El pasado 18 de mayo pronuncié la conferencia de clausura
del Congreso de la Asociación de Enfermería Comunitaria,
en Barcelona. Reproduzco aquí las notas que me sirvieron para
amenizar durante 70 largos minutos a la sufriente audiencia
(para que no me odien también los lectores del blog las he
dividido en cinco entradas. Esta es la tercera entrega; la primera,
por si no las habéis leído, la tenéis aquí; y la segunda, aquí).
dividido en cinco entradas. Esta es la tercera entrega; la primera,
por si no las habéis leído, la tenéis aquí; y la segunda, aquí).
3. Transformaciones radicales
Hace más de 20 años, dos enfermeras de Minnesota tuvieron una visión de futuro que hoy está ayudando a transformar los viejos modelos organizativos de los servicios sanitarios. Sirviéndose básicamente de su propia experiencia profesional se dieron cuenta de que muchas personas mayores que ingresaban en una residencia tenían serias dificultades para poder ver a su médico de cabecera de manera regular, haciendo mucho más difícil para sus familias coordinar sus diversas necesidades sanitarias. La consecuencia más gravosa era que los residentes entraban y salían frecuentemente de los servicios de urgencias, siendo además hospitalizados en numerosas ocasiones, con lo que ello representa en términos de sufrimiento, deterioro de una salud ya de por sí precaria y carga para las familias. Y con un impacto económico creciente en el gasto sanitario público (su seguro público, Medicare, es financiado por el gobierno federal).
Idearon lo que hoy es un servicio financiado por el asegurador público a través de las residencias que se adhieren al programa: Evercare. A cada residente de los centros participantes en el programa se le asigna una enfermera de práctica avanzada, normalmente denominada case manager, gestora de casos,que, de manera coordinada con el médico, la familia y el personal de la residencia presenta un plan general de cuidados individualizado. Hay que tener en cuenta que en los estados donde se desarrolla este programa las enfermeras de práctica avanzada (nurse practitioner), con autonomía plena o parcial, están autorizadas a realizar diagnósticos, gestionar todos los aspectos relacionados con patologías crónicas y prescribir pruebas y medicamentos (con mayores o menores limitaciones). Posteriormente, el programa salió de las residencias y se ofreció como un complemento al seguro público a personas que viven solas o que tienen necesidades especiales por padecer patologías crónicas, discapacidades o situaciones familiares complicadas.
Desde entonces, son muchos los programas con una base similar que se han ido desarrollando, todos ellos con una base común, el rol fundamental de la enfermería gestora de casos y la introducción de las nuevas tecnologías de información y comunicación, las famosas TICs. El modelo seminal de Evercarese ha ido perfeccionando con el tiempo y sin duda un lugar relevante en este proceso evolutivo lo ha desempeñado el modelo Kaiser Permanente, el más conocido por aquí, dado que está inspirando algunas estrategias de atención a la cronicidad de servicios de salud españoles, el más conocido de los cuales es el del País Vasco. Kaiser Permanente introdujo una modificación esencial, una importante vuelta de tuerca dentro del gran salto cualitativo que supuso Evercare: el modelo o era global, sistémico, o no sería fundamental, no supondría un salto evolutivo. Debería desarrollarse en todos los ámbitos del sistema de salud y no sólo empezar a actuar ante poblaciones con problemas serios o amenazantes de salud o capacidad funcional y social.
La propuesta más ambiciosa, lo que algunos juzgan como el salto evolutivo definitivo, la representa CareMore, un modelo organizativo en el que todo el sistema de atención extrahospitalario gira en torno a la enfermería, actuando el resto de los recursos humanos como consultores. Ya no se trata de la enfermera gestora de casos, sino de la enfermera como eje en torno al cual se articula la actuación de todos los agentes de salud.
No tengo tiempo para extenderme en una descripción detallada del modelo CareMore, así que dejaré que lo haga un editorial de la revista de la Sociedad Americana de Geriatría con un título significativo: “Los médicos en roles de apoyo en laatención a la enfermedad crónica: El modelo CareMore”:
El modelo CareMore supone una destacable desviación sobre la práctica de la medicina que se desarrolló en el siglo XX. Está basado en el trabajo en equipo, en las evidencias, en las tecnologías de la información y en un contacto intenso. Todo lo contrario del concepto de equipo construido en torno al médico; el médico no es sino uno de los muchos componentes del modelo de asistencia sanitaria de CareMore (...) La experiencia inicial de CareMore sugiere que puede prestarse una asistencia comparable o mejor con menos médicos (...) De manera similar a otras innovaciones disruptivas, el modelo CareMore generará una cierta marejada de oposición a la idea de que el médico no necesita estar al timón en la gestión de las enfermedades crónicas. Sin embargo, una vez forzados a competir en calidad, satisfacción y costes, el modelo CareMore puede emerger como el modelo dominante en la prestación de servicios sanitarios a las personas mayores con enfermedades crónicas.
La base de esta gran ‘innovación disruptiva’ fue atreverse a plantear, de manera muy ceñida a la realidad, que la gran aportación de la Medicina a los servicios de salud quizás pudiera haber empezado a provocar disfuncionalidades en una nueva realidad sanitaria, social y económica a la que los servicios de salud deberían haber empezado a adaptarse sin partir de premisas tan tradicionales como el incuestionable rol central de la Medicina. El hecho, para nada fortuito, de que todos estos desarrollos tuvieran lugar en Estados Unidos puede hacer saltar las alarmas de algunos puristas ideológicos. Pero lo cierto es que se trata de desarrollos de grupos privados orientados a la sostenibilidad del seguro sanitario público por excelencia, Medicare, el seguro médico público de los pensionistas.
