Este es el tipo de entrada en el blog que aborrezco, como todos los que hemos tenido algún ser querido a quien hemos visto morir a causa de un cáncer. Pero lo cierto es que es un tema necesario de abordar y yo ya lo he hecho una vez en este blog, en la entrada del pasado 29 de julio titulada El difícil equilibrio entre racionalidad social y libertad individual.
Como la mayoría de vosotros seguro que conocéis, la revista The Lancet Oncology ha publicado un extenso informe con las conclusiones de un comité de 37 expertos de 10 países diferentes, en su mayoría clínicos, pero también con participación de otros expertos ligados a la industria o a grupos de pacientes. Su elocuente título es Delivering affordable cancer care in high-income countries [en traducción libre, "prestando cuidados oncológicos sostenibles en países con alto nivel de renta"]. Este informe ha tenido una amplia repercusión en medios sanitarios (como el British Medical Journal, por ejemplo), pero también en medios de comunicación social de diversos pelajes como The Wall Street Journal, BBC o The Huffington Post, y en España, ABC o El Mundo.
Para ser sincero, no tengo ni he tenido tiempo para leer el extensísimo informe (57 páginas), pero afortunadamente sí lo han tenido prestigiosos medios clínicos como NeLM (National electronic Library for Medicines, del National Health Service británico) o el newsletter ecancermedicalscience del European Institute of Oncology, basado en Milán, quienes lo han reseñado con un nivel de detalle muy extenso que me permite a mí, a su vez, resumir algunos aspectos importantes y hacerlo en castellano para quienes tengan problemas con el inglés.
Cada año, 3,2 millones de europeos son diagnosticados de cáncer y ello supone que el gasto en asistencia oncológica viene a suponer como mínimo entre un 4% y un 7% del gasto sanitario total. Pero el problema que da origen al encargo de The Lancet no es tanto cuántos casos hay y cuánto se gasta, como la preocupante tasa de incremento del gasto, que no guarda ninguna relación directa con el número de casos tratados, sino con la intensidad asistencial: No sólo costosos medicamentos, sino también sofisticadas pruebas diagnósticas, tratamientos radioterápicos cada vez más refinados o cirugías -el 70% de los pacientes diagnosticados son intervenidos- generalmente muy invasivas, complejas y caras (no digamos con la invasión de escenarios quirúrgicos robotizados que se anuncia). Todo ello supone costosos y crecientes gastos corrientes (personal, farmacia y otros insumos) y también de capital, es decir, inversiones en aparataje o dispositivos.
Puedo ilustrar esta preocupación por las tasas de aumento de los gastos de capital y corrientes ofreciendo un gráfico de elaboración propia con los últimos datos desglosados y auditados disponibles sobre el incremento en España del gasto en farmacia hospitalaria, en comparación con otras partidas de gasto corriente (pinchar para agrandar):
La comisión considera y lo expresa de manera muy gráfica, que se ha generado entre los médicos e instituciones una cultura del exceso: "Sobrediagnosticamos, sobretratamos y sobreprometemos". Y que una consecuencia muy grave del crecimiento desproporcionado de los costes que se deriva de esta cultura está obligando a detraer fondos que podrían ser destinados a otras políticas mucho más rentables y necesarias en términos sociales, sanitarios y personales.
Dos asuntos, entre los muchos abordados, resultan especialmente delicados, aunque se pueden resumir en un reto: Decidir si todos los tratamientos deben estar disponibles en todos los países ricos y para todos sus ciudadanos, sin más criterios que los puramente clínicos.
La financiación de tratamientos oncológicos, especialmente farmacológicos, es cada vez más cara; cada avance en medicamentos anticancerígenos multiplica por 10, al menos, el coste de las terapias anteriores y en la mayor parte de los casos (cada vez se patentan menos moléculas blockbuster) lo único que añaden es unos meses de vida a pacientes que, de todas formas, son terminales; es decir, aplazan la muerte, no la evitan, y lo hacen empeorando la calidad de vida que tendría un paciente con cuidados paliativos. Pero la presión de las familias, muchas veces causada por la presión de sus médicos, muchas veces causada a su vez por la presión de la industria farmacéutica, todo ello dentro de un sistema permisivo que sabe que el cáncer es el tabú sociosanitario por excelencia, hace que exista una "barra libre" casi absoluta que amenaza con reventar definitivamente la ya menguada caja de los sistemas de salud.
