los demás quienes tienen la culpa y seguir maldiciendo en voz baja, en pequeños corros, a ser capaces de analizar o proponer vías de avance para ganar el futuro.
Ni siquiera a largo plazo; a medio plazo, hablo de apenas 10 ó 15 años, todo esto va a cambiar. Las lógicas sociales, políticas y económicas se lo van a llevar todo por los aires. Van a cambiar los modelos de organización, se van a redefinir las fronteras competenciales profesionales y, sobre todo, van a pasar a un discreto segundo plano muchos de los valores tradicionales en los que se sustenta los servicios sociales del estado del bienestar, que se van a reorientar en un sentido ecléctico: no me hable de valores, hábleme de resultados.
Para poder afrontar el futuro con cierta garantías, la enfermería tiene que ponerse ante el espejo y mirarse con honestidad y franqueza. Tiene que saber distinguir entre los mitos en que se deleita, algunos de ellos totalmente demodé, y las realidades que muchas veces serán bastante crueles. Tiene que ser capaz de pasar a través del espejo y mirarse en su entorno político, social, sanitario, profesional y laboral. Y de escuchar en ocasiones algunas verdades hirientes.
Lo siento: el “valor de mercado” del cuidado como valor añadido básico de los servicios profesionales enfermeros está cayendo casi al nivel de los bonos basura. Aunque es cierto que una parte muy importante del cuidado de los pacientes posee unos componentes técnicos que requieren una alta cualificación, no lo es menos que una importante parte de las tareas que realizan hoy las enfermeras tituladas podría ser encargado sin mayor problema a personal menos cualificado. Algo que el sector sanitario privado descubrió hace ya tiempo es que el despliegue de recursos humanos necesario para que las enfermeras administren planes de cuidados holísticos a cada paciente era un lujo que sólo podía permitirse el sector público, precisamente porque este tipo de prestaciones emocionales le diferenciaban del sector privado y le servían para legitimarse socialmente como servicio público.
Dado que en un futuro próximo ya no van a existir directivos que jueguen con el dinero ajeno sin que se les exija rendir cuentas, no parece muy probable que vayan a seguir contratando una enfermera titulada para que realice cuidados enfermeros básicos, que quedarán en manos del personal auxiliar. Ello sitúa en una posición de gran debilidad a la profesión de enfermería teniendo en cuenta que, nos guste o no, probablemente no, las “fuerzas de mercado” han llegado a los servicios públicos para quedarse definitivamente.
¿Por dónde pasaría el futuro de la profesión enfermera? Podemos hablar de lo que se ha denominado un pacto entre enfermería y poderes públicos, cuyo objetivo, en realidad, no sería tanto ahorrar costes -aunque a nadie le amarga un dulce-, como ayudar a solucionar de una vez algunos de los graves problemas de racionalidad que se derivan de la pervivencia de un sistema médicocéntrico y del gran poder que aún hoy detenta la profesión médica. No se trata de problemas nuevos, sino que se vienen constatando desde hace decenios pero que es ahora cuando resultan un desafío a la sostenibilidad de los sistemas públicos de salud. Se trata de:
▪ Problemas de variabilidad injustificada en procedimientos, procesos y resultados médicos.
▪ Pervivencia hegemónica del “pensamiento tácito” (el “ojo clínico”)como paradigma de lo que significa “ser un buen médico”, un serio obstáculo para el desarrollo de procesos de toma de decisiones basados en evidencias.
▪ Falta de compromiso real con los servicios sanitarios por su resistencia a desarrollar mecanismos efectivos y transparentes de rendición de cuentas.
▪ Supervivencia de una mentalidad individualista y elitista que limita culturalmente el avance de dinámicas multiprofesionales y de red basadas en la racionalidad y en las curvas de experiencia y no en el estatus.
▪ Deterioro del profesionalismo ético y de sus valores, en riesgo de quiebra definitiva a causa de unas “amistades peligrosas” con la industria.
▪ Rígidas estructuras directivas clínicas al servicio de los propios intereses y no de las necesidades asistenciales, fragmentadas en compartimentos estancos donde cada cual se preocupa de su propio territorio.
A estos efectos, las enfermeras poseen algunas cualidades muy prácticas, como por ejemplo:
▪ En la cultura enfermera no hay apenas lugar para el pensamiento tácito porque la disciplina enfermera es básicamente metodológica y hay poca variabilidad porque su praxis descansa plenamente en órdenes, protocolos y planes de cuidados.
▪ Frente a las reticencias médicas a la rendición de cuentas, no tiene alergia al establecimiento de instrumentos de evaluación y rendición de cuentas, porque lleva media vida tratando de que se valoren en condiciones sus aportaciones asistenciales.
▪ Frente a la mentalidad individualista y elitista, está mucho mejor capacitada para el trabajo en equipos multidisciplinarios porque posee una visión más de conjunto de los procesos asistenciales.
▪ En cuanto al profesionalismo, baste decir que esta infinitamente más alejada -al menos de momento- de las peligrosas relaciones con la industria.
▪ Y en cuanto a la peligrosa deriva de las estructuras directivas clínicas, el peso de la enfermería de cuidados generales es contundente, lo cual hace mucho más difícil que trate de preservar territorios particulares.
▪ Y, además, muestra verdaderas ganas de proyectarse más allá de sus roles tradicionales, para lo cual está mucho más dispuesta a asumir exigencias de efectividad y eficiencia que se les planteen.
En definitiva, la enfermería se encuentra en una encrucijada y en una incómoda situación de presiones desde abajo y hacia arriba. Hacia arriba por presiones de una parte cada vez más importante de unas bases profesionales cada vez mejor formadas que están ya poco dispuestas a seguir teniendo una posición subordinada dentro de los sistemas sanitarios. Y desde abajo, porque irá siendo sustituida, sin duda alguna, en sus tareas y funciones más básicas por un personal auxiliar deseoso de hacerlo. El ascenso de la enfermería al grado, si bien reduce las distancias con respecto a las titulaciones superiores, aumenta la que existe con respecto al personal auxiliar; y esta “tierra de nadie” que se está empezando a crear no va a permanecer vacía mucho tiempo.
