Al margen de la primera reprimenda a Gawande, en enero de 2010, relativa a la reforma sanitaria de Obama (ObamaCare, le dicen por esas tierras), según creí entender -estos yanquis son muy raros, parafraseando a Asterix, uno nunca sabe distinguir muy bien posiciones- buena para Gawande, tímida, más de lo mismo o poco radical para Gordon, en octubre de 2011 hubo otra polémica, que tenía esta vez que ver con las relaciones entre la medicina y el resto de las profesiones sanitarias, entre ellas y de manera prominente la enfermería.
Gordon saca a colación una frase de Gawande en su libro de 2007, Better: A Surgeon's Notes on Performance; es esta:
Nosotros, los médicos, tenemos que enfrentarnos con expectativas abrumadoras. Para los médicos, nuestra tarea es luchar contra la enfermedad y conseguir que cada ser humano pueda llevar una vida tan larga y libre de debilidades como sea posible. Los pasos a dar son a menudo inciertos. Los conocimientos que hay que dominar son al tiempo vastos e incompletos. Aun así, se espera de nosotros que actuemos con rapidez y coherencia, incluso cuando nuestras tareas implican dirigir [marshalling] a cientos de personas -desde técnicos de laboratorio hasta enfermeras en cada cambio de turno o ingenieros que mantienen operativo el suministro de oxígeno- para atender a una sola persona."Naturalmente (como a mí y a cualquier persona con dos dedos de frente capaz de analizar las cosas sin fanatismos de grupo; solo que a mí estas cosas me provocan una sonrisa irónica más que un ataque de ira), a Suzanne Gordon le pareció una extraordinaria memez este alegato (y lo tituló algo así como 'Atul Gawande de nuevo'):
Lo que parece no entender es que en realidad los médicos no dirigen a los técnicos de laboratorio o a los ingenieros y que este personal no trabaja directamente para ellos. Son los hospitales quienes pagan a esta gente y la mayoría de ellos no conceptualizan su trabajo como algo que hacen para los médicos, sino para y con los pacientes. La visión médico-céntrica de la asistencia sanitaria inhibe el tipo de trabajo en equipo del que depende una asistencia segura a los pacientes, por el contrario convierte la asistencia hospitalaria en lo que he denominado 'un juego paralelo entre extraños íntimos'.Es lo que hay entre una concepción del trabajo en serie y otra en paralelo. En esta metáfora tomada de la electrónica, en ambos casos los circuitos eléctricos funcionan, solo que de manera muy diferente. Las opciones de diseño vienen dadas por los resultados que se quieran alcanzar ¿Cuál es la más adecuada para los servicios de salud y la población del siglo XXI?
No son raros, a veces diría que abundan demasiado (hasta en mi entorno), este tipo de médicos ilustrados, progresistas en cuanto a las políticas sanitarias y al futuro de los sistemas de salud, pero verdaderos reaccionarios en cuanto a la aceptación de la necesaria revolución inherente en lo que se refiere a las fronteras y barreras profesionales. Podríamos decir que constituyen un elitismo ilustrado (también por estos lares tenemos algún digno representante de esta rancia clase médica).
Menos mal que, cada vez de manera más intensa, empieza a apuntarse como parte del paradigma emergente del profesionalismo médico el reconocimiento de que las tareas y funciones profesionales tradicionales van a cambiar -de hecho ya lo están haciendo-, les guste o no a los diferentes estamentos implicados. ¿Por qué? Simplemente porque son una condición necesaria para que los sistemas de salud puedan acumular nuevas ventajas competitivas que les permitan adaptarse evolutivamente a unos modelos de sociedad rediseñados por un capitalismo especulativo que no entiende de contratos sociales (ayer mismo, sin ir más lejos, lo constataban -una vez más- en The New England Journal of Medicine).
