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martes, 2 de octubre de 2012

Camino de Arabia

El Consejo General de Enfermería [CGE] convocó la semana pasada una rueda de prensa multi-temática. Entre otros temas, presentó unos datos sobre desempleo enfermero, más o menos correctos, correspondientes al último mes 'ordinario' (mayo), cifrando en 16.375 (16.575 en realidad, ya que no tomaron en cuenta a las enfermeras especialistas) las enfermeras inscritas como demandantes de empleo, es decir, un 6.8% si se estima, como hace el CGE, que la población activa de enfermeras aciende a 240.000. En realidad un porcentaje muy pequeño comparado con el de la población activa general (24%), pero sin duda un serio problema para la profesión.

Para completar el panorama y poder calibrar más realistamente las perspectivas de evolución (muy especialmente por parte de los profesionales que están actualmente en situación de desempleo o de extrema precariedad), es preciso disponer de algunas cifras concretas (que requieren un poco más de esfuerzo que limitarse a descargar y mirar los informes mensuales del Servicio Público de Empleo Estatal, todo hay que decirlo):
  • El año pasado (2011) se diplomaron 10.046 enfermeras.
  • Este año (2012) se graduarán unas 840 enfermeras de tres universidades (Zaragoza, Católica de Murcia y Europea de Madrid) que comenzaron a impartir el Grado en el curso 2008-2009.
  • También se diplomarán unas 4.250 enfermeras de las 21 universidades que siguieron impartiendo la diplomatura hasta el curso 2009-2010 y no implantaron el grado hasta el curso siguiente.
  • En total y redondeando, se incorporará al mercado laboral un stock de 5.100 profesionales, prácticamente la mitad que el curso anterior.
Lógicamente, esta brusca reducción, junto con unas tasas de jubilación que no deberían sufrir alteración porque no son coyunturales, y un volumen de homologaciones de títulos extranjeros que se está reduciendo a marchas forzadas (1.243 en 2008; 923 en 2009; 683 en 2010, último año disponible), harán que un porcentaje no desdeñable del desempleo enfermero pueda ser reabsorbido, incluso en esta época de poda salvaje del empleo público.

De  hecho, es la primera vez en los últimos cuatro años que la tasa interanual de variación (lo que varía el dato de un mes en comparación con los datos del mismo mes del año anterior) es más baja en agosto (88%), que en julio (95%); y la primera vez que se reduce en los ocho meses que van de año (hasta agosto, último mes disponible).
  • Enero: 51%
  • Febrero: 52%
  • Marzo: 57%
  • Abril: 79%
  • Mayo: 85%
  • Junio: 88%
  • Julio: 95%
  • Agosto: 88%

Es relativamente fácil predecir que en agosto se ha comenzado una dinámica positiva en términos de reducción del desempleo enfermero que se confirmará previsiblemente con los datos de septiembre (que se publicarán en torno al día 15 de octubre) si no hay nuevas catástrofes políticas. No puedo afinar más los datos porque me faltan los de enfermeras que se jubilan, que no se encuentran disponibles en ningún organismo, ni público ni colegial (no creo siquiera que existan).

Pero si además tenemos en cuenta que en 2013 se graduarán (ya no habrá diplomados) únicamente unas 6.000 enfermeras, me temo que la idea de llenar los vagones de venta de ganado enfermero a Europa, a la que el CGE pretende exportar 13.000 cabezas, se va a quedar en una quimera (es lo que tiene no hacer estudios de mercado rigurosos antes de embarcarte en un negocio y dejarte guiar por las ocurrencias).

Si yo fuera una enfermera en paro pensaría que las cosas están  mejor hoy que ayer y que mañana lo estarán  mejor que hoy. Cosa de agradecer en estos momentos en los que para el conjunto de la población no parecen existir todavía brotes verdes.

Pero no, es más solemne, viste mejor, tratar de acojonar al personal en  momentos ya de por sí difíciles (y, naturalmente, tratar así de hacer caja con nuevos productos como el flamante EURONURSING getting employed).

En cualquier caso, para quienes les interese, esta es la evolución del desempleo enfermero en los últimos cuatro años (clickar para agrandar):




Pero, finalmente, la rueda de prensa también tuvo su momento Club de la Comedia cuando el presidente del CGE anunció la oferta de importación de ¡¡ 100.000 !! enfermeras españolas realizada por Arabia Saudí, noticia que tuvo una amplia repercusión en los medios de comunicación serios. Por eso, por serios, ninguno, que yo sepa, se ha descojonado con la chistosa ocurrencia del CGE. Dice la prensa que "el Consejo General de Enfermería, que ha recibido ahora la masiva oferta del país asiático, rechazó el ofrecimiento por «la condición de la mujer» por esos lares. Lo reveló ayer el presidente del Consejo, Máximo González Jurado. Y la negativa se produjo pese a la promesa de las autoridades saudíes de «relajar un poco la situación»".

Vamos, que si hubiera sido el Reino Unido, Australia, Canadá u otro país más civilizado en cuanto a la situación de las mujeres  -y en los que existe un severo problema de falta de enfermeras-, en vez de la teocracia alauita quien hubiera realizado la solicitud, ya estábais 100.000 haciendo las maletas. Sí o sí. Aquí hay alguien que ha perdido la cabeza  -y el sentido del ridículo-  y me  temo que está más cerca de la Mezquita de Córdoba que de La Meca.

lunes, 10 de septiembre de 2012

¡Qué atrevida es la ignorancia!

Hace unos días, en el marco de unas jornadas financiadas por COFARES en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, bajo el título Cartera de servicios en las oficinas de farmacia, el presidente en funciones del Consejo General de Enfermería, Máximo Antonio González Jurado, quiso presentar una imagen de estadista de la que, lamentablemente, carece (y ha carecido siempre, solo que antes parecía darse cuenta y no se salía del palique prescripción-especialidades-grado). Y, aunque la mesa en la que participaba se llamaba ¿Qué tenemos y qué queremos tener como prestación farmacéutica?, se marcó un discurso político de salón, cuyo argumento básico es el siguiente: "Si (sólo) el 58% del SNS son gastos de personal y farmacia, el sistema no funciona".

Quería decir con ello, como bien glosó el equipo de comunicación del Consejo, que "no es admisible que sólo un 58% del gasto sanitario público esté destinado al gasto en personal y en farmacia, mientras el 42% esté destinado a otros gastos no siempre imprescindibles". Más en concreto, como resaltó un periodista a sueldo del Consejo (portada: "excelente intervención"; entradilla del amplio resumen de cuatro páginas: "estuvo realmente brillante") en el Sanifax del 5 de septiembre:
Tengo aquí unos datos que acabo de ver hace un momento que me acaban de entrar [sic] y que me dejan sorprendido. De 70.000 millones de euros que es el gasto sanitario público del Sistema Nacional de Salud, el gasto en personal son 30.000, el 43%. Y en farmacia, 10.600, el 15%. Estamos hablando de que el 58% es gasto de personal y gasto de farmacia. Por lo tanto, es un fraude. Si estamos diciendo que hay un cuarenta y tantos por ciento que no es ni personal ni farmacia, evidentemente hay que hacérselo ver [sic]. Esto no funciona (...) El gasto corriente es inaceptable. Mientras, se ha echado a 15.000 enfermeras a la calle en un año, eso sí que deteriora es sistema sanitario, la prestación, sin ninguna duda."
El mensaje populista es que más allá de personal y farmacia, que sólo suponen el 58% del total, el 42% restante, "no siempre imprescindible", se destina a "gastos corrientes inaceptables" y hasta fraudulentos.