¿Qué condiciones básicas son necesarias para que estas dinámicas que se están abriendo, no sólo no sean desastrosas, sino que puedan ser incluso aprovechadas por la profesión enfermera?
Lo primero y más importante, inteligencia colectiva, algo que exige movilizar a la profesión, no sólo ante los problemas de carácter estrictamente laboral u organizativo, sino en la defensa de los intereses de futuro. Ello exige abrir un período de estudio y reflexión, sin duda con componente técnicos, pero que debe ser participativo, que concluya en un “libro blanco” o como queráis llamarlo donde se establezcan las necesidades y estrategias y se tracen las hojas de ruta.
En segundo lugar, organización. Las organizaciones, aunque en general tienden a situarse por encima de las personas, no son sino instrumentos al servicio de las personas. En ese sentido tan utilitario, tendréis que plantearos qué partes del entramado organizativo enfermero os valen y cuáles no. A todo lo que no os valga hay que darle un ultimátum y si sigue sin responder arrojarla al cubo de la basura y crear organizaciones alternativas.
Y, en tercer lugar, liderazgo. Por mucho que la enfermería realice su proceso de análisis crítico, desarrolle inteligencia colectiva y se organice de manera efectiva, la representación institucional de la profesión seguirá siendo la que establecen las leyes, no importa si os sentís o no representadas por ella. Desde mi punto de vista, es necesario abrir un proceso de regeneración moral e intelectual partiendo de las fuerzas que sea posible reunir. No sé si fue esa la intención explícita de los organizadores, pero este acto en el Colegio de Madrid podría ser un buen comienzo.
miércoles, 15 de junio de 2011
Recursos para entender el 15-M
Sí, ya sé que no se trata estrictamente de enfermería. Pero ya que parece que se está gestando un cierto 15-M dentro de la profesión de enfermería, ¿por qué no tratar de reflexionar con argumentos sobre lo que realmente suponen los movimientos "de base", aunque sea con carácter genérico?
La Fundación Alternativas (editora de mis dos últimas monografías: sobre la profesión médica la primera, sobre la profesión enfermera la segunda, baste esto como declaración de "conflicto de intereses") ha creado un sitio web marco de alternativas ("alternativas a la indignación") muy estrechamente relacionado con muchas de las demandas de los movimientos de base, con criterios intelectuales, no partidistas, y progresistas. Contiene de monento nueve documentos:
La Fundación Alternativas (editora de mis dos últimas monografías: sobre la profesión médica la primera, sobre la profesión enfermera la segunda, baste esto como declaración de "conflicto de intereses") ha creado un sitio web marco de alternativas ("alternativas a la indignación") muy estrechamente relacionado con muchas de las demandas de los movimientos de base, con criterios intelectuales, no partidistas, y progresistas. Contiene de monento nueve documentos:
- Una democracia de calidad y sin corrupción
- Medidas para el pleno empleo
- Vivienda accesible y ciudad sostenible
- Excelencia de los servicios públicos
- Control del sistema financiero internacional
- Fiscalidad justa y suficiente
- Sostenibilidad: Cambio climático y energías renovables
- Erradicación del hambre y la pobreza
- Hacia un Estado realmente no confesional
Etiquetas:
fundación alternativas,
movimientos de base,
Política
martes, 14 de junio de 2011
¿Sigue siendo la compasión una seña de identidad básica de la enfermería?
La edición online del número de julio del Journal of Clinical Nursing contiene un editorial muy interesante [descargar aquí el original en inglés] en el que, digamos, contextualiza históricamente y actualiza el sempiterno debate sobre la compasión [compassion en el original] como seña de identidad básica de las enfermeras. Aunque centrado en el Reino Unido, creo que este análisis podría ser trasladado a otros entornos.
El artículo cita varios informes (de comités oficiales, pero también de alguna asociación de pacientes) en los que se describen y analizan los problemas existentes en relación con los cuidados enfermeros en los centros sanitarios, que concluyen unánimemente que la pérdida de la compasión, en aras de la destreza técnica, es percibida como el más importante de esos problemas. La enfermería ha avanzado en una ampliación de sus roles tradicionales que ha acabado por disolver las fronteras -antes nítidas- entre curar y cuidar y la autora se pregunta, sin embargo, si este énfasis renovado en reivindicar la enfermería como una ocupación humanitaria y compasiva no estará intentando, en realidad, hacer que la enfermería vuelva al modelo existente hace 25 años. Realiza entonces una serie de observaciones históricas (entre 1880 y 1976) en las que (de)muestra que cada avance en la ampliación de la formación básica, de las competencias profesionales y funciones técnicas por parte de las enfermeras ha sido respondido duramente desde la medicina y desde ciertos ámbitos sociales como superfluos e incluso dañinos. Por eso, no le sorprende (aunque se nota que le irrita) que en pleno siglo XXI esas mismas críticas vuelvan a ser puestas sobre la mesa.
Se trata de un artículo corto (dos páginas y media), pero bien documentado, en el que no se pierde de vista que lo que somos hoy, lo que pasa hoy, está profundamente enraizado en nuestra historia, en la historia. Muy recomendable.
