Leo en alguna red social que si el documento Informe sobre profesionales de cuidados de enfermería. Oferta - Necesidades 2010-2025 del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad ha sido criticado con inusitada dureza por el Consejo General de Enfermería [CGE], universalmente reconocido por su absoluta connivencia con el poder, 'habrá que releerlo con más detalle, algo bueno tendrá'.
Es evidente que el CGE se está haciendo perdonar con este 'durísimo' posicionamiento (no hay un comunicado, como tal, en la web del Consejo) su connivencia con el ministerio socialista de sanidad, con cuya titular, hoy calificada de desleal por el CGE, firmó hace apenas tres meses un Acuerdo de Colaboración tan pretencioso en su enunciado como hueco en sus contenidos e imposible en su aplicación. Ahora, cuando ya llegan los nuevos patrones, carga contra el enfermo desahuciado, con la esperanza de que el nuevo inquilino -o inquilina, al final de esta entrada ya lo sabremos- le permita seguir haciéndose fotos tan bonitas, exclusivas y excluyentes como las que se hizo con la señora Pajín o el señor Bernat; vamos, volver a cuando con quien se las hacía era con la señora Pastor.
Pero, bueno, la verdad es que sí, por una vez estamos de acuerdo: el citado documento es un bodrio impresentable, indigno e impropio de gente a quien se supone mínimamente ilustrada, documentada y formada. Un puzzle de sub-pseudo-estudios sin pies ni cabeza, sin música ni letra, compilados para que parezca un Informe de verdad.
Empezando por el propio título, algo arcano, de improbable comprensión: Informe 'sobre profesionales' y 'oferta-necesidades' son dos joyas sintácticas inefables. Siguiendo porque, a pesar del título, ni siquiera proporciona -aventura- un número global de enfermeras ('oferta'), aunque sea a nivel estatal ni, mucho menos, habla en ningún momento de 'necesidades', ni en 2010 ni en 2025. En cuanto a cultura sanitaria general, confunde con regularidad Sistema Nacional de Salud y Servicios Sanitarios Públicos; ignora la sanidad privada y a otros miles de cuidadores encuadrados en colectivos numéricamente no muy importantes, pero sí cualitativamente importantes, en servicios como salud escolar, instituciones penitenciarias o dispositivos de salud pública; prescinde de algunos -muy pocos- informes o estudios que incluyen análisis de carácter demográfico sobre enfermería.
En definitiva, un bodrio impresentable que ni siquiera incluye un apartado de metodología. En realidad, se trata de una explotación estadística de información que desde hace ya unos años vienen proporcionando las comunidades autónomas, incluidas en el Portal Estadístico del SNS.
Y, si como hacen los autores, tienes que acabar diciendo que "no disponemos de datos de profesionales en el sistema sanitario privado, por lo que únicamente podemos ofrecer una estimación de profesionales totales (sistema público + privado) en el caso de Enfermeras de Cuidados Generales y Matronas", entonces, amigos, casi como que mejor no se publica nada para no hacer el bobo.
PS.- El CGE se empecina en seguir apareciendo como un grupo de completos ignorantes cuando, aprovechando que el pisuerga pasa por valladolid, vuelve a la cantinela de que, mientras en España la tasa de enfermeras por 100.000 habitantes es de 483, en Europa es de 819, así que hacen falta... ¡Tachán! ¡150.000 enfermeras más!
O no saben que la tasa que proporciona la Oficina Regional Europea de la Organización Mundial de la Salud incluye tanto a enfermeras tituladas, como al personal de enfermería auxiliar, eliminando el CGE así a las 90.000 auxiliares de enfermería española de sus cálculos de base para nuestro país, o son unos tramposos (también en esto). Y una cosa no excluye la otra.
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And the winner is... ANA MATO Nueva ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. ¡Suerte!
miércoles, 21 de diciembre de 2011
jueves, 15 de diciembre de 2011
En ocasiones... veo... docentes
Aun reconociendo mi tiempo (y capacidades) limitados para navegar intensivamente a diario por el vasto mundo de la blogosfera sanitaria, sí puede decirse que tengo un amplio conocimiento de ella, aunque sólo sea porque 'a la fuerza ahorcan'. Mantener un blog con 20 entradas al mes requiere muchos inputs, buena parte de los cuales proceden de otros profesionales que participan activamente en las redes sociales sanitarias.
A partir de un conocimiento, por tanto, para nada despreciable, una pregunta que me hago a menudo es ¿dónde demonios están los docentes?
En la blogosfera sanitaria he visto y, en general, leído con interés a médicos, enfermeras, terapeutas, incluso profesionales no estrictamente sanitarios como periodistas, técnicos de gestión o consultores que tratan de aportar esa 'otra' visión, la externa.
Sin embargo, vagabundeando por las redes sociales no he encontrado apenas, diría que es excepcional, precisamente a quienes forman a los médicos, las enfermeras o los terapeutas: los docentes universitarios, que constituyen un colectivo de algunos miles de profesionales. O sea, (sólo)... en ocasiones... veo docentes y desconozco la causa. No sé si es que disponen de redes sociales privadas, si pasan olímpicamente de las redes o, simplemente, no tienen noticias de su existencia, encerrados como viven en sus respetables ágoras; no sé si se lo prohiben sus códigos deontológicos, sus directivos o su religión. No sé si es que no desean mezclarse con el mundo asistencial. Sólo sé que parecen estar desaparecidos.
Si algo me gusta de la blogosfera sanitaria -y hasta me hace sentirme orgulloso de estar aquí, escondido, viendo cómo pasa la vida delante de mis ojos- es que la inmensa mayoría de los profesionales sanitarios que la habitan -la habitáis, vosotros- desempeñan trabajos asistenciales al lado de sus pacientes y nos lo cuentan a quienes nos acercamos interesados y consiguen que aprendamos lo que nunca podríamos encontrar en libros o revistas.
