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lunes, 7 de mayo de 2012

Taxonomía del tijeretazo

El siempre interesante Rudolf Klein (en compañía esta vez de Jo Maybin) ha publicado un informe (editado por The King´s Fund, un centro de pensamiento sanitario independiente citado con frecuencia en este blog) titulado Thinking about rationing (podéis ver un resumen y descargarlo gratuitamente aquí) en el cual nos ofrece una interesante taxonomía de los recortes sanitarios en el National Health Service inglés:


Revisión contextualizada (todas las noticias son de la última semana):
Claro que a  Klein y Maybin no se les ocurre incluir un séptimo supuesto, supongo que porque ni los conservadores del Reino Unido se atreven a aplicar lo que aquí se pretende... al menos de momento:

sábado, 5 de mayo de 2012

¿De puente?

Diez días sin publicar una entrada es algo que nunca le había ocurrido a este blog, ni siquiera durante las vacaciones de agosto. Muchos pensaréis que se trata de un larguísimo puente ocioso de su administrador. Pues no, ni puente, ni ocioso: he empleado la primera parte del puente en acabar de preparar unas clases y la segunda, jueves y viernes, en impartirlas.


Colaboro en el Master de Salud Pública Internacional de la Escuela Nacional de Sanidad, compartiendo  dos medias maratones (¡15 horas de clase en dos días!) con un grupo variopinto de alumnos inteligentes, preparados y colaborativos, buena gente, buenos profesionales de tres continentes: América (Argentina, Bolivia, Brasil, Haití, Perú y Parguay), África (Guinea Ecuatorial) y Europa (Bélgica y España). Médicos, enfermeras o fisioterapeutas, pero también biólogos, nutricionistas o gestores.

Aunque probablemente nunca leerán esto, les mando un cariñoso y agradecido saludo a todos ellos. He aprendido mucho de vosotros, gracias.

El módulo del máster se titulaba 'Métodos cualitativos de investigación en salud pública'. Hubo mucho de esto, pero también algo de otros temas relacionados (nunca se debe intentar poner puertas al campo siempre que aprendamos algo).

Muy en resumen, en 15 horas hemos ensayado un 'focus group' (y cómo debe dirigirse), esbozado cuestionarios para paneles delphi y guiones para entrevistas, refinado un grupo nominal y, finalmente, diseñado un proyecto de investigación (cuali-cuantitativo) completo, desde la cruz hasta la firma que diría un castizo. Y, claro, unas cuantas horas de conceptualización/teorización, ayudados con unos prezi que animan algo lo que tiende a resultar absolutamente aburrido (pero que, entre nosotros, lleva muchas horas  -todo un puente en este caso-  prepararlos, para qué vamos a negarlo).

Divertido, interesante, enriquecedor... pero también cansado. No tiene ya uno edad para dos medias maratones como estas, en  días consecutivos además (y eso que cuando empecé a colaborar con la ENS, allá por 1992, mis sesiones docentes fueron algunas veces de de siete horas de lunes a jueves y de cinco los viernes, o sea 33 horas semanales. Pero era joven (más joven, quiero decir).



Y, bueno, ahora a perfilar la versión definitiva de la conferencia de clausura del II Congreso Internacional y VIII Congreso Nacional de la Asociación de Enfermería Comunitaria, que se celebrará en Barcelona los días 16-18 de mayo, ya que he tenido el inmenso honor de que su Comité Organizador me haya invitado a cerrar el Congreso. Y además, en este importante escenario, voy a tener el placer de poder conocer personalmente a algunos de vosotros. ¿Qué más se puede pedir?

Mañana lunes, otra vez entrada. De nuevo por aquí. Y encantado.

jueves, 26 de abril de 2012

Sabiduría

Leía ayer en la edición española de la revista Medical Economics el resumen de una mesa redonda titulada 'Hacia un nuevo modelo de retribución'. Lo leo en la edición impresa y veo que aún no ha sido enlazado en la web del editor de la revista, así que no puedo remitiros al resumen completo de momento. Dentro del debate, me llaman la atención las intervenciones de Francesc Moreu Orobitg.

