Para quienes sabemos que la coalición conservadora-liberal del Reino Unido está sometiendo a su sistema nacional de salud a una reforma de una contundencia sin precedentes, a través de la Health and Social Care Act aprobada hace tres meses y medio, pero no nos situamos muy bien, este prezi de The King's Fund nos la enmarca históricamente y nos explica paso a paso el proceso de aprobación de la ley.
Eso sí: si alguien tiene tiempo y ganas para estudiarse las 473 páginas de la ley, puede leerla y/o descargarla en este enlace (y que luego nos la resuma). Pero también podemos leer un extenso resumen en la web del Department of Health. Y, si se quiere más breve, todo está en la Wikipedia. Y para los que no pueden leer en inglés, esta entrada de matasanos explica las líneas esenciales de la reforma, si bien fue escrita antes de su tramitación parlamentaria, por lo que no recoge algunos cambios relevantes producidos durante dicha tramitación.
¡Ah, sí! Básicamente se trata de una entrega de la joya de la corona inglesa al sector privado. Para gente sin complejos (o sea, de derechas).
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jueves, 12 de julio de 2012
jueves, 5 de julio de 2012
Sitios de interés: Más allá de los titulares
Behind the headlines es una sección de NHS Choices, la web para la ciudadanía del servicio nacional de salud inglés, que analiza muy a fondo y siempre con mirada crítica, aquellos titulares de prensa relacionados con la salud que pudieran resultar equívocos, cuando no claramente manipuladores. Naturalmente, está escrita en inglés, pero incorpora un traductor que (más mal que bien, todo hay que decirlo) permite la lectura a quienes que no se manejan en ese idioma. Es posible suscribirse vía RSS para recibir sus nuevos contenidos.
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viernes, 20 de abril de 2012
¿Cuanto más sé de ti, menos te quiero? (III)
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Esta es la tercera entrega de la entrada '¿Cuanto más sé de ti, menos te quiero?'. Si no has leído las anteriores, creo que es mejor que lo hagas antes de enfrascarte en esta. En la primera entrega puedes encontrar, además, los documentos a los que se alude a lo largo de la entrada. Y en la segunda entrega se describe la situación actual de la enfermería en el Reino Unido que da lugar a esta explicación de las causas que la justifican.
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Para Christina Patterson, el deterioro de los valores y prácticas enfermeras, percibido y criticado por pacientes, organizaciones y medios de comunicación, hunde sus raíces en las reformas de los años noventa del siglo pasado, encarnadas en un programa diseñado entre 1986 y 1990 y desarrollado hasta entrado el nuevo siglo, titulado Project 2000. Podéis encontrar una buena descripción (en inglés) del proyecto en este documento y un resumen histórico del sistema educativo de la enfermería británica en este otro documento (no he encontrado nada útil al respecto en español).
Como principal objetivo, el Proyecto 2000 propuso un cambio radical en la formación básica de las enfermeras británicas. Las escuelas de enfermería ubicadas -como aquí en aquella misma época- exclusivamente en los hospitales y absolutamente orientadas hacia la enseñanza práctica en las salas de enfermería, fueron cerrándose a lo largo de los años noventa siendo sustituidas por facultades de enfermería en los campus universitarios, centros en los que se estudiaba bien un diploma (unos tres años), bien un grado (cuatro o cinco años). Los hospitales pasaron a contratar con las universidades el envío de alumnos en prácticas, si bien estos ya no se integraban en los equipos bajo estricta supervisión por parte de las enfermeras tituladas, sino que se incorporaban como 'supernumerarios' que dedicaban sólo una parte de sus jornadas a observar el trabajo de las enfermeras y, si acaso, ayudarlas -siempre en presencia de ellas- en tareas muy básicas sin atención directa a los pacientes. Y, en lugar de tener como referente a la supervisora (figura asistencial), pasaron a depender de un tutor (figura docente), el cual debía procurar un número determinado (normalmente la mitad) de las horas de presencia en el hospital para el aprendizaje teórico.
Los planes de estudio buscaron una mayor profundización en el estudio de las Ciencias de la Enfermería, incluir muchos más contenidos teóricos y conceptuales, exigir conocimiento extensivo de los modelos y herramientas enfermeros, estimular una mayor orientación hacia la investigación y, como contrapartida, posibilitar un contacto mucho menor con los cuidados enfermeros y los pacientes atendidos por las enfermeras en el 'mundo real'. Y aunque la voluntad política era que se fuera incrementando aceleradamente el porcentaje de enfermeras graduadas, lo cierto es que no fue así, entre otros motivos porque mientras los estudiantes de diplomatura eran becados al 100% (incluyendo alojamiento y manutención) independientemente de su situación económica, los del grado sólo lo eran parcialmente, en función de la renta, y ellos o sus familias debían por tanto costear lo no cubierto por las becas, que podía llegar a ser la totalidad. Y además, estudiar uno o dos años más, así que la gran mayoría de las futuras enfermeras optaban por obtener una diplomatura.
