Leo con sensación de déja vú esta entrevista en la que la presidenta del Colegio de Enfermería de Guipúzcoa, María Jesús Zapirain se felicita por una sentencia del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco en la cual se da la razón al colegio, frente a la asociación de técnicos de laboratorio, en un espinoso asunto: quién está facultado para la extracción de muestras en un laboratorio clínico, algo jurídicamente enmadejado, ya que existe incluso una Sentencia en casación del Tribunal Supremo de 2007 en sentido bien contrario. Pero bueno, dejaré estos enrevesados aspectos jurídicos a quien más sabe sobre ellos dentro de la enfermería, por si quiere -una vez más, pero siempre con respeto, amistad y admiración- contradecirme y animamos esto un poco.
Vamos a ello: el título ("en defensa de las competencias enfermeras") me hace reflexionar y preguntarme por qué motivos, que no sean burocráticos (lo dice la ley) o históricos (siempre lo han hecho las enfermeras), extraer sangre debería considerarse una competencia enfermera.
Los argumentos que se desgranan a lo largo de la entrevista son de tres tipos: a) porque "los enfermeros y enfermeras son los únicos competentes habilitados legalmente, junto a los médicos"; b) porque "todos los enfermeros están capacitados para realizar extracciones y tomas de muestras biológicas por su propia titulación"; y c) porque "sus conocimientos, experiencia y ética garantizan una respuesta adecuada ante una crisis de salud añadida a la pura extracción, mientras que un técnico no es competente para actuar en un momento crítico con las mismas garantías".
Analizando el tema "desde fuera", es decir, sin otros intereses que los de una persona a la que una vez al año, por término medio, le sacan sangre en una sala de extracciones, quizás el único argumento que podría servirme es el último, ya que mi propósito es interrogarme sobre qué ocupación es más coste-efectiva para esta tarea concreta. A priori y dentro de mi ignorancia, no creo realmente que sea necesario estudiar cuatro años (menos aún, como medio sugiere, realizar la nonata especialidad de enfermería médico-quirúrgica durante otros ¿dos? años más) para aprender a hacer extracciones de sangre y además sospecho que la calidad y eficiencia en esta tarea está más relacionada con el aprendizaje on the job, que con el background académico. Y que la ley sancione la competencia de las enfermeras y relegue a los técnicos a "ayudar", también me importa un bledo: las leyes están para cambiarlas según va cambiando la realidad y esta ley (en realidad una Orden Ministerial) data de 1984, hace más de 25 años.
Pero, bueno, hago caso del tercer argumento: si un técnico no es competente para actuar en un momento crítico y cuando me están extrayendo sangre para una analítica se produce un "momento crítico", prefiero que sea una enfermera quien esté a mi lado.
Sin embargo, buscando en Pubmed sobre eventos adversos relacionados con la extracción de muestras de sangre no he sido capaz de encontrar una sola referencia, no ya a "momentos o sucesos críticos", salvo a chapuzas en la ejecución de la tarea (pinchazos fuera de zona, dolor, moratones...), nada que parezca comprometer mínimamente mi seguridad (aunque sí cabrearme, sea una enfermera o un técnico el manazas).
O sea, que si me tratan de vender la moto como ciudadano/paciente, y parece que esta líder colegial quiere hacerlo, me parece demagógico y creo que la descalifica como interlocutor para ese pretendido "pacto social" entre profesionales y sociedad que tanto gusta a las organizaciones corporativas. No sé si es correcto afirmar que las profesiones están al servicio de las organizaciones, pero lo que sí es absolutamente evidente es que las organizaciones no están -bueno, dejémoslo en no deben estar- al servicio de las profesiones.
Pero, sobre todo, ¿no ha reparado esta líder colegial en que está empleando absolutamente los mismos argumentos, punto por punto, que sus colegas de las organizaciones colegiales médicas para descalificar que las enfermeras puedan, por ejemplo, prescribir incluso medicamentos no sujetos a receta médica? ¿O para tratar de cargarse los planes formativos de las especialidades enfermeras? O sus colegas en Estados Unidos para negar que las anesthetist nurses puedan anestesiar autónomamente en los quirófanos?