Recuerdo a este señor de cuando yo empecé, allá por el año 1983, en mi primer empleo como como técnico de gestión en el extinto Instituto Nacional de la Salud (Insalud). Él era entonces  -si no recuerdo mal-  Gerente, un cargo técnico que creó el primer ministro de sanidad socialista, Ernest Lluch, para tratar de separar la política y la gestión (desde luego, no salió bien). Lo 'gracioso'  -entonces-  era que Moreu no era médico, ni siquiera uno de los denostados (y escasos) economistas que empezaban a aparecer por el sistema, tratando de mangonear a los médicos: era... ¡ingeniero industrial!

Decía Moreu en la mesa redonda:
Hay que pasar a un sistema retributivo parecido al que tienen las empresas privadas y solventar todos los problemas que hay hoy en el sector público. Lo de productividad me suena fatal, porque no es un complemento de productividad, es un complemento de cumplimientos significativos, es decir, hay algo más que la productividad. En segundo lugar, hemos confundido total y absolutamente la carrera profesional con los incentivos. Mezclamos peras con manzanas y por tanto,  para mí, si yo fuera la Sra. Mato, mañana anulaba toda la carrera profesional, lo colocaba todo en salario fijo. El salario que debe cobrar un médico es la suma de varias cosas. ¿Qué tal médico eres? Carrera profesional. Y eso, medido por los pares, los gestores aquí no tienen nada que decir porque no tienen capacidad de evaluar el nivel de excelencia de un profesional. Y tercero, cómo pones tu excelencia profesional al servicio de la empresa, y ahí están  los incentivos, ahí está la pasta. En la carrera profesional, pasta poca: honor y gloria. Un incentivo funciona en la medida en que hay una relación directa entre el esfuerzo que hago y la compensación a ese esfuerzo.
El debate sobre los incentivos económicos en la sanidad es eterno y avanza poco (hoy mismo hay un editorial en el NEJM sobre el tema, en este caso sobre incentivos en los pagos a hospitales por parte de Medicare para mejorar la calidad). Yo creo que es sobre todo por dos motivos: el primero, que se parte de algunos supuestos más que dudosos y muy simplones que tienen que ver con la relación de los profesionales con los estímulos, entre ellos el dinero, una relación mucho más compleja, menos naif de lo que presuponen los cofrades de la orden del palo y la zanahoria. Y el segundo, que muchos directores de recursos humanos tratan de conseguir con dinero lo que son incapaces de conseguir con sistemas de organización avanzados, liderazgo basado en valores y conocimientos y una concepción de la gestión de recursos humanos como gestión de personas y no de herramientas; en realidad, no creen en las personas, piensan que todo el mundo tiene un precio, probablemente porque es su caso sin duda es así.

Concluye Moreu:
En el sector salud, como en cualquier empresa, el 95 por ciento de la gente es buena y cada día pone su esfuerzo al servicio de la causa. La prestación del profesional en general es correcta, pero el resultado de esta prestación no siempre es el que debería ser por razones diversas. Una, ya se ha dicho, las cargas butocráticas. Segunda, la organización es muy mala (...) Los médicos se mueven por tres grandes cosas, dicen los que entienden. Primero, por el dolor, esta historieta de que por la noche me voy a casa contento con mi propia piel. Segundo, el reconocimiento, y una parte de este es el dinero evidentemente, pero otra cosa es que a quien administra el reconocimiento yo lo reconozca como líder. Hay muchos jefes de servicio que cuando han de ejercitar este reconocimiento no pueden hacerlo, porque lo que les falta es ejemplaridad. Y un tercer elemento es el tema de la reascendencia social.
Lo dicho en el título, sabiduría (que no es lo mismo que inteligencia ni tener un forrón de másteres): cuando en tu unidad o centro el 95% de la gente no se esfuerza en hacer las cosas bien, tu organización tiene un problema contigo, no con ellos.

martes, 24 de abril de 2012

Algunas notas sobre enfermería y (des)empleo

Un curioso e interesante artículo publicado hace apenas unos días en el New England Journal of Medicine, titulado Registered Nurse Labor Supply and the Recession — Are We in a Bubble? [oferta laboral de enfermeras y recesión: ¿estamos ante una burbuja?] revela una paradoja que se produce sistemáticamente durante las crisis económicas graves: mientras que se destruye empleo en todos los sectores productivos, en el sector sanitario crece significativamente. Se trata de un análisis sobre lo que sucede en Estados Unidos, pero probablemente debe suceder en todos los países desarrollados en los que la población activa ocupada de enfermeras no es suficiente para cubrir todos los puestos de trabajo que demanda el sector sanitario, el famoso nursing shortage al que nos referimos en la entrada del pasado viernes, aunque entonces hablábamos del Reino Unido.