Veamos los últimos datos oficiales (provisionales) facilitados por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, correspondientes a 2010. Según ellos, el gasto total del SNS fue de 69.169 millones de euros. De ellos, 31.038 millones (44.9%) fueron destinados a gastos de personal y 13.380 (19.3%), a farmacia (recetas). Ello suma 44.418 millones, un 64.2% del total, no un 58% como afirma González.

Pero es que el gasto en farmacia (el único que, junto con el destinado a retribuir al personal le parece razonable al ilustre ponente) no es sólo el que se origina con la prescripción en recetas; habrá que  tomar en consideración el consumo farmacéutico que producen los pacientes hospitalizados (o dejar de medicarles si se juzga un gasto "prescindible"), es decir, el gasto en farmacia hospitalaria, que ascendió en 2010 a 5.800 millones, un 8.4% del gasto total, con lo cual ya hemos explicado un 72.6% del gasto "razonable" a juicio del experto.

¿En qué dispendios fraudulentos se malgasta el resto? Por ejemplo, 7.400 millones, un 10.7% del gasto total, en conciertos hospitalarios; y 1.340, otro 1,9%, en traslados de pacientes, prótesis y aparataje terapéutico. Así que ya tenemos explicado nada menos que un 85,2% del gasto sanitario total en cosas que supongo que no le parecerán "inaceptables", y menos "fraudulentas" a nuestro insigne estadista.

Otra cosa, naturalmente, es el grado de eficiencia en el consumo de los recursos que explican el gasto, sean de personal, de farmacia o de conciertos. Pero lo cierto es que González se inventa la realidad según le conviene, para tratar de aplastar preventivamente a quien cuestione su irreal discurso. Se inventa una situación mucho más grave de lo que ya es para justifticar que "a grandes males, grandes remedios",  aunque naturalmente no pone una sola propuesta concreta encima de la mesa.

Además, por si faltara algo, comparando el porcentaje de gasto asistencial directo (personal, farmacia, conciertos, prótesis...) en 2002 , que suponía un 82.4% del total, con el 85.2% de 2010, vemos que ha aumentado casi tres puntos porcentuales. Lo cual evidenciaría, siempre según esta miope mirada, que el sistema estaría mejorando su eficiencia. Estos son los datos:


Finalmente, en cuanto a las 15.000 enfermeras despedidas en un año, que hace cuatro meses eran entre 9.500 y 10.000 (aunque también entonces era un dato inventado, como ya señalé en esta entrada del blog), se trata de otra estupidez. Veamos las estadísticas oficiales del Servicio Público de Empleo Estatal:

En mayo de 2011 había 8.918 enfermeras inscritas como demandantes de empleo en las oficinas de empleo autonómicas, mientras que en el mismo mes de 2012 había 16.575, 7.657 más. En junio de 2011 había 7.163 y en junio de 2012, 13.595, es decir, 6.947 más. Y en julio, último mes disponible, en 2011 había 4.144 inscritas y en 2012, 8.133, 3.989 más. Nunca, ni por asomo, nada que se acerque ni a 9.500, ni a 10.000, ni mucho menos ¡a 15.000!

Lo dicho: ¡qué atrevida es la ignorancia!

lunes, 16 de julio de 2012

Sitios de interés: Sobre la enfermería canadiense

Hace una tres semanas comentaba, en una entrada titulada Hay quien hace sus deberes (y quien no), un documento publicado por la Comisión Nacional de Expertos de la Asociación Canadiense de Enfermeras [CNA's National Experts Comission, NEC] titulado A nursing call to action. Un documento de lectura muy recomendable.

Pero es que el trabajo de la NEC no se limita a la edición de este breve libro blanco, sino que tiene otras tareas permanentes y su web alberga gran cantidad de información útil generada por la propia Comisión para conocer los progresos de la enfermería canadiense que, me consta, es mirada con bastante atención por muchos estudiosos de la enfermería en España y Latinoamérica.

Aunque es lógico que esta información esté muy centrada en la sociedad y los servicios de salud canadienses, también es cierto que es muy descriptiva de la situación en los países desarrollados y por tanto en el nuestro (en el supuesto de que sigamos siéndolo aún y no hayamos pasado aún a ser un país en vías de subdesarrollo gracias a nuestros queridos que se jodan).

Por ejemplo, tienen una serie de fact sheets [hojas informativas] sobre numerosos problemas de salud y enfermedades, estadísticas o determinantes de salud. También tienen tres documentos muy interesantes: Better Health, Better Care y Better Value, que son un desarrollo de su lema fundacional: Better health, better care, better value. Best nursing.

Pues eso: Más salud, mejor asistencia, más valor. La mejor enfermería.

¡Ah, y los documentos están disponibles también en francés!


PS.- Si alguien está también interesado en aspectos más generales de los servicios de salud canadienses, resulta muy recomendable la web de la Canadian Health Services Research Foundation, una organización independiente, especialmente  -por lo que atañe a la enfermería-  su interesante informe sobre la reforma de la enfermería en los hospitales de Ottawa, por el hecho de que, si bien existe mucha divulgación sobre reformas de la enfermería en atención primaria y sociosanitaria, es muy escasa en la hospitalaria.

martes, 12 de junio de 2012

¿Encarnizamiento terapéutico?

Preparando los materiales para el debate de esta tarde en Bsalut, he generado unos gráficos que son un tanto llamativos. Están extraídos de la explotación del CMBD hospitalario en la web del Ministerio de Sanidad y se refieren a la forma en que están creciendo los procedimientos médicos, en general, pero más particularmente sobre la población de mayor edad. Este es el primero:


En el gráfico vemos cómo entre 2000 y 2010 el número de procedimientos ha crecido un 66% para el conjunto de la población, pero que entre los mayores de 65 años creció algo más, un 91%. Y que entre la población anciana, de 75 años y más, creció nada menos que un 143%.

Podría argumentarse que ello es debido a dos factores: que cada vez hay más población anciana y que el número de ingresos hospitalarios también lo hace. Pero no es así más que en una fracción pequeña:


Frente a ese 143% de incremento, la población de 75 años y más, a nivel nacional, 'sólo' creció  un 38% y los ingresos (altas) hospitalarios, algo más, pero aún muy lejos de aquella tasa, un 60%. Por cada anciano ingresado en un hospital el número de procedimientos médicos aplicados era de 1.9 en 2000, pasó a 2.4 en 2005 y llegó hasta 2.8 en 2010. Es decir, que en 11 años (2000-2010) el número medio de procedimientos por alta creció un 47%, una evolución muy similar a la de la población general:


Lo que nos indican los gráficos es que la actuación de muchas especialidad hospitalarias está siendo cada vez más intensa: efectivamente, cada vez se aplican más procedimientos a cada paciente ingresado. Habrá que analizar los datos más en detalle para disponer de una panorámica más detallada, a ver si alguien (con más tiempo que yo) se anima.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Las notas de Barcelona: (2) Los cuidados de larga duración

El pasado 18 de mayo pronuncié la conferencia de clausura
del Congreso de la Asociación de Enfermería Comunitaria,
en Barcelona. Reproduzco aquí las notas que me sirvieron para
amenizar durante 70 largos minutos a la sufriente audiencia
(para que no me odien también los lectores del blog las he dividido
en cinco entradas. Esta es la segunda entrega; la primera, aquí).




