Siguiendo con las lecturas de verano, durante estas vacaciones del blog también he leído un interesante texto de Jacinto Bátiz, secretario de la Comisión Central de Deontología de la Organización Médica Colegial. En un artículo de ¿opinión? publicado en El País el pasado 2 de agosto, en el que se supone que debería aclarar, eso, la opinión de este importante órgano corporativo y orientar a los profesionales en este tipo de dilemas deontológicos, realiza toda una exhibición de cómo quedarse con el personal.
Recapitulemos: El artículo viene enmarcado en la polémica por la conducta presuntamente cruel y antiprofesional del personal médico (y directivo) de una residencia asistida privada donde, al parecer, mantienen a una anciana sorda, ciega, escarada y demente atada permanentemente a la cama para que no se quite una sonda nasogástrica cuya única función es que no se muera, a pesar de que no existe la más mínima probabilidad de supervivencia autónoma: es decir, que se intenta que permanezca así hasta que en semanas o meses muera por causas ajenas a su actual estado de salud, probablemente a causa de una infección nosocomial. Esta es la información que facilita la familia y la asociación Derecho a Morir Dignamente, de ahí que, por ser información de parte -el centro sociosanitario, ni sabe, ni contesta-, antepongamos el término "presuntamente" a la hora de calificar como cruel, incívica y antiprofesional la conducta de unos profesionales que parecen intentar volver a poner de moda la expresión, ya en desuso, "encarnizamiento terapéutico", al negarse a retirar la alimentación enteral a una persona en esas condiciones personales y de salud, cuyo representante legal (tutor) así lo solicita expresa y formalmente.
Pues bien, don Jacinto Bátiz, quien también es especialista en cuidados paliativos y jefe de una unidad hospitalaria, basa la tesis de su artículo en la diferencia entre "tratamiento médico" y "cuidado básico"; para él, la "alimentación artificial de fluidos y alimentos" mediante sonda nasogástrica sería un cuidado básico y no una intervención médica; por el contrario, "la hidratación y la alimentación enteral (enterostomías quirúrgicas o percutáneas) o parenteral (por vía periférica o central) son tratamientos médicos". Así que, en este caso, no compete al médico ejecutar las decisiones del paciente o sus representantes legales.Y, además, "la tutora solicita que se aplique un tratamiento médico, la sedación, cuya indicación la hará el médico cuando compruebe que el resto de los tratamientos empleados correctamente para aliviar el sufrimiento no hayan resultado eficaces".
De manera absolutamente sibilina, pero inequívoca, Bátiz avala la infame actuación de sus colegas, quienes no serían los responsables de retirar la alimentación enteral, sólo de sedar al paciente: que se "coman el marrón" de retirar la sonda otros...
Doctor Bátiz: me cuesta mucho imaginar que la orden de sondar y de hidratar y alimentar por esta vía a la paciente la diera alguien que no fuera su equipo médico, es decir, que la adoptaran las enfermeras sin indicación médica, menos aún otro personal. ¿Verdad que a usted también le cuesta imaginarlo? Pues entonces es evidente que la instrucción de retirar la sonda deberá partir del mismo profesional o equipo que dio la de colocarla. Y punto, no hacen falta más disquisiciones: si ordenar colocar una sonda es un tratamiento médico, retirarla u ordenar retirarla también. Su artículo no es sino un disimulado ejercicio de lamentable corporativismo en una situación humana -que no clínica, aunque con implicaciones clínicas- extrema, en la que no es ético tratar de echar balones fuera. Y, lo que es peor, traicionar a unos pacientes que se supone que son lo más importante, por encima de cualquier otra consideración, para los profesionales de la salud a quienes la Comisión Central de Deontología debe orientar y no encubrir.
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viernes, 19 de agosto de 2011
martes, 26 de abril de 2011
El debate sobre la regulación de la muerte asistida
Ahora que el gobierno español ha anunciado la inminente remisión a las Cortes de un proyecto de ley de derecho a una "muerte digna" que, al igual que en las leyes ya en vigor de Andalucía, Aragón y Navarra, se ha anunciado que rehusará entrar a regular la muerte asistida (es decir, la eutanasia, etimológicamente "buena muerte ", y el suicidio asistido), el último número del British Medical Journal incluye un debate sobre la ley de muerte asistida británica con un artículo a favor de su regulación y otro en contra. Creo que reflejan ambos muy bien la situación actual del debate, básicamente ideológico, entre el derecho individual a decidir (eutanasia) y el miedo a que dicha regulación ampare el exterminio de los discapacitados o personas en coma (eugenesia).
En un estudio que realicé por encargo del Ministerio de Sanidad en 2002, del que lamentablemente no guardo copia, pero sí la base de datos de la encuesta que realizó el CIS y que me sirvió de base material para el estudio, el 20% de los 1.057 médicos encuestados afirma haber recibido en los últimos 12 meses una petición directa del paciente de eutanasia pasiva ("déjeme morir...") y un 6%, de eutanasia activa ("hágame morir..."). Un 25% recibió la petición de eutanasia por parte de los familiares de sus pacientes.
En caso de enfermedad incurable, dolorosa y terminal, el 22% cree que debería poderse (legalmente) facilitar una dosis letal (suicidio asistido) y un 21%, que debería poder administrarla el médico. En caso de enfermedad incurable y dolorosa, pero no terminal, un 27% cree que debería poderse facilitar (18%) o administrar (9%) la dosis letal. Se sobreentiende que en todos los casos es evidente que debe mediar una solicitud expresa por parte del propio paciente.
En resumen, un 53% se mostraba más bien de acuerdo (23%) o totalmente de acuerdo (30%) en una despenalización de la eutanasia, frente a un 42% que se manifestó más bien en desacuerdo (23%) o totalmente en desacuerdo (19%). Estoy convencido de que, a día de hoy, tras algunos casos de claro impacto social y mediáticos, especialmente el de Ramón Sampedro (que inspiró la oscarizada película "Mar adentro"), estos porcentajes habrán cambiado algo a favor de las posiciones legalizadoras
Por cierto, siento no tener datos sobre la opinión del personal de enfermería, si alguien dispone de ellos me encantaría poder compartirlos. Y lo mismo digo de encuestas sobre población general.
En todo caso, el miedo a entrar en este debate, cuando se han adoptado otras medidas igualmente controvertidas como el matrimonio gay o la reciente "ley de plazos" para la IVE, demuestra que en el caso de la eutanasia estamos ante un tema que causa verdadero espanto político, ya que es fácil intuir que las posiciones sociales y políticas contrarias se expresarían de manera mucho más virulenta, incluso desde las filas de los propios profesionales sanitarios contrarios a la eutanasia. Por ejemplo, en este documento se puede apreciar cómo la objeción de conciencia a veces no se considera un derecho individual, sino un elemento de agitación para torcer el brazo (listo) de la ley, dentro de una oposición bien organizada de clara orientación política.
Etiquetas:
deontología,
estadísticas sanitarias,
eutanasia,
muerte asistida
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