De ahí que por lo general se opte por acudir a indicadores intermedios o indirectos (proxy) cuya relación con los resultados en salud en un plano individual es incierta e indirecta. El abandono del tabaquismo o el porcentaje de niños vacunados es un objetivo medible en cualquier población, como lo son el mantenimiento de la presión arterial, del nivel de LDL, de HbA1c o de PCR en límites estadísticamente normales, pero se trata de indicadores indirectos e imperfectos; en realidad, sería mucho más importante cuantificar sus efectos, pero estos, que son bien conocidos sobre base poblacional, son absolutamente inciertos en el caso de cada paciente.
Y cuando, finalmente, se trata del paciente hoy en día de moda (me refiero a moda estadística), el paciente pluripatológico, pluriatendido, pluridiagnosticado y pluritratado, entonces todo resulta mucho más difícil.
Un reciente artículo publicado en el NEJM (Goal-Oriented Patient Care — An Alternative Health
Outcomes Paradigm, descargable aquí) trata precisamente sobre este problema y propone un 'nuevo paradigma' (humildes, no son desde luego) en el establecimiento de sistemas de evaluación orientados hacia objetivos. La verdad es que la terminología no es muy moderna (todos los sistemas de evalución son goal-oriented), pero los contenidos son interesantes.
Últimamente no se habla sino de atención de salud y organizaciones sanitarias 'centradas en el paciente' (patient-centeredness), es el mantra de moda (ahora sí que hablo de moda-moda). Sin embargo, mientras que los modelos organizativos de los sistemas de salud han tratado de ir adaptándose a esta filosofía, los sistemas de evaluación siguen entronizando indicadores que obvian la experiencia del paciente (si exceptuamos los indicadores de 'satisfacción autoexpresada', normalmente despreciados por su inconsistencia en cuanto se refiere a los aspectos 'técnicos' de la asistencia sanitaria; otro día escribiré sobre esta variante de la soberbia clínica).
Reuben y Tinetti aportan una mirada fresca, proponiendo establecer objetivos (e indicadores) que tengan que ver con la experiencia del paciente e incorporen sus vivencias, valores y preferencias. En esta tabla comparan el modelo 'tradicional' con el que ellos sugieren en cuatro dimensiones de la asistencia, (supervivencia, biomarcadores (parámetros clínicos), signos-síntomas y estatus funcional):
Este modelo descansa en un proceso de negociación de objetivos o metas, exigente pero también realista. En este proceso predomina lo que el paciente considere en cada momento como su estado de salud deseado óptimo dentro de sus condiciones, y por tanto habrá que renunciar a unos objetivos en beneficio de otros. El ejemplo más extremo es el de preferir vivir unas semanas o meses con buena calidad de vida a vivir unos meses o años con un mayor deterioro: cuestión de valores, preferencias y entorno social.
Las ventajas que pretende aportar este 'nuevo paradigma' son cuatro:
- En primer lugar, enmarca la negociación en términos de estados de salud personalmente deseados, en lugar de universalmente preestablecidos.
- En segundo lugar, simplifica los procesos de toma de decisiones con respecto a los pacientes pluripatológicos, centrándose en resultados que pueden alinear los objetivos de diferentes tratamientos (de diferentes especialistas) hacia metas comunes.
- En tercer lugar, dado que permite al paciente articular sus preferencias, resultan mucho más fáciles las negociaciones sobre las exigencias que la consecución de esas preferencias tienen sobre otras circunstancias del tratamiento.
- Y finalmente, si se acuerdan los objetivos de salud es más fácil que profesionales y pacientes lleguen a acuerdos sobre los pasos o metas intermedias que hay que esteblecer, lo cual permite una buena monitorización permanente del proceso y una mejor adherencia del paciente con respecto a las metas a corto plazo (que conducen a los objetivos a medio plazo).


Este planteamiento que empondera la AUTONOMIA del paciente por encima de todo, debería dejar de lado, por supuesto, actitudes paternalistas históricamente ancladas en las formas y proceder asistencial de la inmensa mayoría de profesionales (alimentada por otro lado por los mismos planteamientos institucionales por mucho que se nos llene la boca de fórmulas dospuntoceristas); y por otro lado preconiza una ruptura de esa brecha existente en cuanto a conocimiento y participación del paciente en su propio Proceso, que colorean un panorama de giro de 180º con relación a la situación actual. Supeditada como digo a la tan hermética estructura y esquema asistencial, que no tengo muy claro si estaría dispuesta a esa entrada priorizada de un verdadero "factor externo" que pudiese verdaderamente enfocar el Proceso en estos términos frente a esa actitud consuetudinaria y al uso. Está por ver el margen de permisibidad de las propias estructuras y modelos para un nuevo enfoque como el que refieres, más cuando el ensayo de la tan famosa Gestión Clínica se lleva a cabo a través de un evidente maquillaje de esos resultados y su supuesta ponderación que dejen a la vez un "margen de mejora" aplicable o conseguible en sucesivas ediciones de esa cadente cuantificación. Pasando al plano del autoconvencimiento global de que el esquema funciona y es la fórmula... Yo perdónenme los aférrimnos convencidos, dudo de la transparencia (en términos de resultados, evidentemente) de la mayoría de esas cuentas de la vieja que en nombre de ese modelo de gestión puedan estarse haciendo en los distintos servicios, y estoy de acuerdo en que, como refieres, el ensayo y estudio de otros planteamientos es la asignatura pendiente, aunque ésta, a la vez, se salga de la consigna y enfoque institucional ofertado y "por cojones", cuyos objetivos, tenemos evidencias sangrantes, difieren muchas ocasiones del interés particular e individual tanto de pacientes como de profesionales... Difícil escollo a salvar y en términos de "bién común, político e ideológico" vs "Autonomía profesional y del paciente"...¿?.
ResponderEliminarHola, Antonio. Yo, que soy un descreído, no creo ni en la filosofía ni en la ética, ni siquiera en las creencias (que otros llaman ideología) para explicar la evolución (sí para explicar la convivencia, pero ese es otro tema). Creo en la necesidad como factor evolutivo esencial. Cuando los leñadores entiendan que dar hachazos en las ramas no soluciona los problemas (las ramas vuelven a crecer en primavera, aunque tardan un tiempo en volver a su exuberancia anterior), en algún momento tendrán que asumir que hay aspectos estructurales que no funcionan y que hay qye desraizar. Bien es cierto que los gobiernos de los países de la Vieja Europa estos procesos tardan más en concretarse, pero antes o después tendrán que afrontar la realidad. El problema es que lo harán más tarde que pronto, qué le vamos a hacer, está marcado a fuego en nuestros genes católicos, bien diferentes de los calvinistas. Pero lo harán, seguro. Un abrazo y gracias.
ResponderEliminar¡Ah!, las ramas son básicamente las facturas en los cajones. Brotes verdes...
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