2. El problema de los cuidados de larga duración

Según los últimos datos disponibles publicados por la OCDE (Health at a glance 2011), entre 2000 y 2009 el PIB de los países incluidos en el análisis creció a un promedio anual del 1,5% y el gasto sanitario público a una tasa casi tres veces superior, del 4,4%. Pero, dentro de este último indicador, el gasto sanitario de los cuidados de larga duración [CLD] lo hizo a una tasa interanual del 8%, casi el doble. Es España la situación es aún más preocupante: el PIB creció de promedio anual en menos de un punto porcentual (0,8), el gasto sanitario público global lo hizo casi al 6% y el gasto sanitario en CLD, nada menos que al 22% interanual.



Es evidente que tenemos un serio problema con la atención a un sector concreto y creciente de población: el de las personas de mayor edad que con el paso del tiempo van sufriendo la amenaza de nuevos factores de riesgo y enfermedades crónicas, así como un deterioro en sus capacidades funcionales que las van convirtiendo en personas dependientes, muchas veces institucionalizadas, y en pacientes con un elevado consumo de recursos sociosanitarios.



Este problema, evidentemente, no es sólo de carácter financiero, predomina el componente humano, pero en esta época de profunda crisis del modelo europeo de desarrollo y bienestar la dimensión económico-financiera se sitúa en un primer plano desde cualquier perspectiva de análisis: sin base financiera no hay humanidad, simplemente porque no hay cuidados ni profesionales que los presten.



Los españoles tienen a los 65 años una esperanza de vida de unos 20 años (22 las mujeres y 18 los hombres). Simplificando y redondeando, podemos dividir estos años restantes de vida en tres fases: unos siete u ocho los vivirán en una etapa inicial, en buena forma, con problemas de salud puntuales. En la fase intermedia, durante los siguientes ocho o nueve años, empezarán a experimentar progresivamente problemas de salud que se cronifican, así como la aparición de discapacidades funcionales y/o sociales. Y en la fase final o terminal, en los pocos últimos años de su vida, su estado de salud objetivo y subjetivo y sus capacidades funcionales se verán tan mermadas que se convertirán en personas dependientes de su entorno personal y de los servicios sociales y sanitarios, normalmente con un importante deterioro de su calidad de vida.



Por lo general, la primera de estas fases o etapas, la vejez sana, se vive en familia y el consumo de recursos sanitario es moderado, probablemente mayor que el de 20 ó 30 años antes, pero menor que el que ocasiona cada uno de sus nietos, básicamente medicamentos de mantenimiento y eventual atención médica ante procesos agudos.



En la fase intermedia, de cronificación, el deterioro de la salud y de las condiciones físicas sigue siendo manejable en la comunidad (familia, pero también dispositivos residenciales) y aunque el consumo de recursos sanitarios se intensifica mucho, se produce básicamente en los servicios de proximidad (polifarmacia, atención primaria y consultas ambulatorias especializadas).



Finalmente, en la última etapa, de dependencia, ya resulta muy difícil mantenerse como un miembro activo de la comunidad y son mucho más frecuentes los ingresos hospitalarios por urgencias y crecientemente prolongados los episodios de internamiento, muchas veces como consecuencia de complicaciones de los tratamientos médico-quirúrgicos; el consumo sanitario, por tanto, no sólo es mucho más intensivo, sino que se traslada hacia los servicios terciarios, mucho más caros.



Algunos datos interesantes, siempre según la OCDE y siempre referidos a las personas mayores de 65 años: España ocupa el tercer lugar, entre los 33 países de la OCDE, en cuanto a esperanza de vida, pero desciende al puesto 13 cuando nos referimos a expectativa de años de vida saludables. Ocupamos un modesto puesto 18 atendiendo a quienes consideran su estado de salud como bueno. Sin embargo, a pesar de esta posición discreta en cuanto a la salud objetiva y subjetiva, sólo ocupamos el puesto 20, de 22, en porcentaje de mayores recibiendo CLD y el 18 por lo que respecta al porcentaje de CLD dispensados en establecimientos residenciales. Y, finalmente, somos uno de los últimos (25º) en camas en funcionamiento (residenciales y hospitalarias) para CLD.



De manera complementaria, somos el segundo país en mayor porcentaje de personas que se declaran cuidadores informales de personas dependientes y también el segundo atendiendo al número de horas semanales que dedican estos cuidadores informales a los cuidados. Y ocupamos un más que modesto puesto decimocuarto (de 25) en relación a los recursos humanos disponibles para la población atendida en CLD.



Todos estos datos pintan un panorama elocuente: los CLD en España descansan básicamente en las familias, lo cual explica el raquítico desarrollo de nuestro sector residencial, tanto público como privado. Nuestro país optó en su momento por un modelo de CLD basado en la familia, a diferencia de la mayoría de los países de nuestro entorno, que lo hicieron por un modelo más residencial (los países nórdicos como paradigma, pero también nuestro vecino Portugal sin ir más lejos). Y ello tiene sus ventajas, sin duda, pero también inevitables consecuencias económicas.



Suele hablarse mucho del hiperconsumismo sanitario de los españoles, al parecer con unos deseos irrefrenables de acudir a la consulta de su médico. Efectivamente, España es el quinto país de la OCDE en frecuentación de la AP. Pero sucede que cuatro de los cinco países que encabezan este ranking, incluida España, se sitúan a la cola en cuanto al porcentaje de personas que reciben cuidados profesionales de larga duración.



Es decir, que buena parte de nuestra elevada frecuentación de las consultas de AP se relaciona de manera directa con nuestra opción por el modelo familiar de CLD, frente al modelo residencial preponderante en la mayor parte de los países desarrollados. Cada modelo tiene sus ventajas, repito, pero existen hechos objetivos que repercuten directamente en el consumo de recursos sanitarios.



Los cuidadores informales carecen en general de formación (y están demasiado implicados emocionalmente) como para detectar problemas de salud emergentes que sí son mucho más susceptibles de ser detectados y tratados a tiempo por el personal de los centros sanitarios, filtrando mucho las derivaciones a los centros de salud y evitando en buena medida las urgencias hospitalarias cuando ya es demasiado tarde para una intervención de la AP. Por otro lado, muchos dispositivos residenciales de CLD disponen de profesionales sanitarios que pasan la consulta médica ordinaria en los propios establecimientos, lo cual sirve como dispositivo de detección precoz de complicaciones de salud y, por tanto, como aliviadero a los sobrecargados servicios de atención primaria.



El principal reto sanitario al que nos enfrentamos hoy consiste en tratar de evitar que un porcentaje creciente de personas en la etapa de cronificación (‘pacientes a tiempo parcial’, por decirlo de una manera gráfica) pasen a engrosar las filas de los ‘pacientes a tiempo completo’, dependientes y/o institucionalizados y que permanezcan tratados y cuidados en la comunidad o en dispositivos sociosanitarios.



