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martes, 2 de octubre de 2012

Camino de Arabia

El Consejo General de Enfermería [CGE] convocó la semana pasada una rueda de prensa multi-temática. Entre otros temas, presentó unos datos sobre desempleo enfermero, más o menos correctos, correspondientes al último mes 'ordinario' (mayo), cifrando en 16.375 (16.575 en realidad, ya que no tomaron en cuenta a las enfermeras especialistas) las enfermeras inscritas como demandantes de empleo, es decir, un 6.8% si se estima, como hace el CGE, que la población activa de enfermeras aciende a 240.000. En realidad un porcentaje muy pequeño comparado con el de la población activa general (24%), pero sin duda un serio problema para la profesión.

Para completar el panorama y poder calibrar más realistamente las perspectivas de evolución (muy especialmente por parte de los profesionales que están actualmente en situación de desempleo o de extrema precariedad), es preciso disponer de algunas cifras concretas (que requieren un poco más de esfuerzo que limitarse a descargar y mirar los informes mensuales del Servicio Público de Empleo Estatal, todo hay que decirlo):
  • El año pasado (2011) se diplomaron 10.046 enfermeras.
  • Este año (2012) se graduarán unas 840 enfermeras de tres universidades (Zaragoza, Católica de Murcia y Europea de Madrid) que comenzaron a impartir el Grado en el curso 2008-2009.
  • También se diplomarán unas 4.250 enfermeras de las 21 universidades que siguieron impartiendo la diplomatura hasta el curso 2009-2010 y no implantaron el grado hasta el curso siguiente.
  • En total y redondeando, se incorporará al mercado laboral un stock de 5.100 profesionales, prácticamente la mitad que el curso anterior.
Lógicamente, esta brusca reducción, junto con unas tasas de jubilación que no deberían sufrir alteración porque no son coyunturales, y un volumen de homologaciones de títulos extranjeros que se está reduciendo a marchas forzadas (1.243 en 2008; 923 en 2009; 683 en 2010, último año disponible), harán que un porcentaje no desdeñable del desempleo enfermero pueda ser reabsorbido, incluso en esta época de poda salvaje del empleo público.

De  hecho, es la primera vez en los últimos cuatro años que la tasa interanual de variación (lo que varía el dato de un mes en comparación con los datos del mismo mes del año anterior) es más baja en agosto (88%), que en julio (95%); y la primera vez que se reduce en los ocho meses que van de año (hasta agosto, último mes disponible).
  • Enero: 51%
  • Febrero: 52%
  • Marzo: 57%
  • Abril: 79%
  • Mayo: 85%
  • Junio: 88%
  • Julio: 95%
  • Agosto: 88%

Es relativamente fácil predecir que en agosto se ha comenzado una dinámica positiva en términos de reducción del desempleo enfermero que se confirmará previsiblemente con los datos de septiembre (que se publicarán en torno al día 15 de octubre) si no hay nuevas catástrofes políticas. No puedo afinar más los datos porque me faltan los de enfermeras que se jubilan, que no se encuentran disponibles en ningún organismo, ni público ni colegial (no creo siquiera que existan).

Pero si además tenemos en cuenta que en 2013 se graduarán (ya no habrá diplomados) únicamente unas 6.000 enfermeras, me temo que la idea de llenar los vagones de venta de ganado enfermero a Europa, a la que el CGE pretende exportar 13.000 cabezas, se va a quedar en una quimera (es lo que tiene no hacer estudios de mercado rigurosos antes de embarcarte en un negocio y dejarte guiar por las ocurrencias).

Si yo fuera una enfermera en paro pensaría que las cosas están  mejor hoy que ayer y que mañana lo estarán  mejor que hoy. Cosa de agradecer en estos momentos en los que para el conjunto de la población no parecen existir todavía brotes verdes.

Pero no, es más solemne, viste mejor, tratar de acojonar al personal en  momentos ya de por sí difíciles (y, naturalmente, tratar así de hacer caja con nuevos productos como el flamante EURONURSING getting employed).