Según el informe, cada país debería decidir en función de sus posibilidades financieras, cuánto puede permitirse gastar en los tratamientos efectivos y seguros contra el cáncer existentes en cada momento. Un ejemplo que aportan sería en función de los años de vida (QALY) que cada tratamiento permita salvar. Un país podría permitirse que cada QALY le cueste 30.000 euros; otro, 40.000; o un tercero, 15.000. Y en función de este precio y de los QALYs que cada tratamiento aporte de manera contrastada, ofertan el precio final por tratamiento completo que su nivel de renta le permita pagar. La industria debería decidir en cada caso si le compensa dispensar los medicamentos al precio ofrecido, pero si no le interesa, ese tratamiento no debería estar disponible para ningún paciente del servicio sanitario público, sin que su obtención pueda seguir quedando al libre albedrío de sus clínicos o de los comités de farmacia hospitalaria.
Por lo que respecta a los enfermos oncológicos, deberían existir protocolos bien diseñados para determinar de manera objetiva y basada en evidencias cuándo llega el momento de suspender o no ofertar nuevos tratamientos farmacológicos a los pacientes a los que ya ningún tratamiento puede ahorrarles la muerte, si acaso retardarla unas semanas o meses con un indudable y terrible coste, no sólo económico, sino también en toxicidad y otros efectos colaterales del tratamiento, es decir, sobre una calidad de vida que los tratamientos paliativos mejorarían.
Este es un resumen muy breve pero que toca los puntos más significativos del informe. La conclusión general es que "estamos en una encrucijada con respecto a los tratamientos del cáncer sostenibles, en la que nuestras decisiones -o la negativa a adoptarlas- afectarán a las vidas de millones de personas. ¿Metemos nuestras cabezas en la arena, cruzamos los dedos y confiamos en que todo salga bien o asumimos que es preciso abrir debates complicados y adoptar decisiones muy duras dentro de un marco socialmente responsable, coste- efectivo y sostenible?"
viernes, 30 de septiembre de 2011
jueves, 29 de septiembre de 2011
Literatura... ¿de ficción?
Mi lectura nocturna en estos momentos es Solar, de Ian McEwan (Anagrama, 2011; traducción de Jaime Zulaika). Su protagonista es Michael Beard, un expremio Nobel de Física cuyas glorias investigadoras ya pasaron, pero que consigue vivir una confortable, aunque azarosa, vida laboral aprovechando su prestigio (mientras se tortura con una relación amor-odio con su mujer; hasta aquí he leído yo). Este aura de prestigio le basta a Beard, quien no escribe ni investiga nada hace ya muchos años, para poner en marcha y ser designado director de un recién creado centro público de investigación en ciencias ambientales. En la página 33 encontramos una irónica e inteligente descripción del nacimiento y comienzo de rodaje de la organización y de sus vivencias en este nuevo e incomprensible medio:
El Centro empezó a tomar forma con una lentitud entumecedora. Se instalaron pasarelas de tablones sobre el barro -un avance enorme-, después aplanaron el barro y lo sembraron, y para el verano había céspedes con senderos y el lugar llegó a asemejarse a cualquier otro aburrido instituto del mundo. Equiparon de nuevo los laboratorios y finalmente desmontaron los barracones provisionales [...] Contrataron a más personal: conserjes, equipos de limpieza, administradores, técnicos y hasta científicos, y a un equipo de recursos humanos para seleccionar a estos profesionales. Una vez alcanzada una masa crítica, se inauguró una cantina. Y alojados en un elegante pabellón de ladrillo, adyacente a unas barreras rojas y blancas, había una docena de guardas de seguridad con uniformes azul oscuro, que se trataban jovialmente entre ellos y eran severos con casi todos los demás, y que parecían creer que el lugar les pertenecía esencialmente y que el resto de la gente eran intrusos.
En todo este tiempo, ni uno solo de los seis posgraduados accedió a un mejor empleo en Caltech o el MIT. En un campo atestado de toda clase de prodigios, sus currículos eran excepcionales. Durante largo tiempo, Beard, que siempre había tenido problemas para reconocer caras, especialmente las de los hombres, no pudo o no quiso hablar con ellos a solas. Su edad oscilaba entre los ventiséis y los veintiocho y todos medían más de uno ochenta. Dos llevaban coletas, cuatro tenían idénticas gafas sin montura, dos se llamaban Mike, dos tenían acento escocés, tres llevaban una cinta de color alrededor de la muñeca, todos vestían vaqueros descoloridos, zapatillas de deporte y chándal. Era mucho mejor tratarles por igual, de un modo algo distante, o como si fueran una sola persona. Mejor no insultar a un Mike reanudando una conversación que podría haber mantenido con el otro, o suponer que el tipo con coleta y gafas, acento escocés y sin cinta en la muñeca era único o no se llamaba Mike. Hasta Jock Braby [el administrador del centro] hablaba de los seis como "los coletas".Leyendo esta descripción he recordado algunas vivencias similares, tanto siendo yo de "los coletas", como estando, años más tarde, en posiciones más parecidas a la de Beard.Y, sobre todo, no he podido evitar fantasear sin malas intenciones cambiando el nombre Beard por Barbacid o Fuster, con todo mi respeto y admiración por ellos (y por sus "coletas").