Y es muy difícil que con los actuales modelos organizativos y competenciales, especialmente en la AP, pueda siquiera plantearse. La asistencia médica a personas ancianas con pluripatologías crónicas implica muchas veces la participación activa de un número variado de médicos especialistas de diversas especialidades diferentes. Dado que no existe comunicación real entre ellos y que una historia clínica compartida o portable sigue siendo una quimera, cada especialista debe confiar exclusivamente en la capacidad de los pacientes o sus familiares para documentar los diagnósticos y tratamientos que reciben de los demás médicos por cuyas consultas desfilan. Por ello, siempre se pensó que el médico de cabecera debería asumir un rol de coordinación de todos los recursos profesionales desplegados en cada caso, pero sucede que el médico de AP tampoco dispone de canales de comunicación con los diferentes especialistas que pueden atender y tratar a su paciente y que él mismo depende también de la información que le suministre el propio paciente o su familia.



Si además tenemos en cuenta la saturación de los centros de AP, el escaso tiempo del que disponen los médicos de familia para prestar atención a cada paciente y su deficiente ‘cultura del desplazamiento’ (a los hogares o a otros dispositivos asistenciales), resulta evidente que el reto de los CLD no puede ser enfrentado tomando a los médicos de AP como referente profesional. Probablemente, ni siquiera debería serlo. Un médico que tarda unos 11 años en formarse debería ocuparse de tareas para las cuales es indispensable haberse formado durante 11 años y de aquellas otras que inexcusablemente se relacionan y no son delegables. El resto es desperdicio de recursos. Como desperdicio de recursos es asimismo disponer de personal de enfermería con formación universitaria de cuatro años a la que se impide ejercer hasta el límite de sus competencias adquiridas mediante la formación, experiencia y, de manera creciente, especialización durante dos años adicionales.

martes, 24 de abril de 2012

Algunas notas sobre enfermería y (des)empleo

Un curioso e interesante artículo publicado hace apenas unos días en el New England Journal of Medicine, titulado Registered Nurse Labor Supply and the Recession — Are We in a Bubble? [oferta laboral de enfermeras y recesión: ¿estamos ante una burbuja?] revela una paradoja que se produce sistemáticamente durante las crisis económicas graves: mientras que se destruye empleo en todos los sectores productivos, en el sector sanitario crece significativamente. Se trata de un análisis sobre lo que sucede en Estados Unidos, pero probablemente debe suceder en todos los países desarrollados en los que la población activa ocupada de enfermeras no es suficiente para cubrir todos los puestos de trabajo que demanda el sector sanitario, el famoso nursing shortage al que nos referimos en la entrada del pasado viernes, aunque entonces hablábamos del Reino Unido.

Durante los 18 meses de recesión que van de diciembre de 2007 a mayo de 2009, se perdieron en Estados Unidos 7,5 millones de empleos. Sin embargo, en el sector sanitario se crearon 428.000, de los cuales casi el 60% (243.000) correspondieron a enfermeras.

La principal razón que dan los autores del trabajo es que, además de ser la enfermería una profesión con una aplastante mayoría de mujeres, siete de cada diez de ellas están casadas y muchas de las que pueden permitírselo gracias al trabajo de sus parejas, deciden abandonar la profesión cuando empiezan a tener hijos. En general, mientras pueden permitírselo, no se reincorporan mientras sus hijos son dependientes o lo hacen en empleos a tiempo parcial sin la esclavitud de turnos, guardias, trabajo en festivo, rotaciones, etc. que hace muy difícil conciliar ambos mundos, el laboral y el familiar.

Pero cuando la crisis económica golpea, muchas de las parejas de estas enfermeras inactivas pierden sus empleos y las mujeres deben compensar la pérdida de ingresos familiares reincorporándose a un mercado laboral que no se ve afectado por la crisis de empleo: allí no hay 'recortes' porque los centros sanitarios no pertenecen a administraciones públicas, sino a empresas privadas que deben ser competitivas; por tanto, para sus directivos una planta de hospitalización no es  -como para nuestros queridos manostijera carpetovetónicos-  un gasto, sino un recurso competitivo para atraer y atender a sus clientes, es decir, para hacer negocio, ya que la demanda de servicios de atención a la salud apenas se ve afectada por las crisis.

Nos encontramos, pues, ante un comportamiento anticíclico con todas las de la ley, ya que cuando la economía y el empleo se recuperan muchas de estas enfermeras van volviendo paulatinamente a su anterior situación de inactivos y se vuelve al nursing shortage. Hasta la próxima crisis.


En países como España las cosas, sin embargo, no son así ya que los mecanismos de ajuste del mercado público de trabajo ante la crisis económica (presupuestaria) son muy diferentes, absolutamente inflexibles, por lo que deben acudir al mecanismo más elemental: un downsizing basado especialmente en el empleo.

Me alarmó mucho la información del Sindicato de Enfermería - Satse de que el desempleo en enfermería ha crecido nada menos que un 51,6% con respecto al pasado año, hasta alcanzar los 15.841 demandantes de empleo (en términos técnicos, paro registrado). Y como me alarmó, me interesó y quise echar una ojeada a los datos originales que proporciona el Servicio de Empleo Público Estatal (el trozo del antiguo INEM que le correspondió a la administración central en el reparto).

Los datos actualizados a marzo de 2012 hablan de 16.844 enfermeras demandantes de empleo, de las cuales 14.131 son enfermeras de cuidados generales [ECG] y  2.713, enfermeras especialistas [EE]. Los datos pueden consultarse aquí, pulsando en la 'E' para 'enfermera especialista' y 'enfermera' y en la 'M' para 'matronos' [sic].

Mirad estos datos que he preparado (clicar para agrandar):

 

Mientras que el 28% de las enfermeras de cuidados generales desempleadas son mayores de 45 años, sólo el 6% de los contratos realizados en marzo correspondieron a este colectivo. Por el contrario, los demandantes menores de 30 años suponen el 59% de las enfermeras desempleadas, pero el porcentaje de contratos de trabajo firmados por miembros de este colectivo etario suponen el 65%. Los datos para especialistas los tenéis en la tabla (como el SEPE sólo facilita porcentajes, no puedo agregar y unificar los datos de los tres colectivos); en el caso de EE (sin matronas), los datos son prácticamente iguales que los de las ECG, lo que significa que sólo en el caso de las matronas se está absorbiendo la demanda de los mayores de 45 años (9% de los desempleados y 16% de los contratos firmados), muy probablemente porque hay un porcentaje de demandantes de mayor edad mucho más pequeño y, por  tanto, es más absorbible.

Ello significa claramente que el fuerte aumento interanual del desempleo (44% para la ECG, 88% para las matronas y 122% para el resto de especialistas) no se produce tanto porque no pueda absorberse la demanda del sector más joven de la profesión, sino porque se está produciendo un efecto 'embalsamiento' en la población de mayor edad que está acudiendo, sin duda espoleada por la crisis, a solicitar empleo sin mucho éxito. Hay que recordar que para inscribirse en la bolsas de empleo público es imprescindible estar inscrito como demandante, sea de nuevo o de mejor empleo.