Durante los 18 meses de recesión que van de diciembre de 2007 a mayo de 2009, se perdieron en Estados Unidos 7,5 millones de empleos. Sin embargo, en el sector sanitario se crearon 428.000, de los cuales casi el 60% (243.000) correspondieron a enfermeras.

La principal razón que dan los autores del trabajo es que, además de ser la enfermería una profesión con una aplastante mayoría de mujeres, siete de cada diez de ellas están casadas y muchas de las que pueden permitírselo gracias al trabajo de sus parejas, deciden abandonar la profesión cuando empiezan a tener hijos. En general, mientras pueden permitírselo, no se reincorporan mientras sus hijos son dependientes o lo hacen en empleos a tiempo parcial sin la esclavitud de turnos, guardias, trabajo en festivo, rotaciones, etc. que hace muy difícil conciliar ambos mundos, el laboral y el familiar.

Pero cuando la crisis económica golpea, muchas de las parejas de estas enfermeras inactivas pierden sus empleos y las mujeres deben compensar la pérdida de ingresos familiares reincorporándose a un mercado laboral que no se ve afectado por la crisis de empleo: allí no hay 'recortes' porque los centros sanitarios no pertenecen a administraciones públicas, sino a empresas privadas que deben ser competitivas; por tanto, para sus directivos una planta de hospitalización no es  -como para nuestros queridos manostijera carpetovetónicos-  un gasto, sino un recurso competitivo para atraer y atender a sus clientes, es decir, para hacer negocio, ya que la demanda de servicios de atención a la salud apenas se ve afectada por las crisis.

Nos encontramos, pues, ante un comportamiento anticíclico con todas las de la ley, ya que cuando la economía y el empleo se recuperan muchas de estas enfermeras van volviendo paulatinamente a su anterior situación de inactivos y se vuelve al nursing shortage. Hasta la próxima crisis.


En países como España las cosas, sin embargo, no son así ya que los mecanismos de ajuste del mercado público de trabajo ante la crisis económica (presupuestaria) son muy diferentes, absolutamente inflexibles, por lo que deben acudir al mecanismo más elemental: un downsizing basado especialmente en el empleo.

Me alarmó mucho la información del Sindicato de Enfermería - Satse de que el desempleo en enfermería ha crecido nada menos que un 51,6% con respecto al pasado año, hasta alcanzar los 15.841 demandantes de empleo (en términos técnicos, paro registrado). Y como me alarmó, me interesó y quise echar una ojeada a los datos originales que proporciona el Servicio de Empleo Público Estatal (el trozo del antiguo INEM que le correspondió a la administración central en el reparto).

Los datos actualizados a marzo de 2012 hablan de 16.844 enfermeras demandantes de empleo, de las cuales 14.131 son enfermeras de cuidados generales [ECG] y  2.713, enfermeras especialistas [EE]. Los datos pueden consultarse aquí, pulsando en la 'E' para 'enfermera especialista' y 'enfermera' y en la 'M' para 'matronos' [sic].

Mirad estos datos que he preparado (clicar para agrandar):

 

Mientras que el 28% de las enfermeras de cuidados generales desempleadas son mayores de 45 años, sólo el 6% de los contratos realizados en marzo correspondieron a este colectivo. Por el contrario, los demandantes menores de 30 años suponen el 59% de las enfermeras desempleadas, pero el porcentaje de contratos de trabajo firmados por miembros de este colectivo etario suponen el 65%. Los datos para especialistas los tenéis en la tabla (como el SEPE sólo facilita porcentajes, no puedo agregar y unificar los datos de los tres colectivos); en el caso de EE (sin matronas), los datos son prácticamente iguales que los de las ECG, lo que significa que sólo en el caso de las matronas se está absorbiendo la demanda de los mayores de 45 años (9% de los desempleados y 16% de los contratos firmados), muy probablemente porque hay un porcentaje de demandantes de mayor edad mucho más pequeño y, por  tanto, es más absorbible.

