La revista independiente (y de acceso abierto bajo licencia Creative Commons) PLoS Medicine anuncia que ha decidido poner el foco en la industria alimentaria (Big Food, adaptando la denominación comúnmente dada al lobby de la industria farmacéutica, Big Pharma) y que, por ello, va a publicar durante las próximas tres semanas una serie de artículos en los que se examinarán algunos aspectos relativos a las actividades de la industria de la comida y la bebida [food & beverage] y su influencia en el campo sanitario global. Y lo justifica, en su editorial, de la siguiente manera:
El papel de la industria en la salud es un tema que fascina a PLoS Medicine desde hace ya bastante tiempo pero nuestra atención sobre Big Food es nueva. La alimentación, a diferencia del tabaco o los medicamentos, es necesaria para vivir y es un tema crítico en lo que se refiere a la salud y la enfermedad. Pero las grandes compañías multinacionales controlan lo que come la gente de todo el mundo, lo que se traduce en una malsana e hiriente ironía: mil millones de personas pasan hambre en el planeta, mientras que dos mil millones son obesas o tienen sobrepeso.
Ha llegado el momento de que PLoS Medicine arroje un poco de luz sobre Big Food. En primer lugar porque las grandes empresas de alimentación y bebida poseen hoy en día una innegable presencia e influencia en el escenario global de la salud. Ya se trate de sus propios altos ejecutivos asesorando como expertos en reuniones de alto nivel a Naciones Unidas (como en este ejemplo) o de grandes proveedores globales de fondos para la salud conferenciando sobre lo que las organizaciones no gubernamentales deberían aprender de CocaCola, los enfoques y experiencias de Big Food están configurando crecientemente el campo global de la salud. Según su expertise se va amplificando en los debates sobre salud global, las empresas de alimentación van rebautizando como "empresas de nutrición" y ofertando visión empresarial y conocimiento en ciencias de la alimentación y en la distribución de alimentos, haciendo valer su autoridad en la solución de problemas, no sólo sobre producción de alimentos, sino también sobre la malnutrición, la obesidad e incluso la pobreza [Aquí hay un ejemplo, en concreto el de Nestlé].
La legitimación de las empresas de alimentación como expertos globales en salud se ve reforzada también por un número creciente de colaboraciones con organizaciones sanitarias públicas aparentemente diseñadas para fomentar acciones colaborativas que mejoren la salud y el bienestar de la gente. Pero la primera obligación de la industria alimentaria es impulsar sus beneficios vendiendo comida. ¿Por qué la comunidad sanitaria global encuentra aceptable la situación y cómo se concretan estos conflictos de interés?(Además de este editorial, este número de PLoS Medicine publica los dos primeros artículos de la serie: Big Food, Food Systems, and Global Health y Soda and Tobacco Industry Corporate Social Responsibility Campaigns: How Do They Compare?)
Lo que más alarma es la capacidad de compra de almas y cerebros de estos lobbies y la manera en que ello deteriora la presunción de independencia de muchas asociaciones y líderes profesionales, una independencia que ya entra claramente en conflicto cuando se recibe financiación de intereses privados, pero que ya es claramente incompatible con cobrar de fondos de reptiles clandestinos creados por la industria. Y si hasta hace bien poco, lo normal era encontrar sólo a Big Pharma y a empresas de tecnología o suministros médicos esponsorizando congresos, reuniones o sociedades científicas, cada vez es más frecuente encontrar también a Big Food. Por ejemplo, el último Congreso de la Socieded Española de Endocrinología y Nutrición fue financiado, no sólo por varios de los principales laboratorios farmacéuticos, como siempre, sino también por CocaCola, Nestlé y Leche Asturiana.
