En español, cuando buscamos "profesionalismo médico" (así, entrecomillado, o sea, la expresión completa), nos aparecen 15.700 enlaces, pero si tecleamos "profesionalismo enfermero" aparecen ¡únicamente ocho! Buscando en inglés, las diferencias se reducen sustancialmente: "medical professionalism" = 210.000; "nursing professionalism" = 43.200.
¿Qué es el profesionalismo? Difícil de sintetizar sin ofender a los grandes santones de la sociología de las profesiones, que fueron realmente quienes acuñaron el término en los años sesenta y setenta del siglo pasado (y a sus discípulos, herederos hoy de sus cátedras) y a la gran mayoría de las élites profesionales. A pesar de ello, yo he acuñado dos definiciones bien diferentes:
- Empecemos por la más simple, a mi juicio la más útil, la que parte del hecho de que las profesiones están al servicio de la sociedad: "Profesionalismo es una política institucional de las corporaciones profesionales que trata de garantizar que todos los miembros de la profesión se comporten con profesionalidad (cualidad de la persona u organismo que ejerce su actividad con relevante capacidad y aplicación)".
- Y sigamos por la complicada, la más retórica y a mi juicio la socialmente menos efectiva: "El profesionalismo es una política de las élites corporativas profesionales que afirma que, bajo su exclusivo control corporativo, todos los miembros de la profesión se comportarán siguiendo unas reglas deontológicas autoimpuestas y autocontroladas que harían innecesario que la profesión estuviera regulada externamente por los poderes públicos y que, en consecuencia, harían que el Estado debería ceder todas sus competencias de control a las propias élites corporativas".
Viva el 'profesionalismo' como actitud práctica y ética al servicio de la sociedad, abajo el 'profesionalismo' como táctica elusiva de los deberes sociales por parte de las profesiones y sus agentes institucionales. A quienes dicen "¡qué horror! profesionales tan exquisitos y entregados como los sanitarios, controlados por sus empleadores/empresas (públicas, claro; las privadas no pueden), que van a corromper sus fundamentos morales y éticos...", yo les digo: ni una cosa, ni la otra. ¿Qué tal agencias públicas con participación de todos los agentes implicados: profesionales, usuarios, empleadores, juristas, expertos, sociedad civil, que entre todos traten de que todo vaya bien? ¿Que cuando los profesionales quieran que algo salga adelante tengan que demostrar -y pactar dentro de sus órganos ejecutivos con un montón de intereses muy diversos- que no se trata sólo de su propio interés, sino del interés público al que se supone que sirven los entes reguladores profesionales? Los colegios profesionales, tal y como los conocemos hoy en día en su modelo, son TAN ANTIGUOS que dan fatiga. ¿Y si los pasamos por la 'batidora del tiempo' y los modernizamos un poquito? Seguro que es bueno, hasta para los propios colegios. Pero siempre desde una acepción de 'profesionalismo' al servicio real de la sociedad y no de sus propios intereses (que no tendrían porqué ser radicalmente incompatibles, aunque sin duda sí un poco).
[PS.- Por si algún colega sociólogo, muy improbablemente pero vaya usted a saber, siguiera este blog, le recomiendo que revise el último número de Current Sociology, dedicado a las organizaciones y ocupaciones profesionales y al profesionalismo, con aportaciones de colegas tan importantes como Ian Kirkpatrick, Julia Evetts o Mirko Nordegraaf. Hay de todo como en botica, pero algunos artículos -como el de Evetts- actualizan muy bien el debate].

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