Ello significa claramente que el fuerte aumento interanual del desempleo (44% para la ECG, 88% para las matronas y 122% para el resto de especialistas) no se produce tanto porque no pueda absorberse la demanda del sector más joven de la profesión, sino porque se está produciendo un efecto 'embalsamiento' en la población de mayor edad que está acudiendo, sin duda espoleada por la crisis, a solicitar empleo sin mucho éxito. Hay que recordar que para inscribirse en la bolsas de empleo público es imprescindible estar inscrito como demandante, sea de nuevo o de mejor empleo.

La razón última no es, naturalmente, que en España 'sobren' enfermeras y se esté aprovechando la crisis para aligerar las plantillas. Las más que preocupantes tasas de crecimiento del desempleo enfermero, sin duda superiores al 50% interanual, son consecuencia de la acumulación de dos factores: a) los recortes presupuestarios que están realizando todos los servicios de salud, que tienen una especial repercusión negativa sobre el empleo no fijo; y b) la comentada acudida masiva de enfermeras de mayor edad, hasta ahora 'amas de casa', al mercado laboral para tratar de volver a ser activos ocupados.

Dos últimos comentarios:
  • Las buenas noticias: si calculamos en 180.000 las enfermeras tituladas asistenciales en activo, la tasa de desempleo enfermero sería del 8%, muy muy lejos del 23% del conjunto del país.
  • Y las malas: el desempleo entre las auxiliares de enfermería también está creciendo, pero muy por debajo del de las enfermeras tituladas: un 26% en atención primaria y un 12% en hospitales. Eso sí, suman 57.087 demandas de empleo, un 340% más que las enfermeras. Y si calculamos en 130.000 el número de auxiliares de enfermería en activo, la tasa de desempleo sería... de un 44%.

lunes, 23 de abril de 2012

La culpa fue del cha-cha-cha

Leo, atónito, en Diario Médico:
Si el grupo de trabajo de recursos humanos que aborda los aspectos salariales del SNS admite la necesidad de abordar un cambio del modelo retributivo vigente, las autonomías adscritas al grupo de desarrollo profesional reconocen que las carreras autonómicas, tal y como se han planteado, "contienen elementos perversos, han llegado a su límite y, de facto, ya están paralizadas". El debate que las comunidades adscritas a este grupo (Cataluña, Andalucía, Valencia, Canarias, Castilla-La Mancha, Aragón y Murcia) han mantenido (...) ha arrojado una primera conclusión: agotado el modelo de carrera, hay que trabajar en otro sistema de reconocimiento más amplio, que, bajo el nombre de "desarrollo profesional", incluya, además de a la Administración y los sindicatos, a los colegios profesionales y a las sociedades científicas. Aunque ambos conceptos, carrera y desarrollo, están recogidos en la LOPS, el grupo de trabajo creado en el seno del Interterritorial entiende que esa ley no delimita bien el alcance de los términos, "lo que ha complicado la situación", y añade que "hay que intentar separar los dos conceptos definiéndolos con precisión". Aunque algunas regiones creen que sus modelos de carrera se han "desarrollado adecuadamente", la mayoría del grupo concluye que se han entendido "como un concepto retributivo más, ineficiente y con rigideces".
Además de la ambigüedad de la LOPS, el grupo de trabajo afirma, al menos implícitamente, que la mediación de los intereses sindicales está en la base del fallido diseño de los modelos de carrera, y de ahí que insistan en que el desarrollo profesional "está abierto a la participación de colegios y sociedades, mientras la carrera se sitúa más en el ámbito de los agentes sindicales".
 Y me viene a la cabeza algo que escribí en La enfermería frente al espejo: Mitos y realidades (p.37) y que reproduzco ahora:
Así, por poner un solo ejemplo, puede entenderse la colaboración imprescindible del sindicato [Satse] en el lamentable fraude profesional que ha supuesto el proceso de implantación de 17 modelos de carrera profesional, concienzudamente centrifugados cada uno de ellos hasta permitir decantar únicamente lo más líquido, sus componentes más puramente funcionariales, su esencia pura de premio de antigüedad, tirando a la basura sus elementos más sólidos, todo su potencial motivador de la excelencia y el progreso profesional, en definitiva, hasta convertirlo en un mero componente retributivo más. La oportunidad que tuvo la profesión  enfermera de dotarse de un instrumento incentivador y discriminador en positivo de las  aportaciones de las enfermeras, de la evolución de sus competencias y funciones, fue tirada  miopemente por la borda ante la oportunidad de obtener a corto plazo un aumento retributivo lineal.
Esto fue escrito en 2010. Pero ya en 2007, en Propuesta de Organización Corporativa de la Profesión Médica (Fundación Alternativas, p.67) decía esto otro:
El conflictivo y disperso proceso de negociación de la denominada carrera profesional, aún inacabado pero cerrándose, constituye a nuestro juicio uno de los mayores disparates de la política sanitaria española. Por enfoque, por interlocutor, por ámbito y por resultados (...) se ha perdido la ocasión de tratar un aspecto esencial del desarrollo profesional, reduciéndolo en muchos casos a un conjunto descoordinado de meras negociaciones retributivas.
 Lo que iba a pasar era evidente. Lo que iba a pasar ya lo sabían los responsables autonómicos. Lo que iba a pasar era que los reguladores actuarían, una vez más, por conveniencia (tener la fiesta en paz con los sindicatos), no por convicciones.

