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martes, 8 de noviembre de 2011

Midiendo la calidad de vida

Comentaba ayer algunos datos contenidos en el libro How's life? Measuring well-being, del que ya dijimos que era uno de los productos de la iniciativa Better life de la OCDE.

A partir de los resultados de la investigación cuantitativa (datos oficiales proporcionados por organismos nacionales e internacionales, más resultados de las encuestas directas en los diferentes países, aunque no se dice demasaido sobre la metodología ni las muestras o, al menos, no en el libro), los responsables de la iniciativa han generado una curiosa e interesante página web para poder comparar visualmente los resultados de cada uno de los 34 países  -ayer dije por error que eran 40-   en cada una de las 11 'dimensiones' o áreas chequeadas.

La página nos permite seleccionar aquellos países y/o aspectos que nos interesa comparar e, incluso, asignar valores subjetivos de importancia, en función de nuestra propia 'escala de valor', para cada uno de los aspectos analizados y visualizar cómo van variando los países en el índice global de bienestar (un índice complejo, elaborado a partir de los indicadores básicos, agrupados por sus dimensiones o áreas, con diferentes pesos relativos) según modificamos las puntuaciones de importancia.

Si seleccionamos en la barra de páginas un país se nos presenta un informe bastante detallado con una valoración general de 'cómo es la vida' (How's life) en el país y una valoración de los resultados en cada una de las 11 áreas analizadas.

Y si seleccionamos un área o dimensión, disponemos de una breve definición de los principales aspectos tenidos en cuenta para evaluarla y un informe de cada uno de los países chequeados para esa dimensión.

Curiosamente (es broma), el área en la que mejor estamos es Vivienda. Y en las que peor, Trabajo, Ingresos y Educación.

Podéis entrar en la página de better life index aquí. Aunque está en inglés, quienes no lo dominen muy bien pueden seleccionar sin grandes problemas tanto países, como áreas o dimensiones y 'jugar' con la aplicación (tendrán más problemas para leer los informes generados, eso sí).

Si alguien necesita más información puede buscar en nuestro grupo de facebook.

viernes, 23 de septiembre de 2011

¿Diferentes pero iguales, decía usted?

La entrada de ayer ha tenido una cierta repercusión, concretada en comentarios públicos y privados. Por eso, aunque tenía pensado dosificar más este tipo de comentarios que no son de fácil digestión, me gustaría proponer, como material didáctico y al hilo de lo dicho ayer, un ejercicio sencillo de enunciar, pero probablemente no tan fácil de solventar.

Hemos convocado un mitin con periodistas, con un único objetivo: Tratar de transmitirles claramente el concepto básico de que las enfermeras de hoy ya no son simples auxiliares de los médicos, sino que ambos colectivos conforman dos profesiones diferentes (en conocimientos y competencias), pero iguales (en derechos y responsabilidades). Cierto es que la atención integral a las necesidades de los pacientes exige contemplar  también algunas que son estrictamente médicas y para poder hacerlo la enfermera ha de seguir, por lo general, las indicaciones terapéuticas del médico, pero también es cierto que cada vez son menos porque las enfermeras van alcanzando un mayor grado de autonomía en el manejo de ciertas patologías.

Un periodista, perro viejo, levanta la mano desde su butaca y con una mueca entre escéptica y paternalista nos dice: Vale. Si son dos profesiones diferentes pero iguales, como has dicho, ¿porqué un médico podría sustituir a una enfermera que ha faltado esa noche y no al revés? O, dicho de otra forma, ¿qué cosas hace la enfermera que un médico no podría hacer porque no sabe, no porque no quiera?

Después de 30 ó 40 años de escuchar esta misma pregunta, retórica pero legítima, ¿estamos preparados ya hoy por fin para darle una respuesta contundente que simplemente le haga decir "ehmmmm...vale" e interiorizar claramente nuestro mensaje?

Porque, en mi experiencia, es el tipo de preguntas que te hacen, no sólo los periodistas, sino también muchos de tus amigos ajenos a la sanidad, que en general no son unos simples, en las charlas de sobremesa cuando defiendes esa "igualdad en la diferencia"; en castizo, es lo que se pregunta 'el público'. Y se trata, en definitiva, de algo que está almacenado en el imaginario social con respecto a la profesión enfermera. Y si a estas alturas no se ha sido capaz de crear un argumentario simple, concreto y claro (del estilo quizás de The truth about nursing (*) que os comentaba hace pocos días), me temo que muchas retóricas internas (esas sólo transmitidas de bloguera-enfermera a seguidor-enfermero, de conferenciante-enfermero a asistente-enfermera y de artículo-de-enfermera a lector-enfermero, pero que nunca salen al exterior) son sólo eso: retóricas para autosatisfacerse autoengañándose que no cambian ni cambiarán ni un ápice la realidad.

Lo que quiero transmtir con esta especie de homilía (¡perdón!) es que muchos de los problemas que hacen infelices y frustran a "las enfermeras realmente existentes", como gusta decir mi amigo Javier Rey, no tienen su origen tanto en la perversidad de médicos, supervisoras, directivos o consejerías, como en el absoluto desperdicio del potencial de la profesión como lobby y su consiguiente vacuidad como agente social y profesional que, a su vez, hunde sus raíces en los tópicos y estereotipos a los que me refería ayer, que nadie nunca lucha por atajar en la arena social y mediática.