Esta reforma educativa de los noventa, sugiere Patterson, está en el origen del declive del primer decenio del siglo XXI y de la actual crisis, ya evidente. Y lo ilustra con intervenciones de todos los agentes implicados: pacientes, enfermeras, docentes y médicos.
Por ejemplo, una veterana enfermera con una hija estudiando medicina y otra, enfermería, describe así su (radical) modo de ver las cosas:
Uno de los grandes problemas es que las enfermeras tratan ahora de ser mini-médicos. Lo siguiente es que ya no vas a poder trabajar en una planta si no te sacas un Master's Degree. ¿Por qué? La enfermería no es una ingeniería espacial... En algunas áreas sí necesitas tener cerebro y saber razonar cabalmente, pero, la verdad, no entiendo porqué tienen que convertir algo que no es sino un instinto primario en algunas personas, cuidar a la gente, en una presuntuosa actividad que va a descartar a personas que serían enfermeras puñeteramente buenas."Es una visión que comparte buena parte de los médicos", afirma Patterson, quien cita a varios médicos que por lo general se quejan de que "unas enfermeras, formadas dentro de un aula por 'educadores' que no ejercen la enfermería desde hace muchos años, que no están preparadas para pasar consulta con los médicos y carecen de conocimientos sobre los pacientes y lo que les pasa, se muestran ahora reticentes a seguir ayudando a los médicos".
No sólo se quejan los médicos: "A los estudiantes", concluye un profesor de enfermería recientemente retirado, "se les enseña ahora menos enfermería y también menos sobre los elementos fundamentales de los cuidados enfermeros. Por eso, a medida que las universidades van produciendo cohortes de profesionales que están en algún sentido peor preparados, el buen saber hacer profesional se deteriora.
En resumen, cuanto más ciencia, teorías, modelos, conceptos, metodología e instrumentos enfermeros aprenden los alumnos durante su formación (por tanto, cuanto más saben sobre los cuidados a los pacientes) más tienden a alejarse de ellos y a ignorar el núcleo esencial de la profesión, que es cuidar con dedicación, empatía y compasión (y ciencia, claro) a los pacientes. Es decir:
Cuanto más sé de ti, menos te quiero...
Las cosas -y de alguna manera lo reconoce la autora de los artículos- no son tan simples. Lo cierto, ahora ya desde mi propio punto de vista, es que el Proyecto 2000 surge como una más de las acciones adoptadas ante un gravísimo problema de 'desabastecimiento' de enfermeras, el ya tópico nursing shortage que, a pesar de todo, seguiría sin estar superado quince años después. Las autoridades sanitarias reconocieron que ni las condiciones laborales, ni los exigentes sistemas de organización del trabajo (turnos, guardias, trabajo en festivos, rotaciones de turnos y servicios...), ni el (mal)trato de los médicos, ni la imagen pública y profesional, ni las retribuciones, etc., eran, ni mucho menos, las idóneas para retener al personal y conseguir que hubiera muchos más jóvenes decididos a estudiar enfermería. Ello provoca, además, que miles de enfermeras con posibilidades de hacerlo, cuando deciden tener hijos, abandonan la profesión durante los años de crianza; y muchas de ellas, si los trabajos de sus parejas se lo permiten, la abandonan definitivamente.
Por eso las autoridades sanitarias deciden que, para enfrentar la escasez de enfermeras, es preciso realizar una oferta laboral mucho más atractiva. Investir a la enfermería y las enfermeras del prestigio que tienen las carreras universitarias, bien diferentes de unos estudios en escuelas hospitalarias con una contaminación de apprenticeship, por ejemplo. Aumentar (más que doblar) las retribuciones, por ejemplo. Establecer planes de carrera estimulantes; potenciar puestos de trabajo que pueden desempeñarse a tiempo parcial; aumentar la independencia de las enfermeras con respecto a los médicos en los centros sanitarios mediante la introducción de estructuras directivas propias; situar al Nurse and Midwifery Council al mismo nivel que el General Medical Council como órganos reguladores independientes y, dentro ya de la administración sanitaria, al Chief Nursing Officer al mismo nivel que el Chief Medical Officer, etc. Estas y otras medidas trataban de aplicar un conjunto de incentivos suficientemente poderosos para reclutar nuevos efectivos, retener a los que seguían en activo y recuperar a los que estaban tan quemados que optaron por desertar del, en otros tiempos amado, National Health Service.
A este cóctel le añadiremos dos ingredientes más:
- La creación y potenciación de la figura del healthcare assistant (una figura laboral a medio camino entre auxiliar de enfermería y celador, sin formación reglada, sólo un simple apprenticeship o formación en el trabajo) como una ocupación cuantitativamente importante destinada a evitar que las enfermeras registradas tuvieran que ocuparse de las tareas de cuidados más básicas (alimentación, limpieza e higiene, movilización...).