Pero lo que finalmente pasó...
 - ¡No fue culpa mía!
- ¡Ni mía!
- ¡Mía tampoco!
- ¡Yo no era consejero entonces!
- ¡Yo sí, pero la culpa no fue mía, fue de los sindicatos!
- ¡Eso, de los sindicatos!
- ¡Demasiados liberados pensando todo el día como cargarse el sistema!
- Oye... ¡y de la LOPS!
- ¡Eso, eso, sobre todo fue culpa de la LOPS, que no dejaba clara la diferencia entre carrera y desarrollo!
- Chist, ¿la LOPS no la aprobamos por consenso?
- ¡Calla aguafiestas!
- Bueno... ¡es la herencia que nos ha dejado ZP! ¿No estaba Zapatero de presidente del gobierno cuando se aprobó?
- ¡Eso, ZP!
- Chist, ¿las competencias no eran autonómicas?
- ¡Da igual! Es la herencia...
- Habrá que liar a los colegios y sociedades científicas pa que se coman ellos el marrón...

Pues eso: la culpa fue del cha-cha-cha (y, por cierto, qué reflexión 'puramente profesional' más oportuna, ahora que se están dejando de abonar los complementos de carrera en tantas comunidades...)


Nota.- LOPS = Ley 44/2003, de 21 de noviembre, de ordenación de las profesiones sanitarias.

viernes, 20 de abril de 2012

¿Cuanto más sé de ti, menos te quiero? (III)

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Esta es la tercera entrega de la entrada '¿Cuanto más sé de ti, menos te quiero?'. Si no has leído las anteriores, creo que es mejor que lo hagas antes de enfrascarte en esta. En la primera entrega puedes encontrar, además, los documentos a los que se alude a lo largo de la entrada. Y en la segunda entrega se describe la situación actual de la enfermería en el Reino Unido que da lugar a esta explicación de las causas que la justifican.
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Para Christina Patterson, el deterioro de los valores y prácticas enfermeras, percibido y criticado por pacientes, organizaciones y medios de comunicación, hunde sus raíces en las reformas de los años noventa del siglo pasado, encarnadas en un programa diseñado entre 1986 y 1990 y desarrollado hasta entrado el nuevo siglo, titulado Project 2000. Podéis encontrar una buena descripción (en inglés) del proyecto en este documento y un resumen histórico del sistema educativo de la enfermería británica en este otro documento (no he encontrado nada útil al respecto en español).

Como principal objetivo, el Proyecto 2000 propuso un cambio radical en la formación básica de las enfermeras británicas. Las escuelas de enfermería ubicadas  -como aquí en aquella misma época-  exclusivamente en los hospitales y absolutamente orientadas hacia la enseñanza práctica en las salas de enfermería, fueron cerrándose a lo largo de los años noventa siendo sustituidas por facultades de enfermería en los campus universitarios, centros en los que se estudiaba bien un diploma (unos tres años), bien un grado (cuatro o cinco años). Los hospitales pasaron a contratar con las universidades el envío de alumnos en  prácticas, si bien estos ya no se  integraban en los equipos bajo estricta supervisión por parte de las enfermeras tituladas, sino que se incorporaban como 'supernumerarios' que dedicaban sólo una parte de sus jornadas a observar el trabajo de las enfermeras y, si acaso, ayudarlas  -siempre en presencia de ellas-  en tareas muy básicas sin atención directa a los pacientes. Y, en lugar de tener como referente a la supervisora (figura asistencial), pasaron a depender de un tutor (figura docente), el cual debía procurar un número determinado (normalmente la mitad) de las horas de presencia en el hospital para el aprendizaje teórico.