El artículo cita varios informes (de comités oficiales, pero también de alguna asociación de pacientes) en los que se describen y analizan los problemas existentes en relación con los cuidados enfermeros en los centros sanitarios, que concluyen unánimemente que la pérdida de la compasión, en aras de la destreza técnica, es percibida como el más importante de esos problemas. La enfermería ha avanzado en una ampliación de sus roles tradicionales que ha acabado por disolver las fronteras -antes nítidas- entre curar y cuidar y la autora se pregunta, sin embargo, si este énfasis renovado en reivindicar la enfermería como una ocupación humanitaria y compasiva no estará intentando, en realidad, hacer que la enfermería vuelva al modelo existente hace 25 años. Realiza entonces una serie de observaciones históricas (entre 1880 y 1976) en las que (de)muestra que cada avance en la ampliación de la formación básica, de las competencias profesionales y funciones técnicas por parte de las enfermeras ha sido respondido duramente desde la medicina y desde ciertos ámbitos sociales como superfluos e incluso dañinos. Por eso, no le sorprende (aunque se nota que le irrita) que en pleno siglo XXI esas mismas críticas vuelvan a ser puestas sobre la mesa.
Se trata de un artículo corto (dos páginas y media), pero bien documentado, en el que no se pierde de vista que lo que somos hoy, lo que pasa hoy, está profundamente enraizado en nuestra historia, en la historia. Muy recomendable.
lunes, 13 de junio de 2011
Gestión clínica sí, claro... pero no me toque usted el (confortable) modelo organizativo
En la entrada del viernes reproducía una cita de un artículo mío de 1995, ironizando sobre la "rabiosa actualidad" de debates como el que se ha generado en torno a las unidades de gestión clínica. Algunos amigos me han pedido el artículo entero para poder consultarlo. Lamentablemente, el libro sólo lo guardo en papel, así que he pedido que me lo escaneen para poder ofrecerlo. La calidad no es muy buena, para qué engañarnos, pero es lo que he podido conseguir (si algún día tengo algo más de tiempo libre prometo ofrecerlo con mejor calidad). Lo podéis descargar aquí.
Utilizando esa cita en la entrada del blog, trataba de ironizar sobre nuestra formidable capacidad para marear la perdiz y pasar años y años volviendo sobre lo mismo. La gestión clínica, de la que todo el mundo habla bien (muchos sin tener ni repajolera idea de qué es), es radicalmente incompatible con formas "monárquicas" de organización, necesita de un entorno flexible en el que pueda generarse la innovación, y nuevos modelos de incentivos colectivos y orientados a estimular la cooperación. Pero, claro, como esa flexibilidad y descentralización permite al partido socialista enchufar a sus concejales afectados por el ERE del 22M (si hubiera necesitado de esta reforma para poder hacerlo, la habría aprobado hace 20 años) y es un serio riesgo para las burocracias sindicales... pues casi va a ser mejor seguir otros 20 años suspirando por la "gestión clínica" y acusando de desmantelar la sanidad pública a quien tome la más mínima iniciativa al respecto. Y así, seguir mareando la perdiz otros veinte años.
Utilizando esa cita en la entrada del blog, trataba de ironizar sobre nuestra formidable capacidad para marear la perdiz y pasar años y años volviendo sobre lo mismo. La gestión clínica, de la que todo el mundo habla bien (muchos sin tener ni repajolera idea de qué es), es radicalmente incompatible con formas "monárquicas" de organización, necesita de un entorno flexible en el que pueda generarse la innovación, y nuevos modelos de incentivos colectivos y orientados a estimular la cooperación. Pero, claro, como esa flexibilidad y descentralización permite al partido socialista enchufar a sus concejales afectados por el ERE del 22M (si hubiera necesitado de esta reforma para poder hacerlo, la habría aprobado hace 20 años) y es un serio riesgo para las burocracias sindicales... pues casi va a ser mejor seguir otros 20 años suspirando por la "gestión clínica" y acusando de desmantelar la sanidad pública a quien tome la más mínima iniciativa al respecto. Y así, seguir mareando la perdiz otros veinte años.
viernes, 10 de junio de 2011
Sobre los procesos de descentralización en los servicios sanitarios
Al hilo del intenso e interesante debate sobre el borrador de decreto andaluz de creación de las Unidades de Gestión Clínica (122 comentarios hasta el momento, la inmensa mayoría de personal de enfermería) introduzo algunas reflexiones, quizás colaterales (más sobre el cómo que sobre el qué) pero, eso sí, "de rabiosa actualidad".
Es realmente difícil hoy en día encontrar personas o instituciones que no se declaren, al menos sobre el papel, decididamente descentralizadoras. Al margen de la credibilidad de estas tomas de posición y de su conveniencia, creo que a menudo tienen más que ver con el mundo “valorativo” (los valores, las ideologías), que con el intelectual (el razonamiento). Sin embargo, estas posturas, cuando implican a organizaciones tan complejas como los sistemas sanitarios, deberían regirse más por la racionalidad -y en este sentido el principio de utilidad puede ser una buena guía- que por las modas, porque los procesos serios de descentralización introducen en la vida de las organizaciones cambios muy profundos que merece la pena evaluar en función del valor real que aportan para la solución de sus principales problemas.
La descentralización, cuando es seria y no mera retórica, es una apuesta sumamente arriesgada cuyas reglas del juego deben ser cuidadosamente establecidas y aplicadas. Modifica radicalmente las agendas y capacidades de todos los implicados, que deben aprender a hacer cosas bien distintas de las que venían ocupando hasta entonces su tiempo. Y, en definitiva, supone un cambio cultural de gran envergadura, para el que puede que no estén todos preparados, sobre todo porque exige abandonar la seguridad que proporcionan los reglamentos y aceptar el riesgo de fallar.
Desde el otro lado, el de la toma de decisiones organizativas, cuando uno descentraliza renuncia forzosamente a continuar mirando por encima del hombro lo que cada persona, equipo o centro hace o deja de hacer en cada momento. Las reglas del juego que entonces se pactan obligan a esperar los resultados, evaluarlos conforme a los criterios pactados y decidir si las decisiones tomadas han sido correctas en función de los objetivos previamente establecidos.
