"Era la ronda de por la mañana en el hospital y todo el equipo médico se detuvo en la habitación del paciente. Los resultados de una prueba se habían retrasado y el paciente, un amistoso hombre de mediana edad, preguntó bromeando a su médico a quién debería reñir. Dándose la vuelta y señalando a la enfermera del paciente, el médico respondió: 'Si quiere chillar a alguien, que sea a ella'.
Esta viñeta no es una escena de la serie House, ni sucedió hace 30 años, cuando las enfermeras eran meras subordinadas de los médicos. Por el contrario, me ocurrió a mí, en mi hospital hace apenas unos meses. Según salimos de la habitación le pregunté al médico si podía citarlo en uno de mis artículos. 'Por supuesto', respondió, 'es una tradición bendecida con el tiempo: echa la culpa a la enfermera cuando algo va mal'.
Me sentí pasmada e insultada, pero mis sentimientos son una cosa y otra más importante los problemas que este tipo de actitudes suponen para la salud del paciente. Refuerzan el estereotipo de las enfermeras como poco más que candy-stripers, generando un entorno hostil e incluso peligroso, en un medio en el que una estrecha colaboración puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte".
El médico patoso la lió: no sabía que la enfermera oncológica con la que estaba hablando era colaboradora ocasional del New York Times, periódico que acogió gustoso el comentario de Theresa Brown. La elegancia de esta respuesta, aludiendo al impacto que este tipo de problemas de abuso o intimidación (bullying) tiene sobre los pacientes y no -que también lo tiene, por supuesto- sobre las enfermeras y reconociendo que no sólo se producen entre médicos y enfermeras, sino entre otro tipo de personal, incluidas las propias enfermeras, me parece exquisita y por eso la reproduzco aquí. Lamentablemente para algunos (espero que pocos), está en inglés; he traducido el comienzo para poner la entrada en contexto. Acaba diciendo:
"El bullying más peligroso no es descarado y no encaja en el estereotipo de un cirujano con un berrinche en el quirófano. Es pasivo, como no atender el busca o el teléfono y tiende a ser más sutil: condescendencia, en lugar de abuso descarado, comentarios agresivos o sarcásticos más que insultos directos [...] Aunque la mayoría de los médicos son profesionales amables y bien intencionados y muy raramente he tenido problemas cuando he hablado francamente con ellos, a no ser que seamos capaces de cambiar el talante general del entorno laboral, médicos como el que me insultó delante de mi paciente continuarán actuando con impunidad".Mientras era estudiante trabajé varios años como celador en un gran hospital madrileño y fui testigo decenas de veces de este tipo de tratamiento entre altanero y humillante hacia las enfermeras, especialmente -aunque no sólo- por parte de una cierta tipología de médicos, generalmente los viejos fachas que por aquella época pensaban que los centros (y las enfermeras) eran suyos. Pero, sinceramente, pensaba que eran cosa del pasado. ¿Sigue sucediendo hoy?
Si, siento decirte que, aunque poco, sigue sucediendo hoy. He visto varios casos, me han contado otros tantos y alguno lo he vivido en mis propias carnes. El problema también es que en muchas ocasiones no sabemos defendernos, bien porque no tenemos herramientas de afrontamiento, porque evitamos el conflicto, porque hacemos eso de "el mejor desprecio es no hacer aprecio", etc... La mentalidad de médico y SU enfermera (me hierve la sangre, yo soy enfermero del paciente no de ningún mñedico) sigue viva. Y por ello, piensan que te han contratado ellos, que eres su simple ayudante, por no decir su chacha, y que te dedicas a realizar 4 técnicas que ellos te delegan.
ResponderEliminarEn fin, espero que poco a poco vayamos adquiriendo la valentía y los recursos necesarios para que se acabe esto.
Ahora, no todos son así, gracias a dios, la mayoría de los médicos (quiero creer que es así), conciben o empiezan a concibir, la sanidad como un equipo.
Un saludo!
Por desgracia Sí Juan.
ResponderEliminarQuisiera destacar una de tus últimas palabras: Centros.
Me molesta que crean que el resto de personal y enfermos estamos sometidos a sus caprichos y a veces falta de profesionalidad (tardar en responder a los buscas como ejemplo) pero el colmo fue cuando hace poco me di cuenta que también consideran como SUYOS los centros, las unidades, el servicio,... Creer que tienen el derecho de contratar al amigo y no al mejor, como un señor de un feudo o un cacique y no como un funcionario AL SERVICIO público.
Sobre el maltrato a la enfermera de turno... al artículo que compartes me remito.
Gracias por vuestros comentarios, ambos muy elocuentes. Habrá que ir cambiando este estado de cosas, pero la pregunta es ¿cómo? Lo cierto es que a nivel individual o incluso de centro es muy difícil, sólo si existen campañas de educación (sí, educación) dirigidas a los médicos será posible adaptar los centros a los tiempos de hoy, ya que siguen gobernados por las mismas culturas de hace cuarenta años. Y para eso hay que tener fuerza, poder y capacidad de interlocución, algo de lo que hoy carece por completo la enfermería española. Ánimos y saludos.
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