Los planes de estudio buscaron una mayor profundización en el estudio de las Ciencias de la Enfermería, incluir muchos más contenidos teóricos y conceptuales, exigir conocimiento extensivo de los modelos y herramientas enfermeros, estimular una mayor orientación hacia la investigación y, como contrapartida, posibilitar un contacto mucho menor con los cuidados enfermeros y los pacientes atendidos por las enfermeras en el 'mundo real'. Y aunque la voluntad política era que se fuera incrementando aceleradamente el porcentaje de enfermeras graduadas, lo cierto es que no fue así, entre otros motivos porque mientras los estudiantes de diplomatura eran becados al 100% (incluyendo alojamiento y manutención) independientemente de su situación económica, los del grado sólo lo eran parcialmente, en función de la renta, y ellos o sus familias debían por tanto costear lo no cubierto por las becas, que podía llegar a ser la totalidad. Y además, estudiar uno o dos años más, así que la gran mayoría de las futuras enfermeras optaban por obtener una diplomatura.

Esta reforma educativa de los noventa, sugiere Patterson, está en el origen del declive del primer decenio del siglo XXI y de la actual crisis, ya evidente. Y lo ilustra con intervenciones de todos los agentes implicados: pacientes, enfermeras, docentes y médicos.

Por ejemplo, una veterana enfermera con una hija estudiando medicina y otra, enfermería, describe así su (radical) modo de ver las cosas:
Uno de los grandes problemas es que las enfermeras tratan ahora de ser mini-médicos. Lo siguiente es que ya no vas a poder trabajar en una planta si no te sacas un Master's Degree. ¿Por qué? La enfermería no es una ingeniería espacial... En algunas áreas sí necesitas tener cerebro y saber razonar cabalmente, pero, la verdad, no entiendo porqué tienen que convertir algo que no es sino un  instinto primario en algunas personas, cuidar a la gente, en una presuntuosa actividad que va a descartar a personas que serían enfermeras puñeteramente buenas.
 "Es una visión que comparte buena parte de los médicos", afirma Patterson, quien cita a varios médicos que por lo general se quejan de que "unas enfermeras, formadas dentro de un aula por 'educadores' que no ejercen la enfermería desde hace muchos años, que no están preparadas para pasar consulta con los médicos y carecen de conocimientos sobre los pacientes y lo que les pasa, se muestran ahora reticentes a seguir ayudando a los médicos".

No sólo se quejan los médicos: "A los estudiantes", concluye un profesor de enfermería recientemente retirado, "se les enseña ahora menos enfermería y también menos sobre los elementos fundamentales de los cuidados enfermeros. Por eso, a medida que las universidades van produciendo cohortes de profesionales que están en algún sentido peor preparados, el buen saber hacer profesional se deteriora.

En resumen, cuanto más ciencia, teorías, modelos, conceptos, metodología e instrumentos enfermeros aprenden los alumnos durante su formación (por tanto, cuanto más saben sobre los cuidados a los pacientes) más tienden a alejarse de ellos y a ignorar el núcleo esencial de la profesión, que es cuidar con dedicación, empatía y compasión (y ciencia, claro) a los pacientes. Es decir:

Cuanto más sé de ti, menos te quiero...

Las cosas  -y de alguna manera lo reconoce la autora de los artículos-  no son tan simples. Lo cierto, ahora ya desde mi propio punto de vista, es que el Proyecto 2000 surge como una más de las acciones adoptadas ante un gravísimo problema de 'desabastecimiento' de enfermeras, el ya tópico nursing shortage que, a pesar de todo, seguiría sin estar superado quince años después. Las autoridades sanitarias reconocieron que ni las condiciones laborales, ni los exigentes sistemas de organización del trabajo (turnos, guardias, trabajo en festivos, rotaciones de turnos y servicios...), ni el (mal)trato de los médicos, ni la imagen pública y profesional, ni las retribuciones, etc., eran, ni mucho menos, las idóneas para retener al personal y conseguir que hubiera muchos más jóvenes decididos a estudiar enfermería. Ello provoca, además, que miles de enfermeras con posibilidades de hacerlo, cuando deciden tener hijos, abandonan la profesión durante los años de crianza; y muchas de ellas, si los trabajos de sus parejas se lo permiten, la abandonan definitivamente.