La razón última no es, naturalmente, que en España 'sobren' enfermeras y se esté aprovechando la crisis para aligerar las plantillas. Las más que preocupantes tasas de crecimiento del desempleo enfermero, sin duda superiores al 50% interanual, son consecuencia de la acumulación de dos factores: a) los recortes presupuestarios que están realizando todos los servicios de salud, que tienen una especial repercusión negativa sobre el empleo no fijo; y b) la comentada acudida masiva de enfermeras de mayor edad, hasta ahora 'amas de casa', al mercado laboral para tratar de volver a ser activos ocupados.

Dos últimos comentarios:
  • Las buenas noticias: si calculamos en 180.000 las enfermeras tituladas asistenciales en activo, la tasa de desempleo enfermero sería del 8%, muy muy lejos del 23% del conjunto del país.
  • Y las malas: el desempleo entre las auxiliares de enfermería también está creciendo, pero muy por debajo del de las enfermeras tituladas: un 26% en atención primaria y un 12% en hospitales. Eso sí, suman 57.087 demandas de empleo, un 340% más que las enfermeras. Y si calculamos en 130.000 el número de auxiliares de enfermería en activo, la tasa de desempleo sería... de un 44%.

martes, 10 de abril de 2012

Si los datos más básicos tienen tantos errores...

El periódico británico The Guardian se hace eco de una carta al director en el British Medical Journal de unos médicos, revisores estadísticos, ironizando sobre algunos datos sorprendentes extraídos de las estadísticas hospitalarias oficiales (Hospital Episode Statistics): 25.000 hombres habrían sido atendidos en los servicicos de obstetricia (17.000)  y ginecología (8.000), 3.000 adolescentes en los de geriatría y más de 1.600 adultos mayores de 30 años, en los de psiquiatría infantil.

Es evidente que se trata de errores humanos en la introducción de datos, pero sorprende la importante frecuencia, si los ponemos en relación con los datos de las estadísticas hospitalarias (que pueden consultarse aquí):  por ejemplo, los 17.000 hombres atendidos en servicios de obstetricia suponen un 2.4% del total de 709.495 primeras visitas (que es lógicamente cuando se produce el error); los 3.000 niños o adolescentes atendidos en servicios geriátricos, el 1,6% de los 183.924; y los 1.600 adultos, el 4,9% de los 32.653 usuarios atendidos en psiquiatría infantil. En conjunto, 2.33 errores por cada 100 historias clínicas abiertas.

En estos casos, a fin de cuentas, se trata de datos relativamente fáciles de detectar, por tratarse de errores absolutamente evidentes sin necesidad de mayor indagación, pero no sucede lo mismo en la gran mayoría de los servicios asistenciales, que atienden a población de todo sexo y edad. Asusta pensar que medio millón de historias clínicas del National Health Service (el 2.33% de 21.229.283) contienen errores de tanto calado como confundir el sexo y el grupo etario  -no ya sólo la edad-  de los pacientes atendidos. ¿Y del resto de datos imposibles de detectar 'a simple vista'? Asusta aún más pensarlo...

martes, 20 de marzo de 2012

Proyecto RN4CAST, primeros resultados globales

A mediados de enero dediqué dos entradas (esta primera y esta posterior) a reseñar y analizar los resultados  españoles del proyecto RN4CAST, un estudio realizado por un consorcio de instituciones (la mayor parte, universidades) de 12 países europeos, más Estados Unidos.

Hoy se publica en el British Medical Journal un resumen de los resultados nacionales (Patient safety, satisfaction, and quality of hospital care: cross sectional surveys of nurses and patients in 12 countries in Europe and the United States; podéis descargarlo aquí), permitiendo un pequeño análisis comparativo transversal. Revisarlo a fondo requerirá el acceso a los datos generales, como ya pudimos hacer con respecto a los resultados españoles (de momento, el sitio web del consorcio RN4CAST parece haberse caído), pero un primer vistazo me permite llegar a cuatro conclusiones:
  • La primera, que el número medio de pacientes atendidos por enfermera (pacientes/enfermera = 12.6) es el más alto después de Alemania; pero que si utilizamos el ratio pacientes/personal de enfermería (6.8), la situación se modera un poco (nos superan, además de Alemania, Bélgica y Polonia), algo que se explica por la elevadísima proporción, en términos comparativos, del personal auxiliar dentro de las plantillas de enfermería (en La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades, pp. 49-51, analizo esta situación con algo más de detalle).
  • La segunda, que la situación laboral de las enfermeras en España, al menos atendiendo a aspectos como satisfacción  laboral, burnout e intención de abandono de la profesión, no es comparativamente tan mala como a menudo solemos lamentar: si bien es cierto que las enfermeras españolas se sitúan en el 9º puesto (de los 12 países europeos analizados) en satisfacción laboral, ascienden a la mitad de la tabla (6º) en cuanto a burnout y se sitúan entre las mejores posiciones (3º) en cuanto a deseo de abandonar la profesión.
  • La tercera, que, a pesar de que los pacientes españoles encuestados son los menos satisfechos con los hospitales en que han estado ingresados, la valoración del trato y la información recibida de las enfermeras es comparativamente mucho mejor, bastante en la línea del resto de países analizados.
  • Y, finalmente, la investigación encuentra una clara correlación negativa entre la ratio pacientes/enfermera y la satisfacción del paciente con el hospital, así como una correlación positiva de este último indicador con los de satisfacción laboral de las enfermeras.
Cuando consiga los resultados detallados trataré de hacer una revisión más completa. Para quienes les interesen más detalles técnicos del proyecto los pueden encontrar en esta publicación.

miércoles, 29 de febrero de 2012

No es país para viejos

En el conjunto de los países de la OCDE, el gasto sanitario público total se ha venido incrementando a una tasa anual promediada del 4,4% entre 2000 y 2009; el producto interior bruto [PIB] creció mucho más moderadamente, a una tasa media del 1,5% anual. Es decir que, como es bien sabido, en los países desarrollados el gasto sanitario público viene creciendo de promedio a una tasa tres veces superior a la de la riqueza nacional.

El caso de España es aún más marcado, ya que el gasto sanitario público creció en ese mismo período a una tasa interanual del 5,8%, siete veces superior a la del crecimiento del PIB (0,8%). Pero más allá de estos datos generales, ya de por sí alarmantes, quiero hacer referencia ahora a un factor cada vez más importante de este descontrol del gasto sanitario público: los cuidados de larga duración [CLD, long-term care en el ámbito anglosajón]

Siempre hablando de gasto sanitario público, el gasto directamente sanitario en CLD ha venido creciendo en la OCDE a una tasa interanual del 7,9%, es decir, 1,8 veces mayor que la del  gasto sanitario global. Estos datos son suficientemente elocuentes acerca del creciente peso de los CLD, centrados sobre todo en una población envejecida y pluripatológica cada vez más numerosa, y acerca de sus efectos sobre el gasto sanitario público. Por ejemplo, casi uno de cada 10 españoles (3,8 millones) tiene alguna discapacidad, el 70% de ellos severa o total, según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y Situaciones de Dependencia de 2008 del Instituto Nacional de Estadística.