- La adaptación de los horarios de trabajo para hacerlos más conciliables con la vida personal, pasando de los tradicionales turnos de ocho horas, cinco días a la semana, a tres turnos semanales de 12 horas.
Además, el éxito del programa de re-captación de enfermeras excedentes hace que bastantes de las que se reincorporan atraídas por las nuevas condiciones de trabajo, a quienes en realidad no les gusta ser enfermeras ni les gustan los pacientes, acaben por retirarse prematuramente en cuanto pueden cobrar sus pensiones, dejando detrás de ellas muchas de las historias de maltrato a los pacientes que veíamos en la anterior entrega.
Como sucede a menudo con los medicamentos, las acciones descritas provocan un grave caso de interacciones incentivadoras: siendo aisladamente cada uno de los incentivos correcto en su propósito, las interacciones dentro del sistema global de incentivos provocan su colapso, de manera que hay quien opina -como la propia Patterson- que no sólo tenemos unos cuidados enfermeros mucho peores, sino que además también son mucho más caros.
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¿Realmente todo se puede resumir en 'cuanto más sé de ti, menos te quiero'? Sin negar que sea uno de sus elementos, la realidad es mucho más compleja, en este caso afortunadamente, ya que en la próxima entrega escribiré sobre las soluciones que algunos centros 'enfermos' han ido adoptando para recuperar unos estándares de cuidados enfermeros acreditados por los evaluadores, apreciados por los pacientes y estimulantes para los propios profesionales. Y como suele suceder, la microgestión tiene mucho que ver.
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martes, 10 de abril de 2012
Si los datos más básicos tienen tantos errores...
El periódico británico The Guardian se hace eco de una carta al director en el British Medical Journal de unos médicos, revisores estadísticos, ironizando sobre algunos datos sorprendentes extraídos de las estadísticas hospitalarias oficiales (Hospital Episode Statistics): 25.000 hombres habrían sido atendidos en los servicicos de obstetricia (17.000) y ginecología (8.000), 3.000 adolescentes en los de geriatría y más de 1.600 adultos mayores de 30 años, en los de psiquiatría infantil.
Es evidente que se trata de errores humanos en la introducción de datos, pero sorprende la importante frecuencia, si los ponemos en relación con los datos de las estadísticas hospitalarias (que pueden consultarse aquí): por ejemplo, los 17.000 hombres atendidos en servicios de obstetricia suponen un 2.4% del total de 709.495 primeras visitas (que es lógicamente cuando se produce el error); los 3.000 niños o adolescentes atendidos en servicios geriátricos, el 1,6% de los 183.924; y los 1.600 adultos, el 4,9% de los 32.653 usuarios atendidos en psiquiatría infantil. En conjunto, 2.33 errores por cada 100 historias clínicas abiertas.
En estos casos, a fin de cuentas, se trata de datos relativamente fáciles de detectar, por tratarse de errores absolutamente evidentes sin necesidad de mayor indagación, pero no sucede lo mismo en la gran mayoría de los servicios asistenciales, que atienden a población de todo sexo y edad. Asusta pensar que medio millón de historias clínicas del National Health Service (el 2.33% de 21.229.283) contienen errores de tanto calado como confundir el sexo y el grupo etario -no ya sólo la edad- de los pacientes atendidos. ¿Y del resto de datos imposibles de detectar 'a simple vista'? Asusta aún más pensarlo...
Es evidente que se trata de errores humanos en la introducción de datos, pero sorprende la importante frecuencia, si los ponemos en relación con los datos de las estadísticas hospitalarias (que pueden consultarse aquí): por ejemplo, los 17.000 hombres atendidos en servicios de obstetricia suponen un 2.4% del total de 709.495 primeras visitas (que es lógicamente cuando se produce el error); los 3.000 niños o adolescentes atendidos en servicios geriátricos, el 1,6% de los 183.924; y los 1.600 adultos, el 4,9% de los 32.653 usuarios atendidos en psiquiatría infantil. En conjunto, 2.33 errores por cada 100 historias clínicas abiertas.
En estos casos, a fin de cuentas, se trata de datos relativamente fáciles de detectar, por tratarse de errores absolutamente evidentes sin necesidad de mayor indagación, pero no sucede lo mismo en la gran mayoría de los servicios asistenciales, que atienden a población de todo sexo y edad. Asusta pensar que medio millón de historias clínicas del National Health Service (el 2.33% de 21.229.283) contienen errores de tanto calado como confundir el sexo y el grupo etario -no ya sólo la edad- de los pacientes atendidos. ¿Y del resto de datos imposibles de detectar 'a simple vista'? Asusta aún más pensarlo...
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lunes, 16 de enero de 2012
La biblioteca del King's Fund: Actualización 2012
La biblioteca (Information & Library Service) del think-tank británico King's Fund publica anualmente una recopilación actualizada de sus readings lists, materiales documentales, generalmente de carácter institucional (no se trata de recopilaciones o revisiones biblio/hemerográficas), que constituye una insustituible fuente de información para investigadores, analistas, reguladores, agentes institucionales o profesionales del sector salud.
