Por motivos totalmente ajenos a estas reflexiones, he tenido que refrescar alguna información en el libro de memorias políticas de la dama de hierro, Margaret Thatcher, titulado Los años de Downing Street. Y he recordado algo que me sorprendió durante su primera lectura, hace ya una pila de años, y que tenía anotado en el libro (editado en 1993).
Las reformas que impulsó Margaret Thatcher en el National Health Service [NHS] durante su tercer mandato como Primera Ministra del Reino Unido (1987-1990) son consideradas generalmente como el proceso de cambio más radical que ha experimentado ningún sistema de salud moderno. Aunque su dimisión a finales de 1990 frustró su deseo de culminar personalmente las reformas, durante el mandato de John Major terminaron de ser aplicadas y, de hecho, cuando Tony Blair tomó las riendas del gobierno en 1997, su Nuevo Laborismo no quiso (o no pudo) revertirlas, de manera que las reformas fueron consolidadas en sus elementos básicos.
La separación de las funciones de financiación, aseguramiento y provisión, la creación de "mercados internos" de compra de servicios sanitarios entre atención primaria y especializada, la conversión de hospitales y centros de atención primaria en trust o fundaciones con un amplio margen de autogestión, la introducción de sistemas de información que permitieran la financiación por objetivos o el principio money follow patients que ligó los presupuestos a la libre elección de centro por los pacientes (entre muchas otras cosas), fueron primero demonizadas por la socialdemocracia europea y luego aplicados por ella en mayor o menor grado. Lo cierto es que no sólo cambió profundamente el escenario sanitario británico, sino que sirvió de fuente de inspiración, primero a los países nórdicos y luego a otros países con modelo sanitario de "servicio nacional de salud", como el nuestro. Esas reformas son un referente internacional, ya que también fueron adoptadas en mayor o menor grado por otros países de la Commonwealth, como Australia o Nueva Zelanda. Uno diría que una estadista de esta talla contemplaría esta política como un legado de los más importantes de su carrera política.
Las memorias de Thatcher tienen 730 páginas de texto (excluidos los materiales complementarios). ¿Sabéis cuántas dedicó a evocar sus reformas del NHS? Diez, de la 517 a la 526. Ni un comentario más, aunque fuera colateral.
Como trabajamos con lo más importante para las personas, la salud, el bienestar, la vida y la muerte, a veces nos creemos el centro del universo y en realidad, más allá de la retórica, las políticas sanitarias suponen una parte verdaderamente minúscula dentro de los intereses reales y las agendas del poder político y de sus detentadores, como demuestra este ejemplo que tenía por completo olvidado.

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