Muchas enfermeras a las que leo o con quienes converso tienden a quejarse de que, cuando desde los servicios de salud se habla de traspasar a las enfermeras funciones que hasta entonces eran médicas, en realidad de lo que se trata es de encontrar mano de obra más barata: una enfermera cobra mucho menos que un médico, así que más trabajo enfermero = menos costes directos.
En mi monografía que da título a este blog pongo en tela de juicio esta percepción, entre otras cosas porque, si bien está más que demostrado que cuando se produce este tipo de trasvases, por lo general la calidad no disminuye (o mejora) y la satisfacción de los pacientes aumenta, no necesariamente disminuyen los costes. Un ejemplo claro son las consultas de enfermería; mientras que un médico de un centro de salud atiende normalmente a más de 50 pacientes por jornada de consulta, una enfermera suele atender menos de la mitad, con lo cual el coste de una consulta de enfermería (que antes realizaba un médico porque estas simplemente no existían) puede llegar a ser un 30% superior al de una consulta médica. Otra cosa son los resultados en salud y los costes futuros que un buen seguimiento de pacientes crónicos pluripatológicos en las consultas de enfermería permite ahorrar, pero no nos referimos ahora a estas consideraciones.
Demos otra vuelta de tuerca a esta curiosa relación entre costes y calidad: según leo en un diario digital, un hospital de Filadelfia, el Hospital Universitario Hahnemann, está inmerso en pleno proceso para sustituir a todas las auxiliares de enfermería por enfermeras tituladas, un recurso mucho más costoso, ya que una enfermera gana entre 35 y 50 dólares por hora y una auxiliar, 25. Hay que tener en cuenta algo muy importante, que se trata de un hospital privado cuyos presupuestos de funcionamiento (y beneficios empresariales) provienen básicamente de su facturación a las aseguradoras que le remiten pacientes. Podría pensarse, en principio, que al dotarse de una estructura de costes enfermeros directos sensiblemente más gravosa, deberían incrementarse las tarifas facturadas a las aseguradoras. Pero no puede ser así: si lo hicieran, dejarían de recibir pacientes enviados por aquéllas, que buscarían opciones más económicas.
La apuesta, en realidad, es mejorar la facturación mediante un incremento significativo en el número de pacientes admitidos, compitiendo no en materia de costes, sino de calidad asistencial y satisfacción de los clientes. El objetivo es que, a igualdad de tarifas, las aseguradoras, espoleadas por unos asegurados más satisfechos, prefieran enviar pacientes al Hospital Universitario Hanneman en vez de a los otros. Es una apuesta puramente empresarial que puede salir bien o mal, algo que comprobaremos, en todo caso, dentro de algunos años.
Otro aspecto interesante tiene que ver con las enfermeras que si bien, por un lado, van a pasar de llevar cinco o seis pacientes (con la ayuda de las auxiliares, que llevan 10 cada una) a llevar sólo tres o cuatro, van a tener, por otro lado, que asumir las tareas, digamos más domésticas, que hasta ahora realiza el personal auxiliar. ¿Van a aceptarlo así como así? Según el testimonio de alguna enfermera que ha participado en el pilotaje, sin problemas: todo lo que hacen son cuidados enfermeros y a veces estas tareas más domésticas te permiten detectar complicaciones antes de que eclosionen.
Otro problema va a ser el de atraer suficientes enfermeras tituladas en un país donde existe un déficit crónico de profesionales. Un factor que juega a favor es que el hospital posee la acreditación como 'hospital imán' [magnet hospital], concedida por el American Nurses Credentialing Center, fundado por las principales asociaciones de enfermería del país, a aquellos centros de excelencia en cuanto a la atracción y fidelización de las enfermeras tituladas, básicamente a través de una mejores condiciones de trabajo y un mayor respeto por la autonomía profesional de las enfermeras.
Yo no sé si funcionará bien o no, ni desde el punto de vista comercial, ni de los resultados asistenciales, ni de la satisfacción de los pacientes. Quizás porque tengo en alto valor la rentabilidad del trabajo asistencial del personal auxiliar de enfermería. Pero lo que sí me ha gustado es una idea, probablemente no muy novedosa (perdón por mi ignorancia en aspectos organizativos tan concretos), pero sí muy interesante: el handoff al que me refería hace apenas unos días, es decir, la información sobre los pacientes que se transmiten las enfermeras en el cambio de turno, en lugar de realizarse en el confortable y opaco control de enfermería se realizará a los pies de la cama de cada uno de ellos, de manera que: a) el paciente se sienta bien informado; b) las enfermeras estén seguras de que el paciente se siente bien informado; y c) que el paciente pueda confirmar, aclarar o incluso negar la información que pasa de enfermera a enfermera, empezando a funcionar como agente activo en la prevención de errores asistenciales. Pero para ello, evidentemente, hacen falta más plantillas de personal titulado.