Y, por eso, estoy seguro de que los docentes, que son quienes han asumido la tarea de formar a los futuros profesionales, aprenderían aún mucho más que yo sobre la vida real y ayudarían a paliar el tremendo shock desencantado que experimentan muchos de los nuevos profesionales a los que han formado cuando confrontan sus primeras experiencias laborales con las expectativas en las que han sido socializados en las facultades y escuelas (y nos lo cuentan en blogs o foros). Pero parece que los docentes no entienden esa necesidad o que no se le ha ocurrido a ninguno (¡es broma!) esta increíble fuente de información y conocimiento.
Parece que se reservan para sus artículos en revistas técnicas, para sus congresos y jornadas, para foros donde docentes hablan a docentes sobre los docentes y no quieren/no les interesa/no se atreven a asomarse a este mundo exterior de lo asistencial. No sé, no lo entiendo.
O, quizás, es que, a diferencia de todos vosotros, que en ocasiones... veis... docentes, yo no tengo ese don.
Y cuando no entiendo algo, no paro hasta entenderlo. ¿Alguien me ayuda?
A partir de un conocimiento, por tanto, para nada despreciable, una pregunta que me hago a menudo es ¿dónde demonios están los docentes?
En la blogosfera sanitaria he visto y, en general, leído con interés a médicos, enfermeras, terapeutas, incluso profesionales no estrictamente sanitarios como periodistas, técnicos de gestión o consultores que tratan de aportar esa 'otra' visión, la externa.
Sin embargo, vagabundeando por las redes sociales no he encontrado apenas, diría que es excepcional, precisamente a quienes forman a los médicos, las enfermeras o los terapeutas: los docentes universitarios, que constituyen un colectivo de algunos miles de profesionales. O sea, (sólo)... en ocasiones... veo docentes y desconozco la causa. No sé si es que disponen de redes sociales privadas, si pasan olímpicamente de las redes o, simplemente, no tienen noticias de su existencia, encerrados como viven en sus respetables ágoras; no sé si se lo prohiben sus códigos deontológicos, sus directivos o su religión. No sé si es que no desean mezclarse con el mundo asistencial. Sólo sé que parecen estar desaparecidos.
Si algo me gusta de la blogosfera sanitaria -y hasta me hace sentirme orgulloso de estar aquí, escondido, viendo cómo pasa la vida delante de mis ojos- es que la inmensa mayoría de los profesionales sanitarios que la habitan -la habitáis, vosotros- desempeñan trabajos asistenciales al lado de sus pacientes y nos lo cuentan a quienes nos acercamos interesados y consiguen que aprendamos lo que nunca podríamos encontrar en libros o revistas.
Y, por eso, estoy seguro de que los docentes, que son quienes han asumido la tarea de formar a los futuros profesionales, aprenderían aún mucho más que yo sobre la vida real y ayudarían a paliar el tremendo shock desencantado que experimentan muchos de los nuevos profesionales a los que han formado cuando confrontan sus primeras experiencias laborales con las expectativas en las que han sido socializados en las facultades y escuelas (y nos lo cuentan en blogs o foros). Pero parece que los docentes no entienden esa necesidad o que no se le ha ocurrido a ninguno (¡es broma!) esta increíble fuente de información y conocimiento.
Parece que se reservan para sus artículos en revistas técnicas, para sus congresos y jornadas, para foros donde docentes hablan a docentes sobre los docentes y no quieren/no les interesa/no se atreven a asomarse a este mundo exterior de lo asistencial. No sé, no lo entiendo.
O, quizás, es que, a diferencia de todos vosotros, que en ocasiones... veis... docentes, yo no tengo ese don.
Y cuando no entiendo algo, no paro hasta entenderlo. ¿Alguien me ayuda?
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docentes
miércoles, 14 de diciembre de 2011
Los otros...
Hace unos meses, dediqué una entrada a comentar la gran diferencia que había entre las fotos que retrataban las firmas de sendos acuerdos de la Ministra de Sanidad con la profesión médica (dirigentes de cinco organizaciones médicas, el presidente la Organización Médica Colegial uno más entre ellos) y con la 'profesión enfermera' (el presidente del Consejo General... y punto). La titulé 'la soledad del manager' utilizando el título de una novela de la saga Carvalho de Manolo Vázquez Montalbán y en ella me preguntaba qué pasaba, si era que nadie quería salir con él en la foto, si era que él no quería que nadie más saliera en la foto o si eran las dos cosas (mi hipótesis favorita).
Como era difícil preguntarle al propio 'manager' en persona su explicación, tuvimos que aprovechar un 'encuentro digital' ayer, en la revista Correo Farmacéutico y preguntárselo virtualmente. Esto es lo que respondió (pinchar para agrandar):
O sea, que toda la culpa la tienen 'los otros'... ¡Aclarado, jefe!
Como era difícil preguntarle al propio 'manager' en persona su explicación, tuvimos que aprovechar un 'encuentro digital' ayer, en la revista Correo Farmacéutico y preguntárselo virtualmente. Esto es lo que respondió (pinchar para agrandar):
O sea, que toda la culpa la tienen 'los otros'... ¡Aclarado, jefe!
martes, 13 de diciembre de 2011
Lo siento, pero no estoy de acuerdo
Como es más que sabido, dada la conmoción blogosferil de ayer, ha tomado definitivamente cuerpo una iniciativa de los amigos -enfermeros- de cuidando.es que ha conseguido aglutinar a decenas de personas y recibir el apoyo de 61 blogs/webs del sector (hasta el momento de redactar esta entrada): 18 de enfermería, 15 de médicos, 9 de gestores/consultores, 6 de terapeutas, 4 de periodistas y 2 de psicólogos, más otras 5 interdisciplinares y 2 que llamaremos 'miscelánea'. Se trata de mírame, diferénciate y viene definida así por sus promotores: "A finales de agosto de 2011, un grupo de profesionales se unió para trabajar por un objetivo común, convencidos de que la calidad asistencial puede mejorar con pequeños gestos, como mirar a los ojos de las personas que atendemos. Una idea que surge a través de las redes sociales con el fin de traspasar la pantalla y provocar un gesto".