La gran mayoría de estos documentos -en inglés todos, creo- pueden consultarse y descargarse gratuitamente a través del correspondiente enlace electrónico, muchos de ellos directamente, otros a través de los sitios de sus editores u otras organizaciones implicadas. Organiza la documentación en 35 apartados diferentes, en una meritoria tarea de recopilación e indexación de miles de documentos dispersos. Aunque, como es natural, en algunos temas está muy centrado en el National Health Service inglés y, por extensión, en el ámbito anglosajón, recoge mucha documentación -al menos entre la que yo suelo consultar- de interés general.
Estamos de suerte, porque acaba de presentar la actualización correspondiente a enero de 2012 de estas reading lists, que probablemente hace mucho más cómodas las búsquedas.
La gran mayoría de estos documentos -en inglés todos, creo- pueden consultarse y descargarse gratuitamente a través del correspondiente enlace electrónico, muchos de ellos directamente, otros a través de los sitios de sus editores u otras organizaciones implicadas. Organiza la documentación en 35 apartados diferentes, en una meritoria tarea de recopilación e indexación de miles de documentos dispersos. Aunque, como es natural, en algunos temas está muy centrado en el National Health Service inglés y, por extensión, en el ámbito anglosajón, recoge mucha documentación -al menos entre la que yo suelo consultar- de interés general.
Estamos de suerte, porque acaba de presentar la actualización correspondiente a enero de 2012 de estas reading lists, que probablemente hace mucho más cómodas las búsquedas.
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lunes, 2 de enero de 2012
En el mundo real
Como nos pasa a todos todos los días, supongo, cuando creamos alertas en los buscadores de internet, nos suele llegar más basura que sustancia. Pero a veces la "basura" resulta interesante, como me ha pasado a mí hoy: me ha llegado un anuncio en la sección de ofertas de empleo en el diario británico Telegraph. Se trata de solicitar candidaturas para el puesto de trabajo Advanced Nurse Prescriber para un servicio de salud en el condado de Sussex, al sur de Inglaterra.
Lo que llama la atención es la detallada descripción de los roles, funciones y tareas de este puesto de enfermera de práctica avanzada con licencia prescriptora. Son estos:
Puede verse cómo en el mundo real la frontera entre 'lo médico' y 'lo enfermero' no existe porque se trata de una frontera imaginaria que atenaza a muchos médicos y, lo que es peor, a muchas enfermeras.
Así, al lado de la "provisión de cuidados holísticos" aparece "demostrar competencias clínicas avanzadas en relación con el manejo de patologías crónicas y citologías". Al lado de "evaluar las necesidades de salud individuales dentro de un marco basado en evidencias", encontramos "garantizar que los protocolos clínicos de 'Care UK' son respetados en todo momento"; y, al lado de "administrar la medicación dentro de las directivas de agrupación de pacientes [lo que por aquí denominaríamos prescripción colaborativa] o, si el candidato posee la cualificación y se adecua a las necesidades del centro, mediante la prescripción independiente", encontramos "remitir / dirigir [a los pacientes] hacia los profesionales / servicios apropiados".
Pero la exigencia que a mí más me ha gustado es "ajustarse a las competencias relacionadas con el rol, garantizando que se está trabajando dentro de las propias limitaciones / ámbito de ejercicio". Esta es, para mí, la competencia básica que debería afianzarse para romper de una vez por todas con el mito de que si le das una historia clínica y un talonario de recetas a una enfermera se empeñará en jugar a ser médico cuando, en realidad, sólo son herramientas comunes a ambas profesiones.
Y también me gusta eso de "comportarse como un modelo de rol positivo para el staff y los pacientes", lo cual demuestra lo necesarias que son y serán siempre altas dosis de pedagogía profesional para consolidar los roles emergentes.
Lo que llama la atención es la detallada descripción de los roles, funciones y tareas de este puesto de enfermera de práctica avanzada con licencia prescriptora. Son estos:
Puede verse cómo en el mundo real la frontera entre 'lo médico' y 'lo enfermero' no existe porque se trata de una frontera imaginaria que atenaza a muchos médicos y, lo que es peor, a muchas enfermeras.
Así, al lado de la "provisión de cuidados holísticos" aparece "demostrar competencias clínicas avanzadas en relación con el manejo de patologías crónicas y citologías". Al lado de "evaluar las necesidades de salud individuales dentro de un marco basado en evidencias", encontramos "garantizar que los protocolos clínicos de 'Care UK' son respetados en todo momento"; y, al lado de "administrar la medicación dentro de las directivas de agrupación de pacientes [lo que por aquí denominaríamos prescripción colaborativa] o, si el candidato posee la cualificación y se adecua a las necesidades del centro, mediante la prescripción independiente", encontramos "remitir / dirigir [a los pacientes] hacia los profesionales / servicios apropiados".