En cualquier caso, para quienes les interese, esta es la evolución del desempleo enfermero en los últimos cuatro años (clickar para agrandar):




Pero, finalmente, la rueda de prensa también tuvo su momento Club de la Comedia cuando el presidente del CGE anunció la oferta de importación de ¡¡ 100.000 !! enfermeras españolas realizada por Arabia Saudí, noticia que tuvo una amplia repercusión en los medios de comunicación serios. Por eso, por serios, ninguno, que yo sepa, se ha descojonado con la chistosa ocurrencia del CGE. Dice la prensa que "el Consejo General de Enfermería, que ha recibido ahora la masiva oferta del país asiático, rechazó el ofrecimiento por «la condición de la mujer» por esos lares. Lo reveló ayer el presidente del Consejo, Máximo González Jurado. Y la negativa se produjo pese a la promesa de las autoridades saudíes de «relajar un poco la situación»".

Vamos, que si hubiera sido el Reino Unido, Australia, Canadá u otro país más civilizado en cuanto a la situación de las mujeres  -y en los que existe un severo problema de falta de enfermeras-, en vez de la teocracia alauita quien hubiera realizado la solicitud, ya estábais 100.000 haciendo las maletas. Sí o sí. Aquí hay alguien que ha perdido la cabeza  -y el sentido del ridículo-  y me  temo que está más cerca de la Mezquita de Córdoba que de La Meca.

jueves, 16 de agosto de 2012

Funcionarios (II)

1.- Los anglosajones (y en general en toda la Commonwealth) los denominan civil servants (a veces, public servants) y todos ellos conforman el civil service. En la Vieja Europa  solemos llamarlos funcionarios y conforman la función pública.

Aunque es evidente que servicio tiene más carga social y política que función, ambas terminologías son arcaicas, una herencia lingüística fuertemente anclada en el pasado, cuya supervivencia sólo puede explicarse por el elitismo de las élites burocráticas (y no es una redundancia; puede haber élites que no se comporten de manera elitista), fuente nutricia por excelencia de las élites políticas, de ahí que no hayan caído en desuso y aún supongan un label exquisito para unas élites político-funcionariales cada vez menos apreciadas.

El Diccionario de la Real Academia española patina claramente cuando define funcionario: persona que desempeña un empleo público. En las administraciones públicas además de funcionarios hay otros empleados, normalmente denominados personal laboral. Antes que denominar funcionarios (la parte) a todos los trabajadores en nómina de las administraciones públicas (el todo), sin duda es más exacta la denominación empleados públicos, la cual es además jurídicamente más correcta.


2.- Más de una vez he escuchado a profesionales sanitarios del SNS defenderse del supuesto estigma social diciendo que ellos no son funcionarios, sino personal estatutario. Aunque el personal docente e investigador y el estatutario del SNS se rigen por normas propias porque así lo prevé la legislación, en realidad se trata de cuerpos funcionariales específicos. De hecho, el Estatuto Básico del Empleado Público dice (art.2.4) que cada vez que este Estatuto haga mención al personal funcionario de carrera se entenderá comprendido el personal estatutario de los Servicios de Salud.



3.- Pero, ay, los medios de comunicación adoran la palabra funcionario y creen que ésta puede utilizarse sin problemas para referirse a todos los empleados públicos. Así, por ejemplo, cuando el texto de una noticia dice  -correctamente-  que la supresión este año de la paga extra de Navidad a los empleados públicos supondrá reducir en casi 1.000 millones de euros la recaudación por IRPF, el titular, que debe ser más contundente, nos informa de que el Estado ingresará casi 1.000 millones menos por la supresión de la paga extra a los funcionarios. De hecho, si uno teclea en google-noticias paga extra funcionarios obtiene 22.800 resultados; pero si teclea paga extra empleados públicos los resultados son sólo 10.800. La parte por el todo.