Desde el más absoluto respeto a una iniciativa tan exitosa, querría hacer algunos comentarios que probablemente chocarán, porque van contracorriente dado el entusiasmo desbordado que se ha generado:
Lo que tengo que decir, en primer lugar, es que el trabajo acometido ha sido exigente, bien planificado y ejecutado, ha sido capaz de generar comunidad entre personas con perfiles profesionales muy diferentes, entre ellos buena parte del sanedrín de la blogosfera sanitaria, e incluso que ha existido un diseño elegante y cuidado. También, que ha despertado un notable entusiasmo, incluso gente crítica o desconfiada durante el largo proceso -que también los ha habido- han aflojado en su criticismo y se han adherido, lo cual significa que el producto ha tenido también la virtud de saber vencer algunas desconfianzas iniciales. Es, por tanto, admirable en su diseño y ejecución.
Dicho esto y siempre desde el más absoluto respeto personal y profesional, lo que tengo que decir en segundo lugar es que no sé muy bien si se trata de un esfuerzo personal e intelectual que hubiera merecido mejor causa. No entiendo muy bien el origen o motivo de la iniciativa concreta, centrada en lo que podríamos llamar una corriente de 'humanización' de la asistencia, si es porque ha existido algún tipo de demanda social o sanitaria o señales de alarma, si es que, a partir de la propia experiencia personal-asistencial de los generadores del debate, se ha podido percibir una degradación de la relación profesional-paciente.
Lo digo porque en los muy numerosos documentos, publicaciones y papers de todo pelaje que analizan en estos tiempos de profunda crisis el estado de la sanidad española no es fácil encontrar, dentro de los variopintos diagnósticos de situación, problemas significativos de este tipo al lado de los financieros, organizativos, de cobertura sanitaria, políticos, de seguridad para los pacientes, de intensidad asistencial y prescriptora, amenazas privatizadoras, etc. Los pacientes se muestran razonablemente satisfechos con los profesionales que les atienden y las profesiones sanitarias gozan de un gran prestigio social. De ahí mi desconcierto: ¿por qué toca este tema concreto, ahora?
Lo que querría señalar en tercer lugar es que el documento de base del Grupo de Evidencia Científica, Humanizar, que no es poco, es técnicamente meritorio, con un proceso de elaboración importante, no habitual en este tipo de iniciativas, y se nota que ha existido un trabajo riguroso en su elaboración. Pero, también, que personalmente me parece que parte de un enfoque unidimensional y por ello difícilmente podría captar y analizar una realidad compleja, poliédrica, a partir de un análisis tan plano. Diríase que tenía las respuestas antes que las preguntas y que, más que de un análisis, se trata de un argumentario.
Y como este blog es sobre la profesión enfermera, quiero decir en cuarto lugar, que me parece que le hace un flaco favor a las enfermeras y la enfermería, algo que choca tratándose de una iniciativa enfermera. Si en el imaginario social, la medicina es vista como Ciencia sin Humanidad (mientras que la enfermería se percibe como Humanidad sin Ciencia) cualquier esfuerzo encaminado a aportar más 'humanismo' a la medicina, para poder ser apreciada como Ciencia con Humanidad, es absolutamente loable, especialmente por las difíciles condiciones en que tantos médicos -especialmente en la atención primaria- desarrollan su trabajo asistencial, entre presiones, prisas, masificación, politización y burocracias.
Sin embargo, si con respecto a la enfermería (Humanidad sin Ciencia) el objetivo fundamental es reforzar aún más el componente 'humanitario', frente al 'científico', eso significa volver al discurso enfermero de los años setenta y ochenta -aunque despojado ahora del fuerte componente feminista, producto genuino de la época- de las madres fundadoras, hace ya 30 ó 35 años. Eso no es mirar al futuro, no es desarrollar una visión estratégica sobre la profesión.
Uno de los factores por los que el largo camino recorrido por la enfermería de ocupación a profesión permanece aún inconcluso es, en mi opinión y en la de algunas otras reflexiones, el excesivo peso ideológico y conceptual de los aspectos humanistas en el discurso enfermero, en claro menoscabo de los componentes científico-técnicos. A la gente le encantan las enfermeras, las ve como ángeles, tienen una excelente opinión de la enfermería... pero como una ocupación subalterna, altruista y abnegada, capaz de asumir con dulzura o resignación las tareas más desagradables y duras en las salas de hospitalización o los centros sociosanitarios.
Y ello lleva, indefectiblemente, a la melancolía. Seleccionado de tres tesis doctorales de enfermeras:
Los valores que encarna una enfermería moderna deberían aspirar a convertirse y ser apreciados como las señas de identidad esenciales de los modernos servicios de salud, como alternativa a la actual imagen hipertecnologizada, burocratizada y despersonalizada, muy lejos de lo que recibe y espera recibir la
gran mayoría de los pacientes, tanto de los médicos como de las enfermeras. Pero deducir de ello que sea hoy en día prioritario para el futuro de la profesión y para la motivación y el progreso de las enfermeras que miren a los ojos de sus pacientes (y lo acepto como metáfora) significa, en primer lugar, afirmar que no lo vienen haciendo, afirmación más que dudosa, al menos en términos generales; y, en segundo lugar, apostar decididamente por que la enfermería siga jugando un papel de segunda fila en los procesos verdaderamente importantes de toma de decisiones sanitarias, a cualquier nivel, macro, meso o micro.
¿Y eso qué importancia tiene, si de lo que se trata es de realizar un esfuerzo conjunto, con el resto de las profesiones y ocupaciones sanitarias, para humanizar la relación con los pacientes? ¿Es que la enfermería es más importante que el sistema sanitario, incluso que los pacientes?