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miércoles, 28 de septiembre de 2011
Nunca menosprecies el poder de una enfermera
Hoy, algo ligerito,casi de prensa del corazón:
Cuenta The New York Times que el gobernador de Texas, el ultraconservador Rick Perry, ha sido el primero en los Estados Unidos en emitir una orden ejecutiva ordenando la vacunación obligatoria de todas las niñas de sexto grado contra el Virus del Papiloma Humano [VPH] para prevenir determinados tipos de cáncer cervical, algo que en un principio fue denunciado como una cesión a los intereses económicos del fabricante de la vacuna, Merck. Esta acusación fue, incluso, sostenida por Michele Bachman, su compañera de partido, miembro fundador del Tea Party y de momento más directa rival en las elecciones primarias para la candidatura a presidente de la Nación por el Great Old Party (quien, por otro lado, además del creacionismo o la consideración de la homosexualidad como un pecado nefando, defiende también la asociación de las vacunaciones con el autismo siguiendo las fraudulentas conclusiones del científico Wakefield en The Lancet, en 1998, y que después se demostraron, no sólo fraudulentas, sino una verdadera estafa motivada por intereses económicos hasta hace poco ocultos).
De creer que el Times conoce toda la verdad, no sólo la más visible, resultaría que por una vez no serían los malsanos intereses económicos los que expliquen este controvertido mandato gubernamental, sino algo mucho más cercano y más humano: Afirma el diario, basándose en algunos correos y declaraciones de terceros que ha obtenido, que la conseguidora de dicha orden fue en realidad la esposa del gobernador, Anita T. Perry, quien además de primera dama del Estado es una experimentada enfermera que ha trabajado largamente en la protección de las víctimas de violaciones (además, según la inefable Bachman, de mantener una posición demasiado tibia, poco republicana, sobre el aborto). La señora Perry habría sido quien convenció a su republicanísimo marido de perpetrar algo tan poco republicano como permitir al estado y obligar a los sanitarios a inmiscuirse en las sagradas decisiones de las familias americanas sobre sus hijos. Debe ser que, efectivamente, como creo que dijo Pascal, "hay razones del corazón que la razón no entiende".
Pero lo que más me ha fascinado del reportaje son las declaración de una amiga y estrecha colaboradora suya en las labores filantrópicas, quien describe y justifica a Anita Perry de la siguiente manera: "En primer lugar es enfermera y sólo después la primera dama" [she is a nurse first, first lady second].Y, de ser verdad la historia, una enfermera con poderes...
Cuenta The New York Times que el gobernador de Texas, el ultraconservador Rick Perry, ha sido el primero en los Estados Unidos en emitir una orden ejecutiva ordenando la vacunación obligatoria de todas las niñas de sexto grado contra el Virus del Papiloma Humano [VPH] para prevenir determinados tipos de cáncer cervical, algo que en un principio fue denunciado como una cesión a los intereses económicos del fabricante de la vacuna, Merck. Esta acusación fue, incluso, sostenida por Michele Bachman, su compañera de partido, miembro fundador del Tea Party y de momento más directa rival en las elecciones primarias para la candidatura a presidente de la Nación por el Great Old Party (quien, por otro lado, además del creacionismo o la consideración de la homosexualidad como un pecado nefando, defiende también la asociación de las vacunaciones con el autismo siguiendo las fraudulentas conclusiones del científico Wakefield en The Lancet, en 1998, y que después se demostraron, no sólo fraudulentas, sino una verdadera estafa motivada por intereses económicos hasta hace poco ocultos).
De creer que el Times conoce toda la verdad, no sólo la más visible, resultaría que por una vez no serían los malsanos intereses económicos los que expliquen este controvertido mandato gubernamental, sino algo mucho más cercano y más humano: Afirma el diario, basándose en algunos correos y declaraciones de terceros que ha obtenido, que la conseguidora de dicha orden fue en realidad la esposa del gobernador, Anita T. Perry, quien además de primera dama del Estado es una experimentada enfermera que ha trabajado largamente en la protección de las víctimas de violaciones (además, según la inefable Bachman, de mantener una posición demasiado tibia, poco republicana, sobre el aborto). La señora Perry habría sido quien convenció a su republicanísimo marido de perpetrar algo tan poco republicano como permitir al estado y obligar a los sanitarios a inmiscuirse en las sagradas decisiones de las familias americanas sobre sus hijos. Debe ser que, efectivamente, como creo que dijo Pascal, "hay razones del corazón que la razón no entiende".