4.- Probablemente, a los ciudadanos la palabra funcionario les cae antipática. Así lo reconoce un alto funcionario (jubilado):
El funcionario público no está bien visto por la ciudadanía y es general el identificarlo con el comportamiento burocrático. Lo normal es que se piense que tiene un trabajo cómodo y garantizado, lo que implica, según opiniones comunes, un privilegio frente a los trabajadores del mundo civil [sic].
Y bajo la apariencia de la broma (no olvidemos a Freud y su El chiste y su relación con el inconsciente), encontramos la siguiente perla:
Funcionario: Dicese de aquellas personas que saben leer, comer, dormir, chatear, limarse las uñas, hablar, conspirar, cotillear, mascar chicle, desaparecer, sacarte de quicio y un sinfín de actividades más entre las que no están incluidas la que debieran hacer: trabajar. Se trata de una de las especies más inteligentes del universo ya que logran crear las más ingeniosas artimañas para escaquearse del curro. Tienen una rarisima habilidad por la cual absorben fondos públicos hacia sus nominas, de manera que se cierra el ciclo de la pasta [si eres fuuncionario, te recomiendo que no sigas leyendo esta imaginativa entrada, es tan irritante y cutre como pretendidamente ingeniosa].
Pero, bueno, parece ser cierto que en el imaginario público el arquetipo 'funcionario' no goza de mucho prestigio y sí de bastante animadversión, lo cual hace que sea relativamente fácil para ciertos políticastros, en lugar de adoptar medidas que estimulen realmente la eficiencia, calidad, transparencia y control de costes de las administraciones públicas (y de paso, la imagen social de los servidores públicos), embestir contra el funcionariado ante la indiferencia de un público que sólo piensa: "si ya han jodido a los parados, a los pensionistas, a los trabajadores del sector privado, a los enfermos, a los dependientes, a los alumnos... pues está bien que metan mano también a esta casta de privilegiados que siempre se creyó a salvo de la tijera porque quienes la utilizan son sus primos hermanos".


5.- Resulta curioso que, siendo España un  país con un porcentaje de funcionarios sobre su población activa relativamente moderado, la BBC nos calificara hace un par de años como "El país de los funcionarios", describiendo así la situación: Contrato indefinido y blindado frente a despidos, sueldo estable y buen horario. Así es el paraíso para miles de españoles que sueñan con ser funcionarios. España acaba de superar por primera vez los tres millones de empleados públicos (...) ¿Puede un país vivir del empleo público?"


6.- Tenemos, pues, una misma palabra, funcionario, que se usa tanto como sustantivo, como calificativo. Cuando a la opinión pública la interrogamos sobre los funcionarios, así en general, responden refiriéndose al término como calificativo, antes que como sustantivo, ya que no se refieren a su médico o enfermera, al maestro de sus hijos o al bombero que le ayudó a salir de un ascensor bloqueado o le salvó de un incendio, sino al indolente ventanillero que renueva su pasaporte, al torvo inspector de hacienda que husmea en su declaración fiscal, al aempático mesero de la oficina de (des)empleo que sabe que nunca tendrá que sentarse al otro lado de la mesa, incluso al ruidoso cartero que aporrea todos los telefonillos del portal para poder repartir la correspondencia. Cuando un guardia civil o un policía multa a un ciudadano aplicando leyes y reglamentos administrativos, es un funcionario (calificativo); pero cuando un guardia civil o un policía se juegan la vida para defender sus derechos y libertades, es un héroe del que nunca se hace notar que es eso, un funcionario (sustantivo).

miércoles, 11 de julio de 2012

La buena reputación

Ya he hecho referencia en algunas entradas a la crisis de imagen de la enfermería británica (uno de los principales referentes imaginarios, creo que junto con Canadá, de las enfermeras españolas), tocada duramente por noticias de mala praxis y hasta criminales protagonizadas por enfermeras de los que la prensa se hace eco con santa  -y justa-  indignación, a un ritmo de dos o tres veces a la semana (las dos últimas, aquí y aquí, ambas esta vez en Escocia), así como por una turbia historia de rencillas, torpezas e indolencias de su órgano regulador, el Nurse & Midwifery Council, algo que también he comentado hace poco en el blog.

Pero estamos en verano y hoy ya nos ha mentido y pisoteado bastante, así que es mejor hablar de algo positivo, la otra cara de la moneda, aunque sea abroad, por ejemplo la imagen pública de la enfermería en Estados Unidos, un país que se ha convertido en semillero de innovaciones en diferentes áreas asistenciales, muy especialmente en problemas de su muy deficiente atención primaria y del abordaje de los pacientes con patologías crónicas complejas (ver por ejemplo, esta entrada del blog). En EEUU, la enfermería empezó a ver reconocido su rol de profesión sanitaria autónoma e interdependiente ya en los años 60 del siglo pasado; el efecto mercado en la libre elección de lugar de ejercicio por parte de los médicos de atención primaria obligó en su momento a sobreformar a miles de enfermeras para que las áreas rurales, sobre todo las más deprimidas, no quedaran sanitariamente desatendidas. Ello está en la raíz de los roles avanzados enfermeros, hoy en día absolutamente consolidados y extendidos por todo el país (más en unos estados que en otros, desde luego, debido a unas heterogéneas y cambiantes normativas). Y esta historia confirma que los avances reales de una profesión son mucho más probables cuando, en realidad y no sólo como ficción de unas élites sobreactuadas y victimistas, tratan de dar respuesta a los problemas reales del mundo real.

