Esta semana estoy de clases en el Máster de Salud Pública de la Escuela Nacional de Sanidad; los alumnos son, en su mayoría, MIR1 de la especialidad Medicina Preventiva y Salud Pública que el primer año realizan el máster antes de empezar sus rotaciones. Debe ser que estoy muy maleado, porque me ha sorprendido, a diferencia de los médicos más veteranos con los que suelo tratar, la naturalidad con que escuchan, debaten y admiten propuestas que, siendo de sentido común, son tabú para la gran parte de las organizaciones médicas. Hoy hemos hablado, por ejemplo, de la necesidad de acometer una profunda revisión de los mapas competenciales tradicionales que permita redistribuir las competencias, funciones y tareas de manera que cada profesión estuviera dedicada a aquello que sabe hacer, aquello para lo que realmente se haya preparado en su recorrido formativo, en lugar de que cada cual siga haciendo lo de siempre “porque aquí esto siempre se ha hecho así".
Quienes piensan que los desequilibrios profesionales son únicamente cuantitativos (hay un déficit de casi 2.000 médicos especialistas, que se elevará a 12.000 en 20 años) y que por tanto requieren soluciones cuantitativas (démosle a la “máquina de hacer especialistas” haciendo que se gradúen 3.000 médicos más cada año, ver pág. 130) no han entendido nada de todo lo mal que se ha hecho en España en planificación y ordenación profesional sanitaria.
¿Es que eso evitaría el deplorable fenómeno cultural de que entre los 950 primeros médicos residentes que escogen especialidad sólo 13 hayan elegido medicina de familia o el rechazo masivo de los pediatras a las plazas en AP, indicadores evidentes de la falta de atractividad de la castigada AP española?
Además, formar un médico especialista cuesta entre 10 y 11 años, con lo cual nos pondríamos en 2.021-2.022, año para el cual faltarían ya entre 6.000 y 10.000 médicos especialistas... Sin contar que, como no sean las universidades privadas, desde luego las públicas no van a estar en condiciones de financiar un número mínimamente significativo de plazas en las facultades de medicina, tal como está la tesorería.
Buscamos la uniformidad que presentan los hechos y a estas uniformidades les damos el nombre de leyes. Pero los hechos no están sometidos a las leyes, sino las leyes a los hechos. Vilfredo Pareto, Trattato di sociologia generale, 1916.
Pues eso...



