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martes, 26 de julio de 2011

La carta abierta del Foro de la Profesión Enfermera a la ministra de Sanidad

Hoy, justo en mi última mañana de trabajo antes de coger el avión rumo a Canarias, el Foro de la Profesión Enfermera ha publicado una Carta Abierta a la Ministra de Sanidad mostrando su rechazo ante el hecho de que, mientras el Acuerdo con la profesión médica lo firmó con cinco organizaciones representativas, el Acuerdo con la profesión enfermera lo firmó únicamente con el CGE [Corporación del Gran Ego], como si no existieran más agentes representativos de la profesión. Enlazado queda.

lunes, 25 de julio de 2011

Políticos de los que sentirse orgulloso: lo mismito que aquí...

A punto de irme un par de semanas de vacaciones para descansar, os enlazo como cierre del curso un vídeo que me ha pasado mi hermano (gracias, Alfonso) con una vibrante intervención en la Asamblea Legislativa del Estado de Río de Janeiro de la diputada Cidinha Campos, denunciando las componendas que tratan de designar miembro del Tribunal de Cuentas a un absoluto chorizo, con la ayuda  -por complicidad o por omisión del deber-  de la mayoría de la Asamblea. No tiene pérdida, ni su coraje, ni la situación que describe, ni la ironía con que cuela el discurso en un debate que en realidad era sobre la producción láctea: quiere hablar "de los mamones".

¡Qué pena que no puedan exportarnos, aunque fuera un solo parlamentario como ella... !

Felices vacaciones (a quienes las tengan) y ánimo (a quienes no), seguimos a la vuelta.

viernes, 22 de julio de 2011

Un timo con enjundia

Había oído hablar de timos relacionados con la enseñanza (casi) de todo tipo, pero éste que narra el New York Times me parece increíble. Resulta que una red de falsas escuelas de enfermería en Nueva York, en  connivencia con una escuela oficial de enfermería jamaicana, estafaron seis millones de dólares (4,2 millones de euros), fundamentalmente a personas de origen caribeño, ofreciendo cursos para la obtención del diploma en enfermería necesario para poder registrarse como enfermeras.

No, no se trata (sólo) de falsificación de títulos, que de esos sí conocemos multitud de casos: es que las escuelas impartían realmente los programas formativos, incluidas las prácticas clínicas, en sus instalaciones y centros sanitarios concertados a cambio de unas "tasas" de entre 7.000 (4.900) y 20.000 (14.000) dólares (euros). Las ecuelas llevaban funcionando cinco años, pero las autoridades afirman que no estaban autorizadas para impartir estudios oficiales y el fiscal general ha ordenado el cierre de cuatro de las cinco escuelas (está en trámites para cerrar la quinta). Seis personas han sido arrestadas hasta el momento.

La noticia no avanza más información, pero a mí me encantaría saber si los programas formativos eran los oficiales, si el profesorado estaba autorizada para la docencia,  etc. Es decir, si las personas que se formaron han egresado con una formación y competencias equivalentes a las de las escuelas autorizadas u oficiales. Entonces, el timo es mucho más cruel. En fin, es posible que se trate sólo de irregularidades administrativas... Ojalá.

Fraudes para conceder falsos títulos hay muchos, especialmente en eso que se ha dado en llamar "formación continuada", claramente enfocada, no a obtener nuevas competencias o técnicas, sino a puntuar en las bolsas de empleo y los concursos de méritos; recordaréis que hace apenas unos meses se destapaba un fraude masivo, una trama entre un sindicato y un centro oficial de formación dependiente de una Consejería de Salud. No digo ahora timos, sino fraudes, porque en estos casos es imprescindible la colaboración fraudulenta de los supuestos alumnos, ya que los cursos no se realizaban y los "timados" eran los demás aspirantes y las administraciones públicas.