Pero la exigencia que a mí más me ha gustado es "ajustarse a las competencias relacionadas con el rol, garantizando que se está trabajando dentro de las propias limitaciones / ámbito de ejercicio". Esta es, para mí, la competencia básica que debería afianzarse para romper de una vez por todas con el mito de que si le das una historia clínica y un talonario de recetas a una enfermera se empeñará en jugar a ser médico cuando, en realidad, sólo son herramientas comunes a ambas profesiones.
Y también me gusta eso de "comportarse como un modelo de rol positivo para el staff y los pacientes", lo cual demuestra lo necesarias que son y serán siempre altas dosis de pedagogía profesional para consolidar los roles emergentes.
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lunes, 3 de octubre de 2011
¿Y si pacientes y opinión pública fueran más sensatos de lo que pensamos?
Nada más publicar la anterior entrada en el blog, el viernes pasado, encontré en mi bandeja de entrada el sumario del último número de la revista Journal of the Royal Society of Medicine Short Reports y en él un artículo que hubiera resultado un espléndido colofón a aquella entrada; como algunos recordaréis, se titulaba La dura realidad: El ¿insostenible? coste de la lucha contra el cáncer y hacía referencia a un amplio (en todos los aspectos) estudio de The Lancet Oncology que defendía la necesaria modificación de una cierta 'cultura del exceso' que ha venido predominando entre los oncólogos en su trabajo clínico.
Pues bien, el artículo en cuestión se titula The views of patients and the general public about expensive anti-cancer drugs in the NHS: a questionnaire-based study ["Las percepciones de los pacientes y de la opinión pública sobre los costosos medicamentos anti-cáncer en el Servicio Nacional de Salud: estudio a partir de una encuesta]. Los cuestionarios fueron cumplimentados por dos grupos: pacientes de cáncer en seguimiento clínico y población general. Los principales resultados, resumidos muy brevemente, son los siguientes:
Es cierto que se trata de un pequeño estudio, con muestras muy pequeñas (210 pacientes y 416 no pacientes) y en un ámbito geográfico muy delimitado (Sussex), pero me ha parecido una interesante extensión de la anterior entrada.
Pues bien, el artículo en cuestión se titula The views of patients and the general public about expensive anti-cancer drugs in the NHS: a questionnaire-based study ["Las percepciones de los pacientes y de la opinión pública sobre los costosos medicamentos anti-cáncer en el Servicio Nacional de Salud: estudio a partir de una encuesta]. Los cuestionarios fueron cumplimentados por dos grupos: pacientes de cáncer en seguimiento clínico y población general. Los principales resultados, resumidos muy brevemente, son los siguientes:
- Nada menos que el 70% de los pacientes y el 64% de la población general afirman conocer la existencia y funciones del National Institute for Health and Clinical Excellence [NICE], organismo encargado de establecer las guías de práctica clínica que, entre otras muchas cosas, determinan la financiación pública de los medicamentos por parte del NHS.
- El 49% de los pacientes y el 36% de la población general piensan que el NHS debería financiar todos los medicamentos anticancerosos nuevos, frente a unos porcentajes respectivos de 27% y 33% que opinan que deberían financiarse únicamente los aprobados por el NICE.
- En todo caso, prácticamente todos los entrevistados (94%-93%) pensaban que los médicos deberían hablar con sus pacientes de todos los tratamientos farmacológicos existentes, al margen de que los no aprobados por el NICE sólo pudieran ser financiados por los propios pacientes y su entorno.
- El apartado más interesante, probablemente, es el que plantea dos escenarios muy relacionados con la anterior entrada en el blog: disponibilidad a financiar con fondos propios un medicamento no financiado por el NHS, con un coste mensual de 4.000 libras (6.200 euros), y que a) proporciona a 2 de cada 5 pacientes, sin que pueda saberse a cuáles en concreto, entre 4 y 5 meses de vida adicionales o b) no mejora la supervivencia, pero mejora la calidad de vida del paciente.
- En cuanto al escenario a, prolongación de la vida, son muy pocos (15%) los pacientes que estarían dispuestos a pagar el medicamento para sí mismos, valor que aumenta hasta un 22% entre la población general. Sin embargo, son bastantes más (35%-43%) los que estarían dispuestos a realizar el pago si se trata de un familiar.
- Y en cuanto al escenario b, mejora de la calidad de vida, un 16% de los pacientes y un 30% de la población general estaría dispuesto a financiarse el medicamento (un 43% si se trata de un familiar).
Es cierto que se trata de un pequeño estudio, con muestras muy pequeñas (210 pacientes y 416 no pacientes) y en un ámbito geográfico muy delimitado (Sussex), pero me ha parecido una interesante extensión de la anterior entrada.