Es lícito pensar que el problema hoy en día no es tanto saber hacia dónde es necesario avanzar, sino cómo hacerlo. Ello no obsta para que, a partir de la tremenda dificultad y riesgos que comporta esta reconversión, se quiera descalificar como irrealizable, ingenuo o utópico el modelo. Enfrentados a las alternativas, quedan hoy pocas dudas (sinceras) acerca del tipo de organización más capacitada para responder satisfactoriamente a los restos derivados de un nuevo tipo de exigencias: formas más “planas”, estímulo de la autonomía y el autocontrol profesional, integración clínico-gestora, sistemas de información accesibles y compartidos, etc.
Este texto "de rabiosa actualidad" es en realidad -y pido disculpas por ello- una autocita. Y realmente fue publicado ... en 1995: ¡Llevamos 20 años mareando la perdiz, no está mal...!
Por si a alguien le interesa, la cita bibliográfica completa es: Hernández Yáñez, J.F. (1995). “Los procesos de evaluación como criterio para la asignación de recursos en las organizaciones hospitalarias”, en VV.AA., “Alternativas a la gestión centralizada de centros y servicios sanitarios”, Fundación de Ciencias de la Salud, Madrid.
jueves, 9 de junio de 2011
Enfermería de Práctica Avanzada aquí y ahora (y IV)
Esta es la última entrada de la serie dedicada a las reflexiones que me han generado los contenidos de las intervenciones de los ponentes de la jornada de Alicante. En la primera entrada, simplemente resumí las notas que tomé escuchando a los expertos. En la segunda entrada reflexioné sobre una constatación un tanto paradójica: si en los países donde existen desarrollos de EPA siempre es muy pequeño el porcentaje de enfermeras dedicadas a estas nuevas prácticas, ¿porqué parece ser tan importante la EPA? Y al hilo de ello sugerí una cierta definición pragmática de EPA. En la tercera entrada planteé que, a pesar de que las prioridades de las bases profesionales no están ni mucho menos en iniciar el desarrollo de algo tan incierto como la EPA, sino en cerrar con carácter previo los últimos desarrollos (grado, especialidades, prescripción...), la EPA interesa objetivamente a estas bases, precisamente porque el impacto de estos nuevos desarrollos es grande, aportando por lo general una gran visibilidad social, sanitaria y profesional que es beneficiosa para todas las enfermeras.
Ahora bien, en esta cuarta y última entrada planteo tres condiciones para que estas sinergias puedan realmente concretarse:
Mientras no se dé una respuesta (eficaz en la práctica) a esta pregunta, será muy difícil que los directivos asuman su rol de líderes de la innovación en la organización y gestión sanitaria, algo de lo que tan necesitados están los servicios de salud, y que, sin embargo, tantos anticuerpos genera.
Ahora bien, en esta cuarta y última entrada planteo tres condiciones para que estas sinergias puedan realmente concretarse:
- Que el marco regulador de la EPA que en su momento se establezca sea muy general y abierto, no dedicado a regular hasta el último detalle las estructuras y procesos que puedan desarrollarse, sino a amparar legalmente y estimular el lanzamiento de iniciativas de EPA tan heterogéneas como sea necesario. Vamos, ahora que está tan en el debate diario, una filosofía y metodología reguladoras absolutamente contrarias a las del borrador de decreto que regula las Unidades de Gestión Clínica en Andalucía, inspirado metodológicamente, una vez más, en el nefasto isomorfismo clonador estructural, el verdadero trastorno obsesivo-compulsivo de nuestros planificadores sanitarios.
- Que estas iniciativas de EPA se centren exclusivamente en proyectos innovadores en el nivel asistencial, planteados para tratar de dar nuevas respuestas a viejos problemas asistenciales que no han podido ser solucionados aplicando los marcos organizativos y competenciales tradicionales. Me parece probable que estas iniciativas surjan prioritariamente en dos ámbitos asistenciales: la atención sanitaria a la cronicidad incapacitante y los nuevos mix profesionales en los servicios de atención primaria de salud (lo cual, naturalmente, no excluye iniciativas en ningún otro ámbito).
- Que se adopte un enfoque muy práctico en lo tocante a las relaciones entre necesidades competenciales y necesidades formativas. Quiero decir que, a diferencia de como se han desarrollado las cosas en otras ocasiones, sean las necesidades formativas derivadas de las nuevas iniciativas de EPA a que nos hemos referido quienes definan el desarrollo de programas formativos ad hoc en las universidades. Y no al revés, como sucede tantas veces, que las universidades (los directivos y docentes, en realidad) decidan en función de sus propios intereses y/o posibilidades qué programas formativos de posgrado les conviene ofertar y traten de "colocarlos" a aquellas enfermeras que simplemente deseen hacer currículo y puedan pagar las tasas y gastos. Es decir, que traten de poner a la profesión al servicio de los centros docentes y no a los centros docentes al servicio de la profesión. Es preciso, por tanto, que cada iniciativa de EPA sea llevada a cabo en partenazgo entre servicio de salud y universidad.
Mientras no se dé una respuesta (eficaz en la práctica) a esta pregunta, será muy difícil que los directivos asuman su rol de líderes de la innovación en la organización y gestión sanitaria, algo de lo que tan necesitados están los servicios de salud, y que, sin embargo, tantos anticuerpos genera.
miércoles, 8 de junio de 2011
Enfermería de Práctica Avanzada aquí y ahora (III)
Siguiendo con estas reflexiones al hilo de la jornada de Alicante, hoy me -y os- quiero plantear hasta qué punto son coincidentes las visiones que sobre la EPA pueden tener las élites enfermeras (intelectuales, docentes, investigadoras, directivas, corporativas...) y las bases profesionales, las enfermeras asistenciales.