Lo que, en cualquier caso, sí es cierto es que en estos momentos la variable 'calidad' ha pasado a ser una variable dependiente en la ecuación para cuadrar la 'sostenibilidad' del sistema; ya no hay políticas activas de calidad que no sean de tipo micro (lo que los profesionales podáis hacer en vuestro día a día, pero sin apoyo de la organización). Y aun en el caso de que se demostrara que a corto y medio plazo este tipo de medidas, a priori más costosas, producen ahorros reales por reducción de los efectos adversos (rehospitalización, enfermedades nosocomiales y yatrogenia, frecuentación de las urgencias, errores clínicos, incluso costes de las demandas judiciales), da igual: también las variables 'medio' y 'largo plazo' han pasado a ser variables dependientes.
PS.- Para poder leer ideas interesantes sobre la dicotomía calidad-costes, recomiendo -aunque no esté plenamente de acuerdo con sus contenidos- leer el reciente e interesante artículo de mi admirado amigo José Ramón Repullo, titulado "Preservar la calidad asistencial del SNS en tiempos de crisis".
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martes, 7 de febrero de 2012
viernes, 17 de junio de 2011
Grado, especialidades y prescripción en el Colegio de Madrid
Ayer estuvimos Carlos Tardío, Cristina Cuevas, Antonio Valenzuela y yo, moderados por Carlos Álvarez, en el Colegio de Enfemería de Madrid [CODEM], en una jornada sobre Grado, Especialidades y Prescripción, temas muy de actualidad -como pudo verse en el debate posterior, muy agitado-, en el que yo fui, digamos, un bonus track, ya que pude hablar de todo y de nada y justamente al final, como en un CD. Por un malentendido, no hubo vídeo, ni siquiera audio, así que os paso mis notas, las que llevaba encima para no perder el hilo, por lo que son un tanto esquemáticas. No serán gran cosa, seguro, pero me gusta aportar a este blog todo lo que elaboro fuera de él.
Muchas gracias al CODEM y, sobre todo, a las asistentes y a mis queridos compañeros de mesa. Aquí está el esquema:
Jornada del CODEM, 16 de junio de 2011. Guión.
[Presentación, agradecimientos]. Vamos a ver cómo consigo encajar en estos escasos 20 minutos las reflexiones de media vida acerca de una profesión, la enfermería, que, por biografía y por dedicación, ha estado siempre muy presente en mi trayectoria profesional y personal.
Hace unos doce años, cuando abandoné la administración sanitaria a finales de los años noventa, fui contratado por varias organizaciones enfermeras como coordinador técnico de un proyecto denominado “Libro Blanco de la Profesión de Enfermería” que, aunque no llegó a cuajar por diversas causas externas e internas, me permitió conocer de cerca los componentes identitarios de vuestra profesión, el discurso enfermero, y sus componentes intelectuales, ideológicos y disciplinares.
Pasó el tiempo, unos diez años, hasta que la Fundación Alternativas, con quien ya había colaborado con un libro sobre la profesión médica, me propuso escribir sobre la enfermería española: de ahí nació “La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades”, editado en octubre del pasado año, que algunos de vosotros conoceréis y otros muchos espero que tengáis interés en concederle el beneficio de la duda y acercaros a él. Actualmente, mantengo un blog sobre enfermería y un grupo en una red social, soy invitado a menudo para escribir artículos o participar en jornadas sobre enfermería y, lo más importante, mantengo una relación cooperativa, tan intensa como me permite el trabajo, con algún movimiento enfermero de base, de esos raros que no se limitan a quejarse y tratan de cambiar las cosas.