Evidentemente, no. Pero quien esto escribe ha apostado -intelectualmente, no hay nada de afectivo- por unos servicios de salud en los que las fronteras y barreras profesionales se vayan difuminando y se produzca una gran reordenación de competencias, roles, funciones y tareas sobre bases no corporativistas, sino racionales, en los que cada colectivo profesional se dedique a hacer aquello que hace mejor que los otros porque ha sido específicamente formado para ello. En estos servicios de salud la enfermería debería ir pasando de un papel claramente subordinado a otro absolutamente protagonista en aspectos como continuidad asistencial y coordinación entre niveles, seguridad de los pacientes, eficiencia asistencial, gatekeeper o puerta de entrada al sistema, atención a la población crónica con pluripatologías, asistencia sociosanitaria, cuidados paliativos, seguimiento del niño sano, atención comunitaria en dispositivos básicos de atención primaria y un largo etcétera.
Y como estoy convencido de que, como ya empieza a suceder en otra latitudes, la enfermería va a desempeñar un papel crítico en la sostenibilidad de los servicios públicos de salud, sé que ello requiere fuertes dosis de legitimación social y profesional, un objetivo que no se va a conseguir perpetuando este anquilosado paradigma de la enfermería humanista, holística, vocacional. La enfermería está abocada a ser la innovación disruptiva por excelencia, junto con las TIC, dentro de los servicios de salud.
En este complicado proceso, tanto para la enfermería como para los servicios de salud, que tendrá necesariamente que chocar con corporativismos anquilosados y otros intereses creados, no entiendo qué papel aspira a desempeñar esta iniciativa.
En mi opinión, la iniciativa tiene más de márketing, que de otra cosa (¿quién va a ser tan canalla como para no adherirse, negarse por tanto a mirar a los pacientes a los ojos?).
Y sí, para mí, y lamento decirlo, el rey está desnudo.
Espero no haber ofendido a nadie, se trata simplemente de mostrar respetuosamente mi extrañeza y desacuerdo y, si acaso, provocar la reflexión. Un saludo para todos.
Desde el más absoluto respeto a una iniciativa tan exitosa, querría hacer algunos comentarios que probablemente chocarán, porque van contracorriente dado el entusiasmo desbordado que se ha generado:
Lo que tengo que decir, en primer lugar, es que el trabajo acometido ha sido exigente, bien planificado y ejecutado, ha sido capaz de generar comunidad entre personas con perfiles profesionales muy diferentes, entre ellos buena parte del sanedrín de la blogosfera sanitaria, e incluso que ha existido un diseño elegante y cuidado. También, que ha despertado un notable entusiasmo, incluso gente crítica o desconfiada durante el largo proceso -que también los ha habido- han aflojado en su criticismo y se han adherido, lo cual significa que el producto ha tenido también la virtud de saber vencer algunas desconfianzas iniciales. Es, por tanto, admirable en su diseño y ejecución.
Dicho esto y siempre desde el más absoluto respeto personal y profesional, lo que tengo que decir en segundo lugar es que no sé muy bien si se trata de un esfuerzo personal e intelectual que hubiera merecido mejor causa. No entiendo muy bien el origen o motivo de la iniciativa concreta, centrada en lo que podríamos llamar una corriente de 'humanización' de la asistencia, si es porque ha existido algún tipo de demanda social o sanitaria o señales de alarma, si es que, a partir de la propia experiencia personal-asistencial de los generadores del debate, se ha podido percibir una degradación de la relación profesional-paciente.
Lo digo porque en los muy numerosos documentos, publicaciones y papers de todo pelaje que analizan en estos tiempos de profunda crisis el estado de la sanidad española no es fácil encontrar, dentro de los variopintos diagnósticos de situación, problemas significativos de este tipo al lado de los financieros, organizativos, de cobertura sanitaria, políticos, de seguridad para los pacientes, de intensidad asistencial y prescriptora, amenazas privatizadoras, etc. Los pacientes se muestran razonablemente satisfechos con los profesionales que les atienden y las profesiones sanitarias gozan de un gran prestigio social. De ahí mi desconcierto: ¿por qué toca este tema concreto, ahora?
Lo que querría señalar en tercer lugar es que el documento de base del Grupo de Evidencia Científica, Humanizar, que no es poco, es técnicamente meritorio, con un proceso de elaboración importante, no habitual en este tipo de iniciativas, y se nota que ha existido un trabajo riguroso en su elaboración. Pero, también, que personalmente me parece que parte de un enfoque unidimensional y por ello difícilmente podría captar y analizar una realidad compleja, poliédrica, a partir de un análisis tan plano. Diríase que tenía las respuestas antes que las preguntas y que, más que de un análisis, se trata de un argumentario.
Y como este blog es sobre la profesión enfermera, quiero decir en cuarto lugar, que me parece que le hace un flaco favor a las enfermeras y la enfermería, algo que choca tratándose de una iniciativa enfermera. Si en el imaginario social, la medicina es vista como Ciencia sin Humanidad (mientras que la enfermería se percibe como Humanidad sin Ciencia) cualquier esfuerzo encaminado a aportar más 'humanismo' a la medicina, para poder ser apreciada como Ciencia con Humanidad, es absolutamente loable, especialmente por las difíciles condiciones en que tantos médicos -especialmente en la atención primaria- desarrollan su trabajo asistencial, entre presiones, prisas, masificación, politización y burocracias.
Sin embargo, si con respecto a la enfermería (Humanidad sin Ciencia) el objetivo fundamental es reforzar aún más el componente 'humanitario', frente al 'científico', eso significa volver al discurso enfermero de los años setenta y ochenta -aunque despojado ahora del fuerte componente feminista, producto genuino de la época- de las madres fundadoras, hace ya 30 ó 35 años. Eso no es mirar al futuro, no es desarrollar una visión estratégica sobre la profesión.
