El periódico norteamericano The New York Times analiza en su edición del pasado sábado un programa implantado por el hospital de la Universidad de California en San Francisco (UCSF) que ha conseguido reducir en un 30% el número de readmisiones de los pacientes con patologías cardíacas, ahorrando a Medicare, el principal pagador del centro, un millón de dólares (algo más de 700.000 euros) anuales. El programa, denominado Heart Failure Program (programa de insuficiencia cardíaca) es desarrollado por un grupo de enfermeras que se encargan de informar extensamente a cada paciente antes del alta hospitalaria, de prescribir variaciones en el estilo de vida, como reducir la sal o hacer un moderado ejercicio, y de monitorizar al paciente por teléfono y mediante visitas domiciliarias para valorar el estado de salud del paciente, asegurarse de que se han entendido bien y se están cumpliendo adecuadamente las instrucciones y de que se respetan las visitas médicas, de enfermería, etc. pautadas. También asesoran a las familias y les facilitan un guión para saber cuando es necesario pedir una visita médica no pautada. Entre otras actividades.
Hasta aquí, probablemente a la mayoría de los lectores del blog no les habrá impresionado la historia, ya que existen experiencias similares en nuestro país, generalmente en manos de lo que denominamos en España "enfermeras gestoras de casos", tanto en el ámbito hospitalario, como en Atención Primaria, de las cuales se reconoce esta cualidad coste-efectivas.
Lo novedoso es que, a raíz de la iniciativa de UCSF, el principal pagador, el seguro público Medicare, ha anunciado al resto de los hospitales con los que trabaja que dejará de pagar los gastos derivados de rehospitalizaciones que se produzcan en una tasa por encima de la esperada para ciertas patologías (entre ellas, la insuficiencia cardíaca). Como afirma la responsable del programa, no existían incentivos para abordar el problema de manera sensata, más bien al contrario: "El paciente volvía al hospital; el hospital cobraba".
El programa, que en su origen fue financiado por una donación de 575.000 dólares (unos 400.000 euros) anuales de una Fundación, ha sido mantenido por el centro con cargo a sus presupuestos ordinarios, es decir, se ha consolidado ante las evidencias de su rentabilidad sociosanitaria y financiera.
Aunque lo más importante, sin duda, es que este tipo de programas evita hospitalizaciones, siempre traumáticas, es decir, sufrimiento, a colectivos de pacientes muy vulnerables, nuestros servicios públicos de salud, donde no se factura por proceso a un asegurador, sino que la asistencia se financia con cargo a los presupuestos ordinarios, siempre, y cada vez más, escasos, podrían asumir el mensaje economicista: si algo cuesta 400.000 euros y permite ahorrar 700.000 está liberando 300.000 para atender otras necesidades.
Y ¿por qué es preciso que sean enfermeras quienes asuman la dirección y ejecución de este tipo de programas tan pautados? La respuesta es muy interesante, pero también muy larga, así que la dejamos para otra entrada en el blog.

Pues en nuestro entorno se están recortando los programas específicos de educación sanitaria en IC al paciente y a la familia. Y también se están disminuyendo las gestoras de casos. Si ahorran, se entiende???
ResponderEliminarHola, AM. Es el "cortoplacismo" político y las influencias de las estructuras de poder profesionales. A la enfermería aún le queda un penoso camino para reivindicarse como un eje fundamental de la salida de las crisis de "sostenibilidad" de los servicios de salud. Pero lo hará. Y cuando antes empecéis, mejor para todos. Un saludo y gracias por tu comentario.
ResponderEliminar