Este es un resumen muy básico de las principales reflexiones que realizo en el libro:
Hasta hace unos 30 ó 35 años, estaba bastante claro lo que hacía la enfermería: cuidar de los pacientes, en la más amplia acepción del término. Y las enfermeras supieron documentar muy bien todo lo relacionado con los cuidados, darle formas conceptuales e instrumentos metodológicos; en definitiva, construir un “discurso enfermero” orgullosamente reivindicativo y una disciplina enfermera que le proporcionó su base científica para convertirse en pocos años en una profesión facultativa. Los planos médico y enfermero estaban claramente diferenciados y, si bien existía una evidente subordinación con respecto a los médicos, el alto nivel de competencia profesional, de compromiso y dedicación de las enfermeras permitía que el médico no sintiera la necesidad de inmiscuirse en vuestro trabajo.
Sin embargo, a veces para bien y a veces para mal, las cosas han cambiado mucho. El entorno social en el que se desenvuelve la enfermería está cambiando vertiginosamente y no existen mapas para saber la dirección en que es más conveniente moverse. La situación de crisis estructural -la “crisis permanente”- de los sistemas sanitarios no constituye, ni mucho menos, el contexto intelectual ideal para reflexionar y encauzar las reivindicaciones y exigencias profesionales de futuro de la enfermería. La introducción de lo que se ha dado en llamar “Nueva Gestión Pública”, que básicamente es introducir técnicas de gestión privadas y cada vez más privatizar directamente los servicios tiene también como secuela nuevos desarrollos profesionales (nuevas ocupaciones, nuevos mapas profesionales, intercambios de funciones y roles).
Y lo peor es que sabemos que a pesar de los profundos cambios en el entorno y en el contexto, los sistema sanitarios siguen funcionando básicamente igual que hace 30 años y esa es una fuente considerable de frustración para todos. Pero cuando aparecen propuestas de reforma, da igual en el sentido que sea, no hay demasiado análisis intelectual, los “anticuerpos” que han desarrollado las profesiones sanitarias saltan como tigres a la yugular de quien las propone. Como dicen Oteo y Repullo, preferimos vivir en un apacible “estado del malestar” donde siempre son los demás quienes tienen la culpa y seguir maldiciendo en voz baja, en pequeños corros, a ser capaces de analizar o proponer vías de avance para ganar el futuro.
Ni siquiera a largo plazo; a medio plazo, hablo de apenas 10 ó 15 años, todo esto va a cambiar. Las lógicas sociales, políticas y económicas se lo van a llevar todo por los aires. Van a cambiar los modelos de organización, se van a redefinir las fronteras competenciales profesionales y, sobre todo, van a pasar a un discreto segundo plano muchos de los valores tradicionales en los que se sustenta los servicios sociales del estado del bienestar, que se van a reorientar en un sentido ecléctico: no me hable de valores, hábleme de resultados.
Para poder afrontar el futuro con cierta garantías, la enfermería tiene que ponerse ante el espejo y mirarse con honestidad y franqueza. Tiene que saber distinguir entre los mitos en que se deleita, algunos de ellos totalmente demodé, y las realidades que muchas veces serán bastante crueles. Tiene que ser capaz de pasar a través del espejo y mirarse en su entorno político, social, sanitario, profesional y laboral. Y de escuchar en ocasiones algunas verdades hirientes.
Lo siento: el “valor de mercado” del cuidado como valor añadido básico de los servicios profesionales enfermeros está cayendo casi al nivel de los bonos basura. Aunque es cierto que una parte muy importante del cuidado de los pacientes posee unos componentes técnicos que requieren una alta cualificación, no lo es menos que una importante parte de las tareas que realizan hoy las enfermeras tituladas podría ser encargado sin mayor problema a personal menos cualificado. Algo que el sector sanitario privado descubrió hace ya tiempo es que el despliegue de recursos humanos necesario para que las enfermeras administren planes de cuidados holísticos a cada paciente era un lujo que sólo podía permitirse el sector público, precisamente porque este tipo de prestaciones emocionales le diferenciaban del sector privado y le servían para legitimarse socialmente como servicio público.
Dado que en un futuro próximo ya no van a existir directivos que jueguen con el dinero ajeno sin que se les exija rendir cuentas, no parece muy probable que vayan a seguir contratando una enfermera titulada para que realice cuidados enfermeros básicos, que quedarán en manos del personal auxiliar. Ello sitúa en una posición de gran debilidad a la profesión de enfermería teniendo en cuenta que, nos guste o no, probablemente no, las “fuerzas de mercado” han llegado a los servicios públicos para quedarse definitivamente.
