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lunes, 9 de mayo de 2011

La guerra de la sal


La publicación en el último número de JAMA de un artículo con los resultados de una investigación (Fatal and Nonfatal Outcomes, Incidence of Hypertension, and Blood Pressure Changes in Relation to Urinary Sodium Excretion) sobre la relación entre la ingesta de sal, la hipertensión y la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, en el que se cuestiona la aparentemente incuestionable ecuación [más ingesta de sodio = tensión arterial más elevada = mayor riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares], ha desatado una gran polémica, ya que el estudio desafía una de las convicciones más asentadas, menos cuestionadas, no sólo entre los profesionales sanitarios, sino también entre la población general.

El estudio es de carácter prospectivo y se basa en el seguimiento, durante cerca de ocho años, de 3.681 individuos europeos seleccionados de forma aleatoria (aunque se trata de personas extraídas de la población participante en otros dos estudios no directamente relacionados). Sus conclusiones son éstas:








Es decir, que al contrario de lo esperado, menores niveles de sodio no se asocian a presión diastólica más elevada (sí, la sistólica) ni a mayor mortalidad por enfermedades cardiovasculares, justo al contrario. El hecho de que el artículo lo haya publicado la revista de la poderosa Asociación Médica Americana es lo que ha dado alas al debate (ver estos artículos del New York Times y The Wall Street Journal, por ejemplo), de otra forma sin duda hubiera sido absolutamente despreciado o silenciado.

Más allá de lo puramente descriptivo y de los sesgos metodológicos que sin duda existen (población muy joven, en torno a los 40 años de promedio; medición indirecta de la ingesta de sal, ya que directa es imposible; tomas de orina muy escasas; tratamiento estadístico dudoso...), los autores cuestionan las políticas sistemáticas y universales de reducción drástica de la ingesta de sal; como dice uno de sus autores: "Si reduces mucho la ingesta de sal, entonces activas algunos de los sistemas de retención del sodio y es bien sabido que estos tienen una influencia negativa en los resultados cardiovasculares".

Lo más chocante es que el estudio llega en pleno debate en los EUA acerca de la limitación legal de la cantidad de sal permitida en los productos alimentarios manufacturados. ¿Casualidad?

En todo caso, el debate está servido (con poca sal, de momento).

[Nota.- Dado que el artículo de JAMA es por suscripción o pay-per-view ($30), podéis encontrar un resumen algo más amplio aquí].

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