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viernes, 26 de agosto de 2011
Lecturas de verano: (5) "Y tú te has convertido en esa enfermera angustiada"
Imagina la escena. Te diriges a un cambio de turno en un bullicioso servicio de urgencias para asumir tus funciones como enfermera al mando. Tus preocupaciones principales tienen que ver con la seguridad, gestión y atención generales del servicio, sus pacientes y su staff. A veces, sin embargo, tienes la sensación de que tu verdadera función es vigilar el sistema de seguimiento [tracking system] y asegurarte de que nadie permanece en el departamento de urgencias por encima del objetivo de 4 horas.
No hace mucho tiempo, cuando un médico preguntaba por las estadísticas vitales de un paciente habrías escuchado a la enfermera de urgencias responder: "Tensión 120/60, Saturación 100%, Pulso 60". Hoy la escucharías decir: "3 horas y 40 minutos, doctor, y no tiene buena pinta la situación de las camas del hospital. ¿Traslado o a casa?"
Ya no tenemos tiempo para establecer una relación terapéutica decente con el paciente o para usar el 'sexto sentido clínico' y explorar exactamente qué es lo que va mal con el paciente cuando la enfermera dice: "No sé que es lo que va mal, pero algo no va bien". El hospital está lleno, sin una sola cama disponible, y algunos de los pacientes más enfermos están en 3 horas y 40 minutos sin destino de salida. Tienes 20 minutos para encontrar un sitio: Para todos ellos.
Los gestores también están pendientes del sistema de seguimiento, al igual que los responsables de unidad y los principales servicios de destino. Todos los cuales te empiezan a llamar para preguntarte qué planes tienes. Empiezas a agobiarte, así que empiezas a agobiar a los médicos sobre sus propios planes; entonces, ellos empiezan a llamar a rayos y al laboratorio y los agobian, todo lo cual, a su vez, produce una larga lista de tareas con las que agobiar a las enfermeras.
Ahora tienes un servicio al rojo vivo: teléfonos sonando, gente gritando, ordenadores parpadeando, ambulancias llegando sin cesar, familiares desesperados por tener información y gente intentando parecer más enfermos que los otros para ser atendidos antes. Y lo que es peor, existe una posibilidad real de incumplir la regla de las cuatro horas y eso será culpa tuya.
Un administrativo llama para preguntarte porqué un niño enfermo está aún en urgencias cuando ya le ha sido asignada una cama libre. En ese momento, algo por encima de ti parece estallar. Un médico experimentado, que escucha la conversación, te arrebata el teléfono y responde a la llamada diciendo a voces que él tomará la decisión de cuándo trasladar al niño y que él hablará con los desesperados padres sobre todo lo que necesitan saber antes de que pueda ser trasladado con seguridad. Cuelga de un golpe el teléfono delante de una asombrada sala, se gira hacia tí y te dice furioso:
"Aún soy yo quien cuida de mis pacientes y no me precipitaré con ninguna toma de decisiones que pueda ser peligrosa. Mis pacientes y su atención son mi máxima prioridad, no la estúpida pantalla de tu ordenador".
Te quedas parada, todo el mundo se queda parado, tratando de entender lo que ha pasado. El médico ha hecho lo que tú deberías haber hecho. Deberías haber dado la cara por tu paciente; deberías haber puesto el cuidado de tu paciente por encima de todo. Deberías haberles dejado tiempo para recuperarse antes de despacharlos en las camillas hacia sus plantas o llevarles a empujones a vestirse y a sus coches. Deberías tener tiempo para prepararles una taza de te antes de que se vayan. Deberías calmar sus nervios crispados y asegurarte de que llevan encima las llaves de su casa y de que dispondrán de comida y compañía cuando lleguen a ella. Deberías comprobar que no existen riesgos en el alta. Deberías asegurarte de que están limpios y no manchados de sangre, de que no tienen dolores y de que tienen arregladas sus citas de seguimiento.
Esto es lo que deberías hacer. Eres una enfermera.
En esos breves segundos de arrebato te das cuenta de en qué te has convertido: Alguien que ha dejado de hacer algo para hacer todo lo contrario [poacher turned game keeper]. Te han golpeado en la cabeza con tu propia integridad y existe una conciencia culpable detrás de tus heridas.
¿Te avergüenza en qué te has convertido? La literatura reciente sobre enfermería dice que las enfermeras están experimentando una 'angustia moral' [moral distress]. Y tú te has convertido en esa enfermera angustiada.
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Traducción libre de Integrity in health care: a nurse's history, por Karen Sanders, enfermera senior en el hospital inglés North Bristol. Forma parte de una serie de relatos editados por el King's Fund, una fundación independiente británica, bajo el título genérico de Staff stories.
No hace mucho tiempo, cuando un médico preguntaba por las estadísticas vitales de un paciente habrías escuchado a la enfermera de urgencias responder: "Tensión 120/60, Saturación 100%, Pulso 60". Hoy la escucharías decir: "3 horas y 40 minutos, doctor, y no tiene buena pinta la situación de las camas del hospital. ¿Traslado o a casa?"