Para mí este asunto de dudosa cordura sólo toma sentido a través de esta ecuación: tareas = puestos de trabajo = rentas. Si extraen sangre las enfermeras, habrá puestos de trabajo y nóminas de enfermeras para ello; si lo pasan a hacer los técnicos esos puestos de trabajo pasarán a ser ocupados por técnicos, como ya sucedió a partir de 1984. Y la señora Zapirain hace muy bien en luchar por puestos de trabajo para las enfermeras y hace muy bien en utilizar en sus recursos toda la argumentación jurídica que le beneficie. Nadie va a criticarla por ello. Pero estos argumentos obsoletos ya no son de recibo hoy en día.
Pero lo más alucinante es que este tema, que nada menos que está en el origen de la creación de un sindicato corporativo y en la toma de la organización colegial por la vieja guardia que se autoreivindicaba (entonces, ahora ya no es cool) como ateeses, siga vivito y coleando después de casi treinta años. Y que haya jueces, como es el caso, que consideren que la disposición derogatoria de la Ley de ordenación de las profesiones sanitarias de 2003 no es bastante, por genérica, para derogar una orden ministerial de 1984. ¡Qué país!

De acuerdo hasta cierto punto. Sin embargo corremos el riesgo con tanto mirar hacia arriba de perder la esencia de la enfermería. Yo me hice enfermero no para estar sentado en un despacho alejado del paciente haciendo planificaciones, administrando RR.HH. o gestionando gastos de hospital, sino para estar CON el paciente. Por supuesto que nuestra labor no se limita a sacar sangre, ni a poner sondas, ni a purgar goteros, ni a curar una herida quirúrgica, pero son parte inseparable de nuestra profesión. También estoy de acuerdo en que no hacen falta 4 años de estudio para pinchar una vena, pero es un argumento peligroso porque tampoco se necesitan 4 años para sondar, para aprender a curar una herida, para vacunar o para ser un experto en hipertensión. Corremos el riesgo de convertir la sanidad en una cadena de montaje en manos de técnicos más baratos, formados para realizar de forma eficiente una técnica concreta a muy bajo coste pero a costa de perder de vista el paciente como un todo.La ventaja de la enfermería frente a la profesión médica es precisamente ese contacto constante con el paciente, ese cuidar por completo, que nos permite valorar al paciente mientras le haces una cura o mientras cambias un gotero, que mantiene un contacto directo a lo largo de la jornada. Pienso que si convertimos la asistencia en un conjunto de técnicas inconexas y reducimos la enfermería a una labor de gestión o administración habremos convertido al paciente en una cosa en lugar de una persona y a la enfermera en una gestora en lugar de enfermera. La legislación no está para proteger la potestad sobre una u otra técnica, pero sí para proteger un modelo de asistencia con garantías para el paciente por medio de la regulación. Un modelo desregularizado donde cualquiera puede hacer cualquier actividad, deja en manos de gestores, en muchos casos con intereses económicos de por medio, la elección del prestador de cuidados, a modo de mercado, de copia del sistema neoliberal económico aplicado a la salud. No pasa nada porque un técnico saque sangre, ¿pero cuál es el límite para trocear las profesiones sanitarias y convertirlas en un conjunto de actividades por separado a realizar por personal formado sólo para esa actividad? ¿sacar sangre? ¿vacunar? ¿administrar citostáticos? ¿intubar? ¿suturar? ¿ajustar la anticoagulación en función del INR? Se puede discutir acerca de los límites de una u otra disciplina en el caso de las fronteras comunes de medicina y enfermería, de enfermería y podología o fisioterapia, de psiquiatría y psicología clínica,... y de las tareas y responsabilidades limítrofes que ambas partes de una frontera reclaman, pero esa doble perspectiva desde disciplinas diferentes con objetivos compartidos es diferente al conflicto consistente en desmembrar una profesión en tareas técnicas a realizar por técnicos.
ResponderEliminarHola, quien seas, gracias por esta amplia y reflexiva participación. Estoy de acuerdo contigo al 90%; el restante 10% es porque yo creo en normas que marquen sólidas reglas del juego, pero que permitan flexibilidad y espacios de negociación para que en cada organización sea posible satisfacer mejor las necesidades sin estar absolutamente atados por las rígidas fronteras competenciales que hoy existen de manera generalizada. Por ejemplo, a mí me parece un absurdo que un número "x" de enfermeras destinadas en algún otro lugar de un hospital deban acudir dos horas a extraer sangre a pacientes ambulatorios, volviendo luego a sus servicios de origen. Antes, cuando había ATS en los laboratorios -ahora ya es algo residual- tenía sentido, hoy ya no. Defiendo que en ese caso sean los técnicos del laboratorio los que obtengan las muestras. Porque tiene sentido organizacional.