Además, Estados Unidos es el país que con mayor contundencia ha apostado por la enfermería. ¿Saben porqué? Porque Estados Unidos tiene un GRAN (y en mis notas este gran está en mayúsculas y negrita) problema con la profesión médica. La potenciación de la enfermería es un tema estratégico para los servicios de salud, no relacionado tanto con el ahorro de costes como con tratar de solucionar los graves problemas de racionalidad relacionados con la medicina que se vienen constatando desde hace décadas, pero que ahora suponen definitivamente una verdadera rémora para la sostenibilidad de los sistemas sanitarios. Entre otras, éstas:
- Variabilidad injustificadaen procedimientos, procesos y resultados.
- Hegemonía del pensamiento tácito como arquetipo cultural de lo que es ser un buen médico cohibiendo el desarrollo de procesos de toma de decisiones clínicas basados en evidencias.
- Falta de compromiso con los servicios sanitarios por la negativa a desarrollar mecanismos efectivos y transparentes de rendición de cuentas (accountability).
- Supervivencia de una mentalidad individualista y elitista que limita culturalmente el desarrollo de dinámicas multiprofesionales, interorganizacionales y de red basadas en la racionalidad y las curvas de experiencia y no en el estatus.
- Deterioro del profesionalismo ético y de sus valores, cuestionados a causa de unas amistades peligrosas con la industria claramente más productivas que los viejos valores de servicio público.
- Rígidas estructuras directivas profesionales al servicio de la propia profesión y no de las necesidades asistenciales, fragmentadas en compartimentos estancos donde cada cual sólo se preocupa por su propio territorio.
De ahí que una organización médica tan prestigiosa como el Institute of Medicine editara un voluminoso informe (casi 600 páginas) titulado ‘El futuro de la enfermería. Liderando el cambio, avanzando en salud’, en el cual podemos leer: “Estados Unidos tiene la oportunidad de transformar su sistema sanitario y las enfermeras pueden y deben jugar un rol fundamental en esta transformación”.
La sostenibilidad de los servicios de salud en el futuro pasa necesariamente por permitir a las enfermeras que desarrollen hasta sus últimas consecuencias todas las capacidades y competencias adquiridas durante su formación y a través de su experiencia, da igual si esas nuevas funciones venían siendo desarrolladas por otros profesionales que sin duda serían de mayor utilidad (y más rentables) ocupándose de las tareas para las que sí es indispensable haber recibido una formación básica y especializada de 10 u 11 años. El desarrollo intensivo y extensivo de una enfermería de práctica avanzada es una innovación disruptiva inexcusable para garantizar un servicio sanitario público, sin duda organizado de manera muy diferente al que hoy conocemos, pero capaz gracias a ella de seguir encarnando los mismos valores que siempre ha representado... más el de suficiencia financiera.
Dos ejemplos:
Dos ejemplos:
- Ayer, aquí mismo, en la presentación del Informe SESPAS sobre atención primaria, Francisco Hernánsanz nos hablaba del caso del dispositivo intrauterino, el DIU, que en Suecia lo implantan enfermeras, en Portugal médicos de familia y en España, médicos especialistas en ginecología y obstetricia.
- En el Reino Unido (y otros países como Estados Unidos) no existe la figura del pediatra de atención primaria. Tampoco parece tener mucho sentido que el seguimiento del niño sano en España lo realicen pediatras, una especialidad esquizoide a medio camino entre la especialidad hospitalaria y la de atención primaria, existiendo médicos de familia y menos aún enfermeras especialistas en pediatría. Todo esto tiene que ver con 'nichos de mercado' y no con racionalidad en la planificación de recursos humanos.
Hoy en día ya no deberían existir ‘mapas profesionales’ incuestionables, basados en la tradición y en los equilibrios de poder y no en la racionalidad. Cada vez más los servicios de salud se sustentan en la diversidad, en dar soluciones locales a problemas locales. Las legislaciones y reglamentaciones tendrán que ir sirviendo de base y fundamento a esta capacidad de diversificación. Y es que el futuro de los servicios sanitarios pasa en buena medida porque muchas de las cosas que hacen hoy médicos especialistas en los hospitales lo pasen a hacer médicos de familia en los centros de salud; y porque muchas de las cosas que hacen hoy médicos generales en los centros de salud las pasen a hacer enfermeras en los propios centros de salud y en la comunidad. Y muy probablemente porque cosas que hoy hacen las enfermeras tituladas, sobre todo en los hospitales, lo pasen a hacer auxiliares de enfermería. De esto se hablaba cuando se proponían las ‘innovaciones disruptivas’ en la sanidad.
Es evidente que ni los médicos generales ni las enfermeras ni las auxiliares de enfermería podrán ser las mismas si queremos que estas ‘innovaciones disruptivas’ tengan lugar, pero habrá que ir adaptando los planes formativos para que puedan ser los profesionales adecuados, cada uno en su lugar y con sus competencias renovadas.
(Y por cierto, si me permitís la digresión, la misma displicencia que ayer comentaba Hernánsanz que muestran muchos especialistas hospitalarios con respecto a los médicos de familia es de la misma estirpe que muestran muchos médicos de familia con respecto a las enfermeras, como he descrito muchas veces en el blog. Y, lamentablemente, la que muchas enfermeras muestran con respecto a sus compañeras de fatigas, las auxiliares de enfermería).