¿Por dónde pasaría el futuro de la profesión enfermera? Podemos hablar de lo que se ha denominado un pacto entre enfermería y poderes públicos, cuyo objetivo, en realidad, no sería tanto ahorrar costes -aunque a nadie le amarga un dulce-, como ayudar a solucionar de una vez algunos de los graves problemas de racionalidad que se derivan de la pervivencia de un sistema médicocéntrico y del gran poder que aún hoy detenta la profesión médica. No se trata de problemas nuevos, sino que se vienen constatando desde hace decenios pero que es ahora cuando resultan un desafío a la sostenibilidad de los sistemas públicos de salud. Se trata de:
▪ Problemas de variabilidad injustificada en procedimientos, procesos y resultados médicos.
▪ Pervivencia hegemónica del “pensamiento tácito” (el “ojo clínico”)como paradigma de lo que significa “ser un buen médico”, un serio obstáculo para el desarrollo de procesos de toma de decisiones basados en evidencias.
▪ Falta de compromiso real con los servicios sanitarios por su resistencia a desarrollar mecanismos efectivos y transparentes de rendición de cuentas.
▪ Supervivencia de una mentalidad individualista y elitista que limita culturalmente el avance de dinámicas multiprofesionales y de red basadas en la racionalidad y en las curvas de experiencia y no en el estatus.
▪ Deterioro del profesionalismo ético y de sus valores, en riesgo de quiebra definitiva a causa de unas “amistades peligrosas” con la industria.
▪ Rígidas estructuras directivas clínicas al servicio de los propios intereses y no de las necesidades asistenciales, fragmentadas en compartimentos estancos donde cada cual se preocupa de su propio territorio.
A estos efectos, las enfermeras poseen algunas cualidades muy prácticas, como por ejemplo:
▪ En la cultura enfermera no hay apenas lugar para el pensamiento tácito porque la disciplina enfermera es básicamente metodológica y hay poca variabilidad porque su praxis descansa plenamente en órdenes, protocolos y planes de cuidados.
▪ Frente a las reticencias médicas a la rendición de cuentas, no tiene alergia al establecimiento de instrumentos de evaluación y rendición de cuentas, porque lleva media vida tratando de que se valoren en condiciones sus aportaciones asistenciales.
▪ Frente a la mentalidad individualista y elitista, está mucho mejor capacitada para el trabajo en equipos multidisciplinarios porque posee una visión más de conjunto de los procesos asistenciales.
▪ En cuanto al profesionalismo, baste decir que esta infinitamente más alejada -al menos de momento- de las peligrosas relaciones con la industria.
▪ Y en cuanto a la peligrosa deriva de las estructuras directivas clínicas, el peso de la enfermería de cuidados generales es contundente, lo cual hace mucho más difícil que trate de preservar territorios particulares.
▪ Y, además, muestra verdaderas ganas de proyectarse más allá de sus roles tradicionales, para lo cual está mucho más dispuesta a asumir exigencias de efectividad y eficiencia que se les planteen.
En definitiva, la enfermería se encuentra en una encrucijada y en una incómoda situación de presiones desde abajo y hacia arriba. Hacia arriba por presiones de una parte cada vez más importante de unas bases profesionales cada vez mejor formadas que están ya poco dispuestas a seguir teniendo una posición subordinada dentro de los sistemas sanitarios. Y desde abajo, porque irá siendo sustituida, sin duda alguna, en sus tareas y funciones más básicas por un personal auxiliar deseoso de hacerlo. El ascenso de la enfermería al grado, si bien reduce las distancias con respecto a las titulaciones superiores, aumenta la que existe con respecto al personal auxiliar; y esta “tierra de nadie” que se está empezando a crear no va a permanecer vacía mucho tiempo.
¿Qué condiciones básicas son necesarias para que estas dinámicas que se están abriendo, no sólo no sean desastrosas, sino que puedan ser incluso aprovechadas por la profesión enfermera?
Lo primero y más importante, inteligencia colectiva, algo que exige movilizar a la profesión, no sólo ante los problemas de carácter estrictamente laboral u organizativo, sino en la defensa de los intereses de futuro. Ello exige abrir un período de estudio y reflexión, sin duda con componente técnicos, pero que debe ser participativo, que concluya en un “libro blanco” o como queráis llamarlo donde se establezcan las necesidades y estrategias y se tracen las hojas de ruta.
