Ya me he hecho eco más de una vez sobre las tormentosas relaciones entre enfermería y medios de comunicación en Gran Bretaña; de hecho dediqué una serie bajo el título 'cuanto más sé de ti, menos te quiero', con tres entradas (esta es la tercera, que enlaza las anteriores) que fueron de las más leídas del blog.
Son bastante numerosas las ocasiones en que la prensa británica denuncia la crisis de los cuidados enfermeros, una especie de epidemia nacional de casos de malos tratos, algunos verdaderamente truculentos, con denuncias sobre pacientes hospitalizados que tienen que llamar a la policía o a emergencias para conseguir que alguien les atienda, los alimente o hidrate. Una conocida periodista, Christina Paterson, se preguntaba en The Independent cómo es posible que una profesión cuya razón de ser es cuidar pueda provocar tantas críticas por su insensibilidad y crueldad. Y dudaba si culpar a factores estructurales (¿necesita la enfermería ser gestionada de otra manera?) o personales (¿o la respuesta es más bien que hay que desarrollar una nueva cultura de la compasión?). Yo siempre tiendo a pensar, cuando existe un problema generalizado de conductas personales malsanas, que tienen que intervenir factores estructurales u organizativos. No es que campañas dirigidas a modificar las conductas de los profesionales no valgan para nada, pero es preciso que sean complementadas con una revisión crítica de los factores supra-estructurales (perdón por el palabro) que inciden en esas conductas.
Hoy nos informa The Daily Telegraph sobre el cuestionamiento del organismo encargado de la regulación de la profesión enfermera, el Nursing and Midwifery Council [NMC], cuyo lema es safeguarding health and wellbeing, "protegiendo la salud y el bienestar"... se supone que de los pacientes, no los suyos propios. El titular de The Telegraph es elocuente: Patients 'put at risk' by failures at nurses regulator. Patients are being put at risk by incompetent nurses because the regulator is failing and is an 'embarrassment', a damning report has found.
A mí estas cosas me duelen, porque soy un gran defensor del modelo agencial británico y también muy generalizado en algunos países de la Commonwealth, al menos de la música porque la letra, al parecer, dista mucho de ser la que debiera. La junta directiva del NMC está compuesta por 10 miembros, de los cuales sólo cuatro son enfermeras (o matronas), ya que los seis restantes son lay members, personas ajenas a la enfermería, supuestos representantes de la ciudadanía en el Consejo. Esta composición parece que debería salvaguardar de los intereses corporativista a la institución, pero parece que no es así. El NMC acumula 4.000 denuncias a enfermeras sin resolver (en un colectivo de casi 500.000 profesionales, o sea que ¡una enfermera de cada 125 está denunciada ante su organismo regulador!), de las cuales en 1.000 ni siquiera han llegado a abrirse dilgencias.
Esta es la mala noticia.
La buena, la que me anima a seguir creyendo el el modelo agencial, es que la denuncia proviene de otro organismo, el Council for Healthcare Regulatory Excellence, que ha hecho público hoy mismo el informe sobre el NMC del que se hace eco The Daily Telegraph.
Llevando el tema a nuestro terreno: es evidente que los colegios profesionales, presuntos reguladores y encargados del control de las actuaciones de sus colegiados, no guardan ninguna relación con los reguladores de países más avanzados en este asunto. Es realidad, lo de que los colegios profesionales en España controlan la calidad y buenas prácticas de los profesionales es un paripé, una ficción que le viene bien a todo el mundo, afortunadamente para los propios colegios, ya que de ser verdaderos responsables de las prácticas de sus colegiados serían declarados responsables civiles subsidiarios en las condenas judiciales por mala praxis profesional (en vez de los paganos de siempre, las administraciones públicas), o sea que se habrían arruinado hace muchos años y ya serían -como deberían ser- meras reliquias de un ominoso pasado. Pero uno suspira porque existiera algún tipo de controlador del controlador como el Consejo para la Excelencia Regulatoria Sanitaria en Gran Bretaña. Serían muy excitantes sus informes, entre ellos en qué gastan realmente las cuotas de sus colegiados y los ingresos de sus directivos. Pero esto es España: campeones de Europa en fútbol y al menos finalistas en opacidad institucional.

