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martes, 27 de marzo de 2012

El médico de AP (y III): Ni piloto ni director de orquesta

Sigo con la tercera y última entrega de esta entrada. Para quienes no las hayáis leído, la primera está aquí y la segunda aquí. Y éste es el artículo que ha originado esta laaaaarga reflexión: The Myth of the Lone Physician: Toward a Collaborative Alternative. Acabamos:


No es ni mucho menos la primera vez que veo, hablando de este tipo de temas, la comparación entre pilotos de avión y médicos, dos colectivos en los cuales los profesionales tienden a veces que adoptar en segundos decisiones que pueden salvar o perder vidas. La evolución de la figura del piloto como llanero solitario (las  únicas personas en el avión que tienen un rol activo y toman decisiones) hacia otra más realista de toma de decisiones conjunta, no sólo con otros miembros del staff (tripulantes de cabina-enfermeras), sino también con el personal de las torres de control (controladores-gestores sanitarios) y con los propios pasajeros-pacientes no se hizo para lacerar a nadie, sino simplemente para mejorar la seguridad aérea.

Sin embargo, hay quien no lo entiende así y no sólo le parece insuficiente reivindicar al médico como el director de la orquesta, sino que lo hace como ese tipo de piloto que está en vías de extinción definitiva: "La visión del médico como director de orquesta ignora la práctica clínica y la necesidad de autoridad y de jerarquías que protegen al paciente y dan seguridad al acto clínico. El médico es el piloto, no el director." No sé cuál es la evidencia científica en la que se basa esta afirmación estrambótica (bueno, sí lo sé: no existe, es un invento) pero si algo sabemos ya hoy es que ni la autoridad ni la jerarquía ni mucho menos la combinación de ambas son lo que protege y da seguridad al paciente: lo que protege al paciente son los equipos profesionales cooperativos e interdependientes en los que cada componente sabe lo que debe hacer, sabe cómo hacerlo y lo hace bien y just in time. Y, lo que es más importante, también sabe lo que no debe hacer. Por tanto, la defensa de la autoridad por la autoridad, así como la jerarquía no basada en el liderazgo, sino en un pretendido derecho natural (como el de los papas y ayatolás), son hoy en día la marca de fábrica del reaccionario, aunque se vista de moderno políticamente incorrecto, como la mona del refrán.

El principal problema del cambio de paradigma hacia un esquema colaborativo y de excelencia que sin duda permitirá mejores sinergias profesionales en los servicios de AP es este tipo de actitudes, la de bastantes médicos añorantes  -y algunos, como es el caso, con influencia interna ganada a pulso, para qué negarlo-  que necesitan seguir creyendo que son el Llanero Solitario y a los que les falta un hervor en el caldero de la poción mágica más necesaria en estos tiempos: una mezcla de hierbas desconocidas, claro que sí, pero sazonada con ciertas  virtudes, éstas sí bien conocidas, como la generosidad, la sensibilidad y una profesionalidad bien entendida como preocupación esencial con respecto al paciente y que no tiene nada que ver, ni de lejos, con el narcisismo o con los desafíos de sietemachos pasados de rosca.

Autoridad, jerarquía... ¡Ah, qué cosa más moderna! Debe ser que, como decían en La Verbena de La Palomahoy las ciencias (sociales) adelantan que es una barbaridad...



PS.- Me contaban el otro día una anécdota, un tanto antigua pero muy ilustrativa: Como consecuencia de la realización de una laparoscopia, la herida de la incisión umbilical no cierra y se infecta. La paciente acude a Don Nicolás, su médico de cabecera, le enseña la parte infectada y éste hace la cura, le da las pautas de tratamiento doméstico y le receta una amplia parafernalia de apósitos, linitules y cremas cicatrizantes. La infección, de todas formas, va a más a pesar de las curas de Don Nicolás, así que a la tercera visita, la enfermera que organizaba las consultas pregunta quién es el siguiente y qué quiere. Nuestra paciente le dice que viene a hacerse una cura con Don Nicolás y la enfermera, extrañada, le pide que le enseñe la herida infectada y que le cuente en qué consisten curas tan sofisticadas que tiene hacerlas el médico personalmente. Pone cara de horror al ver la infección, cada vez más extensa, quita todos los apósitos y potingues, limpia con suero y betadine y dice a la paciente que eso es todo lo que tiene que hacer: limpiar bien, poner betadine y que le de aire. Y añade, más para sí que para la paciente: "¡De verdad que no entiendo porqué se meten los médicos a hacer lo que no saben!".


Como dibuja Gary Larson, si somos suficientemente suspicaces y desprejuiciados podemos vislumbrar algunas pistas importantes de lo que el futuro está a punto de traernos. Y si no lo somos... pues mal asunto.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

¿Son los cuidados enfermeros como dinosaurios, demasiado pesados para sobrevivir?

