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martes, 4 de septiembre de 2012

Gordon vs Gawande, lucha en las alturas

No descubro nada a nadie interesado por el estudio de la profesión médica y, más en general, por la gestión clínica, si introduzco a Atul Gawande, cirujano, escritor y columnista en The New Yorker, autor del popular The Checklist Manifesto entre otras conocidas publicaciones.

Y tampoco descubriré nada a nadie interesado por el estudio de la profesión enfermera si introduzco a Suzanne Gordon, periodista, escritora y renombrada conferenciante, autora de varias publicaciones de impacto sobre la profesión de enfermería y las enfermeras,  como From silence to voice, Nursing against the odds o An end to angels, todos ellos comentados en su momento en este blog.

Lo que sí es novedoso entre la élite de los lecturer, gente que cobra una pasta gansa por cada conferencia, gobernada en general por la politesse, es que un gurú arremeta contra otro en base al contenido de un artículo de divulgación.

Gawande publicó hace un par de semanas un extensa disertación en un artículo titulado Big Med, sobre economías de escala, calidad, control de costes, innovación y barreras a la innovación, culturas profesionales... en relación a la industria hospitalaria USA. Para ilustrar la excelencia en estos campos puso como ejemplo, extendiéndose con todo lujo de detalles, a la cadena de fast food "The Chessecake Factory", una de las más conocidas, expandidas, visitadas y rentables del país, capaz de servir 80 millones de menús al año, y nos explicó todas sus bondades: eficiente cadena de producción en la cocina, excelencia en el servicio, trato absolutamente personalizado, control de costes basado en sofisticadas tecnologías predictivas, líder en glocalización (pensar globalmente, actuar localmente), etc.

Pero Suzanne Gordon, sin duda  -como tantos otros-  lectora del maestro Gawande se cogió un excelso cabreo y así lo expone hoy en su blog, en la entrada titulada Atul Gawande and The Cheesecake Factory. Parece ser que asombrada con la descripción de Gawande decidió acudir  -con su marido, nos aclara-  al local más cercano de la cadena y lo que vio, vaya por dios, le escandalizó sobremanera hasta hacerla perder toda su politesse. Y no se quedó ahí la cosa, ya que cuenta que decidió visitar otros cuantos locales más de la compañía para asegurarse de que no se trataba de una distorsión local. ¿Qué vio?
Raciones enormes de comida bañadas en grasa, nadando en azúcar o ahogadas en sal (...) De las aproximadamente 50 personas que estaban en el restaurante, al menos 15 tenían sobrepeso (...) Mi 'pequeña' ensalada de col era para por lo menos cuatro personas (...) Una afroamericana con sobrepeso que estaba cerca de nosotros estaba comiendo lo que parecía la comida que encargó el doctor Gawande, salmón con puré de patatas. Diría a ojo que el salmón pesaba una media libra [230 gramos] y se acompañaba de al menos una taza y media de puré de patatas (preparado con un montón de mantequilla y nata, según explicó jovialmente el camarero) (...) Otras personas escarbaban de manera similar en sus menús: un burrito del tamaño de un campo de fútbol sala y una ración de rollo de carne con pan [meatloaf] que era, por utilizar de nuevo las palabras del camarero, 'gigante'. Acabamos la comida con una porción de [me niego a traducirlo porque ya estoy asqueado; esta noche no ceno] "Reese’s peanut butter cup chocolate cheesecake" que nos llevamos a casa, no para comerla, sino para pesarla.Una ración para una persona pesaba seis onzas [170 gramos] y venía acompañada de un tercio de copa de nata montada fuertemente azucarada.
Concluye, creo que con razón, que The Cheesecake Factory (famosa en su momento por su 'hamburguesa de la granja' de 1.530 calorías, cubierta con 36 gramos de grasas saturadas y con más de 3 gramos de sodio) difícilmente puede ser tomada como modelo, ya que ha sido denunciada   frecuentemente por sobreutilizar deliberadamente azúcares, grasas y sal para estimular el sobreconsumo. Nadie duda de que se trate de una empresa fuertemente innovadora,  pero lo terrible es que, como los químicos de la industria tabaquera o los expertos en marketing de la industria farmacéutica, el objetivo de la innovación es conseguir cada vez más clientes sobreconsumidores mediante unas estrategias de manipulación social y personal intolerables.