Pero lo que más me ha fascinado del reportaje son las declaración de una amiga y estrecha colaboradora suya en las labores filantrópicas, quien describe y justifica a Anita Perry de la siguiente manera: "En primer lugar es enfermera y sólo después la primera dama" [she is a nurse first, first lady second].Y, de ser verdad la historia, una enfermera con poderes...
martes, 27 de septiembre de 2011
La 'enfermerodiversidad' en ecosistemas sanitarios avanzados
Si uno revisa las categorías laborales de las bolsas de empleo españolas llegará fácilmente a la conclusión de que nuestro sistema sanitario es un ecosistema con bastante poca diversidad. Por ejemplo, para la 'especie' enfermera se encuentran ofertas de los siguientes puestos en la bolsa del Servicio Andaluz de Salud (*): enfermera; enfermera en áreas específicas (cuidados críticos; diálisis; neonatología; quirófano; salud mental); y matrona.
En cuanto a los cargos, tenemos los siguientes en los listados retributivos (los cargos directivos y de gestión no se cubren mediante la bolsa de empleo): director de enfermería; subdirector de enfermería; director de cuidados de enfermería; jefe de bloque de enfermería; y enfermera supervisora.
En total, 12 perfiles profesionales enfermeros entre puestos asistenciales y de gestión.
Aunque no he tenido tiempo para sacar las oportunas estadísticas, ni siquiera parece muy factible por el formato, si uno revisa la bolsa de empleo del National Health Services (para Inglaterra y Gales), le llaman la atención tres cosas:
(*) Nota importante: si cuando utilizo datos nacionales acudo casi siempre al SAS no es por ojeriza (trabajé allí los siete mejores años de mi vida profesional, lo vi nacer hace ahora 25 años y ayudé lo que pude en el complicado parto y le guardaré siempre un cariñoso recuerdo), sino, al contrario, porque es, desde mi punto de vista, uno de los servicios más transparentes con la información, que se encuentra, casi siempre, fácilmente localizable y accesible.
En cuanto a los cargos, tenemos los siguientes en los listados retributivos (los cargos directivos y de gestión no se cubren mediante la bolsa de empleo): director de enfermería; subdirector de enfermería; director de cuidados de enfermería; jefe de bloque de enfermería; y enfermera supervisora.
En total, 12 perfiles profesionales enfermeros entre puestos asistenciales y de gestión.
Aunque no he tenido tiempo para sacar las oportunas estadísticas, ni siquiera parece muy factible por el formato, si uno revisa la bolsa de empleo del National Health Services (para Inglaterra y Gales), le llaman la atención tres cosas:
- La primera, que la bolsa oferta tanto cargos directivos y de gestión (empezando por la directora de enfermería del Hospital de Northampton, con unas retribuciones ofertadas de 105.000 libras esterlinas, unos 121.000 euros) y asistenciales (acabando en los muy numerosos puestos de enfermera de cuidados generales o Staff Nurse, con un salario mínimo de 21.176 libras, unos 24.000 euros, y máximo de 27.265 libras, unos 31.000 euros)
- La segunda, que los salarios se ofrecen por lo general en una horquilla, con un mínimo y un máximo, siguiendo una escala salarial general, pero con posibilidad de negociar diferentes salarios dentro de cada band o franja salarial en función de las peculiaridades de cada puesto o de los perfiles concretos exigidos. Por ejemplo, a una enfermera de cuidados generales (band 5) se le pueden adjudicar hasta ocho niveles (points) salariales diferentes.
- Y la tercera, quizás la más impactante al menos para mí, es la enorme variedad de puestos y perfiles ofertados para enfermeras dentro de los 1.306 puestos contenidos en la bolsa; la relación sería interminable, pero puede echarse una ojeada en NHS Jobs. A modo de ejemplo: Staff Nurse, Senior Staff Nurse, Nurse Practitioner, Theatre Practitioner, Emergency Nurse Practitioner, Ward Manager, Registered Manager, Community Nurse, Sister/Charge Nurse, Oncology Hematology Research Nurse, Case Manager, Qualified Dental Nurse, Nurse Team Leader, Bowel Functional Clinical Nurse Specialist, Specialist Public Health Practitioner, Contraceptive & Sexual Health Service Nurse, Clinical Assessment Nurse, Matron, Lead Community Matron, School Health Adviser, Senior Endoscopy Nurse... ¡Y eso dentro sólo de los primeros 130 puestos ofertados que he ojeado! (la revisión de los otros 1.200 la cedo gustosamente).