Y como no podría  -o al menos no debería-  ser menos, la enfermería es la profesión con mejor imagen pública en EEUU: el prestigioso instituto de opinión Gallup realiza cada año una encuesta sobre la imagen de las profesiones y, como resalta la nota de prensa de la última de ellas (diciembre de 2011), nurses consistently top the list, having done so each year since they were first included in 1999 -- apart from 2001, when firefighters were included on a one-time basis to measure public support for them after their heroic actions on 9/11 ["las enfermeras lideran el ranking de manera consistente desde que fueron incluidas por primera vez en 1999, si exceptuamos 2001, cuando los bomberos fueron incluidos por primera y única vez para medir el apoyo que recibieron tras su heróica actuación el 11 de septiembre"]. Aquí está el ranking, que se comenta por sí solo (por arriba pero también por abajo si tenéis curiosidad):


Una lección a aprender: dar respuesta a los problemas de la gente y de las organizaciones sanitarias, por encima de los de las élites enfermeras, es rentable al menos en términos de prestigio social, algo de lo que están muy necesitadas las enfermeras.

Moraleja: no fiarse nunca de las élites enfermeras que viven del cuento a vuestra costa. Y en todo caso, para no ser injustos, tratad de distinguir el trigo de la paja.

martes, 15 de mayo de 2012

¿10.000 enfermeras al paro por los recortes?

El presidente del Consejo General de Enfermería, Máximo Antonio González Jurado está de lo más activo. Compadrea "improvisadamente", dejando con el culo al aire al presidente de las Organización Médica Colegial, con la Ministra de Sanidad (no os perdáis las últimas declaraciones de ésta, hacen buenas hasta las de Pajín, que ya tiene mérito), para salvar a los pobres médicos y enfermeros titulares: especie jurásica procedente de la Beneficencia que se está tratando de integrar en el régimen estatutario al menos desde 1988, algo que nunca se ha conseguido hasta la fecha, nadie sabe porqué. ¿O sí?

Realiza y presenta en apenas unos días un estudio con 3.000 encuestas, con un cuestionario absolutamente predecible y sesgado, para dar la gran noticia: nada menos que un 10,4% de las enfermeras (auto)encuestadas cree que los recortes sanitarios son "acertados"; un 7,6% cree que son "justos"; un 9,4%, que son eficaces; y un 27,4%, necesarias.

Y, finalmente, convoca una rueda de prensa para afirmar contundentemente que los recortes producidos en los dos últimos años en los servicios sanitarios públicos han supuesto entre 9.500 y 10.000 puestos de trabajo enfermeros eliminados. Si revisamos las estadísticas del Servicio de Empleo Público Estatal, en marzo de 2010 había 26.709 demandas de empleo de enfermeras; en marzo de 2011, 11.055 (y se contrató a 6.810 enfermeras); y en marzo de 2012, 16.844 (y se contrató a 6.393).

Teniendo en cuenta: a) que para apuntarse a las bolsas de empleo de los servicios públicos de salud hay que estar registrado previamente como demandante de empleo; b) que los demandantes de empleo lo son para las organizaciones sanitarias públicas y privadas; y c) vale, es posible  -más bien probable-  que los datos de 2010 no sean tan fiables como los de 2011 y 2012. Entonces, la pregunta es: ¿de dónde saca el presidente del CGE la cifra de "entre 9.500 y 10.000" empleos enfermeros públicos, siendo en el sector público donde se aplican los recortes presupuestarios?

La respuesta es obvia: se los inventa, como probablemente todos los demás, encuesta incluida.

PS.- Es la primera vez  -y me dedico a esto-  que veo publicidad de la empresa contratada para realizar un estudio de opinión dentro de un informe entregado al cliente y que éste hace público (ver la  página 2 del citado informe). Curioso... ¿o no?

miércoles, 18 de enero de 2012

El proyecto RN4CAST-España, primeros resultados (II)

Ayer echamos un primer vistazo al Informe Global Hospitales Españoles, el apartado español del proyecto europeo RN4CAST, que han preparado desde Investén-ISCIII. Analizamos, en concreto, los resultados del apartado ambiente de trabajo.

