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miércoles, 7 de marzo de 2012

La sabiduría de dejar ir

No me resisto a reproducir un párrafo de un artículo publicado en The Washington Post, titulado Our unrealistic attitudes about death, through a doctor’s eyes:
At a certain stage of life, aggressive medical treatment can become sanctioned torture. When a case such as this comes along, nurses, physicians and therapists sometimes feel conflicted and immoral. We’ve committed ourselves to relieving suffering, not causing it. A retired nurse once wrote to me: “I am so glad I don’t have to hurt old people any more.”
Traducción libre para quienes se manejen peor con el inglés:
En un momento determinado de la vida, un tratamiento médico agresivo puede convertirse en tortura autorizada. Cuando un caso así se produce, enfermeras, médicos y terapeutas a veces se sienten en conflicto moral. Nos hemos comprometido a aliviar el sufrimiento, no a causarlo. Como una enfermera ya jubilada me escribió una vez: "Me alegro tanto de no tener que volver a hacer daño a la gente mayor".
Por cierto, merece la pena leer el artículo entero.

martes, 26 de abril de 2011

El debate sobre la regulación de la muerte asistida


Ahora que el gobierno español ha anunciado la inminente remisión a las Cortes de un proyecto de ley de derecho a una "muerte digna" que, al igual que en las leyes ya en vigor de Andalucía, Aragón y Navarra, se ha anunciado que rehusará entrar a regular la muerte asistida (es decir, la eutanasia, etimológicamente "buena muerte ", y el suicidio asistido), el último número del British Medical Journal incluye un debate sobre la ley de muerte asistida británica con un artículo a favor de su regulación y otro en contra. Creo que reflejan ambos muy bien la situación actual del debate, básicamente ideológico, entre el derecho individual a decidir (eutanasia) y el miedo a que dicha regulación ampare el exterminio de los discapacitados o personas en coma (eugenesia).

En un estudio que realicé por encargo del Ministerio de Sanidad en 2002, del  que lamentablemente no guardo copia, pero sí la base de datos de la encuesta que realizó el CIS y que me sirvió de base material para el estudio, el 20% de los 1.057 médicos encuestados afirma haber recibido en los últimos 12 meses una petición directa del paciente de eutanasia pasiva ("déjeme morir...") y un 6%, de eutanasia activa ("hágame morir..."). Un 25% recibió la petición de eutanasia por parte de los familiares de sus pacientes.

En caso de enfermedad incurable, dolorosa y terminal, el 22% cree que debería poderse (legalmente) facilitar una dosis letal (suicidio asistido) y un 21%, que debería poder administrarla el médico. En caso de enfermedad incurable y dolorosa, pero no terminal, un 27% cree que debería poderse facilitar (18%) o administrar (9%) la dosis letal. Se sobreentiende que en todos los casos es evidente que debe mediar una solicitud expresa por parte del propio paciente.

En resumen, un 53% se mostraba más bien de acuerdo (23%) o totalmente de acuerdo (30%) en una despenalización de la eutanasia, frente a un 42% que se manifestó más bien en desacuerdo (23%) o totalmente en desacuerdo (19%). Estoy convencido de que, a día de hoy, tras algunos casos de claro impacto social y mediáticos, especialmente el de Ramón Sampedro (que inspiró la oscarizada película "Mar adentro"), estos porcentajes habrán cambiado algo a favor de las posiciones legalizadoras

Por cierto, siento no tener datos sobre la opinión del personal de enfermería, si alguien dispone de ellos me encantaría poder compartirlos. Y lo mismo digo de encuestas sobre población general.

En todo caso, el miedo a entrar en este debate, cuando se han adoptado otras medidas igualmente controvertidas como el matrimonio gay o la reciente "ley de plazos" para la IVE, demuestra que en el caso de la eutanasia estamos ante un tema que causa verdadero espanto político, ya que es fácil intuir que las posiciones sociales y políticas contrarias se expresarían de manera mucho más virulenta, incluso desde las filas de los propios profesionales sanitarios contrarios a la eutanasia. Por ejemplo, en este documento se puede apreciar cómo la objeción de conciencia a veces no se considera un derecho individual, sino un elemento de agitación para torcer el brazo (listo) de la ley, dentro de una oposición bien organizada de clara orientación política.