Por eso las autoridades sanitarias deciden que, para enfrentar la escasez de enfermeras, es preciso realizar una oferta laboral mucho más atractiva. Investir a la enfermería y las enfermeras del prestigio que tienen las carreras universitarias, bien diferentes de unos estudios en escuelas hospitalarias con una contaminación de apprenticeship, por ejemplo. Aumentar (más que doblar) las retribuciones, por ejemplo. Establecer planes de carrera estimulantes; potenciar puestos de trabajo que pueden desempeñarse a tiempo parcial; aumentar la independencia de las enfermeras con respecto a  los médicos en los centros sanitarios mediante la introducción de estructuras directivas propias; situar al Nurse and Midwifery Council al mismo nivel que el General Medical Council como órganos reguladores independientes y, dentro ya de la administración sanitaria, al Chief Nursing Officer al mismo nivel que el Chief Medical Officer, etc. Estas y otras medidas trataban de aplicar un conjunto de incentivos suficientemente poderosos para reclutar nuevos efectivos, retener a los que seguían en activo y recuperar a los que estaban tan quemados que optaron por desertar del, en otros tiempos amado, National Health Service.

A este cóctel le añadiremos dos ingredientes más:
  • La creación y potenciación de la figura del healthcare assistant (una figura laboral a medio camino entre auxiliar de enfermería y celador, sin formación reglada, sólo un simple apprenticeship o formación en el trabajo) como una ocupación cuantitativamente importante destinada a evitar que las enfermeras registradas tuvieran que ocuparse de las tareas de cuidados más básicas (alimentación, limpieza e higiene, movilización...).
  • La adaptación de los horarios de trabajo para hacerlos más conciliables con la vida personal, pasando de los tradicionales turnos de ocho horas, cinco días a la semana, a tres turnos semanales de 12 horas.
El primer ingrediente pareció generar empleadas jóvenes demasiado 'mimadas', too posh to wash [demasiado pijas para lavar], que salen de las habitaciones de los pacientes para centrarse en los más pulcros controles de enfermería, rodeadas de papeleo, sistemas de registro de actividades, etc. Y el segundo genera empleadas con jornadas demasiado largas que con el paso de las horas ganan en agotamiento lo que pierden en capacidad de concentración. El cóctel resulta estar muy cargado.

Además, el éxito del programa de re-captación de enfermeras excedentes hace que bastantes de las que se reincorporan atraídas por las nuevas condiciones de trabajo, a quienes en realidad no les gusta ser enfermeras ni les gustan los pacientes, acaben por retirarse prematuramente en cuanto pueden cobrar sus pensiones, dejando detrás de ellas muchas de las historias de maltrato a los pacientes que veíamos en la anterior entrega.

Como sucede a menudo con los medicamentos, las acciones descritas provocan un grave caso de interacciones incentivadoras: siendo aisladamente cada uno de los incentivos correcto en su propósito, las interacciones dentro del sistema global de incentivos provocan su colapso, de manera que hay quien opina  -como la propia Patterson-  que no sólo tenemos unos cuidados enfermeros mucho peores,  sino que además también son mucho más caros.

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¿Realmente todo se puede resumir en 'cuanto más sé de ti, menos te quiero'? Sin negar que sea uno de sus elementos, la realidad es mucho más compleja, en este caso afortunadamente, ya que en la próxima entrega escribiré sobre las soluciones que algunos centros 'enfermos' han ido adoptando para recuperar unos estándares de cuidados enfermeros acreditados por los evaluadores, apreciados por los pacientes y estimulantes para los propios profesionales. Y como suele suceder, la microgestión tiene mucho que ver.
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miércoles, 18 de abril de 2012

¿Cuanto más sé de ti, menos te quiero? (II)

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Esta entrada es continuación de la del lunes 16 de abril. Si no leíste aquella, creo que es mejor que lo hagas antes de enfrascarte en esta segunda. Puedes leerla y encontrar los enlaces a los documentos de que hablamos aquí.
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Los artículos de Christina Patterson, periodista y escritora, sobre la 'crisis' de los cuidados enfermeros hunden sus raíces en algo tan difícilmente refutable como su experiencia personal: seis veces ingresada y operada a lo largo de ocho años a causa de un cáncer de mama, seis experiencias, todas ellas malas en relación con las enfermeras al cargo de los cuidados. Excepto la última.