En segundo lugar, organización. Las organizaciones, aunque en general tienden a situarse por encima de las personas, no son sino instrumentos al servicio de las personas. En ese sentido tan utilitario, tendréis que plantearos qué partes del entramado organizativo enfermero os valen y cuáles no. A todo lo que no os valga hay que darle un ultimátum y si sigue sin responder arrojarla al cubo de la basura y crear organizaciones alternativas.
Y, en tercer lugar, liderazgo. Por mucho que la enfermería realice su proceso de análisis crítico, desarrolle inteligencia colectiva y se organice de manera efectiva, la representación institucional de la profesión seguirá siendo la que establecen las leyes, no importa si os sentís o no representadas por ella. Desde mi punto de vista, es necesario abrir un proceso de regeneración moral e intelectual partiendo de las fuerzas que sea posible reunir. No sé si fue esa la intención explícita de los organizadores, pero este acto en el Colegio de Madrid podría ser un buen comienzo.
martes, 24 de mayo de 2011
¿Auxiliares de...?
En el debate de la jornada del 19-M de Madrid, Carlos Tardío soltó una frase que me dejó estupefacto, especialmente si fuera cierto que sea algo compartido por una parte significativa de las enfermeras. Aunque aún no tengo el audio del debate (aquí tenéis el de su intervención), la frase fue algo así: "Por cierto, que las auxiliares de enfermería no son personal de enfermería, sino personal de salud" (puede que dijera sanitario).
En todos los países que conozco (excepto Portugal, donde no existe el estamento auxiliar, ya que todo el personal de enfermería es titulado), la enfermería se estructura en diferentes niveles, a veces sólo dos, como en España, a veces más, incluyendo a veces incluso a personal sin formación específica (nuestros celadores, aunque ahora creo que tienen un nombre más rimbombante y neutro). España no es una excepción; es cierto que los técnicos especialistas (análisis clínicos, anatomía patológica, etc.) no son personal de enfermería, aunque sean "de la rama sanitaria", porque no prestan cuidados de enfermería, pero sin duda alguna para mí, y hasta el jueves creí que para todas las enfermeras, sí lo son las auxiliares de enfermería.
Probablemente Carlos se ciñió literalmente a la clasificación contenida en la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, que encuadra a las auxiliares en el grupo de "profesionales del área sanitaria de formación profesional" y no vuelve a referirse a ellas para nada. Pero lo cierto es que el título académico que habilita a las auxiliares de enfermería para ejercer profesionalmente es el de "Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería", que resulta bastante elocuente de los contenidos de su trabajo: los cuidados (auxiliares) de enfermería. Su dependencia funcional es del personal de enfermería titulado, las enfermeras, y su dependencia laboral es de los mandos intermedios de enfermería (asimismo enfermeras), cosa que no sucede así en el caso de otros colectivos que trabajan estrechamente con la enfermería, como los administrativos, los trabajadores sociales...
Si los cuidados enfermeros tiene como fin "ayudar al individuo sano o enfermo en la realización de aquellas actividades que contribuyan a su salud o recuperación (o una muerte tranquila) que realizaría sin ayuda si tuviese la fuerza, voluntad o conocimiento necesario, haciéndolo de tal modo que se le facilite su independencia lo más rápido posible" (Henderson), es evidente que, aunque sea en tareas subalternas o poco cualificadas, las auxiliares de enfermería se dedican básicamente a actividades encuadradas dentro de esa definición.
El Royal College of Nursing británico se define diciendo que representa y apoya "a las enfermeras y a la enfermería" y ello se traduce -es una organización de afiliación voluntaria- en que representa "a unas 400.000 enfermeras, trabajadores de apoyo a la asistencia sanitaria y estudiantes de enfermería". [representing around 400,000 nurses, health care support workers and nursing students]. Es decir, que permite y alienta la colegiación del personal auxiliar de enfermería, sea cual sea su categoría profesional o nivel laboral. Lo mismo sucede con la New Zealand Nurses Organization, que afilia a nurses, midwives, students, kaimahi hauora, health care workers and allied health professionals. Es cierto que se trata de dos iniciativas aisladas, pero creo que reflejan lo que tenderá a pasar dentro de la enfermería en un futuro más bien próximo.