Hoy revisaremos, dentro de las limitaciones que supone no disponer de las fuentes primarias de información, las 'subescalas' de burnout o agotamiento laboral (en sociología, al menos en mi campo, solemos denominar 'dimensiones' a lo que aquí se denominan 'subescalas'). En este caso, los investigadores utilizaron un instrumento de medida muy utilizado en investigaciones de clima laboral, el Maslach Burnout Inventory [MBI].

La versión española del MBI ha sido validada en cuanto a su validez factorial y su consistencia interna por Pedro R. Gil-Monte. Dicho de forma apresurada y seguro que no demasiado precisa, la validez factorial garantiza que cada ítem esté correctamente incluido en su escala o dimensión, y no en otra errónea, y la consistencia interna garantiza la fiabilidad (estabilidad y reproducibilidad) de cada pregunta/escala.

El MBI tiene tres dimensiones: 'agotamiento emocional', 'despersonalización' y 'realización personal'. Los resultados de cada dimensión, sin embargo, no son comparables directamente porque utilizan diferentes rangos de puntuación, dependiendo del número de ítems de cada una (nueve, cinco y ocho, respectivamente, con valores máximos posibles de 54, 30 y 48 puntos). Así que, para permitir la comparación los he llevado a una escala común, de 0 a 100. Los resultados son estos (clicar para ampliar):





La puntuación más alta (es decir, la peor situación en relación con el burnout) corresponde claramente a la dimensión 'realización personal', con un 28% de los encuestados mostrando niveles altos de agotamiento y sólo un 43%, niveles bajos. La situación es claramente mejor en las otras dos dimensiones, especialmente en 'despersonalización' donde el 63% muestra niveles bajos de agotamiento y sólo un 12%, niveles altos. No existen grandes diferencias según el tipo de unidad, si bien la situación parece ser mejor en las unidades de cuidados críticos y peor en las unidades quirúrgicas.

Debe ser fantástico disponer de la base de datos para trabajar con los datos primarios y poder cruzar la información por todas las variables de caracterización recogidas en los cuestionarios (sexo, edad, tipo de hospital, tipo de contrato laboral, antigüedad, etc.).


El informe termina con un estudio de satisfacción laboral que constituye, a mi juicio, el apartado menos afortunado del mismo, por dos motivos: el primero, que sólo se pregunta por nueve aspectos, dejando fuera muchos otros muy relevantes para explicar la satisfacción/insatisfacción laboral (percepción de equidad, incentivos, liderazgo, estabilidad laboral, trabajo en equipo, relaciones personales...). Y el segundo, que se pide valorar etiquetas en vez de descripciones, lo cual está bien cuando se pregunta por cosas inequívocas, como vacaciones, salario o permisos para estudios, pero resulta altamente impreciso en otros aspectos equívocos e interpretables, como 'autonomía', 'estatus'  o 'desarrollo profesional', que pueden significar cosas muy distintas para personas diferentes. Salvo, naturalmente, que se hiciera así y las etiquetas se hayan asignado a posteriori.

Las escalas tipo Likert suelen utilizarse solicitando el grado de acuerdo con afirmaciones (positivas o negativas) que ilustran y homogeneizan perfectamente lo que el investigador desea conocer con exactitud; por ejemplo, solicitar el grado de acuerdo con la afirmación "puedo tomar libremente todas las decisiones que corresponden a mi posición profesional y no impliquen a otros profesionales", para medir el grado percibido de autonomía (perdón por la improvisación, no pretendo sino ilustrar la técnica Likert).

En cuanto a los resultados, parece claro que el salario y los aspectos de desarrollo profesional son los peor valorados, mientras que los relativos a condiciones de trabajo se sitúan a la cabeza. Este es un resumen (en este caso proporcionamos el dato de encuestados 'moderadamente' o 'muy' satisfechos):








Llama la atención  -aunque no es en absoluto inusual-  que la satisfacción global autoexpresada (no es la media de los restantes atributos) se sitúe como segundo valor más alto, como indicando que los aspectos de la parte alta de la tabla son los más directamente implicados en la conformación de la satisfacción general, hipótesis que requeriría un análisis estadístico específico sobre la base de datos original, individuo a individuo, para poder ser respaldada.


