---------------- archivoefe: Las notas de Barcelona: (4) La enfermería tiene un problema político

viernes, 25 de mayo de 2012

Las notas de Barcelona: (4) La enfermería tiene un problema político



El pasado 18 de mayo pronuncié la conferencia de clausura
del Congreso de la Asociación de Enfermería Comunitaria,
en Barcelona. Reproduzco aquí las notas que me sirvieron para
amenizar durante 70 largos minutos a la sufriente audiencia
(para que no me odien también los lectores del blog las he dividido
en cinco entradas. Esta es la cuarta; por si no  habéis leído las anteriores,
la primera,la tenéis aquí, la segunda, aquí y la tercera aquí)


4. La enfermería tiene un problema político


La enfermería lleva casi medio siglo en una larga marcha de ocupación a profesión. Una profesión, a diferencia de una ocupación, se caracteriza por haber sabido encontrar su “lugar al sol” en el ecosistema profesional, un nicho competencial propio en el que, aunque las fronteras siempre se solapan, sea relativamente simple y consensuada una definición de los roles y funciones que le son propios y exclusivos.

Es justo reconocer que, tras este medio siglo largo, aún no se puede dar por finalizada, con carácter general, esa larga marcha. Que aunque se ha progresado, y mucho si consideramos que cincuenta años no es nada, en el desempeño autónomo de funciones y roles enfermeros, sigue existiendo en muchos ámbitos una subordinación funcional básica a la profesión médica. Los médicos siguen estando en el centro exacto del sistema y acaparan el escenario político y mediático sin dejar hueco para que otras profesiones sanitarias pueden mostrar a la sociedad cuál es su insustituible aportación a la salud y bienestar de los ciudadanos y al sostenimiento de los servicios sanitarios modernos. Aunque, como la enfermería, sean realmente el ‘hombre orquesta’ de los servicios sanitarios.

Desde mi punto de vista, el problema es que la enfermería no existe ni en los medios de comunicación ni en el imaginario público, es decir, que tiene un serio problema de imagen pública, un severo déficit de visibilidad social. Cualquier pequeño avance médico ocupa titulares y portadas; cualquier gran avance enfermero no aparece más que en revistas enfermeras, no existe para la opinión pública. Una anécdota puede ilustrar bien este problema: cuando presenté mi libro, uno de los asistentes era el responsable de la sección de salud de El País. Atendió amablemente, hizo preguntas, pidió aclaraciones... Al salir me comentó: “Me parece muy interesante, has dicho cosas que nunca había pensado. Ahora, el problema es: ¿sobre qué escribo para poder hacer una reseña que le interese a los lectores?”. La verdad, no supe bien qué responder, así que le dije: “No sé, mira a ver lo de Bolonia y el tema demográfico...”. Y así lo hizo.

[Por cierto, ya que estoy aquí, en Barcelona, si mis cuentas no fallan este curso no se diplomará ni graduará ninguna enfermera en Cataluña: ya no salen diplomados y hasta el año que viene no saldrán graduados. Veremos qué pasa a lo largo de 2013].

Yo creo que la mayor parte de la responsabilidad en esta invisibilidad es de la propia enfermería, muy especialmente  -¡pero no sólo!-  de sus dirigentes corporativos. ¿Tan difícil es redactar un pequeño documento en el que se explique a los ciudadanos, en términos sencillos pero convincentes, las razones por las que la enfermería es una profesión cualificada, independiente y autónoma, con bases científicas y ámbitos disciplinares propias, que desempeña unas funciones exclusivas que nadie que no tuviera formación enfermera podría desempeñar? ¿Que es una profesión creíble que si pudiera desarrollar todo su potencial contribuiría notablemente a solucionar muchos de los problemas de los que adolecen los servicios sanitarios públicos?

No debería serlo, pero parece que sí que lo es, porque yo nunca lo he visto. Sólo he visto textos donde enfermeras explican a enfermeras lo importantes y cualificadas que son las enfermeras. Y eso es un monólogo, no un diálogo.

Y entonces, claro, resulta que el problema es más estructural que funcional. Hagáis lo que hagáis  siempre seréis observados con desconfianza si tratáis de retar el orden establecido. Y en ese terreno, bien abonado por la desconfianza, cala fuertemente en la gente el sencillo mensaje de los bien engrasados aparatos de propaganda de otros grupos profesionales: que lo único que busca la enfermería son beneficios propios, un “quítate tú para ponerme yo”. Cualquier propuesta de cambio de cualquier agente profesional que no trate realmente de dar respuesta a problemas generales del sistema sanitario carecerá por completo de futuro, incluso aunque llegara a legislarse en el sentido propuesto. El ejemplo del fracaso del decreto de especialidades enfermeras de 1987 habla por sí solo: tuvieron que pasar 20 años hasta que se re-legisló.

Como escribía la periodista y ensayista Suzanne Gordon referido a un país (el suyo, Estados Unidos) donde la escasez de enfermeras es un serio problema y donde se desarrolla una intensa campaña para que las enfermeras opten por un grado en vez de por una diplomatura (simplificando y utilizando nuestra propia terminología universitaria):

“Quienes no somos enfermeras –la mayor parte de los cuales algún día seremos pacientes– tenemos un interés claro en ayudar a que las enfermeras obtengan mayores recursos educativos. Pero ese interés social en la educación enfermera y su financiación depende de la seguridad que tengamos de que las facultades de enfermería producirán gente que quiera cuidar de nosotros cuando estemos enfermos. Si una formación de cuatro años para ser enfermera resulta deseable será porque la educación resolverá la escasez de enfermeras, no los problemas de inferioridad del estatus profesional de la enfermería”.