En España, las relaciones de la enfermería titulada con respecto a la enfermería auxiliar, a veces tienen algunos de los componentes desdeñosos o altaneros que caracterizan a las relaciones de los médicos con respecto a las enfermeras. Creo que no es así en el día a día asistencial, pero sí a nivel, digamos, corporativo; en el mejor de los casos, una invisibilidad absoluta del personal auxiliar. Y ese es un grave error, en mi humilde opinión. El personal auxiliar es un componente esencial de los equipos enfermeros y la enfermería titulada debería ayudarle en sus procesos de cualificación. Si las enfermeras desean ir accediendo a competencias, funciones y tareas de mayor complejidad y cualificación, es imposible que ello se haga realidad si algunos de los contenidos profesionales tradicionales no son asumidos por otro personal; y de forma natural éste sería el personal auxiliar.
Así que, en mi opinión, la expresión Personal de Enfermería incluye a dos grandes colectivos que entre ambos acogen a más de 350.000 efectivos en España, una fuerza poderosa que debería tratar de alinear un poco sus visiones de presente y de futuro y unir sus fuerzas porque muchos de sus intereses y preocupaciones son comunes. Otra cosa es la Profesión de Enfermería o Profesión Enfermera, que se refiere exclusivamente a las enfermeras tituladas. Ya advertí en una de las primerísimas entradas de este blog que utilizar Personal de Enfermería como equivalente a personal de enfermería titulado no es sino un rancio "negacionismo", de raíz un tanto elitista.
En todos los países que conozco (excepto Portugal, donde no existe el estamento auxiliar, ya que todo el personal de enfermería es titulado), la enfermería se estructura en diferentes niveles, a veces sólo dos, como en España, a veces más, incluyendo a veces incluso a personal sin formación específica (nuestros celadores, aunque ahora creo que tienen un nombre más rimbombante y neutro). España no es una excepción; es cierto que los técnicos especialistas (análisis clínicos, anatomía patológica, etc.) no son personal de enfermería, aunque sean "de la rama sanitaria", porque no prestan cuidados de enfermería, pero sin duda alguna para mí, y hasta el jueves creí que para todas las enfermeras, sí lo son las auxiliares de enfermería.
Probablemente Carlos se ciñió literalmente a la clasificación contenida en la Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias, que encuadra a las auxiliares en el grupo de "profesionales del área sanitaria de formación profesional" y no vuelve a referirse a ellas para nada. Pero lo cierto es que el título académico que habilita a las auxiliares de enfermería para ejercer profesionalmente es el de "Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería", que resulta bastante elocuente de los contenidos de su trabajo: los cuidados (auxiliares) de enfermería. Su dependencia funcional es del personal de enfermería titulado, las enfermeras, y su dependencia laboral es de los mandos intermedios de enfermería (asimismo enfermeras), cosa que no sucede así en el caso de otros colectivos que trabajan estrechamente con la enfermería, como los administrativos, los trabajadores sociales...
Si los cuidados enfermeros tiene como fin "ayudar al individuo sano o enfermo en la realización de aquellas actividades que contribuyan a su salud o recuperación (o una muerte tranquila) que realizaría sin ayuda si tuviese la fuerza, voluntad o conocimiento necesario, haciéndolo de tal modo que se le facilite su independencia lo más rápido posible" (Henderson), es evidente que, aunque sea en tareas subalternas o poco cualificadas, las auxiliares de enfermería se dedican básicamente a actividades encuadradas dentro de esa definición.
El Royal College of Nursing británico se define diciendo que representa y apoya "a las enfermeras y a la enfermería" y ello se traduce -es una organización de afiliación voluntaria- en que representa "a unas 400.000 enfermeras, trabajadores de apoyo a la asistencia sanitaria y estudiantes de enfermería". [representing around 400,000 nurses, health care support workers and nursing students]. Es decir, que permite y alienta la colegiación del personal auxiliar de enfermería, sea cual sea su categoría profesional o nivel laboral. Lo mismo sucede con la New Zealand Nurses Organization, que afilia a nurses, midwives, students, kaimahi hauora, health care workers and allied health professionals. Es cierto que se trata de dos iniciativas aisladas, pero creo que reflejan lo que tenderá a pasar dentro de la enfermería en un futuro más bien próximo.