EliminarPero, por el contrario, defiendo que las enfermeras de planta realicen las extracciones de los paciente ingresados como un parte más de su relación profesional con ellos; no tiene sentido organizacional otra alternativa. Lo mismo, pero más claro, en cuanto a los centros de salud, donde sería absurdo que tuvieran que acudir a primera hora de la mañana una legión de técnicos a tomar las muestras: que lo hagan las enfermeras es lo que tiene sentido.
Flexibilidad, no como casi siempre en este país café para todos. Lo que puede ser útil aquí puede resultar inútil y hasta dañino allí. Pues tengamos cabeza. Y, además de las lógicas profesionales, adoptemos también las lógicas organizacionales. El problema es que los profesionales tienden a desarrollar (e incluso a aceptar) sólo las primeras.
Interesante reflexión la tuya. Un saludo.
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EliminarInvoluntariamente he borrado el post publicado.
EliminarIntentaré sintetizar las ideas principales que expon ía. Por una parte el hecho de que la tendencia internacional es precisamente la de desdibujar esas fronteras interprofesionales para permitir la necesaria ósmosis competencial entre campos afines. Eso debe servir ni más ni menos que para flexibilizar los cuidados y la atención sanitaria, con el objetivo de dar respuesta a las necesidades, primero del paciente, también las organizacionales y profesionales. De modo que la adquisición de competencias médicas por parte de los enfermeros es lícita si el contexto así lo requiere (lo cual es más habitual en el entorno de la práctica avanzada, aunque no exclusivo de estos roles). Lo mis mo pasa en el caso de traspaso competencial entre enfermeras universitarias y técnicos/enfermeras auxiliares (que no auxiliares de enfermería, puesto que yo las entiendo como uno de los varios niveles de práctica dentro el contínuum de la profesión). Y si para mejorar la accesibilidad asistencial (una de esas necesidades que comentaba) es necesario que sea un TL el que saque la sangre en los gabinetes de extracción pues que así sea (y si de paso es más barato, mejor para el sistema), siempre que se garantice una asistencia de una calidad mínima, por supuesto. Lo que pasa es que existe cierta hipocresía en el sector al ver con buenos ojos recibir competecias tradicionalmente médicas, pero a la vez (con un corporativismo poco saludable) rechazar tajantemente que otras profesiones se acerquen a competencias de nuestro terreno. Algo tendrá que ver la transmisión de la violencia vertical que recibimos desde hace tiempo de "arriba".
Lo que deberíamos favorecer, en todo caso, es un debate sereno para buscar la mejora del sistema a todos los niveles. Sistema que se compone de un innumerable cosmos de microuniversos, donde los roles profesionales se adaptan a entornos muy diversos de manera difícilmente cuantificable. Porque lo que puede resultar válido para una enfermera de críticos en un hospital de referencia de capital, puede no serlo para una enfermera militar desplegada en un escalón médico avanzado en zona de operaciones. O para el enfermero que hace cirugía menor en un consultorio rural.
En todo caso, sigamos aprovechando estos crecientes espacios de debate para poder mirarnos de forma autocrítica para seguir mejorando como profesionales personas.
Un saludo.
Hola, LastElvenSon: Estoy totalmente de acuerdo contigo, comparto esa filosofía de 'pensar globalmente, actuar localmente', que es todo lo contrario de la burocracia uniformadora que conocemos en nuestro entorno. Algunos de los problemas de un sector, de un nivel asistencial, de un centro, de un servicio, son similares a los de otros muchos, pero también muy diferentes a los de otros. Hagamos, pues, normativas generales para los problemas generales, que al tiempo amparen legalmente soluciones creativas o innovadoras para los problemas locales. Son lo que llamo las 'lógicas organizacionales', muy desatendidas por lo general. Un saludo y gracias por tu juicioso comentario.
EliminarAgradezco tu comentario. Muy cierto tu planteamiento acerca de las "lógicas organizacionales", aunque eso requiere un tipo de visión estratégica-operativa que no suele gozar de demasiado calado entre nuestras élites tanto políticas como profesionales. Por lo demás un placer poder participar en este magnífico blog. Quedo a tu disposición para cualquier menester que sea necesario (especialmente sobre práctica avanzada, que es mi línea principal de doctorado).
ResponderEliminarUn saludo.