Un ejemplo histórico para ilustrar estas reflexiones lo encontramos en la reivindicación de la "Licenciatura en Enfermería" como una bandera reivindicativa de todas las élites enfermeras en los años ochenta y la manera en que trataron de presentar lo que no era sino un interés exclusivo suyo -legítimo, por supuesto- como el "interés general" de la profesión. En realidad las élites, especialmente pero no sólo las docentes, necesitaban la licenciatura para poder acceder posteriormente al doctorado, única manera de poder llegar a ser/continuar siendo funcionarios de cuerpos docentes, profesores titulares y catedráticos. Al no aprobarse finalmente la Licenciatura en Enfermería, muchos tuvieron que optar por otras licenciaturas ajenas a la profesión (la más famosa en su momento fue la licenciatura en antropología social y cultural por la Universidad Católica de Murcia, en la que por cierto se licenciaron cinco de los ocho miembros de la comisión ejecutiva del Consejo General).
¿Podría volver a suceder lo mismo con la EPA? Es cierto que las élites no asistenciales, muy especialmente las docentes universitarias, está muy interesadas en que la enfermería española incorpore estos nuevos desarrollos, como otros tantos países avanzados. ¿Y la enfermería asistencial?
Por el feedback que recibo, no puedo decir que no les interese, pero sí que no les parece prioritario. Perciben como algo mucho más importante ir cerrando las reformas ya abiertas, antes que abrir otras nuevas vías de progreso de la profesión:
Si, como caracterizamos ayer, EPA sería cualquier nuevo desarrollo aplicado por enfermeras que permita ensanchar los dominios profesionales de la enfermería y ayude a mejorar su visibilidad, prestigio, influencia política, niveles de renta o autonomía laboral, es evidente que nadie dentro de la profesión debería rechazar que poco a poco vayan teniendo lugar desarrollos profesionales con estas consecuencias tan interesantes. Aunque, como sucede en Suecia, Canadá, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda... sólo afecten a una muy pequeña minoría de enfermeras su impacto positivo crece exponencialmente.
Mañana, para ir cerrando el tema, hablaremos de tres aspectos muy importantes para viabilizar una EPA en España a medio plazo: que se establezca un marco regulador muy abierto, que los desarrollos de EPA se centren exclusivamente en proyectos innovadores de carácter asistencial y que sean estos proyectos los que guíen a las universidades para elaborar sus programas docentes de posgrado y no al revés.
Un ejemplo histórico para ilustrar estas reflexiones lo encontramos en la reivindicación de la "Licenciatura en Enfermería" como una bandera reivindicativa de todas las élites enfermeras en los años ochenta y la manera en que trataron de presentar lo que no era sino un interés exclusivo suyo -legítimo, por supuesto- como el "interés general" de la profesión. En realidad las élites, especialmente pero no sólo las docentes, necesitaban la licenciatura para poder acceder posteriormente al doctorado, única manera de poder llegar a ser/continuar siendo funcionarios de cuerpos docentes, profesores titulares y catedráticos. Al no aprobarse finalmente la Licenciatura en Enfermería, muchos tuvieron que optar por otras licenciaturas ajenas a la profesión (la más famosa en su momento fue la licenciatura en antropología social y cultural por la Universidad Católica de Murcia, en la que por cierto se licenciaron cinco de los ocho miembros de la comisión ejecutiva del Consejo General).
¿Podría volver a suceder lo mismo con la EPA? Es cierto que las élites no asistenciales, muy especialmente las docentes universitarias, está muy interesadas en que la enfermería española incorpore estos nuevos desarrollos, como otros tantos países avanzados. ¿Y la enfermería asistencial?
Por el feedback que recibo, no puedo decir que no les interese, pero sí que no les parece prioritario. Perciben como algo mucho más importante ir cerrando las reformas ya abiertas, antes que abrir otras nuevas vías de progreso de la profesión:
- La plenitud del grado: Si la enfermería pasa de ser una diplomatura de tres años a un grado de cuatro (prefiero no entrar aquí en la polémica de los créditos ECTS), es evidente que será para algo, es decir, para hacer algo cualitativamente superior a lo que ya se venía haciendo. ¿Dónde y quién está estudiando esos nuevos desarrollos competenciales en la práctica profesional enfermera?
- La concreción laboral de las especialidades: Si se han desarrollado una serie de especialidades nuevas será porque el sistema necesita enfermeras especialistas en esas áreas. Y, si es así, ¿cómo es posible que los servicios de salud, que sí ofertan plazas de formación sanitaria especializada para enfermeras, no creen los puestos de trabajo de enfermera especialista?
- Una revisión a fondo de la "prescripción enfermera": El Consejo General y algunos otros agentes de la profesión pensaron en su momento que era mejor algún desarrollo normativo, aunque fuera muy malo, que ningún desarrollo normativo, de ahí que aplaudieran con las orejas cuando se aprobó la modificación de la Ley de garantías y uso racional de los medicamentos y productos sanitarios. Aunque está pendiente de desarrollo reglamentario, lo esperable es que la normativa estatal se quede en lo mínimo y lo que muchas enfermeras asistenciales desean es que este desarrollo al menos sea tan ambicioso como el que ha acometido la Junta de Andalucía.
Si, como caracterizamos ayer, EPA sería cualquier nuevo desarrollo aplicado por enfermeras que permita ensanchar los dominios profesionales de la enfermería y ayude a mejorar su visibilidad, prestigio, influencia política, niveles de renta o autonomía laboral, es evidente que nadie dentro de la profesión debería rechazar que poco a poco vayan teniendo lugar desarrollos profesionales con estas consecuencias tan interesantes. Aunque, como sucede en Suecia, Canadá, el Reino Unido, Australia, Nueva Zelanda... sólo afecten a una muy pequeña minoría de enfermeras su impacto positivo crece exponencialmente.