(*) Nota importante: si cuando utilizo datos nacionales acudo casi siempre al SAS no es por ojeriza (trabajé allí los siete mejores años de mi vida profesional, lo vi nacer hace ahora 25 años y ayudé lo que pude en el complicado parto y le guardaré siempre un cariñoso recuerdo), sino, al contrario, porque es, desde mi punto de vista, uno de los servicios más transparentes con la información, que se encuentra, casi siempre, fácilmente localizable y accesible.
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lunes, 26 de septiembre de 2011
En todas partes cuecen habas
Creative Nonfiction [CNF] es uno de esos recursos que nos vuelve locos a quienes, aunque somos esclavos de lo cuantitativo, nos fascina lo cualitativo, el "signo distintivo" de la realidad social; por simplificar -¡y tanto!-, lo cuantitativo describe, sólo lo cualitativo analiza. De ahí nuestra sorpresa al verlo referido en un medio médico que además incluye una entrevista con su fundador y director, Lee Gutkind. Ello se justifica porque CNF incluye esporádicamente relatos sobre temas médicos, en definitiva relatos de los propios médicos sobre sus experiencias profesionales/vitales (es decir, no-ficción, pero con literatura realmente de calidad).
¿Por qué traigo a este blog, que es sobre todo sobre enfermería, estas experiencias que son sobre todo médicas? Muy sencillo: Después de cuatro libros de relatos médicos de no-ficción, Gutkind está tratando de completar otro, al menos uno, sobre relatos enfermeros de no-ficción, sobre las experiencias profesionales/vitales de enfermeras en su trabajo. ¿Y cuál es el problema? Que no hay muchas enfermeras que quieran enviar relatos sobre sus experiencias.
¿Las enfermeras no saben escribir relatos? ¿Las enfermeras no quieren contar sus experiencias? ¿A las enfermeras les da igual lo que la gente conozca sobre su trabajo?
Escuchemos (bueno, leamos) a Gutkind y a su entrevistadora Kristina Fiore:
P.- Ahora está recopilando historias de enfermeras para una nueva antología. Dado que, históricamente, los médicos 'curan' y las enfermeras 'cuidan' y que, por tanto, la enfermería está asociada a una aproximación más humanista, ¿aprecia alguna diferencia en sus aportaciones?
R.- Para ser honestos, las aportaciones para la antología enfermera son muy bajas comparadas con otras antologías, no obtenemos tantas aportaciones de enfermeras como nos gustaría [...] Las enfermeras, en muchos aspectos, tienen mucho más que decir de lo que nunca podrían hacer los médicos porque pasan mucho más tiempo con sus pacientes. Y tienen muchas frustraciones con el sistema sanitario que son muy diferentes de las que tienen los médicos. Tienen mucho que decir y las historias que podrían contar ayudarían a otros en este campo.
P.- ¿Quizás tienen más miedo o están más intimidadas a la hora de compartir sus historias?
R.- Correcto. Uno odia limitarse a maldecir el sistema, pero lo cierto es que este es un mal sitio para negociar, especialmente en estos tiempos. Los médicos poseen un poder y capacidad de influencia que no tienen las enfermeras. Pasa lo mismo con las trabajadoras sociales. Ellas tienen también interacciones increíbles con las familias, pero no contribuyen. Y eso es muy negativo.
Sin comentarios. Serían absolutamente superfluos.
¿Por qué traigo a este blog, que es sobre todo sobre enfermería, estas experiencias que son sobre todo médicas? Muy sencillo: Después de cuatro libros de relatos médicos de no-ficción, Gutkind está tratando de completar otro, al menos uno, sobre relatos enfermeros de no-ficción, sobre las experiencias profesionales/vitales de enfermeras en su trabajo. ¿Y cuál es el problema? Que no hay muchas enfermeras que quieran enviar relatos sobre sus experiencias.
¿Las enfermeras no saben escribir relatos? ¿Las enfermeras no quieren contar sus experiencias? ¿A las enfermeras les da igual lo que la gente conozca sobre su trabajo?