Uno de los factores por los que el largo camino recorrido por la enfermería de ocupación a profesión permanece aún inconcluso es, en mi opinión y en la de algunas otras reflexiones, el excesivo peso ideológico y conceptual de los aspectos humanistas en el discurso enfermero, en claro menoscabo de los componentes científico-técnicos. A la gente le encantan las enfermeras, las ve como ángeles, tienen una excelente opinión de la enfermería... pero como una ocupación subalterna, altruista y abnegada, capaz de asumir con dulzura o resignación las tareas más desagradables y duras en las salas de hospitalización o los centros sociosanitarios.
Y ello lleva, indefectiblemente, a la melancolía. Seleccionado de tres tesis doctorales de enfermeras:
¿Por qué no consiguen las enfermeras/os el reconocimiento social de su aportación
única y específica a la población, a pesar del avance en el proceso de profesionalización? (Ramió Jofre, 2005:7).
¿Cómo es posible que una actividad tan fundamental para el bienestar de las personas
se haya situado históricamente, incluso en la actualidad, en la sombra de la
escena sanitaria, social y política? (Miró Bonet, 2008:69).
¿Qué es lo que hace que el colectivo de enfermería no perciba su profesión al
mismo nivel que otras académicamente similares y que se vea permanentemente
imbuida en una invisibilidad consentida por él mismo, por otros profesionales de
la salud, por las instituciones y por la propia sociedad a la que sirve? (BertránNoguer, 2005:90).
Los valores que encarna una enfermería moderna deberían aspirar a convertirse y ser apreciados como las señas de identidad esenciales de los modernos servicios de salud, como alternativa a la actual imagen hipertecnologizada, burocratizada y despersonalizada, muy lejos de lo que recibe y espera recibir la
gran mayoría de los pacientes, tanto de los médicos como de las enfermeras. Pero deducir de ello que sea hoy en día prioritario para el futuro de la profesión y para la motivación y el progreso de las enfermeras que miren a los ojos de sus pacientes (y lo acepto como metáfora) significa, en primer lugar, afirmar que no lo vienen haciendo, afirmación más que dudosa, al menos en términos generales; y, en segundo lugar, apostar decididamente por que la enfermería siga jugando un papel de segunda fila en los procesos verdaderamente importantes de toma de decisiones sanitarias, a cualquier nivel, macro, meso o micro.
¿Y eso qué importancia tiene, si de lo que se trata es de realizar un esfuerzo conjunto, con el resto de las profesiones y ocupaciones sanitarias, para humanizar la relación con los pacientes? ¿Es que la enfermería es más importante que el sistema sanitario, incluso que los pacientes?
Evidentemente, no. Pero quien esto escribe ha apostado -intelectualmente, no hay nada de afectivo- por unos servicios de salud en los que las fronteras y barreras profesionales se vayan difuminando y se produzca una gran reordenación de competencias, roles, funciones y tareas sobre bases no corporativistas, sino racionales, en los que cada colectivo profesional se dedique a hacer aquello que hace mejor que los otros porque ha sido específicamente formado para ello. En estos servicios de salud la enfermería debería ir pasando de un papel claramente subordinado a otro absolutamente protagonista en aspectos como continuidad asistencial y coordinación entre niveles, seguridad de los pacientes, eficiencia asistencial, gatekeeper o puerta de entrada al sistema, atención a la población crónica con pluripatologías, asistencia sociosanitaria, cuidados paliativos, seguimiento del niño sano, atención comunitaria en dispositivos básicos de atención primaria y un largo etcétera.
Y como estoy convencido de que, como ya empieza a suceder en otra latitudes, la enfermería va a desempeñar un papel crítico en la sostenibilidad de los servicios públicos de salud, sé que ello requiere fuertes dosis de legitimación social y profesional, un objetivo que no se va a conseguir perpetuando este anquilosado paradigma de la enfermería humanista, holística, vocacional. La enfermería está abocada a ser la innovación disruptiva por excelencia, junto con las TIC, dentro de los servicios de salud.
En este complicado proceso, tanto para la enfermería como para los servicios de salud, que tendrá necesariamente que chocar con corporativismos anquilosados y otros intereses creados, no entiendo qué papel aspira a desempeñar esta iniciativa.
En mi opinión, la iniciativa tiene más de márketing, que de otra cosa (¿quién va a ser tan canalla como para no adherirse, negarse por tanto a mirar a los pacientes a los ojos?).
Y sí, para mí, y lamento decirlo, el rey está desnudo.
Espero no haber ofendido a nadie, se trata simplemente de mostrar respetuosamente mi extrañeza y desacuerdo y, si acaso, provocar la reflexión. Un saludo para todos.
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lunes, 12 de diciembre de 2011
Cambiando los paradigmas para garantizar el futuro
Jeffrey D. Sachs es un conocido y reputado economista, profesor en la Universidad de Columbia (EEUU), asesor de numerosos gobiernos de todo el planeta y, ciertamente, un tipo controvertido, posiblemente más criticado que alabado dentro de su profesión y denostado a menudo tanto desde la derecha (por comprometerse en la solución de problemas sociales), como desde la izquierda (por proponer solucionarlos mediante 'terapias de choque' ultraliberales). Aunque en alguna ocasión se ha ocupado de temas sanitarios, siempre ha sido -hasta donde yo conozco- en relación con los problemas sanitarios de los países menos desarrollados.
Ayer, sin embargo, se publicó un artículo suyo en el suplemento 'Negocios' del diario El País, titulado Servicios sin lágrimas (en realidad, se trata de una colaboración 'sindicada', es decir, ofertada a diversos medios y publicada por algunos, entre ellos El País, pero también CNN World o The National).