Mañana, para ir cerrando el tema, hablaremos de tres aspectos muy importantes para viabilizar una EPA en España a medio plazo: que se establezca un marco regulador muy abierto, que los desarrollos de EPA se centren exclusivamente en proyectos innovadores de carácter asistencial y que sean estos proyectos los que guíen a las universidades para elaborar sus programas docentes de posgrado y no al revés.
martes, 7 de junio de 2011
Enfermería de Práctica Avanzada aquí y ahora (II)
Cuando uno se acerca a estudiar los desarrollos de lo que se conoce como Enfermería de Práctica Avanzada [EPA] a nivel internacional y escucha a los expertos que participaron en la Jornada "Enfermería de Práctica Avanzada a Debate" llega a una clara conclusión: se trata de un cajón de sastre donde todo tiene cabida: basta con ponerle a cualquier desarrollo enfermero la etiqueta 'EPA' para quedar automáticamente admitida como EPA.
Es evidente, por tanto, que el contexto local es determinante y ello explica porqué resultan tan poco operativos los intentos de una aproximación conceptual al tema.
Pero hay una segunda cosa que llama la atención, precisamente porque esta vez sí se trata de una característica común a todos los países donde se han desarrollado experiencias de EPA: que el grupo de enfermeras que las desarrolla es cuantitativamente muy pequeño. En los EUA, donde la figura del Nurse Practitioner [NP] se remonta a los años sesenta (es decir, casi 50 años de camino), se cifra en apenas un 6% el porcentaje de enfermeras que posee licencia como NP y otras figuras de EPA (Phisician's Assistant, Nurse Clinician...). En los demás países la situación es aún cuantitativamente más pobre: Canadá, 0,4%; Australia, 0,2%; Nueva Zelanda, 0,1%; en el Reino Unido, donde la EPA apenas se ha desarrollado, después de 20 años sólo el 10% de las 500.000 enfermeras registradas están acreditadas como prescriptoras y sólo 1.620 (0,3%) para hacerlo sin restricciones.
Es decir, son muy, muy pocas. La pregunta es obvia: Si son tan pocas las enfermeras de práctica avanzada, ¿por qué parece ser tan importante la Enfermería de Práctica Avanzada?
Desde mi punto de vista, la respuesta a esta pregunta tiene más que ver con la enfermería, como profesión, que con las enfermeras, como profesionales. EPA sería, desde un punto de vista ecléctico, cualquier nuevo desarrollo aplicado por enfermeras que permita ensanchar los dominios profesionales de la enfermería y ayude a mejorar su visibilidad, prestigio, influencia política, niveles de renta o autonomía laboral. "Nuevo", sin embargo, sólo significa nuevo en el ámbito competencial y funcional de la enfermería.
Y es que, como algunas veces he dicho, el desarrollo de la enfermería en los países avanzados -y también en los no tan avanzados, por cierto- ha sido tan intensivo y extensivo que resulta difícil imaginar cómo podría seguir "ensanchando sus dominios profesionales" mediante la incorporación de competencias y funciones propiamente enfermeras; todo lo que podía ser colonizado en territorio propio ya se ha colonizado. De ahí que, donde no es posible crecer "horizontalmente", sólo puede hacerse "verticalmente", es decir, retando a la profesión médica para asumir aquellas de sus competencias y funciones tradicionales para las que miles de enfermeras estarían perfectamente preparadas por su formación básica o posbásica. Que estos procesos de transferencia competencial y funcional se van a producir, es de libro; lo que queda por saber es si la enfermería va a ser capaz de enfrentar con garantías procesos complejos de negociación o simplemente se va a limitar a asumir mansamente aquellas funciones y actividades que a la medicina ya no le interesen.
He escuchado y leído con frecuencia advertencias acerca de no confundir la EPA con, por ejemplo, las especialidades enfermeras. Y estoy totalmente de acuerdo en que el hecho de que haya decenas o cientos de enfermeras especialistas, digamos en enfermería pediátrica, no convierte a éstas en enfermeras "de práctica avanzada" en el sentido que queremos darle a esa expresión; simplemente son enfermeras especialistas.
Pero pongamos un ejemplo perfectamente posible (y yo diría que inevitable de aquí a 10 ó 15 años, como mucho): Imaginemos que los reguladores sanitarios, agobiados por la falta de pediatras en atención primaria y las quejas de los médicos de familia por tener que asumir esos cupos pediátricos, deciden que el seguimiento del niño sano pase a ser realizado exclusivamente por enfermeras especialistas en pediatría. Ello sí cumpliría los requisitos de la definición que hemos dado de EPA: ensancha los dominios profesionales, mejora la visibilidad de la profesión y su autonomía, crea puestos de trabajo (especialista) mejor remunerados, etc.
Mañana seguiremos reflexionando sobre el tema, analizando los puntos de convergencia y divergencia de cara al futuro de la EPA entre las élites enfermeras y las "bases profesionales, es decir, las enfermeras asistenciales.
Es evidente, por tanto, que el contexto local es determinante y ello explica porqué resultan tan poco operativos los intentos de una aproximación conceptual al tema.
Pero hay una segunda cosa que llama la atención, precisamente porque esta vez sí se trata de una característica común a todos los países donde se han desarrollado experiencias de EPA: que el grupo de enfermeras que las desarrolla es cuantitativamente muy pequeño. En los EUA, donde la figura del Nurse Practitioner [NP] se remonta a los años sesenta (es decir, casi 50 años de camino), se cifra en apenas un 6% el porcentaje de enfermeras que posee licencia como NP y otras figuras de EPA (Phisician's Assistant, Nurse Clinician...). En los demás países la situación es aún cuantitativamente más pobre: Canadá, 0,4%; Australia, 0,2%; Nueva Zelanda, 0,1%; en el Reino Unido, donde la EPA apenas se ha desarrollado, después de 20 años sólo el 10% de las 500.000 enfermeras registradas están acreditadas como prescriptoras y sólo 1.620 (0,3%) para hacerlo sin restricciones.