En su primer ingreso, sabía que había un montón de cosas por las que estar preocupada: por si el cáncer se había extendido, sobre la pérdida de una mama, por sus nodos linfáticos, por la recuperación de la intervención, por la quimioterapia que tendría que recibir y sus efectos secundarios, por su pronóstico y esperanza de vida... Pero nunca pensó que  una de sus principales preocupaciones fueran a ser las enfermeras encargadas de cuidarla. Ante el segundo ingreso ya sabía que esa iba a ser una de sus principales preocupaciones: ¿tendría suerte con las enfermeras? No. ¿Y en el tercer ingreso? Tampoco. Al parecer no era (sólo) un problema de suerte.

Así que de cara al cuarto ingreso buscó un nuevo hospital, del que le habían asegurado que prestaba unos  cuidados excelentes. Pero se dio cuenta enseguida de que no era así, después de tener que esperar dos horas y media con la cama hecha un charco de sangre, hasta que una enfermera respondió a las llamadas de su timbre. Y eso que le habían dicho que sus drenajes deberían ser revisados cada 15 minutos...

A raíz de estas experiencias, dio algunas conferencias sobre el tema, al que también dedicó un programa de radio y varios artículos de prensa y a partir de ese momento fueron muchas las personas que quisieron compartir con ella experiencias igualmente frustrantes e indignantes lo cual, dice, le confirmó que no: no era un problema de mala suerte suya, sino que había algún serio problema con la dejación, por parte de tantas enfermeras, de sus obligaciones más elementales, como ayudar a comer o ir al baño a quien no puede por sí solo, chequear en tiempo y forma la vías, drenajes, bolsas de orina y demás parafernalia médica, atender las llamadas desde las habitaciones, etc.

No se trataba de enfermeras incompetentes, sino de enfermeras que habían olvidado en qué consisten los cuidados enfermeros. Como le confesó una de ellas, "estoy quemada y creo que he perdido mi capacidad de compasión". Y ante la observación de un directivo enfermero de volver a educar en la compasión a los estudiantes y profesionales, ella responde irónicamente: "Vale, de acuerdo, eduquemos al personal para que sea compasivo. Pero mientras estuve en el hospital me hubiera conformado con algo de atención y un poco de buena educación"

El análisis de las conversaciones y correos con la gente, pacientes y también enfermeras, le lleva a la conclusión de que no se trata sólo de una acumulación de conductas personales antiprofesionales, sino que hay algo más de fondo:
Las enfermeras deben rendir cuenta ante directivos que ellas creen que no entienden su trabajo. Se sienten asfixiadas por el papeleo. Creen que los médicos no las respetan y los pacientes no las aprecian y sus mandos están continuamente ideando nuevas iniciativas que dejar caer en cascada sobre las enfermeras.  Sienten que su entorno laboral es insatisfactorio e incluso puede ser un lugar peligroso, pero se sienten incapaces de hacer oír su voz, así que bajan la cabeza esperando simplemente que no la tomen con ellas.
Este es, básicamente, el diagnóstico de Patterson: "Las enfermeras están en problemas. Algunas están realizando un excelente trabajo en  condiciones muy difíciles. Otras lo están haciendo muy mal dentro de un sistema que no parece prestarles el apoyo o la formación que necesitarían para hacerlo bien. Pero una cosas está clara: sus líderes y sus directivos las están defraudando".

PS.- Hoy, The Independent publica un nuevo artículo de Patterson sobre la enfermería, con un largo título de los que a ella le gustan: ¿Enfermeras desagradables? Dime algo nuevo... Yo también fui así de ingenua. Siempre pensé que deberían saber de qué te habían operado en lugar de preguntarte por qué no puedes andar. El artículo no aporta nada nuevo sobre los anteriores, es un simple resumen de una entrevista que le hicieron en la radio un día antes, en la que aborda el mismo contenido de los artículos anteriores.

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En la próxima entrega de esta entrada, analizaré las causas que la autora considera que están en la raíz de un deterioro tan llamativo de los cuidados de enfermería en muchos de los hospitales del National Health Service, muy especialmente la instauración de planes formativos básicos más técnificados, más 'universitarizados', con alumnos en contacto menos estrecho con la vida real en los centros sanitarios y en los cuales la socialización en los valores humanos que deberían caracterizar a la profesión se ha abandonado. Lo cual, creo yo, es sólo parte del diagnóstico.
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