Pero es que el caso español resulta escalofriante, ya que, mientras el gasto sanitario público muestra un crecimiento interanual medio de un 5,8%, como ya hemos visto, el gasto en CLD lo hace... a un 21,9% anual, casi cuatro veces más. Podemos ver en el siguiente gráfico este enorme desequilibrio (los datos brutos podéis encontrarlos en los enlaces a pie de gráfico de Health at a glance 2011, de donde he extraído todos estos datos; podéis descargar el informe completo aquí):


La primera tentación, lógicamente, es relacionar esta situación con el hecho de que el nuestro sea el tercero (tras Japón y Francia), del conjunto de países analizados (33), con mayor esperanza de vida a los 65 años. Pero en Japón y Francia la tasa de crecimiento del gasto público en CLD es sólo 2,1 veces superior a la del gasto sanitario público global, así que habrá que buscar explicaciones adicionales.

Podemos encontrarla, por ejemplo, al constatar que cuando nos referimos a expectativa de años de vida saludables a los 65, España cae entonces al puesto 13 de 23. Y cuando revisamos los porcentajes de población que se considera en buen estado de salud, al puesto 18 de 31. Por el contrario, en cuanto a prevalencia de demencias en la población mayor de 60 años ocupamos el puesto 4 de 40.

También llama mucho la atención que ocupemos el puesto 20, de 22, en cuanto a porcentaje de la población recibiendo CLD y el 18 por porcentaje de la población que recibe CLD residenciales (25%, frente al 37% de promedio). Y el 25, de 27, en cuanto a camas en funcionamiento por población  -hospitalarias + residenciales-  para CLD.

También ocupamos el segundo puesto, de 16, en porcentaje de la población mayor de 50 años que se reconoce como cuidador informal y también el segundo, esta vez de 18, en cuanto a intensidad cuidadora (horas semanales dedicadas a prestar CLD informales), pero sólo el 14, de 25, en cuanto a recursos humanos profesionales por población atendida en CLD.

Si juntamos todas estas piezas del rompecabezas, podemos aventurar algo parecido a un diagnóstico: la situación de partida era tan raquítica en cuanto a los recursos públicos (y privados) dedicados a los CLD; el modelo asistencial tan dependiente de los cuidadores informales, carentes de formación sanitaria específica; y el crecimiento de la población que necesita CLD tan intenso, que se están reventando, literalmente, las costuras del sistema sanitario público.

Y que, tanto la congelación o reducción de los presupuestos públicos para atender a los beneficiarios de la Ley de Dependencia, como los recortes que se están acometiendo en los recursos asistenciales sólo pueden añadir más presión a la olla. Si alguien se cree que sin un cambio de modelo  -hasta de paradigma, diría yo-  es posible poner puertas a este campo a base de tijeretazos, es un loco peligroso que no debería andar suelto (especialmente si se mueve en coche oficial).

viernes, 24 de febrero de 2012

Sobre la 'codicia sanitaria' de los españoles y el copago

Es común atribuir, como uno de los factores fundamentales de in-sostenibilidad de nuestros servicios de salud, a la sobreutilización de los servicios sanitarios de proximidad, sobre todo las consultas de atención primaria. Aunque es cierto que los indicadores se están relajando, es claro que la frecuentación de dichos servicios en nuestro país es de las más altas dentro de la OCDE. Por ejemplo, el número medio de consultas médicas anuales por persona, que en 2003 era de 9.5, en 2006 se redujo a 8.1 y en 2009  -último año disponible-, a 7.5. Aun así, seguía siendo la quinta más alta entre los 34 países de la OCDE, sólo después de las 13.0 de Corea del Sur, las 12.0 de Hungría, las 11.2 de la República Checa y las 8.2 de Alemania, siempre según datos de la OCDE.

Lo normal es que se atribuyan estas tasas tan altas a la 'codicia asistencial' de los ciudadanos. Según esta tesis cuasi-oficial, los españoles seríamos unos viciosos sanitarios, incapaces de resistirnos ante una buena sala de espera atiborrada en el centro de salud. Pero las cosas no son tan simples. Ya he dicho en alguna ocasión que una de las explicaciones básicas a esta sobreutilización es el modelo asistencial de los cuidados de larga duración, especialmente  -aunque no sólo-  a ancianos: en España predomina el modelo informal, la asistencia en la comunidad, básicamente las familias, mientras que en muchos otros países predomina el modelo residencial, la asistencia en centros sociosanitarios. Fijaos en este gráfico (clicar para ampliar):


¿Qué países dije que sobrepasaban a España en la intensidad de utilización de las consultas médicas? Corea, Hungría, República Checa y Alemania. Pues bien, de entre los 24 países del gráfico, ordenados según su gasto en cuidados de media y larga estancia, España, ocupa el puesto 19º; Corea, el 21º; Hungría, el 22º; y la República Checa, el último, 24º; sólo Alemania ocupa un puesto menos de cola, pero aun así se trata  del 14º de 24. Es evidente que existe una correlación negativa entre gasto en cuidados asistenciales de media y larga estancia y utilización de los servicios sanitarios de proximidad.

Por si faltara algo, este artículo en el Journal of Health Services Research & Policy evidencia también la relación entre tipo de atención a la población anciana y utilización de servicios de proximidad, tanto de atención primaria como de urgencias hospitalarias, pero también de admisiones hospitalarias. Los ancianos mayores de 75 años cuidados en establecimientos residenciales utilizan mucho menos estos recursos que los cuidados en la comunidad.

España ha optado por un modelo de atención en la comunidad  -básicamente las familias-  a la población dependiente y ello conlleva necesariamente una mayor utilización de los servicios sanitarios, aunque nuestra crónica indigencia estadística haga muy difícil cuantificar exactamente qué proporción del fenómeno se explica por esta variable. Pero queda meridianamente claro que el problema no reside básicamente en la 'codicia asistencial' de los españoles y que las propuestas de establecer copagos como medida para moderar el consumo de recursos asistenciales parte, voluntaria o involuntariamente, de premisas erróneas.

jueves, 5 de enero de 2012

Que la realidad no te haga perder un gran titular

El amigo Carlos Núñez nos proporcionó ayer el enlace a una noticia que parecía  -y parece-  muy preocupante, publicada en la edición digital del tabloide británico Daily Mail. El titular es éste:


Más del 50% de las enfermeras [del Reino Unido] creen que los cuidados que prestan a los pacientes  son mediocres,o aun peores, y algunas admiten que se sienten 'avergonzadas' de su profesión.

Y me picó la curiosidad, así que después de leer la noticia me fui a la fuente primaria, el análisis de la encuesta que realizaba quien la encargó, la revista Nursing Standard, editada por el Royal College of Nursing. El titular que escogió, a su vez, fue éste:

Dennos las plantillas adecuadas para poder mejorar los estándares asistenciales.

Utilizando una técnica muy habitual en estudios de satisfacción, a los entrevistados se les pedía que valoraran la calidad de la atención que cada uno prestaba a sus pacientes (referente personal) y también la de la enfermería británica en general (referente general). Los resultados son elocuentes:


Es decir, que el 57% que considera muy mal o mal los cuidados de enfermería 'en general', se convierte en un magro 18% a la hora de evaluar la calidad de los cuidados de enfermería que personalmente proporcionan. Y el escaso 17% que los valora bien o muy bien en términos generales asciende hasta dos tercios (63%) de los encuestados. El tabloide, como es lógico, escogió el titular más noticioso, sin siquiera hacer mención del otro resultado.