Y por eso, para mí, esta tarea pedagógica es la más importante, la más inaplazable, la más inteligente de todas. Buen fin de semana.

(*) Ojo, que de los contenidos que he leído, que no son ni mucho menos todos, hay cosas en las que no estoy de acuerdo en absoluto e incluso algunas me parecen inaceptables. Me refiero a la idea y al estilo, no siempre a los contenidos.

miércoles, 13 de julio de 2011

Ahora le toca al agua

Hace un par de meses comenté en una entrada un estudio que negaba la peligrosidad cardiovascular de la sal, incluso relativizando la relación de su ingesta con la hipertensión. De esta manera, se cuestionaba un principio básico de los mensajes salubristas.

Ahora, un comentario en el British cuestiona otra doctrina sanitaria básica: que sea necesario beber los dos litros de agua al día que siempre nos han recomendado. Un comentario más extenso en MedPage Today aporta más información y remite a un par de estudios que ponían también en duda que fuera preciso beber más allá de lo que la propia sed nos pida o, matizando algo más, que la recomendación de los dos litros diarios no está basada en evidencias científicas sólidas.

Y, de nuevo, se denuncian intereses comerciales como el motor real de estas consagradas verdades sanitarias: En este caso en concreto, Danone, que al parecer financia la iniciativa Hydration for Health (dirigida a los profesionales sanitarios, no al público general) y que es la más esforzada defensora de la recomendación del consumo de agua por encima de cualquier otra fuente líquida de hidratación como los refrescos, por ejemplo... que Danone no comercializa; sí lo hace con nueve marcas de agua mineral, la famosa Evian o las locales Lanjarón y Fontvella entre ellas (aunque curiosamente no aparecen en la web española, sólo en la internacional).Y siempre con la recomendación de ocho vasos (versión USA) o dos litros (versión europea) al día. Todo ello, claro, siempre según la fuente original citada.

El "público general" (yo mismo, sin ir más lejos) ya no sabe qué pensar. Pero la propia web de Danone (ver el último párrafo del link citado antes) sugiere, un tanto impúdicamente   -nunca se puso un refrán más a huevo-, que "cuando el río suena, agua lleva".

sábado, 19 de febrero de 2011

La visibilidad de los cuidados de enfermería: Del silencio a la palabra


Mi contribución a la inciativa de los amigos de cuidando.es, 24h-24p, es un libro tan interesante como difícil de conseguir, pero que puede hojearse (más bien ojearse, porque no está completo) en Google Books. Es atractivo desde el mismo título: From silence to voice. What nurses know and must communicate to the public (En traducción libre: "Del silencio a la palabra. Lo que las enfermeras saben y deberían contar a la gente"). Sus autoras, B. Buresh y S. Gordon, son periodistas.

Su diagnóstico de situación es:
  • No hay suficientes enfermeras que quieran hablar sobre su trabajo.
  • Cuando las enfermeras y las organizaciones enfermeras hablan sobre el trabajo enfermero, proyectan con demasiada frecuencia una imagen inadecuada de la enfermería, centrada antes en la "virtud", que en el "conocimiento".
  • Cuando las organizaciones enfermeras hablan sobre la enfermería, a veces puentean, desdeñan e incluso devalúan el trabajo básico de la enfermería, aquél que tiene lugar en el cuidado directo de los pacientes, mientras que amplifican la imagen de las élites en la administración, la gestión o la universidad. Esto consolida un estereotipo descalificador de aquéllas que son "sólo enfermeras".
Cuando la autora se pregunta cómo pueden las enfermeras romper con el silencio sobre la enfermería y generar un discurso creíble sobre su trabajo, su respuesta es la siguiente, coherentemente con su diagnóstico:
  • Todas las enfermeras deberían ser capaces de dirigirse a la opinión pública para hablar sobre su profesión.
  • Las enfermeras deben hacer de la comunicación y el aprendizaje social sobre la profesión de enfermería una parte integral de su propio trabajo como enfermeras.
  • Las enfermeras deben comunicarse con la opinión pública poniendo el acento en sus competencias antes que en sus virtudes.
¿Sencillo? No, claro, no existe en España un entorno mínimamente abierto para dar la palabra a las enfermeras y quienes podrían y deberían hacerlo, no lo hacen, sólo les interesa el auto-bombo egomaníaco. De hecho, el discurso monotemático del líder máximo  -el único autorizado a dirigirse a la opinión pública de entre su politburó, por lo que se ve-  no se dirige a resaltar, precisamente, las competencias propiamente enfermeras, sino su acceso más que limitado a competencias paramédicas (la "prescripción enfermera").

Para no abusar (es mucho lo que hay que leer hoy en este cross-posting), en otra entrada posterior me referiré a los problemas que existen, incluso, para que los propios pacientes perciban los cuidados enfermeros como algo que tenga valor intrínseco para ellos, más allá de lo propiamente utilitario, algo que también contribuye a la invisibilidad de la enfermería como agente sanitario.