Es decir, son muy, muy pocas. La pregunta es obvia: Si son tan pocas las enfermeras de práctica avanzada, ¿por qué parece ser tan importante la Enfermería de Práctica Avanzada?
Desde mi punto de vista, la respuesta a esta pregunta tiene más que ver con la enfermería, como profesión, que con las enfermeras, como profesionales. EPA sería, desde un punto de vista ecléctico, cualquier nuevo desarrollo aplicado por enfermeras que permita ensanchar los dominios profesionales de la enfermería y ayude a mejorar su visibilidad, prestigio, influencia política, niveles de renta o autonomía laboral. "Nuevo", sin embargo, sólo significa nuevo en el ámbito competencial y funcional de la enfermería.
Y es que, como algunas veces he dicho, el desarrollo de la enfermería en los países avanzados -y también en los no tan avanzados, por cierto- ha sido tan intensivo y extensivo que resulta difícil imaginar cómo podría seguir "ensanchando sus dominios profesionales" mediante la incorporación de competencias y funciones propiamente enfermeras; todo lo que podía ser colonizado en territorio propio ya se ha colonizado. De ahí que, donde no es posible crecer "horizontalmente", sólo puede hacerse "verticalmente", es decir, retando a la profesión médica para asumir aquellas de sus competencias y funciones tradicionales para las que miles de enfermeras estarían perfectamente preparadas por su formación básica o posbásica. Que estos procesos de transferencia competencial y funcional se van a producir, es de libro; lo que queda por saber es si la enfermería va a ser capaz de enfrentar con garantías procesos complejos de negociación o simplemente se va a limitar a asumir mansamente aquellas funciones y actividades que a la medicina ya no le interesen.
He escuchado y leído con frecuencia advertencias acerca de no confundir la EPA con, por ejemplo, las especialidades enfermeras. Y estoy totalmente de acuerdo en que el hecho de que haya decenas o cientos de enfermeras especialistas, digamos en enfermería pediátrica, no convierte a éstas en enfermeras "de práctica avanzada" en el sentido que queremos darle a esa expresión; simplemente son enfermeras especialistas.
Pero pongamos un ejemplo perfectamente posible (y yo diría que inevitable de aquí a 10 ó 15 años, como mucho): Imaginemos que los reguladores sanitarios, agobiados por la falta de pediatras en atención primaria y las quejas de los médicos de familia por tener que asumir esos cupos pediátricos, deciden que el seguimiento del niño sano pase a ser realizado exclusivamente por enfermeras especialistas en pediatría. Ello sí cumpliría los requisitos de la definición que hemos dado de EPA: ensancha los dominios profesionales, mejora la visibilidad de la profesión y su autonomía, crea puestos de trabajo (especialista) mejor remunerados, etc.
Mañana seguiremos reflexionando sobre el tema, analizando los puntos de convergencia y divergencia de cara al futuro de la EPA entre las élites enfermeras y las "bases profesionales, es decir, las enfermeras asistenciales.
lunes, 6 de junio de 2011
Enfermería de Práctica Avanzada aquí y ahora (I)
El pasado jueves 2 de mayo asistí invitado a la jornada "Enfermería de práctica avanzada a debate", organizada por la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Alicante y el Colegio Oficial de Enfermería de Alicante. Uno está medio acostumbrado a que le inviten a dar una charla o participar en una mesa redonda, pero en esta ocasión el encargo era muy diferente y hasta mucho más divertido: "Tú, escucha todo lo que dicen los participantes y, cuando estos acaben, danos tu resumen de lo que has oído. Tienes cinco minutos".
En esta jornada participaron expertos internacionales y líderes académicos, colegiales, universitarios y directivos enfermeros nacionales. La jornada estuvo interesante, alguna intervención magnífica, otras algo pobres, pero, en general, bastante interesantes.
Este tipo de encargos son tan interesantes como estresantes, ya que uno no sabe con qué se va a encontrar, qué va a escuchar, y por tanto no puede llevar su pawerpoint, ni siquiera un esquema con sus propias ideas, ya que lo que se le pide es que escuche y opine sobre lo que ha escuchado. Una magnífica idea que hay que adjudicar, creo, a José Ramón Martínez Riera, secretario académico de la EUE de la Universidad de Alicante, que fue quien me invitó. Fue mi primera vez con este formato, pero me apunto a las que sigan.
¿Qué fue lo que escuché?
[Nota.- Lo único que sentí fue no poder conocer personalmente a David Alarcón, que estuvo allí, aunque yo no lo he sabido hasta después de volver. Otra vez será].
En esta jornada participaron expertos internacionales y líderes académicos, colegiales, universitarios y directivos enfermeros nacionales. La jornada estuvo interesante, alguna intervención magnífica, otras algo pobres, pero, en general, bastante interesantes.
Este tipo de encargos son tan interesantes como estresantes, ya que uno no sabe con qué se va a encontrar, qué va a escuchar, y por tanto no puede llevar su pawerpoint, ni siquiera un esquema con sus propias ideas, ya que lo que se le pide es que escuche y opine sobre lo que ha escuchado. Una magnífica idea que hay que adjudicar, creo, a José Ramón Martínez Riera, secretario académico de la EUE de la Universidad de Alicante, que fue quien me invitó. Fue mi primera vez con este formato, pero me apunto a las que sigan.
¿Qué fue lo que escuché?
- El presidente del Consejo de Enfermería de la Comunidad Valenciana (CECOVA), José Antonio Ávila afirmó que ya son necesarios algunos revulsivos que cambien a la profesión. ¡Bien!