Este efecto es usual: cuando somos entrevistados, siempre valoramos mejor nuestro trabajo que el del conjunto de nuestra profesión, centro o unidad. Personalmente, recuerdo perfectamente que durante la elaboración de un plan estratégico para un hospital comarcal extremeño, entonces del Insalud, realizamos una encuesta similar a médicos, enfermeras y personal no sanitario y el resultado fue exactamente el mismo: todos los servicios o unidades valoraban mucho mejor su actuación que la del conjunto de los servicios y unidades del centro; en todo estaban mejor... menos en presupuesto y plantillas.

Pero hay más en ese titular, cuando dice "y algunas admiten que se sienten 'avergonzadas' de su profesión". El 'algunas' se convierte en sólo 'una' cuando se consulta la misma fuente primaria que consultó el Mail. Es la afirmación de una sola enfermera, y además matizado. La cita exacta es la siguiente: A community nurse agreed: 'Respect has to be earned and is easily lost. I am ashamed to be a nurse at times. I endeavour to be the best nurse I possibly can.' [Una enfermera comunitaria admitió: 'El respeto hay que ganárselo y se pierde fácilmente. Hay veces en  que me avergüenzo de ser enfermera. Me esfuerzo para ser la mejor enfermera posible']. Y dice avergonzarse a causa de aquellas enfermeras que en cuanto son exigidas en su cumplimiento piden una baja o acuden a su sindicato.

Eso sí: cuando uno lee, tras el artículo, los sesentaytantos comentarios que provocó se da cuenta de un factor común a todas los profesiones: toda la culpa siempre es de los otros, nunca propia, se trate de los pésimos resultados de sus alumnos en el Informe Pisa, de los miles errores clínicos que se producen en sus servicios hospitalarios o de los déficitis de calidad asistencial a sus pacientes.

Y resulta curioso que, mientras que las enfermeras, en sus propios foros, tienden a ser muy críticas y autoexigentes, cuando se trata de opinar en abierto se produce una reacción corporativista donde no hay medias tintas: toda la culpa es de políticos, directivos, cargos intermedios, pacientes, médicos y el público en general. Mal asunto porque te conviertes en carne de cañón en cuanto se produce un solo caso atribuible directamente a tu mala praxis, tu desidia o tus  -inevitables, pero limitables-  errores humanos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

¿Cómo te sientes hoy?

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico [OCDE] lleva algunos años desarrollando su Better Life Initiative, a través de la cual trata de dar respuestas a tres preguntas básicas: ¿Están mejorando nuestra vidas? ¿Cómo pueden las políticas mejorar nuestras vidas? ¿Medimos realmente lo que queremos medir?

En la nota de prensa sobre una nueva publicación dentro de esta iniciativa, How's life?, avanza algunos resultados sobre una encuesta llevada a cabo en los 40 países miembros. No parece que los españoles destaquemos, precisamente, por ser muy optimistas o felices:


Midiendo en una escala de 0 a 10 la satisfacción con la vida, el valor más alto lo obtiene Dinamarca con 7.8; la media de la OCDE es de 6.7. Y España obtiene un modesto 6.2, situándose en el puesto 25 de 40.

Pero es que preguntados acerca de las emociones, si tienden a predominar las positivas sobre las negativas, descendemos al puesto 31, liderando, por cierto, a la mayoría de nuestros vecinos mediterráneos (Turquía, Italia, Israel, Portugal, Grecia y Eslovenia; sólo Francia  -país mitad mediterráneo, mitad centroeuropeo-  se libra.

Diríase que las cigarras mediterráneas, hedonistas, con fuertes lazos familiares y comunitarios y con soleados y benignos climas, somos mucho menos felices que las laboriosas hormigas calvinistas en sus inclementes climas sin apenas sol. Paradojas... o que la crisis golpea mucho más fuerte a las cigarras, que a las hormigas.

lunes, 3 de octubre de 2011

¿Y si pacientes y opinión pública fueran más sensatos de lo que pensamos?

Nada más publicar la anterior entrada en el blog, el viernes pasado, encontré en mi bandeja de entrada el sumario del último número de la revista Journal of the Royal Society of Medicine Short Reports y en él un artículo que hubiera resultado un espléndido colofón a aquella entrada; como algunos recordaréis, se titulaba La dura realidad: El ¿insostenible? coste de la lucha contra el cáncer y hacía referencia a un amplio (en todos los aspectos) estudio de The Lancet Oncology que defendía la necesaria modificación de una cierta 'cultura del exceso' que ha venido predominando entre los oncólogos en su trabajo clínico.

Pues bien, el artículo en cuestión se titula The views of patients and the general public about expensive anti-cancer drugs in the NHS: a questionnaire-based study ["Las percepciones de los pacientes y de la opinión pública sobre los costosos medicamentos anti-cáncer en el Servicio Nacional de Salud: estudio a partir de una encuesta]. Los cuestionarios fueron cumplimentados por dos grupos: pacientes de cáncer en seguimiento clínico y población general. Los principales resultados, resumidos muy brevemente, son los siguientes:
  • Nada menos que el 70% de los pacientes y el 64% de la población general afirman conocer la existencia y funciones del National Institute for Health and Clinical Excellence [NICE], organismo encargado de establecer las guías de práctica clínica que, entre otras muchas cosas, determinan la financiación pública de los medicamentos por parte del NHS.
  • El 49% de los pacientes y el 36% de la población general piensan que el NHS debería financiar todos los medicamentos anticancerosos nuevos,  frente a unos porcentajes respectivos de 27% y 33% que opinan que deberían financiarse únicamente los aprobados por el NICE.
  • En todo caso, prácticamente todos los entrevistados (94%-93%) pensaban que los médicos deberían hablar con sus pacientes de todos los tratamientos farmacológicos existentes, al margen de que los no aprobados por el NICE sólo pudieran ser financiados por los propios pacientes y su entorno.
  • El apartado más interesante, probablemente, es el que plantea dos escenarios muy relacionados con la anterior entrada en el blog: disponibilidad a financiar con fondos propios un medicamento no financiado por el NHS, con un coste mensual de 4.000 libras (6.200 euros), y que a) proporciona a 2 de cada 5 pacientes, sin que pueda saberse a cuáles en concreto, entre 4 y 5 meses de vida adicionales o b) no mejora la supervivencia, pero  mejora la calidad de vida del paciente.
  • En cuanto al escenario a, prolongación de la vida, son muy pocos (15%) los pacientes que estarían dispuestos a pagar el medicamento para sí mismos, valor que aumenta hasta un 22% entre la población general. Sin embargo, son bastantes más (35%-43%) los que estarían dispuestos a realizar el pago si se trata de un familiar.
  • Y en cuanto al escenario b, mejora de la calidad de vida, un 16% de los pacientes y un 30% de la población general estaría dispuesto a financiarse el medicamento (un 43% si se trata de un familiar).
El artículo termina así: "Los pacientes y ciudadanos que participaron en la encuesta se muestran más comprensivos, confiados y realistas ante el problema de la financiación pública de los costosos  medicamentos muevos de lo que los políticos podrían imaginar".