Ya no tenemos tiempo para establecer una relación terapéutica decente con el paciente o para usar el 'sexto sentido clínico' y explorar exactamente qué es lo que va mal con el paciente cuando la enfermera dice: "No sé que es lo que va mal, pero algo no va bien". El hospital está lleno, sin una sola cama disponible, y algunos de los pacientes más enfermos están en 3 horas y 40 minutos sin destino de salida. Tienes 20 minutos para encontrar un sitio: Para todos ellos.
Los gestores también están pendientes del sistema de seguimiento, al igual que los responsables de unidad y los principales servicios de destino. Todos los cuales te empiezan a llamar para preguntarte qué planes tienes. Empiezas a agobiarte, así que empiezas a agobiar a los médicos sobre sus propios planes; entonces, ellos empiezan a llamar a rayos y al laboratorio y los agobian, todo lo cual, a su vez, produce una larga lista de tareas con las que agobiar a las enfermeras.
Ahora tienes un servicio al rojo vivo: teléfonos sonando, gente gritando, ordenadores parpadeando, ambulancias llegando sin cesar, familiares desesperados por tener información y gente intentando parecer más enfermos que los otros para ser atendidos antes. Y lo que es peor, existe una posibilidad real de incumplir la regla de las cuatro horas y eso será culpa tuya.
Un administrativo llama para preguntarte porqué un niño enfermo está aún en urgencias cuando ya le ha sido asignada una cama libre. En ese momento, algo por encima de ti parece estallar. Un médico experimentado, que escucha la conversación, te arrebata el teléfono y responde a la llamada diciendo a voces que él tomará la decisión de cuándo trasladar al niño y que él hablará con los desesperados padres sobre todo lo que necesitan saber antes de que pueda ser trasladado con seguridad. Cuelga de un golpe el teléfono delante de una asombrada sala, se gira hacia tí y te dice furioso:
"Aún soy yo quien cuida de mis pacientes y no me precipitaré con ninguna toma de decisiones que pueda ser peligrosa. Mis pacientes y su atención son mi máxima prioridad, no la estúpida pantalla de tu ordenador".
Te quedas parada, todo el mundo se queda parado, tratando de entender lo que ha pasado. El médico ha hecho lo que tú deberías haber hecho. Deberías haber dado la cara por tu paciente; deberías haber puesto el cuidado de tu paciente por encima de todo. Deberías haberles dejado tiempo para recuperarse antes de despacharlos en las camillas hacia sus plantas o llevarles a empujones a vestirse y a sus coches. Deberías tener tiempo para prepararles una taza de te antes de que se vayan. Deberías calmar sus nervios crispados y asegurarte de que llevan encima las llaves de su casa y de que dispondrán de comida y compañía cuando lleguen a ella. Deberías comprobar que no existen riesgos en el alta. Deberías asegurarte de que están limpios y no manchados de sangre, de que no tienen dolores y de que tienen arregladas sus citas de seguimiento.
Esto es lo que deberías hacer. Eres una enfermera.
En esos breves segundos de arrebato te das cuenta de en qué te has convertido: Alguien que ha dejado de hacer algo para hacer todo lo contrario [poacher turned game keeper]. Te han golpeado en la cabeza con tu propia integridad y existe una conciencia culpable detrás de tus heridas.
¿Te avergüenza en qué te has convertido? La literatura reciente sobre enfermería dice que las enfermeras están experimentando una 'angustia moral' [moral distress]. Y tú te has convertido en esa enfermera angustiada.
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Traducción libre de Integrity in health care: a nurse's history, por Karen Sanders, enfermera senior en el hospital inglés North Bristol. Forma parte de una serie de relatos editados por el King's Fund, una fundación independiente británica, bajo el título genérico de Staff stories.
lunes, 11 de julio de 2011
Políticas sanitarias y poder político (una anécdota ilustrativa)
Por motivos totalmente ajenos a estas reflexiones, he tenido que refrescar alguna información en el libro de memorias políticas de la dama de hierro, Margaret Thatcher, titulado Los años de Downing Street. Y he recordado algo que me sorprendió durante su primera lectura, hace ya una pila de años, y que tenía anotado en el libro (editado en 1993).
Las reformas que impulsó Margaret Thatcher en el National Health Service [NHS] durante su tercer mandato como Primera Ministra del Reino Unido (1987-1990) son consideradas generalmente como el proceso de cambio más radical que ha experimentado ningún sistema de salud moderno. Aunque su dimisión a finales de 1990 frustró su deseo de culminar personalmente las reformas, durante el mandato de John Major terminaron de ser aplicadas y, de hecho, cuando Tony Blair tomó las riendas del gobierno en 1997, su Nuevo Laborismo no quiso (o no pudo) revertirlas, de manera que las reformas fueron consolidadas en sus elementos básicos.