Escuchemos (bueno, leamos) a Gutkind y a su entrevistadora Kristina Fiore:
P.- Ahora está recopilando historias de enfermeras para una nueva antología. Dado que, históricamente, los médicos 'curan' y las enfermeras 'cuidan' y que, por tanto, la enfermería está asociada a una aproximación más humanista, ¿aprecia alguna diferencia en sus aportaciones?
R.- Para ser honestos, las aportaciones para la antología enfermera son muy bajas comparadas con otras antologías, no obtenemos tantas aportaciones de enfermeras como nos gustaría [...] Las enfermeras, en muchos aspectos, tienen mucho más que decir de lo que nunca podrían hacer los médicos porque pasan mucho más tiempo con sus pacientes. Y tienen muchas frustraciones con el sistema sanitario que son muy diferentes de las que tienen los médicos. Tienen mucho que decir y las historias que podrían contar ayudarían a otros en este campo.
P.- ¿Quizás tienen más miedo o están más intimidadas a la hora de compartir sus historias?
R.- Correcto. Uno odia limitarse a maldecir el sistema, pero lo cierto es que este es un mal sitio para negociar, especialmente en estos tiempos. Los médicos poseen un poder y capacidad de influencia que no tienen las enfermeras. Pasa lo mismo con las trabajadoras sociales. Ellas tienen también interacciones increíbles con las familias, pero no contribuyen. Y eso es muy negativo.
Sin comentarios. Serían absolutamente superfluos.
viernes, 23 de septiembre de 2011
¿Diferentes pero iguales, decía usted?
La entrada de ayer ha tenido una cierta repercusión, concretada en comentarios públicos y privados. Por eso, aunque tenía pensado dosificar más este tipo de comentarios que no son de fácil digestión, me gustaría proponer, como material didáctico y al hilo de lo dicho ayer, un ejercicio sencillo de enunciar, pero probablemente no tan fácil de solventar.
Después de 30 ó 40 años de escuchar esta misma pregunta, retórica pero legítima, ¿estamos preparados ya hoy por fin para darle una respuesta contundente que simplemente le haga decir "ehmmmm...vale" e interiorizar claramente nuestro mensaje?
Porque, en mi experiencia, es el tipo de preguntas que te hacen, no sólo los periodistas, sino también muchos de tus amigos ajenos a la sanidad, que en general no son unos simples, en las charlas de sobremesa cuando defiendes esa "igualdad en la diferencia"; en castizo, es lo que se pregunta 'el público'. Y se trata, en definitiva, de algo que está almacenado en el imaginario social con respecto a la profesión enfermera. Y si a estas alturas no se ha sido capaz de crear un argumentario simple, concreto y claro (del estilo quizás de The truth about nursing (*) que os comentaba hace pocos días), me temo que muchas retóricas internas (esas sólo transmitidas de bloguera-enfermera a seguidor-enfermero, de conferenciante-enfermero a asistente-enfermera y de artículo-de-enfermera a lector-enfermero, pero que nunca salen al exterior) son sólo eso: retóricas para autosatisfacerse autoengañándose que no cambian ni cambiarán ni un ápice la realidad.
Lo que quiero transmtir con esta especie de homilía (¡perdón!) es que muchos de los problemas que hacen infelices y frustran a "las enfermeras realmente existentes", como gusta decir mi amigo Javier Rey, no tienen su origen tanto en la perversidad de médicos, supervisoras, directivos o consejerías, como en el absoluto desperdicio del potencial de la profesión como lobby y su consiguiente vacuidad como agente social y profesional que, a su vez, hunde sus raíces en los tópicos y estereotipos a los que me refería ayer, que nadie nunca lucha por atajar en la arena social y mediática.
Y por eso, para mí, esta tarea pedagógica es la más importante, la más inaplazable, la más inteligente de todas. Buen fin de semana.
(*) Ojo, que de los contenidos que he leído, que no son ni mucho menos todos, hay cosas en las que no estoy de acuerdo en absoluto e incluso algunas me parecen inaceptables. Me refiero a la idea y al estilo, no siempre a los contenidos.
Hemos convocado un mitin con periodistas, con un único objetivo: Tratar de transmitirles claramente el concepto básico de que las enfermeras de hoy ya no son simples auxiliares de los médicos, sino que ambos colectivos conforman dos profesiones diferentes (en conocimientos y competencias), pero iguales (en derechos y responsabilidades). Cierto es que la atención integral a las necesidades de los pacientes exige contemplar también algunas que son estrictamente médicas y para poder hacerlo la enfermera ha de seguir, por lo general, las indicaciones terapéuticas del médico, pero también es cierto que cada vez son menos porque las enfermeras van alcanzando un mayor grado de autonomía en el manejo de ciertas patologías.