También se producen a diario timos porque se engaña a la gente ofreciendo cursos homologados que no lo son, porque se afirma que se trata de cursos indispensables para obtener el gradopara acceder al máster, incluso para poder prescribir medicamentos. Todo esto son timos, presuntos o confirmados, pero es la primera vez que oigo de un timo que se refiera a la obtención de titulaciones oficiales profesionales oficiales. Y espero no haber dado ninguna idea...

jueves, 21 de julio de 2011

Relación entre envejecimiento y gasto sanitario: el zombi que nunca se retira

Presentar  -a ser posible, de forma dramática-  el envejecimiento de la población como la principal amenaza a la "sostenibilidad financiera" de los sistemas nacionales de salud se ha convertido en uno de esos tópicos que permiten decir "no soy yo" a todos los que tienen responsabilidades sobre las políticas sanitarias y financieras. Ello, a pesar de que no existen evidencias al respecto y de que sí existen evidencias sobre que la contribución directa de la variable "edad" sobre el gasto sanitario es bastante modesta y no explica sino en un pequeño porcentaje su deriva incrementalista.

A este tópico, Robert Evans y colegas, en su famoso paper APOCALYPSE NO, lo califican como un "zombi caminante": "La demografía apocalíptica o, de manera más general, el aviso de que tratar de cubrir las necesidades de una población envejecida llevará a la bancarrota a las sociedades modernas, o hará imposible continuar con la cobertura sanitaria universal, es un "zombi", una idea o alegato que está intelectualmente muerta, pero que nunca podrá descansar. Aunque con frecuencia es refutada por los hechos y argumentos, siempre regresa para seguir caminando, sembrando confusión y haciendo daño".

Por fin existe un estudio nacional específico que cuantifica el impacto de la atención sanitaria a la población de mayor edad (mayores de 75). Lo han editado las fundaciones Gaspar Casal y Pfizer y lo podéis descargar aquí.

Este estudio confirma que las conclusiones de este marco de anállisis son siempre las mismas. Es cierto que la población anciana utiliza los servicios asistenciales y las prestaciones farmacéuticas con mayor frecuencia (y coste, ya que en este caso no existe aportación del paciente, al menos en nuestro país) que la población joven y adulta (no tanto que la infantil), pero lo cierto es que se trata en general de población aceptablemente sana, más con "condiciones" que con "patologías". Un "viejo" de 75 años de hoy tiene las mismas probabilidades que un "joven" de 60, hace sólo 40 años, de estar seriamente enfermo.

La variable que en realidad está asociada a un gasto sanitario mucho más elevado no es la edad en sí, sino los últimos meses de vida, en los que los ciudadanos consumen hasta el 70% de los recursos sanitarios que han empleado durante toda su vida.


Los tres factores extrasanitarios que, en mayor medida, incrementan el gasto sanitario son de tres tipos: político, tecnológico y farmacéutico. Son necesarias con carácter urgente políticas orientadas a la prevención, modificación de estilos de vida y atención sanitaria primaria, focalizadas, ya no en los grupos, sino en los pacientes "de alto coste": aquellos que por sus pluripatologías crónicas clínicamente mal atendidas y/o incapacidad para autocuidarse y/o carencia de un entorno familiar y grupal que lo haga, etc., acaban ingresando por urgencias cada tres o cuatro meses, con estancias intermitentes en unidades de alta tecnología como las de cuidados intensivos.

Un par de recientes y muy interesantes aportaciones al respecto: Un artículo de Atul Gawande en The New Yorker (que si no recuerdo mal cité hace unos días) y otro en Health Services Research; ambos concluyen que una de las claves pasa por desarrollar servicios asistenciales de intervención sociosanitaria, aislando en cada demarcación de gestión sanitaria (centros de salud a áreas sanitarias, por ejemplo) a estos "pacientes de alto coste" y haciendo que equipos multidisciplinares ataquen de raíz los problemas sociales y de cuidados que agravan las patologías crónicas incapacitantes que padecen y que,  por otro lado, ocasionan tan altos costes asistenciales.

Cuando nos soliciten una colaboración sobre la "sostenibilidad" de los servicios de salud, tratemos de hablar con proporcionalidad del envejecimiento de la población. Ya sé que para todos nosotros es un tópico indeludible, pero haganos un esfuerzo. Sobre todo, porque nos vamos haciendo viejos (uno más que otros...).

miércoles, 20 de julio de 2011

Los "putos amos del mundo"

Hace apenas diez años, pero parece que hubieran pasado 100, la gigantesca empresa multinacional del sector energético Enron quebró y se llevó por delante, no sólo a la propia empresa, sino también a su firma auditora, Arthur Andersen, entonces la más importante del sector a nivel mundial.