Para finalizar, además de repetir la felicitación al equipo que ya expresé ayer, es evidente que se trata de un resumen muy (demasiado) limitado del valioso material recopilado y espero que dentro de Investén se vayan realizando análisis más completos (y que sean divulgados). Y también poder disponer de análisis comparativos con los otros países europeos estudiados.

martes, 17 de enero de 2012

El proyecto RN4CAST-España, primeros resultados (I)

El Instituto de Salud Carlos III, a través de su Unidad de coordinación y desarrollo de la Investigación en Enfermería (Investén-isciii), participa en el proyecto RN4CAST [Nurse Forecasting in Europe, 'Observatorio de la Profesión Enfermera Europea'], junto con otros 11 países. Por simplificar, se trata de un estudio de clima laboral de las enfermeras tituladas, si bien limitado sólo al ámbito hospitalario.

Investén acaba de difundir los resultados de la primera parte del estudio, referidos a los hospitales españoles, bajo el título Informe global hospitales españoles. Resulta estimulante, dada la casi absoluta ausencia de estudios y análisis empíricos sobre la situación de la enfermería 'real'. Es una pena que no se haya incluido a la enfermería de atención primaria, pero es lo que hay. Además, sólo se trata de momento de una primera fase (encuestas a enfermeras), pero se plantea retos mucho más ambiciosos: encuestas a pacientes y análisis cuantitativo a partir de los CMBD hospitalarios. Y permitirá cruzarlo todo, que será lo más excitante para poder valorar las diferentes miradas.

Además, se trata de una base de análisis con 5.697 encuestas, lo cual, extrapolado a una población aproximada de unas 140.000 enfermeras hospitalarias, nos da un margen de error menor del 1,3% (en las condiciones normales de equiprobabilidad y nivel de confianza): es decir, una joya estadística, inusual por su volumen muestral (podría aprender quien yo me sé, en vez de gastarse las perras en otros temas, sin duda más rentables...). Eso sí, la gran mayoría de los centros en los que se ha encuestado a las enfermeras son de titularidad pública, lo que sesga en buena medida la muestra.

En cuanto a la metodología, está basada en instrumentos internacionales de medida validados, aunque ignoro si se ha validado la consistencia de las escalas traducidas al castellano. La metodología de encuesta es escalar, basada en escalas ordinales tipo Lickert, aunque con diferentes rangos e intervalos. Hasta donde sé  -y trataré de ampliar la información-, no se ha utilizado la metodología de escala de valor (que pondera las medias de cada 'dimensión' en función del nivel de importancia adjudicado por los encuestados a cada pregunta o 'ítem'), sino que se trataría de medias aritméticas simples, es decir, el promedio de los resultados numéricos o de las frecuencias en cada estrato de análisis para cada escala simple.

Los resultados son interesantes. En cuanto al 'ambiente de trabajo de enfermería' (las escalas van de 1 a 5, lo cual significa que la media es 2,5), se analizaron cinco 'dimensiones' y los resultados comparativos son los siguientes:


El aspecto más insatisfactorio es la escasa 'participación de la enfermería en cuestiones de hospital', seguido muy de cerca por una inadecuada 'dotación y adecuación de recursos'; en el extremo contrario, los aspectos más positivamente valorados son la 'habilidad, liderazgo y apoyo a las enfermeras por parte de sus responsables' y los 'fundamentos enfermeros para unos cuidados de calidad'. Las relaciones laborales enfermera-médico quedan a medio camino, raspando el aprobado.

En términos generales, si promediamos las medias de cada 'dimensión', no existen grandes diferencias dependiendo del ámbito asistencial de los entrevistados, con valores promediados por debajo de la media técnica ('aprobado') en todos los casos.

Mañana, más. Mientras tanto, felicitaciones al equipo dirigido por Teresa Moreno y Carmen Fuentelsaz.

jueves, 12 de enero de 2012

El parto de los montes

Leía ayer en Acta Sanitaria: "En marcha la gran encuesta de la Enfermería sobre su papel en el Sistema Nacional de Salud".

Me dije: por fin el Consejo General de Enfermería [CGE] se decide a dirigirse a las enfermeras del país para pedirles que definan cuál debería ser el papel de su profesión en la sanidad española, por fin se han dado cuenta de que hay que contar con la opinión de quienes están realmente currando al lado de los pacientes...