Estoy de acuerdo con el enfoque y sobre todo con el no atribuir las causas últimas y responsabilidades al profesional que hace lo que puede cuando lo lanzan a casi cualquier ruedo laboral con un capote y poco más. Desde ese momento la enfermera de turno pasa a ser para su empresa contratadora "pluripotente" y puede desempeñar, en base a su titulación, teóricamente de forma "competente" su trabajo en casi cualquier ámbito asistencial. Sin embargo cualquier médico se negaría a trabajar de neonatólogo si fuera médico de familia, o viceversa o se negaría a trabajar en quirófano si no fuera cirujano. Ejemplo de cómo la culpa recae siempre sobre el individuo y los análisis de estas situaciones son muy miopes (también porque interesa mirar para otro lado ya que la situación actual de superpolivalencia de las enfermeras favorece y simplifica las labores administrativas de los contratadores-administración...dícese equipos volantes o sustituciones veraniegas...) es el caso de la enfermera que en su primer día en ese servicio atendió al bebé Ryan. En este enlace se puede acceder a la noticia: http://ccaa.elpais.com/ccaa/2012/07/03/madrid/1341326718_934835.html
ResponderEliminarLo que nadie plantea es cuáles son las causas estructurales de que esto ocurra. Si el gerente del hospital o los órganos de dirección de los hospitales y servicios de salud tienen responsabilidad en que esto pueda ocurrir. Tal vez esa enfermera sin obvia experiencia en ese área competencial no debería haber sido enviada por los gestores del hospital a ese servicio. Tal vez tras más de 20 años se debería de haber desarrollado la especialidad de enfermería que capacitara a cualquier enfermera que pasara por dicho servicio para ser totalmente competente en cualquier situación posible asistencial. Pero claro, esas competencias se adquieren a trompicones por la experiencia, como ocurre ahora, o se adquieren tras dos años de rotaciones supervisadas como EIR que son el requisito para ser especialista en ese área profesional. Entonces sí que te pueden dejar en el ruedo con seguridad de que vas a saber lidiar cualquier toro. Mientras tanto estamos sujetos a la suerte de que no salga nada mal...pero al final si sumamos todos los dados que se lanzan en todos los hospitales de España, si sumamos todas las situaciones clínicas que no se respaldan con una formación y supervisión correcta pues es inevitable que ocurran estas cosas. ¿La culpa es en exclusiva de esta enfermera condenada? Demasiadas pocas desgracias ocurren dadas las estructuras gestoras, los diseños de las bolsas, los contratos cómo se hacen, el casi nulo desarrollo de las especialidades de enfermería, la existencia de bolsas de trabajo que sirven para cubrir casi cualquier puesto. Para terminar sólo dos cosas. Es mucho más fácil para la administración o el contratador usar una única bolsa de contratación "pluripotente" (pero con cierto nivel de riesgo que se hace realidad periódicamente) que varias bolsas de contratación de especialistas estancas entre sí (en que el riesgo disminuye al mínimo).
La formación de enfermeras especialistas EIR de dos años la sufragan las comunidades autónomas que son las que convocan las plazas EIR que saldrán cada año. En la última convocatoria MIR (médicos) de sept 11 se convocaron 6707 plazas MIR frente a 1002 EIR y se han tardado casi 30 años en empezar a desarrollar las especialidades de enfermería. Pero claro, la culpa y la condena es para la enfermera que estaba ahí porque en recursos humanos del hospital le dijeron que estuviera en base a la experiencia que ella dijo que tenía y a la titulación que tenía. Estructuras, poder vs. individuos y ¿azar?
Hola, José Luis, gracias por tu comentario, con el que estoy bastante de acuerdo, aunque no totalmente. En un mismo escenario y con unas mismas herramientas jurídicas y directivas, hay hospitales en los que se pierden las historias clínicas y otros en los que no: depende básicamente de los empleados de los servicios de documentación clínica (y sus directivos). También hay consultas de enfermería en las que se previenen con bastante eficacia las hospitalizaciones potencialmente evitables de pacientes complejos y otros en los que no se hace: depende de las enfermeras del centro de salud (y sus directivos). Es decir, que una cosa es que existan sistemas directivos 'tóxicos' que generalmente encontramos en los servicios públicos de salud y otra muy distinta que gente incompetente y/o pasota se aproveche de los mismos para poder seguir siendo incomptente y/o pasota y seguir cobrando la nómina como los competentes y entregados. O sea que sin duda la enfermera del 'caso Rayan' fue víctima del sistema, pero, por lo que sabemos, también actuó de forma poco profesional al ofrecerse a hacer algo para lo que no estaba suficientemente cualificada. Lamentablemente, con resultado de muerte.
EliminarUn saludo y, de nuevo, gracias por tu comentario.
Me parece muy interesante la reflexión.
ResponderEliminarNo obstante echo de menos al "primer controlador". Me explicaré. Cuando una enfermera "actúa", suele hacerlo en un marco empresarial -entendiendo la empresa en su sentido más amplio-, y al margen del autocontrol, el siguiente control correspondería a la dirección de la empresa.
Pienso que tal vez este sea uno de los pilares que más cojea en España. NADIE controla lo que se produce: cuidados, tratamientos, aprendizaje en carreras, productos políticos, finanzas...
Quiero decir que a pesar de que está bien que haya controles "supraempresariales" el primero debe ser en casa, en la empresa.
¿Conocen algún hospital, centro de salud, escuela, universidad o banco que controle su producto final seriamente (no cara a la galería)?
¿Conocen alguna empresa automovilística que no haya controlado sus coches antes de sacarlos al mercado?
Una consecuencia inmediata de esta forma de actuar es que como no se sabe(o no se quiere saber) lo que hacemos, tampoco podemos mejorarlo ni recompensarlo.
No creo que esto sea así por casualidad. Es obvio que para el que tiene acceso a los peces, cuanto más revuelta esté el agua, pues mucho mejor.
Sin ir más lejos, en Baleares y creo que también en Aragón, el Gobierno ha borrado de un plumazo al defensor del paciente. Cuantas menos pistas se den, mejor para los que van a la suya y tienen el objetivo claro.
Éstos, hoy por hoy, son inmunes a todo control. A cualquier nivel.
Saludos, enhorabuena y mis respetos por tu blog.
Jordi
Hola, Jordi, gracias por tu comentario que sin duda enriquece el blog. Es cierto que hay rasgos que caracterizan a un país y los nuestros principales, compartidos con otros del arco mediterráneo, podrían ser la opacidad, la falta de rendición de cuentas (eso que los anglosajones llaman 'accountability') y la tolerancia ante la mala praxis y las corruptelas. Así se explica lo que comentas (y así nos va... ). Un saludo.
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