- La Directora de la EUE de la Universidad de Alicante, Ana Laguna, que es preciso urgir a la sociedad para una verdadera modernización de la agenda política con respecto a los servicios de salud y las profesiones sanitarias.
- Roberto Galao Malo nos hizo una descripción bastante completa, tanto conceptual, como comparativa, de lo que se considera Enfemería de Práctica Avanzada [EPA] en el mundo desarrollado, con un cierto énfasis en los problemas de sostenibilidad fianciera de los servicios públicos de salud y en las capacidades reales de la EPA para solucionar muchos de los problemas de coste-efectividad.
- Enrique Castro nos habló de cómo "no se trata sólo de buenas ideas, sino del día a día", al comentar el reto de la enfermería en un centro (el londinense Mortimer Market Centre) dedicado a la atención de pacientes con VIH con una perspectiva holíistica enfermera que ha conseguido que el 86% de sus pacientes no haya expresado la necesidad de volver a consultar con su médico de cabecera.
- Johis Ortega, muy al contrario, nos describió la situación en los Estados Unidos de América donde la EPA se plasma básicamente en la sustitución de médicos por enfermeras o, más exactamente, en que las enfermeras en ciertos contextos (pero muy generalizados) se formen expresamente para poder asumir procedimientos médicos.
- El secretario de la Conferencia Nacional de Centros Universitarios de Enfermería, Julio Fernández, reivindicó el papel de las universidades en el desarrollo de la EPA, desde mi punto de vista de una manera interesada ("la EPA pasa por la formación de posgrado") y burocrática ("es necesaria una normativa sobre la EPA"). De alguna manera, planteó que la EPA está al servicio de la universidades y no al contrario. No me gustó el fondo de la intervención.
- Juana Gutiérrez Aranda, exdirectora de enfermería del hospital de Torrevieja, presentó una experiencia en un hospital público de gestión privada que se refería más al empowerment (empoderamiento, qué palabra más fea...) de la enfermería que a la EPA. Pero fue una exposición bastante interesante sobre el contexto en que se puede plantear la redistribución de competencias entre diferentes profesiones (medicina y enfermería, básicamente).
- El presidente de la Asocación Nacional de Directivos de Enfermería, Jesús Sanz, llevó el tema de la EPA a su terreno, hablando de lo que deberían ser los Gestores (Enfermeros) de Práctica Avanzada.
- Finalmente, el gerente del Hospital General Universitario de Alicante, José Martínez Soriano, desplegó todo un cántico a las capacidades innegables de la enfermería para adaptarse a los principales cambios que afectan al sector salud: si han cambiado el perfil de los pacientes y los patrones de las enfermedades prevalentes, ello exige nuevos perfiles profesionales.
[Nota.- Lo único que sentí fue no poder conocer personalmente a David Alarcón, que estuvo allí, aunque yo no lo he sabido hasta después de volver. Otra vez será].
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Enfermería de Práctica Avanzada
sábado, 4 de junio de 2011
Los pepinos españoles y el British
El afamado British Medical Journal recogió el martes 31 de mayo la afirmación de la senadora de sanidad de Hamburgo sobre el origen español de los pepinos infectados por E Coli haciéndola propia gracias a un rotundo titular: "El brote de E Coli en Alemania, relacionado con pepinos españoles".
Cuando una médica española envió una respuesta rápida, publicada el 2 de junio, diciendo que "es inaceptable que una publicación respetable como esa esté difundiendo informaciones que se han demostrado totalmente incorrectas", los editores del BMJ se limitan a decir que la noticia era correcta en el momento en que se editó y que, ya que la situación ha evolucionado, la noticia se ha actualizado y, así, corrigen dos días después lo que dieron por palabra de dios con un titular impropio de una revista científica seria. Pero no, la noticia no "era correcta" ni el 31 de mayo, ni el 2 de junio. Sí lo hubiera sido con este titular: "El gobierno de Hamburgo relaciona el brote de E Coli con pepinos españoles".
Ambas informaciones fueron publicadas por la corresponsal del BMJ en Alemania, Anette Tuffs, quien, al igual que la senadora Cornelia Prüfer-Storcks, rectifica sin pedir disculpas, hasta lo hace con un tonito ofendido... Algo falla sistémicamente cuando hasta los corresponsales del BMJ se comportan como los de Interconomía y sus editores les justifican.
Y es que, como dice hoy en El País el bacteriólogo Holger Rohde (investigador de la Clínica Universitaria de Hamburgo) "Cuando sé algo grave, mi deber como científico es anunciarlo. Pero cuando no estoy seguro al 100%, no lo comunico".
Cuando una médica española envió una respuesta rápida, publicada el 2 de junio, diciendo que "es inaceptable que una publicación respetable como esa esté difundiendo informaciones que se han demostrado totalmente incorrectas", los editores del BMJ se limitan a decir que la noticia era correcta en el momento en que se editó y que, ya que la situación ha evolucionado, la noticia se ha actualizado y, así, corrigen dos días después lo que dieron por palabra de dios con un titular impropio de una revista científica seria. Pero no, la noticia no "era correcta" ni el 31 de mayo, ni el 2 de junio. Sí lo hubiera sido con este titular: "El gobierno de Hamburgo relaciona el brote de E Coli con pepinos españoles".
Ambas informaciones fueron publicadas por la corresponsal del BMJ en Alemania, Anette Tuffs, quien, al igual que la senadora Cornelia Prüfer-Storcks, rectifica sin pedir disculpas, hasta lo hace con un tonito ofendido... Algo falla sistémicamente cuando hasta los corresponsales del BMJ se comportan como los de Interconomía y sus editores les justifican.
Y es que, como dice hoy en El País el bacteriólogo Holger Rohde (investigador de la Clínica Universitaria de Hamburgo) "Cuando sé algo grave, mi deber como científico es anunciarlo. Pero cuando no estoy seguro al 100%, no lo comunico".
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