Una de las características más exóticas del sistema sanitario español, desde el punto de vista demográfico, es que tenemos un sistema con bastantes médicos, muy pocas enfermeras tituladas y muchísimas auxiliares de enfermería, un agente este último al que no suele prestársele mucha atención, pero que al menos cuantitativamente lo es: hay tantas auxiliares de enfermería (142.000) como médicos (143.000).
Las prácticamente 200.000 enfermeras asistenciales que tenemos son comparativamente muy pocas; si es posible prestar los cuidados de enfermería necesarios es por la existencia de un cuerpo tan amplio de personal auxiliar. Todo el mundo está de acuerdo en que las dotaciones de enfermeras son muy escasas y en que esta situación tiene unas consecuencias ciertas en la cobertura de las necesidades de los pacientes y, sobre todo, en la satisfacción, motivación y estrés (y por tanto, continuidad en el mercado laboral) de las propias enfermeras.
Pues bien, el proceso de Bolonia va a incidir de manera muy importante y muy negativa en este panorama, ya de por sí complicado. A consecuencia del año adicional que tiene el grado sobre la diplomatura, entre 2012 y 2013, en vez de titularse (u homologar su título extranjero) las aproximadamente 20.000 enfermeras previstas, lo van a hacer 10.000, la mitad. En ese mismo período se van a jubilar unas 9.000 enfermeras.; ello significa que el saldo vegetativo normal, de unas 5.500 enfermeras/año netas (10.000 menos 4.500) se va a reducir durante estos dos años a apenas 500 (5.000 menos 4.500). En términos reales, se van a perder 10.000 profesionales que, de no haberse aplicado el proceso de Bolonia, se hubieran incorporado potencialmente al mercado laboral.
Además, las plazas de formación enfermera especializada tenderán a incrementarse sustancialmente durante esos dos años, como consecuencia de la aprobación de las nuevas especialidades, de manera que las incorporaciones netas a los centros sanitarios en los próximos dos años tenderán prácticamente a cero y muy probablemente serán negativas (este año se han convocado 848 plazas de FSE para diplomados en enfermería, 200 y pico más que en 2010).
Por su parte, las posibilidades de captación de profesionales extracomunitarios son muy limitadas en el caso de las enfermeras (a diferencia de los médicos) porque su mayor escasez generalizada hace que exista un mercado europeo muy competitivo y, en él, no se puede decir que España esté muy bien posicionada, dadas sus condiciones laborales bastante poco competitivas. En 2008, se homologaron 1243 títulos de DUE, disminuyendo por primera vez en los últimos siete años, desde los 1342 de 2007. Y lo lógico es que siga disminuyendo.
¿Cómo podrán cubrirse las nuevas necesidades de personal de enfermería, teniendo en cuenta el colapso por exceso de demanda que, como consecuencia de la crisis económica, está sufriendo la formación profesional?
En definitiva, el comienzo en la aplicación del Proceso de Bolonia va a significar a corto y medio plazo un estrés sobreañadido para las enfermeras asistenciales, aunque no parece que ello esté estresando mucho a sus representantes, tan ocupados como andan con la prescripción enfermera...