En el artículo se recogen algunos argumentos sobre la forma en que las TIC [tecnologías de la información y la comunicación] podrían ayudar a reducir unos costes sanitarios que tienden siempre a crecer por encima de lo que lo hace la economía y las rentas. Se refiere en primer lugar al mundo que mejor conoce, la educación, pero dedica la última mitad del escrito a reflexionar sobre los costes sanitarios, diciendo, por ejemplo, lo siguiente:
En realidad, CareMore es una empresa que, por trabajar mayoritariamente con población anciana, descansa sobre el trabajo de sus enfermeras, quienes reciben al paciente/asegurado, realizan la anamnesis, el plan de cuidados y el seguimiento en la comunidad y, cuando lo estiman preciso o el asegurado lo demanda, le remiten a su médico de cabecera. Dice el citado editorial (en la revista de una sociedad médica): Si esto les parece la manera errónea de prestar asistencia sanitaria, consideren el destacable funcionamiento de CareMore en cuanto a calidad, costes y satisfacción de los pacientes. Y aporta datos: una tasa de amputaciones en ancianos con diabetes mellitus un 78% menor que la media nacional; una tasa de hospitalización para pacientes con fracaso renal inferior en un 42%; o una tasa de rehospitalización de un 13,6%, comparada con el 20% de promedio nacional.
En definitiva, concluyen, el modelo CareMore supone una destacable desviación sobre la práctica de la medicina que se desarrolló en el siglo XX. Está basado en el trabajo en equipo, en las evidencias, en las tecnologías de la información y en un contacto intenso. Todo lo contrario del concepto de equipo construido en torno al médico; el médico no es sino uno de los muchos componentes del modelo de asistencia sanitaria de CareMore (...) La experiencia inicial de CareMore sugiere que puede prestarse una asistencia comparable o mejor con menos médicos (...) De manera similar a otras innovaciones disruptivas, el modelo CareMore generará una cierta marejada de oposición a la idea de que el médico no necesita estar al timón en la gestión de las enfermedades crónicas. Sin embargo, una vez forzados a competir en calidad, satisfacción y costes, el modelo CareMore puede emerger como el modelo dominante en la prestación de servicios sanitarios a las personas mayores con enfermedades crónicas.
Esta es la misma convicción de la que parte mi compromiso con la enfermería a través de este blog y de las aportaciones que de vez en cuando se me permite realizar en otros foros: que la sostenibilidad de las servicios de salud en el futuro pasa necesariamente por permitir a las enfermeras que desarrollen hasta el final todas las capacidades y competencias adquiridas durante su formación y a través de su experiencia, da igual si esas nuevas funciones venían siendo desarrolladas por otros profesionales que sin duda serían de mayor utilidad (y más rentables) ocupándose de las tareas para las que sí es indispensable haber recibido una formación básica y especializada de 11 ó 12 años. El desarrollo intenso de una enfermería de práctica avanzada es una innovación disruptiva inexcusable para garantizar un servicio sanitario público organizado de manera muy diferente al que hoy conocemos, pero capaz gracias a ella de seguir encarnando los mismos valores que siempre ha representado: solidaridad, equidad, profesionalidad... y suficiencia financiera.
Ayer, sin embargo, se publicó un artículo suyo en el suplemento 'Negocios' del diario El País, titulado Servicios sin lágrimas (en realidad, se trata de una colaboración 'sindicada', es decir, ofertada a diversos medios y publicada por algunos, entre ellos El País, pero también CNN World o The National).
En el artículo se recogen algunos argumentos sobre la forma en que las TIC [tecnologías de la información y la comunicación] podrían ayudar a reducir unos costes sanitarios que tienden siempre a crecer por encima de lo que lo hace la economía y las rentas. Se refiere en primer lugar al mundo que mejor conoce, la educación, pero dedica la última mitad del escrito a reflexionar sobre los costes sanitarios, diciendo, por ejemplo, lo siguiente:
Muchas personas sufren de dolencias crónicas, como enfermedades cardiacas, diabetes, obesidad, depresión y otros trastornos mentales. Hacer frente a esas enfermedades puede ser costoso, en caso de que se las maneje y se las trate de manera deficiente. Demasiadas personas terminan en la sala de urgencias y en el hospital porque carecieron del asesoramiento y la ayuda para mantener sus problemas de salud bajo control sin que sea necesario recurrir a ingresos hospitalarios, e incluso para evitar por completo dichos trastornos.
Ahora, la tecnología de la información viene al rescate. Las empresas innovadoras, como CareMore en California, hacen uso de las TIC para mantener a su clientela saludable y fuera del hospital. Por ejemplo, cuando los pacientes de CareMore se suben a la balanza cada día en sus hogares, su peso se transmite automáticamente a la unidad de salud. Si hay un cambio de peso repentino y peligroso, que podría ser causado por insuficiencia cardiaca congestiva, se pide que el paciente se persone en la clínica para someterse a un examen rápido y se pueda evitar una crisis potencialmente devastadora.CareMore es un proveedor privado de cuidados de salud que trabaja con la aseguradora pública Medicare, que es quien asegura sanitariamente a los jubilados. La filosofía de CareMore queda perfectamente descrita en el título de un editorial publicado en la revista de la Sociedad Americana de Geriatría: Physicians in Supporting Roles in Chronic Disease Care: The CareMore Model.
En realidad, CareMore es una empresa que, por trabajar mayoritariamente con población anciana, descansa sobre el trabajo de sus enfermeras, quienes reciben al paciente/asegurado, realizan la anamnesis, el plan de cuidados y el seguimiento en la comunidad y, cuando lo estiman preciso o el asegurado lo demanda, le remiten a su médico de cabecera. Dice el citado editorial (en la revista de una sociedad médica): Si esto les parece la manera errónea de prestar asistencia sanitaria, consideren el destacable funcionamiento de CareMore en cuanto a calidad, costes y satisfacción de los pacientes. Y aporta datos: una tasa de amputaciones en ancianos con diabetes mellitus un 78% menor que la media nacional; una tasa de hospitalización para pacientes con fracaso renal inferior en un 42%; o una tasa de rehospitalización de un 13,6%, comparada con el 20% de promedio nacional.