El interesante memorandum Policy+, de la National Nursing Research Unit del King's College London nos trae este mes, bajo el título Measuring patient experience in the primary care sector: Does a patient’s condition influence what matters?, una interesante reflexión sobre el papel  -subjetivo, claro, paradójicamente en un momento de búsqueda frenética de indicadores objetivos-  del papel que podría jugar la experiencia de los pacientes en la gestión y evaluación de los servicios de atención primaria. A partir de un estudio cualitativo con pacientes con una o más entre una serie de cinco patologías crónicas o incapacitantes, realizaron un análisis de los aspectos generales y particulares de cada dolencia que resultaron ser relevantes a la hora de evaluar el proceso asistencial. Dejando a un lado, por las limitaciones de esta contribución, los particulares, los deseos generales resultaron ser:
  • Ser tratado como una persona, no como un número.
  • Que el personal me escuche y me dedique tiempo.
  • Tratamiento individualizado, sin etiquetas.
  • Sentirme informado, que me den información y me ofrezcan opciones.
  • Implicación/Involucración del paciente en los procesos cuidado-eficientes [care-efficient].
  • Apoyo emocional y psicológico.
Todo muy enfermero. Según el estudio, el gran peso del cómo (aspectos relacionales) supone que no sólo el qué (aspectos funcionales u operativos) sea tenido en cuenta a la hora de evaluar los procesos asistenciales. Las conclusiones del estudio son:
  • Que las políticas sanitarias deberían aplicar un esquema general de 'lo que importa a los pacientes' a un amplio conjunto de circunstancias clínicas en diferentes sectores.
  • Que una gran parte de lo que ha venido siendo cuantificado hasta la fecha en términos de experiencia de los pacientes se ha centrado en aspectos funcionales de provisión de los servicios (...) Pero que las políticas sanitarias deberían atender también a los aspectos relacionales de las experiencias de los pacientes, como compasión, empatía, apoyo emocional, etc., que únicamente pueden ser recogidos a través de los propios pacientes.
  • Los 'compradores' [commisioners, un término muy específico del NHS inglés, pero lo resumimos así] y los proveedores de los servicios deberían trabajar conjuntamente para obtener datos sobre las experiencias de los pacientes para poder mejorar la accesibilidad, transición y continuidad de los cuidados.

Hasta aquí las conclusiones del estudio. Es más que evidente el valor que lo subjetivo, lo cualitativo, lo humano, tiene en la valoración de los procesos sanitarios para los pacientes (yo incluido, claro). Pero de cara a un futuro real, más allá del deseado, la pregunta clave es: ¿Hasta qué punto tienen 'valor de mercado' estos aspectos relacionales y de experiencia de los pacientes, es decir, hasta qué punto es viable que los políticos y directivos del sistema sanitario los encuentren necesarios a la hora de priorizarlos y financiarlos como objetivo incentivable del sistema?

Mi reflexión: Bueno, hasta el punto en que puedan serlo tendrá sentido y proyección el 'modelo holístico' tradicional de la enfermería. Nos guste o no. Pero, ¿es posible ponerlo en foco como activo del sistema para que no desaparezca engullido por la 'racionalidad financiera sanitaria'? ¿Hasta qué punto es conciliable con el modelo 'biomédico' claramente dominante (y lo que es peor, no sólo técnicamente, sino también culturalmente, a pesar del lastre que representa objetivamente para los sistemas de salud)?

En definitiva, ¿cuál es el 'valor de mercado' actual de los cuidados enfermeros?

Y lo que daría de sí para enlazar preguntas... ¡Uf!

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Algunos de los errores a evitar del 'médicobiologicismo'

G. Lundberg, colaborador habitual (editor at large, sea lo que sea que signifique eso...)de MedPage Today, recoge en su columna de hoy algunas de las principales "falsas asunciones, hábitos malsanos y errores clínicos habituales" de los que adolecen los clínicos. Entre ellos, destaco los siguientes:
  1. Ignorancia del gran poder curativo que tiene la persuasión del profesional sobre el paciente (incluido el 'efecto placebo').
  2. Percepción de la enfermedad como algo "digital" (sano-enfermo), en lugar de analógico, un proceso.
  3. Asignación incorrecta de la mejora de los indicadores de salud a la medicina curativa, en lugar de a las actividades preventivas.
  4. Aceptación de la dicotomía mente-cuerpo, con el consiguiente argumento de que "si usted no está 'objetivamente' enfermo, pero así lo cree 'subjetivamente', es que tiene una enfermedad mental".
  5. Aceptación entusiasta de las novedades clínicas y tecnológicas, aunque éstas estén todavía en un estadío pre-científico de su validez científica.
  6. Incapacidad para reconocer lo que es tratable y lo que no y para admitir que hay situaciones patológicas que no tienen tratamiento.
  7. Incapacidad para reconocer que los campos de la biología humana y la medicina clínica pueden solaparse, pero no coexisten. Las facultades de medicina son cada vez más más escuelas de biología humana, que de medicina clínica.
  8. Como no dispone de un test para distinguir lo sano de lo enfermo, aplica la regla del nueve: a falta de pruebas, todo potencial paciente es un enfermo.
La semana que viene nos proporcionará el resto.

Moraleja: Cuando se tiene miedo a caer en el "médicobiologicismo", es bueno saber en qué errores no hay que caer (y aprovechar sus numerosos aciertos).