Enron pasó en 15 años, de ser una pequeña empresa petrolera tejana a convertirse en la séptima empresa de los EEUU, con 21.000 empleados en 40 países y 100.000 millones de facturación en el año 2000. En 2001, apenas tres meses antes de su quiebra, fue galardonada por la revista Fortune como la empresa más innovadora del país.

En realidad, el negocio de Enron no era vender suministros, sino especular en bolsa con ellos, captando a cientos de miles de accionistas que confiaban en su base material productiva (con cientos de instalaciones de producción de bienes tan esenciales como el gas, el agua, la electricidad, incluso telefonía y banda ancha) como garantía de solvencia y liquidez. Es decir, que Enron no era una empresa industrial, como daba a entender, sino financiera, que se dedicaba básicamente a especular. Su producto más importante fue Enron Online, un sistema que les permitía realizar transacciones en línea en todo el mundo, anticipándose a sus competidores. Y sus directivos, a lo que se dedicaban en realidad era a expoliar las ingentes ganancias de la empresa,  maquillando las cuentas a través de empresas subsidiarias.

Los villanos principales de esta historia fueron el presidente ejecutivo, Kenneth Lay, su segundo, Jeffrey Skylling y el vicepresidente financiero, Andrew Fastow. Fueron durante muchos años los putos amos del mundo. Eran inmensamente ricos, llevaban una vida llena de lujo y sin embargo, por algún motivo desconocido (probablemente porque la codicia puede llegar a ser tan adicitiva como la cocaína) se pasaron de frenada y acabaron con largas condenas de cárcel (excepto Lay, que falleció esperando la sentencia). Dejaron en la calle a 20.000 empleados, probablemente, para ellos, simples daños colaterales.

El caso Enron supuso en su momento un verdadero shock, que, además, tuvo lugar apenas unos meses después del 11-S. Nunca se pensó que una empresa como Enron pudiera quebrar a la vista de los reguladores y los poderes públicos. Pero, en realidad, faltaban menos de siete años para que pudiéramos asistir en vivo y en directo a la quiebra de Lehman Brothers y, en España, de un buen puñado de constructoras con valor en bolsa de decenas de miles de millones de euros.


En su momento, dediqué muchas horas a documentarme para tratar de entender este tipo de conductas suicidas y llegé a la conclusión de que se deben a un síndrome, el síndrome del puto amo del mundo [PAM]. La gente que lo padece se siente tan poderosa e inalcanzable, tan por encima de la gente común, tan protegida por los políticos y periodistas a los que compra (y,  a través de ellos, por los estamentos policiales, fiscales y judiciales más corruptibles), que se creen literalmente intocables y seguros, al margen de la ley; rodeados exclusivamente por corruptos y pelotas, han perdido la sensibilidad para percibir los riesgos inherentes a sus actividades delictivas. Y, por supuesto, no se dan cuenta de que han ido generando en el camino miles de enemigos con ganas de entrar a saco en sus yugulares; pero no importa, siguen sintiéndose seguros, por algo son los PAM. Hasta que su codicia y sus enemigos les ayudan a cavar sus propias tumbas.

Vienen estas reflexiones a cuento de los reciente acontecimientos relacionados con otros famosos PAM: Teddy Bautista, Rupert Murdoch, Dominique Strauss-Kahn, hoy mismo Francisco Camps, pasado mañana Silvio Berlusconi... Los putos amos del mundo son gigantes con los pies de barro porque no calibran ni entienden sus límites y excesos.

martes, 19 de julio de 2011

'Profesionalismo', Enfermería y colegios profesionales

El término profesionalismo, tal y como se viene utilizando desde hace ya algunos decenios como característico de las profesiones facultativas, no está registrado en el diccionario de la RAE (únicamente aparece una acepción, "cultivo o utilización de ciertas disciplinas, artes o deportes, como medio de lucro", la cual, sin duda, no viene al caso). En Wikipedia (¡oh, cielos!, lo que no está en la güiqui no existe) tampoco existe una entrada, ni siquiera en inglés. Pero si tecleamos en Google "professionalism" nos proporciona 42 millones de enlaces y "profesionalismo", 9.600.000".

