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lunes, 4 de julio de 2011

Haced las leyes y dejadme los reglamentos

Eso dicen que decía el conde de Romanones y eso es propio de tramposos. Los tramposos poseen rasgos y actitudes comunes, así como tácticas y conductas muy bien diseñadas para hacer sus trampas. El tramposo, a diferencia del delincuente, no quiere que sus mañas caigan en la ilegalidad, así que maneja la legalidad de forma muy meritoria. Básicamente, el tramposo se dedica a eso, a perseguir y conseguir lo mismo que el delincuente, pero sin delinquir.

Aquí tenemos algunas de sus trampas:
  • Llegar al poder gracias a unas reglas del juego que son cambiadas por el tramposo nada más llegar al poder. Es el caso de todos aquellos que llegaron al poder, entre otras cosas, porque sus antecesores no pudieron volver a presentarse por existir limitación del número de mandatos y lo primero que hicieron fue eliminar esta limitación de mandatos (es el caso de Hugo Chávez y otros tramposos latinoamericanos, claro, pero también hizo lo mismo la actual presidenta del Colegio de Médicos de Madrid).
  • Aprovechar sus mayorías absolutas, caducas por definición, para convertirlas en perennes utilizando su poder legislativo/normativo para redactar y aprobar constituciones/estatutos personalistas que hagan sumamente difícil para sus opositores conseguir unos requisitos que sólo están al alcance de quienes ya tienen el poder.
  • Imponer partidarios suyos a sueldo en todos los órganos de control mediante amenazas, chantajes o sobornos, de manera que estos órganos de control pasan a a ser una sumisa correa de transmisión.
  • Finalmente, elaborar unas leyes electorales muy laxas que permitan aprobar, según las necesidades y oportunidades del momento, unos reglamentos electorales favorecedores de redes clientelares o caciquiles.
Vienen esta reflexiones a cuento del increíblemente sofisticado reglamento electoral de la SGAE, organización tan penosamente de moda hoy en día. Con motivo de los presuntos delitos económicos de alguno(s) de sus directivos, que coincidieron justo con un proceso electoral de "renovación" de los órganos directivos, hemos podido interesarnos por esta maquinaria electoral fantástica que ha permitido que sigan gobernando la entidad los mismos desde hace más de 30 años. ¡Ojo! Los mismos, no sólo "el mismo", ahí está también buena parte de la flor y nata de la progresía artística española y unos cuantos vividorazos que no hacen una canción ni dan un concierto desde hace 10 ó 15 años: simplemente viven de la SGAE, o sea de las perras que pagamos los ciudadanos en concepto de canon digital, entre otras muchas confiscaciones.

Véase el cotarro (pinchar para ampliar):


Cuando revisaba este fascinante desarrollo reglamentario, me vino a la memoria de forma bastante clara que cuando me documentaba para la monografía que da nombre a este blog tuve que emplear bastantes horas, tomando notas como un bobo, para poder entender los estatutos de la organización colegial de Enfermería en lo referente a los órganos de gobierno y los procesos electorales en los cuales se elige a sus miembros. Aun hoy los acabo de revisar y no estoy muy seguro de si tanta parafernalia de vocalías y un lenguaje tan abstruso no tendrán su truco...

3 comentarios:

  1. Pues entopnces, quizá sea el momento del mismo análisis con relación al CGE, al que seguro que te puede echar una mano nuestro querido Carlos... Enhorabuena una vez más, SEGUIMOS.

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  2. Una de las cuestiones que achaco y reprocho a "la oposición" a Max es que sus estatutos (donde puede) no se han alejado de ese modelo paternalista y retorcido... creo que sería una buena piedra de toque para ejemplificar qué es lo que se ofrece a la enfermería de este estado en contraposición a lo que hay ahora.

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  3. Totalmente de acuerdo, Xosé Manuel. Yo creo que los colegios "opositores" deberían centrarse en demostrar a los profesionales que "otros colegios son posibles". Seguro que entonces no sería necesaria la colegiación obligatoria.

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