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miércoles, 30 de marzo de 2011

Aunque llegué tarde, también... Mi vida sin ti


Mi mujer y yo dejamos de fumar el 1 de enero de 2009 (fumando más o menos desde los 15 y tenemos ambos más de 50), así que llevamos sin fumar 2 años y 3 meses, es decir 27 meses; redondeando, algo más de 800 días sin fumar. Lo dejamos los dos juntos, el mismo día. Y aunque costó un poco dejarlo, somos mucho, mucho más felices al respecto que cuando fumábamos. Y conste que cuando lo hicimos fue mucho antes de la última ley antitabaco, lo hicimos porque quisimos: ya estábamos hartos de depender de una costumbre  malsana, de respirar mal, de las toses mañaneras, del mal olor de la casa y de la ropa, de los ceniceros usados...

Nuestros amigos fumadores -algún hijo incluido-  siguen fumando en casa, no nos importa, sobre todo porque es ocasional (normalmente, sólo los domingos). Pero, aunque no fuera así, habrá que tener tolerancia en casa, digo yo...

Pero, a lo que voy, echemos cuentas:

En nuestro caso, fumábamos 'puritos', no cigarrillos (igual el no tener papel es mejor, no lo sé; pero también son más grandes que los cigarrillos). Fumábamos, en total, unos 30 puritos cada día entre los dos. Para echar cuentas mejor, estos puritos vienen de 20 en 20, o sea que consumíamos 1,5 estuches cada día. Por tanto, cada mes, eso sería unos 45 estuches. Y esto, multiplicado por 27 meses, nos da, nada más y nada menos, que 1.215 estuches, es decir, ¡casi 25.000 puritos hemos dejado de fumar en apenas 25 meses, 500 puritos cada uno al mes! Se dice pronto, 12.500 puritos, cada uno, menos para nuestros pulmones...

Y, aunque es totalmente secundario, cada estuche, en promedio, viene a costar 2,60 euros, lo cual significa que los 1.215 estuches ahorrados nos han supuesto más de 3.150 euros (ya digo, en sólo dos años y un trimestre, no es tanto), lo cual nos da más que de sobra para ir una vez (más al año) a ver a la familia de mi mujer, que vive en Las Palmas de Gran Canaria, a mi hijo mayor, que vive en Berlín, y a cualquier otro sitio modesto donde queramos ir a escaparnos los dos solos. ¿Que no es mejor que fumar? Claro que sí...

Nuestro método, que valdrá o no a otros: a) dejarlo los dos juntos; si no es posible hay un punto menos a favor, para qué nos vamos a engañar; b) ponerse un objetivo a varios meses, no hay que hacer eso de "mañana mismo lo dejo", y con una fecha significativa; en nuestro caso fue Año Nuevo, pero puede ser un cumpleaños, un aniversario...; c) anunciar a todas nuestras relaciones personales nuestra intención  -arriesgando quedar muy mal, ¡listillos!- si no lo conseguimos; d) hacer, cuando llegue el día, un tratamiento con parches de nicotina: en nuestro caso fue muy corto, una tercera parte del plan estándar; pero eso va en cada uno: hay que tener en cuenta que los parches ayudan a quitar solamente el mono físico (que lo hay), no ayudan ni un carajo en cuanto a la la fuerza de voluntad: esa es sólo nuestra.

En nuestra experiencia, no hay que acojonarse en eso de cambiar estilos de vida, dejar el café, el alcohol, no salir de marcha, no salir con amigos fumadores... Es cierto que si se hace dentro de la pareja es mucho más seguro, pero si nuestra pareja no es fumadora, ¿qué regalo más maravilloso pare él /ella que pasar a ser exfumador? Y si no hay pareja ninguna, bueno, es más complicado, para qué engañarnos... pero hay que quererse a uno mismo y regalarse también un entorno más sano y limpio.

El único truco: hay que QUERER DE VERDAD dejarlo y, sobre todo, hay que ESTAR SEGUROS DE QUE PODEMOS dejarlo. Sin ambas cosas no hay manera a medio y largo plazo, en mi experiencia.


PD.- Ahora, bien, dicho lo anterior desde el corazón y la experiencia:

Igual que la SGAE es quien peor trabaja a favor de los derechos de autor, por su extremada codicia, que muestra a la sociedad su cara más interesada, Rodrigo Córdoba y sus sectarios colegas del Comité para la Prevención del Tabaquismo han sido, a mi juicio, los peores representantes de la ética antitabaquista (no, no me parece ética). Y, lo que es peor, Trinidad Jiménez, la exministra de sanidad, fue abducida por esta secta y cometió sus principales excesos en la aprobación de la ley. ¿Por qué, además de aprobar una ley excelente, tuvieron que 'tocar las narices' a los fumadores con sus medidas adicionales, totalmente innecesarias, que lo único que aportan es dar munición a los fumadores?

Vamos a ver, como ejemplo: Yo soy una execrable fumadora. A mi marido de le da un infarto de miocardio, estoy acojonada, lo llevamos en ambulancia a un hospital y lo ingresan en la unidad coronaria. Espero noticias, no sé si dentro de unos minutos o de unas horas ¡Estoy más que nerviosa, necesito un pitillo, por dios! Pero no puedo. Es muy cruel... Me tengo que ir donde no puedo escuchar mi nombre si me llaman, así que no me puedo ir, pero... ¡Necesito un pitiillo!

No me dejan, porque estoy en un "recinto hospitalario"...  ¡Qué poca sensibilidad!


Final.- De todas formas, quedaros con el se puede dejar de fumar  y ser así mucho más felices. ¡5.000 pitillos al año menos para cada uno de vuestros pulmones!

Mi vida sin ti.