En español, cuando buscamos "profesionalismo médico" (así, entrecomillado, o sea, la expresión completa), nos aparecen 15.700 enlaces, pero si tecleamos "profesionalismo enfermero" aparecen ¡únicamente ocho! Buscando en inglés, las diferencias se reducen sustancialmente: "medical professionalism" = 210.000; "nursing professionalism" = 43.200.


¿Qué es el profesionalismo? Difícil de sintetizar sin ofender a los grandes santones de la sociología de las profesiones, que fueron realmente quienes acuñaron el término en los años sesenta y setenta del siglo pasado (y a sus discípulos, herederos hoy de sus cátedras) y a la gran mayoría de las élites profesionales. A pesar de ello, yo he acuñado dos definiciones bien diferentes:

  • Empecemos por la más simple, a mi juicio la más útil, la que parte del hecho de que las profesiones están al servicio de la sociedad: "Profesionalismo es una política institucional de las corporaciones profesionales que trata de garantizar que todos los miembros de la profesión se comporten con profesionalidad (cualidad de la persona u organismo que ejerce su actividad con relevante capacidad y aplicación)".
  • Y sigamos por la complicada, la más retórica y a mi juicio la socialmente menos efectiva: "El profesionalismo es una política de las élites corporativas profesionales que afirma que, bajo su exclusivo control corporativo, todos los miembros de la profesión se comportarán siguiendo unas reglas deontológicas autoimpuestas y autocontroladas que harían innecesario que la profesión estuviera regulada externamente por los poderes públicos y que, en consecuencia, harían que el Estado debería ceder todas sus competencias de control a las propias élites corporativas".
Ya lo he escrito un montón de veces, pero no me aburro de hacerlo y además, los hechos (incluso los más actuales, como por ejemplo las corruptelas codiciosas de la SGAE, las trampas de parte de las agencias de calificación financiera, los delitos prepotentes con complicidad de la Policía del grupo Murdoch, los tejemanejes en los nombramientos en el Consejo Español del Poder Judicial, la permanencia del presidente del Consejo General de Enfermería a pesar de las sentencias del Tribunal Supremo...) van confirmando que no voy muy desencaminado: "Ningún grupo humano  -mercados financieros, iglesias, ejércitos, medios de comunicación, partidos políticos, poder judicial... o profesiones-  al que se conceda capacidad decisiva para autorregular su papel dentro de la sociedad, sus derechos, deberes, recursos y prerrogativas, sería capaz de resistir indefinidamente la tentación de incumplir sus propios códigos de autorregulación, cometer excesos y acabar tratando de imponer sus valores e intereses a la sociedad a la que supuestamente sirve". Esta es, creo yo, una afirmación que no es un juicio moral ni el reflejo de una visión nihilista de la vida: es, simplemente, una obviedad sociológica.


Viva el 'profesionalismo' como actitud práctica y ética al servicio de la sociedad, abajo el 'profesionalismo' como táctica elusiva de los deberes sociales por parte de las profesiones y sus agentes institucionales. A quienes dicen "¡qué horror! profesionales tan exquisitos y entregados como los sanitarios, controlados por sus empleadores/empresas (públicas, claro; las privadas no pueden), que van a corromper sus fundamentos morales y éticos...", yo les digo: ni una cosa, ni la otra. ¿Qué tal agencias públicas con participación de todos los agentes implicados: profesionales, usuarios, empleadores, juristas, expertos, sociedad civil, que entre todos traten de que todo vaya bien? ¿Que cuando los profesionales quieran que algo salga adelante tengan que demostrar  -y pactar dentro de sus órganos ejecutivos con un montón de intereses muy diversos- que no se trata sólo de su propio interés, sino del interés público al que se supone que sirven los entes reguladores profesionales? Los colegios profesionales, tal y como los conocemos hoy en día en su modelo, son TAN ANTIGUOS que dan fatiga. ¿Y si los pasamos por la 'batidora del tiempo' y los modernizamos un poquito? Seguro que es bueno, hasta para los propios colegios. Pero siempre desde una acepción de 'profesionalismo' al servicio real de la sociedad y no de sus propios intereses (que no tendrían porqué ser radicalmente incompatibles, aunque sin duda sí un poco).