Y claro, deformación profesional: me dirigí a la web del Consejo para ver si había algún dato adicional, cuestionario, muestreo, metodología...

Lo que me encontré fue esto (clicar para agrandar):




Y me dije: estos de Acta Sanitaria son unos cachondos...

PS.- Lamento parecer monotemático, pero estaréis conmigo en que lo ponen realmente a huevo...

jueves, 5 de enero de 2012

Que la realidad no te haga perder un gran titular

El amigo Carlos Núñez nos proporcionó ayer el enlace a una noticia que parecía  -y parece-  muy preocupante, publicada en la edición digital del tabloide británico Daily Mail. El titular es éste:


Más del 50% de las enfermeras [del Reino Unido] creen que los cuidados que prestan a los pacientes  son mediocres,o aun peores, y algunas admiten que se sienten 'avergonzadas' de su profesión.

Y me picó la curiosidad, así que después de leer la noticia me fui a la fuente primaria, el análisis de la encuesta que realizaba quien la encargó, la revista Nursing Standard, editada por el Royal College of Nursing. El titular que escogió, a su vez, fue éste:

Dennos las plantillas adecuadas para poder mejorar los estándares asistenciales.

Utilizando una técnica muy habitual en estudios de satisfacción, a los entrevistados se les pedía que valoraran la calidad de la atención que cada uno prestaba a sus pacientes (referente personal) y también la de la enfermería británica en general (referente general). Los resultados son elocuentes:


Es decir, que el 57% que considera muy mal o mal los cuidados de enfermería 'en general', se convierte en un magro 18% a la hora de evaluar la calidad de los cuidados de enfermería que personalmente proporcionan. Y el escaso 17% que los valora bien o muy bien en términos generales asciende hasta dos tercios (63%) de los encuestados. El tabloide, como es lógico, escogió el titular más noticioso, sin siquiera hacer mención del otro resultado.

Este efecto es usual: cuando somos entrevistados, siempre valoramos mejor nuestro trabajo que el del conjunto de nuestra profesión, centro o unidad. Personalmente, recuerdo perfectamente que durante la elaboración de un plan estratégico para un hospital comarcal extremeño, entonces del Insalud, realizamos una encuesta similar a médicos, enfermeras y personal no sanitario y el resultado fue exactamente el mismo: todos los servicios o unidades valoraban mucho mejor su actuación que la del conjunto de los servicios y unidades del centro; en todo estaban mejor... menos en presupuesto y plantillas.

Pero hay más en ese titular, cuando dice "y algunas admiten que se sienten 'avergonzadas' de su profesión". El 'algunas' se convierte en sólo 'una' cuando se consulta la misma fuente primaria que consultó el Mail. Es la afirmación de una sola enfermera, y además matizado. La cita exacta es la siguiente: A community nurse agreed: 'Respect has to be earned and is easily lost. I am ashamed to be a nurse at times. I endeavour to be the best nurse I possibly can.' [Una enfermera comunitaria admitió: 'El respeto hay que ganárselo y se pierde fácilmente. Hay veces en  que me avergüenzo de ser enfermera. Me esfuerzo para ser la mejor enfermera posible']. Y dice avergonzarse a causa de aquellas enfermeras que en cuanto son exigidas en su cumplimiento piden una baja o acuden a su sindicato.

Eso sí: cuando uno lee, tras el artículo, los sesentaytantos comentarios que provocó se da cuenta de un factor común a todas los profesiones: toda la culpa siempre es de los otros, nunca propia, se trate de los pésimos resultados de sus alumnos en el Informe Pisa, de los miles errores clínicos que se producen en sus servicios hospitalarios o de los déficitis de calidad asistencial a sus pacientes.

Y resulta curioso que, mientras que las enfermeras, en sus propios foros, tienden a ser muy críticas y autoexigentes, cuando se trata de opinar en abierto se produce una reacción corporativista donde no hay medias tintas: toda la culpa es de políticos, directivos, cargos intermedios, pacientes, médicos y el público en general. Mal asunto porque te conviertes en carne de cañón en cuanto se produce un solo caso atribuible directamente a tu mala praxis, tu desidia o tus  -inevitables, pero limitables-  errores humanos.