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lunes, 6 de febrero de 2012

Más sobre el 'caso' Amanda Trujillo

Hablaba hace unos días de la historia de Amanda Trujillo, enfermera estadounidense a quien despidieron de su hospital y abrieron un expediente en su 'colegio profesional' por informar a un paciente de una intervención quirúrgica a la que iba a ser sometido y de la que no había sido informado, así como ofrecer otras alternativas asistenciales, entre ellas los cuidados paliativos en un centro para pacientes terminales.

En mi entrada, me limitaba a exponer los hechos según los contaba la propia interesada, ya que el hospital se niega a realizar cualquier tipo de aclaración o una descripción alternativa de los hechos, alegando que no forma parte de su política discutir en abierto sobre problemas con sus empleados. Personalmente, estoy convencido de que se trata de una represalia contra una enfermera por interferir en una decisión del médico del paciente, y también de que si hubiera sido otro médico el que lo hubiera hecho, las consecuencias, de haberlas, no serían tan dramáticas. En cierto modo, como se ha presentado en general, un caso de mobbing o acoso laboral.

Una vez dicho esto, creo que las asociaciones enfermeras y las redes sociales enfermeras norteamericanas que han hecho bandera de Amanda no harían bien si se limitaran a poner este hecho de manifiesto, ya que es discutible si la actuación de la enfermera fue la más adecuada para las circunstancias concretas del caso y sería bueno, tanto si lo fue como si no, extraer conclusiones que mejoren la asistencia al paciente y la seguridad de las propias enfermeras. Que el consejo sanitario y la educación forme parte de las funciones de una enfermera está fuera de toda duda, pero que la actuación de la enfermera haya sido la mejor para el paciente y para el equipo asistencial (y para la propia Amanda) resulta ya más dudoso, al menos para mí. Es posible que las circunstancias concretas (nocturnidad y alevosía) dejaran poco margen de acción para detener lo que parecía un evidente disparate, pero hay elementos poco razonables en el curso de acción de Amanda.

Resulta difícil de creer, como afirman los defensores de la enfermera, que estuviera programada para el día siguiente una operación delicada (hay quien dice que un trasplante de hígado, lo cual es una estupidez, porque los transplantes no son cirugía programada a no ser que el órgano proceda de un donante vivo) y el paciente no hubiera sido informado, no ya de los detalles de la intervención, sino del hecho mismo de que iba a pasar por quirófano. De ser cierto, al que habría que exigir cuentas, incluso penales, sería al responsable de solicitar y obtener el consentimiento informado, ya que evidentemente no lo hizo.

En todo caso, como siempre hay que escuchar a todas las partes, os dejo (lamentablemente sólo en inglés) una interesante entrada en el blog de un médico estadounidense. Además de una excelente verborrea (a su lado yo soy un aficionado...), lo curioso de la entrada es que empieza dando argumentos, compartibles o no, pero sensatos en muchos casos, pero según escribe se la va calentando la boca y empieza a realizar generalizaciones sobre la enfermería en las que se trasluce lo que en su momento denominé trastorno obsesivo compulsivo [TOC] de los galenos cuando se agita el pañuelo rojo de la enfermería y las enfermeras. Ello incluye acusaciones a la enfermera de ser un 'ángel de la muerte', entre otras lindezas.

Ahora bien, lo que resulta muy interesante e ilustrativo es el debate que sigue a la entrada, con 87 comentarios hasta la fecha, la gran mayoría de enfermeras, todos ellos respondidos puntualmente por el doctor Simpson, dando lugar a un diálogo muy curioso en el que puede apreciarse cómo van modificándose las posiciones, especialmente las de 'Doc'.

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