¿Se nos ha explicado a los ciudadanos en qué nos beneficia personalmente  que las enfermeras puedan recetar medicamentos? ¿O que estudien cuatro años en vez de tres, asumiendo el contribuyente buena parte del coste de esta extensión? ¿Se les ha explicado qué es lo que estudian durante cuatro largos años para acabar siendo las ayudantes de los médicos que hacen lo que les mandan? Porque no es bueno engañarse: así es como el imaginario social visualiza a las enfermeras y nadie hace el más mínimo esfuerzo para desmontar esa obsoleta y dañina visión.

Este problema se resume fácilmente, sobre todo si uno es un poco escéptico: las élites enfermeras siempre han ido a lo suyo, anteponiendo sus propias necesidades (ser admitidas en pie  -más o menos-  de igualdad en las oligarquías políticas, docentes, investigadoras y directivas) a las necesidades reales de la profesión. Y a pesar de que de alguna manera vendieron sus almas y de paso a las enfermeras del mundo real, las que nos cuidan y protegen, no consiguieron en absoluto sus objetivos. Siguen formando, con pocas excepciones, parte de un gueto. Ilustrado, pero gueto.

¿Cuántas enfermeras hay en los órganos directivos de nivel ejecutivo o de alta asesoría del ministerio y de las consejerías de sanidad o de los servicios regionales de salud, es decir, donde se toman las decisiones estratégicas que afectan a las políticas sanitarias generales, el progreso de las profesiones sanitarias y al bienestar y el crecimiento de los profesionales?

Hace unos días, en un blog del Huffington Post, la directora de una asociación internacional de enfermeras revelaba que el 90% del staff de la Organización Mundial de la Salud eran médicos y menos de un uno por ciento (0.8%), enfermeras, a pesar de que la enfermería supone más del 80% de los profesionales sanitarios. “Por qué las enfermeras son los héroes olvidados de la salud global”, se interrogaba el título del artículo. Y decía esto:

“Aunque las enfermeras prestan el 90% de todos los servicios de salud del mundo, siguen siendo básicamente invisibles en los despachos de los ministerios y de las agencias internacionales donde se adoptan las decisiones. Su ausencia constituye una crisis sanitaria global. En los encuentros clave donde los expertos en atención sanitaria y salud pública y los donantes internacionales planifican los desarrollos globales en salud y las prioridades en  prevención y tratamiento, las enfermeras, que son quienes prestan la inmensa mayoría de los cuidados, raramente son convocadas”.


Cuando digo  -y lo hago a menudo-  que la raíz de los problemas de la enfermería es de carácter político me refiero a este tipo de situaciones que no deberían ser toleradas. Sin embargo, suceden con el asentimiento tácito del Consejo Internacional de Enfermeras, a nivel internacional, y del Consejo General de Enfermería en nuestro país. Da la impresión de que están mucho más interesados en el autobombo que en la defensa de la profesión, en el politiqueo que en la política con mayúsculas y, desde luego, en el capital financiero que en el capital humano. En mi humilde (pero documentada) opinión, sus dirigentes constituyen hoy en día el más grave problema de la enfermería española, y eso que éstos son muchos y muy serios. Creo que todas las organizaciones enfermeras progresistas (dicho esto en el sentido exclusivo de progreso profesional) deberían conformar una amplia coalición para tratar de cambiar el actual status quo y promover un relevo generacional (y a ser posible de género) y un proceso de regeneración profesional y ética de su representación corporativa. No deberíais permitir que gente así siga hablando en vuestro nombre.

2 comentarios:

  1. Qué gusto me ha dado leer este articulo.
    Es verdad que nos pasamos la vida hablando de enfermeras para enfermeras. Mi madre de 86 años y con una cabeza privilegiada para su edad y que confia en mis consejos más que en nadie en el mundo, sigue preguntandome de vez en cuando qué es lo que hago yo en mi Centro de Salud.Me dice, claro allí no teneis enfermos que lavar, que poner sueros, etc. A más que le intento explicar cual es mi trabajo no acaba de comprenderlo, sabe que soy muy trabajadora, que voy a Congresos, que participo en muchas actividades de enfermería, pero no se imagina lo que hago en tantas horas, a parte de poner inyecciones, curar uPP e ir las casa a poner algunos ttos que mandan los médicos.
    La verdad es que hay que hacer algo más para visibilizarnos y que nos visibilicen

    ResponderEliminar
  2. Hola, Remedios. Me alegra que te haya gustado la entrada. Yo creo que el debate sobre qué hacen las enfermeras es intencionadamente engañoso: hacen exclusivamente lo que pueden,lo que se les deja, y luego se les critica porque "no hacen casi nada". El debate debería ser, hoy y aquí, qué podrían hacer las enfermeras con las competencias y capacidades que tienen. Pero qué podrían hacer, no para que sean más felices o se sientan mejor, sino para ayudar a los maltrechos servicios de salud a mejorar su eficiencia, eficacia y seguridad. En ese debate -las 'preguntas de la certeza'- no se quiere entrar. Por eso estamos tratando de forzar el debate. Yo hago lo (poco) que puedo, pero creo que deberíais ser las enfermeras quienes forzárais a quienes os representan a abrir el debate público. Porque no quieren, están a otras cosas.

    Un saludo y gracias.

    ResponderEliminar