Es cierto que se trata de un pequeño estudio, con muestras muy pequeñas (210 pacientes y 416 no pacientes) y en un ámbito geográfico muy delimitado (Sussex), pero me ha parecido una interesante extensión de la anterior entrada.

lunes, 27 de junio de 2011

El impacto real de la colegiación voluntaria (segunda parte)

En la entrada anterior aporté una serie de datos para valorar hasta qué punto la exención de la exigencia de colegiación a los profesionales sanitarios al servicio de las administraciones públicas tendría un impacto real en el nivel de afiliación a los colegios de enfermería. Quedó bastante claro que sí, al menos comparando los patrones de afiliación en las comunidades autónomas donde es obligatorio estar colegiado en todo caso y en las que han regulado esta "colegiación voluntaria".

La pregunta que me hice fue si en el caso de los médicos sucedía lo mismo y lo que me he encontrado es tan absurdo que sólo puede deberse a unos censos colegiales absolutamente hinchados que cifran, a 31 de diciembre de 2010, en 205.000 los médicos colegiados no jubilados, cuando las estimaciones más generosas en cuanto al número de médicos en ejercicio en España son de unos 165.000, es decir, 40.000 menos.

La OCDE, para 2007 (datos basados en la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, INE), aportaba un dato de 3,7 médicos por 1000 habitantes. La población nacional en 2007, siempre según el INE, era de 45.200.737 habitantes, lo cual nos da un número de médicos estimado en torno a 175.000. Pero sucede que esta cifra incluye también a los dentistas (la EPA no los distingue), que eran entonces unos 25.000. Así que nos quedan en torno a 150.000 médicos en activo. Esta cifra no puede haber aumentado significativamente, ya que el número de licenciados se mantiene muy estable, si acaso con una cierta tendencia a la baja, en torno a 3.800 al año, un 2,5% del total de médicos, tasa que está por debajo de la de jubilación de profesionales.

Es decir, que lo más probable es que los colegios provinciales inflen generosamente sus censos (su representatividad en el Consejo General depende precisamente del número de colegiados) y su Consejo General mire para otro lado mientras se las pasa al INE para que las oficialice. No parecen, desde luego, unas credenciales muy indicadas para parecer los idóneos mantenedores de los registros de profesionales...

En fin, con estos datos tenemos los siguientes indicadores:


A pesar de que el número de licenciados anuales es muy superior en las CCAA sin colegiación obligatoria (de hecho desciende en el resto), la evolución en el número de colegiados es muy inferior en aquéllas (1,2% de promedio) que en éstas (2,7%).

Más datos:


La tasa entre nuevos colegiados y nuevos licenciados es sorprendente: ¡se colegia cada año, de promedio, un número de médicos superior en un 25% al de nuevos licenciados! Naturalmente, ello refrenda la falta de credibilidad de los datos colegiales. Pero, bueno, suponiendo que ello afecte de manera aleatoria y no se produzca mucho más o mucho menos en las 12 provincias afectadas, esta tasa es de un 47% en las comunidades sin colegiación obligatoria y de un 156% en  el resto, el triple, prácticamente lo mismo que sucedía cuando analizamos a la enfermería (83% - 30%). Ello ayuda a validar nuestras estimaciones de que la exención de la colegiación de los empleados públicos supondría que los colegios perderían por encima del 50% de sus colegiados, casi 200.000 entre ambos colectivos. Mal negocio.

Pero quizás una medida así ayudaría a unos colegios que siempre han vivido plácidamente protegidos por papá-estado a concienciarse de la necesidad de convertirse en instituciones respetadas por sus colegiados, verdaderamente representativas y, sobre todo, atractivas por unos servicios que realmente sean útiles para la sociedad y para los profesionales. Lo que se llama "estar en el mercado".

martes, 31 de mayo de 2011

Sobre los cuidados de larga duración. Un estudio de la OCDE

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE, OECD en sus siglas inglesas), organización de los 34 países más desarrollados del mundo, mantiene una interesante actividad investigadora, divulgadora y editora en temas sanitarios (entre muchos otros). Hoy ha difundido un estudio sobre los efectos que el envejecimiento de la población, más otros aspectos indirectos que inciden en el problema, está teniendo en la necesidad, por parte de sectores creciente de la población, de recibir cuidados de larga duración. Lo ha titulado Help Wanted? Providing and Paying for Long-Term Care (algo así como "Busca ayuda? Prestar y pagar los cuidados de larga duración").

Hace algunas preguntas interesantes: ¿De qué manera las tendencias demográficas y del mercado de trabajo afectan a la oferta disponible de familiares y amigos para cuidar de nosotros? ¿Podemos confiar en los cuidadores informales como la única fuente de apoyo para las personas mayores frágiles? ¿Podrían ser mejor apoyados los cuidadores informales y, si es así, cómo? ¿Podemos atraer y retener a los trabajadores de los cuidados, es sólo un problema de pagarles mejor? ¿Pueden la finanzas públicas verse amenazadas por el coste de la provisión de cuidados en el futuro? ¿Cuál debe ser el equilibrio entre la responsabilidad privada y el apoyo público en la prestación de cuidados? ¿Podemos reducir los costes mediante una mejora de la eficiencia de los servicios de cuidados a largo plazo?

Los resultados evidencian: a) que España realiza un gasto total (público-privado) muy pequeño en relación con los otros 23 países analizados:


b) Que España es el segundo país en predominio de los recursos informales (familias y amigos, vs instituciones y centros). Pinchar para ampliar:



c) Que el aumento de la población trabajadora en el sector de cuidados de larga duración crecerá entre un 100% y un 500% con respecto al incremento de la población trabajadora general en los próximos cuatro decenios. Estos datos sólo están disponibles para unos pocos países, evidentemente no España, claro... como siempre que se habla de recursos humanos.




España ha apostado a través de la Ley de Dependencia por un modelo de cuidados de larga duración básicamente informal, es decir, que se centra en apoyar financiera y materialmente a las familias para que sean ellas quienes cuiden de sus familiares dependientes con la ayuda de personal de baja cualificación (servicio doméstico). Es una magnífica elección, la mejor desde un punto de vista humano ya que mantiene a los dependientes dentro de un núcleo familiar, pero tiene algunos efectos secundarios preocupantes, debidos sobre todo a la opción por un sistema de subvenciones, en  lugar del despliegue de recursos asistenciales profesionales públicos o concertados de base empresarial (yo te doy una subvención económica; tú te buscas la vida):
  • Uno de ellos es que se perpetúa la bajísima cualificación general de los cuidados residenciales, que serían financieramente insostenibles si respondieran a estándares de calidad, no sólo asistenciales, sino fundamentalmente empresariales. Y también del sector de cuidados domiciliarios, que se centra cien por cien en las tareas domésticas.
  • Otro, que está suponiendo una importante sobrecarga de los servicios sanitarios de proximidad (atención primaria y urgencias).
  • El tercero, un importante riesgo de deterioro de la calidad de los cuidados enfermeros implicados, dado que se sustituyen cuidados enfermeros cualificados por sub-cualificados y profesionales, por amateur.
  • Y finalmente, en este apresurado resumen, que sitúa a las familias en situación de verdadera indefensión frente a las administraciones públicas, que por problemas financieros, desidia o negligencia están en miles de casos incumpliendo la ley. Es lo que tienen estos sistemas de "bonos" o vouchers, tan queridos por el thatcherismo y por todos los "verdaderos liberales", especialmente para la educación, pero también para los servicios sociales.