Una de las noticias más impactantes de este verano fue la debacle y cierre del tabloide británico News of the World, propiedad del magnate ultraconservador Rupert Murdoch (a quien incluí en una entrada del blog del día 20 de julio que tenía el elocuente título de 'los putos amos del mundo'). Durante mis vacaciones cayó en mis manos un curioso editorial de The Journal of the Royal Society of Medicine con el elocuente título de "¿Cuándo les llegará el momento 'News of the World' a las revistas médicas?". En realidad, el título era puro marketing, pero el contenido plantea alguna cuestión que me pasó por la cabeza más de una vez.
Dice el editorialista que, mientras que "los tabloides dan a sus lectores lo que estos desean", las revistas médicas (quizás podría extenderse a otros ámbitos de las ciencias de la salud, como la enfermería) "han seguido una agenda diametralmente opuesta, ignorando los deseos de sus lectores (...) Han preferido complacer los caprichos de sus editores y seguir un código no escrito de la publicacion científica que valora lo inescrutable y lo oscuro. El número de revistas que se proponen prioritariamente satisfacer las necesidades de sus lectores es pequeño (...) El reto para las revistas médicas es más complejo, dado que tienden a predominar las necesidades de los autores"-
En un momento de gran competitividad e inflación de títulos (más de 16.000 revistas científicas), en un mercado dominado por cuatro o cinco grandes editoras/plataformas (SAGE, Blackwell-Wiley, Elsevier, Science Direct...) que han acabado con la independencia editora de la inmensa mayoría de las sociedades científicas que crearon y ampararon las publicaciones y en el que la inmensa mayoría de los suscriptores son institucionales (cautivos, por tanto, en buena medida), la colisión entre los dos principales indicadores cuantitativos, el número de suscripciones (los lectores) y el factor de impacto (los editores y autores), es evidente y por lo que podemos ver la orientación estratégica actual consiste en optimizar el factor de impacto, es decir, orientar los contenidos hacia los autores y no hacia los lectores. Probablemente por eso, por la cautividad de los suscriptores institucionales.
Personalmente, como lector sin acceso a estas suscripciones institucionales y suscriptor particular muy selectivo -a la fuerza ahorcan-, añadiría como agravante las políticas comerciales, que van desde las ediciones copyleft o open access, con contenidos plenamente accesibles, hasta el extremo contrario, todos los contenidos restringidos a suscriptores o en pay per download, que es lo más generalizado. Dentro del más selectivo top de las revistas médico-sanitarias, existen algunas que van liberando progresivamente contenidos (editoriales, cartas, algunas secciones...), como The New England Journal of Medicine, JAMA o Health Affairs, y otras absolutamente antipáticas como Britsh Medical Journal o International Journal of Nursing Studies (en realidad podríamos decir que todas las revistas de enfermería más relevantes forman parte de este grupo de los más codiciosos), que no permiten leer ni las cartas al director sin cobrar por ello. Por otro lado, la compra online de artículos sueltos en formato pdf que permiten las nuevas tecnologías, llega a situarse entre 10 y 45 dólares, sin criterios lógicos de índole científica: suele costar lo mismo un revisión de libros de dos páginas o una carta al director de media, que un artículo de fondo de 20, así como hay revistas de segundo orden que cobran tres veces más que otras mucho más importantes.
En fin, finaliza el editorial: "Aquellas revistas, e incluso editoriales, que no sepan adaptarse a los retos del mundo moderno y encontrar un equilibrio entre las necesidades de autores y lectores podrían prestar un mejor servicio público siguiendo el camino hacia la inexistencia de News of the World".

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