La separación de las funciones de financiación, aseguramiento y provisión, la creación de "mercados internos" de compra de servicios sanitarios entre atención primaria y especializada, la conversión de hospitales y centros de atención primaria en trust o fundaciones con un amplio margen de autogestión, la introducción de sistemas de información que permitieran la financiación por objetivos o el principio money follow patients que ligó los presupuestos a la libre elección de centro por los pacientes (entre muchas otras cosas), fueron primero demonizadas por la socialdemocracia europea y luego aplicados por ella en mayor o menor grado. Lo cierto es que no sólo cambió profundamente el escenario sanitario británico, sino que sirvió de fuente de inspiración, primero a los países nórdicos y luego a otros países con modelo sanitario de "servicio nacional de salud", como el nuestro. Esas reformas son un referente internacional, ya que también fueron adoptadas en mayor o menor grado por otros países de la Commonwealth, como Australia o Nueva Zelanda. Uno diría que una estadista de esta talla contemplaría esta política como un legado de los más importantes de su carrera política.
Las memorias de Thatcher tienen 730 páginas de texto (excluidos los materiales complementarios). ¿Sabéis cuántas dedicó a evocar sus reformas del NHS? Diez, de la 517 a la 526. Ni un comentario más, aunque fuera colateral.
Como trabajamos con lo más importante para las personas, la salud, el bienestar, la vida y la muerte, a veces nos creemos el centro del universo y en realidad, más allá de la retórica, las políticas sanitarias suponen una parte verdaderamente minúscula dentro de los intereses reales y las agendas del poder político y de sus detentadores, como demuestra este ejemplo que tenía por completo olvidado.
Las reformas que impulsó Margaret Thatcher en el National Health Service [NHS] durante su tercer mandato como Primera Ministra del Reino Unido (1987-1990) son consideradas generalmente como el proceso de cambio más radical que ha experimentado ningún sistema de salud moderno. Aunque su dimisión a finales de 1990 frustró su deseo de culminar personalmente las reformas, durante el mandato de John Major terminaron de ser aplicadas y, de hecho, cuando Tony Blair tomó las riendas del gobierno en 1997, su Nuevo Laborismo no quiso (o no pudo) revertirlas, de manera que las reformas fueron consolidadas en sus elementos básicos.
La separación de las funciones de financiación, aseguramiento y provisión, la creación de "mercados internos" de compra de servicios sanitarios entre atención primaria y especializada, la conversión de hospitales y centros de atención primaria en trust o fundaciones con un amplio margen de autogestión, la introducción de sistemas de información que permitieran la financiación por objetivos o el principio money follow patients que ligó los presupuestos a la libre elección de centro por los pacientes (entre muchas otras cosas), fueron primero demonizadas por la socialdemocracia europea y luego aplicados por ella en mayor o menor grado. Lo cierto es que no sólo cambió profundamente el escenario sanitario británico, sino que sirvió de fuente de inspiración, primero a los países nórdicos y luego a otros países con modelo sanitario de "servicio nacional de salud", como el nuestro. Esas reformas son un referente internacional, ya que también fueron adoptadas en mayor o menor grado por otros países de la Commonwealth, como Australia o Nueva Zelanda. Uno diría que una estadista de esta talla contemplaría esta política como un legado de los más importantes de su carrera política.
Las memorias de Thatcher tienen 730 páginas de texto (excluidos los materiales complementarios). ¿Sabéis cuántas dedicó a evocar sus reformas del NHS? Diez, de la 517 a la 526. Ni un comentario más, aunque fuera colateral.
Como trabajamos con lo más importante para las personas, la salud, el bienestar, la vida y la muerte, a veces nos creemos el centro del universo y en realidad, más allá de la retórica, las políticas sanitarias suponen una parte verdaderamente minúscula dentro de los intereses reales y las agendas del poder político y de sus detentadores, como demuestra este ejemplo que tenía por completo olvidado.
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viernes, 1 de abril de 2011
La sala de enfermería productiva

El proyecto inglés Productive Ward. Releasing time to care ("La sala de enfermería productiva. Liberando tiempo para cuidar") es una iniciativa conjunta del gubernamental NHS Institute for Innovation and Improvement y de la National Nursing Research Unit del King's College cuyo objetivo es sistematizar evidencias y validar módulos orientados a eliminar o reasignar tareas para conseguir incrementar el tiempo que el personal de enfermería hospitalario dedica al cuidado directo de alta calidad a los pacientes.
Ha sido desarrollado en colaboración con 9 trusts hospitalarios. Su metodología ha consistido básicamente en suministrar al staff información, conocimientos, destrezas y tiempo para mejorar la atención que prestan a los pacientes. Su filosofía puede resumirse en ayudar al personal de sala a responder a las preguntas relacionadas con sus tareas y funciones sintetizadas en el siguiente gráfico:
Nota.- QIPP = Quality, Innovation, Productivity and Prevention
Pero, además, en las webs de estas dos instituciones -agencia guernamental la primera; instituto universitario la segunda- existe una vasta colección de información sobre otros programas y proyectos de un alcance indudable (abstenerse envidiosos, porque da verdadera envidia el nivel de desarrollo teórico práctico alcanzado). En otras entradas os resuumiré algunos de estos proyectos.
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