El culto a la personalidad de Florence Nightingale, de cuya muerte se cumplió el pasado año un siglo, como “madre fundadora de la enfermería contemporánea” encaja perfectamente dentro de la cultura identitaria de género característica de la enfermería del siglo pasado. A pesar de los excesos hagiográficos y de las invocaciones, también hay quien cuestiona que este culto a la personalidad esté fundamentado realmente en valores estrictamente enfermeros. Mary Poovey (1988), por ejemplo, sostiene que, por supuesto dentro de un contexto social y temporal muy específico –un producto de su tiempo–, el trabajo de Nightingale en los hospitales fue el de una inteligente, eficiente, puntillosa y sacrificada ama de llaves victoriana. Whittaker y Olesen (1964) la presentan como una persona “enamorada del poder y fríamente manipuladora”.
Es cierto que Nightingale defendió el método científico como fundamento epistemológico de la enfermería, pero desde luego no fue ni la primera enfermera conocida, ni la fundadora de la primera escuela de enfermería, ni siquiera la primera enfermera profesional reconocida. Su aportación se produjo al rebufo de movimientos religiosos (católicos y protestantes), siendo el más conocido la hermandad anglicana de St John’s House (Black, 2005). Por tanto, concluyen Whittaker y Olsen (pág. 125), “las claves para su mitificación deben descansar en otras virtudes”.
Nightingale nunca entendió a la enfermería como una verdadera profesión, sino como una vocación o llamada espiritual. Como bien reseña Cristina Francisco en su tesis doctoral de 2008 (p. 21), para Nightingale “cualquier mujer podía llegar a ser una buena enfermera, porque cualquiera, por el hecho de serlo, puede cuidar”. También señala Palmer (2001) que fue una líder contradictoria, tan reformista como reaccionaria. Pero, en definitiva, lo cierto es que la leyenda de la mujer de la lámpara “tiene muchas caras y muchas funciones (...) De hecho es tan elástica que es capaz de reflejar una amplia variedad de valores e intereses, tanto en la sociedad como en la subcultura profesional” (Whittaker y Olesen, p. 130).
Si el mito Nightingale ha tenido una proyección tan larga dentro de la enfermería no ha sido tanto, ni por sus incuestionables valores científicos, ni por sus más que cuestionables valores profesionales, sino porque supo ingeniárselas para liderar un movimiento que cambió radicalmente los escenarios hospitalarios de la época, incluso –o más bien sobre todo– en su diseño y sistemas organizativos.
En segundo lugar porque el movimiento que con el tiempo se ha identificado con ella (aunque no tuvo nada que ver directamente con él, ni con el detonador que supuso el conflicto del Guy’s Hospital) supuso la primera gran confrontación entre los arquetipos medicina reaccionaria y enfermería progresista (Waddington, 1995). Tenemos así servido el conflicto de clase; lo que sucede es que en realidad fue un conflicto de clase invertido: quienes asumieron la dirección –aunque naturalmente no las tareas– del movimiento enfermero, incluida Nightingale, eran mujeres de clase alta con importantes relaciones sociales y políticas que funcionaron bien como respaldo a sus proyectos benefactores, mientras que los médicos de la época eran generalmente hombres de extracción humilde y extremadamente dependientes de sus clientes de clase alta, es decir, los amigos del entorno de Nightingale (Black).
Y en tercer lugar, porque el personaje Nightingale encarnó valores y actitudes feministas pioneros: se negó a aceptar el rol que correspondía a una mujer de clase alta, casarse y cuidar de su prole y marido; fue una persona emancipada, culta, viajadora, con iniciativa, interesada por la ciencia y no sólo por las letras; impuso su voluntad de trabajar y además optó por la enfermería, una ocupación de mujeres de extracción social humilde y de antiguas prostitutas rehabilitadas por las órdenes religiosas, que supo convertir en una ocupación respetable dirigida por mujeres de clase alta. Pero también en esto se trató de una opción personal y no política, sin relación con los movimientos feministas-sufragistas de la época.

Me gusta la entrada (y el blog en general) creo que poner las cosas en su sitio está bien y que no es necesaria una mitificación fundamentada en medias verdades; reconozco que hay detalles que apuntas que no sabía pero si entreveia que lo que pudo llegar a hacer Florence estaba íntimamente ligado con el status social de su familia.
ResponderEliminarPor otra parte; quiero felicitarte por el documento "enfermería frente al espejo" que espero que sea tomado en cuenta por quienes tienen, por ahora y mal que nos pese, la responsabilidad de pensar en el futuro de la profesión a medio y largo plazo.
Gracias, Xosé Manuel, por tus elogiosos comentarios sobre el blog y sobre el documento "La enfermería frente al espejo: mitos y realidades". Pero, sinceramente, no creo que quienes legalmente os representan lo tomen ni remotamente en cuenta. Ya han demostrado que no. Un saludo.
ResponderEliminarme gusta mucho la entrada, el blog de primera... un afectusoso saludo desde peru
ResponderEliminarMuchas gracias, juantolen, me alegro de recibir feedback de esa tierra tan querida. Un cordial saludo.
EliminarEstimado D.Juan:
ResponderEliminarEs el mejor trabajo que he podido leer en mucho tiempo. Muchas gracias por ayudar a nuestra profesión; maltratada de forma indigna y mezquina desde la ley Moyano en 1857, y dónde existia en España, lo que ahora tienan los paises Anglosajones. Es decir El practicante en Médicina y Cirugia que abordaba hasta 1878: la odontologia, podologia y partos. Si piensan que la señora Herderson y Nithingan son la panacea de la enfermeria,estan en un verdadero "error"- España tenia los médicos de segunda y practicantes más tarde para áreas rurales de menos de 500 habitantes. Es decir la Enfermera de practica avanzada de nuestros dias, y de los paises antes mencionados.
Con todo mi respeto, reciba un fuerte abrazo.
Alfonso Sitcha Agüera
Sangrador,Ministrante,Barbero,Cirujano de levita corta,médico de segunda, practicante, A.T.S y Enfermero
Enfermero Espta en Salud Mental
Psicólogo clínico
sitcha14@yahoo.es
Tlfno 610612066