Un periodista, perro viejo, levanta la mano desde su butaca y con una mueca entre escéptica y paternalista nos dice: Vale. Si son dos profesiones diferentes pero iguales, como has dicho, ¿porqué un médico podría sustituir a una enfermera que ha faltado esa noche y no al revés? O, dicho de otra forma, ¿qué cosas hace la enfermera que un médico no podría hacer porque no sabe, no porque no quiera?
Después de 30 ó 40 años de escuchar esta misma pregunta, retórica pero legítima, ¿estamos preparados ya hoy por fin para darle una respuesta contundente que simplemente le haga decir "ehmmmm...vale" e interiorizar claramente nuestro mensaje?
Porque, en mi experiencia, es el tipo de preguntas que te hacen, no sólo los periodistas, sino también muchos de tus amigos ajenos a la sanidad, que en general no son unos simples, en las charlas de sobremesa cuando defiendes esa "igualdad en la diferencia"; en castizo, es lo que se pregunta 'el público'. Y se trata, en definitiva, de algo que está almacenado en el imaginario social con respecto a la profesión enfermera. Y si a estas alturas no se ha sido capaz de crear un argumentario simple, concreto y claro (del estilo quizás de The truth about nursing (*) que os comentaba hace pocos días), me temo que muchas retóricas internas (esas sólo transmitidas de bloguera-enfermera a seguidor-enfermero, de conferenciante-enfermero a asistente-enfermera y de artículo-de-enfermera a lector-enfermero, pero que nunca salen al exterior) son sólo eso: retóricas para autosatisfacerse autoengañándose que no cambian ni cambiarán ni un ápice la realidad.
Lo que quiero transmtir con esta especie de homilía (¡perdón!) es que muchos de los problemas que hacen infelices y frustran a "las enfermeras realmente existentes", como gusta decir mi amigo Javier Rey, no tienen su origen tanto en la perversidad de médicos, supervisoras, directivos o consejerías, como en el absoluto desperdicio del potencial de la profesión como lobby y su consiguiente vacuidad como agente social y profesional que, a su vez, hunde sus raíces en los tópicos y estereotipos a los que me refería ayer, que nadie nunca lucha por atajar en la arena social y mediática.
Y por eso, para mí, esta tarea pedagógica es la más importante, la más inaplazable, la más inteligente de todas. Buen fin de semana.
(*) Ojo, que de los contenidos que he leído, que no son ni mucho menos todos, hay cosas en las que no estoy de acuerdo en absoluto e incluso algunas me parecen inaceptables. Me refiero a la idea y al estilo, no siempre a los contenidos.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Una anécdota (elevable a categoría)
El día que presenté ante los mass media el documento que da origen a este blog, La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades, acudió sorprendentemente el jefe de la sección de sanidad del importante diario español El País, quien participó interesadamente con preguntas bien situadas en los mapas competenciales profesionales de la sanidad española (bueno, el escaso tiempo que dejaba a los periodistas el topo gañán -Rafael Lletget- que envió el presidente del Consejo General de Enfermería para intentar reventar la rueda de prensa, quien ocupó casi todo el tiempo disponible en ponerse en evidencia a sí mismo: curiosa misión en la vida...).
Concidí con el periodista, a quien no conocía personalmente, al abandonar el local y me comentó, con un tono distendido, no sé si divertido o cavilante, algo así como: "Me ha parecido muy interesante el documento, y las ideas que han expuesto en el coloquio, pero tengo un problema: Esto no le interesa a nadie, ni siquiera en la sección de sanidad del diario, no tengo ni idea de en qué me puedo centrar que justifique aunque sea un suelto...".
Y uno, que es una mezcla un poco rara de idealismo y pragmatismo, le respondió algo así como: "Mira, tío, te entiendo perfectamente. Céntrate en los temas de demografía sanitaria: Entre 2012 y 2013, gracias a Bolonia, se diplomarán/graduarán la mitad de las enfermeras que lo harían si no se hubiera desarrollado el Grado en Enfermería y es posible que existan problemas para cubrir los puestos de trabajo necesarios para cubrir las necesidades asistenciales. Ahí tienes un titular".
Así lo hizo, seguro que me agradeció el consejo y tuvo su titular (y yo encantado ya que, aunque fuera por una parte 'menor' del libro, también tuve mi reseña, ¡nada menos que en El País!).