En definitiva, concluyen, el modelo CareMore supone una destacable desviación sobre la práctica de la medicina que se desarrolló en el siglo XX. Está basado en el trabajo en equipo, en las evidencias, en las tecnologías de la información y en un contacto intenso. Todo lo contrario del concepto de equipo construido en torno al médico; el médico no es sino uno de los muchos componentes del modelo de asistencia sanitaria de CareMore (...) La experiencia inicial de CareMore sugiere que puede prestarse una asistencia comparable o mejor con menos médicos (...) De manera similar a otras innovaciones disruptivas, el modelo CareMore generará una cierta marejada de oposición a la idea de que el médico no necesita estar al timón en la gestión de las enfermedades crónicas. Sin embargo, una vez forzados a competir en calidad, satisfacción y costes, el modelo CareMore puede emerger como el modelo dominante en la prestación de servicios sanitarios a las personas mayores con enfermedades crónicas.
Esta es la misma convicción de la que parte mi compromiso con la enfermería a través de este blog y de las aportaciones que de vez en cuando se me permite realizar en otros foros: que la sostenibilidad de las servicios de salud en el futuro pasa necesariamente por permitir a las enfermeras que desarrollen hasta el final todas las capacidades y competencias adquiridas durante su formación y a través de su experiencia, da igual si esas nuevas funciones venían siendo desarrolladas por otros profesionales que sin duda serían de mayor utilidad (y más rentables) ocupándose de las tareas para las que sí es indispensable haber recibido una formación básica y especializada de 11 ó 12 años. El desarrollo intenso de una enfermería de práctica avanzada es una innovación disruptiva inexcusable para garantizar un servicio sanitario público organizado de manera muy diferente al que hoy conocemos, pero capaz gracias a ella de seguir encarnando los mismos valores que siempre ha representado: solidaridad, equidad, profesionalidad... y suficiencia financiera.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Espacio multimedia de la plataforma enferurg.com
Los amigos de enferurg.com, la plataforma virtual 2.0 de generación y difusión del conocimiento científico enfermero en cuidados críticos, urgencias, emergencias y catástrofes, editores también de la revista digital Páginasenferurg.com, han dado un nuevo paso adelante con la creación del Espacio multimedia de la plataforma enferurg.com, desde el cual se puede acceder directamente a la página web, a la revista Páginas y a su nueva sección 'podcast canal enferurg.com'. En su episodio piloto presentan el canal y realizan una clara declaración de intenciones, su firme compromiso con la enfermería y las enfermeras, sus impulsores y directores Antonio J. Valenzuela y Sixto Cámara.
Además, han tenido la deferencia de incluir como entrega #01 del podcast la conferencia inaugural que tuve el honor y el placer de impartir en las III Jornadas de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias celebradas en Jaén el pasado mes de octubre, como ya tuve la ocasión de comentar en este blog.
En la entrega #02 podéis acceder al debate que tuvo lugar en Jaén a continuación, sin duda mucho más interesante.
Deseo para este espacio multimedia una larga e intensa vida. Creo de verdad que merece la pena que les sigáis con atención. Yo lo haré, desde luego.
Además, han tenido la deferencia de incluir como entrega #01 del podcast la conferencia inaugural que tuve el honor y el placer de impartir en las III Jornadas de Enfermería de Cuidados Críticos, Urgencias y Emergencias celebradas en Jaén el pasado mes de octubre, como ya tuve la ocasión de comentar en este blog.
En la entrega #02 podéis acceder al debate que tuvo lugar en Jaén a continuación, sin duda mucho más interesante.
Deseo para este espacio multimedia una larga e intensa vida. Creo de verdad que merece la pena que les sigáis con atención. Yo lo haré, desde luego.
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lunes, 5 de diciembre de 2011
Sobre la degradación moral del servidor público
En democracia, todas las propuestas e iniciativas políticas son respetables dentro del marco jurídico vigente en cada momento. Incluso, naturalmente, las propuestas de cambio del propio marco jurídico impulsadas por mayorías parlamentarias suficientes. Así, el poder legislativo aprueba leyes que luego son desarrolladas por el poder ejecutivo. Pero en la acción política de los poderes públicos, que son quienes se supone que aplican las leyes, siempre existen, o deberían existir, límites morales que cuando son sobrepasados no pueden justificarse por el mero hecho de que no vayan contra el ordenamiento jurídico o incluso de que puedan ser amparados formalmente por él. Todos conocemos, lamentablemente, miles de ejemplos de aplicación torticera de las leyes y reglamentos por parte de poderes o reguladores públicos que, ajustándose estrictamente al ordenamiento jurídico, cometen verdaderos fraudes de ley, generalmente para beneficiar a partes interesadas. Ya me he referido en algunas ocasiones a este tipo de corrupciones de guante blanco guiadas básicamente por la codicia.
Pero hoy quiero referirme a otro tipo de actuaciones radicalmente distintas, no guiadas por la codicia o el ánimo de lucro, sino por un ciego integrismo ideológico y/o sectarismo partidista aplicado sin sensibilidad ni proporcionalidad algunas, que muestran en quienes las idean y aplican (u obligan a aplicar) un evidente signo de envilecimiento moral personal.
A muchos, nos parece que el desmantelamiento sistemático de las políticas sociales desarrolladas a lo largo de tantos decenios es un desastre social que generará una sociedad menos justa, menos solidaria y menos segura. Que el creciente trasvase de fondos públicos hacia empresas privadas en sectores como la educación o la sanidad tendrá efectos devastadores a medio plazo para la salud pública y para los valores de socialización que representan y transmiten estas importantes instituciones sociales. Que las políticas de recortes ciegos en el gasto sanitario que se están realizando en casi todas las comunidades autónomas, pero muy especialmente en Cataluña, tendrán como efecto inevitable una desestructuración organizativa ajena a toda lógica organizacional o empresarial, un empobrecimiento del capital humano e intelectual y una degradación del profesionalismo sanitario en los servicios de salud.