[PS.- Por si algún colega sociólogo, muy improbablemente pero vaya usted a saber, siguiera este blog, le recomiendo que revise el último número de Current Sociology, dedicado a las organizaciones y ocupaciones profesionales y al profesionalismo, con aportaciones de colegas tan importantes como Ian Kirkpatrick, Julia Evetts o Mirko Nordegraaf. Hay de todo como en botica, pero algunos artículos  -como el de Evetts-  actualizan muy bien el debate].

lunes, 18 de julio de 2011

La soledad del manager

Este es el título de una novela de Manolo Vázquez Montalbán, la primera de la saga de Pepe Carvalho (tras la experimental Yo maté a Kennedy, donde Carvalho aún era agente de la CIA). En ella, el detective investiga un caso, aparentemente relacionado con el sórdido mundo de la prostitución, pero acaba aflorando el no menos sórdido mundo de la política de la época.

Mañana, martes 19 de julio, el Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad y el Consejo General de Enfermería firmarán un "Acuerdo marco en beneficio de los pacientes, la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y el pleno desarrollo de la profesión". Tanto Europa Press como Diario Médico simplifican en su titular: "Sanidad y los enfermeros". Los enfermeros...

Dice Diario Médico que "después de firmar un acuerdo con el Foro de la Profesión Médica que marcará la pauta de trabajo del departamento de Leire Pajín hasta las próximas elecciones generales, Sanidad ha querido contar también con el apoyo de los enfermeros y mañana rubricará con ellos una declaración similar (...) El formato del acuerdo será similar y centra sus principios en el buen entendimiento que mantienen Sanidad, el presidente de la Organización Médica Colegial, Juan José Rodríguez Sendín, y González Jurado desde la etapa en la que Trinidad Jiménez lideraba el ministerio".

No, amigos de Diario Médico, el formato del acuerdo no puede ser similar porque el pacto con la profesión médica se firmó con el Foro de la Profesión Médica, entidad que agrupa a todos los agentes profesionales relevantes: colegios profesionales (OMC), sindicatos (CESM), decanos de facultad (CNDFM), estudiantes (CEEM) y asociaciones científicas (FACME) del ramo.

Y el Consejo General de Enfermería acude absolutamente sólo: ¿no hay un sindicato de enfermería? ¿No hay directores de centros universitarios de enfermería? ¿Ni estudiantes de enfermería, ni asociaciones científicas de enfermería? Sí, existen; el entramado organizativo de la profesión enfermera es tan poliédrico y rico en aportaciones como el de la profesión médica, aunque sin duda mucho menos mediático. Y, sin embargo, la representación de la profesión es asumida en exclusiva y unilateralmente por un único actor con el apoyo formal de una ley predemocrática, la Ley de Colegios Profesionales de 1974, que concede la representación exclusiva de la profesión a los colegios (art. 1.3). Una anacronía muy útil...

Pero lo malo no es eso: Lo realmente grave, aquello sobre lo que deberían reflexionar la Ministra de Sanidad y sus asesores, es porqué ellos legitiman políticamente esa monopolización institucional de la identidad, intereses, expectativas y aportaciones profesionales de las enfermeras y lo bendicen con luz y taquígrafos. ¿No se han dado cuenta de la diferencia entre la representación médica que acudió a firmar un pacto similar hace una semana? No le interesa a la Ministra saber qué piensan los demás actores profesionales? Parece que no. Lo de hace una semana se llama pluralismo; lo de mañana, populismo. Penoso.

Miren la foto de hace una semana, miren mañana la que publiquen los medios y, como en los pasatiempos, localicen las cuatro diferencias.


Pero lo que me ha puesto los pelos como escarpias es que la noticia habla de un acuerdo para publicar el "Libro Blanco de la Profesión Enfermera". Lo malo es que para publicarlo hay que escribirlo primero y que para escribirlo es imprescindible hablar con la profesión, escucharla y, sobre todo, contar con el suficiente capital intelectual y moral para liderar una apuesta estratégica de la que dependerá el futuro de toda una profesión.

Casi que menos mal que la legislatura está cerrada... aunque también para la Ley de Servicios Profesionales, en la que se iba a borrar de un plumazo la colegiación obligatoria. ¿Me siguen?