Resulta simplemente increíble que dos personas de semejante talla y prestigio puedan mirar una misma realidad y extraer conclusiones tan antagónicas. Muy probablemente, la realidad no será tan excelsa como la ve Gawande ni tan nefasta como la ha percibido Gordon, pero me arriesgo a pensar que Gawande ha perdido de vista algo tan elemental y fundamental como la Responsabilidad Social Corporativa que debe presidir en las empresas grandes de verdad sus relaciones y obligaciones con la sociedad.Y desde luego, aunque no haya sido cobrando (estoy seguro), sino con esa inocente fascinación acrítica ante la innovación empresarial que forma parte de la cultura USA, ha hecho un flaco favor a los esfuerzos de la sociedad y los sanitarios estadounidense por hacer frente a la obesidad, esa epidemia catastrófica anunciada del siglo XXI, al legitimar a uno de sus protagonistas más dañinos e insaciables: la comida basura y las cadenas que la distribuyen.

PS.- Por si alguien tiene curiosidad, aquí está la lista completa de las raciones de The Cheesecake Factory, junto con su peso, sus valores calóricos y sus contenidos en grasas saturadas, sodio y carbohidratos (hechas públicas, según se nos cuenta, sólo cuando se lo exigió un juez del Estado de Washington).

martes, 29 de mayo de 2012

Cocinillas (sólo por casualidad)

Este tipo de cosas me tocan las narices por lo representativas que son de la estupidez política. Hay un gran cardiólogo que sin duda sabe un montón de su área de conocimiento, no en vano llegó a ser presidente de la Asociación Mundial de Cardiología, a realizar aportaciones determinantes en su especialidad y a acumular un forrón de doctorados honoris causa. Por eso, porque es un eminente cardiólogo, se puso a su disposición ad personam un costoso centro de investigación en el campus de Chamartín, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares, al que difícilmente podría atender como exigiría su responsabilidad, dada su vertiginosa agenda pública, siempre de sarao en sarao, además de sus responsabilidades en el Hospital Mount Sinai, de Nueva York.

Pero esto es lo que tiene el fichaje de estas superstars: pensar que como son excelentes en su especialidad (la investigación biomédica) lo serán también en otras absolutamente ajenas a sus conocimientos, experiencia y destrezas (la dirección de organizaciones), atendiendo además a toda su extensa agenda mediática y comercial. Puritita ignorancia.

Desde hace algunos años, Valentín Fuster ha decidido ser mediático, como tantos otros en  tantas otras áreas profesionales, para rentabilizar comercialmente su prestigiada imagen pública y escribe, entre otros 'de divulgación', un libro junto a Ferran Adrià, La cocina de la salud (que en realidad escribe el periodista de La Vanguardia Josep Corbella, tercer firmante tras los dos grandes cocinillas; ya lo había hecho antes con Fuster en La ciencia de la salud y aun antes, en The Heart Manual: My Scientific Advice for Eating Better, Feeling Better, and Living a Stress-Free Life Now). Bueno, al menos Corbella no es un negro o ghostwriter y cobra sus derechos de autor.


Ah, y sólo por casualidad, Fuster es un significado miembro del Opus Dei que incluso llegó a testificar como perito en el proceso de canonización de santa Faustina para probar la existencia de sus milagros. Es lo que tiene utilizar el 'método científico' (no como otros aficionaos).


Pues bien, también sólo por casualidad, la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad ha decidido ofrecerle dirigir el Observatorio de Nutrición y Estudio de la Obesidad.

¿Qué credenciales, más allá de libros de divulgación, escritos en realidad por otro, tiene el doctor Fuster sobre salud pública y sobre política, sociología, economía, psicología social, epidemiología, legislación o estadística, temas y competencias fundamentales con los que tendrá que lidiar este  -y cualquiera otro similar-  'observatorio'?

Ninguna.

Podrá argumentarse que "ya se rodeará de expertos en estas áreas que son meramente técnicas", pero eso no me vale: el problema principal es que este nombramiento mandaría un mensaje equívoco (y profundamente equivocado) a la sociedad: "la obesidad es un problema sanitario y por tanto requiere un enfoque biomédico y un liderazgo médico". Y no es un problema médico, es un problema social (con derivadas sanitarias, naturalmente) y hasta, si se quiere, político, y por tanto exige liderazgo social y político, y no sanitario, para poder ser eficaz en el objetivo de modificar actitudes sociales, planteamientos ideológicos, programas políticos, desarrollos legislativos, prácticas empresariales, conductas personales...

Algo de lo que muy probablemente nuestro eminente cardiólogo lo ignora absolutamente todo.

Pero será nombrado.

Sólo por casualidad.