Bien, de la anécdota a la categoría: Después de este feedback tan insólito que ha estado recibiendo este humilde sociólogo desde tantos y tan buenos profesionales enfermeros (todo un estudio cualitativo en sí mismo, que algún día utilizaré en alguna publicación), esta anécdota me hace reflexionar acerca de que hay algo que hacer y sin demora: si ni los periodistas sanitarios saben qué decir sobre las enfermeras, el futuro está francamente complicado.
Creo que ha llegado el tiempo de empezar a pensar en cómo llegar a la opinión pública y eso requiere saber cómo atravesar la tupida malla de desconocimiento de los periodistas, de los medios de comunicación. No se trata, una vez más, simplemente de fustigaros y deprimiros. Hay que revertir esta situación y tenéis que hacerlo, creo yo, tratando de dar respuestas a unas preguntas muy sencillas que se haría cualquier periodista si tratáramos de convencerle de que: a) la enfermería es una profesión con más futuro que presente, un elemento clave para la sostenibilidad de los servicios de salud; b) la enfermería es una profesión independiente y cualificada a la que habría que consultar o entrevistar ante determinadas noticias, no sólo y siempre a los médicos; y c) existen temas que son de interés de la opinión pública, directamente relacionados con lo que hacen las enfermeras en sus puestos de trabajo y, sobre todo, con lo que podrían hacer y que ellos deberían ser quienes se lo trasladaran.
Dado que quien debería hacerlo no lo hace, etc, etc, etc... por su culto al ego, etc, etc, etc... El Consejo, etc, etc, etc...Ya aburre esta cantinela... Pues habrá que tomárselo en serio. En otras entradas del blog trataré de formular algunas de estas preguntas como un ciudadano más o poniéndome en la mentalidad de un periodista y veréis como no son tan sencillas de contestar. Creo.
Concidí con el periodista, a quien no conocía personalmente, al abandonar el local y me comentó, con un tono distendido, no sé si divertido o cavilante, algo así como: "Me ha parecido muy interesante el documento, y las ideas que han expuesto en el coloquio, pero tengo un problema: Esto no le interesa a nadie, ni siquiera en la sección de sanidad del diario, no tengo ni idea de en qué me puedo centrar que justifique aunque sea un suelto...".
Y uno, que es una mezcla un poco rara de idealismo y pragmatismo, le respondió algo así como: "Mira, tío, te entiendo perfectamente. Céntrate en los temas de demografía sanitaria: Entre 2012 y 2013, gracias a Bolonia, se diplomarán/graduarán la mitad de las enfermeras que lo harían si no se hubiera desarrollado el Grado en Enfermería y es posible que existan problemas para cubrir los puestos de trabajo necesarios para cubrir las necesidades asistenciales. Ahí tienes un titular".
Así lo hizo, seguro que me agradeció el consejo y tuvo su titular (y yo encantado ya que, aunque fuera por una parte 'menor' del libro, también tuve mi reseña, ¡nada menos que en El País!).
Bien, de la anécdota a la categoría: Después de este feedback tan insólito que ha estado recibiendo este humilde sociólogo desde tantos y tan buenos profesionales enfermeros (todo un estudio cualitativo en sí mismo, que algún día utilizaré en alguna publicación), esta anécdota me hace reflexionar acerca de que hay algo que hacer y sin demora: si ni los periodistas sanitarios saben qué decir sobre las enfermeras, el futuro está francamente complicado.
Creo que ha llegado el tiempo de empezar a pensar en cómo llegar a la opinión pública y eso requiere saber cómo atravesar la tupida malla de desconocimiento de los periodistas, de los medios de comunicación. No se trata, una vez más, simplemente de fustigaros y deprimiros. Hay que revertir esta situación y tenéis que hacerlo, creo yo, tratando de dar respuestas a unas preguntas muy sencillas que se haría cualquier periodista si tratáramos de convencerle de que: a) la enfermería es una profesión con más futuro que presente, un elemento clave para la sostenibilidad de los servicios de salud; b) la enfermería es una profesión independiente y cualificada a la que habría que consultar o entrevistar ante determinadas noticias, no sólo y siempre a los médicos; y c) existen temas que son de interés de la opinión pública, directamente relacionados con lo que hacen las enfermeras en sus puestos de trabajo y, sobre todo, con lo que podrían hacer y que ellos deberían ser quienes se lo trasladaran.
Dado que quien debería hacerlo no lo hace, etc, etc, etc... por su culto al ego, etc, etc, etc... El Consejo, etc, etc, etc...Ya aburre esta cantinela... Pues habrá que tomárselo en serio. En otras entradas del blog trataré de formular algunas de estas preguntas como un ciudadano más o poniéndome en la mentalidad de un periodista y veréis como no son tan sencillas de contestar. Creo.
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