En España, las relaciones de la enfermería titulada con respecto a la enfermería auxiliar, a veces tienen algunos de los componentes desdeñosos o altaneros que caracterizan a las relaciones de los médicos con respecto a las enfermeras. Creo que no es así en el día a día asistencial, pero sí a nivel, digamos, corporativo; en el mejor de los casos, una invisibilidad absoluta del personal auxiliar. Y ese es un grave error, en mi humilde opinión. El personal auxiliar es un componente esencial de los equipos enfermeros y la enfermería titulada debería ayudarle en sus procesos de cualificación. Si las enfermeras desean ir accediendo a competencias, funciones y tareas de mayor complejidad y cualificación, es imposible que ello se haga realidad si algunos de los contenidos profesionales tradicionales no son asumidos por otro personal; y de forma natural éste sería el personal auxiliar.
Así que, en mi opinión, la expresión Personal de Enfermería incluye a dos grandes colectivos que entre ambos acogen a más de 350.000 efectivos en España, una fuerza poderosa que debería tratar de alinear un poco sus visiones de presente y de futuro y unir sus fuerzas porque muchos de sus intereses y preocupaciones son comunes. Otra cosa es la Profesión de Enfermería o Profesión Enfermera, que se refiere exclusivamente a las enfermeras tituladas. Ya advertí en una de las primerísimas entradas de este blog que utilizar Personal de Enfermería como equivalente a personal de enfermería titulado no es sino un rancio "negacionismo", de raíz un tanto elitista.
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sábado, 26 de febrero de 2011
El líder máximo y las auxiliares de enfermería
En el debate posterior a la conferencia ante la Asociación Nacional de Informadores de la Salud del pasado martes del líder máximo fue la primera vez que personalmente leí algo suyo acerca del colectivo de auxiliares de enfermería y menos en un sentido tan explícito como el siguiente:
Estamos hablando ahora mismo de que estamos en crisis económica. Las sustituciones no se están cubriendo en los hospitales por personal eventual. Y estamos hablando de un crecimiento. Bueno, aquí hay un círculo vicioso importante que hay que debatir.
E, insisto, esto sólo se puede hacer desde una planificación de futuro (...) Y esto hay que hacerlo sentados en una mesa. Desde la generosidad de todos. Cuando hablo de todos, hablo de todos. Hablo de médicos hacia enfermeros y hablo de enfermeras hacia personal auxiliar de enfermería también (...) No, mire usted, seguramente tenemos que asumir nuevas competencias. Y tendremos que delegar otras competencias también para que el sistema sea sostenible.
Nota.- No puedo dejar el enlace a la transcripción literal porque ha sido un buen amigo quien me ha reenviado el Sanifax del 23 de febrero, que es de donde he obtenido la transcripción del debate posterior a la intervención de MGJ.
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jueves, 27 de enero de 2011
Los 'lapsus negacionistas' de Cecova y Satse

He acuñado el término 'negacionista' para denominar aquellas actitudes, normalmente inconscientes, que niegan a las auxiliares de enfermería su cualidad de colectivo que forma parte de la enfermería. Será ocupación, en vez de profesión; será enfermería no titulada o enfermería auxiliar, como se quiera, pero sin duda prestan cuidados de enfermería y por ello son enfermería.
Hay una parte de la profesión, empezando por muchos de sus representantes corporativos, que ha venido tratando a las auxiliares con la misma displicencia y arrogancia que una parte de la profesión médica a las enfermeras. No entiende que, además de formar equipos en los centros, ambos colectivos deberían formar una coalición con muchos intereses comunes -nunca serán todos, claro- en beneficio de una mejor y mayor consideración interna y externa de la enfermería.
En el Reino Unido, el Royal College of Nursing, lo más parecidoa nuestros colegios profesionales (aunque, eso sí, de afiliación voluntaria) admite como afiliados a lo que denominan Health care support workers, categoría muy amplia que recoge a diferentes colectivos, pero sin duda entre ellos al equivalente a nuestras auxiliares de enfermería.
Sin embargo, no es infrecuente encontrar 'lapsus negacionistas', como en este comunicado conjunto del Cecova y Satse, en el que, al margen de lo adecuado o no de su denuncia, se produce en dos ocasiones: primero denuncian que las auxiliares de enfermería están realizando tareas que "sólo las puede llevar a cabo personal de enfermería"; y más adelante, el comunicado lamenta que "no se haya contado con personal de enfermería para realizar las tareas descritas".
Después de todo, parece que sí se ha contado con personal de enfermería, sólo que quizás no con el más adecuado...
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