Son opiniones perfectamente legítimas; pero es necesario reconocer que tan legítimas y respetables son las de quienes piensan todo lo contrario: que, efectivamente, el sector privado es genéticamente más eficiente y efectivo; que el exceso en la oferta de servicios públicos gratuitos en el punto de acceso estimula una gravosa sobreutilización de los servicios y que, por ello, hay que redimensionarla; o que el estado debe tener una intervención más reducida como prestador de servicios, limitándose a su tarea de regulador.
Pero quienes han decidido en su delirio ultraliberal que pueden añadir una mortificación gratuita a la población más mortificada por la crisis, los desempleados que han agotado la prestación por desempleo, y dejarlos sin cobertura sanitaria pública, sin aviso previo y por un período indeterminado de tiempo, a apenas un mes, además, de la entrada en vigor de la disposición adicional sexta de la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública, que les reconoce el derecho a la asistencia sanitaria pública a partir del 1 de enero de 2012, son unos canallas. Canallas con nombre y apellidos concretos: a algún enchufado del partido en un puesto de libre designación, con nombre y apellidos concretos, se le ha ocurrido (o la ha copiado) la perversa idea; a su director general, también con nombre y apellidos concretos, le ha parecido una idea cojonuda; y el gerente del servicio de salud, el consejero de sanidad y el presidente de la Comunidad Autónoma, con nombre y apellidos concretos todos ellos, han bendecido la canallada y ordenado ejecutarla. Son todos un perfecto ejemplo de cómo una carrera de degradación política puede conducir a un envilecimiento moral personal.
Ello ha ocurrido, al menos, en dos comunidades autónomas: Galicia y Murcia. Los presidentes de las comunidades autónomas tienen nombre y apellidos concretos: Alberto Núñez Feijóo y Ramón Luis Valcárcel Siso. Los consejeros de sanidad también tienen nombre y apellidos concretos: Pilar Farjas Abadia y María Ángeles Palacios Sánchez. Y los gerentes de los servicios de salud también tienen nombre y apellidos concretos: Rocío Mosquera Álvarez y José Antonio Alarcón González. Los nombres que, lamentablemente, no conocemos son los de los restantes canallas, seguramente pelotas del partido con ganas de hacer méritos.
Pero todos ellos merecerían entrar a formar parte de la Historia universal de la infamia borgiana.
Pero hoy quiero referirme a otro tipo de actuaciones radicalmente distintas, no guiadas por la codicia o el ánimo de lucro, sino por un ciego integrismo ideológico y/o sectarismo partidista aplicado sin sensibilidad ni proporcionalidad algunas, que muestran en quienes las idean y aplican (u obligan a aplicar) un evidente signo de envilecimiento moral personal.
A muchos, nos parece que el desmantelamiento sistemático de las políticas sociales desarrolladas a lo largo de tantos decenios es un desastre social que generará una sociedad menos justa, menos solidaria y menos segura. Que el creciente trasvase de fondos públicos hacia empresas privadas en sectores como la educación o la sanidad tendrá efectos devastadores a medio plazo para la salud pública y para los valores de socialización que representan y transmiten estas importantes instituciones sociales. Que las políticas de recortes ciegos en el gasto sanitario que se están realizando en casi todas las comunidades autónomas, pero muy especialmente en Cataluña, tendrán como efecto inevitable una desestructuración organizativa ajena a toda lógica organizacional o empresarial, un empobrecimiento del capital humano e intelectual y una degradación del profesionalismo sanitario en los servicios de salud.
Son opiniones perfectamente legítimas; pero es necesario reconocer que tan legítimas y respetables son las de quienes piensan todo lo contrario: que, efectivamente, el sector privado es genéticamente más eficiente y efectivo; que el exceso en la oferta de servicios públicos gratuitos en el punto de acceso estimula una gravosa sobreutilización de los servicios y que, por ello, hay que redimensionarla; o que el estado debe tener una intervención más reducida como prestador de servicios, limitándose a su tarea de regulador.
Pero quienes han decidido en su delirio ultraliberal que pueden añadir una mortificación gratuita a la población más mortificada por la crisis, los desempleados que han agotado la prestación por desempleo, y dejarlos sin cobertura sanitaria pública, sin aviso previo y por un período indeterminado de tiempo, a apenas un mes, además, de la entrada en vigor de la disposición adicional sexta de la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública, que les reconoce el derecho a la asistencia sanitaria pública a partir del 1 de enero de 2012, son unos canallas. Canallas con nombre y apellidos concretos: a algún enchufado del partido en un puesto de libre designación, con nombre y apellidos concretos, se le ha ocurrido (o la ha copiado) la perversa idea; a su director general, también con nombre y apellidos concretos, le ha parecido una idea cojonuda; y el gerente del servicio de salud, el consejero de sanidad y el presidente de la Comunidad Autónoma, con nombre y apellidos concretos todos ellos, han bendecido la canallada y ordenado ejecutarla. Son todos un perfecto ejemplo de cómo una carrera de degradación política puede conducir a un envilecimiento moral personal.
Ello ha ocurrido, al menos, en dos comunidades autónomas: Galicia y Murcia. Los presidentes de las comunidades autónomas tienen nombre y apellidos concretos: Alberto Núñez Feijóo y Ramón Luis Valcárcel Siso. Los consejeros de sanidad también tienen nombre y apellidos concretos: Pilar Farjas Abadia y María Ángeles Palacios Sánchez. Y los gerentes de los servicios de salud también tienen nombre y apellidos concretos: Rocío Mosquera Álvarez y José Antonio Alarcón González. Los nombres que, lamentablemente, no conocemos son los de los restantes canallas, seguramente pelotas del partido con ganas de hacer méritos.
Pero todos ellos merecerían entrar a formar parte de la Historia universal de la infamia borgiana.
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